Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

"Yo quisiera salvar esa distancia
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
¡a un mismo tiempo por doquier besarte!..."

-Salvador Diaz Mirón-


Capitulo VI

[DISTINTOS NIVELES]

Me desperté de manera automática a las seis en punto y salté de la cama dispuesto a iniciar la sesión matutina de ejercicios al aire libre. ¡Oh, ay, mierda, que dolor! Me encontraba ya a gatas en el suelo y respirando por entre los dientes apretados cuando recordé el consejo de Sasuke. Ni footing ni hacer pesas. Pero no había dicho nada sobre levantarse. La verdad es que no estaba en condiciones ni de mover un dedo. Él segundo día –en casi cualquier cosa- siempre es el peor. Me levanté tambaleándome, renqueé hasta la barandilla de la escalera y eché un vistazo a la sala. Ya se había levantado. Había recogido el sofá-cama. Percibí el aroma del café recién hecho y lo vi sentado leyendo un antiguo libro y extrañando, seguramente, el primer cigarrillo del día. Desde donde me encontraba lo veía como en primera fila, destacando en primer termino la frente arrugada, en expresión de concentración y la saliente barbilla varonil, encima de la plataforma de de los hombros y musculatura delgada pero resistente.

Me aparte de la barandilla y volví a acostarme. Estuve cinco minutos mas contemplando el cielo a través de la claraboya, la niebla del mar había cubierto todo como una capa blanquecina. Era imposible vaticinar como iba a ser ese día. En Octubre llueve a penas. Lo más probable era que el cielo se despejara y tuviéramos mucho sol, brisas suaves, el verde lujuriante de costumbre.

En fin, no podía pasar todo el día acostado, aunque la idea se me hacia tentadora.

Si bajaba, tendría que ser educado, cooperar con Sasuke y cambiar breves frases sobre temas sin concretar aun. Lo cierto es que no me sentía de ánimos como para soportar tenerlo cerca y no tocarlo o mantener mis ojos alejados de ciertos lugares. Y, además en momentos como estos la gente se ve obligada a proporcionar aburridos detalles sobre su vida. Me fastidiaba solo de pensar en lo cuantitativo del trato. Ya habíamos abordado los preliminares durante el trayecto, pero aun quedaban zonas informativas por cubrir. También cabía la posibilidad que Sasuke encendiera la radio y sintonizara los especiales de música clásica del sigo XX, me sentía in capaz de afrontar una cosa así a las seis y diez de la mañana.

Por otro lado, uno coherente, yo estaba en mi casa y tenia hambre, de modo que era absurdo no bajar a comer algo. Tampoco tenia por que hablar con él o incomodarlo si sintonizaba su emisora de música. Aparté las frazadas, me levanté, me dirigí aun cojeando al cuarto de baño y me cepille los dientes. Mi cara seguía pareciendo un espectáculo de tecnicolor, un arcoíris de magulladuras después de una lluvia de golpes. Arqueé varias veces las cejas y me observé con detenimiento. La contusión de la frente quería pasar del azul oscuro al gris plomo y en los ojos amoratados asomaba una claridad verdosa que no era de este mundo. He visto sombras de ojos del mismo matiz y nunca he de comprender el motivo por el cual las mujeres quieren tener un aspecto que parece decir: Anoche me asestaron a correazos en la cara.

Como acababa de levantarme tenia el cabello aplastado de un lado, pase mis manos distraídamente para tratar de acomodarlos mientras tarareaba Falling Good, mi canción favorita de Muse.

Ya me había duchado por la noche, pero después de pensarlo un poco volví a meterme en la bañera, no por amor a la higiene, sino para ver si me animaba un poco.

Me puse un jeans y un suéter gris de algodón verdaderamente suave. Metí la ropa sucia en su lugar e hice la cama. Baje a continuación. Sasuke me dio los buenos días en un murmullo sin levantar los ojos de las páginas de su libro. Me serví café, me prepare un tazón de leche con cereal, agarre las páginas de tiras cómicas de un periódico antiguo y me lo lleve todo a la sala; Allí tomé asiento y mientras, tazón en mano, comía los cereales con la cuchara, me puse a leer las historietas. Las tiras cómicas nunca me han hecho gracia, pero las leo siempre por si algún día se produce el milagro.

Advertí vagamente que Sasuke había abierto la puerta y salido al patio de atrás. Cuando termine de desayunar, lavé la taza y la cuchara y las puse en el escurridor. Yo solía dejar acumular los trastes sucios, pero si hay invitados se debe dar el ejemplo. Sin tenerlas todas conmigo me dirigí a la puerta y me asomé, sintiéndome como un gato domestico que descubre que han dejado la puerta abierta por casualidad.

