Bittersweet

0:30 p.m

Alemania, Konvikt strasse.

Mi obsesión por el chico de los ojos verdes ya no era sana. Con el paso del tiempo sólo fue empeorando. Desde el día que lo vi en la cafetería de su preparatoria, volví a frecuentar aquel parque que tanto odiaba, necesitaba verlo porque era a lo único que podía aspirar, a verlo. Desde aquella vez en la cafetería, yo iba al parque y esperaba a que hiciera su aparición, a veces llegaba a tardar en aparecer, pero siempre, siempre venía, y por eso yo lo esperaba paciente.

No estaba bien, eso era cierto, porque yo ya tenía a alguien y Eren —como había sido llamado por sus amigos, aquella vez en la cafetería de su escuela—, el chico de los ojos verdes, ni siquiera había hablado conmigo ni una sola vez, aunque en realidad, no creo que necesitáramos de palabras para comunicarnos.

Él me decía "Buenas tardes, desconocido", cada vez que llegaba, y cuando se iba, parecía decirme con un gesto de disculpa "Nos veremos pronto". Lo hacía sin necesidad de emitir palabra alguna, me lo decía con sus ojos, con la manera en como me miraba, con sus gestos y acciones. Era algo estúpido e ilógico, pero quería creer que teníamos ese tipo de comunicación que nadie más entiende. Me sentía culpable la mayoría del tiempo por tener ese tipo de sensaciones y pensamientos por un perfecto extraño, cuando yo ya tenía novio. Erwin tenía culpa en parte de esto, o era la excusa que me justificaba ante mí mismo cuando me sentía demasiado miserable por pensar en Eren teniendo novio.

Amaba a Erwin, esa era una certeza que tenía muy presente, era lo único de lo que estaba completamente seguro, aún así, eso parecía ya no bastar porque cada vez nos íbamos alejando más uno del otro, estaba comenzando a perderlo de vista y necesitaba desesperadamente saber que él se sentía de la misma forma, que no mentía cuando decía que odiaba por lo que estábamos pasando, que él también me extraña de la misma manera desesperada.

Necesitaba saberlo y sin embargo, él me seguía dando más y más motivos para creer que yo era el único que estaba cargando con todo el peso de una relación medio muerta. Cada vez sentía muchísimo más que le daba igual que yo estuviera o no ahí. Pero yo no quería renunciar a lo que teníamos, era valioso e importante para mí; pensaba que también lo sería para él. Teníamos tres años siendo novios y ocho años siendo amigos, siempre supe que no debía sacrificar algo tan fuerte como la amistad, por algo tan frágil como el amor.

Erwin había sido el primero en mi vida, en prácticamente todo, mi primer amigo cuando llegué a Alemania, mi primer novio, el primero que siempre me apoyó en todas mis decisiones. Fue el primero en el que confié ciegamente, Erwin simplemente había sido el primero en mostrarme un mundo nuevo, ese mundo que era de ambos. Pero ahora... nos habíamos alejado tanto, siempre culpando a su escuela y su trabajo de medio tiempo, el tiempo era nuestro más grande enemigo. Y él había cambiando tanto, cada día descubría que le gustaban cosas nuevas y diferentes, sentía que apenas lo conocía y no me agradaba esa sensación.

Se estaba alejando y con ello también se estaba llevando partes de mí, yo estaba quedando incompleto.

Fue dejando huecos, unos más grandes que otros, las mismas viejas excusas y promesas vacías de siempre, ya no bastaban para cubrir esos huecos, ya ni siquiera podían hacerlos más pequeños, todo lo contrario, los iban haciendo más grandes y difíciles de ignorar. Siempre había actuado como si no me importara, pero joder, por dentro me deshacía un poco más cada vez que él volvía a romper otra promesa. Fue ahí cuando Eren apareció, muchos dirán que es imposible que una persona que nunca habló conmigo me hubiera ayudado a pasar el bache, pero Eren lo hizo, se las había arreglado de alguna manera para que todo se viera menos negro.

Las veces en las que Erwin tenía que macharse demasiado pronto, era cuando aparecía Eren, así, justo en el momento y entonces, me distraía y hacía que me olvidara del por qué me sentía tan triste últimamente. Había ocasiones en las que Erwin se quedaba un poco más, pero no hacía ninguna diferencia, porque aunque estuviera sentado a mi lado, no hablaba conmigo. La mayoría del tiempo hablaba con Mike y Hanji, sobre su universidad y todas las cosas que había aprendido en su nuevo e importante trabajo.

No es que yo fuera alguien particularmente platicador, nunca lo fui, y Erwin, Hanji y Mike, siempre habían sido muy unidos, siempre habían tenido este tipo de amistad, siempre había sido así desde el principio. Sólo que antes no se sentía como si Erwin me estuviera haciendo a un lado, porque era justo como me sentía en esos momentos, como si yo no encajara con ellos tres.

Y ahí, en medio de todo eso, estaba nuevamente Eren, a pesar de que él estaba en el otro extremo, platicando y riendo con sus amigos, siempre se tomaba el tiempo para voltear a verme entre ratos. Me sentía menos invisible, porque sus ojos me miraban y parecían gritarme "tranquilo, yo te estoy mirando justo ahora".

Había logrado cubrir un hueco, claro que no lograba tapar los otros tantos recovecos que se estaban formando debido al distanciamiento de Erwin, pero lograba apaciguarlos y para mí, eso era más que suficiente. Era poco creíble la forma en como el chico de los ojos verdes se las había ingeniado para captar mi obsesión por él, era estúpido porque lo único que trataba de hacer era sustituir los constantes vacíos que Erwin dejaba con un chico que no me conocía, con un desconocido al que yo tampoco conocía. Pero así de irreal, estúpido e insano, fue como había comenzado a tenerle cierto aprecio al castaño de cabello despeinado.

Dejé que de mis labios saliera un suspiro pesado, hoy no había visto a Eren, él no había acudido a nuestra "cita" acostumbrada, incluso cuando pasé frente a su escuela para poder ir a la parada y tomar el bus, tampoco pude verlo. No iba a negar que eso me tenía frustrado, lo peor es que sentía que yo sí había cumplido con mi parte de ir y él ni siquiera se dignó a hacer una pequeña aparición momentánea.

