Magnetismo Animal


Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

Advertencias: AU, Lenguaje vulgar, POV.


Capítulo VI


Sasuke

Cerré los ojos y logré conciliar un poco el sueño, mientras un tenue rayo de luz solar se colaba a través de la ventana.

A pesar de haber dormido tan solo un poco más 3 horas, me sentía bastante bien, quizás por la dicha de estar a pocas horas de volver a verla, hoy pasaré por su casa y podría ofrecerme a llevarla al trabajo, quizás al principio se sorprenda un poco –solo un poco- pero sé que al verme no podrá negarse. Podría ser un excelente inicio para esta cosa especial que compartimos.

Dejé de desperdiciar el preciado tiempo pensando –tiempo que podría invertir escrutando su figura, desde el otro lado de la calle- y me levanté de la cama. Mecánicamente realicé mi acostumbrada rutina matutina.

Me dirigí al cuarto de baño, una vez ahí, comencé por lavarme los dientes, se me nublaba un poco la mente al pensar en las tantas cosas que podía hacer si la tuviese justo aquí. Proseguí a ducharme; mi mano se encargaba de satisfacer ciertas necesidades que mi cuerpo demandaba desde hace ya algunos días –arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo- mientras graves gemidos salían de mi garganta. Al terminar, me enrollé la toalla alrededor de la cintura y me encaminé a la cocina con la intención de preparar algo simple para desayunar. Finalmente me digné a vestirme.

Al salir del departamento, encendí un cigarrillo, un mal vicio que me ayudaba a no tener un ataque de ansiedad. Me subí en mi auto y puse el motor en marcha.

Aparqué mi coche a pocos metros del edificio en donde ella residía, en la acera del frente, lo que me permitía una vista directa de las personas que entraban y salían del lugar.

Tras pasar escasos minutos esperándola, la vi salir con un sujeto. El tipo tenía una cara de maricón olímpico -casi tanto como el rubio de hace días- de tal envergadura que no podría tomarlo como un rival, aún así no le quita el hecho de ser un hombre, cualquier figura masculina representa una amenaza para 'lo que hay entre nosotros'. La vi montarse en el auto de ese desagradable personaje y mi ira se acrecentó. Respiré de manera honda buscando calmarme, el hecho de que algún maldito la lleve en auto, supongo que a su trabajo, no tiene nada de raro, es algo muy común.

Una vez aclarado todo este asunto -en mi mente- seguí ese caro auto rojo de un modelo bastante reciente.

—Estúpido niño rico —murmuré entre dientes—. Puñetero marica

Se estacionó frente al pequeño restaurante en donde ella trabajaba como mesera. Todo estaba perfectamente normal hasta que aquel repugnante gusano tuvo la osadía de besarla, ¿Cómo coño se atreve a hacer eso? Ese maldito infeliz, se arrepentiría durante cada segundo de miserable vida por meterse con lo que me pertenece. Perfecto maricón, acabas de ganarte un enemigo poco agradable.

Cerré los ojos y apreté los puños con mucha fuerza. Traté de poner mi mente en blanco mientras esperaba a que mi cordura regresara. No soy una persona impulsiva, no iba a partirle la cara, al menos no ahora, no a plena luz del día, no en medio de la calle, no mientras estuviese rodeado de personas, no cuando pudiese recibir ayuda, esperaría mi momento, deseando que fuese pronto, mientras mi ira continuara aún fresca. Además, si armo un jaleo ahora Sakura podría asustarse.

Preferí deleitarme viendo como ella lo ponía en su lugar con una bofetada, por un momento concebí el pensamiento estúpido de que Sakura podría fijarse en un sujeto como ese. Ahora sé que solo espera por mí. Tengo la certeza de que ese gusano volverá a buscarla, cuando se me presente la oportunidad me desquitaré y me las pagará con creces.

