Esto sí que tomó tiempo... primero que nada, les comento que he tenido muchísimo trabajo y eso ha retrasado un poco la publicación, pero que no cunda el pánico, que no dejaré de publicar... en fin, les dejo el capítulo cinco y antesala del final de este relato, y como siempre, espero sus comentarios. ¡Qué lo disfruten!
Capítulo 5.
Por respeto al anterior trabajo y lealtad de Koizumi, Haruhi pidió algunas concesiones para él en La Agencia, como que fuera reportado enfermo durante los exámenes finales, pues conservaba la esperanza de que volvería y los presentaría tarde o temprano. De alguna manera también comparto su opinión. Afortunadamente, papá Suzumiya no hizo mayores aspavientos con nuestro atraso esa noche, aunque decidió cobrárselo con una hora menos para nuestra próxima cita, y sabiendo que su carácter es tan voluble como el de su hija, decidimos no refutar su decisión.
—¿Qué es lo que Haruhara estaba buscando esa noche?— pregunté durante el almuerzo a Ninamori, que estaba en el salón del club con la incompleta brigada a la hora del almuerzo por designio de Nandaba.
—No estamos seguros, pero creemos que algún colega o aliado trataría de hacerle llegar un dispositivo que permitiera una transferencia entre Suzumiya y ella…
—¿Eso es posible?
—El universo allá afuera es mucho más grande de lo que se pueden siquiera imaginar. Si algo es imposible aquí, seguramente en algún lugar de la galaxia ya lo han resuelto. Tu amiga extraterrestre debe saber sobre eso.
Pasamos las últimas horas de clases revisando los folletos de las universidades locales y regionales por orden del cuerpo académico, lo hacíamos vigilados por el orientador vocacional durante las clases que correspondían al aún convaleciente Okabe una vez que la escuela descubriera que Haruhara era una impostora.
Mientras leía sin mucho afán, uno de tantos folletos llamó particularmente mi atención. En la fotografía del tríptico estaba el Akamon: La puerta roja, uno de los tantos lugares emblemáticos de la Universidad De Tokio, y sí, como seguramente imaginarán, era propaganda de la máxima casa de estudios del país. Eso no fue lo que llamó mi atención, sino los estudios de pregrado en los que hacía énfasis el folleto.
—¿Una licenciatura en literatura…? Qué aburrido—. Disparó Haruhi viendo por arriba de mi hombro.
—¿Tienes algún problema con los libros? Por gente que piensa como tú, la población ya no lee… estoy seguro que en menos de una década, la internet será la fuente de todo conocimiento en lugar de las bibliotecas.
—Mejor la internet que la televisión, ¿no crees?
—Cuestión de enfoques… desde mi punto de vista, el diablo es el diablo… en fin, ¿por qué me criticas?— Pregunté dándome la vuelta y echando un vistazo a los volantes sobre su mesa, notando que ella también tenía los de la UT en primer lugar. —¿Tú qué harás que sea más divertido que la literatura?
—Derecho.
—Llámame idiota, pero el derecho no es precisamente la carrera más entretenida de la historia.
—Idiota. No pretendo ser abogada, pero según este otro folleto, mi selección será favorecida si estudio derecho antes de entrar aquí…
Debe ser una broma.
—¿La Academia de Policía?
—Podría hacer mi examen de admisión ya, pero entraría a las fuerzas regulares locales—. Comenzó emocionada. —Pero si espero un poco y hago un pregrado en derecho podría enrolarme en las Fuerzas Especiales de Autodefensa.
Me masajeé el tabique nasal y luego eché un rápido vistazo a la excitada jovencita sentada detrás de mí. Su cabello castaño había crecido unos cuantos centímetros este año, pero seguía cayendo sobre sus hombros sólo parcialmente sujeto por su inseparable banda amarilla. Su rostro, aunque normalmente lleno de determinación, era de facciones finas y agraciadas, y ni hablar de su figura… en efecto, tiene la condición física que muchos atletas envidiarían, pero sigue siendo de aristas delicadas… simplemente no me la imagino como policía.
