Hola!

Lamento mucho la tardanza; he tenido un semestre escolar de locos pero he salido viva y ahora puedo disfrutar las vacaciones y poder escribir y desvelarme todo lo que quiera. Y bueno, ya tenía la mitad de este capítulo desde hace meses pero hoy pude completarlo y arreglarlo. Me encantaría saber su opinión (batallo mucho para las escenas de acción), así que no olviden de dejarse un review :) todo para mejorar la historia. ¡Muchas gracias!

Les recuerdo que este fic es un SeiyaxSerenaxDarien; habrá momentos para ambas parejas.

Aquí dejo un pequeño resumen de los capis pasados:

Han robado el cristal del planeta Kinmoku, Seiya regresa a la Tierra para buscar al enemigo, recuperar el cristal y cuidar a Serena. Serena se encuentra melancólica y Darién encontró una fotografía de Serena y Seiya que lo puso celoso. Chibiusa está de visita. S es un cantante muy popular, Serena y Rini van a su concierto pero son atacados. Seiya ve a Serena y Chibiusa transformarse.


Al otro lado de la galaxia.

por Moonlightfairyprincess.

Capítulo 6 ~ Presencias.

Seiya se quedó ciego debido a la luz incandescente que inundó aquel pequeño pasillo. Cuando pudo volver a enfocar, en aquel lugar, estaban dos sailor senshis; a una la conocía muy bien, su memoria no le había hecho justicia en lo absoluto pues frente a él tenía a la divinidad hecha persona. Sin embargo no pudo ignorar a la segunda guerrera, la niña pelirrosa que acompañaba a todas partes a Serena. ¿De dónde había salido esa Sailor Senshi? No hubo tiempo de pensar más pues los lacayos de Muse atacaron de inmediato.

—¡Sailor Moon, cuidado! —gritó antes de que la gran nube de polvo le volviese a cegar.

Su piel era jalada, rasgada por las garras de aquellas criaturas. Gritó de dolor cuando el peso de su cuerpo le desprendió del agarre, rasguñando severamente sus hombros. Cuando todo se dispersó había un gran boquete en la pared y la batalla había sido movida hacia donde estaban las butacas. Como pudo se logró arrastrar hacia la pared para recargarse sobre y ella y recuperar un poco el control en sí mismo. En su bolsillo, su broche de transformación estelar le hacía cosquillas.

Afuera las dos senshis trataban de quitarse de encima la horda de criaturas que se les había venido encima. Desde atrás Muse miraba la batalla, tratando de encontrar algún punto débil que pudiese servirle de ayuda para terminar rápidamente con aquello. Ahora estaba segura, esa chica era especial, tal vez la portadora del cristal de plata. Sonrió con suficiencia al decirse a si misma que su intuición jamás fallaba.

Estaba en medio de sus cavilaciones cuando escuchó pasos. A lo lejos vio llegar a otras dos guerreras y un enmascarado. No lo dudó y se dirigió hacia ellos para hacerles frente. Sailor Uranus, Neptune y Tuxedo Mask se detuvieron al tenerla en el camino.

—¿Quién eres tú? — preguntó Uranus molesta. Tuxedo apretó entre sus manos su bastón pues podía ver a Serena y a Rini peleando—. ¿Qué es lo que quieres?

—¡Este planeta tiene demasiadas guardianas! —se burló Muse—. Debe ser que guardan algo muy importante por aquí.

Neptune le gruñó y apretó sus puños. Estaba por arremeter con su técnica cuando Muse la tomó por el cuello de su traje y la alzó en el aire.

—¡Neptune! —gritaron Uranus y Tuxedo al unísono.

—No se metan en esto —sentenció Muse al mismo tiempo que aventó a Neptune de vuelta al suelo. Haruka y Darien la detuvieron antes de que golpeara el piso y cuando los tres estuvieron en el mismo punto Muse les atacó—. ¡Burbuja oscura!

Sailor Moon y Sailor Chibimoon se habían dado cuenta del ataque que había dejado encerrados e inmóviles a Tuxedo, Uranus y Neptune. En un movimiento rápido Serena se deshizo de los últimos enemigos mientras Rini corría hacia donde estaban los demás.

—¡Déjales en paz! —le gritó a Muse mientras se le planteaba enfrente—. ¡Ataque de corazones perfumados!

Muse lo esquivo fácilmente y golpeó a Chibimoon fuertemente para inmovilizarla. Serena corrió hacia ellos alarmada, entonces Muse encontró su oportunidad:

—¡Entrégame el cristal! —exigió a la recién llegada Sailor Moon. La rubia observó horrorizada como Muse apuntaba su dedo índice, rebosando de algún tipo de energía oscura, hacia Rini—. Sé que posees uno de los cristales cósmicos.

