SOBREVIVE
Sobrevivir era lo único que invadía la mente de Mario y Ana. Ante ellos se encontraba su destino disfrazado de un muto 2 metros mas grande que ellos. El rápido sonido de sus corazones latir, la suave sensación de anestesia en su cuerpo, la áspera respiración del muto sobre ellos, y aquellas filosas y puntiagudas garras abrazar la nieve.
-tengo una idea- Mario hablo lo mas bajo que pudo, pero perceptible para Ana, quien solo afirmo moviendo la cabeza, -corramos en sentidos opuestos, así el muto solo seguirá a...- no termino con la frase. Pero Ana sabia a lo que se refería, esto es cuestión de suerte, alguien correría con suerte y el muto lo dejaría en paz, mientras el otro tributo, correría con la bestia pisándole los talones.
Ana miro a lado izquierdo, observando el paisaje que le esperaba para su carrera de vida o muerte, solo logro mirar mas nieve. ¿Lo lograría? Por otro lado, Mario no miro, prefería no saber que le deparaba su futuro, simplemente siguió mirando al muto y giro el rostro en dirección de Ana, se miraron y con un parpadear de ojos, supieron que esa era la señal, y su carrera comenzó.
-..-
Mario corrió hacia la derecha, sorprendiendo que el bosque lo esperara con sus largos y gordos troncos llenos de una sabana blanca creada por la nieve que aun seguía cayendo, no miro hacia atrás, él no quería probar su suerte. En ese momento lo único que pasaba por su mente eran arboles y mas arboles, tratando de no lograr bloqueare y poder seguir adelante y salvar su vida. Sus piernas no gritaban porque no podían, pero el sabia que no aguantarían mucho mas. Paso por un tramo donde la nieve estaba derretida, y sus pies lo traicionaron y callo al suelo, el impacto con el suelo le ocasiono una gran herida en la pierna derecha, la sangre se mostro con unos pequeños hilos de color rojo. Derrumbado en el suelo, con todos sus sentimientos por debajo, lo único que podía pensar, era que no logro despedirse de Ana, ni mucho menos desearle suerte. Ella había compartido el poco tiempo que logro permanecer en la arena, y nunca le dijo lo mucho que se lo agradecía.
Permaneció en silencio física y mentalmente, solo esperaba lo inevitable, nunca lo había pensado bien pero, realmente quería que el muto lo siguiera, quería acabar con esto, y quizá darle una oportunidad a Ana. Pero eso no paso, el silencio además de invadir su mente, también estaba a su alrededor, abrió los ojos y miro, y por desgracia, lo único que miro fue arboles, nieve y la trágica verdad. Estaba a salvo.
-..-
Al parecer correr era una de las cosas más importantes en este juego. Ana respiro profundo y corrió en la dirección que le correspondía, logro pasar los primeros pares de arboles sin venirse abajo, escuchaba sus fuertes pisadas al impactar la nieve, y también escuchaba otras mas fuertes, no quería pensar en el muto y que él podría producir ese sonido, tal vez Mario logro evitar al muto y conseguir llegar de nuevo a ella. Eso era realmente lo que ella quería, poder estar de nuevo con el. Sin motivo alguno ella lograba sentirse más a gusto a su lado, segura y dejar a un lado todo lo sucedido en la arena.
Miro un gran troco sobresalir sobre los demás, con una gran abertura en el centro, ahí podría lograr esconderse, pero, ¿seria lo mas indicado? No tendría mucho tiempo para decidir, así que lo pensó rápido, y tomo su suerte y eligió esconderse, con un brinco se lanzo sobre la nieve y se deslizo hacia el hueco en el árbol, la distancia era realmente corta unos cuantos metros pero su mente jugaba mal con ella y la miraba mucho mas lejos.
