CAPITULO SEIS

Ino crispó las manos en las riendas al observar otra vez la espalda de Gaara. Desvió la mirada, forzándose a admirar la belleza del bosque a lo largo del camino. Pinos y cedros enriquecían el aire con su fragancia estimulante. Bajo los árboles, florecían violetas y margaritas. En otras circunstancias, ella estaría disfrutando ese viaje a través da País del Fuego, pero la actitud resentida de Gaara le impedía hacerlo.

Por Dios, el hombre estaba llevando a la locura! Apenas le había dirigido la palabra desde la noche en que se había ofrecido a él en Landview. Su cara ardía al acordarse de que Gaara había huido del cuarto como si huyese de la peste.

Habían partido a la mañana siguiente y, aunque Gaara hubiese sido amable con Deidara y Mei, a ella sólo le había dirigido las palabras necesarias.

Ino estaba convencida de que Mei se había dado cuenta de que algo malo pasaba entre ambos, pues la había mirado con aire pensativo varias veces.

Sin querer, volvió su mirada hacia Gaara. Por qué él dificultaba todo? Cuanto más intentaba conocerlo, mas esquivo él se mostraba. Gaara no se daba cuenta que, por el interés de ambos, sería mejor que se entendiesen? Ella sólo intentaba atravesar las barreras que los separaban.

Siendo sincera consigo misma, admitía que deseaba a su marido. Nada de lo que él hiciese cambiaría ese hecho. Volvió a ruborizarse al recordar su reacción al ser besada. Gaara debía percibir su debilidad , pues, por más que quisiese, ella no lograba esconderla. Cada vez que su marido la tocaba, su cuerpo reaccionaba con deseo.

Sería eso lo que exasperaba a Gaara? Sentiría rechazo por su deseo desinhibido? Confundida, se mordió el labio.

Las mujeres de la corte afirmaban que a los hombres les gustaban que las mujeres mostraran ganas de ir a la cama.

Tal vez Gaara fuese diferente. Por lo menos se comportaba de manera extraña. Esperaría que ella se mostrase insensible al contacto físico? Imposible fingir indiferencia cuando su cuerpo se incendiaba al menor toque de él, reflexionó Ino.

Y qué derecho tenía él a querer tal cosa? Ella misma había sentido la evidencia de su excitación cuando él la había sujetado contra su cuerpo.

Inquieta, Ino se movió en la silla de montar. Necesitaba sacarse tales ideas de la mente. Pensar en ese asunto no la ayudaría en nada.

Por alguna razón, Gaara intentaba negar la atracción que sentía por ella. Admitía eso, pero era muy difícil aceptar el hecho de que no sólo se negaba al amor sino también a la relación sexual.

Enojada consigo misma por permitir que el comportamiento de Gaara la perturbase nuevamente, resolvió buscar compañía.

Disminuyó el paso de Minerva hasta ser alcanzada por el carruaje donde Sakura viajaba. Consciente de que Gaara se enojaba con cualquier atraso, estudió la situación.

Viendo a Sakura apartarse hacia el centro del banco, se resolvió. Inclinada, y con las manos firmes, agarró el borde de madera. El cochero, horrorizado, tuvo intención de parar, pero Ino lo advirtió:

— Continua. A Lord Sabaku No no le gustan las paradas innecesarias. Sé lo que estoy haciendo y no corro peligro.

Con un movimiento ágil, pasó del caballo al carruaje. En seguida, llamó a uno de los hombres que cabalgaba para que tomara las riendas de Minerva y la atara al vehículo.

Acostumbrada a la conducta de Ino, Sakura no se mostró sorprendida o enojada. Sabía que su patrona jamás se expondría a peligros inútiles. Satisfecha, interrumpió la costura que venía haciendo.

— Me cansé de mi propia compañía — dijo Ino sonriendo.

— Y yo estoy contenta con la tuya. Con este traqueteo continuo, no consigo dar dos puntos derechos.

— Para qué esforzarte entonces?

— Para distraerme. No aguanto más viajar. Será que pararemos dentro de poco? — Sakura preguntó mirando en dirección a Gaara y Aoi.

— No tengo idea. Mi marido no me comenta sus planes.