¡Mierda! Yo no era su maldito novio, no sé porque sentía que me había dejado plantado, estaba llegando a mi límite de obsesión sana.

—Y todo por ese chico, ni que fuera la gran cosa.— Murmuré entre dientes, atrayendo la atención de la gente que pasaba a mi lado.

La verdad era que a éstas alturas, Eren sí era la gran cosa, al menos para mí. No sólo se había convertido en mi apoyo emocional este último mes, sino que también se había convertido en mi Mona Lisa, siempre que podía lo dibujaba. Tenía demasiados dibujos de él en diferentes cuadernos, todos los dibujos formaban una especie de historia... la historia de los ojos que estaban cambiando mi vida. La historia del chico de tímida sonrisa, pero también la historia de quien le observaba desde el otro extremo del solitario parque, sonreír. Una historia de dos desconocidos que se hablan con silencios y miradas fugaces.

Al lado del edificio en donde vivía, hay una librería, de esas que son antiguas; había comprado un par de libros ahí en el pasado, y hoy que pasaba por ahí, me pareció buena idea ver si había algo que llamara mi atención, necesitaba distraerme, olvidarme por un momento de que extrañaba a Erwin, olvidarme de la obsesión que tenía por llenar ese vacío con Eren, simplemente necesitaba olvidar por un rato y un libro siempre era una buena ruta de escape momentánea a mis problemas y tormentos de la vida.

—Buenas tardes, Marco.— Saludé al chico detrás del mostrador en cuanto entre a la pequeña librería.

—¡Levi!, ¿qué tal?, hace mucho que no te veía por acá.— Correspondió al saludo con una sonrisa amable.

Marco era un chico que se caracterizaba por sus peculiares pecas en el rostro y su amable sonrisa. Me caía muy bien, aunque nunca habíamos tenido una conversación más allá de las "buenas tardes", "¿cómo estás?", y el "hasta luego". Por las tardes atendía la librería de su padre y por las mañanas asistía a la preparatoria Sina, al menos eso me había contado una vez, en la que por curiosidad pregunté. Era normal que nos habláramos con tanta familiaridad, pues desde que llegué a vivir a Alemania, solía frecuentar la librería.

—Hm— Encogí los hombros, fingiendo desinterés.— He estado bien, un poco ocupado, creo.

—Es bueno saberlo.— Volvió a sonreírme con esa amabilidad que lo caracterizaba y después fijó nuevamente la mirada en la revista científica que estaba leyendo con anterioridad.

—Iré a ver los libros del fondo.

Anuncié antes de caminar hacia el pasillo donde se encontraban los libros de suspenso y terror, de esos que únicamente leía por morbo, nunca había sido fan de las cosas que tuvieran que ver con fantasmas y esas cosas, aunque de vez en cuando no estaba mal.

—¡Oh! Por cierto, Levi— Me llamó antes de que desapareciera entre los pasillos, yo sólo me limité a voltear a verlo.— Nos han traído nuevos libros en blanco y tienen descuento, lo menciono porque son para dibujo y sé que te gusta dibujar.

―Gracias, lo tomaré en cuenta, aunque en realidad ya tengo muchos— Encogí los hombros, sin embargo, nunca estaba de más por si se ofrecía.— De cualquier forma, ¿en dónde los puedo encontrar?

―En el último pasillo, en los estantes que están de lado de la ventana que da hacia la calle.

Asentí ante las claras indicaciones que me dio Marco y volví a retomar mi camino entre los anchos pasillos, con los enormes libreros y el agradable olor a libros viejos. Me gustaba venir aquí porque habían tanto libros viejos, como libros actuales, vendían maquinas de escribir, tinta para las mismas, revistas de escándalos, los mangas que tanto le gustaban a Isabel, hojas en blanco y también los libros para dibujo que había mencionado antes Marco, había un poco de todo y eso la hacía fascinante.

Al final, después de leer tantas reseñas de tantos y tantos libros distintos, terminé por escoger un libro que se titulaba: "The perks of being a wallflower", había escuchado que el libro había sido tan bueno que habían hecho una adaptación del mismo, sólo esperaba que realmente fuera bueno y no un desperdicio de tiempo.

No había estado interesado realmente en ver los libros de dibujo, pero al final mi curiosidad pudo más y de un segundo a otro, ya me encontraba en el último pasillo, parado frente a los estantes que estaban a un lado de la ventana que daba hacia la calle. Eran mejores que los que yo tenía, pues su pasta era demasiado dura, muy difícil de arrugar, eran más grandes que los de tamaño profesional y tenían quinientas hojas. Además de todo, tenían descuento del treinta por ciento, eran demasiado tentadores, pero ninguno lo suficientemente bonito para llamar mi atención.

Así fue hasta que mis ojos se desplazaron a la esquina izquierda del estante, topándome con un peculiar libro de dibujo, era casi igual a los otros, pero el color de su pasta cambiaba, era de un tono verde, pero no cualquier verde insípido, era un verde pastel muy alegre. Un verde que me resultaba familiar.

Eren.

Pensé casi en automático cuando mis manos fueron apresuradamente a coger aquel libro de dibujo tan diferente a los otros que había visto segundos antes. Al final del día había llegado a mi casa con un par de libros nuevos, uno de ellos para dibujar y el otro para leer. Ahora tenía el libro de dibujos perfecto, que ameritaba tener plasmado al portador de los ojos que se asemejaban tanto al color de éste mismo.


Deslicé hábilmente la punta de el lápiz sobre el papel, estaba dándole los últimos detalles al dibujo que había comenzado esa misma tarde. Una vez más había dibujado a Eren, sentado en la banca que estaba en el otro extremo del parque en de donde yo y los demás nos sentábamos a platicar. Ésta vez no había dibujado sólo a Eren como acostumbraba, sentados a cada lado de él, estaban la chica de mirada profunda y el chico de cabellos dorados como el sol.

Los había dibujado tal y como los veía, había inmortalizado la familiar y eterna costumbre que tenían esos tres en donde Eren decía algo y los otros simplemente callaban y lo escuchaban con atención, como si no existiera nada más importante en éste mundo. Así era como los había dibujado y al principio sería únicamente así, con ellos tres siendo Eren su centro de atención.