Justo en el momento en el que la mitad de su cuerpo pasaba la mitad del tronco y la seguridad estaba a resurgir en ella, algo la tomo de su espalda, era fuerte y grande, quería que fuera Mario o cualquier otro tributo, así tendría como sea alguna oportunidad de sobrevivir, pero al sentir una larga y dura garra supo que esa oportunidad nunca había llegado.
El tirón fue tan brusco que Ana se golpeo con la orilla del árbol, hubiera preferido quedar inconsciente en ese momento y no saber que pasaría a partir de ahí, pero estaba en "Los Juegos del Hambre" y aquí al parecer siempre pasaba lo que nadie deseaba.
-"No hay peor lucha, que la que no se hace"-
Esas palabras llegaron a la mente de Ana, y recordó como su madre constantemente las decía, su vida siempre había sido muy difícil, pero su madre nunca la hacia que se viniera abajo, con toda la presión y dificultades por las que pasaba. Y también esas fueron las últimas palabras que le dijo su madre.
-no importa lo que pase- dijo entre lágrimas su madre, -tú solo pelea-
Y las puertas se cerraron.
Los ojos del muto la miraban como si supiera lo que estaba pensando, no hacia ningún movimiento, simplemente la miraba tomándola de la espalda. Por otro lado, Ana estaba mirando sus posibilidades, nunca lograría zafarse de tremendas garras, no podía tener acceso a nada dentro de su mochila, además, ni recordaba si la llevaba consigo. Miro de nuevo aquellos ojos que se la comían por dentro, y miro que la distancia entre la cabeza y ella no era mucha. Sin pensarla logro darle una fuerte patada en el costado derecho de su cabeza, al principio el dolor fue leve, pero se dio cuenta que no lo lograría derribar con una simple patada, en cambio, su pie si sufrió el impacto, se le había instalado un pequeño dolor que al poco rato, se fue. Le pasó por la mente intentarlo de nuevo, pero, sabía que llegaría a fracturarse su pierna.
-¡que estas esperando!- grito Ana sucumbida por el pánico.
El aire se extinguía en sus pulmones, Ana no comprendía porque el muto se había quedado quieto, como paralizado, tal vez en el capitolio habría un error y los controles con los que manejaban a estas bestias, ya no funcionaban ¿seria eso? Los músculos tensados como piedras, los ojos fijos en ella y el aliento entrando por sus fosas nasales.
Pensó como lograr librarse del muto, pensaba en gritar, ¿estaría Mario cerca? Y si no solo estaba el, tal vez habría muchos más.
Atrás se escucho un zumbido, una pequeña vibración, unos fuertes pasos y una leve respiración.
-¿Mario?- dijo esperanzada, -¿eres tú?-
Silencio.
De nuevo la respiración, esta vez mas agitada, luego una sacudida, sonido de metal, una vibración nueva y mas fuerte, y por ultimo, su piel atravesada.
La penetración fue por debajo de su pulmón izquierdo, era una lanza con una punta muy puntiaguda, que brillaba, entre plateado y rojo por la sangre. Su cuerpo se helo, en realidad siempre lo estuvo ¿no es así? El frio del clima ya había penetrado su cuerpo desde hace tiempo, pero este frio era distinto, el frio de quedarse vacía por dentro, de saber que tu estancia estaba por terminar. El frio quemaba, sentía como recorría su cuerpo lentamente desde la lanza hasta la punta más lejos de su cuerpo. Miro el cielo, los arboles blancos cubiertos por la nieve, un leve rayo que se filtro del sol y después blancura completa.
-…-
¿Y ahora que hacer?
Se pregunto Joczan, la chica del distrito 9 acababa de morir gracias a él, agradecía el motivo por el cual el muto se había quedado congelado, pero el punto era, seguirá así o regresaría y lo atacaría. Ocupaba tomar su lanza de nuevo, descubrió que era muy buena arma, así como murió esta chica, podría morir los demás. Tomo una decisión. Lentamente, fijándose donde posaba sus pies, se fue acercando al muto, contemplaba su grueso pelaje y sus filosas garras, una bestia mortal. Después paro en la chica, le había dado justo debajo de un pulmón, la sangre seguía surgiendo del orificio donde había dado. Su cuerpo se había aflojado y si no fuera por los brazos del muto, ya hubiera caído al suelo.