—Eres brillante para muchas cosas… a veces creo que para cualquier cosa que te propongas… ¿por qué policía? Estoy seguro que podrías cumplir el sueño de muchas jovencitas de nuestra edad que desean ser idols o actrices de doblaje… quizás podrías hacer ambas cosas al mismo tiempo, podrías lograr grandes progresos en la ciencia, o con un poco de ayuda de Nagato, ser la primera mujer en pisar Marte…
—Eso es mundano—. Dijo con su cara toda seria. —¡Mis talentos no deben ser desperdiciados en esas cosas tan banales! ¡Mi misión será ayudar a la comunidad! ¡Quizás al mundo!
Comenzó a vomitar tal cantidad de estupideces al respecto que simplemente no pude retenerlas todas, pero de verdad me alegraba verla tan feliz soñando con ese futuro tan prometedor. No tengo dudas de que podrá hacer lo que desea, pero me inquita que trate de hacer algo tan peligroso.
—De cualquier forma, es un sueño lejano aún… ni siquiera sabemos si nos quedaremos en la Universidad de Tokio, al menos yo tengo serias dudas al respecto.
Su rostro se ensombreció un poco al escuchar esas palabras.
—Tienes prohibido tener ese tipo de pensamientos negativos. Hemos estudiado mucho y te apuesto cualquier cosa a que te quedarás en la universidad.
—¿Qué podría apostar contra ti? Francamente creo que todo lo que tengo te pertenece de alguna forma.
Pensó por un rato con la misma expresión diabólica de un niño al que se le da la llave de una enorme dulcería.
—Tu apellido.
—¿Perdón?
—Si te quedas en la universidad, lo que perderás será tu apellido.
—¡Eso es ridículo!
—¿Lo es?
Su sonrisa alcanzó nuevos niveles de luminosidad mientras nos mirábamos. Creo que debería comenzar a preocuparme por mi apellido…
A pesar de la franca traición de nuestro ésper, había otros asuntos que me mantenían con el alma en vilo. En primer lugar, la seguridad de Haruhi, que según mi percepción estaba ya comprometida… en la otra mano, cargaba con el asunto referente a nuestro futuro inmediato. Es decir, independientemente de que resolviéramos el asunto de nuestra problemática invitada galáctica, aún teníamos que pensar en qué haríamos al terminar el bachillerato, cosa que pasaría en menos de un mes. Y por si esto no fuera suficiente, Sasaki no había vuelto a mencionar la proposición que me hizo días atrás, aun cuando su actitud me decía que no había quitado el dedo del renglón. ¿Qué debería hacer? Tal vez Haruhi no ha vuelto a mencionarlo, pero es importante tener presente que se fue porque nuestra vida juntos no la llenaba del todo… afortunadamente no tenemos problemas de dinero, tampoco estábamos juntos a la fuerza… incluso a pesar de lo difícil de su carácter, nos mantenía juntos el mismo deseo de estarlo. Kyon-Ni me hizo descubrirlo, y hasta el día de hoy, nada ha cambiado: la amo y quiero estar siempre con ella, y parece que para que esa condición se dé, debo cambiar algo.
—Tal vez no tanto como cambiarlo…— Me dijo Asahina esa tarde. Desde el incidente con Sasaki, se ha vuelto mi confidente, le tengo especial confianza por el hecho de que tanto Haruhi como yo somos sus amigos. —Pero yo… eh… espero no sonar muy agresiva… pienso que deberías mostrar mayor iniciativa.
—Ya había escuchado eso antes…
—Yo te percibo como alguien que espera simplemente a que las cosas pasen, mientras que Suzumiya es proactiva y si las cosas no pasan, irá a buscarlas. Después de vivir un año juntos, quizás esperaba a que tú hicieras algo más.
—Pues tal vez ella debería aprender a expresar las cosas en lugar de asumir que yo me doy cuenta con sólo verla.
—Sí, podría ser, pero ella te tiene en tan alto concepto y te cree tan inteligente, que no considera necesario decírtelo. Les vendría muy bien hablarlo la próxima vez.
Reflexioné las palabras de nuestra bonita ronin mientras caminaba hacia el trabajo. Traté de hacer varios panoramas, y en todos, la conclusión era semejante, y representaba un gran cambio en la vida de ambos.
