Capítulo cinco

Arriba y afuera

Pluma se recostó exhausta, de pronto se había encontrado con un cambio radical en su rutina fuera de su comprensión. Cerró los ojos, confundida.

-¿Estás bien?- escuchó a su lado con ese candor que se le había hecho ya familiar. Ferro estaba en cuclillas junto a ella, con un dejo de preocupación.

-Sí.- sonrió ella, enderezándose -Es solo que no esperaba… bueno… esto.

-¿No te lo explicaron?- preguntó la locomotora, recibiendo una inocente negación de cabeza por respuesta. Sentándose junto a ella, lo pensó un momento para encontrar la explicación más clara.

-Pues mira, se llaman vacaciones.- comenzó pacientemente -Control va a un lugar llamado "escuela" todas las mañanas, y es el tiempo que podemos estar haciendo nuestras cosas, cuando regresa debemos seguir sus órdenes y por la noche dormimos. O bueno, deberíamos, ¿verdad?- le guiñó un ojo, tal como esa noche siempre se quedaban despiertos un rato más en cuanto escuchaban la respiración durmiente de Control.

-Pero las vacaciones son tres temporadas al año en que Control no va a la escuela, ésta durará solo un par de semanas, pero en unos meses habrá una muuuy larga.- sonrió contento -¿No te alegra ver a Control todo el día aquí con nosotros?

Pluma sonrió, asintiendo. Control le agradaba mucho, y siempre les daba cosas divertidas qué hacer.

-¿Quieres practicar o estás muy cansada?

Pluma bajó la mirada, apenada. Estaba cansada con todo lo que había hecho ese día y preferiría recuperarse y esperar a acostumbrarse a este nuevo ritmo. Pero tampoco quería perder la práctica.

-Ven.

Antes de poder decidirse, sintió que Ferro le tomaba la mano y con un gentil tirón la levantaba para salir juntos a la habitación. La guió despacio hasta la ventana, donde levantó un poco la cortina para que entrara un rayo de luz de luna.

-Ahora nos vemos mejor, ¿no crees?- sonrió la locomotora, antes de mirar por la ventana.

Pluma lo imitó.

-Es inmenso.- dijo sin pensar.

Ferro miró a su amiga, en unos segundos se había acomodado encogida abrazándose las rodillas y mirando hacia fuera con ojos tristes, lucía más vulnerable que nunca.

-¿Quisieras salir?- preguntó tratando de adivinar porque se había puesto tan melancólica de pronto.

-No.- murmuró Pluma, encogiéndose aun más -Me sentiría perdida allá sola.

-¡Pero no te dejaría ir sola!- exclamó Ferro un tanto extrañado de que su compañera no lo hubiera entendido.

-¿De verdad?

Los ojos del carrito se iluminaron, esperando una respuesta.

-¡Mira nada más! ¿Qué hacen allá arriba?

Pero lo que escucho en lugar de eso la hizo estremecerse, era una voz totalmente nueva.

-Nada que te incumba.- respondió Ferro inclinándose a donde se había escuchado la voz.

-Nos estorbas, así que nos incumbe.- esa voz sí le fue conocida al vagón azul, era Vianda.

Tembló un poco al razonar que Ferro podría enterarse de su pequeño encuentro.

Se asomó también inclinándose en el borde de la ventana y miró al carro comedor abrazada a un motor enorme, de muy buen diseño y colores amarillo y negro, y con una sonrisa de arrogancia sin intenciones de volverse amable. Al pensar un momento en lo pegajosa que se veía Vianda con él, lo comprendió rápidamente.

-Con que tú eres Turbo.- dijo dando con el puño en su palma.

-¿¡TÚ?- chilló Vianda, soltándose y amenazando hacia arriba con el puño -¿Cómo te atreves a tutear a Turbo? ¡Eres solo un vagón sin chiste! ¡Deberías tratarlo como a tu superior, porque lo es!

-¡No lo es!- replicó Ferro, enfadado -¡Control la dejó con nosotros! ¡Sólo debe responder ante El Jefe y conmigo! Y a diferencia de Turbo, no nos creemos superiores a nadie.-Bueno, eso es muy sensato de tu parte.- se burló Turbo -Las locomotoras no son superiores a los furgones, y mucho menos a un modelazo espléndido de Diesel como yo.

Pluma gruñó y sintió como sus puños se apretaban, estaba a punto de lanzarse sobre ese impertinente que se había atrevido a insultar a su locomotora, cuando sintió a Ferro tomando su mano.

-¡Eso lo veremos! ¡Pluma y yo les ganaremos a todos en la Carrera Panamericana!- declaró totalmente convencido, levantando a Pluma.

-¿Entonces eres superior o no?- preguntó maliciosamente Vianda abrazándose de nuevo a su idolatrado motor.

-No lo soy. No es lo mismo ser superior a ser mejor.- dijo Ferro.

-Entonces baja de ahí, los puestos superiores son para los superiores. Turbo y yo debemos estar ahí arriba, no ustedes.- sentenció Vianda.

Pluma apretó la mano que sostenía la suya, Vianda no había sido tan valiente cuando no estaba pegada a Turbo. Ante su sorpresa, Ferro la guió al suelo de nuevo.

-Que les aproveche.- concluyó, llevándose a Pluma sin dirigirles la mirada.

El vagoncito volteó ya estando a unos pasos, recibiendo una sonrisa triunfal de Vianda, antes de que Turbo la ayudara a subir.

Al detenerse, Ferro se encontró con que su compañera estaba cabizbaja y triste de nuevo.

-Lo siento.- se disculpó, tomando sus manos entre las suyas -No tenía caso que siguiéramos discutiendo, Turbo no entiende razones.

Pluma lo miró tímidamente, odiaba ponerse triste frente a él. Quería ser fuerte, quería ser valiente, quería ser como él, como todo un motor de vapor. Se sentía fatal por la manera en que acababan de rebajar lo que ella soñaba como su mayor ideal.

No pudo sostenerle la mirada, no con tanta tristeza, se soltó de sus manos y dio la vuelta, pero inmediatamente fue detenida y en un ágil movimiento terminó en brazos de Ferro.

En brazos de la locomotora con la que correría, la locomotora más hermosa que hubiera visto jamás, la mejor locomotora del mundo. ¿Cómo podía estar ella en ese lugar y momento?

-Pluma, escucha.- susurró Ferro en su oído -Hace rato, no pude contestarte.

El vagoncito tembló, lo había olvidado por completo.

-De verdad no te dejaría sola allá afuera. No te dejaría sola jamás.- dijo Ferro suavemente, estrechándola un poco más hacia él -Eres muy especial para mi, Pluma.

Una lágrima se le escapó a Pluma, mientras abrazaba a su querida locomotora.

Se quedaron así un momento, hasta que Ferro la apartó suavemente y sonrió.

-Debemos ir a descansar, olvidé que estabas descompensada por el cambio de rutina, lo siento.- dijo Ferro con su sonrisa de siempre.

Pluma también sonrió y se dejó guiar hasta su caja, donde descansó más contenta que nunca.