CAPITULO 6 : SALAZAR SLYTHERIN
-¿Salazar Sionne Slytherin? -preguntó Harry estupefacto.
El hombre que tenia delante de él no tenia en común con la enorme estatua que estaba situada en la cámara, la estatua representaba un hombre entrado en la vejez con rasgos de simio mientras que el cuadro representaba a un hombre sentado en un trono hecho de oro con una serpiente en el brazo en la plena juventud de su vida y con una semblanza a sí mismo un tanto inquietante.
-Curioso, tienes los mismos ojos que mi hija Seraph, dime, ¿cuál es tu nombre joven? - preguntó Salazar interesado haciendo caso omiso de su pregunta.
-Harry James Potter -respondió automáticamente Harry en pársel. El tono de comando perduraba incluso en el cuadro del fundador de Hogwarts.
-Un Potter, francamente curioso -musitó- Al final el sueño de Godric se hizo realidad.
-Godric, ¿cómo Godric Gryffindor? -preguntó Harry sorprendido.
-Así es, Godric tenia la esperanza de poder juntar nuestras familias, pero por desgracia nunca lo pudo ver -explicó Salazar- pero tus ojos, tu capacidad de hablar pársel y el nombre de Potter indican que finalmente nuestras familias se hicieron una.
-¿Mis ojos? -preguntó Harry llevándose la mano libre a la cara- ¿qué ocurre con mis ojos?
-Tienes los mismos ojos que mi hija Seraph, eso te hace parte de mi familia.
-Imposible -refutó Harry negando con la cabeza- mis ojos son heredados de mi madre y ella era una hija de muggles.
-¿Hija de muggles? -el tono de Slytherin se había vuelto unos tonos mas frío- nadie de la linea Slytherin es un nacido de muggles -el tono de la palabra muggles contenía tanto veneno como el que recorría en las glándulas de las serpientes.
-Mi madre Lily Evans es una nacida de muggles... -volvió a intentar Harry.
-Imposible -cortó Salazar- solo aquellos relacionados directamente a mi sangre pueden hablar pársel -explicó lentamente Salazar- tu familia materna debe de provenir de una rama de squibs, seguramente debido a la endogamia, el poder latente mágico se fue diluyendo hasta que un nuevo nacido tuvo suficiente poder para despertar su magia. Pero debo decir que tu pareces más cuerdo y sano que el último hablante la última vez que me visitó, aunque cuerdo nunca fue una palabra para describirlo -finalizó mirando de arriba a abajo al joven ante él.
-Voldemort y cordura nunca han ido de la mano -concordó Harry a sus palabras-. Intentó matar a un recién nacido por temor a ser destruido -espetó Harry.
-¿Una profecía? -preguntó Slytherin descifrando entre lineas las palabras de Harry.
Calmando su temperamento Harry asintió con la cabeza.
-¿Qué relataba la profecía?
Sabiendo que los únicos capaces de acceder a la Cámara eran él y Voldemort, y este último se encontraba escondido en su forma de bebé Harry le reveló la profecía.
-El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes...
-Totalmente imprecisa -dijo finalmente Slytherin tras unos segundos analizando las palabras- más de una persona debe de haberle desafiado más de tres veces y el calendario puede no referirse al gregoriano. Pero tenia razón al marcarte como su igual, al fin y el cabo ambos venís de mi linea sanguínea.
-Hay algo más -prosiguió Harry, vacilando un poco ante lo que iba a relatarle- parte de la profecía se ha completado.
-¿A qué te refieres?
-Yo... he muerto -respondió finalmente Harry.
La actitud de Slytherin cambió rápidamente ante sus palabras, su porte se tensó y su mirada se clavó en los ojos de Harry, esmeraldas contra esmeraldas, analizando la veracidad de sus palabras.
-Así que eres tú... -siseó midiendo sus palabras- eres el legado de los Peverell -hizo una pequeña pausa-. Hace cientos de años la familia Peverell estaba formada por tres hermanos, Antioch, Cadmus e Ignotus, todos ellos poderosos magos, tan poderosos que llamaron la atención de una entidad primigenia, el fin de todas las cosas, la Muerte -el tono de Salazar Slytherin era cauteloso al hablar del destino final de los seres vivos- la Muerte, cautelosa del poder que los tres hermanos albergaban, decidió hacer un trato con ellos, jamás alcanzar el potencial máximo de su magia en su vida, a cambio ella les otorgaría una pequeña parte de su poder -tras una pequeña pausa para que asentara lo que estaba contando, contando, prosiguió- Al mayor de ellos que era un duelista experto le entregó la varita más poderosa jamás creada, el hermano mediano dolido ante la partida repentina de su esposa le otorgó la capacidad de volver a verla, y el pequeño que jamás supo las verdaderas intenciones de la Muerte le otorgó parte de su capa, para posteriormente esconderse.
