Ya sé, ha pasado una eternidad y agradezco su espera. La universidad ha sido una tirana como siempre pero ahora estoy de vacaciones así que espero tener un poco más de tiempo para seguir traduciendo. Aquí el siguiente capítulo.

Marco y Luffy

Marco se mesó el cabello. Iba a ser un largo día. Estarían anclados a una isla por un rato y él estaba, como siempre, a cargo de reabastecer suministros. Esperaba poder encargarse de ello ese mismo día y, así, ser capaz de relajarse en el pueblo lo que quedara de su estadía allí.

Y, para añadir más cosas a su lista de quehaceres, también tendría que asegurarse que uno de los mocosos comiera. Luffy se había recuperado de esa horrible fiebre y vuelto a su camarote. El único problema era que Sabo y Ace seguían enfermos y no mejorarían hasta después de unos días. Los dos pacientes habían insistido en que estaban mejor e intentado marcharse con Luffy, sólo para ser detenidos. Ambos, pelearon por ello y sólo se detuvieron debido al cansancio y el hecho de que Marco prometiera mantener vigilado a su hermano pequeño.

Aparentemente, Thatch había pasado una clase de prueba pues se había ganado la confianza de los mocosos más grandes y era, ahora, lo suficientemente digno para dirigirle la palabra y, por alguna razón, a Marco y Namur también se les había concedido dicho mérito.

Ni idea de lo que pasaba por la cabeza de esos niños.

Thatch y Namur habían sido asignados para sentarse con Sabo y Ace mientras se recuperaban. Mientras él hacía de niñera, con instrucciones de asegurarse de que Luffy se mantuviera alejado de la orilla del barco y no cayera al océano, además de ser bien alimentado. Por alguna razón que no entendía, Ace y Sabo, estaban preocupados porque su hermano comiera adecuadamente.

Y con ese pensamiento, se dirigió al cuarto de los mocosos para recoger a Luffy, alimentarlo y, entonces, dejarlo con alguien más porque él tenía muchas cosas que hacer.

Dio vuelta a la esquina y se detuvo, petrificado.

Allí estaba Luffy, colgando de la orilla del barco, un pie atorado en la barandilla. Corrió lo más rápido que pudo al ver el pequeño pie resbalar, suspirando aliviado cuando pudo agarrar al mocoso antes de que éste estuviera fuera de su alcance.

Agradecido, comenzó a subir a Luffy hacia la cubierta hasta que casi lo soltó ante la inesperada fuerza que lo jaló en dirección contraria. Frunció el ceño al ver que el niño se aferraba a la pipa entre sus manos, que tenía una cuerda enrollada en ella y un pequeño Rey del mar mordiendo la punta.

―¡Déjala ir! ― ordenó, Marco.

―¡NO! ― El niño respondió ― ¡Es de Ace! ¡Se enfadará si la pierdo!

Marco se agarró del muchacho y tiró de él, esta vez esperando resistencia. Envolvió a Luffy con un brazo; lo estrechó contra su pecho fuertemente; se echó hacia atrás para no ser arrastrados y tomó, con su mano libre, la pipa que el niño sostenía. Alcanzó la soga e intentó desatarla pero ésta se rompió antes de que pudiera lograrlo.

Él y Luffy salieron volando, de espaldas, al desaparecer la fuerza que tiraba de ellos.

Luffy le miró y soltó una carcajada.

―Eso fue divertido, Cabeza de Piña.

Eso pudo haber terminado mal.

Casi todo el mundo se encontraba comiendo y si Marco no hubiera podido alcanzarlo; bueno, estaba seguro, que Luffy no sabía nadar y él pudo haber tardado demasiado conseguir a alguien para que rescatara al mocoso.

―¡Qué demonios estabas haciendo? ― Le gritó dejando que su miedo fuera reemplazado por ira.

Luffy se sobresaltó.

―E…estaba consiguiendo algo para comer. ― dijo con los ojos clavados en sus pies ―Pero creo que no soy tan fuerte como para sacar a un pez tan grande.

―¿Por qué no fuiste a la galera? ― Marco cuestionó frotándose la sien en un intento de averiguar lo que el niño estaba pensando.

―No pude recordar dónde estaba ― musitó. ― Ace y Sabo siempre vienen por mí cuando comemos allí. Lo siento, señor Piña.

Marco suspiró mientras se mesaba el cabello y la adrenalina se desvanecía de a poco.

―¿Estás bien?

El niño asintió.

―Bien ¿Qué tal si vamos a comer?

El pequeño del el sombrero de paja se animó y sonrió.

―¿Puedo comer carne?