Unos pasos mas y estaría casi tomando de nuevo su lanza. Unos pocos centímetros y como un parpadear, sus oídos le dolieron, un chillido invadió cada lugar en su mente, era tanto el dolor que callo al suelo. Por instinto puso sus manos en las orejas, como tratando de evitar que saliera o entrara algo. Abrió todo lo que pudo los ojos y miro de donde provenía, pero no sabía.
Soporto un instante, ya estaba por darse como muerto y paro el sonido. Todo quedo en completo silencio, uno mas profundo que el otro. Hablaba y no lograba escucharse. Pero una nueva voz, una que estaba seguro de donde provenía hablo.
El capitolio.
-…-
-Felicidades- la voz resonaba en toda la arena, una voz seca, sin sentimientos, -Felicidades a los 3 tributos finalistas, en los distritos 3,4 y 5 respectivamente deben de sentirse orgulloso de ustedes- una pausa, -y para conmemorar este gran evento, se les dará una gran y ultima cena, para dos de ustedes claro- se escucha una risa al fondo, -así que los esperamos en la cornucopia, ¡oh! Por cierto, hagan las pases por esta vez, no querrán que su cena se arruine- silencio de nuevo, - y si por si se les olvidaba, esta es una regla, así que los vemos pronto, este es el ultimo anuncio, nos vemos-
-…-
Pepe miraba desde atrás de un gran árbol, la cornucopia estaba vacía, a excepción de una gran mesa que pusieron en el centro, era extensa y larga, podrían comer 30 personas en esa mesa, conto las sillas y no le sorprendió el numero, 24 sillas. Y solo 3 estaban desocupadas, una a cada extremo y otra en el medio. Las demás sillas estaban ocupadas por unos bultos negros, como grandes bolsas de basura.
No quiso pensar, solo esperar a ver al siguiente tributo en aparecer.
Transcurrió solamente 5 minutos (si su reloj interno no fallaba) y logro ver al primer tributo, era el del distrito 5, Mario si no mal recordaba. Estaba oculto igual que el, si él lograba observarlo ¿también lo vería el? ¿Seria seguro salir? Y lo fundamental, ¿seguirían la regla de "paz"?
Vio a su alrededor, faltaba alguien, no saldría hasta ver al otro tributo, regreso su mirada a Mario quien sorprendentemente le hacia una seña, levantaba la mano y apuntaba hacia la punta de un árbol al norte de su ubicación. Miro y observo la astucia del otro tributo, trepado de un árbol, en la punta de él, nos observa como próximas presas, su mirada esta clavada en ambos, primero yo, después el, regresa a mi, pareciera un circulo vicioso, donde no sabe quien será primero.
Escucho hojas quebrarse, regreso a Mario y veo que esta de pie, a la luz de todos, mi mira y sé que trata de decirme algo, da un paso al frente y comprendo inmediatamente que quiere que salga, esta dispuesto a dar la cara, pero ¿solamente el?
Me levanto, pero regreso a mi escondite, me tiemblan los pies. Cojo una piedra y la sujeto fuertemente. Lo intento de nuevo.
Dar un paso hacia afuera, al descubierto, cuesta mucho, piensa como este podría ser un gran error. Mario esta cada vez mas cerca, se arriesga y mira hacia el árbol, el aun sigue ahí. De observador.
Sigo mi trayectoria, doy pasos lentos y atentos, observando lo mejor posible de cualquier trampa tendida o algo extraño en esto. Mario ya esta en la mesa, posado detrás de la silla principal, veo como mira los sacos negros, al parecer el no comprende que serán, se rasca la nariz.