Pero luego fui imaginando lo que el castaño podía estarles diciendo. Fue así que dibujé una burbuja de conversación por encima de la cabeza de Eren, adentro de ella plasmé un pequeño sistema solar, con sus satélites y constelaciones. Incluso puse una nave espacial recorriendo el universo, con sus correspondientes ovnis a bordo de ella. En realidad no sabía de qué tipo de cosas les hablaba con tanta emoción, él bien podría estarles contando lo que había desayunado esa mañana, o lo que haría al llegar a casa, pero a mí me gustaba imaginar que no era como los simplistas que hablan de cosas vacías y rutinarias, quería pensar que él era un mar profundo que oculta un montón de historias extraordinarias.

Terminé el dibujo con el árbol que estaba atrás de él, no sonreí, ni mostré ningún signo de satisfacción por la obra recién terminada que yacía en el libro de dibujo que había comprado esa tarde, pero por dentro me sentía sumamente feliz de que estuviera mejorando en mi manera de dibujar. Levanté mi mirada del dibujo terminado y la llevé a donde se suponía que debía estar Eren como todas las tardes que visitaba el parque y él venía a mi encuentro, pero en lugar de eso, me encontré con la banca vacía, le di un vistazo al reloj que se ceñía en mi muñeca izquierda, "seis en punto" pensé, sabía que los lunes eran así, él venía a las cinco de la tarde y se retiraba a las seis en punto.

Y casi como si pudiera escuchar mis pensamientos, él posó aquellos ojos verdes sobre mí, diciendo con este simple gesto que nos volveríamos a ver, quizá mañana, quizá pronto pero que por hoy había cumplido y ahora tenía que partir. Suspiré, devolviéndole la mirada, una que gritaba un silencioso "estaré esperando, así que ven pronto".

No sabía por qué él seguía viniendo, por qué parecía seguirme el juego de miradas rápidas y sobre todo, el por qué siempre se sentaba cerca, en un lugar donde yo pudiera verlo. No lo entendía, probablemente era simple costumbre, o le gustaba sentarse en aquella banca oxidada y despintada de algunas zonas, bastante deteriorada por el tiempo. Fuera lo que fuera, había complicado las cosas, pero al mismo tiempo, se lo agradecía. Lo vi perderse por el camino que daba justamente a la salida y después, volví a enfocar mi mirada en el libro con el dibujo que estaba entre mis manos, no supe cuanto tiempo mantuve mis ojos en el Eren que yo mismo me encargué de dibujar y embellecer.

―¡Pero que hermoso, enanín!

Di un pequeño respingo en mi lugar, esa había sido la voz chillona de la gafas de mierda gritando en mi oído. Fruncí el ceño, había estado tan embobado con el dibujo que ni siquiera me di cuenta del momento en que ella se había sentado junto a mí, la miré de reojo, ella veía el dibujo con interés y la idea de que descubriera quién era el chico que había dibujado, me asustó, por primera vez en mi vida tuve miedo de Hanji y su poca discreción.

—Supongo.— Dije aparentando desinterés, y cuando estaba dispuesto a cerrar el libro para zafarme del lío ella me detuvo.

Mordí mi labio inferior con fuerza, ¡mierda, mierda, mierda!, ¿en qué momento se había dado cuenta?, no, más bien, ¿en qué momento yo me había descuidado tanto como para que ella descubriera mi pequeño secreto? Sólo esperaba que no recordara ese día en la cafetería y a Eren siendo el centro de atención, o de otra forma yo estaría en muchos aprietos.

—Y de alguna forma siento que lo he visto en otra parte...

Murmuró pareciendo pensativa, su frente se arrugó por el esfuerzo que estaba haciendo al tratar de recordar., luego un brillo fugaz apareció en sus castaños ojos, como si la claridad hubiera llegado a ella. Oh no, lo que me temía, estaba a punto de recordarlo.

—No digas estupideces— Me solté de su agarre y rápidamente cerré el libro.— Sólo es alguien que salió de mi imaginación, ya sabes... el héroe en las historias que me invento antes de dormir.

—¿Eh?, ¿y qué pasa con Erwin? Pensé que él era el único con el que fantaseabas antes de dormir. — Frunció el ceño otra vez, tratando de asimilar la situación.

―No tiene nada que ver... o qué, ¿acaso por qué tengo novio ya no puedo tener una que otra fantasía?

―¡No, no, no! Yo no quise decir eso... de hecho, tienes una muy buena imaginación, el chico de tus dibujos es atractivo. Incluso a mí me gustó un poco— Me sonrió y palmeó mi espalda varias veces, yo tenía la mirada fija en el libro entre mis manos, me sentía un poco culpable por mentir.― ¡Pero no sabía que los héroes pudieran tener facha de rockeros rebeldes!

—Supongo que al final del día soy un poco como mi mamá— Encogí los hombros y guardé el libro de dibujos en mi bolso color azul marino, después me puse de pie.— Ya me voy, tiene rato que Erwin se fue y yo tengo que terminar algunas tareas de la escuela.

Me despedí con un gesto de mano de Isabel, Farlan y todos los demás antes de comenzar a caminar a la salida del lugar.

―¡Ve con cuidado, enanín! ¡no te vayan a violar!

Gritó la loca de Hanji cuando yo estuve lo suficientemente lejos de ellos, algunas personas me miraban raro y otras simplemente reían, yo tenía ganas de regresarme y ahorcarla, lo único que agradecía era que el chico de los ojos verdes no estuviera ahí, odiaría ser ridiculizado por Hanji frente a él.

Me sentía aliviado de cierta forma porque Hanji no descubriera quien era el chico de mis dibujos, daba gracias a cualquier divinidad piadosa encargada de que Hanji fuera distraída y olvidadiza, sin embargo, sabía que tarde o temprano se daría cuenta de que el chico que tanto dibujaba no había salido de mi imaginación como le había dicho, tenía que decirle que Eren era real, o ella se daría cuenta y sería peor.


Otra semana había transcurrido con normalidad, Hanji no volvió a tocar el tema de los dibujos, era casi como si lo hubiera olvidado y yo me sentía afortunado por eso. Pero estaba siendo más cuidadoso, había ocasiones en las que no dibujaba a Eren, sólo lo miraba de reojo mientras fingía poner atención a lo que Isabel me platicaba, pero me grababa a fuego cualquier detalle, incluso me fijaba y trataba de memorizar el como iba vestido, los colores de su ropa, aunque esto último fuera un poco más sencillo porque en su mayoría, él siempre iba completamente de negro, de pies a cabeza.

