Canción para este capítulo: Pretty Little Girl de Blink-152.


.

Brindemos

.

Hace años escuché en la televisión a unas mujeres diciendo que estaban decepcionadas con sus parejas. Que no había romanticismo, magia. La presentadora les decía que no debían idealizar el amor, que no todo podía ser rosa.

Supongo que es difícil, es lo que nos han vendido. Vemos películas Disney que nos hablan de finales felices, de encontrar a la persona perfecta para ti y que sea tan sencillo como tenderle la mano y no volver a soltarla.

Pero, en la vida real, las oportunidades se escapan sin que nos demos cuenta. En el momento que menos esperamos. Y a veces no es nuestra culpa.

Estoy tenso. Tan tenso, que a la mínima provocación, creo que saltaré encima de la mesa y le daré al rubito un puñetazo tan fuerte que le arrancará varios dientes.

Encima, Hikari ni se da cuenta, está demasiado ensimismada con él. Tiene gesto tímido, pero una sonrisa tan bonita que conquistaría el corazón de cualquiera. Hablan en voz baja, lo suficiente como para que no escuchemos los demás. Y yo aprieto la mandíbula, intentando controlarme.

Es Sora la que se encarga de que me tranquilice. Su mano se cuela entre las mías y me da caricias.

—Taichi, no seas maleducado —me dice—. Preséntate a Takeru.

Le dedico un gesto de indignación, pero su mirada me dice que no admitirá una negativa. Así que me obligo a mirar al chico y le doy un asentimiento de cabeza.

Al menos, no es tonto. Se presenta con educación y pronto desvía la conversación a los demás. Mimi, que también debe haberse dado cuenta de lo que pasa, habla hasta por los codos sobre un nuevo centro comercial. Aunque me doy cuenta de que sus ojos se fijan en mi hermana constantemente.

Y Kari no puede pasar más de dos minutos sin cruzar una mirada con Takeru.

Cierro los puños. Sora le hace un gesto a Yamato, él resopla antes de levantarse y arrastrarme al baño con él.

—¿Qué quieres? —pregunto, de malas maneras.

—Para ya. Deja de mirar a T.K así.

—¿Que pare? Oh, disculpa si te ha molestado. Podrías haber tenido el detalle de decirme que el que le ha roto el corazón a Hikari es tu hermanito. ¿No había más gente en el mundo? Esto parece una broma.

Me paseo por los escasos dos metros cuadrados que hay. Matt se harta y se sujeta por los hombros para que le haga caso.

—Mira, yo me he enterado esta mañana. Takeru me llamó para charlar, diciendo que tenía problemas con una chica, y no sé por qué acabé comentándole que tenías una hermana que estaba triste por un chico. Me preguntó el nombre y tu apellido. No hay muchos Taichi Yagami y ella ya le había hablado de ti, así que ha venido para verla.

—¿Y qué me importa a mí eso?

—Se arrepiente. Se siente mal por haberse distanciado. Pero tiene una buena razón.

—No hay ninguna razón buena para hacer llorar a mi hermana.

Antes de que Yamato diga algo más, le doy un empujón para que me suelte y vuelvo al bar. Escucho que resopla antes de seguirme.

Koushiro no es un experto en estos temas, pero por la cara que me pone ya se ha dado cuenta de lo que pasa. O igual se lo ha chivado Mimi. Me invita a una cerveza y ni así consigue animarme. Paso todo el rato con cara de pocos amigos y hablando lo menos posible. Un fuerte contraste con Kari, que parece la personificación de la felicidad.

—Nuestro gato, Miko, le arañó la cara entera porque se asustó —cuenta, riendo—. Es que Tai se lo buscaba, siempre le hacía gamberradas. Pero ese día aprendió la lección, ¿verdad, hermano?

Estaba tan concentrado en vigilar a Takeru, que mira con cariño a mi hermana, que apenas he prestado atención a lo que dice. Parpadeo antes de clavar los ojos en ella. Su gesto es tan animado que no puedo contener la sonrisa. Asiento con la cabeza, cuando tiene esa cara le diría que sí a cualquier cosa con tal de que siga feliz.

Después sigue hablando con el rubito y yo suspiro. Quizá lo que más rabia me da es que lo haya perdonado tan fácilmente. Debería quererse a sí misma un poco más.

—¿Visteis ayer el partido? —pregunta Sora.

—¿De qué? —Mimi da un sorbo a su cóctel, es la única que pide cosas tan caras, dice que dan glamour.

—De fútbol, claro.

—Taichi me obligó a verlo —responde Yamato—. Pitaron un penalti que no era.

—¡Sí lo era! —gritamos, a la vez, la pelirroja y yo.

Me enfrasco en la conversación del partido y consigo olvidar por un rato el enfado. Resulta que Sora es del mismo equipo que yo, así que nos aliamos contra Matt. Koushiro y Mimi hacen algún que otro comentario, pero está claro que no tienen ni idea de fútbol y acaban charlando de la Universidad con Hikari y Takeru. A ellos les queda poco para empezarla.

Otra sensación fuerte me llega al pensar en mi hermanita estudiando una carrera. ¿Cuándo ha pasado tanto tiempo? No me he dado ni cuenta.

Está siendo un día montaña rusa. A ratos arriba, a ratos abajo, a ratos con el vértigo en el estómago. No consigo decidirme. En algunos momentos estoy pasándolo muy bien y en otros solo quiero que la noche acabe e irme a dormir.

Sora se encarga de equilibrar la balanza a favor de quedarme. Con sus caricias sutiles mientras charlamos, su sonrisa limpia, verdadera, sus ojos puestos en mí.

Mimi propone ir al local de música en vivo que visitamos de vez en cuando. Todos secundan la idea, así que pagamos las consumiciones y nos marchamos. En la calle ha refrescado un poco. Me quito la chaqueta de cuero y se la pongo a Kari sobre los hombros. Le queda tan grande que no puedo evitar la risa, y los demás se me unen.

—Qué malos sois —se queja, mientras sube la cremallera.

—Pareces aún más pequeña —se burla Takeru.

Ella lo mira ofendida. No llego a saber qué más hablan porque se quedan atrás, pero veo que el chico pasa un brazo por sus hombros. Me planteo darme la vuelta y separarlos, cuando Sora se abraza a mí.

—Tengo frío —dice.

Le froto un brazo con la mano y la mantengo pegada a mí. Tardo en darme cuenta de que me ha distraído para que deje en paz a esos dos.

—Tienes una mente perversa.

—Claro que no. Soy muy buena. Por eso he hecho que los dejes tranquilos.

—Me siento utilizado. Había creído que te gustaba abrazarme. —Pongo tono melodramático y ella se ríe.

—Una cosa no quita la otra. Oye, ¿te acuerdas de la primera vez que me trajiste al bar? ¿Y el juego ese que propuso Koushiro?

—Claro.

—Yo tenía una palabra tachada. Me robaste la servilleta para leerla pero seguro que no pudiste.

—Vaya, ¿te diste cuenta?

—¿Quieres saberla? —Asiento, expectante—. Marrón. Por tus ojos y tu pelo.

Sonrío y la estrecho un poco más fuerte.

Llegamos al local demasiado pronto para mi gusto. Matt, como siempre, consigue que nos cuelen sin pagar gracias a que es amigo del dueño. El tipo se lleva a Yamato un rato, mientras los demás nos quedamos en un rincón de la barra mirando al escenario. Hay un hombre con una guitarra acústica, cantando baladas. Mimi entrelaza las manos, emocionada, cuando empieza una canción que le gusta. Veo cómo la mira Koushiro y tengo que reírme. Ese chico puede engañarse todo el tiempo que quiera, pero está claro lo que siente por ella.

Y, aunque me dé rabia, Takeru mira igual a mi hermanita.

Me doy cuenta de que Sora también está encantada con la canción. Creo que la está tarareando, con tanto ruido no soy capaz de escucharla. Acerco mi oreja, pero se calla de golpe al verme.

—¿Qué haces?

—Quería oírte cantar. Sigue.

—No. —Pone cara de disgusto—. Canto mal.

—¿Y qué más da?

No se esperaba esa respuesta. Baja la cara un momento, después empieza a susurrarme la canción. Es cierto que no es la mejor cantante del mundo, aunque tampoco lo hace mal. Y, a quién voy a engañar, es muy sensual notar su respiración en el oído.

Se me pone la carne de gallina. Rodeo su cintura con el brazo durante lo que dura la canción. Me mira con intensidad antes de separarse de mí un poco.

—Pelirroja, ¿te he dicho ya que estás sexy y preciosa?

Rueda los ojos, pero empiezo a conocerla lo suficiente como para saber que está aguantándose una sonrisa.

Creo que mataría por esa sonrisa.

Matt se reúne con nosotros y eso me hace salir de nuestra burbuja. He estado demasiado pendiente de Sora y he olvidado vigilar al rubito para que no haga algo que no me guste.

—¿Dónde estabas? —pregunta Koushiro.

—Mi amigo me ha presentado al dueño de un restaurante. Me ha dado trabajo como músico de ambiente. No es un gran sueldo, pero trabajo pocas horas.

—¡Eso es genial! —Le doy palmadas en la espalda y por una vez no se molesta.

Todos lo felicitan, Mimi invita a una ronda como celebración. Aunque me encargo personalmente de que mi hermana y su amiguito beban algo sin alcohol. Ya tendrán tiempo más adelante para esas cosas.

Yamato se ríe de mí, diciendo que seguro que Hikari bebe cuando yo no estoy. Puede, pero prefiero que sea así. Va a seguir siendo una niña para mí. Y los niños no beben alcohol.

Las chicas deciden irse a la pista para bailar, cuando ponen música de discoteca en el descanso del cantautor. Es gracioso ver a las tres juntas, tan distintas y tan sonrientes. Se cogen de las manos y dan vueltas. El móvil de Mimi empieza a sonar y Kou, que tiene su bolso, intenta meterse entre la gente para llevárselo. Matt dice que tiene que ir al baño. Y es así como me quedo a solas con Takeru.

Digo que tengo que tomar el aire. No estoy para situaciones incómodas. Pero el rubito debe ser corto de inteligencia, porque me sigue.

—Taichi, ¿podemos hablar?

—Mira, no te conviene estar a solas conmigo. Hazme caso.

—Lo entiendo. Y me molestaría que no fuera así. —Está serio, creo que es sincero—. Pero de verdad que tengo que decirte algo.

—A ver, ¿por qué tengo que escucharte? Lo único que sé de ti es que eres casi un clon en miniatura de tu hermano y que has hecho llorar a Hikari.

Me muerdo la lengua. Quizá no debería decirle eso. Por el gesto que pone, le duelen mis palabras.

—Iba a decirte por qué me alejé de ella. No quiero que pienses que no me importa. Pero… tienes razón. No hay ninguna excusa que justifique eso.

No sé si es por cómo habla o porque sigue con esa cara de perro apaleado, pero lo sujeto del brazo. Respiro profundamente y asiento con la cabeza.

—Te escucharé. Pero no prometo nada.

—Gracias —dice—. La verdad es que… me alejé por miedo.

Frunzo el ceño. No soy demasiado amigo de los cobardes, pero igualmente no entiendo qué podría asustarle de mi hermana. Takeru se sienta en el bordillo de la acera y lo imito.

—No sé cuánto te habrá contado mi hermano de nuestra vida, pero no tuvimos la infancia más fácil de mundo. —Mira hacia el cielo y suspira—. Cuando él tenía siete y yo cuatro, nuestra madre decidió que no podía seguir con mi padre. Le pidió a Yamato que eligiera si irse con ella o quedarse. Él le dijo que, aunque para ella no fuera suficiente, para nosotros nuestro hogar estaba aquí, junto a papá. Mamá pensaba llevarme con ella, pero decidió que no podía separarnos. Durante un par de años llamó por mi cumpleaños. Después no volvimos a saber de ella.

—No sabía nada de eso.

—Bueno, en realidad no me sorprende. Yamato no es de compartir su vida.

—¿Qué pasó después? —pregunto, sin poder contenerme.

—Papá se encerró en el trabajo. Mi hermano tuvo que criarme. Yo viví durante años creyendo que mamá volvería y decepcionándome cada vez más. Por suerte, teníamos a nuestra abuela, que nos daba el cariño maternal que necesitábamos. Pero falleció hace bastante tiempo. Y desde entonces decidí que no servía de nada aferrarme a las personas. Que si quería a alguien acabaría yéndose, muriendo o decidiendo que tenía cosas más importantes que hacer que estar conmigo.

No sé qué decir. Tampoco mi situación en casa es sencilla, pero creo que no puede compararse a la suya. Además, siendo tan pequeños… Creo que veo a Matt con nuevos ojos.

—Es por eso que me asusté —confiesa, mirándome con seriedad—. Kari me importa más de lo que quería reconocerme a mí mismo. Decidí alejarme, porque no soportaba la idea de que se hiciera indispensable y después desapareciera. Solo soy un maldito cobarde.

—Takeru…

—Pero —me interrumpe—, cuando Yamato me dijo que lo estaba pasando mal por mí, algo se encendió. Me di cuenta de lo estúpido que estaba siendo. Y esta noche, al verla, todas las dudas se me han ido. Ella es… demasiado especial como para perderla por miedo. Y es por eso que no te pido que me perdones, solo que me dejes ganarme el perdón.

Maldito rubito. Sabe hablar demasiado bien.

Me pongo de pie y le tiendo la mano para ayudarle a levantarse.

—Si vuelves a hacer llorar a Hikari, te partiré la cara —amenazo.

—Y yo no opondré resistencia.

Tengo que sonreír. Le revuelvo el pelo y es así cómo nos encuentran los demás. Parecen sorprendidos, pero no les damos tiempo a hacer preguntas. Volvemos a entrar al bar y de pronto todo me parece más divertido, más colorido y esperanzador.

Rodeo la cintura de Sora y hago que baile conmigo. Ella se deja llevar, riendo cuando damos vueltas. Sale otra vez el cantautor y las chicas entrelazan los brazos mientras tararean las canciones. Me quejaría de que hayan traído a un tío tan cursi, pero tengo que reconocer que me gusta ver que ellas se lo pasan bien.

Yamato se dedica a resaltar cada vez que el músico se equivoca en una nota o desafina, su hermano le toma el pelo llamándole envidioso y me uno. Koushiro mientras tanto se ríe bebiendo su cerveza.

—Oye, ya vale —se queja Matt—. Prefería que os llevarais mal.

T.K y yo sabemos que miente. Así que seguimos a lo nuestro. Lo molestamos tanto, diciendo que es mucho peor que el tío del escenario, que acaba pidiéndole a su amigo que lo deje subir a tocar una canción. El cantautor le presta la guitarra cuando acaba la actuación, si supiera que lo ha estado criticando quizá no sería tan amable.

Nos hacemos un hueco en primera fila. Espero, expectante, a que Yamato empiece. Y me quedo con la boca abierta.

Su grupo era bastante rockero, tocaban canciones sobre ser solitarios, sobre disfrutar el momento, sobre no necesitar nada más que la música. Por eso no esperaba que ahora empezase a cantar una canción tan romántica. Su voz parece otra, le está poniendo sentimiento.

Miro hacia atrás, la gente ha levantado los teléfonos y los mecheros. En este pequeño local todos parecen sumergirse en la balada que toca Matt.

Veo que Hikari intercambia miradas con Takeru. Creo que están cogidos de la mano. Me molesta menos de lo que esperaba.

Mimi se agarra al brazo de Koushiro y no nota que se pone tan rojo como su pelo. Querría reírme de él, pero sé que no es un buen momento. Además, hay otra pelirroja que consigue mi atención.

Tiene los ojos cerrados y sonríe casi imperceptiblemente, disfrutando la música.

Noto cómo se me vuelve a acelerar el corazón. ¿En qué momento me he enamorado de esta manera de ella? No podría saberlo.

Me pongo tras Sora y la abrazo por la espalda. Cuando entrelaza nuestras manos, beso su cabeza.

No sé si existe algún paraíso, pero si lo hay debe ser muy parecido a este momento, a lo que siento en este instante.

La canción se acaba sin que me lo espere. Yamato nos dedica un pulgar arriba, siento que va para su hermano, Koushiro y yo. Tengo que reconocerlo, ha creado una atmósfera mucho más romántica que el cantautor. No sé si es mejor o no, aunque el aplauso que arranca a la multitud me hace pensar que sí.

Se nos ha hecho bastante tarde. Cuando salimos, veo que el horizonte empieza a clarear. Hemos cerrado la noche con esa canción y creo que todos nos sentimos en una especie de nube.

Mimi llama a un taxi y se lleva a mi hermana y Takeru. Se lo agradezco, así puedo acompañar a Sora a su casa tranquilamente. Kou y Matt se despiden de nosotros con la mano antes de marcharse andando.

—Pareces de mejor humor —me dice la pelirroja cuando nos quedamos solos.

—Me da rabia reconocerlo, pero T.K es buen tipo. Aunque tendré que hacerme a la idea de que Kari esté haciéndose mayor…

—Es muy madura para su edad. —Se pone el casco rosa, siempre me llama la atención del contraste con su color de pelo—. Y lo que siente por él es sincero. Estoy segura de que pronto hablarán de sus sentimientos y les irá muy bien.

—Sí. Espero no tener que darle una paliza. Yamato lo defendería y tendría que pegarme con los dos.

—Eres un bruto.

Siempre me ha gustado ir en moto. No solo es más práctico y rápido que usar un coche, es que me encanta la sensación de velocidad, el aire rozándome la piel. Es como si todo lo demás se desvaneciese en esos instantes. Todo menos Sora, claro.

La acompaño hasta el portal, jugando con las llaves. Ella parlotea acerca de unas jugadas que podríamos enseñarles a los niños en el próximo entrenamiento. Yo hace rato que no puedo prestar atención a sus palabras. Su boca me atrae demasiado.

—… y también podríamos enseñarles ballet. Ay, Yagami, ¿me estás escuchando?

—La verdad es que no. —Acaricio su mejilla con la mano derecha y paso el pulgar por sus labios, están entreabiertos—. Estoy esperando a que me pagues el trayecto hasta aquí.

Pone las manos en mi pecho y cierra los ojos cuando nuestras caras se quedan a pocos centímetros. Sonrío antes de besarla. Primero despacio, aprendiéndome cada milímetro de sus labios. Después con más intensidad, saboreándola.

Sus dedos se enredan con el pelo de mi nuca. Mis manos le aprietan la espalda para que se pegue más a mí. Solo quiero quedarme aquí, besándola, para siempre.

Pero un portazo y un grito hacen que nos separemos de golpe.

—¡Sora! Entra ahora mismo en casa.

Una mujer que no conozco me mira como si quisiera que muera lenta y dolorosamente. Mi pelirroja se mete en el portal sin girarse hacia mí. Y la desconocida, que supongo que es su madre, sigue con los ojos clavados en los míos mientras cierra la puerta.

Y ahí me quedo. Con el amanecer a la espalda y el recuerdo de esa mirada de desprecio.

.


Un agradecimiento especial a Sopho por recordarme lo de la palabra tachada, ese "marrón" te pertenece.