Llego a la silla contraria de Mario, lo contemplo fijamente, no hay rastros de ataque, no hay nada. Solo un pobre tributo que sufre al igual que yo. Levanto la mano en forma de saludo y el... ¿es una sonrisa? Para mi, una sonrisa seria de mas en estos momentos, pero trato de verlo de buena manera y sonrió también.
-¿Dónde esta?- pregunta dándole fin a su sonrisa.
Miro a mi espalda, en dirección al árbol, no esta. El otro tributo desapareció.
-…-
Correr. Nada de tonterías. Correr y vencer.
Esa era la ideología en esos momentos de Joczan. Nada de tonterías del capitolio, por favor, a quien en su sano juicio piensa que el capitolio daba una cena así nomas, por nomas. El conoce la palabra trampas. Y sabe muy bien que el capitolio es muy bueno usando esa palabra.
Sale al exterior, sin la protección de los arboles, y al frente de él, la mesa, y sus dos rivales. Y unas extrañas bolsas negras.
Su paso es seguro, camina sin bajar la mirada, observando a los dos tributos, siente que ya esta por llegar el final y sabe que el será el triunfador, mira las sillas desocupadas y solo queda la del medio, decide seguir el juego y toma su lugar. Todos están a la espalda de la silla, sin sentarse y mirándose unos a los otros.
-no se ustedes, pero espero que nos den pollo- en su rostro se marco una pequeña risa; su juego estaba empezando.
-…-
-¿Pollo?- se pregunto Mario, que clase de persona toma esto tan a la ligera, el tenia sus sospechas, sabia que había un as bajo la manga detrás de todo esto. Observo al chico del distrito 6, sus extraños movimientos de manos, se rascaba constantemente los dedos. Señal de nerviosismo. ¿Lo estarían todos? O ya estaba alucinando.
-¿Qué?- gruño Joczan, -¿no se van a sentar? Lo más probable es que los estén esperando-
Ninguno contesto, Mario tomo su silla, con leve fuerza la jalo hacia atrás, y con un sencillo paso, ya estaba sobre ella, con los codos rozando la rugosa y maltratada madera. Pepe no tardo en seguirlo.
Estaba tan nervioso que nunca se dio cuenta, que estaba sudando, desde cuando una persona suda con nieve como clima. No lo sabía. Junto sus manos, las entrelazo y solo espero lo que estaba por llegar.
-¡ah! Por cierto- dijo de nuevo Joczan, -Felicidades por llegar conmigo a los tres finales-
-felicidades supongo- murmuro más como un susurro Pepe.
-igual yo- contesto Mario.
-ocuparan mucha suerte- no supo si Joczan lo dijo para el, pero Mario lo escucho. Fue su manera de fulminar la conversación.
-…-
-Bienvenidos de nuevo- la voz ronca de siempre, la cual nunca supieron ni sabrán su procedencia. –Sabíamos que podríamos contar con ustedes para esta gran y ultima cena-
Cada cierto tiempo entraba una pequeña interferencia en el sonido, suponían que era cada vez que oprimían y desoprimían el botón para hablar.
-Y para cerciorarnos que todos se queden para cenar, les presentaremos a unos nuevos amiguitos- ruido de transferencia.
El bosque a nuestro alrededor, sufrió un leve cambio, no perceptible para el ojo humano, eso lo sabían, pero algo había nuevo ahí. El aire había cambiado, podía sentirse al respirar, ya no eran solo ellos tres. Había "alguien o algo" escondido tras el bosque.
-Ellos tienen tanto gusto de conocerlos- musito de nuevo la voz, -pero yo que ustedes, ni me levantara de la mesa-
La nieve dejo de caer, pero las nubes nunca se fueron.