El relato que Slytherin acababa de contar se asemejaba a la Fábula de los Tres Hermanos que Hermione había encontrado en el libro de los Cuentos de Beedle el Bardo, pero las diferencias en el relato resaltaban a simple vista. En vez de una entidad furiosa por no haber conseguido sus víctimas, la historia de Slytherin retrataba la impresión que Azrael le había dado a Harry cuando la había conocido, astuto y cauto. Harry ya no era aquel joven necio que cargaba hacia el peligro sin pensar en las consecuencias, la guerra cambia a las personas y él con ella, que Azrael le hubiera enviado de vuelta años atrás solamente por poseer las Reliquias no era pura coincidencia, había algo más, estaba seguro. Ahora era el momento de usar toda la astucia que poseía y que el Sombrero Seleccionador había visto en él años atrás, tenia que prepararse para la guerra inminente e intentar ganarla antes incluso de que comenzara.
-Mi familia -prosiguió Slytherin cortando los pensamientos de Harry- desciende del hermano mediano, Cadmus. Godric descendía del hermano pequeño, y hacia años que nadie sabia nada sobre la familia del hermano mayor. Las posesiones que la Muerte le habían entregado a los hermanos se pasaron a conocer cómo las Reliquias de la Muerte, y solo aquellos descendentes de los Peverell eran capaces de maximizar todo su poder. La tradición en mi familia relataba que solo aquel descendientes de los tres hermanos podría soportar todo el poder que ellas conllevaban, el Señor de la Muerte.
-He poseído las tres -interrumpió Harry- antes de morir, llegué a poseer todas las Reliquias, es gracias a ellas que estoy de vuelta.
-La Muerte no dejaría jamás salir ningún alma de su reino sin una buena razón. -refutó Slytherin.
-No, no lo haría -acordó Harry- pero aún no he descubierto el porqué.
-Cuidado joven, la Muerte es la entidad más astuta y absoluta de todas, al fin y al cabo todos acabamos enfrentándonos a ellas, mas tarde o mas temprano.
Mirando el reloj de su muñeca se dio cuenta que había pasado casi una hora en la Cámara y aun le quedaba un rato mas para que acabasen las clases por las tardes. Decidiendo matar el tiempo restante le preguntó al retrato algo que le había estando rondando por la cabeza.
-¿Por qué la estatua de la Cámara no se parece en nada a usted?
-La persona representada en la estatua no soy yo -contestó Slytherin con una pequeña sonrisa- Cadmus Peverell podría haber sido un poderoso mago, pero no el más apuesto.
-¿Por qué entonces tendría la estatua de Cadmus Peverell en su Cámara? -preguntó Harry.
-Por respeto y admiración, por supuesto -contestó Slytherin- no cualquier persona llama la atención de la Muerte y vive para contarlo.
-¿Qué hay en el resto de las habitaciones? -preguntó Harry escaneando la habitación.
-Una sala de práctica de hechizos, un laboratorio, una biblioteca, dormitorios y la habitación de Serafall.
-¿Serafall? -preguntó, volviendo su atención a Salazar.
-El basilisco -respondió- ¿qué ha sido de ella?
-Está muerta -respondió incómodo Harry- Voldemort le ordenó que atacara a los nacidos de muggles en la escuela, y tuve que matarla para detenerla.
La expresión de Slytherin tomó varias formas, rabia, melancolía para finalmente posarse en tristeza.
-Es mejor que así esté -dijo finalmente el retrato- sus ultimas instrucciones eran proteger a la escuela de un peligro mayor al que no se pudiera enfrentar- con un pequeño suspiro prosiguió- Tom, Voldemort como se hace llamar habría torcido sus instrucciones declarando a los nacidos de muggless una amenaza. Sí, es mejor así -finalizó.
-Tengo que irme -dijo Harry, volviendo a mirar a su reloj y dirigiéndose a la salida- volveré a aquí en cuanto pueda.
-Cuídate joven, te estaré esperando -dijo finalmente el retrato mientras que acomodaba la serpiente entre sus hombros.
