REENCUENTRO DIFICIL
Durante el sueño de ambos, los elfos, interpretando literalmente las palabras de Draco volvieron a traer a Harry y le acostaron en la habitación que había ocupado, junto con sus cosas. Arroparon a su amo dormido y agrandaron el diván para hacerlo mas confortable.
Harry dormía profundamente, sumido en el hechizo que los elfos le habían aplicado para no despertarlo. Y Draco, después de despertar en el salón, y recibir la inquietante noticia de que su invitado estaba durmiendo en su propia habitación, según sus ordenes, subió las escaleras de dos en dos.
Varita en mano, releyó sus propias notas, y pese a sus reticencias, guardó la varita en el bolsillo. Los elfos le aseguraron que el desconocido dormía y el joven entro en su habitación. Un cuerpo masculino y musculoso aunque algo delgado y pálido, desnudo a excepción de un bóxer, ocupaba su cama, enroscado sobre un costado, dejándole ver una espalda con varias cicatrices alargadas, antiguas, y un largo pelo negro, brillante y ondulado. La respiración rítmica y profunda hablaba de un sueño profundo y Draco se relajó un tanto.
Inicialmente, no reconoció al hombre, y se acercó lentamente. Sus botas, resonaron amortiguadas por el suelo de madera, pero el desconocido reaccionó inmediatamente. Saltó de la cama, con una agilidad increíble y aterrizó detrás del cabecero, y se ocultó de su vista.
Sobresaltado por el inesperado ruido de pasos, el Griffindor había saltado con la bolsa que contenía su capa, y que estrechaba contra su pecho en su sueño. Se puso la capa y esperó, inseguro de lo que sucedía. Volvía a estar en Malfoy Manor, pero se había quedado dormido en la cueva de los hipogrifos. Olfateo cuidadosamente el aire y percibió el tenue aroma de Rowards y de Shacklebolt, habían estado allí y la cólera bulló en su sangre. Pero en ese momento la única persona presente en la habitación era Draco.
Su corazón latía apresuradamente y aunque el rubio no estaba asustado, si estaba muy nervioso. El Griffindor recordaba su carta letra a letra y salio lentamente de detrás de la cama cubierto por su capa, mientras el joven avanzaba unos pasos e intentaba ver donde estaba. Frunció el ceño al no encontrarle y se giró hacia la puerta de la habitación, que permanecía cerrada, sacando ahora la varita, mas y mas receloso.
Harry esperó a que Draco retrocediera, lentamente sin dejar de mirar hacia todos lados, y salio silencioso de su rincón. Sacó la varita y el frasco de memorias y tomo cada objeto en una mano, pero de modo que la varita estaba sujeta en la palma su mano izquierda, vuelta hacia arriba de un modo no adecuado para usarla y con la punta hacia su propio cuerpo, ofreciéndola, y su mano derecha sujetaba el ornado frasco de modo que fuera visible el sello de la familia. Sacudió la melena e inclinó la cabeza, dejando que el pelo le cubriese la cara y dejó resbalar la capa.
Al ver aparecer algo repentinamente frente a el, Draco apuntó su varita y retrocedió, y a medida que el fluido tejido caía al suelo el desconocido se reveló a si mismo. Los brazos tenían algunas marcas y en sus manos un frasco muy familiar y una varita, aunque no la esgrimía contra él. El rostro no era visible y Draco estaba a punto de saltar cuando, lentamente, con deliberación, el hombre hincó una rodilla delante de él, ofreciéndole ambos objetos sin levantar la vista del suelo.
El rubio tomo la varita y el frasco, y el moreno se levantó, y durante unos segundos, la magia vibro en torno a el. Con parsimonia, alzó la cabeza y su mano apartó el cabello de su rostro, revelando sus verdes ojos y su cicatriz en forma de rayó.
Draco retrocedió un par de pasos, sin dejar de apuntarle, el corazón acelerado. Había reconocido a su misterioso invitado, y sus gestos le desconcertaron. Su propia nota le prevenía para lo impensable, pero…
"¡Joder, se supone que estas muerto Potter!"
Sostuvo las dos varitas, mientras el Griffindor al parecer, buscaba algo en su capa, ignorándole. Se acercó a él, y le tendió dos cartas, mientras guardaba la capa en una bolsa de terciopelo rojo.
Siéntate.
La voz sonó fría y distante, pero el moreno obedeció y se sentó en el borde de la cama, observándole con sus profundos ojos verdes. Draco se sentó en el diván, y leyó las cartas atentamente. Hizo un par de comprobaciones, las cartas eran indudablemente suyas, firmadas incluso con sangre, de manera que se convertían en un contrato mágico. No era lo que él esperaba, eran afectuosas, pero al menos explicaban el porqué de los anillos, ya que había notado el centelleo en la mano del moreno.