Repentinamente me dieron ganas de comer algo, que coincidencia el hecho de encontrarme precisamente frente a este local. Estuve un rato mirando desde mi auto, memorizando cuales eran las mesas que estaban a su cargo, luego de unos minutos, cuando noté el patrón que seguía al atender a los clientes, entré al lugar.

—Buenos días, ¿Me permite tomar su orden? —preguntó con una sonrisa ensayada, sin mirarme al rostro.

—Te permito eso y mucho más —sonreí al notar que logré llamar su atención.

Se quedó paralizada, cosa que me pareció algo bastante gracioso, ha de estar muy sorprendida o emocionada por verme. Carraspeé.

—¿No ibas a tomar mi orden? No te veo muy concentrada en tu trabajo —dije—. ¿Acaso hay algo que te apetezca decirme? —pregunté.

Permaneció en silencio. Aterrada o deslumbrada, no sabría decirlo.

—Pareces, sorprendida ¿Te ha comido la lengua el gato? —pregunté con sorna—. Vamos, dime algo que me abra el apetito —extendí mi mano y la paseé por su brazo repetidas veces. Noté como se le erizaban los vellos ante mi contacto.

Me dio la espalda y se alejó, que falta de educación, aunque no puedo culparla creo que, para variar, le he quitado el habla.

Quería hablar un poco más con Sakura. Me hubiese gustado comentarle algunas cosas como que no me agradaba su desagradable amiguito o que la falda negra que llevaba hace un par de días le hacía un culo estupendo.

Oí mi móvil sonar. Llevé la mano a mi bolsillo y atendí la llamada.

—¿Habla Uchiha? —preguntó una voz desconocida para mí, al otro lado de la línea.

—Depende de quién sea y lo que necesite —respondí.

—Estamos teniendo un problema con el ordenador —dijo, entendí perfectamente a que se refería.

—Entonces está hablando con la persona indicada. ¿De parte de quien llama? —pregunté inexpresivamente, con un aire de monotonía en la voz.

—Le hablo en nombre del señor Orochimaru.

—Entiendo —dije. Me extrañaba que no hubiese llamado antes, esperaba su llamada desde hacía varias semanas.

—Anote la dirección —ordenó, cosa que me desagrada bastante. No me parecía agradable el hecho de tener a alguien creyendo que puede decirme qué hacer.

—¿Es en el mismo lugar de la última vez? —interrogué, algo malhumorado.

—Sí —respondió, con esa voz que exudaba desinterés.

—Entonces no será necesario, tengo muy buena memoria, voy saliendo para allá. Llegaré en cuarenta minutos —anuncié, levantándome de la mesa y saliendo del lugar.

Aquella llamada venía de parte de uno de mis mejores clientes, solicitaba mis servicios y sospecho que me pagarán bastante bien, como de costumbre. Su nombre es Orochimaru y a pesar de que es un tipo extremadamente excéntrico, tenemos algo en común, ambos disfrutamos de sobremanera ese místico acto de destruir a nuestros enemigos.

Las personas que se dedican a lo mismo que yo son bastante odiadas por algunos, a veces solicitadas, otras veces temidas, somos llamados de distintas maneras; hackers sin ética, de sombrero negro, crackers… a mí me gusta más decir que soy un hacker de élite o un genio de la computación –como soy llamado regularmente- con una carrera consolidada en el mundo de los crímenes informáticos, suena bien, ¿No?

Realmente no me importa joder a las demás personas, al diablo la ''ética'' si me pagan bien, ¿Quién la necesita? Con ética no se come ni mucho menos se vive. Además, para algo estudié y me jodí tantos años. No tiraré a la mierda todos mis conocimientos y viviré como un puto muerto de hambre. Surgió la oportunidad, la aproveché y diría que amo mi trabajo. No es por alardear –o quizás si- pero con mis habilidades fácilmente podría trabajar para los Yakuza o para la tríada china.

Se podría decir que los ordenadores son mi principal fuente de ingresos, varias compañías reconocidas me pagan buen dinero por introducirme en el sistema de la competencia y sustraer un poco de información o mandarla al carajo, depende de la situación. Estos hombres resentidos no pierden la oportunidad para iniciar alguna clase de guerra informática.