Así, la noche del viernes, al regresar a casa a eso de la una de la madrugada, tomé el teléfono para hacer un par de llamadas trascendentales. La primera a Haruhi.
—Mañana no podré ir a verte, tengo un par de asuntos que resolver en casa de mis padres—. Le mentí.
—¿Qué tipo de cosas?
—Debo explicarle a mi hermana que Shamisen no volverá a casa en una temporada. Pero mi domingo entero será para ti, ¿de acuerdo?
Luego de convencerla, debía hacer la segunda llamada, era una misión importante y sólo confiaba en las tres mujeres de la brigada para ese tipo de faenas, y las habilidades que me podían ayudar en esta situación, serían las de nuestra viajera del futuro.
—Asahina, perdón por llamar tan tarde. ¿Estabas dormida?
—Descuida… ¿Sucede algo malo?
—En absoluto, pero necesito pedirte un favor.
La mañana del sábado me encontré con Asahina fuera de la estación de tren, lucía preciosa en un conjunto blanco con rosa coronado por un sombrero de mimbre sobre su cabello color caramelo.
—Lamento que esto sea tan repentino, pero es algo importante y eres la persona en la que más confió para este tipo de cosas.
—Oh… gracias… eh… ¿puedo preguntar a dónde vamos?
—Te enterarás tarde o temprano… necesito que me acompañes al distrito comercial, hay algo que quiero comprar para Haruhi, pero no debe enterarse.
Sus ojos centellearon en emoción, supongo que dándose una idea de lo que iba a pasar ese día. Sí, jugaría mi última carta para conservar a mi lado a la que ahora más que nunca sabía que era la mujer de mi vida. A partir de ese momento, se volvió algo así como un hada madrina y se ofreció incondicionalmente a guiarme a través de las tiendas y dándome la guía que necesitaba para gastar más de un año de ahorros.
El camino a recorrer de una persona suele estar supeditado a las acciones que toma, me he dado cuenta de que he pasado demasiado tiempo en mi zona de confort y con ello descuidado el bienestar emocional de alguien tan exigente como Haruhi. Sin duda alguna es el tipo de persona que buscará nuevas emociones y experimentar cosas, pero incluso ella, en este proceso de convertirse en un adulto, necesita cimentarse sobre algo. Eso es lo que voy a tratar de darle, a cambio, yo dejaré de ser arrastrado a sus tonterías y tomaré las riendas de esa parte de mi vida, voy a participar activamente en esas cosas nuevas para que el espíritu de ella no decaiga y yo mismo no me vuelva el sedentario aburrido en el que seguramente ella teme que me convierta.
—Es bueno saber que harás las cosas de esa forma—. Me dice Asahina un poco después de expresarle esas ideas sentados en las diminutas mesas de un restaurante al aire libre, mientras damos cuenta de sendos helados.
—¿Y tendré éxito? Porque lo sabes, ¿verdad?
—Información clasificada—. Me dice radiante y llena de confianza. —¿Qué más tienes planeado hacer?
—Tomar clases de algo… quizás un arte marcial, pasamos por cosas raras cada determinado tiempo y me estoy cansando de ser el único que no puede aportar nada. También buscaré un nuevo trabajo.
—¿Ya sabes qué estudiar?
—Me he decidido por las letras.
—¿Suzumiya lo sabe?
—Sí, y dice que es algo aburrido y seguramente tratará de hacerme cambiar de parecer.
—¿Ella ya tiene decidido que estudiará?
—Se le metió a la cabeza la loca idea de ser policía… ¿Puedes imaginártelo?
—Ya lo creo que sí…
—No lo conseguirá, ¿verdad?— Pregunté con precaución al verla fingir demencia. —¿Lo logrará? ¡Necesito saberlo! ¡Mi apellido está en juego!
—Sigamos buscando, se hará tarde pronto y aún debes ir a trabajar, ¿no es así?
Nuestra marcha continuó por las glamurosas tiendas por las que nunca me imaginé que pasearía. Todo tipo de joyas, de lo más costosas y extravagantes pasaban frente a mis ojos, haciendo que de verdad me preocupara por mi presupuesto… era un hecho, necesitaba otro trabajo. Asahina se quedó pensativa por un momento al escucharme decir eso… conozco esa expresión: no es que esté pensando en algo, más bien es como si estuviera escuchando a alguien más.