-una noticia mas- continuo, -no queríamos vernos muy egoístas hacia ustedes, nuestros tributos. Qué egoísta y tacaño de nuestra parte seria darle la cena solo a tres tributos, ¿verdad?, claro esta, así que hemos traído a sus queridos tributos caídos, ellos también merecen esa cena igual que ustedes, solo que ellos ya un poco tarde.- silencio, -las bolsas que se encuentran, no se si ya lo habían notado, pero si... son sus compañeros, amigos, o desconocidos-
Como por arte de magia, las grandes bolsas negras empezaron a desintegrase, dejando al descubierto los cuerpos (si se les puede llamar así) de los tributos muertos.
Los chicos del distrito 1. Mateo, aparece con el hacha aun incrustada en su pecho, tiene sangre seca por todo el cuerpo. Su cabeza inclinada al suelo. Muerto. Keren, pelo chamuscado, piel negra, y sin extremidades, todo desapareció, exploto. Muerta. Los del distrito 2, Benítez, de cabeza hacia abajo, parecía normal, ningún rasguño, ningún moretón, alguno que otro rastro de sangre, pero del cuello hacia arriba, parecía una bola de plastilina, fingiendo ser una cara mal hecha. No podías distinguir la nariz ni los ojos, todo estaba boludo y con sangre y costras por todos lados. Muerto. Sarah es difícil distinguir su causa de muerte, pero si observábamos bien, tiene unas coceduras alrededor de cuello, un círculo perfecto del cual broto sangre, decapitada y muerta.
El chico del Distrito 3, sin odios, en su lugar, dos fuertes agujeros del cual solo se veía negro hacia adentro, sus ojos rojos. Muerto. El alambre de cobre aun estaba incrustado en el cuello de Giovanna, encarnando cada vez más en su cuello. Muerta. La chica del distrito 4, Ethel, al igual que Sarah, coceduras alrededor. Muerta. Los ojos de Mario rápidamente llenan de lagrimas, al fin supo que fue aquel sonido de su hermana, los brazos no terminan en las manos, si no que en ambos brazos terminan en piñones donde se ven fuertes coceduras, su hermana sin manos. Muerta. Como algo decorativo, Nissa lleva en su cuello la flecha clavada, la punta brilla por la parte trasera de su cuello, mientras por en frente sale la cola empapada con un todo rojo. Muerta. Violetta esta desnuda, y muestra en su pecho, como le hace falta un pedazo de piel, donde el hacha de Sharly había estado, provocando así su muerte. En cambio su compañero, Sharly, incrustado en todo su cráneo, grandes piedras, creando huecos en el hueso, ojos fijos en el suelo, sin vida. Muerto como todos.
Como creado por el demonio, estaba el chico alguna vez llamado Josh. En el lugar donde se suponían que tenía que estar sus ojos, solo había huecos vacíos, llenos de una sustancia negra. Sangre seca. Muerto. Qaren, aun tenía los ojos virados hacia el centro de su frente, en donde se encontraba una gran abertura creada por el hacha que le clavo Joczan. Muerta. Como si así hubieran muerto, Ana y Arturo se encontraban sobre la mesa, agarrados de la mano, ambos con sus heridas y sus rostros llenos de sangre, ambos Muertos.
Flor, la chica del distrito 10, fue la más difícil en distinguir, su cuerpo fue separado en tantos pedazos que se miraba mas hilo quirúrgico que piel. Una muñeca de trapo se podría ver mejor que ella. Israel llevaba colgado una bola de metal con picos sobresalientes, unos clavados en su cráneo, y otros al aire libre. Muerto. Harold era algo parecido a un queso, lleno de orificios por todo el cuerpo, junto a Mirsha quien aun conservaba la flecha clavada en su cuerpo, los dos juntos y Muertos.
Y finalmente estaba Eric, quien parecía haber obtenido muchos años en poco tiempo, su piel arrugada y seca, pequeñas costras color arena brotaban de su piel, Muerto. Samanta era la única que no estaba sentada como una persona normal. Ella estaba puesta de espaldas, dando a ver las fuertes quemaduras que le dejo el campo de batalla, mostrando músculos, y alguno que otro musculo. Muerta.
Todos Muertos.