La espesor marino había empezado a disiparse, pero el patio tenia el aspecto blancuzco que deja la niebla tras de sí. La sirena del puerto mugía de vez en cuando – como un ternero al que separan de su madre- en el aire inmóvil de la mañana. Todo olía intensamente a agua salobre. Hay veces que me da la sensación de que las olas van a golpear contra la acera de un momento a otro.

Sasuke se había acuclillado junto a los macizos de flores. La vieja había plantado rosas en meses anteriores, mientras reconstruían la casa y ya habían florecido: Sonia, Park Place, Lady X, nombres que ni por asomo sugerían el resultado final.

Me apoye en la jamba de la puerta; tenia encima demasiada paranoia para arriesgarme a cruzar el patio.

¿Volvemos a hablar de seguridad o quedo resuelto el tema anoche?

Se puso de pie y se concentro en mí.

Y a mis casi recién cumplidos veinticinco años casi me da un infarto. Verlo tan temprano con esa camisa abierta ligeramente en el pecho y esos tejanos apretados era motivo de desvarió.

Traté de controlarme.

De tu agenda es de lo que podríamos hablar. ¿Tienes compromisos regulares?

¿Acaso tengo aspecto de ir al salón de belleza? — me burlé. Había cierto aire tenso. No he tenido sexo en mucho tiempo. Y, ni idea de la razón para pensar en eso en este preciso momento.

Me observó la cara con atención, solo movió ligeramente los labios en una sonrisa prometedora, pero se abstuvo de hacer comentarios.

Lo importante es no hacer movimientos previstos de antemano.

Me froté la frente. La tenia aun tan sensible que me dolía solo con pensar en tocarla.

Eso ya me había quedado claro. Está bien, cancelo las clases de piano y las practicas de tenis a la que voy algunas veces. ¿Algo más? — pregunté un poco irritado.

Sonrió y se acerco a mí, con esa mirada altiva. Cautivante.

Agradezco tu cooperación — dijo recorriendo con la punta de uno de sus dedos mí cara y lentamente el cuello. Que razón tenia aquella persona que dijo que un cuerpo semi cubierto es mas tentación que la desnudes absoluta — Me facilitas el trabajo —Vi como mordía su labio inferior conteniendo, seguramente, el deseo de aplastarme contra la pared. Tenía tan claro como yo que si no queríamos terminar asesinados debíamos concentrarnos en otras cosas.

¿Me creerás si te digo que la idea de morir no me hace ninguna gracia? — añado, alejándome, sin querer, lentamente de sus suaves manos. — Pero tengo que ir a la oficina.

¿A que hora?

La hora es lo de menos. Lo que quiero es revisar el correo y pagar algunas facturas. Son solo tonterías pero igual no quiero descuidarlas.

No hay problema. Me gustaría ver el lugar.

Muy bien — dije. Me volví para entrar y huir de su mirada y además para cambiarme de ropa.

Naruto. No olvides el chaleco antibalas.

Voltee los ojos.

De acuerdo, pero tampoco olvides ponerte lo tuyo.

Una vez arriba, me quité el suéter y me coloque el chaleco antibalas, que cerré presionando las solapas adhesivas. Diablos, me daba comezón.

Sasuke me había dicho que esta armadura era útil para detener los proyectiles de nueve milímetros y de calibre inferior. Al parecer daba por sentado que un pistolero a sueldo no utilizaba algo más moderno. Traté de no pensar en estrangulaciones, mazazos en la cabeza, rotulas astilladas, la fuerza penetrante de un pico… en todas las clases posibles de agresión que no podría detener aquel babero gigante que acababa de ponerme.

—Cíñetelo al máximo— me dijo desde la planta baja con un tilde camuflajedo de preocupación.

Ya lo he hecho— dije

Me puse el mismo suéter suave encima y me mire en el espejo. Parecía que tuviera once años otra vez.

A las nueve menos cuarto cruzamos la puerta principal. Sasuke había salido primero para inspeccionar el coche y la calle. Al regresar me indico por señas que podía avanzar; era mejor no arriesgarse, habían eliminado de la lista a un Juez, nada más y nada menos que a un pez gordo.

Echó a andar con paso enérgico, un tanto adelantado y con ojos alertas mientras recorríamos el trecho que había hasta el Porsche. La operación revistió tal premura que me sentí igual que una estrella de rock.

