¡Hola, criaturas! ¡Volví con la actualización del fanfic! Como, evidentemente, pueden notar...

Literalmente, la mitad de esto lo escribí hoy xD me entretuve toda la semana jugando Skyrim y Dota, por lo que me atrasé.

Pero bueno, en cuanto lo terminé me tomé una ducha, y acá estamos xD

Espero que lo disfruten ¡Les dejo leer!


Se levantó a las nueve de la mañana. Ahora que iba a comenzar a ayudar en la cafetería, Kuschel le había pedido que se presentara a las nueve y media o diez. Bostezó, yendo al baño y mirándose al espejo. Se tendría que afeitar, su barba insistía en pinchar su rostro de una manera molesta.

Tomó la crema y la navaja de su bolsa. Nunca había creído en las Gillette. Con cuidado y suavidad, comenzó a recortar los pelos. Se sobresaltó y casi se corta cuando escuchó unos toques en la puerta. Se miró en el espejo, parecía una especie de Papá Noel con la cara a medio afeitar.

— ¿Extranjero? —sonrió al escuchar. Ah, era Levi. Probablemente había venido a buscarlo, que ternura.

— ¡Pasa! —gritó. Escuchó el picaporte y los pasos livianos rondar por la habitación.

—Te he traído la ropa limpia que dejaste en la Lavandería— le informó. Lo escuchó buscarlo, hasta que se acercó al baño— Vaya ¿Ya estamos en navidad?

—Tengo un paquete para ti entre mis pantalones— sonrió, mirando a través del espejo como sus mejillas se sonrosaban un poco, a la vez que negaba y rodaba los ojos. Luego lo vio enfocarse en su espalda, bajando lentamente por su espina. Subió a sus hombros.

—Tienes muchos tatuajes— comentó, buscando un tema de conversación. No había demasiada gente en la cafetería, era fin de mes. Eren terminó de enjuagarse la cara, dándose vuelta por fin. Su torso quedó expuesto hacia él, pudiendo ver una fecha en su pectoral izquierdo.

—No era mi idea tener tantos— contó, mirándoselos— Pero se han sumado de a poco.

— ¿Puedo…? —casi susurró, como queriendo que no lo escuchara. Sonrió, acercándose. Tomó su mano y lo llevó hasta la cama, donde primero mostró su torso desnudo.

—Los que seguro ya has notado, porque siento tus ojitos curiosos sobre mi piel— extendió sus brazos, deleitándose con la vergüenza comenzando a cubrir el rostro del contrario— El mapamundi y la brújula— se sentó a su lado, mostrándole mejor el mapa— Los países que he visitado están contorneados.

—Son bastantes…— comentó, posando las yemas sobre su piel. Se estremeció y los vellos de su brazo se pararon— ¿Una casita en Alemania? —se burló, mirando un dibujito infantil y simple en el contorno.

—Bueno, en cada uno está lo más importante o lo que más me gustó al visitarlo— señaló Brasil— mi madre era Brasilera, mi abuela sigue viviendo allí. Es el único familiar que me queda— el moreno sonrió, recordando a la excéntrica de la Baba— Ella vive en Río, así que hay otra casita allí. Más al norte está marcado el río Amazonas, al sureste, donde están las Cataratas del Iguazú hay un loro. Ese pajarraco me encanta —también había una pequeña serpiente.

— ¿Fuiste más de una vez? —preguntó, acercándose un poco más. El ambiente era cómodo.

—Brasil es enorme—rió— volvería cuanto fuera necesario, es realmente maravilloso. Siempre te encuentras algo nuevo— movió su dedo, señalando una cordillera— La Cordillera de los Andes. Escalé algunas montañas de allí, tiene paisajes hermosos— fue hacia el norte— Nunca voy a poder olvidar los Tacos picantes que comí en México. Mi lengua todavía sigue sensible— había un dibujito de la comida, y un cactus— En Alaska casi me secuestro perros esquimales. Son demasiado lindos— había una silueta de un perro.

—América… es un continente maravilloso…— tocó el dibujo del continente, casi sintiendo el cariño que tenía Eren por cada dibujito que había en los contornos.

—Asia también lo es— movió su dedo hacia la derecha, aterrizando en Tailandia. Había un templo, simple y prolijo, que apenas entraba en el pequeño contorno. India tenía El Taj Mahal, y un poco más al norte, el nombre Nirav— India era tan maravillosa… al igual que un dolor de cabeza, la cantidad de vendedores, mendigos, predicadores… era divertido— sonrió al recordar su experiencia. Fue su segundo viaje, luego de Chequia. El primer día casi le da un infarto.

— ¿Un Canguro en Australia? ¿No podrías haber sido un poco más original?— dijo, al ver el simple canguro en el centro de la isla.