En ese instante, Gaara miró por sobre su hombro y no escondió su enojo y su sorpresa al ver a Ino en el carruaje. Le dijo algo a Aoi, quien venía en dirección al vehículo. Mientras se aproximaba, él dirigía miradas significativas a Sakura.

Ino observó a su compañera. Le notó la cara colorada y la mirada baja. Estaría pasando algo entre esos dos?, se preguntó. Ella no sabía si le gustaba la idea. Sakura estaba con ella hacía varios años y la idea de privarse de su compañía la inquietaba.

Se censuró. No tenía que preocuparse con eso. Si llegase la hora de que Sakura la dejara, ella se despediría cariñosamente. Hasta entonces, observaría el desarrollo de los acontecimientos.

— Lady Ino, su marido manda a decirle que pare el carruaje la próxima vez que quiera viajar en él — dijo Aoi, contrariado.

Ino apretó los labios, pero sonrió.

— Lo sé. No consigo agradar a Lord Sabaku No. Para no entrar en conflicto con él, intenté evitar un atraso en nuestro viaje. Pero, no importa lo que yo haga, el siempre se enoja. Por favor, dígale que haré lo que quiera. Ah, y si quiere darme nuevas instrucciones, que tenga coraje de venir a hablar conmigo.

Para sorpresa de Ino, Aoi rió.

— Ya hice eso, lady Ino. Sólo acepté venir a hablarle ahora porque no soportaba más la compañía de su marido.

La queja de Aoi era señal de que Gaara no se estaba comportando normalmente, pensó Ino. Eso le daba cierto alivio, pues ya comenzaba a imaginar si no se habría casado con un hombre sólo capaz de sentir rabia.

No, se corrigió Ino. El también sentía pasión, aunque no quisiera demostrarlo.

Los defectos de su marido nada tenían que ver con Aoi. No sería correcto involucrarlo en ese conflicto matrimonial.

— Pensándolo mejor, prefiero hablar yo misma con Gaara. No encuentro correcto mandar mensajes a través de otra persona.

Aoi se rió otra vez.

— En ese caso, lady Ino, puedo cabalgar por algún tiempo aquí junto do carruaje?

Su compañía es más agradable que la de cierto barón.

— Claro — respondió Ino.

Mientras hablaba, ella notó la mirada de admiración de Aoi al perfil de Sakura. Esta, a su vez, se ruborizó hasta la raíz de los cabellos. Al levantar un poco os ojos, dejó ver la inseguridad y la ansiedad que la dominaban.

Ino quedó pensativa. Podía ver que su compañera retribuía el interés de Aoi. Esperaba que este no se atreviese a tratar Sakura livianamente. Aunque fuese más joven, Ino se sentía responsable por la criada. Si Aoi pretendía seducirla, debía ser con intención de casamiento. A pesar de que todo no pasaba de ser una sospecha suya, lo mejor era mantener los ojos abiertos.

Sería interesante observarlos. Aoi era un hombre atractivo, con cabellos rubios y ojos azules, además de su porte imponente. Pero esas cualidades no bastaban. Era preciso que también mostrase ser bueno, amoroso y honrado .se dio cuenta que su obligación era descubrir si él era, o no, el marido ideal para Sakura.

Por ser allegado a Aoi, Gaara era la persona indicada para darle informaciones a ese respecto. Iría a buscarlo, pero no le diría por qué indagaba sobre el vasallo. A causa de su pésima opinión sobre las mujeres, su marido, sin duda, intentaría interferir en el romance incipiente, creyendo estar protegiendo a Aoi. Tendría que ser cuidadosa para no despertar las sospechas de Gaara.

La oportunidad de Ino de hablar con su marido surgió algunas horas después, a la tarde, cuando pararon para acampar.

Ella y Sakura se preparaban para asar varias liebres cazadas por Gaara. Aoi y los otros hombres se ocupaban de encender la hoguera y armar las barracas. Mientras tanto, Gaara alimentaba y daba agua a los animales.

El sólo se aproximó a la hoguera cuando la comida estuvo lista. Como siempre, se sirvió y se apartó del grupo, yendo a sentarse en un tronco de un árbol a cierta distancia.

Cuando Aoi comenzó a conversar con una sonriente Sakura, Ino fue a sentarse al lado de su marido.

Distraído con sus propios pensamientos, él no la vio se aproximarse y sólo notó su presencia cuando ella se acomodó en el tronco. No consiguió disimular el susto y, por algún tiempo, se mantuvo en silencio.

