La oscuridad me envuelve, como si se tratase de una vieja amiga. Su frío abrazo me es familiar y dejo que tome mi cuerpo y lo lleve.
Sólo siento un ardor, en el pecho. Mi corazón bombea tanta sangre que temo quedarme sin ella antes de despertar. Pero tal vez sea mejor así, si estoy muerto nadie puede herirme ni yo tampoco puedo herir a nadie. Tal vez este sea mi destino, tal vez todo acabe aquí.
—¡Malfoy!— Una voz, cálida pero segura. Al instante mi cuerpo reacciona y no sé porque me llena una gran felicidad— ¡Malfoy, despierta!
—¿Granger?
—Draco… Por favor… —susurra y el pelo de mi nuca se eriza de forma instintiva. Corro hacia esa voz porque, aunque no sepa la razón aparente, con ella estoy a salvo.
ooOOoo
Hermione daba vueltas en círculos, no recordaba haber estado tan nerviosa antes, pero era normal, ¿no?
Suspiró y se dejó caer en una de las sillas de incómodo material azulado. Menos mal que su gato Crookshanks estaba despierto y pudo traerle su varita, de no haber sido así, se habría quedado sepultada bajo el cuerpo de Malfoy durante unas cuantas horas.
La puerta de la habitación se abrió, y un hombre de piel morena, pelo oscuro y ojos almendrados saludó a Hermione.
—¡Dean! —exclamó pegando un respingo y levantándose de golpe—. ¿Y bien?
—No te preocupes Hermione —comentó con tranquilidad—. Ha sufrido un bajón de nutrientes y sus defensas estaban tan paupérrimas que de haber cogido el más mínimo resfriado seguramente no habría sobrevivido.
Hermione se permitió respirar y asintió. Dean Thomas la miró con curiosidad, con un millón de preguntas agolpándose en su garganta.
—¿Por qué… Por qué estás con él? —preguntó al fin.
—No yo… —carraspeó al pensar en la ideas que estarían pasando por la cabeza de su antiguo compañero de clase—. Soy su abogada, cuido de él hasta el día del juicio.
—Ah, ya entiendo.
—Bueno, ¿Qué tal te va Dean?
—Bien, el trabajo me ocupa la mayor parte del tiempo pero no me quejo.
—Padma me dijo que estabas saliendo con su hermana, ¿Me equivoco? — El sonrojo del muchacho le dio la respuesta afirmativa.
—Yo… Bueno, ejem… Sí, sí claro… ¿Ella te ha dicho algo?
Hermione sonrió ante el nerviosismo de Dean.
—No te has de preocupar Dean, según me cuenta Padma, su hermana está bastante contenta contigo.
Al instante Dean lució una sonrisa tan grande que Hermione temió que se le fuera a desencajar la mandíbula.
—¿Cuándo podrá salir?
Dean tardó un momento en darse cuenta de que habían vuelto al tema de Malfoy, carraspeó y ojeó sus informes.
—Es necesario que pase el día y quizás la noche, mañana estará como nuevo y podrás llevártelo, aunque…
—¿Qué ocurre?
—¿Me permites una pregunta? —vaciló—. ¿Por qué lo defiendes?
—Porque sé que es inocente, es todo —afirmó con seriedad, aunque, muy en el fondo, sabía que esa ya no era la única razón.
ooOOoo
Hermione abrió la puerta de madera blanca y entró. La habitación estaba bien ventilada; los primeros rayos de luz solar traspasaban los cristales y se colaban por los huecos que dejaban las cortinas.
En la cama, Draco Malfoy dormía con gesto cansado, tenía varías vías intravenosas conectadas a sueros y una máquina que marcaba sus latidos.
Dejó el bolso en la mesa y se sentó en el sillón. Observó su cara, estando así dormido realmente parecía un ángel. Suspiró y desechó esa idea de su cabeza.
Al instante un zumbido la sacó de su ensoñación, el móvil estaba pegando pequeñas sacudidas, haciendo que todo su bolso se moviera. Cogió el bolso y miró el número, al reconocerlo cogió aire y descolgó el teléfono.
—¿Hermione? ¿Estás ahí?
—Sí, soy yo, Harry, tranquilízate.
—Me ha sorprendido que no vinieras a trabajas, ¿Te encuentras mal?
—No, estoy con Malfoy en San Mungo.
—¡¿Te ha hecho algo?! —gritó enfurecido, ella no pudo evitar sonreír ante el instinto protector de su amigo.
—No, Harry, es él el que está en la cama.
—Oh… ¿Le has hecho tú algo?
—¡Harry!
—Perdón, perdón, aunque no me habría extrañado, al fin y al cabo no sería la primera vez que le das su merecido.
—Eso fue en tercero…
—No negarás que estuvo muy bien, ¿verdad?— Hermione se aseguró que Malfoy siguiera dormido y respondió.