—Entendido…—Dijo de pronto, haciéndome temer por mi seguridad. Se levantó repentinamente y miró su reloj de pulso. —¿Podrías acompañarme?
Acepté un tanto inseguro mientras me guiaba por las calles hasta que salimos del distrito comercial y entrábamos a un barrio residencial más bien tranquilo y poco habitado. Caminamos unos cientos de metros hasta llegar a una de las avenidas principales, que si bien seguía siendo tranquila, era más transitada. Mi guía se detuvo en una esquina y consultó nuevamente su reloj.
—¿Por qué estamos aquí?— Le pregunté mientras miraba a la gente pasar hacia la estación de tren más cercana.
—Eh… por nada… tenía deseos de caminar por aquí…
—¿Conoces esta zona?
—No… es decir, si—. Dijo ansiosa mirando hacia ambos lados de la calle. —Por favor, no preguntes más o tendré problemas… por cierto, ¿Podrías dar un paso al frente?
Sin pensármelo mucho, accedí y me moví un paso hacia donde ella me indicó y la encaré para averiguar que pretendía.
Algo me golpeó en el costado, con la suficiente intensidad como para derribarme, y unos segundos después, el peso de otro hombre descansaba sobre mí.
—I'm so sorry—. Se disculpó aquel hombre entrado en sus treintas mientras intentaba levantar todos los libros y documentos que se habían regado por el suelo al tropezar conmigo.
—Don't worry, it was my fault—. Mi inglés no era el mejor, pero sin duda alguna podía entenderme con cualquier extranjero si tenía la necesidad.
—¡Al fin! alguien que me entiende, llevo horas buscando quien pueda darme una mano… llegué hace unas horas y nadie ha sabido decirme hacia donde ir y temo que estoy perdido.
Asahina y yo charlamos con ese curioso extranjero, norteamericano según nos dijo, y que al quedarse dormido en un tren, llegó a nuestra localidad por accidente y no sabía cómo ir hacia la capital del país. Me enteré en esos cuarenta y cinco minutos de plática que era profesor de una prestigiosa universidad de su país y que estaría algunos meses en el nuestro, como profesor de intercambio. Aprovechando la circunstancia, comenzó a preguntarnos sobre tradiciones y símbolos de nuestra cultura, y para ser honesto, me sorprendí de los conocimientos al respecto que yo mismo tenía sobre el tema.
—¿A qué te dedicas?— Preguntó casi al término de nuestra apacible charla.
—Aún estoy en preparatoria, aunque tengo un trabajo a media jornada, pero estoy pensando en cambiar de aires antes de entrar a la universidad.
—Esa sí que es una gran coincidencia… ¿A qué universidad entrarás?
—Sonará pretencioso, pero haré mi examen a la Toudai, al igual que mi novia.
—Te entiendo—. Se volvió a Asahina. —Si yo fuera tú, tampoco me apartaría de tan adorable jovencita.
—Oh, no, ella solamente es una amiga mía—. Intercepté, sacándolo de su error mientras noté de reojo que las mejillas y las orejas de la viajera del tiempo se pintaban de escarlata.
Cuando por fin lo dejamos afuera de la estación para que continuara su camino, me miró con un dejo de interés.
—¿Cuál es tu nombre, muchacho?— Le dije mi nombre (el real), y se quedó pensativo unos segundos antes de rebuscar en uno de los bolsillos de su saco. —Es un nombre algo complicado… ¿No tienes un apodo?
—Eh… nosotros lo llamamos Kyon de cariño—. Intervino Asahina, para luego encogerse de hombros ante la mirada de reproche que le lancé.
—Eso está mucho mejor… si quieres cambiar de aires como dices y logras entrar a la Universidad de Tokio, no dejes de buscarme, me urge un asistente y guía, y pareces un chico serio. Yo también estaré en la Toudai.
Dicho eso, se despidió con un mal pronunciado "sayonara" mientras me tendía una tarjeta de presentación. Lo vimos entrar a la estación y segundos después, el tren donde seguramente iba salió a su destino.
—Tu planeaste esto, ¿verdad?— Pregunté a la joven maestra del té mientras echaba un vistazo a la tarjeta.