Por un instante, Ino quedó confundida. Qué había hecho para asustar al indomable Gaara? Pero era muy bueno verlo inquieto, pues él se esforzaba al máximo por fingir indiferencia.

Sintiéndose confiada, Ino continuó saboreando la deliciosa carne. Sakura la había saborizado con cebollas y hierbas silvestres.

Finalmente, Gaara habló, esforzándose por parecer natural:

— Ino, puedo serte útil en algo?

Ella giró y sonrió.

— Tienes algún favor específico en mente?

— No, no tengo.

— Yo me refiero a tu presencia a mi lado. Debes querer algo de mí. Prefiero que lo digas pronto.

Unas ganas incontrolables de provocarlo la dominaron. Se Irritaba con el hecho de que Gaara quisiera librarse de ella rápidamente. Finalmente, era su marido y la ignoraba todo el tiempo. Llegaba al punto de mandar a su vasallo a hablarle cuando se enojaba con su comportamiento.

Notando su agitación creciente, resolvió decir pronto lo que tenía en mente y apartarse.

— Marido —comenzó y lo vio hacer una mueca, Ino tuvo que reprimir el comentario que le vino a la mente. Gaara lo quisiera o no debía aceptarlo: ellos eran marido y mujer. No permitiría que él la exasperase. Decidida, volvió a comenzar:

— Marido, soy consciente de que te preocupas por mi seguridad.

Por un instante, él se mostró perplejo, pero, después, se recompuso.

— Tienes razón. No quiero que te pases del caballo al carruaje en movimiento. Pídele al cochero que pare y que te ayude.

Los ojos color agua marina la miraban con la expresión de censura de un padre indignado con el comportamiento de su hija. Pero lo que más la irritaba era el hecho que continuase hallándolo atractivo. Contra su voluntad, admiraba sus facciones y sentía ganas de acariciarlo. Su piel sería suave o áspera en la palma de su mano? Qué haría si él la tomase entre sus brazos en un acceso de pasión?

Lo disfrutaría, claro. Pero ahí estaba el problema para el cual no tenía solución. Gaara había probado estar decidido a resistir la atracción que sentía por ella.

Apartó esa idea de su mente y se concentró en lo que tenía que decir. Precisaba mostrarle a Gaara que quería ser tratada con respeto. Lo miró directo a los ojos y, sonriendo, habló en tono calmo:

— Mi querido marido, te aseguro que aprecio tu preocupación por mí, aún mas por ser esta la primera vez en que la demuestras. En otras circunstancias, yo me sentiría agradecida por tus cuidados. Sin embargo, en este asunto de cabalgar, harías bien en entender mi caso. Mi padre me puso en una silla de montar cuando yo sólo tenía dos años. Desde entonces, nunca dejé de andar a caballo. No es por presunción que afirmo ganarle carreras a muchos hombres, inclusive a mis hermanos, eximios jinetes. Pero más allá de todo, creo que, después de arriesgar tu caballo al saltar el río, tú no tienes autoridad para darme lecciones sobre el tema seguridad.

Mientras hablaba, la expresión de Gaara se volvió sombría. Con un gesto brusco, se levantó y se puso de pie delante de ella.

— Naturalmente, Ino, a vos no te gusta correr riesgos. Fue así como me forzaste a ir a la cena en ausencia de Naruto para que él nos atrapase juntos. Por qué ibas a cambiar tu modo de actuar?

Resentida, Ino no contuvo una exclamación. Se levantó y lo enfrentó.

— Ya discutimos ese punto, Gaara, y yo te dije que no te había preparado una trampa. Mi palabra debería ser suficiente. Además yo no te aceptaría ni como premio de una apuesta.

Una carcajada se hizo oír. Ino giró y vio que el resto del grupo los observaba con una curiosidad desinhibida. Había sido Aoi quien había reído.

Irritado, Gaara gritó:

— Ustedes no tienen nada que hacer? Puedo buscarles algo para que estén ocupados.

Mientras todos desviaban la mirada, Gaara tomó el brazo de Ino y la llevó entre los árboles.

— Creo en ti, Ino. Tú dejaste bien clara tu insatisfacción respecto a nuestra unión. Pero dudo que seas capaz de decidir lo que es mejor para ti misma.

