ADVERTENCIA: Esto es un fic AU, que se desprende de los personajes de «Guerra». Es una continuación que sostiene todo lo que se narra en esa historia y supone que la Orden del Fénix ganó y nadie murió.
Esta es una historia de negación.
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Paz
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6. Familia
f. Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas o en lugares diferentes, especialmente formado por el matrimonio y los hijos.
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10 de Noviembre de 1989
La casa del Valle de Godric seguía siendo un remanso de estabilidad en medio del caos. Sirius se plantó en la puerta, sabiendo que Ellie iba a molestarse si no entraba en forma de perro, pero esa vez no estaba de humor para jugar.
Entró sin llamar. Tenía una atracción magnética con Ellie —aunque le parecía desleal admitirlo, era su favorita: era el opuesto a Harry, igual a su madre pero con el alma de James—, pero la que salió enseguida a recibirlo fue Ali, con ese andar patoso que le daba el pañal y los bracitos extendidos hacia él.
—Ta-ta-ta-taa —farfullaba, directo hacia Sirius, hasta que él se inclinó para recogerla en brazos.
—Hola, muñeca —musitó, sabiendo que destilaba con su tono la amargura que tenía dentro.
—Taaa —Ali tenía la costumbre de estirar las vocales, pues a pesar de las directivas de su hermana no conseguía más que torpes balbuceos. Le estampó sin remilgos los labios en la mejilla rasposa de Sirius, babeándolo un poco y riendo sinsentidos mientras se hacían paso hacia la casa.
—¡Ali, vuelve a...! —Ellie cortó su correría a medio camino, reparando en el recién llegado. —¡Tío Sirius!
Definitivamente era su favorita. Lily le había cortado el cabello hacía poco —era la única que había heredado el flameante rojo de su madre, y la niña lo sabía bien— y Sirius no podía resistirse a ese flequillo cayéndole sobre la frente.
Ali enroscó los bracitos regordetes apretándole el cuello para darle a entender que no pensaba abandonar su lugar de privilegio. Sirius lo sabía, por lo que volvió a agacharse para tomar a la otra niña con el brazo libre, ecasquetándosela en la cadera.
—¡Mamá, mira quién vino! —chilló Ellie sujetándose fuerte. El hombre, manteniendo el equilibro con las dos niñas a cuestas, se dirigió sin preguntar a la cocina, donde Lily acababa de asomarse con curiosidad.
—Oh, no escuché la entrada de mascotas —comentó la pelirroja, con una sonrisa burlona. —Y yo que había conseguido que Harry hiciese sus tareas.
Ellie dio un bote sobre su antebrazo.
—¡Tío Sirius, es más divertido cuando llegas como perro! —exclamó haciendo un puchero, al reparar la forma del hombre.
—Ellie, déjalo en paz —intervino Harry, cuando al fin entraron todos en la cocina. Lucía fastidiado, pues tenía una gran cantidad de cuadernos y papeles desparramados por la mesita. —Me salvaste —dijo, más animado, al ver a su padrino. Sirius le guiñó un ojo que provocó un resoplido por parte de Lily.
—Ah, no. Eso no. Te vas a continuar al comedor.
—¡Pero mamá...!
—Sin peros.
—Pelirroja, eres una tirana —se metió Sirius, imitando el gesto de exasperación de su hijo. Le hizo un gesto a Harry, que lo correspondió antes de encogerse de hombros y empezar a recoger sus cosas para mudarse de sitio.
—Cuando termines pueden ir a hacer sus tonterías —replicó Lily, inflexible. Sirius no pudo aguantar la carcajada ante la mueca de indignación de Harry.
—¡El Quidditch no es una tontería!
—Lo que digas, cariño. Termina tu tarea.
El pobre chico se fue cabizbajo, con un lío de papeles entre los brazos.
—¿Y dónde está James? —preguntó Sirius, viéndolo marchar divertido. Lily suspiró.
—Se fue con Pete y Remus. Logramos hacer dormir a Dan hace tres horas —sonrió con complicidad antes de suspirar. —Me aseguró que si se quedaba aquí, se metería en la cama hasta mañana —rodó los ojos antes de añadir —¿Qué haces tu aquí?