Luego de sufrir algún ataque informático –quizás perpetrado por mí mismo- varias compañías también acudían a mí para fortalecer sus sistemas. Aparte de todo eso, si necesito algo de patrimonio extra, siempre podía recurrir a pequeños fraudes electrónicos…

Mi vida es bastante cómoda a nivel económico, no puedo quejarme. Al principio, como todo novato, me costó bastante ascender y llegar a lo que soy hoy en día. Tuve que hacer cosas asquerosas, como acostarme con alguna mujer importante y sacarle información con ayuda de mi perfecta labia o bucear –literalmente hablando- en contenedores de basura, buscando papeles e información necesaria para poder cumplir con mi trabajo. Siempre he pensado que las personas son los eslabones más débiles si hablamos de sistemas. Para mi buena fortuna, esos repugnantes días acabaron y actualmente poseo una base de datos enorme, reconocimiento, y muchísima experiencia que me permiten realizar con comodidad casi cualquier encargo.

Al llegar al lugar, fui escoltado directamente a la oficina del jefe, ese extraño sujeto llamado Orochimaru.

—¿Quién es nuestro ganador ahora? —pregunté con mucha familiaridad, sentándome frente al computador que estaba esperándome en el escritorio. Tenía poco más de un año trabajando para él, ayudándolo a hundir a las personas que obstruían su camino.

—La corporación Akatsuki.

—¿Qué desea que haga esta vez? ¿Robar algo de información o desaparecerla?

—Por ahora destrúyelo todo, que esos maldito pierdan todo por lo que han trabajado en lo que va de año.

—Entendido, esta vez solo causaremos un poco de caos.

Terminé de realizar mi trabajo con la misma eficacia acostumbrada, concluí que esas idiotas víctimas deberían dejar de contratar informáticos amateurs para protegerse, es la cuarta vez, este año, que caen ante mi magia. Cuando se trata de ellos, la paga podría considerarla como dinero fácil.

Miré mi reloj y me percaté que, si rebasaba algunos límites de velocidad, podía llegar a tiempo. Empezaba a caer la noche. Aparqué mi coche a varias manzanas de distancia y decidí caminar.

Además de un físico perfecto, tenía la ventaja de haber nacido con una vista extraordinariamente aguda, no me costó mucho trabajo divisar la figura de Sakura a muchos metros de distancia, me recargué sobre una pared tratando de parecer casual, era prácticamente imposible desencajar en este ambiente. Las calles estaban atestadas de personas, montones de coches circulaban constantemente, tal cual como la actividad cotidiana de una ciudad bastante poblada y ajetreada.

La vi recorrer toda la zona con la mirada, podría jurar que está tratando de encontrarme, o mejor dicho, de no encontrarme en su camino. Inmediatamente divisé como el coche del maricón de esta mañana se acercaba a Sakura, el tipo estaba manejando a una velocidad bastante baja para quedar a la par del paso de ella. Aparentemente ella lo ignoraba, ya que en ningún momento se volteó a verlo.

Sonreí al ver como ella levantaba la mano para pedir un taxi.

Caminé muy rápido y en dirección contraria. En este preciso instante, maldije el momento en que decidí estacionar el coche en un lugar tan apartado.

Encendí el auto y enfilé en dirección a la casa de ella, con suerte llegaría para ver un poco de la función.

Al llegar solo vi, desde mi auto, al imbécil con el oído pegado a su móvil y lanzando pequeñas piedras hacia su ventana, tal y como en esas absurdas comedias románticas. Al parecer ella hacía un excelente trabajo no prestándole atención, ya que el sujeto daba vueltas en círculos, ocasionalmente volvía a lanzar otra piedra y de nuevo cogía a móvil para llamar; siguió en esa actividad repetitiva durante poco más de una hora.

