Una vez más con otro capítulo y como siempre antes que nada quiero agradecer con todo mi corazón los reviews, los favs y el simple hecho de que sigan leyendo esto, de verdad un millón de gracias por darle espacio a sus vidas para leer estos breves relatos.

Este en especial creo que fue uno de los más difíciles de escribir tanto en lo narrativo como en lo que respecta al tema que trata así que espero lo disfruten y les robe algunas lágrimas. Gracias.

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THEORY OF TRAGEDY

Italia Romano

Estar ahí era prácticamente estar seguro de todo. Un lugar lleno de paz en donde el amor fluía por todo su cuerpo. Claro, el amor de una madre que espera con ansias y emoción la llegada de un bebé, en este caso dos.

Uno de los bebés podía sentir este cúmulo de emociones fluir por todo su casi formado cuerpecito. Su futuro padre y madre ya le habían dado nombre a él y al otro al que se referían como su hermano. Se llamaba Lovino y se sentía muy bien cuando escuchaba el eco de la melodiosa y suave voz de su madre al llamarlo… Lovino, y tras ello llamaba a su hermano, a Feliciano y les recordaban cuan emocionados esperaban verlos por fin.

Los últimos días de gestación pasaban en una completa calma, todo el tiempo escuchaba a mamá contándole todo tipo de cosas acerca de cómo era el exterior, papá también les hablaba muy cerca de la gran barriga de mamá y Lovino todavía no consciente de lo que significaba todo lo que le contaban solo atinaba a sentirse emocionado.

Flotando en medio de esa nada, conectado a su madre y sabiendo que había un hermano con el que la compartía, también sentía deseos de salir de ahí y ver la cara de la mujer que le hablaba llena de ternura, como sería tocar su piel, ya que hasta ese momento Lovino solo conocía el tacto de su propio cuerpo, quería saber cómo era el de esa mujer.

Nunca sabía lo que Feliciano, el otro a su lado, sentía o pensaba pero si estaban unidos a la misma persona podría ser que también se sintiera ansioso por ver todas esas cosas que sus padres les describían. Sería emocionante, Lovino pensaba que cuando estuviera fuera también tomaría la tarea de proteger a mamá y a ese otro niño así como ella los protegía a ellos… si, eso haría.

En las semanas previas al nacimiento Lovino percibía que su madre no se encontraba bien… no era como si ella se los dijera… sencillamente lo sabía. Hablaba menos, dormía mas, su cuerpo no estaba estable, su papá les decía constantemente que todo estaría bien como si quisiera convencerlos de algo de lo que ellos ni siquiera tenían consciencia.

Últimamente su padre parecía decírselos con mas vehemencia, ahora sonaba como si él mismo pretendiera convencerse de que todo estaría bien y Lovino todavía con sus ojos cerrados, flotando ahí podía sentir esa misma ansiedad contagiándosele, ahora él tampoco se sentía bien, esperaba que Feliciano se mantuviera tranquilo… Feliciano siempre lo estaba, no como Lovino que se la pasaba pataleando, tal vez demasiado emocionado, esta vez demasiado nervioso.

Algo raro estaba sucediendo en esas ultimas horas, el cuerpo de mamá estaba reaccionando de una manera muy extraña; todo dentro de ella parecía estar incomodo, tratando a ambos bebés como si ellos fuera una especie de virus que debía ser eliminado.

Feliciano seguía tranquilo, pero para Lovino empezaba a ser doloroso no solo físicamente, también emocionalmente ya que escuchaba desde fuera llorar a su madre y a su padre pidiéndole que aguantara.

No era el momento aun de salir pero el cuerpo de su madre ordenaba lo contrario… una especie de presión se cernía sobre Lovino y comenzó a patalear como cada vez que estaba incomodo, esta vez para intentar aliviar el dolor. No sabía lo que era el respirar aun, pero sentía una especie de asfixia, abría su boquita e intentaba estirar sus manos pero estas ni siquiera lograban alcanzar a Feliciano que seguía a su lado.

No… ¡Tenía miedo! Comenzaba a sentir un sentimiento extraño que jamás en todos esos meses desde que comenzó a razonar no había sentido. Estaba aterrorizado y seguía sintiendo esa presión todavía más fuerte. Conectado a su madre podía percibir el acelerado ritmo del corazón de ella, también ella sufría y por ende él se sentía ahogar. No…

Mamá no lo estaba protegiendo ¿Por qué no lo hacía? ¿Acaso mamá también se encontraba tan mal?

Ya no podía más, tenía tanto miedo, quería que alguno de sus dos padres le hablara pero no los escuchaba… que horror… cuanto pánico, cuanto dolor. Un dolor que pasaba a convertir esa burbuja de calidez y amor a un huevo obscuro y frío… abandonado… ya no escuchaba nada, ya no percibía otra cosa y entonces todo se convertía en una sobrecogedora desesperación que iba menguado hasta convertirse en sopor… en pura desolación.

¿Acaso mamá lo había abandonado… había preferido tan solo a Feliciano? Pero… pero él quería conocerla, quería protegerla…

¿Por qué él no pudo salir vivo de ahí?

La señora Vargas fue llevada al quirófano para una cesárea de emergencia. Su presión arterial se había disparado y estaba sufriendo de una peligrosa preclampsia, había que sacar a los bebés antes de que ella muriera o los dos niños lo hicieran antes de nacer.

La señora Vargas sudaba a mares, su corazón estaba tan acelerado que hacía doler su pecho y veía puntitos de luz, amenazaba con perder el conocimiento en cualquier momento. Su marido, el señor Vargas le tomaba con fuerza la mano y le rogaba que se quedara ahí con él, necesitaba que aguantara, quería que la madre de sus hijos se quedara para verlos crecer.

El doctor procedió a hacer la incisión mientras las enfermeras informaban la condición de su presión, el cirujano actuaba tan rápido como sus manos le permitían y abría el vientre de la madre que apretaba débilmente la mano de su marido haciendo que este le prometiera que todo saldría bien, como le había dicho a los niños.

El señor Vargas soltó un suspiro aliviado cuando escuchó el primer llanto, un par de lágrimas se le escaparon sin querer al primer grito del niño al salir del resguardo de su madre, era pequeñito, como un muñeco... sin embargo… no hubo un segundo llanto.

Solo Feliciano lloraba haciendo uso de sus nuevos pulmones pero era un llanto tan alto y agudo que no parecía estar llorando por sentir todas esas nuevas sensaciones en su piel… parecía estar llamando a alguien, alguien que se quedó a la mitad del camino.

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-Veneciano Veneciano Veneciano ¡Todos quieren a Veneciano! Pues que se pudran, no me importa- maldecía el pequeño Italia del Sur mientras iba por los jardines de España pateando las piedras enfadado por toda la atención recibida por parte del menor, incluso el bastardo español se desvivía en mimos para su mellizo.

Romano fue hasta las orillas de un riachuelo y se acuclilló frente a este con un unas lagrimitas queriendo escapársele de los ojos, se froto estos con tanta fuerza que se lastimó y se los dejó irritados.

-No me importa, Vene ni siquiera es tan bueno como todos dicen, es tonto y todavía no sabe dormir solo- seguía insultando la parte Sur y de nuevo sus ojos lagrimeaba así que otra vez se los frotaba con fuerza pero esto solo pareció alentar a las lágrimas a salir.

-¿Por qué no se dan cuenta de que yo también soy Italia? También estoy vivo…- se dijo mirando su reflejo en las aguas del riachuelo cerciorándose de que efectivamente estaba ahí y estaba vivo… pero siempre a la sombra de su hermano.