Las facciones de Sirius enseguida se endurecieron, dándole a entender a la pelirroja que no era solo una visita de cortesía. Lily extendió los brazos hacia Alison para quitársela de encima.
—Vamos, niñas, vuelvan a jugar al jardín.
—Mamá, tío Sirius vino a jugar al perrito conmigo —la contradijo Ellie, que no tenía intención de bajarse.
—Pero primero tiene que hablar conmigo, ¿verdad Sirius? —le explicó la pelirroja, haciéndole una seña para que la niña aflojara su agarre. Ellie lucía contrariada.
—En un rato estoy con ustedes, muñeca —le aseguró entonces Sirius, antes de engatusarla con una sonrisa para depositarla en el piso. —Cuida a tu hermana.
Ali seguía farfullando con el puño en la boca, sin enterarse de nada. La otra niña no parecía muy convencida, pero le tomó la mano y la llevó al jardín que había sido tomado hacía años por todos ellos. Lily observó con atención hasta que las dos se sentaron en el pasto fresco, Ellie tomando de inmediato el mando bajo el embeleso de su hermana.
Para Alison, no había mejor persona en el mundo que Ellie, y la niña lo sabía. Adoraba jugar con ella porque le prestaba increíble atención, por más que no entendiese qué era lo que estaba diciéndole.
La pelirroja suspiró antes de volverse hacia Sirius, que seguía de pie en la cocina.
—Supongo que no traes buenas noticias —tanteó, tomando asiento dónde había estado Harry hasta hacía un momento. Él solo gruñó, rebuscando en el bolsillo de la chaqueta para lanzar sobre la mesa un paquete abollado de píldoras.
—Se acabó, Lily —sentenció, antes de ubicarse bruscamente frente a la mujer, con el rostro contraído. —Estoy harto.
La pelirroja sonrió con tristeza.
—¿Qué ocurrió ahora?
—Náuseas —repondió llanamente. —Otra vez.
El malestar cayó sobre Lily deprimiéndole las comisuras.
—No puede ser.
—Lo es —Sirius estaba enfadado. —Se lo advertí. Me importa una mierda todo, esto se terminó. Traje toda esa basura de casa, no va a volver a tomarlas —debajo de la rabia, la pelirroja podía ver la preocupación casi dañina en la que buceaba su amigo. Los ojos le refulgían con fiereza. —Hasta aquí he llegado.
—Sirius, cálmate.
—No me pidas que me calme una mierda, tu no la has visto —Sirius presionaba el filo de la mesa con las palmas, recordando toda la rabia contenida de la mañana. —Es una imbécil. Ya no sé cómo hablar con ella. Vuelve a parecer una puta niña asustada, se supone que habíamos superado eso hace...
—Sirius —lo cortó Lily con fría tranquilidad. —Escúchame.
El aludido clavó su mirada en ella, ahogándose en todos los reclamos que seguía masticando.
—Tienes que entenderla —empezó la pelirroja, desviando un momento la mirada hacia el jardín, desde donde se recortaban las figuras de sus hijas. —Está aferrándose a la última espe...
—¡Me importa una mierda! —rugió él, exaltado. —Lily, está obsesionada. Solo piensa en eso, y esas pastillas la están destruyendo. Le dije, le dije mil veces que no servirían para nada, pero solo piensa en...
—En tener un hijo —completó la mujer, apenada. El huracán que había nacido del pecho de Sirius se congeló de golpe, haciéndose trizas para hacerle daño en la piel.
—Sí —confirmó, intentando calmarse. —En eso —su atención volvió a desviarse hacia el jardín por un instante. —Sabes que no estaba de acuerdo con esto.
Lily se echó hacia atrás en su silla, agobiada.
—No es tan sencillo, Sirius —le confesó, bajando la voz. —Nadie más que ella puede entender lo que le está ocurriendo.
—Me tiene a mí —se obcecó él, imitando su tono. La furia había pasado tan rápido como se había derramado, y ahora solo quedaba la pena infinita de la calma. —¿Por qué necesita más? Accedí porque... ya sabes por qué. Pero no lo comprendo.