— ¡Pero son maravillosos! — Se abogó, divertido— Deberías verlos— buscó qué más mostrarle. Fue hacia África— En Etiopía unos nativos se ofrecieron a ponerme tinta sobre la piel— señaló el aún fresco "tatuaje". Las líneas eran trémulas, pero le encantaba. A un lado de Madagascar había un león, y en Mozambique una serpiente.

—En Europa no conociste casi nada— miró— Solo república Checa.

—Fui en semana santa— llevó sus ojos a aquel país. Había un huevo en el contorno— la fiesta fue… maravillosa. Era algo espectacular, los huevos eran un arte.

— ¿Y el otro brazo? —ya sin vergüenza, y con la confianza suficiente, tomó el brazo izquierdo.

—Es una brújula— rozó sus dedos, pasando las yemas por la tinta— La aguja mayor apunta hacia mi casa— mostró unas coordenadas, con una casita a un lado, que estaban en su muñeca— Y también tiene la estrella polar— Un poco más abajo, estaba la constelación de la Osa Menor, con la estrella polar un poco más grande— y al opuesto, la cruz del sur— mostró también la pequeña constelación.

— ¿Y esto? —presintiendo que era un tema delicado, acarició con cuidado los números romanos en el pectoral izquierdo del moreno. Sintió el músculo contraerse ante su tacto frío, y como Eren se estremeció. Con suavidad, deslizó sus yemas por todo el tatuaje.

—Bueno, eso…— susurró, tomando su otra mano— es la fecha dónde murieron mis padres.

Ambos se quedaron callados.

Levi nunca había sido bueno para consolar a la gente, mucho menos en algo que era tan extremadamente sensible como ese tema. Miró el año, no era hace demasiado, lo cual le estrujó su propio corazón.

Eren solo tenía veintidós años.

—Pregunta, si quieres— Escuchó decir, a la vez que sentía su mano en la espalda. Era cálida. Reconfortante. Parecía que el calor del sol había quedado tatuado permanentemente en su piel.

—No soy bueno consolando personas— respondió, aún con sus dedos en el pectoral izquierdo— Y si te echas a llorar no sabré que hacer más allá de huir— se encogió de hombros, pero su vista parecía magnetizada al tatuaje.

—Siempre terminas huyendo de mí ¿Acaso te pongo nervioso? —la actitud provocativa volvió, atreviéndose a acariciar el muslo de Levi sugestivamente. Lo vio sobresaltarse por el toque— ¿Tienes miedo de que te coma a besos y que te guste? —esta vez susurró en su oído. Le gustaba hacerlo. Un estremecimiento y un leve color en las mejillas del más bajito eran su recompensa cada vez que lo hacía.

—Tengo miedo a que me denuncies por molerte a golpes— trató de sonar duro, pero no le salió. Su voz tembló por un momento, y fue el delator de su nerviosismo. La mano de Eren que tenía atrapada la suya afianzó más el agarre. Allí recordó que estaban con las manos entrelazadas.

Es que… ese tacto tan íntimo se había vuelto tan… familiar…

—Bueno— recibió un beso en los labios. Súbito, sorpresivo, rápido y dulce, como todos los que le daba Eren. Suspiró, enojado consigo mismo. Dejó que ese extranjero hiciera lo que quisiera, y ahora no podía evitarlo. El moreno era tan cariñoso con él que le daba una mezcla de náuseas por lo cursi que podía llegar a ser, pero también hacía que su corazón, su pobre y normal corazón, se acelerase de una manera, quizás, un poco peligrosa.

El pobre músculo no estaba acostumbrado a que un morenazo mitad brasilero cayera del cielo, ni mucho menos que pareciera dedicarse a robarle besos.

—Me vestiré y bajaremos a la cafetería ¿Si? —Fue al armario del lugar, donde estaba su valija— No te excites por verme cambiarme— le sonrió de esa manera tan tortuosamente insoportable, haciéndole rodar los ojos con molestia.

Al parecer, Eren tenía un gran talento para cortar sus pensamientos románticos diciendo guarradas.

Era un buen antídoto para cuando le daba un ataque de mariconada cursi.

—A ti se te parará solo por saber que te estás cambiando en frente mío— él rió, sacando unos pants negros del armario.

— ¿Quieres un striptease? — dijo con un tono sensual, a la vez que azotaba el pantalón contra su pierna desnuda, sin hacer nada más que un ruido un tanto amortiguado. Miró la tela aburrido, y luego la subió a la cara del Moreno, que contenía una sonrisa.

— ¿En serio? —se burló, consiguiendo una risotada de Eren. Se puso los pantalones, que le quedaban tan malditamente bien, llegando a un nivel absurdo. En serio. El elástico se ajustaba perfectamente a su cadera, y el borde del bóxer Calvin Klein le daba un toque, quizás, demasiado sensual.

Demonios. Ese inútil no necesitaba un strip para ser un profesional en mojar bragas y montar carpas.

