Capítulo 6
La mujer de la que me enamoré
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SASUKE –hace seis meses-
Su rostro había cambiado, en los dos años que no nos veíamos; los rasgos se le habían afinado todavía más hasta hacerla parecer una muñeca; el cabello le caía en lacias cascadas a ambos lados de la cara cuando lo liberó del listón rojo que lo ataba.
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Tan lejana… tan distante, y al mismo tiempo; había algo en ella que no me permitía resignarme a dejarla, como seguramente era lo que más le convenía. Quería obtener la canción del río que corría en su alma, como si fuese un grito que libertad, porque Sakura todavía era mía ¿no? El oculto canturreo de sus cartas me lo decía, la jovialidad de su prosa y el bullicio ardiente de su pluma, que a veces se me figuraba como una vivaz gitana que giraba a mi alrededor mientras tocaba arrullos con su pandereta, otras era una hábil hilandera que hilvanaba hilos dorados de esperanza y amaneceres de plata.
Pero en todas Sakura simplemente se me presentaba como una virtud que yo nunca podría merecer; había sido una sandez no reconocer que ella era, en muchos aspectos, parecida a Naruto; poseía aquel brío por la vida y por lo que de bueno había en ella que conmovía siempre.
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Al salir del hospital me señaló las altas montañas al norte de la aldea.
-Tiene una vista estupenda- susurró.
Por toda respuesta, yo eché a andar rumbo a las escarpados montes que se recortaban a la distancia. Para nuestras habilidades ninja aquello no suponía reto alguno; podríamos haber alcanzado la cima en unos cuantos minutos, pero había algo en la parsimonia de nuestros pasos que conjuraba un hechizo en mi mente.
No quería llegar a la cima, no quería detenerme. Sólo quería seguir caminando con ella a mi lado.
-Sakura- pensé, -si pudiera hablarte…- pero no podía, -si pudiera decirte…- las palabras no salían de mi boca.
Pero inevitablemente alcanzamos la cumbre y hube de darle la razón, la vista era magnífica.
Sin embargo, al girarme para verla volví a quedarme pasmado. ¿Cómo era posible que yo, que había enfrentado mil horrores y salido vivo de otras tantas tragedias, me abrumara tanto ante la contemplación del semblante de una mujer? Pero no dije nada y tuve precaución de que mi rostro no expresara más que lo que haría el de una estatua.
Su rostro blanco y bien definido parecía esculpido en alabastro, los mechones de cabello que se desparramaban alrededor de su cuello parecían preciosas turmalinas derritiéndose al sol. Y sus ojos verdes nunca me habían parecido tan centelleantes como en ése momento, cuando se jaspeaban por la plateada luz de la luna; sentí por ella una gratitud que me colmaba. En algún momento, ella había enderezado lo que en mis sentimientos se había torcido, siempre viendo lo mejor en mí aun cuando yo no pudiese verlo, y muy probablemente yo era quien era gracias a la fe inquebrantable de Naruto y al amor ciego de Sakura.
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Percatándome de golpe que ahora ella era lo único que tenía, porque todo lo demás estaba muerto o perdido sin remedio; volví a admirar su mirada y lo ví de nuevo… porque ella me lo estaba diciendo sin palabras.
¡Me amaba! A pesar de las distancias, a pesar de tantos tormentos me seguía queriendo con la misma intensidad del primer día… sus pupilas impetuosas me lo gritaban sin reproche, como si no le importase nada más que estar conmigo. Y su amor se desparramó sobre mí como la más pura de las bendiciones, refrescando mi espíritu abrasado de culpa y pecado.
Su benevolencia era uno de los tantos frutos que había para comer en su jardín… y ése bosque de virtud era sólo para mí; tenía el permiso para perderme en él, encerrarme en ella y nunca salir.
Sakura acercó ambas manos a mi pecho, aquellas manos que sanaban al desvalido y aliviaban al malherido; y me aferró la ropa acercando su rostro al mío, deteniéndose a escasos centímetros de mis labios y manteniendo su delicada nariz por debajo de la mía, respiró audiblemente, como si quisiera sorberme el espíritu.
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Pensé entonces, que el cariño de Sakura era semejante a un regalo de lo alto, porque con ella era increíblemente simple ver como todos los demonios podrían ser arrojados de mi interior, su amor era como un sello para salvarme del infierno.
Sentí como si hubiese tambores retumbando en el aire cuando su alma empezó a bailar para mí, todas las criaturas de la noche, incluyéndome; estaban pendientes de su ritmo al respirar. Ella abrió los ojos y allí estaba, ¡Ah! El fuego verde de sus pupilas ayudaron a que las mías también danzaran a la cadencia de su crepitar, y ví en ella… como todas las piezas rotas y separadas de mi vida se juntaban cual oscuro rompecabezas y se iluminaban en los puntos en que el camino de Sakura se había cruzado con el mío.