—¿Has vuelto a hablar con ella? —inquirió Lily, torciendo el gesto. Sirius resopló, en ese gesto tan similar al de Mar.
—Discutimos esta mañana, ¿eso cuenta?
—Hablo en serio.
—También yo —esgrimió una mueca amarga. —El mundo no está tan mal todavía para permitir que yo sea padre, Lily. Ya lo sabes. No estoy hecho para esto.
—No seas ridículo —espetó la pelirroja, perdiendo la calma por primera vez. Tenía el ceño fruncido, lucía genuinamente ofendida. —Ya te explicó James un millón de veces que estás equivocado en ese punto.
—No lo estoy.
—Solo estás cagado de miedo, y es normal —siguió ella, haciendo caso omiso a la interrupción. —Créeme, criar a un niño en una guerra es peor. No serás malo, Sirius, eres una excelente persona —el aludido desvió la mirada, incómodo y un poco avergonzado. —Te llevas de maravillas con mis hijos, ¿recuerdas?
—No es lo mismo —masculló él, derrotado. —Ustedes son los que lograron su familia de estampa. Yo solo soy el tío al que acudir para hacer trastadas —Lily quiso replicar pero Sirius la cortó de inmediato. —Nosotros no tenemos ejemplos como los suyos, pelirroja. La familia de Mar es una puta mierda, no sé si la recuerdas, y mejor ni empezar a hablar de la mía. Estamos solos, y estamos jodidos. No podría maldecir a un niño a vivir con nuestra mierda solo por un capricho, ¿no lo entiendes?
Un silencio tenso y sugerente se instaló en la cocina, mientras Lily apretaba los labios observando el jardín.
—No es un capricho —contestó al fin, triste. —Mar no lo ve como un capricho, y no deberías hacerlo tu tampoco.
—Es un puto capricho que le está costando la poca salud que había conseguido —rebatió Sirius con acidez. —No voy a seguir permitiéndolo, Lily —la pelirroja leyó esa resolución idéntica a la de James en los ojos de su amigo, y supo que no tendría caso seguir discutiendo.
La decisión estaba tomada.
—Esto se terminó.
Ella suspiró, bajando los párpados con pesadez por un momento.
—Habla con ella, por favor —pidió Sirius, dejando entrever la súplica. —Hazle entrar en razón.
—Haré lo que pueda, pero ya la conoces. Mar no va a dejar de intentarlo —dijo la aludida, sincera. —Y no puedo culparla, Sirius. No hay nada de malo en no tener hijos, pero es una elección. Mar no quería escogerlo. Solo le negaron la posibilidad antes de poder considerarla.
Él tomó una gran bocanada de aire que le inundó los pulmones antes de tener que darle la razón a Lily. Como siempre, la pelirroja estaba en lo cierto.
Sirius tenía una predilección especial por Ellie, pero Harry era su debilidad. Era el niño que le hubiese gustado ser, compuesto, inteligente, divertido. Con una familia preciosa y un corazón enorme. Luego había venido la tierna Ali e incluso Dan, que solo sabía berrear, se habían colado en su vida con una naturalidad de ensueño. Adoraba a todos esos niños, porque eran parte de su familia. Porque eran parte de Lily y James, sus amigos. Sus hermanos.
Quiso gritar de frustración, porque tal vez Mar pensaba igual que él. No deseaba hijos, no lo había hecho siquiera cuando había accedido a intentarlo, pero el anhelo de Mar de conseguir aquello que se abría ante sus ojos —Harry refunfuñando en el comedor, las niñas jugando, el bebé durmiendo y todos jodidamente felices— tal vez no significaba que Sirius no fuese suficiente.
Quizá solo quería ser igual de feliz que los Potter. Y, como siempre, Sirius seguía interponiéndose en su camino.
—No sé cómo mierda lo haremos, Lily —dijo con cuidado, más serio que nunca. —Pero vamos a resolver esto.
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Sí, sí, se me fue la cabeza. Sigan leyendo, prometo que tiene sentido. O lo tendrá, eventualmente.
¿Ya les dije que los quiero?
Ceci Tonks.