—Así deben ser las cosas.
—Y dime, me conviene buscar a este hombre en el futuro.
—Eso deberás descubrirlo tú mismo. Volvamos a la zona comercial, aún debemos encontrar lo que estás buscando.
Le hice caso y guardé la tarjeta en mi bolsillo, tendría tiempo para pensar en la propuesta en otro momento.
Por cierto, la tarjeta decía:
Prof. Robert Langdon.
Universidad de Harvard.
Luego de un par de horas más de búsqueda intensa y un espantoso dolor de pies, conseguí la prenda buscada, era muy hermosa y sin duda alguna sería del gusto de Haruhi. Ahora sólo debía hallar el momento adecuado para entregársela. Quizás al día siguiente, domingo. Sin embargo, el destino, en su inagotable afán de ponerme el pie, decidió que ese día no sería El Día. Alrededor de la una de la tarde, después de regresar a casa a ducharme y prepararme para ir a trabajar, mi móvil sonó.
—No podré recibirte mañana—. Informó mi loca novia sin siquiera saludarme.
—¿Tendrás otra cita?
—No seas idiota… surgió un imprevisto.
—De acuerdo, ¿Cuando nos veremos de vuelta? hay algo que debes saber.
—Espera mi llamada, ¿de acuerdo…? También yo tengo algo que quisiera decirte.
Un tanto confundido por sus palabras, ignoré sin proponérmelo las miradas intensas que Sasaki me lanzaba durante el trabajo y no fue sino hasta pasado el break que volvió a dirigirme la palabra.
—¿Ya has pensado en lo que platicamos la vez anterior?— Preguntó sentándose frente a mí en la mesa donde terminaba mi café de lata.
—Sí. De muchas formas y en muchos panoramas diferentes… y en todos llego a la misma conclusión. No creo que sea una buena idea.
—Números, Kyon. Te invito a que lo pienses en materia de números. Como bien te dije ese día, la propuesta que te hago alude a un bien mutuo, incluso pienso que Suzumiya lo aceptará de buena gana si hacemos la argumentación correcta.
¿Números? A eso reduce todo este entuerto… de verdad comienza a asustarme. Una vez más me quedé ensimismado en esa reflexión y no respondí, por lo cual asumió que había ganado, y después de despedirse agitando una mano, se fue sonriente, dejándome ahí.
¿Cómo reconoces cuando estás ante un punto clave de tu vida? quizás era esa la sensación que debiera experimentar para ese momento. La noche llegó y pasó de largo de mí ese sábado, mientras daba vueltas en una cama demasiado grande para mí solo y lanzaba miradas insistentes al buró, donde había guardado el obsequio para Haruhi, que me había sacado de encima casi cuarenta mil yenes. La pregunta que me atormentaba era: ¿Qué tipo de escenario sería idóneo para dárselo? ¿Quizás una cena romántica a la luz de las velas? ¿O tal vez un paseo por la rivera del río…? Apenas me cabía en la cabeza que fuera yo quien planteara esos panoramas tan elaborados, pero esa sería parte de mi nueva filosofía de vida. Resignado ante la carencia de sueño, decidí ducharme a eso de las cinco de la mañana y consultar por internet algunas cosas que trataría de hacer en los próximos meses. Tal como le mencioné a Asahina, estaba empeñado en aprender algo más, y luego de visitar algunos links encontré una alternativa entre las escuelas de Kendo. Desde el incidente de un año atrás tenía cierta afinidad y facilidad con las armas blancas, y me hice el propósito de visitar alguna de esas escuelas durante las vacaciones de primavera.
Mi día seguramente habría seguido en la misma monotonía de no ser porque el móvil sonó. En un principio pensé que nuevamente sería Haruhi, cambiando el itinerario en el último momento, fiel a sus costumbres, pero el caller ID mostró un número privado. Extrañado tomé la llamada.
—Qué bueno que te encuentro. Tenemos una emergencia—. Dijo la voz femenina y amable del otro lado.
—Eh… ¿Quién habla?
—Oh, disculpa. Habla Mori—. Vaya… su voz es irreconocible al teléfono.
—¿Qué ha pasado?