Sacó una musculosa gris, simple, solo con un estampado de un Stormtrooper de Star la colocó, deslizándola por su jodidamente perfecto torso bronceado. Levi tragó al ver los omóplatos del extranjero unirse al levantar los brazos, contrayendo sus músculos, y haciendo que esa hermosa serpiente que surcaba su columna resaltara.

— ¿Qué es? —preguntó, inundado por la curiosidad. Era un diseño hermoso. No era realista, sino mucho más artístico. Los colores rojos y amarillos se fundían en su piel morena. Encajaba a la perfección, una armonía de mimetización y contraste

—Es una serpiente Coral del amazonas— respondió— ¿Recuerdas cuando te conté que me mordió una serpiente y casi muero? Bueno, fue esta pequeña mierdecita. Dolió como mil carajos— de solo recordarlo siseó un poco— Fue la primera, en mi primer viaje al amazonas. Es la que más claro recuerdo la sensación del veneno, de los colmillos clavándose en la piel repentinamente…— tocó suavemente donde estaba la cabeza, en su espalda baja— cuando volví a Río con mi abuela, ella me dijo que tenía que rememorar eso. Y bueno, aquí está.

— ¿Qué clase de abuela incentiva a su nieto a que se haga un tatuaje de una serpiente que lo mordió en la selva? —cuestionó. Por un milisegundo, se imaginó a una anciana decrépita con el rostro de Eren. Le causó gracia.

—La mía. Y fue la primera de varias— sonrió—aquí me mordió otra— mostró su muñeca derecha, arriba del planisferio. Había otra pequeña serpiente roja allí, parecida a la de la espalda. Se podía entrever dos puntitos en la piel. Era una cicatriz— Y para colmo de males, una mamba verde en la pierna ¿Suerte la mía, eh? —Mostró la zona de su pie conectándose con la pierna. Un tatuaje de la serpiente estaba enrollándose por todo el tobillo, mientras la pequeña pero amenazante cabeza miraba hacia arriba— Esta fue de la primera vez que viaje a África. Me agarró un cagazo que no volví hasta ahora.

—Y todavía no entiendo porqué no moriste, y tengo que soportarte aquí— suspiró, fingiendo.

—Para darte vuelta el mundo— Le contestó. Se puso la musculosa. Esta vez Levi tuvo una espectacular vista de cómo el abdomen de Eren se estiraba en frente suyo. Una vez que terminó, miró sus pies nuevamente— Y por último, estos dos— señaló unos que el de pelo negro no había notificado.

En el talón del pie izquierdo había un pequeño tatuaje del planeta tierra. Y En el derecho, la palabra Wanderlust.

— ¿Wanderlust? —preguntó.

—Es un fuerte deseo por recorrer y conocer lo que hay en el mundo— contestó— es bastante mainstream, lo sé, pero me sentí identificado.

—Pensé que eras más original— rodó los ojos— entre el canguro y esto, toda la curiosidad que sentía por ti se esfumó.

—Soy muy original en otras cosas— levantó sus cejas, con notable sugestión— me sé más posiciones que Kamasutra.

—Sí, claro —rodar los ojos se le estaba haciendo un hábito junto a ese tipo. Y es que, era eso, o un maldito sonrojo.

—Si quieres te las enseño— se acercó y golpeó su entrepierna contra el hombro del contrario.

Recibió un puñetazo directo en las pelotas.

Dolió.

-x-

—Levi— llamó, terminando de secar las cosas. Las acomodó en las pulcras repisas del lugar, en exposición. Aunque, detrás de toda esa elegancia y limpieza, había una cocina llena de cosas para lavar.

Tantos pasteles requerían muchas herramientas.

— ¿Si? — levantó la vista de las mesas que estaba limpiando. Ese día llevaba un malditamente delicioso jean claro rasgado, y una musculosa negra que debería ser completamente ilegal. En serio, su sanidad mental pendía de un hilo al ver la prenda ajustarse a su hermosa y pulcra piel blanca.

— ¿Hoy tienes algo que hacer? —preguntó.

Armin y Jean le habían mandado un mensaje.

—Si lo que tienes planeado es secuestrarme después del trabajo, te aviso que haré que lo pagues caro— dijo, neutro, pero con un atisbo de diversión en su voz.

—Oh, y yo que ya tenía preparada la camioneta negra— fingió frustración.

—No tengo nada que hacer luego de trabajar, como siempre— respondió a la primera pregunta. Pensaba que Eren ya había asumido que nunca tenía nada en las tardes.

No dijeron nada más. El moreno siguió con su labor. Era una suerte que hubiera conseguido trabajo, y mejor si era con esos excéntricos y divertidos franceses. Esa mañana Kuschel le había estado parloteando sobre todas las travesuras que hacía su amado Levi. De solo imaginárselo de pequeño, con el rostro infantil lleno de barro y raspaduras, le daban ganas de comérselo a besos.