Serena se sentía entre la espada y la pared, aparte de aterrorizada porque algo pudiese pasarle a Chibiusa, que estaba también bastante asustada. Serena cerró los ojos frustrada mientras Tuxedo Mask, Uranus y Neptune sólo podían observar, impotentes.

—Esta bien. ¡Te lo daré pero déjala por favor!—dijo Sailor Moon.

Muse entonces apuntó hacia ella pero antes de que pudiese atacar:

—¡Láser de estrella fugaz!

Muse no pudo esquivar el acertero ataque de Sailor Star Fighter y, pegándole de lleno, se desvaneció en un humo oscuro denso.

Sailor Moon corrió a abrazar a Chibimoon. Una vez que Muse había desaparecido también lo hizo la burbuja que tenía atrapados a los demás, reuniéndolos a todos.

Serena entonces se permitió despegar su vista de Chibiusa y de Tuxedo para buscar a Fighter. Sentía el corazón latiéndole en los oídos y la adrenalina circulando por sus venas.

Frente a ella Fighter trataba de mantenerse de pie: no solo se trataban de las heridas que tenía sino de la impresión de tener a Sailor Moon mirándole de nuevo.

}ô{

Estaban todos reunidos en el templo Hikawa. Solo faltaba Mina, quien se encontraba grabando un comercial, aunque ya venia en camino.

El cuarto, a pesar de que contenía a más de diez personas, se encontraba en total silencio. Rei pasaba el té que acababa de preparar con ayuda de Lita; Serena y Amy se encontraban limpiando las heridas de —ahora— Seiya; Chibiusa y Darién observaban todo desde un esquina y Haruka, Michiru, Setsuna y Hotaru conversaban sobre la cama de Rei.

De repente la puerta se deslizó para dejar entrar a Mina.

—¡Oh por Dios! ¡Es verdad! ¡Seiya Kou!

Seiya le dedicó una sonrisa torcida. —A mi también me alegra verte, Mina.

—¿Qué fue lo que pasó?

—Sí, es el momento de las explicaciones, Kou —mencionó Haruka mientras se plantaba frente a Seiya con los brazos cruzados.

Seiya se mordió el labio. Definitivamente ponerse en evidencia tan pronto no estaba en los planes pero ¿qué más podía hacer? Ahora Serena había sido descubierta como la portadora de uno de los cristales.

—Escuchen. Lo siento, debí venir a advertirles desde el primer momento pero... tenía miedo de que te descubrieran, bombón —Seiya se dirigió hacia Serena que estaba aún colocándole vendas en la espalda—. ¿Bombón?

Serena se había puesto a sollozar mientras vendaba la espalda descubierta de Seiya, él no pudo hacer otra cosa mas que voltear y acariciarle el cabello para tratar de consolarla.

—No puedo creer que tengamos que pelear otra vez.

—Lo sé, por eso también vine a protegerte.

Seiya suspiró frustrado. Odiaba ver a Serena llorar; se le achicaba el corazón cuando eso sucedía. Su momento no duró mucho pues Darién se acercó a colocarle las manos sobre los hombros a Serena. Seiya le dejó ir con él y volteó hacia las chicas para retomar la historia:

—Kinmoku fue atacado —comenzó, cabizbajo—. La princesa Kakyuu poseía el cristal de fuego pero fue robado por aquellas criaturas despreciables. Necesito recuperarlo y volver a casa con él o sino la princesa Kakyuu...

—¿Qué le pasará a Kakyuu? —preguntó Serena alarmada.

—No lo sé bombón —no pudo evitar llamarle así; se aclaró la garganta—. Serena. Yo sólo puedo temer lo peor.

—Entonces —interrumpió Amy—, podemos inferir que están reuniendo diferentes cristales de diferentes planetas.

—Sí, eso es lo más probable —le secundó Lita.

—Ella mencionó que Serena poseía uno de los cristales cósmicos —comentó Michiru, recordando las palabras de Muse. —Pero no le llamó cristal de plata, es decir, no se encuentra segura de cúal es el que posee Serena.

—Eso nos ayudará a ganar tiempo.

La voz de Darién resonó fuerte y precisa. A nadie le pasaba desapercibido que deseaba plantar su presencia bien adentro de Seiya.

—Debemos investigar que son los cristales cósmicos —continuo—, ¿Existe alguna manera de encontrar esa información, Setsuna-san?