―Estoy seguro que sí. —Marco dijo dirigiéndose a la enfermería después de haber sido convencido por un par de grandes ojos marrones y una enorme sonrisa. Después de un tiempo junto al infante, Marco podía comprender porque era extraño ver al menor sin la compañía de, al menos, uno de sus hermanos mayores.

Tenía el presentimiento de que Ace y Sabo estaban protegiendo a la tripulación de Luffy más que a su hermano de ellos. El mocoso era capaz de entrar en cualquier lugar y obtener aquello que deseara. Lo que, probablemente, era por el hecho de que la mayoría de ellos se sentían un tanto sobreprotectores con el niño debido a su reciente enfermedad.

Puso una mano en el hombro del pequeño antes de entrar.

—Muy bien, muchacho, dije que vendríamos a ver a Ace y Sabo pero tiene que ser rápido o Lyra nos cortará la cabeza y por cabeza me refiero a la mía. — Ella seguía enfadada con él.

El enano sólo rió y respondió:— ¡ Eres gracioso, Cabeza de Piña!

—Mi nombre es Marco.

—¡Oh, sí! — el comandante negó con la cabeza antes de abrir la puerta.

No sabía si debía , o no, estar sorprendido de ver a Thatch sentado junto a la cama de Ace jugando cartas. Mientras Namur se encontraba hablando animadamente con Sabo, la voz del muchacho ronca debido a la infección en la garganta que tuvo. Luffy no había saltado a ninguna de las camas, como Marco esperaba. En su lugar se quedó congelado al entrar y, por primera vez desde que conoció a los tres enanos, Luffy pareció inseguro.

Dio al infante un empujón, después de haber sido tan insistente en ver a sus hermanos, no iba a cambiar de opinión ahora. Y, Por lo que sabía de él, no era común de su parte.

—¡Luffy! — la emoción en la voz de Sabo era palpable. La cabeza de Ace giró hacia la puerta justo cuando la sonrisa, característica de Luffy, aparecía en su rostro y el niño saltaba sobre sus hermanos hablando, excitado, de su aventura matutina al intentar pescar su desayuno. Lo que quedaba del color en la cara de los mayores, desapareció al enterarse de la parte en la que caía de la barandilla del barco.

―…pero no se preocupen, Cabeza de Piña…

―… Marco ― El hombre ignoró las risas disimuladas de sus compañeros ante el mote que, lamentablemente, comenzaba a esparcirse por la tripulación, en especial entre los comandantes.

―Claro. Bueno, él me atrapó.

―Luffy, de verdad, necesitas ser más cuidadoso. ― dijo Sabo consternado. ― Tú no puedes nadar.

―Si Marco no hubiera estado allí, habrías caído al océano. ― Ace le riñó con voz queda. Ambos lucían como si el mero pensamiento de perder a su hermano fuera doloroso, y Marco se preguntaba por lo que habrían tenido que pasar, los mocosos, para que comprendieran lo que era perder a alguien de esa manera. La mayoría de niños de su edad no tenían ni idea de lo que la muerte significaba.

―Lo siento. Lo intentaré.

―No se preocupen ― intervino Thatch, ― Estoy seguro que no les importara que Namur le enseñe a Luffy a nadar. y ya que están en eso, noo estaría de más enseñarle uno que otro truco.

Ace y Sabo se miraron antes de soltar risas incomodas.

―¡Sí, eso sería una gran idea!― Exclamó Sabo alegremente. Demasiado alegremente.

―Pero, Sabo…

―¡Mira, Luffy! ¡Un pájaro!― Ace interrumpió señalando la pequeña ventana y distrayendo a sus hermanos.

―¿Dónde?

―Sabo…― Namur cuestionó, pero el rubio ya se encontraba con los otros, junto a la ventana. Los tres hablando con entusiasmo sobre el dichoso pájaro.

―Debe haber sido un ave impresionante ― Thatch comentó secamente al tiempo que los tres piratas compartían miradas sospechosas preguntándose qué era lo que los mocosos no les estaban diciendo.

Durante el mes que los niños habían pasado en el Moby Dick era más que evidente que Ace y Sabo tenían problemas de confianza. En realidad, había sido un gran paso que hubiesen acudido a Thatch por ayuda cuando Luffy cayó enfermo. Marco estaba impresionado con el Comandante de la Cuarta División y se preguntaba qué era lo que había hecho para ganarse la confianza de los chicos.

Así que decidió preguntar mientras los susodichos estaban entretenidos con lo que parecía un pájaro asombroso.

―Estás bromeando, ¿verdad?

―¿Por qué? Ellos confían en ti.

―En ti también. ― El otro comandante aseveró con seguridad. Marco le dirigió una mirada incrédula. Él había estado cuidando de los mocosos desde que abordaron el barco, no que nadie se diera cuenta, y sabía de facto que Thatch era a quién siempre acudían, seguido de cerca por Namur. ― Piensa. ¿Cuándo hemos visto a Luffy sin Ace o Sabo?