Al llegar a casa dibujaba en aquel libro que había comprado hace una semana atrás, todo lo que recordaba, incluso sus repentinos cambios de humor de los que yo me había dado cuenta desde tiempo atrás. Siempre cargaba conmigo el libro en donde dibujaba a Eren, parecía una historia en donde él era un protagonista que hacía cosas comunes y simples, como sentarse a platicar con sus amigos y reír con ellos. Incluso había pegado en orden los otros dibujos que tenía de él en mis diferentes cuadernos, para que esta pequeña historia tuviera un poco más de coherencia.

En la portada del libro había dibujado una especie de jardín, con syringas purpuras, acacias amarillas, camelias rosas, gardenias, lirios malvas y rosas de color lavanda. Había dibujado una de cada una y de alguna forma, me había gustado el resultado final. Como el libro era de pasta dura, los trazos los había hecho con plumones de tinta permanente y había pintado las flores con pinturas vinílicas en tonos pastel, tardé como dos horas haciéndolo pero al final, el resultado valió muchísimo la pena.

Había dejado un espacio en la parte superior del libro y con el mismo plumón de tinta permanente y letra cursiva, le había puesto como título "Yeux verts", que en francés significa Ojos verdes. Aquel libro de dibujos se había vuelto parte de mí, porque era el lazo innegable que me unía a Eren, la prueba de que no eramos simples conocidos de vista. Era increíble como estaba dedicando tanto tiempo y esfuerzo en una persona con la que jamás había hablado, pero todo este asunto me mantenía un poco ocupado, alejado del sentimiento de soledad que con el paso del tiempo se hacía más fuerte.

Me ayudaba a no hundirme demasiado en la tristeza, ni de volverme loco con tantas ideas desbordándose en mi cabeza, todo esto me parecía loco y estúpido, no era normal que un desconocido estuviera teniendo tales privilegios, y sin embargo, ese desconocido había logrado llamar mi atención y volverse una obsesión para mí, sin ni siquiera haberme puesto un dedo encima. Esto estaba mal de quince mil formas distintas, pero joder, no podía parar de dibujarlo, no quería parar, sin importar que todas mis ideas sobre él pudieran ser erróneas. Me estaba anestesiando de todas las decepciones que Erwin dejaba y eso era lo peor de todo.

Estaba dependiendo totalmente de un completo extraño de ojos verdes y cabello castaño, para poder seguir siendo fuerte por Erwin, por mí y por lo que teníamos. ¿Qué iba a pasar si un día Eren sólo dejaba de venir y ya?, ¿cómo iba a afrontar el sentimiento de soledad y vacío que él llenaba?, ¿cuál sería mi distracción ésta vez, para olvidar que Erwin ya ni siquiera tenía tiempo para mí?

Todo esto era por culpa de Erwin y su falta de tiempo, lo había comprobado cuando estuvo de vacaciones y pasamos todo el tiempo juntos, esa vez Eren me pareció tan insignificante, sin importancia o relevancia alguna, Erwin estaba borrando su recuerdo, pero ahora era como si el mismo rubio me estuviera arrojando a los brazos de ese extraño, porque de alguna forma peligrosa, yo comenzaba a creer firmemente que después de todo, sí me había enamorado de Eren a primera vista.

Necesitaba que ese rubio cejón y yo volviéramos a ser como eramos antes, necesitaba que todo fuera como era antes de que todo se torciera y mutara en esto, porque no quería enamorarme de otro. Porque tenía miedo de todo lo que estaba sucediendo, porque yo también me desconocía a mismo. Quería que Erwin volviera a como era antes y que con él trajera al Levi que sólo tenía ojos para él. Al Levi que era fuerte por ambos y no necesitaba de nadie más para conseguirlo, al Levi que yo solía ser. Esto también era culpa de Eren, más bien de Erwin y Eren.

De Erwin por alejarse cada vez más de mí y llevarse todo lo que yo solía ser, consigo. Y de Eren por aparecer en el momento preciso y desordenar la perfecta y ordenada vida que llevaba, esa sin complicaciones, ni sentimientos raros y divididos entre él y Erwin, aquellos sentimientos que traían consigo el miedo y la culpa. Y a pesar de culpar a Erwin, yo seguía aferrándome y repitiéndome a mí mismo que esto no duraría por siempre, que sólo era otro día más, que pronto todo volvería a la normalidad, que sería paciente y lo esperaría porque lo amaba. A pesar de culpar a Eren, seguía yendo al parque para verlo, seguía dibujándolo porque eso de alguna manera me hacía relajarme, olvidar lo demás. Me continuaba permitiendo a mí mismo seguir desarrollando sentimientos por él.

Quizá, al final, el que tenía toda la maldita culpa era yo, por no querer ser otra carga para Erwin, ni que se sintiera presionado por mis inseguridades. Por involucrar a un desconocido en todo este lío en donde no tenía cabida alguna. Todo esto no era más que una bola apestosa de problemas y yo en realidad, no estaba haciendo nada para solucionar todos y cada uno de esos problemas. Al final sí, la culpa sólo era mía por crear todo este lío.


Miré por décima vez el reloj en mi muñeca izquierda, eran las cinco con veinte minutos y de el chico de los ojos verdes ni un sólo rastro. Pero no pensaba irme aún, mantenía una pequeña esperanza de que él llegaría en cualquier momento, de que sólo estaba un poco atrasado pero que vendría como siempre.

—Oye, loca de mierda, tengo hambre, iré a comprar algo de comer.

Me levanté y me colgué al hombro el bolso que Kenny me había mandado hace un año atrás desde Francia. Pero desde luego, sólo era un pretexto, en realidad quería pasar por la escuela de Eren y ver si no estaba holgazaneando por ahí.

―¡Voy contigo, Ravioli! La verdad es que yo también tengo hambre y quiero comprar algunos dulces en Sugar.— De un brinco se puso de pie y comenzó a caminar, yo levanté una ceja y caminé detrás de ella.

―¿Sugar?— Enarqué una ceja inquisitiva ante la mención de aquel sitio.