En una actitud de desafío, ella puso las manos en las caderas.

— Tú no me conoces. Lo que pasó entre nosotros no indica como es mi carácter o mi habilidad para juzgar.

— Por eso, debo guiarme por lo que veo con mis propios ojos — respondió él con tono de desdén.

Ino comenzaba a enojarse, pero por nada de este mundo lo demostraría. Tuvo que luchar contra sus lágrimas.

Ajeno a su tentativa de mantenerse calma, él prosiguió, rabioso:

— Ustedes las mujeres no piensan en nada más allá de la satisfacción de su propia voluntad. Mi madre era como tú. Llevó a mi padre a la ruina manipulándolo como un muñeco. Bastaba con una caída de ojos y un balanceo de caderas para que él fuera corriendo a ella como un garañón. Aún cuando ella quedó embarazada de otro hombre, de quien se negó a revelar el nombre, y dio a luz a Aoi mientras mi padre estaba de viaje, él no tuvo el coraje de dejarla. Y mi madre se mostró agradecida por su bondad? De ningún modo. Ella nunca le perdonó su debilidad, sólo la usó para satisfacer sus caprichos.

Ino estaba perpleja. La información era mucha. Entonces Gaara y Aoi eran hermanos? Necesitaba reflexionar primero sobre las revelaciones acerca de la madre de su marido. Finalmente, entendía la extraña actitud de Gaara en relación a las mujeres. Extendió la mano para tocarlo, pero él se apartó.

— No necesito tus gestos de simpatía.

— Gaara, por favor, sólo quiero comprenderte. No tenía idea...

— Si yo tuviese un gramo de sentido común no te habría contado todo esto. No sé como consigues provocarme de esta forma. Pero no permitiré que continúes controlándome. Salí de una situación como esta años atrás cuando mi madre murió. Pero ni ella me provocaba como tú. No voy a someterme a eso sólo porque una joven malcriada no evalúa las consecuencias de sus palabras y de sus actos.

Con mirada furioso la encaró.

— De aquí en adelante, reflexionarás acerca como tu comportamiento puede afectar a otras personas. No es un pedido, es una orden.

Gaara se pasaba de la cuenta, pensó Ino.

— Cómo te atreves a tanto? Eres insoportable! No acataré tus ordenes!

Con las fosas nasales temblando y luchando por recuperar el control, él continuó mirándola.

Aunque dominada por la rabia, Ino vio la necesidad de calmarse. Precisaba pensar en algo más importante además del hecho de que Gaara le daba una orden que no podría cumplir. Y él lo sabía.

Lo que más la perturbaba era el hecho de que él le hubiera revelado algo sobre sí mismo. Su marido debía temer que ella usase la historia de su pasado contra él.

Ino respiró profundamente varias veces. Tenía de actuar con cautela para asegurarse una cierta civilidad entre ambos en el futuro. Gaara necesitaba comprender que ella no traicionaría su confianza en beneficio propio. Volvió a extenderle la mano para tocarlo, pero él la rechazó.

— Gaara, lo que acabas de contarme...

— No des mucha importancia a lo que dije. Eso ya no significa nada para mí — dijo él interrumpiéndola.

Se volvía claro que Gaara no quería que ella continuase hablando sobre el asunto e intentara ganarse su confianza.

Ino podía ver la amargura en los ojos color agua marina, y su corazón se condolió. Se acordó de cuando lo había visto por primera vez, comparándolo con un lobo.

Se volvió consciente de las sombras del bosque y de los ruidos de los animales que buscaban abrigo durante la noche. En el aire había un toque de inquietud, la misma que ella sentía en Gaara. Con los cabellos despeinados por la brisa y la mirada distante, la imagen se volvió más vívida. Gaara era un animal solitario que recorría el bosque en busca de sustento, descanso y, tal vez, la calidez ofrecida por otra criatura.

Sería posible fuese ella esa criatura?

Ino apartó la idea y se sintió triste.

Como si no tuviese control sobre su lengua y sabiendo que podría provocar una nueva oleada de rabia en Gaara, habló:

— No sé qué decir. Te Conozco tan poco. No puedo imaginar cómo deben haber sido tu infancia y tu juventud. Pero las venciste. Me conmueve ver el amor con que tratas a Aoi, teniendo en cuenta las circunstancias del nacimiento de él.

