Epílogo.
Terminó de escribir los últimos retoques al discurso que el alcalde daría para el mitin de fin de campaña electoral. Llevaba semanas inmersa en eso, y definitivamente pudo poner el punto y final. Ahora solo quedaba llevarlo a las dependencias municipales para que los encargados de los temas burocráticos de la campaña le dieran el visto bueno. Pero Hermione no tenía dudas de que el discurso, que había redactado para el actual alcalde, sería completamente satisfactorio para todos. Llevaba años escribiendo las palabras que aquel hombre decía cada vez que se dirigía a los londinenses y eran esas palabras, sobre todo, las que aun lo mantenían al cargo de la ciudad. Le echó una última ojeada, luego guardó el archivo, y apagó el ordenador.
Era una hermosa tarde de domingo de mayo y el sol aun iluminaba con ganas el jardín de su casita a las afueras de Londres. Desde la ventana de su despacho podía ver a su familia juguetear. Los observó unos instantes mientras estiraba los brazos y movía el cuello de un lado a otro para desentumecerse los , que se le habían engarrotado debido a las interminables horas sentada frente a la pantalla de su ordenador. Rose, su primogénita de cinco años, jugaba con su recién estrenada muñeca que la abuela Molly le había regalado por su cumpleaños. Estaba sentada sobre la hierba, con su vestido rojo que hacía juego con su cabello, y simulaba que la muñeca y ella leían un libro. Hermione sonrió, adoraba ver que su hija, a su corta edad y conociendo apenas la vocales y las consonantes mas , ya se sintiera atraída por los libros. Algo distinto era Hugo, su hijo menor que apenas le faltaba un mes para cumplir tres años. Era un chico despierto, ya hablaba casi con total perfección, pero los libros no llamaban su atención ni siquiera para mirar los dibujos que había en ellos. Hermione frunció el ceño mientras lo contemplaba. Hugo acababa de darle una patada a una piedra del jardín y la había estampado contra la bicicleta de Rose logrando que la pintura reluciente saltase por los aires, por suerte la niña no se había percatado de ello, porque sino habría estallado la guerra. Hugo era tan parecido a su esposo, su mismo color de cabello, rojo como el fuego, sus mismos ojos azules como el cielo mas despejado de verano, la misma testarudez y el mismo corazón blandito como una nube de algodón de azúcar. Era un Ron en miniatura, y ese hecho hacía que lo amase profundamente al mismo tiempo que se moría de ganas por darle un buen y bien merecido azote en el trasero en más de una ocasión. Oyó un grito, Rose acababa de darse cuenta de que su bicicleta tenía un pequeño bollito en la chapa de color rosa fucsia. Hugo trató de esconderse detrás del árbol que Ron plantó cuando se fueron a vivir a aquella casa, pero no sirvió de nada porque Rose lo encontró con facilidad, y con la voz entrecortada por el llanto y la rabia comenzó a acusar a su hermano. En medio de aquella dramática escena irrumpió Ron tratando de poner un poco de paz entre sus hijos. Hugo dejó de esconderse detrás del árbol y corrió a hacerlo tras su padre que era más corpulento que aquel endeblucho tronco. Rose apretó con furia los labios, y del enfado lanzó a la inocente muñeca al suelo. Hugo se agazapó aun más detrás de su padre. Hermione pensó que era el momento oportuno para dejar el despacho y ayudar a su marido a controlar aquella situación.
—¡No te escondas Hugo Weasley, ni siquiera detrás de papá estás a salvo de mí!
—¡Rosie!—gritó Ron—. Hugo lo hizo sin querer, ¿verdad hijo?
El niño asintió enérgicamente a la observación de su padre.
—¡De eso nada! Siempre está haciendo trastadas, y siempre me toca a mí la peor parte. ¡Mira lo que le hizo a mi bicicleta papá! ¡Es nueva Hugo, aun ni la había estrenado y ya tiene la pintura estropeada!... ¡Sal de ahí te dije!
El pequeño negó con efusividad moviendo la cabeza de un lado a otro, y se aferró con más fuerza a una de las piernas de su progenitor. Rose entrecerró sus ojitos castaños resoplando con intensidad, estaba a solo un segundo de lanzarse sobre su hermano pequeño. Hermione ya había salido al jardín y pudo contemplar la tensa escena que se estaba viviendo con su familia de protagonista. Hizo ademán de intervenir para zanjar la discusión, pero la voz casi autoritaria de Ron la detuvo consiguiendo que quedase como mera observadora.
—¡Hugo! ¡Deja en paz a mi pierna y sal de detrás!—un destello de triunfo brillo en los ojos de Rose. El niño obedeció a su padre sin chistar—. Sabes que no debes tirar piedras sobre las pertenencias de tu hermana, en realidad Hugo Weasley, tienes terminantemente prohibido lanzar piedras sobre cualquier cosa. Rosie tiene razón esta vez…
—Siempre—apuntó la niña elevando la nariz.