Ese sentimiento también había aparecido cuando un sonrojo furioso, de vergüenza e ira, había invadido sus delicadas mejillas al encontrarse con su madre diciendo ese tipo de cosas.

Ella le había prometido que luego le mostraría un álbum.

El silencio los rodeaba, y eso poco a poco estaba desesperándolos a ambos. Eren comenzó a lanzarle miradas furtivas. En su mente estaba buscando un tema de conversación que no quedara muy forzado.

—Y… ¿Cuál es tu animal favorito? —falló.

Pero, consiguió que la mirada interrogativa de Levi se posara en él. Este terminó de acomodar el mantel. Las mesas ya habían quedado acomodadas.

—No tengo uno— contestó, encogiéndose de hombros.

—Anda, tiene que haber uno que te guste más— presionó. Guardó las afamadas tazas inglesas en la vitrina. Levi se acercó y apoyó en la barra.

—Me gustan… no sé…— hizo una mueca de concentración que le dio ganas de morfarlo. Querría verlo así para toda la vida— los felinos… los reptiles…

— ¿Te gustan los gatos? — Preguntó, interesado— en Indonesia vi uno en un tour. Un gatito muy lindo, naranja y con rayas negras, garras como cuchillos y colmillos que daban miedo. Pero lo peor: Su aliento. Ese bicho tenía un aliento de mil demonios— contó, recordando. La vez que se encontró con un tigre, por suerte estaba arriba de una camioneta. El animal rugió, y todo el aliento pestilente le llegó de lleno en la cara.

—Yo tengo un gato— se encogió de hombros— cuando fuiste a mi casa no lo viste.

—Supongo que en ese lugar viven dos gatitos muy lindos— Levi lo miró extrañado, buscando la razón por la cual su inútil cerebro había procesado información de que tenía dos mascotas— gatito.

—Vuelve a decirme así— gruñó— y te cortaré las pelotas.

—No te enfurruñes conmigo— se quejó— deberías haberte sonrojado y girado, evitando mi mirada, con vergüenza. Luego decirme en voz baja que no te diga más que te pareces a un precioso y malhumorado gatito, y por último aceptar que te voy a decir así— enumeró, mirándolo.

—No sé qué te fumaste— Eren también se apoyó en la mesada, enfrentando miradas— pero parece una escena sacada de alguna porquería homosexual.

—Ya te dije, tu aroma es mi droga— de improviso tomó la mano blanca, llevándosela cerca de las fosas nasales. Inspiró profundamente, luego haciendo un sonido de placer, como si hubiera inhalado el mejor polvo. Se encontró con Levi mirándolo burlón.

—Estás enfermo— se separó, yendo detrás de la barra. Pasó por un lado del castaño, que lo miraba detenidamente, y tomó un pastelillo de la vitrina.

—Enfermo de amor por ti.

—Eres tan cursi que me das dolor de estómago.

—Mi idea era darte dolor en el culo— aprovechó que estaba de espaldas a él, y embistió su trasero suavemente. Levi solo se detuvo a mirarlo con asco, antes de abrir su pastelito y darle un mordisco, haciendo que algunas miguillas caigan en la barra.

— ¿No tendrías que estar yendo al trabajo? —preguntó, mirando la hora. Se agachó y robó un mordisco del dulce. El francés solo masticó lento, mirándolo fijamente.

—Vuelve a hacer eso y te bajo los dientes— espetó.

Aunque a Eren se le ocurriera violar su boca cada vez que quería, eso no debía decir que se pusiera malditamente homosexual.

— ¿Qué? ¿Te molesta que solo te de un beso indirecto? — quiso agacharse a besarlo, pero lo apartó.

—Qué asco, tienes comida en la boca. Primero traga, cerdo— no dejó que el moreno tocara sus labios. Aun insistiendo y haciendo fuerza, Eren abrió su boca, sacando su lengua. Se rió al ver la cara de horror y asco que puso Levi al ver la comida medio masticada en su boca— ¡Eres un asco!

—Y soy más sucio en la cama ¿Te lo demuestro?—jaló sus caderas, pegando sus cuerpos.

—No hables con la boca llena— reprendió. El moreno tragó exageradamente, denotando el gesto.

Levi no pudo despegar su mirada de la nuez de Adán subiendo y bajando.

Fue estampado contra la pared. Eren deslizó una de sus manos, subiendo por su cintura lentamente, pasando por su cuello con delicadeza, llegando a acariciar su rostro suavemente.

Y nuevamente, Levi no pudo sostener la mirada a esos ojos turquesa, que volvían a tener ese brillo tan hermoso. Sentía como analizaban su rostro, otra vez.

—Realmente no bromeo cuando digo que eres una de las personas más hermosas que he conocido en mi miserable vida— tragó al escuchar eso, sintiendo una suave caricia en su mejilla. Tembló. El tacto era tan suave, tan delicado. Lo acariciaba casi sin tocarlo, como si fuera a romperlo a la menor presión. Cerró los ojos, disfrutando del calor que emanaba la cercana mano de Eren.