—Oh, es el nombre de una dulcería que esta cerca de la preparatoria María— Sus ojos brillaron de forma inusual por un momento, no supe si eso debía de preocuparme.—Tienen una gran variedad de dulces en ese lugar, incluso de los bombones que te gustan a ti, esos que tienen chocolate.

—Oh... no esta mal.— Respondí sin muchos ánimos por la comida basura, yo sólo iba a buscar cierta cabellera castaña.

Caminamos las tres calles que había para llegar hasta la preparatoria, era inusual que Hanji estuviera callada y no anduviera avergonzándome como era su costumbre, pero no dije nada, hoy realmente no me sentía de humor para soportar a la cuatro ojos. Pasamos frente a la preparatoria María, enseguida mis ojos buscaron a Eren, pero no lo veía por ninguna parte, quizá no había acudido a la escuela por problemas de salud... o quizá, muy seguramente, estaba allí adentro, besuqueándose con alguna de sus descerebradas fans. Bien, él podía hacer lo que se le viniera en gana ¿no?

Bah, no era como si eso me importara, sólo se me hacía raro que no fuera a acosarme esta vez como era su sagrada costumbre.

—Uhm... ¿Y qué tal van las cosas con Erwin?

Hanji me observaba con bastante atención, en su mirada pude leer algo que parecía muy cercano a la preocupación, pero a cambio simplemente suspiré y encogí los hombros.

—Bien.— Fue lo único que contesté, le había mentido de nuevo a ella, era la segunda vez. Ni siquiera yo sabía como estaban las cosas entre Erwin y yo.

—Ah, eso es bueno... estaba preocupada porque últimamente los veo muy distantes.

—Alucinaciones tuyas, en todo caso, si las cosas anduvieran mal... Erwin sería el primero en decírtelo a ti ¿no?— La miré de reojo, tal vez Erwin ya le había dicho algo y por eso estaba tratando de averiguarlo conmigo. Pero nada, al parecer ella no sabía nada.

—Bueno sí, pero tú también eres mi amigo. Si hay algo que te molesta sabes que te escucharé, te ayudaré a buscar una solución— Palmeó suavemente mi espalda y yo sólo asentí.— Levi, no siempre tienes que hacerte el fuerte, sé que lo haces para aligerar la carga de Erwin, pero no tienes que cargar con todo tú solo.

—Estoy bien, de verdad, deja de preocuparte por tonterías.

Puse los ojos en blanco y seguí caminando, ella no dijo nada más y se lo agradecía. Ciertamente, tenía que mantenerme fuerte por Erwin, tenía que ser yo el que debía cargar con todo porque yo era Levi, era el fuerte en cualquier situación que se presentara, así era yo. Erwin siempre había tenido una vida muy difícil, por eso tenía ese carácter tan fuerte, por eso a veces era más frío y distante de lo que yo alguna vez podría llegar a ser, por eso no quería poner más pesar sobre sus hombros. En realidad, yo no tenía porque quejarme de algo, siempre lo tuve todo, todo había resultado fácil para mí. Mi madre era una mujer cariñosa y bondadosa, que siempre se preocupaba mucho por mí, velaba por mí. Nunca me había faltado nada, siempre fui un niño mimado que obtenía todo lo que quería, y a pesar de no tener padre, Kenny siempre estuvo ahí para mí, sustituyendo a esa figura paterna que nunca extrañé porque Kenny me dio el cariño suficiente.

A mí siempre me había sobrado cariño y atención.

Pero con él, las cosas eran distintas... su madre lo abandonó con su padre cuando era muy pequeño, para irse con otro hombre. Su padre era de carácter duro y estricto, siempre poniendo expectativas y cargas pesadas sobre los hombros de su único hijo. Jamás se mostró cariñoso, ni siquiera en los días difíciles.

A Erwin siempre le faltó cariño y atención.

Era por eso que quería darle el apoyo y cariño que tanta falta le hizo durante muchos años. No quería ponerle más carga, al contrario, quería llevarla por él si era posible. Era por eso que yo nunca me quejaba de nada, lo dejaba desahogarse cuando se sentía mal. Dejaba que tomara mi cuerpo cada vez que tenía que sacar frustración, no me importaba si dolía, o si dejaba marcas. Por eso no decía nada acerca de como me sentía últimamente y no lo haría, no diría que estaba siendo solitario para mí porque quería seguir llevando la carga por él.

Todo esto era tan complicado, aunque odiara admitirlo, yo también comenzaba a necesitar ayuda, porque la carga se estaba volviendo demasiado pesada para mí. Hice a un lado esos pensamientos, no quería darle más motivos a Hanji para que se preocupara. Ambos caminamos en silencio hasta la supuesta dulcería, y en cuanto ella abrió la puerta, el dulce olor azucarado se coló por mi nariz, no era un olor demasiado empalagoso, ni demasiado simple, era un olor agradable.

Llevé mi mirada por todo el lugar, había toda clase de dulces, gomitas ácidas y dulces, algodones de azúcar, había de esas enormes paletas que parecen un espiral con un montón de colores, pero sobre todo, había una gran variedad de chocolates, en todas las presentaciones que pudiera imaginar. Ese lugar era como un paraíso para los amantes de las cosas empalagosas.

Caminé detrás de Hanji, quien literalmente era como una niña en dulcería, después de todo no había sido mala idea dejar que viniera conmigo. Mientras recorríamos los largos pasillos en búsqueda de algo que cumpliera con mis expectativas, ella seguía tomando más y más dulces, parecía encantada y yo lo único que quería era que se tranquilizara un poco, porque estaba siendo muy escandalosa y llamaba bastante la atención.

Después de haber recorrido tres pasillos, la cuatro ojos ya llevaba casi la mitad de la tienda, por mi parte, sólo había escogido unos bombones con cubierta de chocolate, siempre habían sido mis favoritos desde que tenía memoria, en Francia el chocolate era bastante apreciado. Prefería comerlos cuando hacía frío, cuando hacía calor el chocolate se derretía y se embarra en los dedos de la mano al sujetarlos, y el bombón por otro lado, se aguada y entonces es un poco desagradable comerlos.