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-Sorprendidos- regreso la voz, -pero esto aun no acaba, aun falta el gran banquete.
Ninguno de los 24 tributos hablaban, unos claro esta, porque no podían, pero otros, solo respiraban y esperaban lo que estaba por venir.
-el gran banquete son ustedes- las risas llegaron desde todas partes, -son tres, y solo uno saldrá con vida, piensen quienes serán, quien de ustedes aprovechara mejor el banquete, sin mas que decir, provecho-
-…-
Sin darse cuenta, Pepe había dejado de respirar, su mirada ida y su mente en blanco. De repente, todo se le hiso muy complicado, siempre trato de seguir adelante, de lograr ganar este juego, que al final solo era eso, un juego. Pero al parecer, estaba en una nube, una nube de la cual nunca había bajado y pararse en la tierra y ver la realidad. Nunca podría ganar, era ilógico. Suerte es lo que tenia al lograr estar en los 3 finales, pero solo era eso.
Alzo su cara y miro más allá de los tributos, miro más allá de las barreras de la arena. Pensó en su distrito, ¿acaso tendrían esperanza? Regreso y miro a Mario, quien anteriormente lo miro de la misma manera, planeaba algo. Todos lo planeaban. Miro a Joczan, él estaba aun sentado, pero sabía que no tardaría en levantarse y obedecer al capitolio, y lograr vencer. Mario se levanto rápidamente, trepo a la meza y sin pensar (ya que estaba muerto) tomo la maza de tipo medieval que tenia clavada Israel en el rostro y enfrento a Joczan, quien ya había sacado un hacha de su mochila. Los metales al chochar provocaban escalofríos internos en Pepe, estaba paralizado, sentía entumido cada parte de su cuerpo, era como si fantasmas tomaran su cuerpo y no lo dejaran mover, pero al mismo tiempo pellizcaran provocando un leve dolor.
-¡oye tu!- la voz era de Mario, no sabia si se dirigía a él, o era parte de la batalla con Joczan, -no que te ha pasado aquí, pero si quieres acercarte mas a la victoria, podrías ayudarme-
Se debatían entre la vida y la muerte. ¿Tendría cazo? Al final, uno de los dos sobrevivientes, moriría también. Es solo retrasar lo inevitable.
-el ya esta muerto- grito Joczan, -es que no lo vez- acto seguido, con un fuerte golpe, Joczan arremata contra Mario, quien cae sobre los tributos Muertos del distrito 3, Joluroo y Giovanna caen de sus sillas.
Joczan se acerca con el hacha en sus manos, apretándola como para que no se escape al dar el golpe de gracia. Mario estaba tendido, sin reaccionar. ¿Listo para su muerte?
-Prepárate, que tú eres el próximo- balbuceo Joczan, y eso fue lo que hizo reaccionar a Pepe. Podría lograrlo. Si.
Tendría poco tiempo, lo que tardara en darse cuenta Joczan de su nuevo enemigo. Parecía estar muy concentrado en Mario, quien aun no despertaba. Quiso hacer el menor ruido posible, miro a su alrededor, ningún arma disponible, miro el cuello de compañera de distrito Nissa, quien aun llevaba la flecha con la que murió, se atrevió, la tomo y con un fuerte y rápido movimiento, logro sacarla de su cuello, llevándose consigo uno que otro pedazo de carne. Lo quebró por la mitad, tomando solo la punta de la flecha, giro y miro a Joczan, brinco y lo apuñalo por la espalda provocando un grito de su parte y un fuerte codazo de regaño.
Ahora Pepe era el que se encontraba en el suelo, tumbado sobre la mesa con un fuerte dolor de espalda, cerro los ojos y acepto las consecuencias que podrían llegar. Tomo aire y espero.
Crack.
