Pasamos un tiempo juntos, la poca luz que nos brindaba paz, se acababa. Permanecimos sosteniéndonos el uno al otro. Podía sentir su respiración sobre mi cuello y hasta creí que estaba dormido, con sus brazos alrededor de mí.

Sonreía, pensándolo. Sonreía, hasta que escuché una respiración honda y suspuse, que iba a hablarme. Esperé pacientemente y en silencio.

- Hermione...Lo siento tanto.

- ¿Por qué?

- Por envolverte, en mi familia.

- Ya te lo he dicho. Te amo e iré a donde tenga que ir. Contigo.

Una de sus manos, se escurrió de mi cuerpo y se enredó entre mis cabellos, de una forma muy ligera. Muy delicada.

- Yo no me alejaré de ti a menos que me lo pidas. Reiré si te ríes, lloraré si estarás para secar mis lágrimas y...¡Perdóname, estoy siendo tan infatil!

Viejos modismos, que no podía abandonar. Sentí que sonrió, casi que quiso reír de lo que estaba diciendo y me sonrojé ligeramente. Inspiró y sentí que uno de sus dedos, recorrió mi cuello. Eso me hizo temblar ligeramente.

- No necesitas pedirme permiso, para respirar- me dijo y yo reí. Tomé su mano y las junté, debajo de mi bufanda. Estaban frías.

- ¿Por qué no regresamos, antes de que seamos dos enormes estatuas de hielo?

Esa noche, no dormimos juntos. No es que no lo deseara, pero por respeto. Por el espacio que él necesitaba. Estaba en una cama cercana, no muy lejos. Sabía que no dormiría, así que permanecí mirando en su dirección. Deseaba que pudiera hacerlo, que simplmente dejara de preocuparse. Pero era él, al final de cuentas. No podía pedir imposibles.

Me senté en la cama y lo contemplé. Me ofrecía su espalda y por un momento, creí que estaba dormido. Pero no lo estaba. Se dio la vuelta y era muy tarde, para que yo fingiera que estaba dormida. Suspiró y me miró en la oscuridad. Todo apenas era visible, ante mis ojos. Las cortinas cerradas, el silencio en la habitación.

- ¿Ocurre algo?- me preguntó y yo, negué con la cabeza.

- No. Simplemente estaba pensando. No podía dormir.

- ¿Pensando en qué, exactamente?

- No lo sé. Solo estaba pensando. ¿Qué ocurre contigo?

- También estaba pensando.

Sonreí suavemente, cuando escuché eso. Éramos tal para cual, a veces. Con un suspiro, me dejé caer en la cama y lo miré. Me encantaba ayudarlo, pero no sabía qué necesitaba él de mí. Quería preguntárselo, pero no esperaba que...

Dejé de pensar, cuando hizo un sonido curioso. Como una especie de exhalación profunda. Alcé la mirada y nuestros ojos se encontraron en la oscuridad. Los suyos brillaban como dos perlas, me miraba con fijeza.

- ¿Qué quieres preguntarme? La poca luz de la cortina, dice que te muerdes el labio inferior, de forma insistente.

- ¿Cómo podría ayudarte? No sé si...

- ¿Dudas de eso?- me preguntó y me dije que le parecía gracioso. Y así fue, sonrió y me miró- Con estar aquí, ya estás ayudándome- me dijo y creo que eso alivianó mi sentir. Eso alivianó el hecho de que estaba atravesando un momento infeliz y yo no podía hacer nada para remediarlo.

Pero estábamos allí. Estaba allí. Era cierto. Eso era lo mejor que podía hacer.

Permanecí en silencio, meditando con mucha calma. Mientras pensaba, creí que se había dormido, puesto que no continuó hablándome. Suspiré y me preparé a dormirme. Era mejor intentarlo y dejar de pensar.

- ¿Por qué no vienes?- me dijo y yo simplemente, me sorprendí. ¿Eso esperaba? Me senté en la cama y lentamente, caminé hacia la suya. Me recosté y al poco tiempo, sentí un brazo, alrededor de mis hombros. Una invitación a acercarme. Me recosté en su pecho.

- Y aquí estoy- dije, con una voz suave, con un beso en su cuello. Escuché un suspiro en asentimiento y sonreí.- buenas noches...

- Buenas noches, Hermione- sentí su voz, muy cerca de mí, su aliento sobre mi cabeza- Buenas...

Al amanecer, estaba dormido. No quería despertarlo. Supe que se había despertado al poco tiempo y que trató de dormir. A pesar de estar en una casa diferente, ajena, no quería despertarlo. No quería que abriera los ojos a la realidad. Yo me encargaría de mirarla con mis ojos y solo brindarle lo que doliera menos.

Era mirar su vida, a través de mis ojos y apartar lo que considerara peligroso, lo que considerara doloroso para él.

Además, estaba aferrado a mí y no me podía mover. Eso me hizo gracia. Servía como una almohada. Ese era mi papel.

Sonreí y casi me río. Escuché una respiración suave y me cubrí la boca con una mano. Casi me reía de forma estruendosa. Me acomodé entre sus brazos y podría jurar, que él mismo buscaba aferrarme a él. ¿Estaría soñando?

Esperaba que sí. Realmente era todo una diversión mirarlo. Era como mirar una pieza de arte, que se explicaba sola. Se movía, intranquilo, se acomodaba y deshacía lo que acomodaba. Era muy gracioso.

Nunca vi a alguien, dormir de esa forma. Mientras dormía, sentí deseos de dormir de nuevo. De simplemente cerrar mis ojos y dedicarme a dejar mi mente, en blanco. Eso hice, al poco tiempo...

Me dormí y no supe, si se había despertado o si continuaba dormido.

En realidad, Rose no estaba al tanto de lo que ocurría. Ambos, lo relataban, de una forma tan distinta...¿Dónde estaban sus padres?

Mientras pensaba en eso, su mente entró en la posibilidad, de que aquel no fuese su padre. ¿Podría ser cierto?

Su madre solo amó a su padre...¿O pudo haber amado a otro hombre?

No. Seguro era su padre y debían estar enterrando a algún amigo, a alguien a quién apreciaban mucho.

Debía preguntárselo a su madre. Solo ella tendría la respuesta que estaba buscando. Aunque temía decirle que había estado revisando sus cosas. Quizá se enfadaría con ella o tal vez se echaría a llorar por lo que ella estaba leyendo.

Ambas posibilidades, eran pésimas. Con ambas, su madre se sentiría infeliz y eso, la entristecería. No quería hacerle sufrir, con fantasmas del pasado. Hugo ya lo había dicho. Su madre había pasado mucho y se estaba recuperando de una forma fantástica. No quería comenzar a hacerle sentir, que estaba olvidando a sus seres queridos.

Una vez, su madre ya había sentido eso. Y no había sido agradable para ella. En ningún sentido aparente. Sufría y lloraba en silencio. Lo hizo por largos meses.