Personajes: Koushiro y Jou
Concepto inicial: pétalos
Concepto final: manchas
Autora: Ahiru-san
Tulipanes
Cuando Koushiro abrió la puerta y se encontró a Jou sosteniendo un ramo de tulipanes entre sus brazos con expresión fúnebre, infirió qué clase de problema habría tenido. Intercambiaron escasas palabras y, luego, lo hizo pasar al departamento. Mientras lo guiaba, su amigo iba dejando un camino de pétalos blancos a su paso.
Habiendo llegado a la habitación del muchacho, tomaron asiento en la cama.
—¿Qué pasó con Miyako? —le preguntó el pelirrojo, sin rodeos.
A Jou le costó hablar, porque decirlo en voz alta reafirmaba el hecho de que aquello había ocurrido, y una parte de él aún no quería asumirlo.
—Miyako terminó conmigo —reveló.
Koushiro contuvo el aliento. Imaginó que sería algo malo, pero no hasta ese punto. Las miradas de ambos descendieron hacia el ramo que aún sujetaba el joven universitario.
—Quería regalárselo, pero no lo aceptó —dijo.
Izumi colocó sus palmas abiertas ante él.
—Pásamelo —le pidió—, lo dejaré en otra parte.
Jou accedió y le entregó los tulipanes. Estaban envueltos en un papel suave al tacto de color lila, como el cabello de su exnovia. Koushiro los dejó encima de su escritorio.
—Te parecerá extraño que lo haya traído, pero no pude tirarlo —se justificó Kido.
—No hay problema —negó con la cabeza el menor—, seguro que a mi madre le encantarán.
El chico volvió a sentarse sobre el colchón. Permanecieron un rato sin decir nada, lo cual no resultaba un inconveniente en lo absoluto. Los silencios incómodos prácticamente no existían entre ellos dos.
Yaciendo sobre la superficie de madera, el ramo de flores se deshojaba como el corazón de Jou. Lentamente, este giró su cabeza para contemplarlo.
—¿Sabes por qué había elegido tulipanes blancos? Porque simbolizan el perdón. Le pregunté a Sora al respecto —explicó, e hizo una pausa, agachando la cabeza—. Busqué en muchas floristerías y la mayoría o no tenían tulipanes, o sí los tenían, pero en otros colores, hasta que di con una tienda que estaba vendiendo estos. Pensé ¡qué suerte! Los compré y fui a toda prisa a visitarla —respiró con pesadez mientras la angustia ascendía por su garganta—… pero unos tulipanes no iban… a solucionar nada —concluyó con amargura.
Koushiro lo miró con tristeza. De pronto, lo sintió sollozar.
—¡Ah! —se sobresaltó—. Ya… ¡ya vuelvo! —avisó, poniéndose de pie para ir al baño, y después, a la cocina. Cuando regresó a su cuarto, traía consigo un rollo de papel higiénico y un vaso con agua, los cuales ofreció a su destrozado amigo. Jou sacó un pedazo de papel tras otro mientras dejaba que su dolor fluyera.
Al joven genio computacional lo enervaba lidiar con los sentimientos explosivos de otras personas porque la mayor parte de las veces no sabía cómo comportarse. El llanto, la euforia, la ira… eran tan intensos que le resultaban chocantes. Por esta razón permaneció mudo e inmóvil, sirviendo de muda compañía.
Para cuando el chico de anteojos se hubo calmado, pudo beber algo de agua y hablar otra vez.
—¡P-Perdón! —dijo justo antes de sonarse la nariz de forma ruidosa—. Vine sin avisar y, encima, para contarte mis problemas.
—No te disculpes por algo así, por favor —le pidió Koushiro—. Y me encontraste en un buen momento. Poco antes de que vinieras, quería comprobar si alguno de ustedes estaba disponible para pasar el rato. Aunque no esperaba que hubiese ocurrido esto.
—Perdón —volvió a disculparse.
—No lo decía con la intención de recriminarte algo —aclaró, nervioso.
Se produjo un nuevo silencio.
—Cuando me recibió —contó Kido, posando su vista en el suelo—… estaba tan seria que, si la hubieras visto, te habría costado creer que era ella.