Sin embargó, ¿Era este realmente Potter? ¿O era todo una elaborada trama para algún fin oscuro?. Lanzó un Incarcerus contra el moreno y las sogas mágicas le ataron fuertemente las manos. Un brillo de dolor asomó a la mirada de esmeralda del Griffindor, pero este no se resistió. Solo hundió los hombros y volvió a mirarle. Durante largo rato, Draco volvió a releer todas las cartas. Pero desconfiaba, y la desconfianza le había salvado anteriormente, así que se acercó al Griffindor. Le examinó más de cerca y tocó su cicatriz levemente, cuando sintió una incomodidad en la mano. El anillo de la deuda de vida picaba en su piel, y desistió.
Hizo una serie de comprobaciones y vio que efectivamente el joven tenia sobre el un hechizo de restricción de magia, aunque la poción que le estaban suministrando los elfos lo había contrarestado en gran parte. Sin embargó, podía ser que fuese alguien impersonando al Griffindor y ejecutó nuevos hechizos, destinados a eliminar cualquier glamour, transformación o disfraz, sin resultado. Por último, con un Serpensortia le lanzó una serpiente, y con un par de siseos, esta se detuvo y se deslizó hasta enroscarse en el brazo del moreno y silbó amenazadora en su dirección. La incredulidad se pintó en su rostro y su voz.
-¿Potter? ¿Realmente eres tú?
Asintiendo, el moreno respondió simplemente con un si y sus ataduras se deshicieron solas.
El Slytherin dudó. Su vida era cómoda. Es cierto que había perdido muchas memorias de su vida, sabía que había lagunas en los últimos años, huecos difíciles de explicar, pero si las ignoraba y seguía adelante,… Su mano volvió a molestarle y paseó, nervioso, delante del moreno.
Harry casi vio el hilo de los pensamientos del Slytherin, y le entendió. Probablemente, sin sus recuerdos, sopesaba la posibilidad de retomar una vida normal, y después de todo, estando libre, Harry podía esconderse en cualquier lugar del mundo, solo con algo más de ayuda por parte de Draco y saldría de su vida para siempre. Apretó los puños y la boca y con una voz más firme de los que en realidad sentía proclamó:
Draco, escucha. Solo necesito que arregles las cosas para tener algo de dinero y…una varita.
La mano comenzó a dolerle, y con una pequeña queja se frotó el anillo que parecía arderle, arruinando su determinación por un momento.
Me marchare y no volverás a saber de mi nunca más, te lo prometo.
El rubio parecía tener el mismo o similar problema, y sus ojos grises brillaron con preocupación, mirando al Griffindor.
Saldré del país, y podrás seguir con tu vida Dra… Malfoy.
El dolor aumentó y el Slytherin supo por qué. Una deuda de vida era casi como un juramento inquebrantable de ayuda mutua entre dos magos, ambos estaban intentando romperlo y las consecuencias podían ser muy graves. Enfurecido, se revolvió contra el Griffindor y le gritó.
Basta ya! El día que aceptamos esta deuda - y agitó el anillo ante él- unimos nuestras vidas para siempre, Potter. ¡Y ni siquiera recuerdo haberlo hecho! Solo que tú, no tienes ni idea de lo que representan, verdad?
Los ojos grises destellaban furia y rabia, y el moreno recordó al Draco de Hogwarts, como toda buena serpiente, atacando cuando se sentía acorralado. Pero no dejó que eso calase en él y calmadamente, recordando que pese a todo Draco había pasado tres años peleando de alguna manera por él. Y replicó con calma y dejando traslucir agradecimiento lentamente en su voz, insinuando una sonrisa, un poco mas en cada frase.
Tienes razón Draco. Y pese a mi ignorancia en ese momento, accedí a ello, no? Ahora he aprendido que es una antigua costumbre, muy poco habitual, propia de los purasangres y se que nos ata de por vida. Lamento que todo esto haya alterado tu vida, Draco, pero te aseguro que la mía tampoco ha sido un lecho de rosas. Se que has dedicado mucho tiempo a buscarme cuando todos me daban por muerto, y gracias a tu valor, tu persistencia e inteligencia, estoy libre ahora. Muchas gracias Draco.
Se puso en pie y le tendió la mano, sonriendo ahora abiertamente, y Draco la estrechó sin dudar, en un súbito impulso. La magia volvió a saltar entre ambos y los anillos vibraron por un momento, y las chispas brotaron de su conexión, pero ninguno aflojo el apretón. La corriente de magia se estabilizó y fluyo de uno al otro durante unos minutos, en una inesperada reacción en cadena.
Harry comenzó a ahogarse, y sus ojos verdes se dilataron con desconcierto, pero no pudo soltarse de Draco, la magia fluyendo salvajemente ahora por sus venas. El rubio jadeaba, y sus rodillas flaquearon. El Griffindor le sostuvo contra su hombro, y entre los dos se las arreglaron para sentarse en la cama. Un nudo en su pecho parecía a punto de hacerle estallar el corazón, y luchando contra él, el dolor se extendió hasta cada fibra de su ser, mientras Draco se debilitaba cada vez más y parecía a punto de desmayarse.