Yo creía que un guardaespaldas tenía que pasar desapercibido — dije, sonriendo suspicaz.

Hay otras teorías.

¿Y si todo el mundo se da cuenta?

Giró la cabeza para mirarme, haciendo que me estremeciera.

Plantéatelo de otro modo. Mi objetivo no es llamar la atención sobre lo que hago, pero si el tipo nos vigila, quiero que sepa que no se le va a ser fácil lograr su objetivo. Casi todas las agresiones se producen de manera repentina y muy de cerca. Procurare no ser molesto, pero pienso pegarme a ti como una ventosa.

Bueno, era una respuesta. Una que me puso un tanto nervioso.

Condujo con su determinación habitual. La verdad es que al volante era un sujeto de cuidado. Uno de esos individuos que viven como si siempre llegaran tarde a una cita y se enfada por que todos le obligan a retrasarse. Los malos conductores lo llenaban de asombro, como si fueran la excepción y no la regla. Le indiqué como llegar al centro, que afortunadamente estaba a solo diez minutos de distancia.

Al entrar al estacionamiento redujo la velocidad y escudriñó la explanada.

¿Sueles dejar el auto aquí?

El despacho está aquí mismo.

Lo vi meditar. Estaba claro que buscaba un modo de cambiar mi rutina, pero aparcar más lejos era solo prolongar la caminata, lo que a su vez significaba permanecer más al descubierto. Cruzó la entrada, me dio el ticket de estacionamiento y buscó un espacio.

Si ves algo extraño no te hagas el héroe. En ese caso nos iremos inmediatamente.

De acuerdo — dije con voz monótona.

Era asombroso el efecto que empezaba a surtir aquel nos. No se me conoce por dejar que otros me digan lo que tengo que hacer y esperaba no acostumbrarme.

Una vez más bajó y dio la vuelta al auto para abrirme la puerta mientras barría los alrededores con los ojos y yo salía del coche. Me agarro del codo y me hizo cruzar la explanada con rapidez. Me dieron ganas de reír. Me sentía como esos jovencitos a quienes el padre les ordena subir a su habitación.

Entró él primero en el edificio. El pasillo del primer piso estaba vacio. La Fidelidad de California, una aseguradora, no había abierto aun, y supuse que ninguno de los chicos había llegado. Abrí la puerta de mi oficina. Sasuke se me adelanto, inspeccionó la estancia entera con rapidez y comprobó que no había ningún matón escondido detrás de los muebles o de los escritorios.

Agarró el correo que se había amontonado en una mesita. Se puso a mirar las cartas con rapidez.

Te diré lo que buscamos por si tienes que hacerlo solo en algún otro momento — me volteo a mirar seriamente — Remitentes desconocidos escritos a mano. Sobres de tamaño considerable que digan entrega personal, manchas de grasa…

Paquetes grandes con un trozo de mecha colgando — dije, para arrepentirme de inmediato, me sentí culpable por mi falta de convicción y concentración. Yo y mi estúpida idea de chistes de humor negro.

Me tendió el fajo de facturas de cartas con expresión indiferente. Por lo visto no me encontraba tan gracioso como yo suponía. Tome las cartas y comencé a mirarlas como había hecho él. Casi todas era correo comercial, pero por aquellas fechas esperaba recibir algunos cheques de clientes morosos. Escuchamos los mensajes del contestador automático. Ninguno era amenazador, así que como Sasuke necesitaba familiarizarse con el edificio y sus alrededores, se fue a husmear mientras yo preparaba un poco de café.

Abrí las puertas de cristales y me detuve extrañamente reacio a salir al balcón. Veía con toda claridad, al otro lado de la calle, los distintos niveles del garaje del aparcamiento y se me ocurrió que cualquiera podía subir a la altura de mi balcón, parar el coche y descerrajarme a tiros. Probablemente ni siquiera haría falta un fusil de matar elefantes. Casi se me podía tirar una piedra desde allí y abrirme el cráneo. Así que, escuchando la cantaleta protectora de Sasuke en mí cabeza me aparte de la puerta y me refugie en las seguras sombras de la oficina. Que rabia me daba toda esta situación.

A las nueve y cinco llame a mi compañía de seguros e informe sobre el accidente. La encargada me dijo que el VW no constaba en el registro de reclamaciones a causa de su antigüedad. Tal y como me lo planteo, al final tendría que dar las gracias y todo por si me daban 200 dólares de indemnización; así pues, no tenia sentido alquilar una grúa para que me trajeran el auto. Buscar un mecánico en Brawley para que le echara un vistazo era demasiada complicación para lo que valía el vehículo. La conversación no me colmo de mucha alegría que digamos. Tenia ahorros, pero comprar un auto me podría dejar la cuenta en números rojos.