Los abrió, dirigiéndolos a los del moreno. Este jaló su cintura, atrayendo sus cuerpos aún más. Sin ser necesarias las palabras, ambos cerraron los ojos y acercaron sus labios.

Cuando sintió el tibio tacto de los labios de Eren contra los suyos, un escalofrío placentero le cruzó la espalda. Se tomó el gusto de saborearlos, sin la interferencia del alcohol. Eran carnosos, húmedos, y tenían un pequeño sabor dulce.

Le gustaban.

Se dejó hacer, soltándole las riendas a Eren. Se rió en sus adentros, mantendría un poco de control de todas formas, no fuera que de repente tuviera la lengua del tipo inmiscuyéndose en su boca.

Esperen, eso es lo que estaba pasando.

Tanto lo había anestesiado que pudo deslizar su lengua sin problemas entre sus labios. Pero, contrario a lo que había pensado, no era un salvaje horroroso que le dejaba cinco litros de saliva. No, era suave, controlado.

Como los anteriores.

Tanto que incluso lo disfrutó.

Su propia lengua también entró en juego, acariciando levemente a Eren. Unas vibraciones guturales surcaron su garganta, haciéndole estremecer placenteramente. El hijo de puta se había reído un poco, y solo con eso había creado un estrago en su mente.

Lo mordió como venganza, consiguiéndose otra risa. Cuando se quiso dar cuenta, ya estaba envolviendo la cintura de Eren con uno de sus brazos, rodeando su cuello con el otro. No, no se pondría en posición de jodida colegiala enamorada, enredando los brazos en su amado y levantando un pie.

No, definitivamente no.

Pero Eren era tan malditamente bueno besando, que terminó enredando sus brazos alrededor del cuello de todas maneras. Solo se quedó allí, sintiendo como su lengua era… ¡Baboseada! Por ese alemán, pero baboseada de una manera tan jodidamente buena, que no se apartó.

—Levi, bebé ¿Sigues por aquí? Necesitaría que… ¡Oh dios! —Kuschel entró a la cafetería, viendo como los dos veinteañeros se comían la boca en primera plana. Se separaron inmediatamente, con un chasquido húmedo y vergonzoso— ¡Lo siento! —la mujer se dio vuelta, dispuesta a huir.

— ¡No, mamá! ¡No es lo que parece! —quiso excusarse, pero ella ya se había ido. En ese momento, cayó en la cuenta de que estaban en un maldito lugar público. Miró a su izquierda. Había una señora mirándolos a través del ventanal, que sonrojada, marchó rápidamente cuando se dio cuenta de que había sido descubierta.

—Ups, que bueno que me contuve y no te tenía contra la barra haciéndote cosas poco decentes— aunque el ambiente romántico y todos esos pensamientos sexys ya se habían esfumado cuando su madre interrumpió (Y para colmo de males, llamándolo de una manera tan ñoña) ahora, ese comentario por parte del extranjero había terminado de asesinar todo posible ambiente.

Y no, no era recuperable.

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Luego de aquel incómodo encuentro con su adorada madre, se había separado y tomado sus cosas en silencio, aunque podía sentir la mirada del castaño calando su espalda.

Si, tan sutil como siempre.

—No me respondiste…— murmuró Eren, buscando conversación— ¿No deberías haber entrado a trabajar ya?

—Hoy entro más tarde— se encogió de hombros. Su idea era ir a hacer compras y limpiar el departamento.

— ¿Quieres ir a algún lado? Yo tenía cosas que hacer, y me gustaría que me acompañaras. No lo sé— vio como se rascó la nuca— para pasar tiempo juntos… o algo…

— ¿Y para qué querría pasar tiempo con un raro que lo único que hace es decirme obscenidades de cómo quiere cogerme contra cualquier lugar? —lo miró de reojo, guardando su celular en el bolsillo externo de su mochila.

—No sé— se estremeció cuando su mano fue tomada. El idiota tenía que largar un comentario, él se enojaría, se separarían, y luego iría a hacer las compras y limpiar el departamento.

Pero Eren tenía otros planes. Unos que incluían tomar su mano con tanta delicadeza que su corazón dio un salto.

—No solo te digo comentarios subidos de tono…— le escuchó decir.

—No gano nada si voy contigo.

—Pero tampoco pierdes— y le sonrió.

Denúncienlo por no poder resistirse a esa sonrisa.

Mierda, estaba jodido.

-x-

No pregunten por qué, pero al final, había sido arrastrado por Eren hasta el borde de la ruta A61, a las afueras de la ciudad. Habían ido caminando a un ritmo lento, y ese inútil no paraba de parlotear. Se quedaron parados allí, en silencio.

—Entonces… bueno, me voy…— anunció, con intenciones de darse la vuelta. Tenía mejores cosas que hacer que estar parado al borde de la ruta.