Solo fue eso. Algo al romperse. Recordó la vez que su madre lo regaño en su distrito. Cuando de pequeño, igual que en el presente, cerró los ojos y dejo caer una estatuilla que su madre valoraba mucho. El sonido que para él fue como una sentencia. Y hoy, todo se repetía de nuevo. El golpe, la oscuridad, el sonido. Pero esta vez, hasta ahí llego.
Levanto el rostro con miedo, abrió un ojo, como si fuera graciosos hacerlo de esa manera y así esperar algo mejor, y su sorpresa fue ver, aun de pie a Joczan, con la mirada caída, un hilo delgado y brillante de sangre pasar a través de todo su rostro, comenzando de la parte superior derecha, tocando levemente su ceja, recorriendo su pómulos y terminando en sus labios. En contraste con su pálida piel, la sangre no era del rojo normal, llegaba a verse un tono negro, como en las historias de terror, negra por la maldad.
Siguió observando, por la parte posterior alcanzo a ver como fue el impacto, como cada punta de metal, de la maza que usaba Mario, se incrustaba en el cráneo de Joczan. Su piel se helo, sintió fuertes nauseas; y así se dio cuenta que en este juego no valía la pena, siempre habría algo que te haría devolver todo.
-…-
Cañón.
-…-
No sabia como lo había hecho, nunca pensó en que sus propias manos harían presencia en tal acto. Pero... Era para sobrevivir, eso justifica los hechos ¿No? Sintió como lentamente Joczan perdía el balance, como el suelo se derrumbaba ante el y caía. Por sus pies entro una leve brisa, el viento soplo, y se llevo consigo el alma del tributo.
Ahora todo era diferente, para el, para el otro tributo vivo. Se acercó a Pepe y por lo mas extraño que pareciera, tendió su mano y lo ayudo a levantarse.
-ven aquí- murmuro Mario al tiempo que con un fuerte tirón, levanta a Pepe y ambos están de frente a frente.
-gracias- dijo Pepe, -yo pensé que...-
-no lo digas- soltó su mano, -sé que uno de nosotros lo tendrá que hacer, pero antes de eso...- miro a su alrededor, -no se si seré yo, o serás tu, pero me gustaría decirte que lo siento-
-pienso lo mismo, y creo que si la suerte no esta de mi lado- rio al recordar tan desagradable frase y ver que la uso, -me da gusto que hallas sido tu quien diera fin a esto-
Mario no supo que hacer a continuación, ¿sonreír? ¿Estrecharse las manos? ¿Decir gracias?
-…-
La reacción de pepe al principio fue dudosa y con temor, pero al final comprendió que lo decía en serio. Los ojos de Mario reflejaban el mismo dolor que sentía Pepe en ese momento, lo que ambos querían era acabar con todo esto de una vez.
A su mente llegaron todo lo que paso, todo lo que el mugre capitolio los hacia pasar, si uno lograba sobrevivir y ser el gran victorioso de los juegos, al regresar no le esperaba nada nuevo, seria igual, hasta peor. Pensó en todas las riquezas que ofrece el capitolio, será estupendo, ya no sufrir de hambre, tener un nuevo lugar donde vivir tranquilamente, pero... y lo demás, lo que ninguno de los otros tributos mencionaban, el pasado cargado en sus espaldas, tener en la mente todo lo que paso para llegar a esa riqueza, a quienes tubo que pisar para seguir adelante. ¿Seguro que deseaba eso?
-Que gane el mejor- dijo en voz baja y con una reverencia.
Antes de que todo empezara, Pepe se inclino y arrebato la lanza que aun sostenía Joczan. La llevo a su pecho y apretó con sus manos tan fuertes que podía sentir el tacto de Joczan, como si su ser estuviera ahí. Se coloco de pie y con una señal le indico a Mario que estaba listo, que lo inevitable no podía esperar más.
Con un fuerte impulso, logro levantarse un medio metro del suelo y colocar la lanza de tal manera que la fuerza fuera lo máximo posible, miro a su rival y lanzo. La punta del arma cortaba el aire a su paso, podías escuchar el eco que provocaba.