Nos volvimos a mirar con aquella intensidad temeraria, la misma que cuando la aferré entre los brazos en la batalla contra Kaguya; hasta un estúpido podría haber dicho como nos sentíamos viendo las brasas en nuestros iris. Su alma seguía bailando, girando en círculos con la luna en la mirada, y ya no había espacio para que ni el mismo aire soplara entre nosotros. Por un instante olvidamos dónde estábamos y hasta el transcurrir del tiempo se volvió una niñería; mientras ella seguía cantando al viento con aquellos ojos que refulgían con las estrellas del cielo, mi alma se unió a la suya en su danza a través de la noche en la montaña.
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-Sakura…- murmuré en mi mente mientras le rozaba la mejilla con el reverso del índice, su piel se sintió inesperadamente delicada, tenía la tersura del satén que usaba mi madre los días de fiesta. -¿Por qué no eres una estrella en el cielo para que te vea en mis solitarias noches? ¿Por qué no eres una serie de sellos que debo aprender hasta hacerlos míos? En lugar de eso…- pasé la yema de los dedos anular y corazón por la lisa frente despejada, pasando por su diamante púrpura y dibujándole las cejas, -En lugar de eso eres esta mujer, ésta mujer que…- ¿En qué se había convertido ella?
Sin más preámbulo, pasé la mano por su espalda y la atraje hacia mí con mi único brazo, su olor a vainilla, miel, lilas, sol y mañana lluviosa me saturó los sentidos y el tacto de su anatomía en el centro de mi pecho se sintió adecuado, era tan suave y blanda… como abrazar a una niña.
¡Ah!
Aquí estaba su sitio, allí era su lugar, allí no me resultaba molesta, allí había pertenecido siempre.
Junto a mi corazón y rodeada por mí.
Moví los labios, que rozaron su frente con disimulo, no podía dejarle ver en quien se había transformado, no todavía.
-Ya veo. Eres ésta mujer de la que me he enamorado.
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SAKURA
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Indra me vió con aspecto triunfal mientras terminaba de beber el sake, de acuerdo a su juego, ahora tenía que quitarme algo.
Pero si pensaba que me iba a desnudar frente a él, se equivocaba. Cuando acepté su regla, había tenido mucho cuidado con las palabras, así que era hora de usar mi as.
Alcé el brazo y retiré del tocado de mi cabello una horquilla con flor.
-Listo, sigamos.
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Él estaba a punto de replicar pero lo pensó mejor y se abstuvo de hablar mientras recordaba las palabras exactas que habíamos intercambiado cuando impuso aquella regla absurda. Se sonrió y nunca me había parecido tan atractivo, porque era como si el rostro de Sasuke me sonriese… y eso era algo que no había visto en años.
-Eres muy astuta mujer-
Yo incliné la cabeza y arrojé los dados de cristal ambarino sobre la mesa y nombré la casilla de la que él debía beber: poco menos que la última, pues contenía bastante sake.
Él la tomó con aquella elegancia natural que me ponía los pelos de punta y dijo afablemente:
-¿Pregunta?
Yo analicé las cartas a mi favor, tenía bastante información que había reunido en semanas previas en compañía de Sasuke; ahora el asunto descansaba en como usarla a mi favor para que él me dijese lo que necesitaba saber sin desenmascarar demasiado la estrategia de escape.
La cuestión era que por ahora, no tenía ninguna.
Decidí empezar por un asunto que nunca me había parecido lógico desde el inicio, por tratarse de una leyenda.
-¿Ran-hime existió?
Indra tomó un sorbo de la taza, aquello era un sí. Aunque no me pasó desapercibido el brillo de su mirada y la sombra de… ¿dolor? ¿angustia? que cruzó su seductor semblante.
-¿La conociste?
Indra volvió a tomar otro sorbo. Sólo me quedaba otra pregunta antes de que el alcohol en la taza se acabase.
-¿Era una buena mujer?
-Depende que como lo veas- interrumpió él mirándome con un dejo de diversión.
-Bien, ¿era como tu abuela?
Él se abstuvo de tomar, eso era un no. Otra pregunta.
-¿Está sellada en el árbol de cerezo?
Indra me miró fijamente a los ojos antes de terminarse la bebida.
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Sus blancos y alargados dedos tomaron los dados; nombró la taza de la que yo debía beber: la del medio.
Tomé la taza y le miré inquisitivamente, el sopesó su oportunidad y me hizo una sola pregunta:
-¿Estás enamorada?
Y yo me arranqué otra flor del cabello mientras bebía todo el sake; sí, lo estaba. Loca e irrevocable, había estado enamorada de la misma persona por más de quince años. Vaya que si yo sola había hecho a mi amor sobrevivir a través del tiempo, ya nada podría marchitarle.
-¿Y no has pensado?- comenzó a decir antes de que yo aferrara los dados de nuevo, -que dado el carácter de ése muchacho, ahora que estás aquí conmigo… suponiendo que logres volver a tu época ¿ya no querrá saber nada de ti?
-¿Y por qué haría tal cosa?- era una pregunta tan idiota que ni siquiera me la planteé con seriedad.
