Título: Peligroso CAP6
Tipo: Wickedqueen
Dedicatoria: A vosotrass que estáis ahí, que esperáis los capítulosss, graciass
Mansión Mills
Pasó una judía mágica entre sus dedos mientras su mente le daba vueltas a cómo sería la vida de Zelena, la que había conocido, pero de nuevo sola. Sentía pena, comprensión o algo más, que estuvo a punto de dejar la judía en el suelo y pisarla con la suela de sus zapatos de tacón.
Unos nudillos golpearon su puerta principal. Abrió.
-Te esperaba en mitad del salón por arte de magia.
-Bueno, no siempre tengo que usarla…- la miró a los ojos.
-Pasa.
Llevaba el pelo en una cola y un vestido de tirantes y terciopelo negro.
-¿La has conseguido?
-Sí- abrió su puño y mostró lo que sería su puerta a otro mundo.
Ella la cogió y la miró con detalle, era semitransparente, parecía cristal. Ensimismada la puso en alto dejando que la luz que entraba por la ventana traspasase la judía.
Regina quiso decirle que aun estaba a tiempo, que aun podía quedarse y empezar otra vida, pero no hizo falta.
-No me gusta- Zelena refunfuñó como una niña y lanzó la judía al otro lado del salón.
-¿Qué?- la morena se sorprendió ante ese cambio de actitud. Su cabello recogido en una cola en alto se agitó incomprendido.
-Verás, me he colado en una de las habitaciones del Granni's ése, y he visto que no está tan mal, la cama es cómoda y hay bañera.
La preocupada morena abrió la boca poco a poco esforzándose por no mostrar la sonrisa que tenía dentro.
-¿Eso significa que te vas a quedar?
Su balanceo demostraba su nerviosismo, sin embargo Zelena estaba totalmente quieta. Alzó una ceja.
-Siempre puedes barrer el salón y traerme esa judía- propuso irónicamente.
-¡No!, es decir, está bien, estoy bien. Me alegro por ti- le sonrió levemente, aunque en su mente saltaba como una loca.
Zelena se acercó a ella, la cual ya estaba con la boca abierta para decir algo –Y no, ya me las arreglaré sola. Solo vine para que lo supieras.
-De acuerdo- afirmó con la cabeza.
-Nos vemos- caminó hacia la puerta que dejó abierta y al pasar por ésta la cerró agitando su mano en el aire.
Afuera la esperaba un taxi. La morena la miró a través de la ventana, tras la cortina. Era distinta, Zelena ahora era distinta, la había escuchado, la había escuchado ¡y se iba a quedar!. Ahora sí, Regina saltó y saltó varias veces totalmente contenta, hasta que se vio reflejada en el espejo de la entrada y cesó. Había visto su rostro, y eso era felicidad, sus ojos brillaban, sus mejillas estaban rojas, y todo era por esa mujer. Se pasó las manos por su rostro y se echó el pelo hacia atrás respirando profundamente.
"Debes olvidarlo, jamás va a pasar", se atizó en sus sentimientos hasta que se metió en la ducha y dejó caer el agua caliente sobre su cabeza. Las caricias del líquido y las burbujas del gel la relajaron. Durante un segundo se imaginó que el agua eran las manos de Zelena y abrió los ojos como si hubiese tenido una pesadilla. Puso el agua en temperatura fría y con los vellos de punta salió de la ducha. Al mirarse en el espejo comprendió que su hermanastra la había visto desnuda, la había visto en su habitación y la había visto en la cripta. "¿Qué pensará de mí?". Se tocó el vientre, plano y terso y se echó el cabello tras sus orejas.
Emma Swan no tardó en enterarse de que la forastera hermanastra de la alcaldesa se había mudado a la zona de hospedaje del Granni's. Decidió esperar hasta después de la hora de la cena y, aguantando el aire frío que se había levantando por Storybrooke ascendió por las escaleras que daban a las habitaciones. La abuelita la había mirado con desdén, si ya su única clienta le era de mal agrado que encima recibiera visitas y de noche le incomodaba.
-Es la número 12- le había dicho, -y por favor, si ves algo raro en la habitación, pintadas, velas, o inciensos dímelo al bajar.
Había llegado. Llamó a la puerta número doce algo inquieta. Zelena la abrió ataviada con un camisón de seda.