—Espera, bonito ¿A dónde crees que vas? —Lo detuvo, tomando su mano y entrelazando sus dedos— no tiene sentido querer pasar tiempo contigo si no estás aquí.

—Digamos que no es muy tranquilizante estar parado al borde de una ruta nacional, con un extranjero, esperando a alguien que no sé quién es.

—Que poca confianza me tienes— rió, soltando su mano y tomando su cintura— estamos esperando a una Toyota Fortuner gris plomo.

—Que bien, si era negra ya estaba volviendo hacia mi casa— se burló. Acompañando la risa de Eren, ese brazo se ciñó aún más, llenándolo de un cálido sentimiento vergonzoso.

El tipo se estaba pasando de confianza con él.

Luego de un rato, hablando de tonterías, el moreno se enteró de que a Levi le gustaban las serpientes.

—Bueno, ya sabes mis experiencias con ellas— comentó— pero no se puede negar que son fascinantes, y en muchas ocasiones, hermosas.

—Por mucho tiempo pensé en comprar una serpiente ratonera, o una Rey de California ya tenía el dinero para el terrario y todo— suspiró, cerrando los ojos— pero entre que mi madre les tiene pánico, que vivo con una loca desquiciada, y que la tarde que iba a comprarla me encontré con mi gato, bueno… no se dio.

—Qué lindo, rescatando gatitos— besó su coronilla, inundado por la ternura irremediable que le generaba ese chico.

—Aunque me dan ganas de tener una boa constrictora y enredártela accidentalmente al cuello— gruñó, limpiándose la zona donde recibió el afecto.

Iban a seguir charlando, pero una camioneta paró a su lado. Eren sonrió enormemente, y de repente, salió un pequeño rubio a lanzarse en sus brazos.

Para lo cual, lo soltó a él.

Y de repente, una oleada de irremediables celos lo inundó.

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Estaban sentados en un café de por ahí. Luego de ser levantados en la camioneta, a la cual se opuso a entrar, Eren no paraba de hablar en alemán con las otras dos personas. Solo se había limitado a ver por la ventanilla.

Ahora ingería con total paciencia su jugo de naranja, viendo si en algún momento, ese estúpido extranjero se dignaba a presentarlo. Parecía que estaban hablando de él, ya que Eren le lanzaba algunas miradas.

Si, de esas que le mueven el suelo.

Cuando trató de envolver su cintura, golpeó la mano, mirándolo feo.

—Me iré— anunció sin más, levantándose. Dejó el dinero necesario para pagar su parte y tomó su mochila.

Prefería ir al mercado a que Eren parlotee sin darle una pizca de atención.

—Espera, ¿A dónde vas? —Los ojos confundidos que puso le detuvieron, pero la convicción de no querer estar allí se acentuó— ¿Ya tienes que ir a trabajar?

—No— respondió, escueto. Cuando se iba a ir, la mano de Eren en su cintura, otra vez, lo detuvo. Hirvió de rabia y coraje ¿Ahora se dignaba a incluirlo un poco?

—Eren, si te pasas hablando con nosotros, y encima en alemán, será normal que quiera irse— reprendió el rubio. Vaya, por lo menos tenía cerebro. Hablaba un inglés fluido.

No todos los alemanes eran idiotas.

—Soy Armin Arlert— se presentó cordialmente, levantándose y tendiéndole una mano— muchas veces, hago de abogado personal del idiota de mi mejor amigo— recibió una mirada fea del castaño— lamento que se haya encaprichado contigo. Puede ser muy terco cuando quiere.

—Tampoco soy tan malo, Armin— cuando se giró, encontró a un Eren con las mejillas algo coloreadas de rojo. Se pasó el cabello hacia atrás, algo furioso y avergonzado. El otro tipo se reía en su cara.

—Oh, lo siento ¿destruiré toda la imagen cool y exótica que generaste en frente de él? —preguntó, con total inocencia, sabiendo que lo hacía.

— ¿Cool y exótica? —Se burló— Es un depravado acosador que habla obscenidades todo el tiempo.

—Ya, ya— se quejó— si todos se iban a poner en mi contra, ni hubiera invitado a Levi para que los conozca…

— ¿Qué pasa, Yaeger? ¿Este francés pensaba que eras siquiera, algo cool? — por fin, habló el que, por lo que sabía, se llamaba Jean. A decir verdad…

…pronunciaba el inglés para la mierda…

—Yo todavía no entiendo cómo, siendo Armin tan inteligente, sale con una yegua— rezongó. El rubio se volvió a sentar, siendo acompañado por Levi. Eren se atrevió a tomar su mano por debajo de la mesa.

— ¿A quién le dices Yegua, bastardo suicida?

—Ya, chicos… ¿No están un poco adultos para empezar con sus riñas otra vez? — El pequeño rubio-cara de ángel, trató de hacer la paz.