-Nunca sabrá con certeza si has yacido en mis brazos o…- mi puño se estampó a velocidad de la luz sobre su mejilla izquierda, haciéndole girar la cabeza. Pero para mi horror, no se inmutó. Su cabeza había girado unos centímetros y luego volvió los ojos hacia mí, su negrura me repugnó mientras susurraba con insolente intimidad:
-No voy a andar con rodeos mujer, te traje aquí para ser mi esposa. Y me voy a embriagar de ti hasta que ya no te quede nada más que darme-
-¿POR QUÉ?- grité furiosa, mis gritos retumbaron por la habitación y la fuerza de mi puñetazo, aunque parecía nimia contra su atractivo rostro, la onda de choque había enviado varios objetos contra las paredes; incluyendo nuestro tablero de juego, el delicioso sake se escurría por los bordes de la mesa sobre la que me había apoyado para golpear a Indra.
-¿POR QUÉ YO?- la voz me temblaba ente la ira y la espeluznante sensación de que salir de allí no iba a resultar tan sencillo, -¡PUDISTE HABER ESCOGIDO A MIL MUJERES MÁS, MUCHO MEJORES QUE YO! ¿POR QUÉ?
Bajé el rostro, momentáneamente derrotada.
Indra me asió por la muñeca y me arrojó al suelo mientras que, con alarmante rapidez, se colocaba a horcajadas sobre mí. Apoyando una mano junto a mi cabeza, usó la otra para deshacerme el tocado del cabello y abrirme el cuello del kimono, por suerte traía el fondo rojo de satén.
-¿Todavía no lo comprendes?- para mi sorpresa, parecía a punto de echarse a llorar, por un momento se presentó ante mi como un chiquillo asustado que busca refugio en los brazos de su madre, -¡Eres tú Sakura! ¡Tú eres la Ran-hime del futuro!
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NARUTO
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La expresión abstraída de aquel idiota sobre la mesa casi me hizo explotar. ¿Cómo podía aparecer tan frío y calmado cuando…cuando…
Cerré con furia mal disimulada otro pergamino y abrí otro, importándome muy poco el cuidadoso sello milenario que guardaba su contenido; guardándome las quejas para más tarde y recordándome que aunque no lo parecía mucho, ése mequetrefe amaba a Sakura, probablemente mucho más de lo que yo la amaba; y eso ya era decir algo. Ella y su tierna disponibilidad guardaban a la hermana que nunca tuve y la madre que nunca conocí.
Y Sasuke, experto en tragarse todo lo que no fuera su espantoso carácter, se había dado cuenta ¿no? Ya había descubierto la isla que como paraíso de tesoros, aguardaba por él en el corazón de Sakura desde hacía tantísimo tiempo que, para ella amarlo, era algo así como su segunda naturaleza.
Kakashi me había contado sus sospechas… estaba más que seguro que Sasuke estaba enamorado.
-Demonios- murmuré por lo bajo, yo ya había encontrado la pícara alegría de tener una esposa con la que formar una familia, alguien con quien no me daba miedo ser quien era, alguien a quien arrullar junto al fuego mientras bebíamos chocolate, alguien que… ¿cómo había dicho ése cabeza hueca? ¡Ah sí! Alguien que fuera mejor que yo.
De nuevo era mi turno de ayudar al Uchiha con retraso mental el modo correcto de hacer las cosas. De cualquier manera, durante mucho tiempo sacarle las castañas del fuego era mi actividad principal; ahora le ayudaría a recuperar a la única persona que podría hacerle feliz.
Y por supuesto, a Sakura no le debía mucho menos; hacía años que le había prometido traer a Sasuke de vuelta a Konoha sin importar qué. En ése momento me volví para mirarlo, él se dio cuenta y levantó la cabeza. Los ojos, como siempre, eran un espejo reflejante que no permitía ver nada al interior; un espejo que de vez en cuando se rompía y toleraba que alguien mirase dentro. Me acerqué con lentitud mientras formulaba otro juramento, se los debía… a ambos… Sasuke y Sakura habían sido los primeros en fracturar la cáscara vacía que yo era, pintando mi mundo de color y viveza.
-Te prometo que traeré a Sakura de vuelta a Konoha, sin importar qué.
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Él se quedó quieto hasta que la ceja le tembló y preguntaba extrañado
-¿Eh? ¿A qué viene eso?
Sonreí para mis adentros, en muchos sentidos, aquel muchacho seguía siendo el mismo viejo Sasuke que yo había conocido en mi niñez.
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¡Hermosos y buenos lectores! ¡No he muerto! jajaja XD
El bien conocido dilema de "trabajar para comer" me mantiene bastante ocupada, pero apenas encuentro tiempito para sentarme a escribir, allí estoy ;)
Otro capítulo, yeeeha! Por favor, ya saben lo que me gusta su valiosa retroalimentación con sus hermosos reviews!
Muchas gracias y por acá seguimos XD
Oh! Y también muchísimas gracias a todos los que hayan dado favorite/follow click a la historia ¡son lo máximo!
MILA Muchas gracias, pues mira que más SasuSaku que ésto no se me ocurre ;)