Me adelanté a la zona de cajas en donde se pagaba por la mercancía, Hanji me estaba volviendo loco con tanto alboroto, compraba y compraba dulces y para elegirlos tardaba demasiado, escogió varios de ellos para Mike, incluso llevaba para Isabel, Farlan, Petra, Auro, Erd y Gunter. La loca tenía un padre con una paga realmente buena, ella podía gastar dinero a montones sin que le importara. Pero también era generosa y eso me agradaba demasiado, porque tampoco alardeaba del dinero que tenía y le gustaba compartir lo que tenía.

Justo cuando estaba a punto de llegar a las cajas para pagar por lo que había tomado con anterioridad, mis pies se detuvieron al reconocer una silueta bastante conocida: el chico de los ojos verdes. Sin embargo, él no me veía, ni siquiera parecía notarme, de hecho, no estaba mirando a algo o a alguien, sólo estaba parado ahí, con la mirada perdida.

Sumido en sus propios pensamientos, en su mano derecha sostenía una bolsa llena de esas gomitas desagradables y difíciles de masticar, esas que tienen forma de oso deforme. No parecía que hubiera alguien con él, entonces una idea extraña y atrevida rápidamente vino a mi cabeza, ¿y si me acercaba y le hablaba?, ¿sería demasiado raro?, ¿qué pensaría de mí? Sin embargo, no me importó demasiado ninguna de las posibles respuestas, porque cuando menos cuenta me di, yo ya me encontraba dando pequeños pasos hacia él, me detuve cuando sólo nos separaban cinco pasos, estaba a punto de acercarme a él, de hablarle, pero...

—¡Eren! Los encontré— Su rubio amigo había salido de la nada y le mostraba a Eren una especie de gomitas cubiertas de azúcar, a lo que él simplemente asintió.— Iré a pagarlas.

—Espera— Exclamó antes de que el otro chico se alejara de ahí.— ¿Podrías pagar mis dulces?

De su bolsillo saco cincuenta marcos y los extendió al rubio.

—No— Negó rápidamente, Eren frunció el ceño y yo levanté una ceja.— Déjalo así, yo invito.

—Pero..

—A cambio me ayudaras con lo de música mañana— El de los ojos azules se sonrojó un poco y Eren lo miró con desconcierto.— Es que eres bueno tocando la guitarra y el piano, yo soy pésimo y sabes que quiero mejorar.

—¡Oh! Te referías a eso— El castaño asintió y después extendió la mano al rubio, quien enseguida la estrechó con la suya.— Es un trato.

Después de eso, el rubiales se alejó para formarse en la fila de las cajas, por su parte, Eren cruzó los brazos y soltó un suspiro, casi como si estuviera fastidiado de estar ahí, bueno, yo también me sentía de esa forma. Estaba a punto de ir en busca de Hanji, cuando él giró su rostro y sus ojos se toparon con los míos, me quedé estático, observando como sus facciones se relajaban. Al principio parecía sorprendido de encontrarme en otro lugar que no fuera el parque, pero luego me volvió a dar esa cálida mirada que yo ya conocía tan bien.

Pareció como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento, ninguno de los dos apartaba la mirada del contrario. Y a mí comenzaba a darme la impresión de que con el paso del tiempo él parecía indeciso en algo. Lo vi muchas veces entreabrir los labios, para luego simplemente sellarlos y mantener esa expresión de seriedad. Muchas veces lo vi intentando hacer el amago de querer acercarse, pero luego parecía arrepentirse y volvía a su postura inicial. ¿Él también quería acercarse?, tal vez sólo era mi imaginación, o que llevaba demasiado tiempo viéndolo que ya podía notar hasta el más insignificante detalle y lo confundía con otra cosa.

Debía ser eso, no creo que él quisiera acercarse a mí, ¿por qué lo haría?

—¡Levicito!— Di un respingo en cuanto la maldita cuatro ojos casi me grita en el oído.— ¡Mira, mira! Encontré unos deliciosos mazapanes cubiertos con chocolate.

—Qué bien por ti, el descubrimiento del año— Respondí con sarcasmo, cruzando los brazos y frunciendo el ceño, a veces Hanji me irritaba demasiado.

―¡Vamos enanín!, no seas tan gruñón, ¿tan de malas estás por qué últimamente no has tenido sexo salvaje?

—¡Cuatro ojos de mierda! Deja de divulgar mi maldita vida privada.

Fruncí el ceño, a puesto a que estaba rojo como un tomate, porque sí, eso siempre pasaba cuando me sentía demasiado enojado. En ese momento recordé que cerca de nosotros estaba Eren, me di un golpe mental, de seguro había visto y oído todo. Lo miré de reojo y en efecto, él nos miraba a Hanji y a mí atentamente, con una diminuta sonrisa llena de burla, parecía de lo más divertido con la vergonzosa situación en la que Hanji me había metido.

Lo maldije mentalmente, quién se creía, llevé mi mirada hacía él y fruncí el ceño, dándole la mirada más amenazante que tenía guardada. Me miró con curiosidad, no parecía darle miedo en absoluto, algo que desde luego me sorprendió, pero entonces... su semblante cambió por completo, borró su sonrisa y nuevamente estaba esa expresión de seriedad en su bonita cara. Apartó los ojos de mí y llevó la mirada al frente, como si estuviera ignorándome.

Perfecto, de seguro debía de estar pensando en lo patético que yo era.

—Iré a pagar— Hanji había interrumpido mis pensamientos.— Como oferta de paz pagaré tus bombones, ¿qué dices, enanín?

—No dejarás de molestarme nunca— Le aclaré, soltando un pequeño suspiro.— Pero está bien, acepto.

Sonrió ampliamente y después fue a formarse para pagar, giré el rostro a donde se suponía que estaba Eren, pero me encontré con que él ya no estaba ahí, estaba caminando hacia la salida junto con su amigo, ambos hablaban animadamente. Sentía envidia porque el ver a Eren y al otro chico con esa cercanía, con esa confianza al hablarse, me recordaba como solíamos ser Erwin y yo cuando eramos amigos, antes de que todo se complicara.

Después de eso, los días fueron transcurriendo con normalidad, Eren seguía frecuentando el parque y yo seguía dibujándolo. Había veces en donde volvía con la loca a la dulcería y entonces volvíamos a vernos, en ese tiempo pude saber de sus gustos: odiaba la cosas dulces, a diferencia de mí, que siempre me gustaron demasiado. Compraba chocolate amargo, de los panditas que yo tanto odiaba, más gomitas pero azucaradas, y a veces lo veía con los bombones con cubierta de chocolate que tanto me gustaban.