—Vuelves a decirme bastardo suicida…— amenazó.

— ¿Y qué? ¿Me vas a acusar con el francés? —se burló. El de pelo negro levantó una ceja ¿Lo estaba metiendo en todo eso? Aunque la mitad de las cosas que decía no las podía comprender.

En serio, hablaba para la mierda.

—Te voy a cortar eso que llamas pene y te lo voy a poner en la frente, así te conviertes en un unicornio, caballo— cuando iba a actuar, un pellizcón en su brazo le hizo retorcerse de dolor, mirando al causante.

—Ya basta, Animal— su tono de voz detuvo la riña momentáneamente, ganándose el silencio de Eren y las risas de Armin. Al final, el tipo le había caído… bien, aunque a la primera impresión le hubiera molestado.

— ¿Te controlan tan fácil, Yaeger? —se burló otra vez.

Ya estaba con las pelotas por el suelo.

—Más animal eres tú, que no entiendo ni la mitad de lo que dices con tu asquerosa pronunciación— las carcajadas sonaron en la mesa, excepto por el tipo, que se limitó a tomar su café. Miró su celular, eran las doce y media de la tarde. Su estómago gruño levemente.

Pero otra cosa lo distrajo.

Un Whatsapp.

Se puso a chatear con uno de sus ex compañeros, por medio de un grupo, mientras las otras tres personas charlaban. Sintió la mirada de Eren clavada sobre él, pero decidió ignorarla.

Le pagaría con la misma moneda.

Fingió reír un poco, tecleando más rápido la respuesta, como si le hubieran mandado un mensaje divertido. El brazo moreno se pasó por detrás de su cintura, estrechándolo, pero solo siguió typeando, procurando que no viera lo que había en la pantalla.

— ¿Levi?

Una sonrisa se extendió por sus labios.

— ¿Si? — dijo, aún sin mirarlo. Armin y Jean reían de la exasperación del castaño por conseguir que su atención se desviara del aparato.

—Oye, me estás poniendo celoso— de nuevo, tan directo como siempre, no se esperó esa frase. Lo miró, tenía el ceño fruncido— charla con nosotros.

—También hemos sido bastante desconsiderados— cuando iba a responderle que se jodiera, el maldito tipo que debía de ganarse un premio nobel a la paz habló— no nos vemos hace tanto que charlamos de cosas que no conoces.

—La verdad, casi un año es mucho— coincidió el de ojos verdes, enviándole miradas furtivas a su pequeño y malhumorado francesito. Que ganas le habían dado de sacarle el celular y lanzarlo por ahí. Esos preciosos ojitos grises solo debían estar enfocados en él.

La conversación siguió desde ese punto, pasando por varias cosas. Cada un rato miraba su celular, a las dos y media de la tarde tendría que entrar a trabajar. Pidieron una pizza en el lugar. El sol estaba comenzando a molestar un poco.

— ¿Oigan, y cómo se conocieron? —Eren casi escupe su refresco, mientras que Levi solo levantó la mirada de su almuerzo. Parecía el principio de un interrogatorio de parejas ¿Por qué? Eren solo era un idiota que tenía la suficiente confianza, e impulsos suicidas, como para atreverse a pasarse de la línea con él.

Armin y la cajera de aquel supermercado estaban confundiendo algo al pensar que eran pareja.

—Una noche entró un vagabundo al lobby del hotel, y alquiló una habitación de casi setenta Euros. Y luego me enteré de que era peor que una persona sin hogar, era un idiota atrevido y violador— resumió, ganándose las risas de los dos alemanes. Eren rió sin gracia un poco después.

—Que linda imagen que tienes de mi…—terminó tomándoselo con gracia, besando su cabello. Levi se removió, no le gustaba que hiciera eso.

No, definitivamente no eran pareja.

—Yo solo vi un precioso recepcionista con un par de jeans que resaltaban tu tra…— le pegó un codazo antes de que se le ocurriera decir alguna perversión.

—Un guarro, además.

—Eren siempre tuvo la mala costumbre de decir lo primero que se le venía a la mente— rió el rubio— cuando éramos pequeños se buscaba pelea con los más adultos, terminaba golpeado casi todas las tardes.

— ¡Armin! —se quejó.

—Además, creía que era un superhéroe.

—Aún recuerdo la vez que apareció frente a mi casa con un calzón en la cara, una sábana atada en la espalda y solo con ropa interior— alegó Jean, con burla— allí me di cuenta de que tenía un retraso mental.

—También decía que era romano, y se ponía sábanas blancas atadas por todo el cuerpo.

— ¡Oigan, basta! —se quejó, con las mejillas rojas por la vergüenza.

—A los doce aseguraba que iba a ser un guitarrista famoso y viajaría por todo el mundo, solo porque tomó un mes de clases— la pareja comenzó a reír, pero algo les hizo parar.