Sasuke llego corriendo y estuvo a punto de detener a Kakashi, que iba un poco entretenido leyendo algo y caminando directo a la oficina del jefe. ÉL Hatake no se había percatado de nuestra presencia, pues mi oficina estaba en el pasillo del fondo y Sasuke andaba merodeando fuera de las instalaciones.

Diablos Naruto, ¿que te ha ocurrido? — Dijo al verme la cara, detallándome con su instigadora mirada de Déjame adivinar, ¿Un accidente en tu viejo auto?, o tal vez una lucha callejera…

Mi auto término en una acequia de los alrededores de Brawley, ¿El viejo te habló del caso?

Si, y déjame decirte que esta muy complicado. Tyrone esta moviendo gente, mas de la que pensamos. — Kakashi volteo sin disimulo hacia el Uchiha, que lo miraba como un posible asesino en potencia. Yo y mi mala educación.

Mmm, me has hablado de él, ¿no lo ayudaste en un caso?

Me removí en mi asiento un poco incomodo. Kakashi era algo parecido a un mejor amigo o un pañuelo de lágrimas cuando mis amantes me abandonaban. Él, no se por que razón, había querido saber mas sobre el misterioso Uchiha cuando le mencione lo ocurrido en ese fin de semana alocado en que lo conocí, pero yo siempre había logrado salirme por la tangente de sus interrogatorios, presentía que este no seria el caso. El espantapájaros era un hombre de sumo cuidado, siniestramente inteligente e intuitivo.

Te presento a Sasuke Uchiha. Sasuke, el es Kakashi Hatake, un detective y amigo.

Se dieron la mano. Fue divertido ver como se calibraban con la mirada.

Él peli plata metió la mano en su bolsillo con movimiento mecánico, sacó un paquete de tabaco y tomo un cigarrillo.

No es para fumármelo— dijo al ver como lo miraba, él había dejado el vicio hace meses, pero en momentos enervantes solía fumar uno para ayudar a la concentración. — Es solo para tenerlo entre los dedos.

Miré a Sasuke para ver como era su reacción. Hacia mas de veinticuatro horas que no fumaba, todo un record personal tal vez. Por suerte parecía distraído taladrándome con la mirada.

Espero que no hayas olvidado la reunión de mañana por la noche, Naruto — Kakashi advirtió en mi expresión que no tenia ni la menor idea de lo que estaba hablando — La despedida de Jewel, tu ex, ¿recuerdas que le dieron un nuevo mejor empleo en New York? — me preguntó como si fuera una maestra de primaria frente aun alumno indisciplinado y retrasado.

¡Ah, es verdad! —lleve mis dos manos a la frente, para gemir un poco por el golpe en la magulladura. Diablos, ¿Cómo se me iba a olvidar la fiesta de despedida de Jew? — Demonios, se me ha ido de la mente por completo, pero creo que me va a ser imposible — dije, señalando a Sasuke con la mirada. Por nada del mundo dejaría que aparecerá en público y menos en una fiesta de seguro concurrida.

La presencia es obligatoria, sin peros o quizás… se lo debes, Naruto— dijo mi compañero de trabajo, mirando a Sasuke.

Algo en el rostro de Sasuke me dijo que era mejor mantener silencio por unos momentos, su cara siempre impasible, mostraba ahora una leve arruguilla en la frente, quizás haciendo pareja con la mirada de irritación que me enviaba, luego de que Kakashi dijera se lo debes.

Esta conversación estaba tomando un rumbo que ni yo sabría como manejar. La verdad es que mi relación con Jew fue la mejor que he tenido hasta ahora, yo fui un imbécil en dejarlo ir hace un año. Yo no lo había querido aceptar, pero gracias a los últimos acontecimientos en mi vida, por fin entendí que al termino de ese fin de semana en donde conocí a Sasuke, algo en mí había cambiado…

Estas invitado, Sasuke, naturalmente. — dijo el mayor, tratando de adivinar en el rostro de mi guardaespaldas la razón de su molestia.

¿Dónde se celebra? — preguntó Sasuke.

En la discoteca del este, Vampire Jazz, es el especial de Louis Armstrong — volteo a mirarme, pero yo ya sabia por donde venia — Iré directo al grano, Naruto…—no le deje terminar, siempre hacia de igual manera.