—Es sobre Suzumiya—. Mi corazón dio un vuelco. —Desapareció hace unos minutos.
—¿Qué hizo qué?
—Llegaremos por ti en breve—. Sin decir más, colgó. El timbre sonó sólo algunos segundos después… no creo que sean tan rápidos…
Al abrir, lo que encontré fue a Nagato, más lívida y pálida de lo normal.
—Suzumiya Haruhi se ha ido.
La dejé entrar, pero no se me ocurrió preguntarle algo más, justo cuando estaba por hablar, el móvil volvió a sonar.
—¡Suzumiya no está!— Exclamó Asahina con la voz descompuesta por el llanto sin dejarme hablar. —Necesitamos vernos, ¿puedo ir a tu casa?
—Eh… claro…
Apenas esas palabras fueron dichas, la llamada se cortó, pero Asahina se materializó en la estancia de mi casa.
—Lamento llegar tan abruptamente, pero es una emergencia—. Se disculpó mientras se secaba los conatos de lágrimas en sus enrojecidos ojos.
No pasó más de un minuto y el taxi negro de Arakawa se detuvo frente a mi pórtico y ambos ésperes bajaron de él. Y por si la escena no fuera de por sí inquietante, Nandaba, Ninamori y Canti hicieron acto de presencia un poco después, incluso el robot lucía asustado mientras hacia una reverencia a modo de disculpa mientras se colaba a la casa.
Por fin, algo así como una Brigada SOS provisional instauró un cuartel en mi sala de estar, comenzando esa improvisada asamblea emergente.
—De acuerdo… ¿alguien quiere explicarme qué es todo esto de que Haruhi desapareció?— Comencé sintiéndome el ser más ignorante del universo.
—Hace aproximadamente siete minutos me fue imposible determinar la localización de Suzumiya Haruhi, del mismo modo que sucedió con Koizumi Itsuki hace unos días—. Dijo Nagato con voz plana, pero un poco más rápido de lo normal.
—Mis superiores me informaron que la brecha temporal se había congelado… sé que es difícil de entender, pero no puedo dar más detalles…— Lanzó Asahina. Tomó mis manos con tristeza. —Lo lamento tanto… estaban tan cerca…
—El poder del que nos alimenta Suzumiya está desvaneciéndose y nos resulta imposible tratar de ubicarla… tendremos que recurrir al método más viejo—. Dijo Mori, mostrándose como la más tranquila del grupo.
—¿Y cuál método es ese?
—Buscarla.
—¿Qué hay de ustedes?— Pregunté a los agentes aduanales.
—Según lo que sabemos, tu novia se encontró con Haruko justo antes de desaparecer…— Respondió Nandaba, con el mismo tono poco amistoso, pero involuntariamente mostrando cierta empatía hacia mí.
—¿Alguna noticia sobre Koizumi?
—No. Aunque no sería una gran sorpresa si estuvieran los tres juntos—. Me contestó Mori.
—Por cierto… ¿Alguno de ustedes sabe por qué Haruhara tiene a mi gato?
—Los patrones cerebrales de los gatos sirven como canal de comunicación a otras partes de la galaxia. Yo tuve un gato de niño llamado Miyu-Miyu, Haruko lo usó como comunicador en aquel entonces.
—Eso es ridículo… ah, no importa… debemos encontrar a Haruhi… ¿Alguna idea de dónde empezar?
—Mandamos gente a su casa apenas nos percatamos de su ausencia, pero no estaba ahí.
—Bien… entonces no sé por qué demonios seguimos aquí perdiendo el tiempo… vamos a separarnos y a buscarla por la ciudad… sólo esperemos que siga en este mundo…— Y realmente eso me preocupaba… si Haruhi había abandonado la realidad de nueva cuenta, lo había hecho sin mí esta vez… me dolía la idea de vivir en un mundo sin ella, claro, eso si el mundo soportaba mucho tiempo en su ausencia.