Se subió en su coche y arrancó, probablemente derrotado. Me dispuse a seguirlo, si averiguaba en donde vivía sería un buen inició. Se estacionó en un lugar en el que no parecían haber residencias cercanas, se bajó de su auto y caminó parsimoniosamente en dirección a un ruidoso bar, bastante popular entre chicos de veintitantos años.

Así que el niño rico quiere ir por algunas copas para mitigar su fracaso, no sería extraño que le ocurriese algún accidente por acá a estas horas de la noche, podrían asaltarlo y hasta matarlo. Sería una pena que algo le pasara esta noche.

Sonreí de manera sádica, jamás imaginé que mi oportunidad se diera tan pronto, creí que debía esperar al menos una semana, pero no. Aquí está la vida sonriéndome nuevamente, y yo sintiéndome bastante afortunado.

Me acerqué con cautela y rapidez, hasta estar situado justo detrás de él y siseé para llamar su atención. Podría ser cualquier cosa, pero no un cobarde, no estaba dispuesto a atacar a alguien por la espalda. Cuando volteó le di un empujón que lo envió directo a un callejón con una iluminación prácticamente nula, estampé mi puño contra su rostro. Sentí una pequeña y placentera descarga eléctrica recorrer mi brazo en el momento en el que sus dientes levantaron un poco la piel de mis nudillos. Cayó al suelo pero se levantó enseguida.

—¿Qué coño? —preguntó desconcertado—. ¿Quieres el dinero? Tenlo —dijo despreocupadamente, lanzando la billetera a mis pies.

Esquivó mi siguiente golpe, me asestó un puñetazo en la mandíbula y otro un poco más fuerte en las costillas. Retrocedí un poco, para tomar impulso y salir de su radio de ataque durante un segundo, le clavé un rodillazo de lleno en el estómago. Justo en el momento en el que se inclinó aturdido por la falta de aire, aproveché para derribarlo con una fuerte patada en las piernas.

«Te tengo» pensé rápidamente al verlo caer.

Lo pateé en un costado de su cuerpo.

—Levántate —ordené casi en un susurro—. Esto apenas empieza.

Como pudo se levantó del suelo y se colocó en posición para continuar con la pelea. Me acerqué a él para atizarle otro golpe, pero el maldito me sorprendió con un codazo en la nuca, interpuse mis manos antes de que mi rostro colisionara contra el suelo. Unos cuantos vidrios rotos, que se encontraban en el suelo, se incrustaron en mi piel. Con el mismo impulso con el que caí, me puse de pie y me sacudí las manos.

Este tipo ya me había cabreado, planeaba entretenerme un rato con él, pero no podía arriesgarme, ya había sido bastante diversión. Nuevamente me aproximé a él; cuando intentó asestarme otro golpe, me agaché para esquivarlo. Aprovechado la cercanía lo tomé por el cuello y lo golpeé contra la pared de ladrillos del callejón, lo levanté levemente del suelo y comprimí mi agarre. Forcejeó durante unos pocos segundos, pero finalmente sus ojos comenzaron a blanquearse y cedió ante la inconciencia.

Solté mi agarre y dejé que su cuerpo cayese, inerte, sobre el suelo. Lo siguiente, después de eso, fue patearlo repetidas veces sin ningún tipo de clemencia. «Una patada por cada segundo que estuviste demasiado cerca de Sakura» me dije, repitiendo la acción numerosas veces. Mi corazón latía de manera acelerada debido a la exaltación del momento.

Una vez me encontraba aburrido de ese acto, busqué su billetera con la mirada.

—Ahora vamos a hacer que todo sea un poco más creíble —le dije, aunque sabía que no podía escucharme.

Tomé todo el efectivo que encontré. Cargaba más tarjetas que efectivo, las cogí todas. Saqué un pañuelo de mi bolsillo y borré mis huellas del plástico, mientras las desparramaba una a una por el sitio. Seguí con mi tarea y me topé con algo muy interesante, una identificación.