—Estuvo muy bien.
Ambos rieron con ganas, añorando sin querer esos días despreocupados en los que los tres. Entonces ella guardó silencio ante el recuerdo de Ron y Harry pareció sentirlo porque rápidamente volvió a hablar.
—¿Quieres que vaya?
—La verdad es que te lo agradecería, pues quisiera ir a casa a cambiarme.
—Bien, iré en cuanto termine mi turno, nos vemos pronto.
—Hasta ahora —susurró, colgando el teléfono.
—¿Qué demonios es eso? —inquirió una voz a su lado. Hermione se giró de golpe, observando cómo Draco la miraba con incredulidad.
—¿No sabes lo que es un teléfono móvil? —preguntó, sosteniendo el aparato en alto.
—Pues no, ¿es un aparato muggle? —Hermione asintió—. Entonces no me interesa lo más mínimo.
—Como quieras —concedió con un suspiro, guardándolo—. ¿Y bien? ¿Qué tal te encuentras?
Ambos se quedaron callados, Hermione asombrada por su propia pregunta y Draco anonadado por su interés.
—Bien… Supongo —respondió al final—. ¿Estamos en San Mungo?— Hermione asintió, volviéndose a sentar en la silla cercana a la cama, acompañada de un grueso tomo forrado con papel de periódico.
Draco pegó un respingo al sentirla tan cerca, pero no dejó que se notase, al revés, se acomodó en la cama y le dio la espalda. Ella emitió un bufido en respuesta y abrió el libro, dejando que sus palabras la transportaran a un mundo diferente, donde no tenía que lidiar con aquel sujeto mimado.
ooOOoo
Draco se aburría, claro que se aburría. El hecho de estar tumbado lo enervaba, ¿Pero qué otra opción tenía? ¿Molestar a Granger? No sería buena idea dado que dependía de ella, cuanto le molestaba depender de ella.
Se dio la vuelta y observó cómo leía. Notó que su labio a veces se fruncían, otras veces leía en voz muda algún párrafo y en otras apretaba la mandíbula con insistencia.
Sin darse cuenta Draco sonrió, su cara de concentración era dulce y divertida. De vez en cuando uno de sus tirabuzones castaños caía sobre su campo de visión. Entonces Hermione alzaba sus dedos y con un movimiento rápido volvía a estar en su sitio.
Realmente ella era una mujer diferente, especial. Pero claro, él no lo admitiría nunca. Sin planearlo, pasaron por su cabeza las caras de todos sus triunfos y tropiezos amorosos, hasta que el rostro anguloso de Pansy Parkinson irrumpió en su memoria.
Draco cerró los ojos con dolor al recordarla. A su mente vino la imagen de la mansión Parkinson destrozada, de Pansy tirada en el suelo, sin vida. Recordó el dolor que sintió en ese instante, porque aunque sus sentimientos hacia ella habían cambiado, Pansy fue una buena amiga y compañera.
Rememoró su última charla.
—Draco debes de cuidarte de ella —dijo la morena, mientras le alcanzaba una de las copas llenas de whisky de fuego.
—Lo tendré, Pansy, no has de preocuparte. Sólo será una visita al Bosque Negro —añadió, pegando un trago del licor—. Astoria está empeñada en hacer unas vacaciones más "rurales" —enfatizó con algo de sorna.
Ella asintió, mirando con algo de preocupación a su amigo.
—Blaise me ha dicho que vuestra relación va viento en popa —aportó él, cambiando drásticamente de tema.
Pansy sonrió y asintió; sus sentimientos con Blaise siempre habían estado enterrados, pero, una vez que el moreno se le declaró, no pudo resistirse.
—Planeamos nuestro compromiso para dentro de poco, espero que estés aquí para la boda, Draco, nos complacería mucho que fueras nuestro padrino.
—Será un honor —afirmó con verdadero cariño, apretando la mano de su amiga.
Notó su corazón contraerse, su amor fue truncado a pocas semanas de la boda, aun no podía creer que su amiga hubiera muerto sólo por tener una marca en el antebrazo, sólo por intentar proteger a los suyos.
Porque Draco sabía que Pansy jamás había torturado ni matado a nadie, como mucho alguna herida superficial. Pero aún así había recibido el mismo castigo que aquellos que disfrutaban desmembrando a muggles.
La vida no era justa para aquellos, que cómo él, están condenados a vivir en la sombra.
ooOOoo
Cuando Dean Thomas abrió la puerta se sorprendió al ver la escena, Draco Malfoy estaba observando con insistencia a Hermione, y ésta se encontraba centrada en su libro, sin darse cuenta de la atención que el rubio tenía puesta en ella.
Antes de provocar un conflicto, cerró la puerta con demasiada fuerza, provocando un ruido que sacó a ambos de su ensoñación.