Gaara no escondió su sorpresa porque Ino se refiriese a ese punto. Levantó la cabeza y se pasó la mano por los cabellos.

— No puedo culpar a mi hermano por los pecados de nuestra madre. Aoi tiene tanta responsabilidad por su nacimiento como cualquier otra criatura.

— Aún así, me siento honrada de llamarte marido. No son muchos los hombres capaces de aceptar tal hecho con bondad.

Pensativo y confundido, él la miró por un largo tiempo. Sabiendo que pisaba terreno peligroso, Ino prosiguió, pues hacia mucho que pensaba en la hija de Gaara de quien se había convertido en la madre al casarse con él.

— Te debes pensar de la misma forma en relación a tu hija. De otro modo, por qué te tomarías el trabajo de reconocerla?

Aún mientras hablaba, la expresión de Gaara se volvió distante y desconfiada.

Frustrada, Ino tuvo ganas de golpear el pie en el suelo otra vez. Pero no ganaría nada con eso. Tal vez Gaara no quisiese que ella hablase de su hija.

— Lo que tú piensas de mí, bueno o malo, no tiene importancia — declaró él en tono seco.

— Por qué debe ser así? Necesitamos conocernos para encarar nuestro matrimonio de manera correcta.

Gaara crispó las manos y se rehusó a mirarla.

— No lo necesitamos — afirmó para luego darse vuelta y desaparecer en el bosque.

Al verlo sumirse entre los árboles, Ino no se controló ni golpeó el pie en el suelo . No era igual a la madre de él y jamás intentaría dominar a un hombre para conseguir sus propios objetivos en la vida. Eso le repugnaba.

Si Gaara lo entendiese así, podrían establecer una vida conyugal medianamente normal. Lo quisiera o no, estaban casados y necesitaban aceptar el hecho. Aún una unión sin amor podía gozar de tranquilidad y hasta de amistad.

Ino no esperaba amor, sino sólo que Gaara la viese como una persona diferente de su madre. Sabiendo cual era la raíz del problema, se sintió más determinada a luchar por una situación amigable. El antagonismo que los dominaba era insoportable.

Gaara no miró hacia atrás mientras se metía en el bosque. Precisaba mantener distancia de esa bruja que lo llamaba marido.

Qué estaría pasándole? Perdía el sentido común cada vez que miraba esos ojos azules. Ella poseía el poder de hacerlo decir cosas jamás mencionadas a nadie. Conseguía traspasar las barreras que él mantenía entre si y las demás personas.

Ni el mismo Aoi sabía cuán grande había sido la naturaleza dominante de la madre de ambos. Por qué Ino aparecía y le desordenaba su vida tan bien organizada? El se enorgullecía de lo que había logrado. Su padre le había llevado las propiedades a la ruina para satisfacer los caprichos de su madre, sin embargo él las había administrado con eficiencia, recuperándolas. Y lo había hecho siendo un amo justo, que no explotaba a sus arrendatarios.

Más allá de todo, era hábil en las artes marciales y confiaba en su propia habilidad para defender lo que era suyo.

En Cuanto a las mujeres, Gaara no las odiaba, sólo tenía consciencia de la verdad. A aquellas que uno llevaba a la cama se mostraban mas enamoradas después de recibir un regalo o una moneda de plata. Aunque se esforzase por proporcionarles placer, jamás se había ligado a nadie que pudiera hacerle perder su autonomía. Ni alguien tan bella y excitante como Ino lo llevaría a perder su libertad.

Por un momento de locura, se había preguntado si ella no sería diferente. Ino no lo había considerado débil por sentir afecto por su hermano bastardo.

Pero en seguida, sin embargo, ella le había preguntado por Yuki. El interés demostrado por la criatura sólo podía ser una actuación. Ninguna dama de la nobleza sentía simpatía por los hijos ilegítimos de su marido.

Ino sólo intentaba dominarlo con palabras cordiales. Si conquistase su amor, lo usaría para obtener lo que deseaba. Si no era por eso, por qué otro motivo ella quería conocerlo mejor?

Ino era igual a las otras, interesada sólo en su propio bienestar. Bella e inteligente, precisaba ser enfrentada con determinación, no importaba cuan difícil eso fuese.