Y sin darle oportunidad a decir nada ella empezó -¿Qué haces aquí?- fue el saludo que tenía preparado la sheriff. Zelena ya sabía que no era bienvenida en ese pueblo pero de ahí hasta recibir visitas de madrugada… -¿Es que tienes algún plan nuevo para herir a la gente?- continuó la rubia.
-Cariño, la malvada bruja esta de vacaciones, he venido a tratar de vivir un poco, ¿de acuerdo?, sin maldiciones ni asesinatos, es una vida muy ajetreada y ahora necesito aire fresco- contestó con total sinceridad sujetando la puerta que mantenía abierta.
-No te creo, ¿cómo esperas que pueda hacerlo?. Yo solo te diré una cosa Zelena, como le hagas daño a Regina juro que acabaré contigo.
Zelena se rió.
-Rubia, primero, jamás podrías conmigo, te estás sobreestimando, segundo, jamás le voy a hacer daño a Regina, que te quede claro- desvió su mirada hacia un lateral -He cambiado la forma de verla, herirla no es mi prioridad ahora.
-Eso espero.
-Y eso verás- la miró a los ojos, totalmente convencida y le cerró la puerta casi en las narices. Emma se marchó con gesto serio y molesto, no le gustaba esa mujer.
Tras esa…, bueno, Zelena no podría llamarla discusión, ella era más dura y aquello no había sido ni un diálogo entre enemigas, le divertía la forma en que Emma se comportaba, tenía claro que a la rubia le gustaba la morena, y ella, pelirroja, estaba en medio. Se sonrió a su reflejo en el espejo del baño.
Al rato comenzó a tener frío. El lugar no era demasiado acogedor, y aunque había decorado de algún modo ese apartamentito no podía controlar las aptitudes técnicas del mismo, y el frío era una cosa intocable, tanto como varios de los enchufes. Deseó tener una chimenea y vivir en una mansión de madera y flores.
-Zelena estás muy moñas hoy- se riñó mirándose los brazos que reflejaban sus vellos en punta. Alcanzó una rebeca negra y se la puso, se sentía horrible llevando un chaleco tan viejo encima de un camisón tan sexy.
"Llevas ropa sexy encima, ¿para quién?, si estás sola, vas a dormir sola, y nadie te quiere"
Fue pensar en ello y volvieron a llamar a su puerta.
-¡Bueno!, ¿alguna visita inesperada más?, ¿alguien más que me tenga en su lista negra?- dijo descendiendo el picaporte. Al otro lado Regina la esperaba con una bolsa de tela grande.
-Hola, ¿quién te ha visitado?- dijo sonriendo, llevaba vaqueros oscuros y un anorak de plumas.
-Déjalo, ¿y tú, qué haces aquí?, es tarde.
-Te he traído esto, las noches son frías y puedes necesitarlo.
Entreabrió la bolsa de tela y mostró que en su interior había una manta roja.
Zelena quiso abrazarla, lo juraba, necesitaba una jodida manta y ella se la había traído.
-Gracias, quizás la necesite un día de estos- pero no dejaba de ser la orgullosa hermanastra, esos momentos romanticotes de abrazos en el cementerio no eran de su estilo. Se mentía de forma descabellada.
-Bueno, me voy, hoy está Henry en casa y vamos a ver una película, si necesitas cualquier cosa ya sabes mi número- miró en dirección al teléfono fijo que tenía, y tenían todas las habitaciones del hostal.
Zelena asintió sin querer exteriorizar que le apenaba que se marchara. La morena se giró para marcharse –Y, gracias por la manta- oyó decir a sus espaldas. Sonrió.
Zelena sacó la manta, olía a flores, imaginó que ella se había tapado alguna vez con ese terciopelo rojo; cerró los ojos, la había visto preciosa con ese abrigo beige y esa mirada oscura, lo juró para si misma y a sabiendas que era una locura pero deseó que ella dijera "¿Quieres que me quede esta noche?", y entonces ella diría "no hace falta, aunque es muy tarde así que si quieres… la cama es grande" y entonces dormirían juntas y podría oler de nuevo su cabello y saber que estaba ahí.
Agitó su cabeza, era consciente de que se le estaba yendo de las manos, más cuando notaba húmedas sus mejillas.
"Creo que la quiero", pensó; y se durmió bajo la manta, acurrucada de lado, en una esquina de la cama, soñando que ella estaba al otro lado.
Continuará