Medito por un momento.

―Bueno cuando…no, espera…Sabo estaba allí.

―Exacto. Él está, o en el camarote, cerca, o con alguno de ellos. Y ahora están pidiéndote que lo cuides.

―Entonces, ¿dejarme a cargo del truhán significa que confían en mí?

Thatch lo pensó antes de asentir con la cabeza.

―Síp.

Marco negó con la cabeza sin creérselo.

―Qué mal que tenga demasiadas cosas que hacer hoy para cuidarlo.

―No te atrevas a dejarlo con alguien más. En sus mentes nosotros tres somos lo mismo. Si uno de nosotros es digno de confianza, todos lo somos. Si intentas botar a Luffy con alguien más, ellos no van a volver a confiar en otra alma viviente de este barco.

―Entonces, ¿quieres que desperdicie el día para que puedas pasarlo jugando bromas?

Thatch lo meditó.

―Síp.

―Pues no va a pasar. Además se divertirá más con otro.

―Marco, hablo en serio.

―Luffy. ― Marco llamó ignorando al otro pirata. Observó al muchacho alzar la cabeza al sonido de su nombre. ― Hora de dejar que tus hermanos descansen. Los has alborotado lo suficiente y si Lyra lo averigua va a cortarme la…

―¿Quién es Lyra?

Marco rodó los ojos.

―La señorita doctora ― respondió, inseguro de si era bueno saber cómo llamaba el niño a todos.

―¡Oh! Ella es linda, me agrada.

―Lo sé. ― El hombre tomó a su carga de la cintura y lo acomodó debajo de su brazo para poder llevarlo con facilidad. ― Despídete de todos.

―Adiós, Ace. Adiós, Sabo.

―Adiós, Luffy. ― respondieron ellos.

―Adiós, Thatch. Adiós, hombre-tiburón.

―Mi nombre es Namur.

―Claro.

Marco se volvió y dejó la enfermería con el chico del sombrero de paja y una sonrisa satisfecha porque Luffy tampoco sabía el nombre de Namur.

―Ahora hay que buscar alguien que pueda cuidarte.

―¿No puedo quedarme contigo, Cabeza de Piña?

―Marco.

―Ajá.

―No. Tengo demasiadas cosas que hacer y no quiero que te atravieses.

―Por favor. Prometo que no molestaré.

―No. Encontraremos a alguien que pueda encargarse de ti.

―Pero no conozco a nadie más. No tengo más amigos como Ace y Sabo. Quiero tener más amigos para no sentirme solo cuando ellos se van a jugar.

Bajo a Luffy y lo dejó sobre la cubierta para inclinarse a su altura y verlo directamente a los ojos.

―Bueno, entonces puedes hacer amigos con alguien más.

Luffy se mordió el labio, luciendo como si el mundo fuera a acabarse sólo porque Marco no tenía tiempo para jugar con él.

―Pero yo quiero que Cabeza de Piña sea mi amigo.

―Mira niño. Tengo mucho trabajo que hacer, sólo necesitamos encontrar a alguien que no éste tan ocupado como yo para que juegue contigo.

―¿Puedo quedarme contigo, por favor? Prometo que intentaré no meterme en tu camino y me estaré quietecito.

Marco estaba a punto de insistir, otra vez, en que buscaran a alguien más pero cometió el error de mirar a esos grandes, brillantes y tristes ojos marrones. De verdad, Luffy debería tener una recompensa sobre su cabeza sólo por esos ojos de cachorro triste. El mocoso podía hacer que alguien destruyera el mundo por él, con una mirada.

O tal vez, él era una persona pusilánime y demasiado fácil de convencer.

Sí, debía ser eso.

―Bueno, se lo prometí a tus hermanos, así que creo que estará bien. Pero tienes que comportarte. ― el moreno asintió animadamente mientras el rubio suspiraba con resignación. ― Vamos.

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Marco quería darse de golpes contra el escritorio. Odiaba el papeleo tanto como cualquier otra persona y, desafortunadamente, era forzado a no sólo hacer el suyo, sino la de la segunda división también debido a que, tres meses atrás, habían perdido a su Comandante. Actualmente, estaba buscando a alguien para reemplazarlo pero no había juzgado a nadie apto para tomar la posición y que fuera lo suficientemente fuerte para proteger a la división. Había considerado a Teach porque el hombre tenía antigüedad pero, por alguna razón, la idea no terminaba de convencerle.