Ron entrecerró los ojos y apretó la mandíbula. Rose tragó saliva, mejor sería no enfadar a papá ahora que se estaba poniendo de su parte.
—Vamos Hugo, pídele disculpas a tu hermana…
—Lo siento—la voz del niño sonó muy bajita y sus pequeños labios estaban tensos.
—No lo he oído, papá… ¿Tú lo has oído? Porque yo no.
—Pues lo dije, ¿verdad papá? Lo dije.
Ron cerró los ojos, no conseguía poner paz entre sus hijos. Hermione continuaba observando la escena y sofocaba una risa, porque su marido podía resolver casos dificilísimos en comisaría, podía enfrentarse a ladrones, traficantes e incluso asesinos, pero nunca había sido capaz de arreglar las disputas de sus hijos.
—Hugo, dilo mas fuerte—insistió el hombre a punto de perder la poca paciencia que le quedaba.
—¡Vale! ¡Lo siento, Rosie!—escupió el niño apretando con fuerza los labios y entrecerrando los ojos con rencor.
—Mejor, ahora sí lo oí. Disculpas aceptadas siempre y cuando la pintura de mi bicicleta quede igualita a como estaba.
—No tiene mayor importancia hija, es fácil de corregir, ahora iros a jugar.
Rosie sonrió, y al hacerlo dejó latente que uno de los incisivos de leche había desaparecido dejando su sonrisa divertidamente imperfecta. Suspiró con aire de triunfo y elevó su nariz llena de pecas mirando con desafío a su hermano. Luego agarró la muñeca que había lanzado al suelo cuando la rabia le había dominado, le sacudió el vestidito y colocó bien sus mechones de cabello rubio mientras caminaba erguida dirigiéndose al mismo lugar donde estaba sentada justo ante de formase todo aquel embrollo. Ron la contempló en su recorrido; Rose era tan parecida a su esposa, exceptuando el color de su cabello y las pecas repartidas por el rostro que eran sin dudad marca Weasley, tenía sus mismos ojos castaños como la tierra cuando es regada por las primeras lluvias otoñales, la misma madurez, y el mismo sonido armonioso y dulce cuando reía. Era una Hermione en miniatura, y ese hecho hacía que la amase profundamente al mismo tiempo que se moría de ganas por darle un buen y bien merecido azote en el trasero en más de una ocasión. Ron suspiró resignado y dejó de mirar a su hija que continuaba con su juego ¿Y Hugo? ¿Dónde se había metido? Pero no fue difícil hallarlo. Andaba por el jardín lentamente con un cubito en una mano y una lupa en la otra, y con la vista fija en el césped. Ron sonrió, se estaba entregando en cuerpo y alma a su juego predilecto: la caza del escarabajo de jardín. Y ese entretenimiento podía durar horas. Solía capturarlos, los metía en el cubito, jugaba con ellos durante largo rato y luego los devolvía al césped con intención de reanudar la caza al día siguiente, si la meteorología lo permitía. Ron contemplaba con ternura a sus hijos cuando notó como alguien le rodeaba con sus brazos por la cintura.
—Lo has hecho muy bien, inspector, resolver casos de disputas infantiles cada día se te da mejor.
Ron se giró hacia ella mirándola con recelo mientras decía.
—¿Te ríes de mí?
—En absoluto mi amor, de veras cada día se te dan mejor manejar a estos dos monstruitos.
—Lo has visto todo y no has salido en mi ayuda, a veces eres ruin conmigo Hermione—Ron frunció el ceño y Hermione sonrió—. Sabes que odio tener que ponerme de parte de alguno de los dos, para mí ambos siempre tienen razón, a ti se te da mejor, eres mas objetiva. Siempre lo has sido… prefiero mil veces volver a enfrentarme al caso Riddle que arreglar las diferencias de mis hijos.
—No mencionarás ese nombre delante de Harry, ¿verdad?—inquirió la joven separándose un poco de su marido para ver a través de sus ojos si éste iba a mentirle.
—No, querida, en la comisaría no se toca ese tema. Hablando de Harry, bueno más bien de Lily, ¿compraste el regalo para su cumpleaños?
—Por supuesto, Ron. Es una suerte que la compra de los regalos de cumpleaños y navidad de tus sobrinos no dependan de ti—le reprochó cariñosamente Hermione mientras volvía a pasar sus brazos por la cintura del su esposo.
—¿Insinúas que soy un desastre?
—Afirmo.