Por mi parte, había comenzado a probar cosas nuevas, chocolates de leche, los mazapanes por los que Hanji se volvía loca, las obleas de cajeta y los dulces de leche. Admitía que los dulces que vendían en ese lugar eran bastante buenos, incluso me gustaban de esas lombricitas ácidas que tenían azúcar encima y que terminan escaldando mi lengua. Había tomado el hábito de comer dulces muy seguido y todo por culpa del chico de los ojos verdes, porque sólo eran pretextos para poder verle un poco más.

Y después ya no era sólo en el parque o en la dulcería, me lo encontraba en la calle, o en el bus. Era como si alguna clase de fuerza poderosa se empeñara en juntarnos, ya ni siquiera era extraño para mí o para él. Ambos habíamos aceptado las coincidencias que nos juntaban una y otra vez, estábamos cómodos con eso.

Era viernes por la noche y como de costumbre, estaba encerrado en mi habitación, terminando de leer un libro nuevo que había comprado ese mismo día, tenía la ventana abierta, por lo que la suave brisa nocturna golpeaba mis mejillas de vez en cuando. El sonido de una notificación en mi celular me había hecho volver a la realidad, "seguramente es un mensaje de Erwin", pensé mientras estiraba el brazo para alcanzar el celular que estaba en la mesa de noche, a lado de mi cama.

«Loca de mierda.» te ha enviado un mensaje.
Desbloquea para ver.

Puse los ojos en blanco, pero enseguida desbloqueé el celular para ver qué era lo que quería.

Buenas noches, enanín.

Necesito hablar contigo de algo muy importante, ¿te parece bien mañana a las seis y media de la tarde en Schlosscafe?

Recibido a las 9:10 p.m

-Leído.

Debo admitir que pensaba decirle que no tenía ganas, pero ¿y si Erwin era eso importante de lo que quería hablar? Últimamente él estaba más serio y distante que de costumbre y para terminar de rematar, Hanji también había estado un poco rara, insinuando cosas extrañas, y si...

"Está bien. Espero que sea algo realmente importante, mañana en Schlosscafe a las seis y media."

Recibido a las 9:12 p.m

-Leído.

Tan pronto como el mensaje le había llegado, ella ya estaba preparada para responder, era como si ya supiera de antemano lo que yo respondería.

Sí es importante, es un asunto muy serio, Levi. No lo puedo aplazar más.

Recibido a las 9:13 p.m

-Leído.

Empezaba a sentirme ansioso, cuando Hanji se comportaba tan seria es porque algo grave estaba ocurriendo. No era normal que fuera así.

"Más ta vale, se puntual."

Recibido a las 9:13 p.m

-No leído.

Bloqueé nuevamente el celular en cuanto envié ese mensaje, comenzaba a sentirme preocupado, no sabía ni siquiera qué pensar. En menos de un minuto ya había sacado toda clase de conclusiones, menos de lo que supongo que ya era bastante obvio.


Schlosscafe, Friburgo de Brisgovia, Alemania.

Sábado, 06:29 p.m

El cielo estaba parcialmente nublado, pero no parecía que fuera llover. Era normal que los días estuvieran nublados a finales de noviembre. Miraba por la ventana de aquella cafetería, había estado tan ansioso que terminé por llegar diez minutos antes a la cita que tenía con Hanji, pero entre más transcurría el tiempo, más nervioso e impaciente me sentía.

Miré el cuaderno de dibujos en donde Eren era todo lo que existía, era una costumbre cargarlo conmigo a todos lados, era tonto, pero me sentía seguro cuando lo tenía conmigo. Estaba teniendo un apego anormal a ese libro de dibujos y a todo lo que se refería con Eren.

—Buenas tardes, Levi. Lamento el retraso— Hanji tomó asiento frente a mí, otra vez me agarraba distraído.

—Llegas apenas un minuto tarde, me sorprende que tú seas muy puntual.— Crucé los brazos sobre mi pecho y miré con atención la completa seriedad grabada en su rostro.

―Bueno, odias la impuntualidad.

Levanté una ceja, mientras que Hanji se dedicaba a ver el menú decidiendo qué pediría, aunque al final sólo optó por un café con leche y dos de azúcar. Yo me estaba volviendo loco, quería saber qué era eso tan urgente de lo que quería hablarme.

—Habla ya, ¿por qué me citaste?— Le di un sorbo a mi taza de té y ella hizo lo mismo con su café.

—Sé tu secreto.— Me miró con seriedad por unos instantes, pero luego llevo su mirada al libro de dibujos que descansaba sobre la mesa.

―¿Uhm?, ¿ mi secreto?

—El chico de tus dibujos— Señaló el libro de pasta dura y sólo entonces supe a qué se refería.— No es alguien imaginario, lo sé todo.

Por largos minutos la observé con mi mejor cara de poker, aunque lo cierto es que una parte de mí estaba aterrada ante la inminente idea de que ella se lo hubiera contado a Erwin, pero como siempre, no mostré ni un poco de esa preocupación que me corría, en vez de eso sólo dije:

—Creo que eres un poco lenta, cuatro ojos— Encogí los hombros y llevé la taza de té a mis labios nuevamente, era normal, tarde o temprano se daría cuenta.

—Esto es serio, Levi— Por primera vez en mi vida la vi fruncir el ceño, yo seguía sin comprender cuál era su punto de echármelo en cara.— Tú... ¿estás engañando a Erwin con ese chico?

Separé la taza de mis labios y observe incrédulo a Hanji, esperando que todo esto fuera una broma. Yo jamás haría algo tan sucio como engañar a Erwin con nadie, pensaba que ella lo sabía de sobra, pero parecía ser que no y ahora además malinterpretaba las cosas.

—Tienes demasiada mierda en el cerebro, no es posible que...

Pero me había quedado a medias, ella no me dejó ni terminar.

—Pero es que entonces, ¿por qué?— Apretó los labios y luego tomó una larga bocanada de aire.― ¿Por qué no has parado de dibujarlo?, ¿por qué él viene al parque todos los días?, ¿por qué tú has venido al parque, cuando antes decías que lo odiabas? Tú comportamiento es extraño, incluso Erwin se ha dado cuenta.