La peliverde se sorprendió de la repentina pregunta que el príncipe le hacia a ella solamente. Se repuso rápido y pensó: —Tal vez en la biblioteca del palacio de cristal.

—¡Qué gran idea, Plut! —le felicitó Chibiusa.

Seiya se revolvió con cuidado. Se encontraba demasiado incómodo en la presencia de Darién y de Chibiusa; claro sin contar a Haruka que no le quitaba su mirada furibunda de encima.

—Seiya —Mina finalmente volvió a hablar—, ¿dónde están Yaten y Taiki?

—Oh, bueno, ellos se quedaron a cuidar a la princesa. He venido solo... y de hecho debería ir a casa y avisarles que sigo con vida.

—Sí, tal vez es hora de irnos a casa todos —replicó Darién y luego se inclinó hacia Serena—. Cuidaré de ti esta noche.

—Pero, mis padres...

—Puedes decirles que te quedarás a dormir conmigo —se ofreció Rei—. Debemos protegerte.

Serena bajó la cabeza y asintió a pesar de lo mucho que odiaba no ser considerada capaz de cuidarse a si misma y causarle problemas a los demás.

Sin mas todos empezaron a preparase para retirarse, ayudándole a Rei a recoger y realizando las llamadas necesarias a casa de Serena para avisar a sus padres.

Mina se había ofrecido a llevar a Seiya a casa en el auto que su madre le había prestado. Se despidieron del resto y emprendieron el camino.

—¿Seiya? —le habló una vez que se encontraron a varias cuadras del templo—. ¿Te encuentras bien?

—Sí, es solo que odio la idea de que Serena esté en peligro.

Mina se mordió el labio. Su intuición le decía que aquello no era lo único que le molestaba.

—Lo sé, a todos nosotros. Pensábamos que podríamos dedicarnos a nuestras vidas normales ahora.

Seiya suspiró. Así lo supusieron, sus hermanos y él, por eso no querían involucrar a nadie más. Frustrado se sacudió el cabello; la cabeza empezaba a punzarle.

—¿Y cómo están los demás?

—Preocupados —contestó cortantemente.

—Por supuesto.

Mina aparcó el auto en la entrada del edificio de Seiya. Un tipo se acercó bastante alarmado, parecía que había estado esperando.

—Es mi agente. Muchas gracias Mina, enserio te lo agradezco.

—No hay de qué.

Seiya quitó el seguro y se giró para abrir la puerta. Se detuvo antes de hacerlo, tenía una pregunta atorada en la garganta.

—¿Mina? —le llamó— ¿Serena es feliz?

La rubia sonrío enternecida. Ella siempre pensó que Seiya y Serena podrían hacer una hermosa pareja —olvidando el futuro utópico y todo aquello que habían visto—.

—Creo que estara más animada teniéndote cerca.

Seiya sonrió. Le guiñó el ojo a Mina y salió del auto para encontrarse con su histérico manager.

}ô{

—Rini ya se ha quedado dormida.

Darién entró a la habitación, sorprendiendo a Serena. La rubia se colocó una mano sobre el corazón para tratar de calmarlo. Tenía varias horas latiendo desbocado a la menor provocación.

—Lo siento —se disculpó Darién—; te ves muy bien con mi ropa.

Serena estaba vestida en una playera blanca de algodón y un par de shorts que le quedaban sueltos. No pudo evitar sonrojarse al verse reflejada en las pupilas dilatadas de su novio. No era la primera vez que dormían juntos o que pasaban la noche en la misma cama aunque jamás habían pasado más allá de caricias subidas de tono.

—¿Estás bien? —preguntó Darién, intentando romper el silencio de Serena.

—Sí, yo solo no puedo creer que de nuevo...

—No me refiero a eso —Serena calló de inmediato al escuchar esas palabras—. ¿Seiya?

—Oh... Bueno, me hubiese encantado verlo en otras circunstancias.

Darién asintió y camino hacia el borde de la cama, donde Serena estaba sentada. Le tomó los hombros y se inclinó para besarla. Era al principio un beso tierno que fue cambiando a uno voraz, desesperado. Serena entendió que las dudas que pensó habían quedado claras, estaban volviendo a nublar el corazón de Darién.

—Te amo princesa. Sáldremos de ésta, lo prometo. Te cuidaré —le recitó una vez se hubo despegado de sus labios; con su frente presionando la de ella.

—Lo sé —le aseguró Serena mientras acariciaba el contorno de su rostro con sus dedos—. Yo también te amo.

Darién le sonrió aunque no fue para nada convencido. Tomándola de la cintura la introdujo a la cama y al interior de las sábanas para besarla hasta que ambos quedasen dormidos.