—Me imagino.
—Dijo que… a pesar de que todavía me ama, no le hace bien una relación en la que prácticamente no nos vemos.
«Esa era la razón más probable por la que Miyako rompería con él» pensó Koushiro. «Ella lo adoraba.»
—Si no estuviera tan ocupado, sería más fácil, pero… esa no es mi realidad. Y decidimos estar juntos sabiendo lo mucho que nos costaría. Al final, no resultó.
—¿Por qué dices que no resultó? Fueron novios durante poco más de un año, Jou —objetó su amigo, siempre centrándose en los hechos concretos.
—Sí, y durante ese año, ambos sufríamos por no poder vernos tan seguido como hubiéramos querido. Pasábamos semanas separados y varios días sin hablar por teléfono siquiera. Estaba tan ocupado estudiando que incluso olvidaba responder sus mensajes —habló, entristecido, y entornó los ojos—. A pesar de que la amaba y la sigo amando, no supe… hacerla feliz.
El pelirrojo colocó una mano en el hombro de él.
—Jou, todo esto es muy triste, pero…
—Si ella no quiere seguir conmigo, no hay nada que pueda hacer —zanjó el joven de cabello oscuro, totalmente resignado.
—Bueno, y no solo eso…
Kido levantó la cabeza para mirarlo.
—También… ¿cómo explicarlo? Veamos —meditó por unos instantes—… trata de estar bien.
En ese momento, la señora Izumi tocó la puerta y habló desde fuera:
—Koushiro, ¿quieres que les traiga algo de comer?
—¿Quieres? —le preguntó este a Jou.
—Está bien —asintió la visita.
—Sí, mamá. Muchas gracias.
—De acuerdo —respondió la mujer antes de marcharse.
Koushiro puso las manos sobre sus muslos y permaneció callado, contemplando a su amigo.
—¡Ahhh, me siento tan mal! —exclamó el estudiante de medicina, agarrándose la cabeza—. Es la primera vez que terminan conmigo, y no solo eso, ¡sino que es Miyako! Acabo de perder a una novia maravillosa. ¿Dónde podré encontrar a alguien como ella? —y, al finalizar su frase, soltó un quejido.
El escolar rebuscó en su mente alguna frase que pudiera servir para infundir ánimos.
—Supongo que Taichi-san diría algo como "no pierdas la esperanza, la vida sigue", y Yamato-san diría algo como "ahora solo te queda mirar hacia el futuro y salir adelante". Creo.
Jou pensó que Koushiro los conocía bastante bien.
—Pero no sabría qué más agregar a eso —continuó—. Sabes que nunca he sido muy bueno para consolar, así que solo te puedo proponer una cosa.
Se miraron a los ojos.
—Divirtámonos —le ofreció con amabilidad—. Mantener la mente ocupada con estímulos positivos ayuda a no deprimirse.
Y por primera vez ese día, el joven con el corazón roto mostró una sonrisa.
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Yoshie les llevó galletas caseras y té verde.
Jugaron varias rondas de carioca y póker, vieron videos graciosos en el computador de Koushiro y jugaron videojuegos. Rieron, charlaron y se divirtieron después de un largo tiempo sin verse, dado que Jou no había tenido tiempo para reunirse con nadie durante los últimos meses. De hecho, apenas cruzaba palabra con su propia familia, y eso que vivían en la misma casa.
Mientras se entretenían, comenzó a llover, y no se habrían dado cuenta de no ser porque, de casualidad, miraron hacia la ventana y vieron que caían gotas. Dejaron en el piso los joysticks y observaron el vidrio, algo sorprendidos.
—¿Cuándo habrá empezado? —se preguntó Koushiro.
—¡Ah! ¡No traje paraguas! —recordó de pronto Jou.
—No te preocupes, te prestaré uno.
—Gracias, Koushiro, has hecho tanto por mí hoy… ¿Cómo podría agradecértelo?
—Tampoco te preocupes por eso, de verdad.
Entonces, Jou se quedó pensativo.