Imposible — dije

Vamos, sabes que eres el mejor, serán solo dos canciones. — siempre decía lo mismo, luego yo terminaba tocando y animando el evento toda la noche, mientras él muy fresco como una lechuga junto a Iruka.

El peli plata volteo a ver a Sasuke quién había estado mirando la secreta conversación que manteníamos él y yo con cara indescifrable.

Relájate, Sasuke. Solo le estoy pidiendo que toque un par de canciones. No le estoy pidiendo matrimonio. — en momentos como este es cuando me gustaría ser un virus letal para producirle a cierta gente, lengua larga, un ataque fulminante que no les permitieran decir frases embarazosas como esta.

¿Cuánta gente asistirá? — Sasuke ignoro el comentario acido anterior. Sabe controlarse. Bueno, por lo menos uno de los dos puede.

Unas cincuenta personas más o menos.

¿Exclusivamente con invitación?

Claro, solo empleados y la gente que cada uno lleve, dos por persona.

No iré— dije

Podríamos arreglarlo. — rectificó Sasuke, con cara impasible. Una que me crispaba los nervios.

Bueno, debo irme. Naruto te anotare para la apertura del evento. Llega temprano. Un placer, Sasuke.

Lo mismo digo — solo que sus palabras no se las creía ni él.

Kakashi abandono el recinto con paso lento pero seguro, ignorando completamente nuestras decisiones.

¿No habías dicho que nada de apariciones en publico? — me dirigí a él con indignación.

Es verdad, veo que no te lo esperabas. Es solo que no quiero seguir entrometiéndome en tu vida.

Que comprensivo de tu parte. Pero no quiero arriesgar el pellejo por una noche de fiesta. Jew me perdonara.

Solo al mencionarlo vi como Sasuke cerraba sus ojos, seguro para llamar a toda la seriedad y concentración habitada en él. Si tanto le molestaba cuidarme las espaldas, mejor que no hubiese aceptado.

¿Podrías decirme que rayos te sucede? — le cuestione, sin saber exactamente lo que yo mismo había dicho. Dejándome llevar de la mano por todos esos sentimientos albergados en mí.

No hay forma de prever todas las posibilidades de agresión. Solo estoy aquí para reducir esas posibilidades.

No habló sobre eso— odio dar vuelta al asunto. Mejor sincerarse que vivir con esa verdad quemante. Esta vez fui yo él que lo vio retroceder. Sentía la ira creciendo dentro de mí, luego el calor apoderándose de todo mi cuerpo. Ya no había molestia o rabia, solo había deseo.

Vi que abrió, por la sorpresa, los ojos, que se me hacían sexys y eróticos.

Me relamí los labios lentamente mientras que supervisaba que su respiración iba en aumento, era enviciante saber que era yo el que lo provocaba.

Detrás de todo hombre frio hay una parte caliente que ansía ser descubierta y explotada.

De esto es lo que hablo — dije para lanzarme a él como un león a su presa.

Tomé sus labios en un beso fuerte y masculino, el ambiente estaba caldeado y lleno de testosterona. En ese momento agradecí tener un respaldo para nuestros cuerpos relativamente cerca. Lo empuje bruscamente al escritorio y un gemido, más parecido a un rugido salió de su garganta. Si pretendía asustarme estaba lejos de lograrlo. Me encendió como fuego a paja seca. Haciendo que mi límite de ansiedad se elevara a niveles insospechados.

Recorrí su pecho semi desnudo con hambre, memorizando cada lugar, grabando en su piel todo lo que él me hace sentir con su cercanía. Robando sus alientos, siendo, en ese momento, indispensables para mi existencia.

Yo ya estaba lejos de pensar. La excitación era tanta que no podía aguantar las ganas de sentirlo. De solo saber que nuestros cuerpos no estaban enteramente juntos me dolía.

Él respondía a mis atenciones con la mayor soltura, siendo mas o casi igual de intenso que yo.

Me perdí en mi propio mundo cuando note que ya no existía nada que nos cubriera de la cintura para arriba. Faltaba poco para aquello que mas ansiaba, tenerlo solo para mi, saber que su mente estaría conectada a la mía, no importa que fuera solo por míseros segundos, esos instantes orgásmicos.

Daliva, continuara.


Espero estén bien. Tratare de publicar mas seguido. Gracias por acompañarme en esta historia.

Bueno comenten y espero que hayan disfrutado...

"¡Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos!

¡Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verte sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter del azul de tu alma!..."

- Salvador Diaz Mirón-

D/B