Haciendo gala de mi equilibrio, marcaba el número de móvil de Haruhi mientras conducía mi bicicleta con una sola mano, y tal como era de esperarse, la llamada no llegaba a destino alguno. Recorrí con desesperación por cerca de un par de horas las calles de la ciudad sin saber a ciencia cierta a donde ir. Visité los lugares más emblemáticos para ella: el parque, la rivera, la escuela, la estación e incluso su vieja secundaria, ahora acordonada por la policía, y a medida que iba descartando lugares, la dificultosa situación iba convirtiéndose en una franca crisis. Así me lo hizo saber Mori en una de tantas llamadas mientras pedaleaba a casa de mis padres… al pasar por el vecindario, en lugar de seguir el camino más corto, decidí ir por aquella curva… cómo no lo pensé antes… el árbol de jacaranda… nuestro primer beso…
A veces me pregunto por qué busco en los lugares más obvios hasta el último momento… quizás debí empezar por aquí y no hubiera llegado tan tarde. En efecto, Haruhi estaba ahí, y también como todos pensaban, Haruhara estaba con ella al igual que Koizumi. Ambas mujeres estaban sentadas en la banca y parecían llevar un buen rato charlando, Haruhara pasaba uno de sus brazos sobre los hombros de la chica de listón amarillo, que parecía un tanto deprimida, el ésper estaba a unos metros de ella, en la motocicleta amarilla, acompañado de Shamisen.
—Ah, el príncipe azul por fin llega…— Dijo Haruhara al verme abandonar la bicicleta a merced de la gravedad mientras me acercaba a ella.
—Haruhi… es peligroso que estés aquí, debemos irnos ahora—. Le dije tratando por todos los medios de ignorar a la extraterrestre y una vez más temiendo por mi cabeza.
—No debes preocuparte por eso, chico…— Dijo la alien soltando a Haruhi y levantándose de la banca… parecía particularmente feliz. —Tu novia me ha platicado muchas cosas sobre ti y sobre ella… traté de traer a través de ti un mecanismo que me permitiera cumplir su deseo, pero según lo que escuché, eso no será necesario.
—Déjala tranquila…— Le advertí y luego volví a dirigirme a Haruhi. —No debes creer en ella…
—Esa es la parte más interesante, Kyon…— Continuó Haruhara mientras su torcida y de por si por sí escalofriante sonrisa degeneraba en una mueca de diabólico júbilo. —…el asunto no es que ella crea en mí y en lo que le diga, el punto está en que yo crea en ella… ya hemos charlado y ambas sabemos que soy el único medio por el cual ella podrá cumplir su deseo… desde el principio tomé el camino equivocado con ustedes, me hice pasar por su profesora y conseguí asilo con la familia Tsuruya… deberían comer menos queso ahumado en esa casa… traté de traer tecnología de otros lugares y obtener por la fuerza lo que estaba buscando… pero ese no era el camino.
—¿De qué estás hablando?— Una vez más ese miedo horrible… esta vez era tan intenso, que me tenía clavado al suelo.
Aún invadido por esa sensación, la vi volverse hacia Haruhi e hincarse frente a ella, que me miraba con una expresión rara en los ojos. Tomó una de sus manos y habló en un tono maternal que contrastaba con su semblante maligno:
—Pobre pequeña… yo sé por lo que estás pasando… yo arreglaré tu problema y todo estará bien… sólo tienes que decirme: ¿Qué es lo que más deseas?
Sólo después de que Haruhara dijera esas palabras noté el ambiente alrededor. Un par de autos se detuvieron algunos metros detrás de mí dejando salir a una buena cantidad de agentes colegas de Koizumi, y con ellos, Nagato y Asahina. Ninguno supo que hacer al momento y nadie se imaginaba lo que resultaría de ahí.
Haruhi habló entonces, respondiendo a la pregunta de Haruhara, pero dirigiéndose a mí:
—Quiero estar contigo…
Al terminar esa frase, bajó los ojos al suelo y Haruhara se levantó… lucía confundida en principio y se miraba las manos desorientada. A mi alrededor, los ésperes se sacudían la cabeza, aparentemente presas de sendos mareos. Los ojos de Asahina se llenaron de terror mientras se llevaba una mano a la oreja, pareciera que había perdido comunicación con sus jefes. De igual forma, Nagato se volvió hacia el cielo, como buscando una respuesta que no llegó. Algo había cambiado, yo mismo, a pesar de mi carencia de habilidades lo había sentido, el viento se volvió más fuerte y sacudía el alambrado eléctrico. Entre tantos ruidos, no fue sino hasta que se aparcaron junto a mí que noté la llegada de Nandaba y su comitiva a bordo de su motocicleta gris.