—Relájate, piensas en demasiadas mierdas— Sobé mis sienes por un rato, comenzaba a dolerme la cabeza con tanta pregunta estúpida.— No estoy engañado a Erwin con nadie.

―¡Pero..!

―No puedes engañar a una persona con alguien con quien nunca has hablado, ¿verdad?― Mis ojos fueron a dar con el libro de dibujos.

—No estoy entendiendo nada.

Se tomó la cabeza entre sus manos, como si estuviera a punto de estallarle. Mordí mi labio inferior, ya era demasiado tarde para intentar disimularlo y esconderlo, además necesitaba explicarle a Hanji las cosas, antes de que armara un alboroto y Eren terminara involucrado en algo de lo que él no tenía ni idea.

—Te voy a contar la historia de los ojos que han cambiado mi vida— Volví a mirar ese libro de dibujos, sabiendo que lo que estaba a punto de contarle era demasiado descabellado, pero ya no había vuelta de hoja.— Eren... el nombre del chico de mis dibujos es Eren.

Hanji me miraba con atención, estaba demasiado callada, esperando con paciencia una explicación coherente de lo que sucedía.

—Lo conocí en agosto...

—¡Espera, espera, espera!, ¿estamos hablando del mismo chico de aquella vez que estábamos en la cafetería de la preparatoria María?

—Sí, de él— Suspiré, esto iría para largo, porque seguramente me preguntaría el por qué y el cómo de una historia que simplemente ocurrió y ya.— Pero yo ya lo conocía desde antes, como te digo, fue en Agosto. Ese día... estaba lloviendo, yo estaba refugiado de la lluvia debajo de un puente y ahí fue cuando lo vi por primera vez. No pensé que me lo volvería a encontrar, pero un día que fui a ese parque con Erwin, él sólo estaba ahí.

Conforme seguía contándole como habían sucedido las cosas, ella parecía relajarse en su asiento, parecía que realmente le preocupaba que yo le estuviera siendo infiel a Erwin, después de todo, ellos eran mejores y Hanji lo veía como un hermano, era natural que tuviera ese deseo de protegerle, así como yo también lo tenía. Siendo honesto, me ofendía a niveles colosales que pensara eso de mí; sin importar nada, incluso si fuera algo así como amigo del chico de ojos verdes, no engañaría a Erwin con él, sencillamente no lo engañaría con nadie. Pero también había algo de verdad en que todo esto parecía sospechoso. ¿Por qué Eren seguía frecuentando el parque?, ¿cómo podría saberlo? Tal vez detrás de esa interrogante se encontraba una respuesta tan simple como que a él le gustaba ir y ya.

—Admito que desde el primer momento en que lo vi, sentí una atracción muy fuerte por él, pero creí que él sólo sería una de esas personas guapas que ves en la calle y de las que te sientes atraído, pero que nunca más vuelves a ver— Le había contado todo a Hanji, toda la historia e incluso como me sentía respecto a Erwin y su falta de tiempo.— No fue planeado volver a verlo.

―Y si no fue planeado, ¿entonces por qué continuaste viniendo?

Me miraba con demasiada seriedad, casi me llegaba a sentir incomodo con esa faceta de Hanji que nunca había visto hasta ahora. Me quedé callado, en realidad yo tampoco sabía el por qué seguí yendo.

—Curiosidad— Tomé el libro entre mis manos y busqué un dibujo en especifico, en donde sólo había dibujado el rostro de Eren, cubriendo su nariz y labios con sus manos, resaltando una única cosa: sus ojos.— Al principio sólo era por sus ojos, sólo quería dibujarlos, mañas de artista, creo.

Pasé mi dedo índice sobre el papel, justo en donde estaban dibujados los ojos de Eren. Al principio eso era el castaño de los ojos verdes, pero, ¿y cómo le explicaba a Hanji que teníamos una conexión?, ¿qué eramos un par de extraños, pero a la vez dos personas que se conocen? Porque al menos por mi parte, conocía un montón de cosas acerca de Eren y ni siquiera tuve que preguntarle, simplemente él era demasiado transparente y yo podía ver a través suyo, más bien, era como si sólo yo pudiera ver esos pequeños detalles.

¿Cómo le explicaba a Hanji que había algo que me unía a él?, ¿cómo le dices eso a una persona que no ha vivido lo que tú estás viviendo? Ella seguía esperando paciente por lo que yo terminaría de decir, tomé una bocanada de aire y después sólo encogí los hombros.

—Y ahora sólo es costumbre dibujarlo, ir a verlo...

—No creo que sólo sea costumbre, Levi— Hizo una pequeña pausa, pero luego continuó.— Tal vez, en realidad... te guste ese chico.

¿Gustar?, si bien era cierto que Eren era atractivo hasta el punto de irritarme, también lo era que gustar o estar enamorado era una palabra muy grande. Muchas veces lo había considerado, pero después llegaba a la conclusión de que todo era por su belleza física que me sentía atraído. Pero tampoco podía negar que había algo más fuerte que la simple atracción.

—No armes un alboroto por esto— Le di el último trago a mi té y lo saboreé por algunos segundos en mi boca.— Sólo somos dos desconocidos, no importa la cantidad de veces que lo dibuje, no tengo intenciones de hablar con él, aún si me gustara, no le hablaría. No quiero arruinar la imagen que ya tengo de él.

—Ese es el problema, lo estás idealizando mucho y terminarás por enamorarte de eso— Estiró los brazos en el aire, soltando un suspiro escandaloso.— Aún así, te guardaré el secreto, enano. No le diré a Erwin sobre esta charla, sobre los dibujos o sobre Eren.

—Gracias.

—Pero pienso que deberías acercarte y averiguar si es tan maravilloso como piensas, es mejor que lo hagas ahora, antes de que tu obsesión termine en algo más fuerte— Iba a decir algo, pero ella continuó .— También estaría bien que hablaras con Erwin de eso que te tiene mal, digo, son pareja, podrían encontrar una solución juntos.

—Agradezco tus consejos que todos modos no voy a seguir.

Puse los ojos en blanco y ella soltó una pequeña risita.

―Sabía que dirías algo así enanín.


All the love, Dragón. 🐉🌹