El mocoso estuvo, sorprendentemente, tranquilo. Sólo había armado jaleo durante la primera hora y media y, a Marco, no le molestaba tanto pues Luffy se entretenía a sí mismo sin ser tan ruidoso como para interrumpirle. El muchacho estaba dibujando en ese momento, con el papel y pluma que le había proporcionado al darse cuenta que el niño estaba aburrido y luchando por no molestar. El único sonido en el camarote, durante la última hora, había sido el suave tarareo de la canción de Luffy. Algo sobre islas e idiotas.

El pirata miró la pila de papeles pendientes y decidió que era suficiente por el momento. Se levantó y estiró llamando la atención de su carga.

―¿Terminaste? ― preguntó esperanzado.

―He terminado con el papeleo por ahora.

―¿Y ahora?― cuestionó el muchacho dejando su dibujo al olvido y levantándose de un salto.

―Ahora tengo que ir al pueblo y comprar provisiones para nuestro viaje a la siguiente isla.

―¿Iremos al pueblo?

―Sí, tengo que ir. Puedes venir pero va a ser aburrido.

―¡Yey! ¡Iré al pueblo con Cabeza de Piña!

―Marco.

―¡Ajá!

―Vale, ven, iremos a comer algo antes de irnos. Tenemos muchas cosas que comprar.

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Marco, por primera vez en el día, estaba feliz. Todo iba mucho mejor de lo que había esperado cuando despertó esa mañana. Había comprado todo lo que necesitaban en unas horas y esa era la última tienda. Hablaba con el dueño sobre una gran orden de comida que necesitarían ignorando a Luffy, que corría por ahí desatando el caos mientras era perseguido por tres empleados del establecimiento.

—Gracias, alguien pasará a recoger todo en tres días.

—No, gracias a usted— respondió el dueño felizmente. Marco sospechaba que esa era la orden más grande que había tenido.

Miró a su alrededor y encontró al chico del sombrero de paja escalando un librero y a los tres empleados rogándole que bajara antes de que rompiera algo.

—Mocoso, nos vamos. — Marco cacho al niño que saltó hacia sus brazos desde las alturas—¿te diviertes? — Luffy sonrió y asintió con la cabeza. Lo acomodo de tal forma que pudiera llevarlo debajo del brazo, sujeto por la cintura. Era la mejor forma de mantener al niño fuera de problemas.

—Sí, ¡gracias por jugar conmigo! — el chico sonrió a los tendientes, los tres parecían exhaustos y se despedían aliviados de ver que el pequeño se marchaba.

Marco no pudo evitar reír al ver sus caras.

El niño no era tan malo. Luffy había escuchado a Marco y se había comportado durante la mayor parte del día. Él sólo necesitaba quemar el exceso de energía y los altos libreros de la última tienda, habían sido demasiado tentadores para dejarlos pasar; y el pirata no iba a quitarle su diversión. No cuando su trabajo estaba terminado y el niño había sido una agradable compañía. Incluso, fue divertido ver al enano correr alrededor mientras iban de tienda en tienda.

—¿Qué dices si vamos por comida? — Sugirió feliz de complacer a Luffy con su pasatiempo favorito.

—¿De verdad?

—Sí. Puedes pedir una cosa.

—¡Yey! ¡Eres el mejor, Cabeza de Piña!

—Marco.

—Claro.

El pirata dejó al chico del sombrero de paja en el suelo y sonrió al ver al niño correr alrededor, cantado sobre la hora de la comida. Llegaron a un bar que servía alimentos y que, Marco, considero lo suficientemente seguro para un infante. Se sentó en la barra y ayudo al pequeño a subir a un banquillo junto al suyo.

—¿Qué pedirán? — cuestionó el tabernero.

—¡Carne!

—Yo quiero sake y traiga jugo con la carne del niño.

—En seguida.

Habían estado sentados en el bar por quince minutos cuando escucharon conmoción fuera del establecimiento. Luffy dejó de comer y miró a la puerta.

Marco frunció el ceño.

Esos eran piratas Barba Blanca, todavía más, piratas de su división. Y estaban peleando. Bufo molesto y se levantó.

—Quédate aquí.— le ordenó al niño antes de dirigirse a los inútiles que participaban en la riña.

—¡Oi! ¡Somos invitados en este pueblo así que intenten dar una buena impresión, idiotas! — Gritó separándolos. Pasaron otros diez minutos antes de que fueran civiles el uno con el otro y Marco pudiera regresar con Luffy.

Cuando entró al bar se sorprendió al ver vacío el banquillo de Luffy. Mirando alrededor, encontró rápidamente al niño.

Él no parecía estar muy feliz.

—¡Dije que pararás! ¡No me gusta! — Luffy tomó su sombrero de paja y se lo puso en la cabeza antes de un intentar alejarse del grupo de hombres que parecía estar molestándolo — ¡No me toques! — bramó el niño forcejeando con uno de los hombres. Acalorado, