IMAGINAERUM

DESDE MI INFIERNO


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Quiero mis lágrimas de vuelta

Fragmentos del Diario de Twilight Sparkle.

23 de enero de 3011.

He estado muy nerviosa. Alguien había entrado y dejó a Sabelotodo en la bodega, y vio lo que leía. No sé quién entró, ni por qué lo hizo, ni cómo lo hizo. No pudo ser Spike ¿Por qué lo haría él? Si hubiera querido hacerme una broma, no lo habría dejado sobre el libro de Lightdawn. Tampoco pudo haberlo hecho Owlowiscious, él es sólo un búho.

En estos tres días no había regresado, así que decidí retomar la lectura de Unaussprechlichen Geheimnisse. Subí a la bodega, y apenas abrí la puerta, pude ver a Sabelotodo sobre las gruesas páginas. El invasor volvió a dejar un mensaje:

No está muerto lo que yace eternamente
Y con las extrañas eras morirá hasta la muerte.

¡El epitafio de Lightdawn!

Me asusté bastante, y corrí rápidamente en busca de Applejack, de Rainbow o cualquiera de mis amigas. Pero no le conté lo que pasaba, pues apenas mi temor se enfrió, me di cuenta que podría estar en la pista del asesino de Lightdawn.

Su asesino.

Al pensar en eso me sentí... no sé cómo decirlo. Estaba enojada, pero es un enojo que iba más allá a lo que había sentido enfrentándome a Discord o a Nightmare Moon. Sentía un enojo que parecía sin final, como si se extendiera por el Universo. Imaginé que tenía a su asesino frente a mí, y me imploraba perdón, pero yo se lo negaba. Y no logré pensar más, pues Pinkie Pie me sacó de sus pensamientos con una pregunta.

Seguiré con mis investigaciones. Aunque intente intimidarme, no logrará evitar que yo descubra la verdad.

No evitará que yo descubra lo que le pasó a Lightdawn.


24 de enero de 3011.

Ayer no pude dejar de pensar en él. al regresar a casa, al asomar mi rostro por la ventana, observo las ramas desnudas de los árboles, las chimeneas expulsando su humo, los copos de nieve cayendo, uno por uno, como las palabras de un cuento. El gris invierno parece querer abalanzarse, romper el cristal y mis libros.

Y recuerdo cuando observaba esos mismos eventos, varios años atrás, junto a Lightdawn. Correr junto a él en el parque, oler las flores de primavera, mirar las praderas del cielo repletas de ovejas como nubes, el viento remeciendo el trigo. Ver pasar un tren e imaginar hacia qué distantes lugares de ensueño se dirigía; o imaginarlo escalar el cielo y correr sobre los caminos de estrellas que la noche presentaba sobre nosotros.

Lightdawn estaba conmigo. Un trineo en la nieve o un barquito de papel sobre el agua del arroyo, la sonrisa de mi abuelo, los pantanos a través de fotografías, las libélulas y las luciérnagas.

¿Qué pasó con todo aquello? ¿Qué pasó con nuestro amor, con nuestra inocencia? ¿En qué momento dejaste de ir a tocar mi puerta? ¿En qué momento dejé de esperar tu llamado?

¿Qué pasó con ese tren que nos llevaba a nuestros sueños? ¿Con los insectos que parecían o dragones o relojería de la naturaleza? ¿En qué momento fuiste y me regalaste a Sabelotodo? ¿En qué momento dejé de abrazarla al dormir y pasé a guardarla en una caja?

¿En qué momento lo que figuraba en un libro dejó de ser real frente a lo que pasaba frente mío?

¿Qué pasó con todo aquello? ¿Qué pasó con nuestro amor, con nuestra inocencia? ¿Qué pasó con las noches en las que soñábamos despiertos? ¿Quién dispersó los caminos de las estrellas y las dejó así, como arroz derramado?

Yo quería vivir contigo, Lightdawn, por todos mis años, para revivir contigo lo que había perdido en mí. Quería vivir en tus labios, Lightdawn, quería ser la luz del sol que te despertara al dormir. ¿Dónde estarán esos ojos que busco en mis sueños? ¿Dónde están las palabras de amor que te di?

Quiero mis lágrimas de vuelta, todas las lágrimas que lloré por ti. Cuando era niña y tú te marchaste, dejándome a merced de toda slas burlas. Cuando íbamos a casarnos y te asesinaron. Quiero que regresen mis lágrimas. Quiero que regreses tú.

Pero sé que todo eso es imposible. Estás muerto, y no volverás. No te volveré a ver.

Una rama de un árbol pintándose de blanco con la nieve. El cielo gris y blanco como el pelaje de un gato. Mi muñeca Sabelotodo, los abrazos de mis amigas, el sabor del heno.

Abrazo a Sabelotodo, y respiro su aroma, su perfume a libro nuevo y pastel. Siento... que voy a llorar. No quiero llorar más. Quiero mis lágrimas de vuelta, ahora.