~Piel~
«La verdadera alma de un hombre está en su corazón. El resto, es sólo carne»
—¡Qué no, Sirius! —exclama, revolviéndose contra las sabanas, debatiéndose contra su cuerpo que lo aprisiona contra su propio colchón.
—Estate quieto, Remus —responde el desgraciado, con esa sonrisa perruna en los labios y ese brillo en los ojos, mientras le sostiene los brazos con ambas manos, intentando inmovilizarlo. Pero no es fácil, porque Remus es un flacucho, pero también es un lobo y tiene fuerza, mucha.
Pero Sirius es Sirius, y esa es su mejor arma.
Ruedan por la cama, medio luchando. Hasta que Sirius hace lo único que puede hacer para que se quede quieto: le besa. Profundo e intenso. Le distrae y se apresura a actuar.
—Eres un —suspira— inmaduro — pero Sirius oculta una sonrisa en el hueco de su cuello, porque sabe que eso es una rendición, que Remus se esta rindiendo a él.
Y aún sonriendo le besa el cuello, suavemente. Y luego son su lengua y su saliva y sus dientes; y besa y muerde y chupa. Fuerte. Y juraría que escucha a Remus gemir.
Entonces le marca.
Y se aleja para contemplar el resultado, satisfecho. Porque Canuto es un perro muy celoso, y no se mea alrededor de Remus para marcar su territorio no porque no quiera, sino porque este no le dejaría. Pero supone que esa marca rojiza en el cuello que le durará varios días y que es casi imposible de ocultar bastara por ahora.
Porque esa marca grita mío tan alto que es imposible no escucharlo. Porque Sirius sabe que Remus siempre le lleva dentro, profundo, en ese lugar especialmente reservado para él…
Pero ahora también le lleva en la piel.