Hermione Granger era chica de 15 años, 16 el 19 de septiembre, bastante atractiva con el pelo marrón oscuro, una voz mandona e inteligente, terroríficamente inteligente. A la edad de 4 años ya era capaz de leer y a la de 5 escribía con fluidez. Era lo que los examinadores corroboraron una genio, su capacidad de memorizar datos asombraron a los expertos. Pero de pequeña siempre ocurrían cosas extrañas e inexplicables a su alrededor, con 5 años e incapaz de alcanzar un libro del estante superior de la estantería, se encontró con el la mano sin poder explicar como había llegado, a la de edad de 6 al intentar coger una galleta del tarro de la cocina cayó al suelo para romperse en pedazos, asustada ante la posible reprimenda de sus padres el tarro se arregló solo. Era por esas extrañas ocurrencias que, cuando llegó la carta del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería sus padres suspiraron aliviados que las ocurrencias tuvieran una explicación, era una bruja.
Era el sueño de cualquier niño, que niño no sueña ser capaz de hacer magia, hechizos, pociones e incluso volar. Sus sueños se tornaron en pesadillas tras su primera semana de colegio, sus ansias de aprender, de mejorar, de poder hacer lo imaginable, hicieron de ella un objetivo de burla. No era nada nuevo para ella, al fin y al cabo ser mas inteligente que otros niños siempre le había pasado factura, nunca tuvo verdaderos amigos. Hogwarts no fue diferente, mientras que en su antiguo colegio era ridiculizada por su inteligencia, aquí lo era además por su sangre, sangre sucia era el término despectivo que utilizaban para aquellos nacidos de muggles como ella. Pero la gota que colmó el vaso fue el día de Halloween , en clase de Encantamientos estaban practicando el encantamiento levitador, Wingardium Leviosa, cuando intentando ayudar a Ronald Weasley, sus crueles palabras le hicieron romper a llorar. Saltándose la fiesta programada para esa noche en el Gran Comedor, se encontraba llorando en un cubículo del baño de chicas del primer piso cuando lo olió antes que lo vio, un trol. Distintas emociones recorrieron su cuerpo en ese instante, confusión, reconocimiento para finalmente asentarse en miedo, terror. Segura que su fin estaba cerca, rogó, suplicó y lloró a quien fuera que la salvara mientras se escondía debajo de un sifón de un lavabo del baño.
Harry Potter.
Ese era el nombre de su salvador, un pequeño niño flaco y desgarbado, más pequeño de lo habitual para su edad y con un pelo negro indomable y los ojos verdes mas expresivos y preciosos que había visto nunca. Ella lo conocía, como no, el Niño-Que-Vivió, aquel quien había derrotado al mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos, El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, Lord Voldemort. Había leído sobre él en Historia de la Magia Moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes Eventos Mágicos del Siglo XX. Junto a él iba el culpable de sus lágrimas Ronald Weasley, un niño de cabello rojo ardiente, larguirucho y cubierto de pecas. Entre ambos pudieron dejar inconsciente al trol, siendo irónico la forma de hacerlo, levitando el garrote y dejándolo caer encima de su cabeza.
Su mirada se clavó contra la suya, marrón contra esmeralda, y lo único que vio fue preocupación sincera por su bienestar y por primera vez en su vida sintió que podía pertenecer a algún sitio. El concurso de miradas acabó con la llegada de los profesores, pero Hermione se llevó algo con ella que nunca podría reemplazar, su primer y mejor amigo.
La amistad entre ellos fue rápida, y su lealtad mutua fue pronto demostrada, Harry le protegía del abuso y ella le ayudaba en todo lo que pudiera. Pero fue en su segundo curso, cuando se devoción por ella fue demostrada, tras la fatídica reapertura de la Camara de los Secretos. Tras su petrificación a causa de la mirada del basilisco suelto por la escuela, Harry la visitó todos los días en su cama del ala médica y sabiendo su ansía de estudio, escribió tan pulcramente como pudo todos los apuntes de todas las asignaturas, una tarea titánica teniendo en cuenta que requería estar despierto en clases como Historia de la Magia y no responder a las burlas de Snape en Pociones.
Tras su despetrificación a manos de Madam Pomfrey, fue informada de lo que Harry había hecho por ella y lloró de felicidad por primera vez en su vida. No se daría cuenta hasta mucho más tarde, pero se había enamorado de Harry Potter.
Así que cuando fue libre de ir al Gran Comedor y vio que levantaba la cabeza de la mesa no pudo más y corrió hacia él, interceptándole con un fuerte abrazo que expresó toda la gratitud que no podía poner en palabras.