—Oh, Dean, ¿traes los resultados?
—Así es, Hermione… Draco, me alegra ver que vuelves a estar consciente —El aludido realizó un pequeño cabeceo como saludo—. Bueno, tienes bajo el nivel de azúcar, las proteínas son casi inexistentes por no hablar del hierro; también hemos encontrado pocos leucocitos en tu sangre, lo que indica que tu alimentación no ha sido muy buena. A pesar de que tienes los niveles de almidón estables, por lo que cenaste bien anoche.
Draco asintió, afirmando las dos suposiciones.
—Te seguiremos alimentando por vía intravenosa hasta la noche, luego podrás tener una cena normal, aunque habrá que ir poco a poco.
—Gracias, Dean.
—No me lo agradezcas, Hermione, es mi trabajo. Pasaré más tarde a veros —dicho esto le dirigió una última mirada de recelo a Draco y salió por la puerta.
El rubio esperó a que los pasos de Thomas dejaran de escucharse en el pasillo y volvió a girarse hacia la castaña.
—¿Granger, no tienes otro libro en ese bolso? —Al instante se arrepintió de su petición y añadió—. Mira mis niveles de aburrimiento que te estoy pidiendo a ti entretenimiento.
Hermione le miró con suspicacia.
—Claro que tengo, pero no creo que te interesen los libros de leyes mágicas, ¿O sí?
Draco se enfurruñó y la miró con enfado.
—¿Acaso crees que mi inteligencia no llega para leer uno de esos?
Hermione mantuvo la sonrisa como respuesta.
—Dámelo y te lo demuestro —le retó Draco
—Bien como quieras —concedió, encogiéndose de hombros. Se acercó al bolso y buscó entre sus bolsillos. Al final sacó un libro fino, de tapa oscura y algo malgastada—. Aquí tienes, "La ley mágica frente a la esclavitud de los elfos domésticos" —leyó antes de dárselo, disfrutando de la cara de consternación que ponía él—. Estoy segura de que lo encontrarás… Revelador.
Draco la miró asombrado ante su acto mezquino y lo cogió sin rechistar, aunque dentro de él preferiría leer cualquier cosa que no fueran elfos domésticos y sus derechos.
ooOOoo
Era increíble lo mucho que le costaba aguantar la carcajada. Hermione no recordaba haber hecho algo tan duro, y es que era imposible viendo la cara de confusión del rubio, pues con cada hoja que pasaba, su ceja rubia se alzaba más y más; tanto que pensó que se iba a salir de su frente.
Un sonido ronco afloró en su garganta y Draco desvió la mirada hacia ella.
—¿Te parece gracioso?
Hermione le miró con una sonrisa contraída, pero la risa se le escapó de su boca y comenzó a balancearse adelante y atrás, sujetándose el estómago.
Draco la miró atónito, nunca la había visto reírse, y la verdad es que su risa era alegre y dulce, tanto que él también empezó a reírse, aunque de forma más disimulada.
—Eres cruel, Granger.
—No… Dirás… Que… No… Es… Divertido —murmuró ella entre risas
Draco iba a lanzarle el libro cuando una voz varonil interrumpió las carcajadas.
—¿Hermione?
—¡Harry! —chilló, retractándose de su tono de voz al instante. Y, aunque intentó calmarse, la carcajada seguía atragantada en su garganta.
—Hola yo… ¿Estás bien, Hermione? —preguntó el chico, mirándola con preocupación.
—Yo… Ejem… Sí, Harry —murmuró entre sonidos roncos—. Gracias por venir yo… Yo tengo que esto… Irme, sí, eso. Ahora vuelvo.
—Claro, tú tranquila —añadió él, mirando a Draco, quien sonreía con gesto contraído—. Aquí te espero…
—Gracias, Harry —susurró antes de abrir la puerta.
—¡Eh, Granger, el libro!
Hermione se giró y alternó su mirada entre el libro y Draco.
—Casi prefiero que te lo quedes—aportó con una sonrisa. Él la miró horrorizado antes de que cerrara la puerta.
—Esa mujer es malvada —murmuró, dejando el libro en la cama, lo más alejado posible.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Harry
Draco le hizo caso omiso y lo observó de arriba abajo, Harry Potter había cambiado mucho, tenía en su barbilla una barba que necesitaba un corte pronto y sus ojos verdes estaban cansados.
—¿Malfoy, me has escuchado? —volvió a insistir.
—Pregúntaselo a ella, Potter.
Harry lo miró con seriedad pero acabó asintiendo. Se acercó a la silla que hace poco había ocupado Hermione y la alejó un poco de Malfoy. Después se sentó, sin dejar de mirarle.
—¿Tengo monos en la cara, Potter? —inquirió con cierta molestia.