—Así que tu nombre es Sai Shimura, es algo que no olvidaré —guardé el documento en mi bolsillo. Creí que será bueno llevármela a manera de trofeo. Finalmente me esforcé en eliminar mis huellas del cuero de la billetera con el mismo pañuelo.

Me acerqué al tipo, imaginé que seguiría inconsciente bastante tiempo, no creo que se muera, la mierda de este tipo es, aparentemente, muy resistente. Esto es solo un pequeño aviso, sobre advertencia no hay engaño. Además, si se muere, podrían investigar un poco más a fondo y cabe la casi inexistente posibilidad de que me meta en líos.

—Espero que te quedes ahí largo rato, maricón de mierda —escupí—. La próxima vez piensa dos veces en donde vas a poner tu asqueroso hocico.

Le di una última y recia patada en el tórax, esperaba que con eso una o dos de sus costillas se hubiesen fracturado. Al menos así podría tener la seguridad que estaría fuera de combate por un tiempo.

Conveniente y repentinamente comenzó a llover bastante fuerte, ayudado por el agua y mi pañuelo quité en lo posible los rastros de mi sangre en su cuello.

Fui hasta mi auto. De camino a casa, aún sentía un leve cosquilleo en mis brazos y piernas, es este el momento en el que llega una interrogante a mi mente ¿Desde hace cuánto tiempo la violencia física me resulta tan atrayente? Golpear a ese sujeto fue excepcionalmente excitante, me siento tan relajado, como pocas veces. La adrenalina inhibía –temporalmente- el dolor que pudiese experimentar mi cuerpo.

Llegué a mi departamento y fui directamente al cuarto de baño, sentí como mi mandíbula palpitaba. Me despojé de mis prendas y observé el reflejo de mi anatomía desnuda que me entregaba espejo, me gustaría estimar el daño que había sufrido en la pelea. Mi labio inferior estaba levemente hinchado, había un hilo de sangre coagulada, que iniciaba en mi labio y se perdía al finalizar mi mentón. Tenía algunos raspones leves en los brazos, las palmas de mis manos se veían bastante feas y aún sangraban, pequeños hematomas de color púrpura adoraban el área de mis costillas y empezaba a sentir un ligero dolor en mi cuello.

Con una pinza comencé a retirar los pedazos de vidrio que aún permanecían incrustados en mis palmas.

Me deslicé dentro de la ducha, dejé que el agua helada corriera por mi cuerpo, llevándose la sangre, tierra y pequeños pedazos de piel que colgaban de mis lesiones producto del enfrentamiento.

Tomé un frasco con alcohol etílico y lo vertí directamente en mis heridas para evitar infecciones, cerré los ojos con fuerza y maldije en voz baja debido al ardor. Vendé mis manos y me dirigí a la habitación.

—Es una lástima, con mis manos en este estado no podré masturbarme, espero que sanen pronto —me carcajeé debido a mi propio comentario.

A pesar de estar bastante tranquilo y cansado, decidí tomar una píldora para dormir, sospechaba que amanecería un poco –bastante- adolorido y mañana tendría que meterme calmantes hasta por los oídos. Me recosté en mi cama y tras unos pocos minutos empecé a sentir un leve mareo, los párpados se me cerraban y pesaban más de lo que recordaba...

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~Cuando se ataca, no se ha de despreciar esperar el buen momento. Esperando el buen momento no se debe olvidar el ataque~


Un saludo, editado.

Esto de editar se está volviendo una tarea algo pesada, no pensé que me tomara tanto tiempo. También puede ser cuestión de la hora, es casi medianoche y ya no soy tan joven como para aguantar despierta tanto tiempo.

Quiero dedicarle este capítulo a Evangeline. siK, a quien le agradezco por todo, desde su apoyo y ayuda, hasta el hecho de aguantarme con mi bloqueo de escritorcilla.

El fin de semana debería darme el tiempo que necesito para terminar de subir todo y llegar al punto en donde me quedé. Agradezco su paciencia.

¿Me regalarían un review?

V