Pero no todo era alegría, su primera prueba a su amistad fue debido a una escoba, una maldita escoba. Harry había recibido una escoba en Navidad la cual no llevaba ni nota ni nombre del remitente, asustada ante la posibilidad de que fuera Sirius Black con su mejor intención fue a decirle a la profesora McGonagall lo ocurrido.
Enfado. Confusión. Traición.
Esas fueron las expresiones que Hermione pudo observar en Harry, y su tratamiento frío hacia ella dolió, mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir. Los siguientes días fueron una repetición de primer año, un infierno que había olvidado. Pero Harry tampoco era él mismo, sus sonrisas eran escasas y no le llegaban a los ojos y su ceño fruncido era más predominante. Pero gracias a Hagrid ambos Harry y Ron se habían disculpado, Harry con verdadero arrepentimiento, y ella lo había abrazado, ambos conscientes que sin el otro no eran verdaderamente felices. Esa debía de haber sido su primera pista que algo había cambiado en ella, al fin y al cabo, ella no era completamente Hermione sin Harry.
Pero donde se dio cuenta que había cambiado fue cuando juntos volaron en Buckbeak, el hipogrifo, para rescatar a su padrino. Al fin y al cabo si tienes fobia a las alturas, no te subes a un animal salvaje e intentas salvar a un criminal no convicto. Tampoco ayudaba que su mejor amigo le había dicho que confiase en él, y ella, tan natural como el sol que sale y se pone cada día lo había hecho, al fin y al cabo era Harry.
Así que un arranque de valentía que el sombrero había visto en ella, al despedirlo para las vacaciones de verano le había dado un beso en la mejilla para posteriormente salir rápidamente para evitar que viera su sonrojo, por lo que no pudo ver el sonrojo de Harry ni la pequeña sonrisa.
La próxima vez que lo vio tenia qué darle crédito, había crecido hasta una altura de 1,75 metros resaltando su diferencia de altura de la suya, 1,67. Pero algo había ocurrido, su actitud hasta el día de la final de la copa de Quidditch fue como el de cualquier aficionado, ansioso y excitado ante el partido más importante del año, pero ese día algo había cambiado, atrás estaba el Harry excitado par dejar paso a un Harry tranquilo, sereno, maduro. También resultaba extraña su actitud con Ron, su repentina animosidad para con el pelirrojo no se le había pasado por alto, pero cuando le había preguntado cuál era el problema, le había abrazado, Harry, a ella. Harry nunca había iniciado un abrazo y ella sabía porqué, los malditos Dursleys le habían hecho incómodo al contacto físico, aunque no totalmente rechazaba el contacto, tampoco era partidario de gestos de afecto. Es por esa razón que se sorprendió cuando en la tienda tras el partido y le enfrentó preguntándole qué ocurría con Ron, le abrazó y le dijo que era su mejor amiga.
Si era sincera consigo misma, tras el abrazo todas las preocupaciones por su relación con Ron salieron de su cabeza, solo para quedar una, cómo de segura y a gusto había estado en sus brazos. Pero mientras se marchaba a su habitación, le quedó la duda ¿qué había ocurrido entre ellos? Así que había ido a Ron a preguntárselo solo para recibir la respuesta que no había ocurrido nada con Harry.
Tras terminar la redacción mandada por la profesora Sprout, acerca de los bubotubérculos, recogió las plumas, el tintero y los pergaminos para dirigirse a la torre de Gryffindor. De camino hacia la torre no pudo de dejar de pensar como habían cambiado sus sentimientos hacia Harry, la aceleración de su corazón cuando le miraba, las pequeñas emociones que sentía cuando reía y lo adorable que se veía cuando fruncía el ceño concentrándose. Parándose en seco ante sus pensamientos, dejó salir una palabra que pocos creerían que había sido dicha por ella.
Mierda.
Sabia que significaban esos pensamientos, no por nada su coeficiente intelectual era extremadamente alto, tenia un flechazo por su mejor amigo. Y por segunda vez en el día volvió a dejar escapar la palabra.
Mierda.
¡Hey! Hola a todos otra vez y gracias por seguir leyendo mi pequeña obra. Intentaré traer más a menudo actualizaciones a esta historia. También quisiera saber si alguno de mis lectores le gustaría hacer de beta-reader para esta historia, suelo revisar unas dos o tres veces cada capitulo antes de subirlo, pero siempre suelen haber errores, así que si alguno de vosotros está interesado que me envíe un mensaje privado. ¡Hasta la próxima!