Por fin pude moverme y aprovechando la aparente confusión de la alien llegué hasta Haruhi y tomé sus mejillas, haciendo que me viera a los ojos.
—¿Estás bien?
—Lo lamento… pero creí que sería la única forma—. Respondió con la voz ligeramente quebrada.
—¿Qué fue lo que hiciste…?
Me giré hacia aquella extraterrestre de cabello rosado que había recuperado su sonrisa macabra y que había comenzado a flotar algunos metros sobre nosotros.
—No puedo creerlo… sí… ¡sí…! ¡MALDITA SEA, SÍ!— Gritó eufórica.
Como respuesta a su exclamación, una ráfaga de viento casi derribó a todos los presentes, haciendo crujir las copas de los árboles y cimbrando las ventanas de toda la ciudad. Tomé a Haruhi en mis brazos, que parecía desfallecida y la llevé junto con toda la comitiva presente, aparentemente era el único que no comprendía por completo lo que estaba sucediendo, tuve que hacer la pregunta obligada a Nandaba, que miraba con ira a la motociclista.
—¿Qué demonios sucede?
—Sucede muchacho… que Haruko ya obtuvo lo que quería… y si bien no el planeta, esta ciudad pagará el precio por ello—. Me miró con unos ojos repletos de desazón. —Haruko ha robado el poder de tu novia—. La gente dentro de sus casas parecía no notar la presencia flotante de Haruhara, estaban más bien asombrados del repentino cambio climático y las ventanas comenzaron a cerrarse. —Sólo es cuestión de tiempo… la he visto hacer eso antes… abrirá un gigantesco canal N. O. y podrá ir a donde quiera. La mala noticia es que la ciudad entera desaparecerá en ese proceso.
—¡Ya obtuviste lo que querías!— Le grité a Haruhara luego de escuchar la explicación del chico del bajo azul. —¡Vete! ¡No es necesario que alguien resulte lastimado!— Luego de decir eso, con horror noté que Haruhi se había desmayado en mis brazos.
Haruhara me miró desde el aire con el rostro congestionado de poder.
—¿Y perder mi tiempo en irme lejos antes de usar este magnífico poder? ¿De verdad crees que me interesa en lo más mínimo lo que le pase a esta ciudad o a cualquiera de ustedes? ¡Son desperdicio de la galaxia! ¡Nadie notará si ustedes desaparecen!
—¡Espera…!— Escuché en la voz de Koizumi por primera vez en días. Estaba ojeroso y su voz llevaba un profundo matiz de desengaño. —Prometiste que nadie resultaría herido… prometiste…
—Que te llevaría conmigo… si bueno, crucé los dedos cuando dije eso…— Respondió ella con cinismo, lanzando después una sonora risotada que hizo aumentar el vendaval que azotaba la ciudad.
—¡Perra! ¡Debí acabar contigo cuando tuve la oportunidad!— Gritó Nandaba mientras salía proyectado hacia Haruhara, lanzado por Canti mientras preparaba un potentísimo golpe con el bajo azul.
Sin embargo, al llegar a ella y lanzar el mandoble, Haruhara lo detuvo a mano desnuda y sin esfuerzo alguno.
—Ahora menos que nunca, Naota, no eres rival para mí.
Apenas moviéndose, abofeteó al joven agente y lo arrojó al suelo con tal violencia que me pareció escuchar un crujido de huesos. Ninamori gritó su nombre como en un sueño mientras ella y Canti corrían a su encuentro, en un pequeño cráter en el pavimento a unos metros de nosotros.
Ese era el poder de Haruhi mal dirigido, degenerado y cedido a un ser maligno e impío… ese era el principio del final de mi pueblo natal.
—¡Haruko!— Exclamó de pronto Haruhi agotada, y tendiendo una mano hacia ella, al parecer había notado que todo estaba mal. —Tengo otro deseo… no puedes resistirte a concedérmelo… deseo una oportunidad para deshacer lo que he hecho…
Capítulo 5.
Fin.
¡Estamos en la recta final! ¡Nos vemos pronto!