Entonces, con una súbita revelación, dejo de luchar, se entregó a la sensación que le llamaba y la magia borró el dolor. El rubio parecía menos mareado, y con un tirón final sus magias se unieron en una sola y con un poderoso estallido rompieron los hechizos que había estado restringiendo el poder de ambos.
La habitación entera se llenó de chispas y luces de todos los colores, y Draco se sintió sobrepasado.
"¿Cuánto poder albergaba el Griffindor?"
Podía sentir su magia, ahora liberada, todavía unida a la suya, fluyendo en torno a ellos, y ni siquiera en presencia de Voldemort había sentido tal poder.
"Abrumador es la palabra"
Sin aliento, vio como las chispas ígneas revoloteaban en torno a ellos, en lentos remolinos, hasta desaparecer, pero el aura del moreno era tan intensa, que hasta un muggle habría percibido su poder. Lentamente, sus magias retornaron a la normalidad y aunque sintió que su propia magia había cambiado sutilmente, y se sentía mareado, saturado de poder, eso era de esperar. Vio como, obediente, la magia Harry se ocultaba, revelando hasta que punto estaba bajo su control ahora.
Sonriente y apenas algo sonrojado, le ayudo a levantarse, mirándole con reverencia en los verdes ojos, mientras Draco evaluaba de nuevo la situación. Evidentemente, el indefenso en la habitación era él, no había manera en que él pudiera competir con semejante poder. Solo el hechizo de restricción había mantenido a Harry en Azkaban y evidentemente, cuando lo colocaron sobre él, no debía estar en plenitud de sus facultades o tal vez, confiaba en quien lo hizo.
Lo siguiente fue que a través de la ventana entraron de repente cinco pequeñas serpientes que aterrizaron en su cama y silbaron amenazadoramente, antes de enzarzarse en una platica interminable de silbidos y ruidos raspantes, mientras trepaban por los brazos desnudos del moreno hasta sus hombros. Harry le presentó a sus amigas, y lo que asombró al Slytherin fue que las había convocado sin varita. Obviando a las serpientes, preguntó fascinado:
¿Sabes lo que has hecho?
Oh, lo siento, dijiste que no hiciera magia. Lo olvide por completo.
Su cara era tímida y casi avergonzada de si mismo, y sus ojos verdes suplicaron su perdón. De repente se preocupó y añadió:
¿Causará problemas?
Agitó la mano, mientras miraba al moreno con nuevos ojos.
No, Malfoy Manor no permite que se rastree la magia en su interior. Podrías ejecutar todos los imperdonables que quisieras dentro de estos muros que nadie podría detectarlos. ¿Magia sin varita Harry? ¿Alguien sabe que puedes hacerla?
El moreno rió suavemente y asintió, mirando burlonamente a los ojos grises y replicando entre risas:
Ahora tu, Draco.
Mas serio, añadió mientras dejaba a las serpientes en el suelo que fueron a conocer a la nueva intrusa y se sentaba en el diván.
Mira, justo antes de la muerte de Vodemort, en el curso de la batalla, yo cambié. Para bien o para mal. Y después, mi magia se desarrollo de maneras nuevas e insospechadas. Pero si no me equivoco, tú acabaras desarrollando nuevos poderes también, si lo deseas. – hizo una pausa mientras Draco enarcaba una ceja sorprendido- Te dije que ahora había estudiado el tema y además, tengo otros motivos para pensar eso.
Dime que sabes hacer, Harry.
En la expresión del rubio había una mezcla de asombro y curiosidad, y un brillo de orgullo, tenue, pero bien definido en sus ojos. El moreno le miró intensamente sonriente y de repente, Draco sintió la familiar sensación de otra mente intentando invadir la suya, y levantó instantáneamente sus defensas, pero estas se deshicieron como telas de araña, al contacto del Griffindor y percibió la sensación de otra mente. Sin embargo, Harry no fue más allá, se mantuvo en el borde de su consciencia, presente, pero sin invadir sus pensamientos ni sus recuerdos. Sintiendo una tenue llamada, una parte de él respondió y de repente se vio lanzado a la mente del otro y escucho su voz como un eco.
Mejor que lo veas por ti mismo Draco.
Sumergido en una vertiginosa espiral de sus recuerdos, le vio alzar la mano contra un Avada Kedabra y como la maldición rebotaba aparentemente en su piel, convertida en llamas verdes. Le vio atravesar las más densas barreras mágicas sin pestañear, ardiendo en fuego puro al hacerlo y salir ileso. Le vio caer en su última batalla, herido por una daga y como le atraparon. Le vio en Azkaban, con Shacklebolt.
El frasco de sus propias memorias estaba sobre el escritorio, en la carta hablaba de compartirlas con Potter, supuso que debía haber una muy buena razón para ello, y que dentro estaba su verdadero yo, y rompió el sello de lacre. Murmuró un encantamiento " Dulpo memoriae" y apunto a la sustancia plateada con su varita y esta penetró lentamente por su sien, mientras un fantasmal humo plateado entraba en la sien del Griffindor.