—¡Maldita sea, Hermione! Sabes que estoy de trabajo hasta el cuello, apenas puedo respirar… además, soy incapaz de elegir entre tantas cosas, me vuelvo loco. Las mujeres estáis hechas para las compras. Los hombres elegimos una cosa, ¿nos gusta?, sí; pues la compramos y ya, no nos llevamos horas eligiendo…—mientras soltaba toda aquella retahíla de palabras hacía mil y un gesto con los labios, los ojos, la nariz, y esos gestos comenzaban a hipnotizar a Hermione que solía buscarle las cosquillas porque amaba verlo enfurruñado, a fin de cuentas ella lo conoció así—…, además, seguro que lo que hubiese comprado no habría sido de tu aprobación, así que es mejor que esas cosas las hagas…
No terminó la frase porque Hermione no pudo resistirse más y elevando las manos desde la cintura de Ron hasta su cuello, hundió sus labios en los de él. Enterrándolas bajo el rojo cabello del hombre, y notando como él la atraía hacia si rodeándola por las caderas. Pero como ocurría siempre sus besos eran apasionados pero cortos, muy cortos, porque siempre había alguien que los interrumpía de forma brusca, y esta vez fue un gritito de terror de Rose. Sorprendidos se separaron bruscamente y miraron hacia donde estaba la niña que daba saltos sobre el jardín de forma descontrolada mientras se sacudía el vestido con ambas manos frenéticamente. A su lado Hugo la observaba con sus ojitos azules muy abiertos y torciendo el labio mientras decía.
—Solo son escarabajos Rosie, no te van a morder.
—¡Quítamelos de encima! ¡Mamá! ¡Mamá! Hugo me ha tirado el cubo de esos bichos asquerosos encima…
—No es cierto, se me ha caído…
Hermione y Ron se miraron con resignación.
—Terminaremos lo que empezamos mas tarde ¡Maldita sea!—farfulló Ron.
Hermione sonrió, y luego caminó hacia sus hijos seguida de Ron con el rostro muy enfurruñado. Entre los dos quitaron todos los escarabajos que correteaban por el vestido de Rose y por su ondulado cabello rojo, y regañaron a Hugo por su "descuido". Volvía a haber tensión entre los niños hasta que su padre dijo en voz alta.
—¡Vaya son las cinco de la tarde! ¡Hora de merendar!... ¿Alguien quiere galletas de ranas de chocolate?
Hugo comenzó a dar saltitos levantando la mano y gritando "¡Yo!...¡Yo!", mientras que su hermana volvió a fruncir el ceño.
—Otra vez, odio esas galletas y mamá también.
—No cariño, yo no las odio—le rectificó Hermione guiñándole un ojo a su marido.
—Pero… ¡Mamá! No me gustan… son muy infantiles—protestó Rose una vez mas mientras comenzaba a caminar hacia la casa.
Ron cargó a Hugo sobre sus hombros y ambos penetraron también en el interior. Hermione observó desde el umbral de la puerta del salón a su familia; primero a Rose, que a pesar de ser una niña simpática y despierta, a veces tenía un carácter bastante difícil, y luego Hugo sobre Ron, tan iguales como dos gotitas de agua. El corazón le rebosó de ternura al pensar en todo lo que la vida le había obsequiado, sobre todo por lo que juntos, Ron y ella, habían construido. Rió para sus adentros mientras caminaba hacia la casa…
¿Quién podía haberlo imaginado algunos años atrás, que terminaría formando una hermosa familia con aquel niño lleno de pecas que se enfadaba por un simple paquete de galletas en medio de un supermercado? Probablemente nadie, pero con el paso de los años Hermione Granger comenzó a tener una cosa muy clara, que Ron Weasley, debía ser él.
FIN
Eso es todo, espero que os haya gustado el final de esta corta historia que no tiene mas razón de ser que la de hacer algo por alguien a quien aprecio mucho. Fue bonito escribirlo, fue especial, y probablemente en otras circunstancias de mi vida habría terminado de escribirlo mucho antes.
A los que comentaron el capitulo anterior: Mel. Weasley Black, Leonor dzib-Xooc, danielaweasley, nena weasley granger, SU-black, fatty 73, Fer Cornamenta, Susy Snape, Amidalexxa, Kisa Kuchiky, Nekiiito, (Rupe con esa chaqueta rosa, Copia con moquero, Copia Pirata xD) o sea, Gema, FranzPink, y Natty7 Cullen.
Gracias por leerlo, por comentarlo, por continuar ahí siempre que podéis.,
Besos infinitos...
Y nos seguimos leyendo...
María.
PD: Gema, a ti mas que a nadie deseo de corazón que este pequeño fic te haya gustado de veras, aunque sé que es así por tus comentarios. Nunca pienses que me vi forzada a nada, lo hice porque quise y lo haría mil veces mas..., Fue un placer y gracias por todo.