El francés se carcajeaba, trataba de retenerlo, pero simplemente no podía. Las imágenes mentales que se formaban en su cabeza eran demasiado contraste con el tipo sexy que había estado besando en la mañana.

— ¿Qué eras? —logró formular, con la voz cortándose por las risas. Los otros dos también se reían, sobretodo de la cara de ira y vergüenza que tenía su amigo— ¿Súper-calzoncillos man? —se burló, consiguiendo aún más carcajadas. Eren tomó su cabello, tironeándolo. Le daba rabia y coraje ¡No era el único con recuerdos vergonzosos de su infancia!

— ¡Tú afirmabas ser una pantera negra!* —refutó, consiguiendo que las risas del más bajito cesaran. Un sonrojo furioso invadió su cara.

— ¿¡Cómo te enteraste de eso!? —le dio un pequeño golpe en el hombro, enojado.

— ¡No eres el único con secretos vergonzosos! —se rió en su cara, en parte enfadado y en otra maravillado por ese hermoso color rojo en las mejillas de su pequeño francesito.

— ¡Pero no me ponía calzoncillos usados en la cara! —refutó.

Y la mente suicida de Eren hizo de las suyas.

—Si fueran tuyos, lindura, me pondría a olerlos ahora mismo.

Y en ese momento, Armin y Jean dejaron de reír, sorprendidos y con miedo a lo que el pelinegro pudiera hacer.

Eren no pudo negar que valió la pena el doloroso golpe.

-x-

Se despidió de Isabel, saliendo del trabajo. Bufó al encontrar a Eren parado apoyado en el palo de luz, coqueto, con la camioneta detrás.

— ¿Lista para irse, milady? —Abrió con galantería la puerta del acompañante. Solo le sacó el dedo medio y siguió caminando. Escuchó sus risas, y de repente, estaba siendo levantado por la cintura. Sin escuchar sus quejas, Eren lo metió en el asiento del copiloto. Lo miró feo cuando se sentó a su lado, aunque debía admitir que la camioneta era linda.

— ¿Le robaste la camioneta a tus amigos? —cuestionó, colocándose el cinturón de seguridad cuando comenzó a andar.

—Es mía— contestó— siempre la dejo en Alemania. Les pedí que la trajeran, luego se irán en tren de vacaciones a Suiza.

—Ah…— se sumieron en silencio, pero no podía dejar de mirar la concentración con la que Eren conducía por las calles. Su vista no se desviaba de las señales viales ni del carril contrario. El motor rumeó suavemente cuando aceleró, encarando la ruta— ¿Me estás secuestrando?

—Solo quiero conocer un poco los alrededores— rió. El vehículo se movía con suavidad por las curvas.

Miró por la ventana, ya estaba oscureciendo, y las estrellas volvían a aparecer. Bajó un poco la ventanilla, con la brisa acariciándole el pelo. Estar en medio del campo le daba una prestigiosa vista del cielo, sin contaminación lumínica. Una caricia suave en su pierna le hizo girarse, encontrando la mano morena posada cariñosamente. Movió lentamente su propia mano, llegando a la del alemán, entrelazó sus dedos.

— ¿Te apetece ir a cenar a Narbona? —preguntó con una sonrisa. Lo miró fugazmente.

—Podríamos comprar comida para llevar— propuso— y luego parar en medio de la ruta a ver las estrellas.

—Por algo te amo— se estremeció al escuchar las dos últimas palabras.

Debía ser una broma, seguramente.

Y luego, cuando ambos estaban tirados encima del capot, hablando que quizás "dios" era un alien que reinaba la galaxia, y los había recluido y dejado sin comunicación por romper las leyes de su utopía intergaláctica, comiendo comida árabe, se dio cuenta de algo.

Hablar con Eren era cómodo.

Quizás… quizás el tipo no era tan malo como creía…


¿Y, les gustó? Espero que lo haya hecho.

El asterisco es para hacer notar algo que, quizás, no se dieron cuenta xD porque está en partes muy separadas del fanfic. La razón por la cual Eren dijo que había dos gatitos viviendo en el departamento, y después lo llamó así, es por eso (?) que Levi se creía una pantera de chiquito.

Levi está empezando a caer lentamente por ese moreno sensual.

Me gusta siempre poner otras caras a las personas xD Osea, nunca nadie es perfecto ni solo lo que vemos, todos hemos hecho alguna estupidez en la niñez de la que nos avergonzamos hoy en día. Me parece siempre muy tierno y gracioso escuchar lo que les pasaba a las personas.

...Lo de que Levi se creía una pantera... ese es el mío...

Pero bueno xD eso es todo por este sábado. Espero verlas la siguiente actualización. Gracias a Gechan, Elizabetha, UntouchableBerserk y a Ame por dejar un lindo review. Acá pondría un corazoncito... ¡Si fanfiction me dejara!

Dejen review o mueran.

Patatapandicornio!