Mario rodo y logro esquivar la lanza, solo dejando el susto en su memoria. Se levanto y girando la maza en su brazo se abalanzo sobre Pepe, giro la muñeca y la bola metálica ataco a Pepe, quien utilizo su brazo de escudo y al impacto sintió como una parte dentro de el exploto.
Con la otra mano vacía, Pepe abulto los dedos y ejecuto un puño directo en el rostro. Mario retrocedió y se froto el ojo izquierdo. No existían palabras, no había reclamos ni ofensas, ellos sabían que el juego era limpio y que pasara lo que pasara entre ellos estaría bien.
Mario sonrió y comenzó a girar de nuevo la maza.
Esta vez no pensó Pepe; corrió y se barrió sobre los pies de Mario, provocando un fuerte golpe en los tobillos, callo y doblo las rodillas en señal de dolor. Se hecho sobre el, colocando los pies sobre sus pantorrillas dejándolo inmóvil, sus codos apretaron fuertemente los músculos de los brazos; se detuvo, observo a su contrincante y por su mente paso ¿Qué debo hacer ahora?
Mario no perdió el tiempo e impacto la cabeza de Pepe con la suya propia, ocasionando un fuerte mareo y logrando zafarse del peso. Ahora él era el que estaba arriba. Apretó fuerte su cuerpo contra el de Pepe y comenzó con los puños, uno tras otro, el dolor pasó de sus manos a sentirlo en todo el cuerpo, una furia corrió por su sangre. Miro la sangre en sus manos y entro en un momento de pánico. Se apartó de Pepe y se hizo un ovillo enseguida.
Sin atreverse a mirar, cerró su mundo y espero que el tiempo le diera el resultado.
-…-
Por un instante, el tiempo se detuvo, y Pepe regreso a su hogar.
Estaba con su madre y su hermano menor; sentados en las afueras de su casa contemplando el bello crepúsculo. Sintiendo el flujo del aire en todo su cuerpo.
Miro hacia el cielo y observo las primeras estrellas, pequeños puntos luminosos que lentamente empezaban a aparecer en lo alto.
-Yo seré una de ellas- escucho las ultimas palabras que le dijo su padre en su lecho de muerte, -y siempre que me necesites háblame, donde quiera que yo este, o donde tu estés, te escuchare-
Con una lagrima en su rostro, sonrió al ver aquella estrella en el cielo, sabia que era su padre mirándolo desde el cielo.
-gracias- termino.
Cañón.
-…-
-Querida gente de Panem- Todo quedo en silencio, el bosque, la montaña, todo. Ya había acabado, -les presentamos al ganador de los catorceavos juegos del hambre, felicidades tributo 5-
-…-
EPILOGO
Un tiempo después...
Nunca supo como salió, ni mucho menos lo que siguió después de la "gran victoria".
Riqueza, abundante comida. Pero con el paso del tiempo nunca llego a disfrutarlo, se la pasaba en su cama, con la vista ida, sin atender a nadie, todo se había convertido en una rutina, despertar, comer, dormir. Su vida, al igual que la de cualquier otro tributo, había cambiado para siempre. Ese era su destino desde el momento que escucho su nombre en la cosecha.
Tocaron su puerta, entro un hombre grande y musculoso, piel pálida como un fantasma. Odell, recordó. Su tutor en los juegos.
Se acercó y lo ayudo a salir de la cama, lo encamino hacia la sala de estar donde logro ver unas maletas y unos cuantos trajes fuera.
-es hora de irnos- anuncio Odell.
Mario no constato, sabia lo que seguía.
-es hora de irnos al capitolio, ahora tú serás el tutor de nuestro distrito- y fue en ese momento cuando comprendió que esto no había acabado y nunca lo haría. Llevaría esta horrible vida, una vida en la cual sufrió, y ahora ver la vida de otros esfumarse, y lo llevaría hasta el día de su muerte.
FIN.