—Ahora entiendo por qué vine aquí —terminó diciendo—. Siempre que tengo una duda o un problema, tú me ayudas.
Entonces, los interrumpió una musiquita. Era el celular del pelirrojo.
—Disculpa —le pidió a Kido, y contestó—. ¿Aló?
—¿KOUSHIRO? —se escuchó del otro lado. Mimi habló tan fuerte que los dos muchachos se sobresaltaron.
—M-Mimi, ¿qué pasa?
—Koushiro, ¿Jou está contigo?
—Sí, ¿por qué?
—¡Ah, qué bien! —exclamó—. ¡Miyako me acaba de contar lo que pasó! ¡Espero que estés animándolo, que debe sentirse muy mal!
—De hecho, ya me encargué de eso —le explicó, y rio con cierto nerviosismo.
—¡Oh, perfecto! Solo era eso, diviértanse mucho. Mándale mis saludos a Jou y dile que ya hablaré con él, bye bye, ¡te amo!
Y colgó.
Permanecieron mudos unos instantes… hasta que el mayor se largó a reír, contagiando a Koushiro.
—Mimi, siempre siendo tan especial —comentó Jou, sonriente—. Me animo con solo oírla diciendo esas cosas.
—Sí…
—Eres afortunado de tener una novia como ella. No cometas el mismo error que yo y cuídala bien.
—Hago mi mayor esfuerzo —respondió. La sonrisa que esbozó denotaba inseguridad.
—Oh, como iba diciéndote antes —retomó, acomodando sus posaderas sobre la moqueta—, es una gran ventaja que vivamos tan cerca… y saber que puedo contar contigo.
—Para eso están los amigos —respondió con sencillez.
—Siempre dices eso —rio.
—Porque es la verdad.
Lentamente, la alegre expresión de Jou se desvaneció.
—Espero que ella esté bien —pensó en voz alta.
—Miyako tiene muy buenos amigos, seguro que sabrán ayudarla. Yo también lo intentaré.
Jou suspiró, pesaroso. Koushiro colocó una mano sobre el hombro de él.
—No pienses que todo fue en vano —le aconsejó—. A pesar de todo, ustedes resistieron y tuvieron momentos felices.
Una nueva sonrisa apareció en el rostro de Kido, pero una más triste que las anteriores.
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Para cuando Jou decidió que era hora de regresar a su propia casa, ya no llovía. Con la cortesía que lo caracterizaba, se despidió de la señora Izumi, no sin antes agradecerle por el té y las galletas. Luego, se acercó a Koushiro y lo abrazó.
—Muchas gracias —le dijo de corazón.
El escolar, sorprendido ante el inusual gesto, solo pudo contestar:
—De nada.
Jou se separó de él, cruzó el umbral de la puerta y se despidieron. El pelirrojo le deseó ánimos.
—¡Gracias! —contestó el joven, mostrándole un pulgar en alto.
Poco después de que se marchara, Yoshie se acercó a su hijo para preguntarle:
—Si no es mucha intromisión, ¿podría saber qué le ocurrió a Jou-kun? Hoy lo noté algo decaído.
A lo que Koushiro respondió que lo había dejado su novia. Ante esto, su madre dijo que lo lamentaba y que ojalá no le costara mucho recuperarse. Observó con ternura el ramo que tenía entre sus propios brazos. Luego de haber desechado los tulipanes que perdieron más pétalos y de ponerle agua a un florero de vidrio transparente, colocó las flores dentro y las situó en una mesita.
—Se ven preciosos —opinó—. Me alegro de que Jou-kun no los haya tirado.
Koushiro solo sonrió. En un gesto inconsciente, giró la cabeza hacia el ventanal de la sala de estar y notó que después de la lluvia, el vidrio había quedado manchado con los caminos que recorrieron las múltiples gotas que impactaron contra él durante toda la tarde.
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Nota: Ya sabemos que la madre de Sora trabaja con el ikebana (arreglo de flores japonés), por eso fue que Jou le preguntó si sabía qué flores representaban el perdón.
A pesar de que introduje dos parejas hetero y puro bromance entre ambos en este cap, espero haber cumplido con sus expectativas –hace una reverencia–.
