Intramuros.

Gaara extrañó la animada conversación de sus hermanos durante el camino a la mansión Hyuga, no terminaba de definir la mejor manera de explicar las disculpas que debería ofrecer al jefe del clan, hizo varios intentos pero la expresión huraña de Kankuro y la extrema curiosidad de Temari le hicieron desistir de sus intentos, de manera que se limitó a andar en silencio con ambas manos metidas en los bolsillos del pantalón, carcomiéndose el cerebro.

Finalmente llegaron a la mansión Hyuga, el trío se detuvo ante las amplias y pulidas puertas. El Hyuga castaño que estuvo de guardia la noche anterior los esperaba apoyado en una de las jambas.

¡Bienvenidos a la casa Hyuga!- aseveró fríamente, sin mirarlos demasiado.

Gaara guardó silencio impasible y esperó a que su guía los condujera hasta el jefe del clan. Ante una seña del muchacho se abrieron las puertas sin emitir ningún sonido, como si sus goznes fuesen aceitados y alineados diariamente.

El guía intercambio breves palabras con los porteros e invitó a pasar a los ninjas de la arena, Gaara fue el primero en seguirlo. Tras él, Temari miraba con preocupación la severa apariencia de los miembros del aquel clan, le había parecido extraña aquella visita desde que su hermano la planteó y la hostilidad que sentía en el lugar la ponía en alerta.

Kankuro – llamó en un susurro a su hermano que caminaba cerca de ella.

Kankuro, ¿Me oyes? – insistió, Kankuro la escuchó pero no le dirigió la miraba.

¿Qué está ocurriendo? Esta gente no nos está recibiendo de buena gana, definitivamente no es una visita de cortesía.

Kankuro fingió no escucharla, no le preocupaba tanto la hostilidad del clan sino las razones de la misma. No le quitaba la vista a su hermano quien andaba muy derecho tras su guía, atento ante cualquier movimiento inesperado de los Hyuga.

Gaara se sentía confiado, en verdad estaba extremadamente confiado, finalmente se hallaba en el lugar que más quería visitar de la Villa de la Hoja y se sentía dichoso por ello, no dejaba de pensar que al final del aquel camino de gravilla se encontraría con la Hyuga Hinata de carne y hueso. Miraba con deleite el gran edificio de madera que se erguía delante de él completamente impaciente.

Finalmente se detuvieron delante de la casa de la rama principal de la familia, aquel era el lugar donde el jefe del clan y su familia inmediata vivían. El guía les indicó que esperaran allí y se retiró por donde había venido. Los hermanos se quedaron un tanto confundidos, se habían parado de manera que Gaara quedara en el medio del grupo. Temari y Kankuro durante ese corto lapso de tiempo en la máxima alerta, especialmente la chica que ignoraba todo de aquel asunto y que no había actuado de acuerdo a sus instintos, por la actitud pasiva y controlada de sus hermanos.

Las puertas se abrieron en un período de tiempo que le pareció una eternidad al trío pero que en realidad fue muy corto. Tras aquellas se encontraban los miembros de la rama principal del Clan Hyuga, desbordando todo su orgullo y fuerza.

Gaara miró con atención al grupo, al centro se encontraba Hyuga Hiashi, y a su lado derecho se encontraba Hanabi, dedujo fácilmente que el hombre mayor era el jefe del clan pero se quedó desconcertado con Hanabi, ya que todos los demás miembros de la rama principal se encontraban un paso más atrás del líder. La niña estaba ocupando el lugar del heredero principal de la rama; según la información que manejaba, Hinata era la principal heredera. El que Hanabi ocupara aquel lugar solo podía significar una de dos cosas, o Hinata había muerto convirtiendo a su hermana en la única heredera del clan o había sido repudiada por su padre.

Los hermanos caminaron muy circunspectos hasta llegar frente a Hiashi y antes de que él dijese algo se inclinaron ante él tal como lo dictaban los modales y las buenas costumbres. Cuando se hubieron levantado Gaara hizo algo que impresionó profundamente a su hermana Temari, volvió a inclinarse hasta tocar con su frente el suelo en tres ocasiones, tal como la haría alguien que implora perdón por una afrenta muy grande. Kankuro abrió, impresionado la boca, no se imaginaba el tamaño de la ofensa que su hermano había infringido tan solo con una visita nocturna. Ambos hermanos, todavía sin entender mucho se apresuraron para imitar al Kazekage pero la mano levantada de Hiashi lo impidió.

Bienvenido a nuestra casa, tu ofensa es perdonada, no es necesario que te humilles ante nosotros. Honra a nuestro clan recibiendo una muestra de nuestra hospitalidad. – dijo mientras señalaba a la muy bien dispuesta mesa.

Gaara esbozó una ligera sonrisa y se dirigió con paso seguro hacia Hiashi para intercambiar con él un saludo más cercano. Al igual que Temari y Kankuro.

Excelentes ninjas de la Aldea de la Arena - fue el epíteto que Hiashi le endilgó a los hermanos, el hombre no dejaba de repetírselo a Hanabi, esperanzado en que aquel era el estimulo que convertiría a su floreciente retoño en una Kunoichi de renombre.

Mientras el grupo se dirigía a la bien dispuesta mesa ocurrió un hecho peculiar que terminó de ponerle la vida de cabeza al Bocchan*2 Gaara. Mientras caminaba hacia la mesa sonriendo y mirando a todos lados por si veía algo relacionado con Hinata, cayó un pastel bañado en miel frente a sus pies. Todos se quedaron asombrados ante el suceso, en especial Hiashi para quien el incidente constituía una eventualidad capaz de manchar la fama de su hospitalidad.

Gaara al principio se sorprendió de no haberlo visto venir (si daba otro paso le caía en la cabeza), más luego, mientras recogía del suelo el dulce se pregunto:

Ya que tiene mordidas, alguien debía comerlo antes de dejarlo caer ¿Quién era esta persona?

Sobre él, mirando todo con mucha curiosidad se hallaba Hinata…