—No me fio de ti, Malfoy, ni un pelo. Más te vale andar con ojo.
—¿En serio? ¿Me estás amenazando?
—No te amenazo, te pongo en aviso. Si le tocas un pelo te las verás conmigo —aclaró
—Pues no te preocupes, Potter, no tengo ninguna intención de hacerle daño a tu querida amiga.
Harry asintió, recostándose en la silla.
—¿Y qué me dices de Greengrass?
Draco se tensó al instante.
—¿Qué pasa con ella?
—Sabes que te la tiene jurada, y mientras estés con Hermione no te va a pasar nada malo, pero una vez que quedes libre quiero que te vayas, Malfoy, que te alejes de ella —afirmó, haciendo que su mirada dejara de ser serena para volverse fría—. Porque cómo Astoria le haga el más mínimo rasguño la culpa será toda tuya, ¿entendido?
—Te prometo que me alejaré de ella, Potter, de todas maneras no querría pasar más tiempo con Granger, eso te lo aseguro.
—Bien, me alegro de que todo haya quedado aclarado.
ooOOoo
Cuando Hermione volvió al hospital se encontró con Harry en la puerta, fumando con insistencia y dejando que el aire se llevara las bocanadas de humo.
—¿No lo habías dejado? —increpó ella, haciendo que el aludido sonriera.
—Sólo cuando Ginny está cerca, la verdad es que me viene bien para tranquilizarme, estos días en la oficina son una locura —aportó, emitiendo otra bocanada—. No paran de aparecer casos de mortífagos exiliados que se entregan a nosotros sólo para protegerse de las masas.
Hermione asintió y se apoyó contra la barandilla de metal
—¿Y esa bolsa?—preguntó él, observando el cargamento que llevaba su amiga.
—Libros para Malfoy.
—Te preocupas demasiado por él, ¿sabes?
—¿Y bien, a quién habéis encontrado? —añadió, ignorando sus palabras.
Harry apagó el cigarro en el cenicero.
—A una familia entera, apuesto a que Malfoy le alegrará saber que su buen amigo Nott está a salvo.
—¿Nott? ¿Theodore Nott?
—El mismo. Y no vas a creerte a quien hemos encontrado con él —Hermione le miró, instándole a continuar— A Luna Lovegood, con una barriga de bastantes meses además.
ooOOoo
Draco volvía a tener el libro de tapa oscura entre sus manos, la verdad es que era más interesante que quedarse de brazos cruzados mirando hacia la pared; aunque sabía que era una tontería liberar a un elfo contra su voluntad. Aunque no había sido el caso de Dobby, pero él era un elfo diferente.
—¿Malfoy?
Draco cerró el libro con rapidez y lo dejó en la cama.
Hermione entró con una sonrisa tranquila, cargando una bolsa de aspecto pesado. Se acercó a él y la dejó encima de la cama.
—¿Qué es esto?
—Pensé que sería muy cruel obligarte a leer este —aportó señalando el libro de los elfos domésticos—. Así que te he traído algo más animado, de mis años como estudiante.
Draco inspeccionó el contenido, había libros de Historia Mágica, Leyendas, Hechizos y Defensas. Pero el que más lo impresionó fue un tomo de cuero rojo, que narraba en letras negras "Maldiciones y sus soluciones". Miró con una ceja alzada a Hermione.
—¿Qué? Lo usaba cuando estábamos en busca de los horrocruxes, es interesante.
—¿De verdad? ¿No me quieres decir nada con esto?
—Malfoy, si deseara echarte en cara el pasado no usaría un libro, eso tenlo por seguro —aseguró con firmeza—. Si tanto te molesta me lo llevo —resolvió, cogiéndolo de sus rodillas. Pero entonces él agarró el libro justo por donde estaban las manos de Hermione y ambos se quedaron parados.
Hermione sentía los finos dedos de él sobre los suyos y Draco notaba la cálida y suave piel de ella. Al final fue Hermione quien soltó el agarre y poco a poco deslizó sus manos hasta alejarlas del tomo.
—Prefiero leerlo, sino te importa —agregó el rubio, volviéndolo a poner sobre sus rodillas.
—No, claro… —murmuró ella, algo confundida. Se sentó en la silla y abrió su propio libro.
—Gracias—susurró él al rato.
—¿Disculpa?
—No pienso repetirlo, Granger .
Hermione no dijo nada sino que, sonriendo y con el corazón alfo desbocado, volvió a su lectura.
ooOOoo
Bueno os quiero agradecer a todos los que seguís esta historia, en serio muchas gracias ^^
Y un besote a mis queridas
SilvanaLuci
aRiElLa 95
Giselle Lestrange
mary-animeangel
Que me dan ánimos con sus comentarios y me echan reprimendas si tardo xD
Se os quiere!
Un besotee
