Oscar estaba en una de las esquinas del carro, firmemente agarrada a su espada, la cual llevo por si acaso algo ocurriese en el camino a la mansión de Von fersen…lo que cual le hacía recordar que esto en realidad era más un secuestro que otra cosa. Estaba desenvainada. Prácticamente estaba que lo mataba de un golpe certero ante el más mínimo movimiento del sueco. Quien solo la miraba divertido, y sin poder evitar soltar una risa, se arrepintió en el mismo momento en que se rio, solo ver la expresión de Oscar ya era estar 20 metros bajo tierra.

-De que te ríes Von Fersen, secuestrador de comandantes en descanso!? –grito Oscar totalmente molesta con el conde, y es que esos días planeaba estar en su cama, comiendo, engordando, cosas que jamás habría pensado hacer y es que la modorra y sus ganas de pensar sobre las posibilidades que tendría con fersen, le tentaban de una manera apasionada. Pero el sueco que no conocía la vergüenza, simplemente la secuestro.

-Podrías haberte defendido, Oscar, además, estoy seguro que estas dos semanas conmigo serán muy interesantes, tengo mucho que hablar contigo. Es de suma importancia –la mirada seria y su voz totalmente neutra, provocaron que Oscar dejara su posición a la defensiva, para sentarse bien y poder entender lo que el sueco quería decir- no te lo diré aquí. Así que mejor espera –el bufido de Oscar provoco una sonrisa en el sueco. Y es que se daba cuenta de que podría llegar a acostumbrarse a este tipo de cosas por parte de Oscar.

Al llegar de ese extraño secuestro, a la mansión Von Fersen, donde ambos compartieron la más exquisita pasión, donde ambos se dieron cuenta del infinito amor mutuo que se tenían. El sueco bajo rápidamente para ayudar a la rubia a bajar, pero como era de esperarse con alguien que había sido criada para valerse por sí misma en toda situación, simplemente bajo de un salto y avanzó rápidamente, esperando a que el sueco la acompañase, y llevase sus cosas como es debido de parte de un caballero a lo cual Fersen se dio por entendido, y con buena resolución llevo las pocas cosas que saco de su hogar para pasar esas dos semanas con él. Sin ningún problema entraron y mando a su sirviente personal a guardar las cosas de Oscar en la habitación que está enfrente de ella. En una posición muy conveniente para el en si.

-Porque es necesario que me quede dos semanas aquí? Acaso no podías decírmelo en mi habitación. Además creo que te deje muy claro mi parecer en Versalles, Fersen –dijo una Oscar seria, que estaba más que clara que en esas dos semanas, sería la persona más fría. Bueno más de lo que ya lo era. De tal forma que a Fersen su ego se le fuera quizás más de 50.000 metros bajo tierra si es que eso era posible. Para sorpresa de Oscar los planes de Fersen estaban más allá de su imaginación y entre ellos no estaba la humillación. Fersen, con la fuerza de hombre, que por obvias razones carecía Oscar, la tomo para llevarla en brazos y retenerla hasta llegar a la habitación que habían compartido sus más pasiones carnales prohibidas- ¡¿Qué te pasa?! Suéltame idiota.

-Está bien – y dejo caer una Oscar enfurecida en una cama que no había analizado en sí, al caer sobre ella los pétalos de rosas saltaron. Lo cual calmo a Oscar para llevarla a la curiosidad y mirar a su alrededor. Cuando quiso reaccionar, Fersen ya estaba sobre ella, con sus labios sobre su cuello y su chaqueta ya casi rota. Por lo menos no era la chaqueta favorita, si no Fersen ya estaría 20 metros lejos de ella. Desde lo más profundo de la garganta de Oscar salió un jadeo de sorpresa ante los labios del sueco en su cuello, que mordía y besaba con un hambre desmedida, con un hambre arrebatada, con sed de pasión.

Las manos del sueco recorrían todo el cuerpo sobre la tela, buscando tener nuevamente el cuerpo desnudo y sincero de Oscar, aquel cuerpo que era solo suyo. Aquel cuerpo nunca tocado por más manos que la suya, Oscar estaba impactada por el descaro del sueco. Pero le daba una seguridad de que ahora él le pertenecía de una forma pasional. Las manos agiles del conde rompieron la fina camisa, dejando los senos libres de la comandante, y apretándolos ligeramente, y para su sorpresa, un gemido ronco salió por los labios de ella, entregada al total deseo del sueco.

Ambos entregados al deseo, ambos entregados a la pasión, diciendo aquello que con palabras sería imposible de narrar, aquello que no podrían decir libremente, pues ambos amaban a su reina, quizás Fersen ya no de manera pasional. Pero sabían que el daño que causarían repercutiría en el pueblo de Francia. Las manos acariciaban mutuamente el cuerpo, sin pudor, solo con deseo intenso de amar. Y así pasaron los días, ambos dedicando palabras cariñosas, entre caricias, risas, comidas llenas de palabras de amor, y noches de eterno amor y pasional caricias. Y es que sabían que terminadas las vacaciones de Oscar, sería imposible delatarse ante el mundo con sus intensas miradas de amor y arrebatos.

Una de esas noches, donde solo un vino, uno en los brazos del otro, y una conversación amena, las palabras cariñosas sobraban, una femenina Oscar estaba desatada junto a Fersen, risueña como nunca, gruñona como siempre, y una bata de seda rosa, la cubrían de cualquiera que pudiera entrar ahí. Para molestia de Fersen uno de los sirvientes interrumpió las risas de Oscar, tan frescas como una copa de vino frio.

-Señor, le buscan, esta abajo esperándole, que debo decir-pregunto el hombre anciano que estaba de servicio.

-Iré enseguida, bajo en un momento. –el sirviente se retiró enseguida, y una mirada suplicante hizo soltar una pequeña risa a Fersen –Volveré enseguida, espera un momento –Dijo Fersen Mientras le daba un corto beso a la chica más amada para él, se puso su bata para bajar y a mitad de escalera quedar paralizado al ver a María Antonieta abajo, mirándolo y su rostro iluminado al verlo –Majestad…que ocurre para que usted este acá –Dijo Fersen bajando por completo y quedando frente a su majestad.

-Oh Fersen! –gimoteo la Reina abrazándose a su pecho –Como me puedes hacer esto, oh por favor Fersen, no puedo estar sin ti, por favor –Para sorpresa de María Antonieta, Fersen se alejó de ella y negó enseguida ante sus palabras, al echar un paso atrás, con su gran vestido voto una de las mesitas. Que ha oído de cualquiera sonaría como el golpe de una puerta al cerrarse.

-Lo ciento, Majestad, pero yo….yo amo a alguien más, de verdad yo –Pero las palabras de Fersen fueron interrumpidas al escuchar las vos alegre de Oscar, para luego paralizarse de un segundo a otro y el rostro horrorizado de María Antonieta al darse cuenta de que, quien le había robado el corazón de Fersen, fuera su mejor amiga.

-Axel, ¿Quién era? Supongo algo importante…para…-la rubia estaba en blanco, y es que el rostro horrorizado de su reina no la dejaba de crucificar en ningún momento, su corazón estaba disparada y la cada de nerviosismo de Fersen no le ayudaban demasiado.

-Oscar… -Fue lo único que puedo decir María Antonieta antes De Caer desmayada de la impresión al verla de esa forma y con visibles marcas de haber estado apasionadamente con su Fersen.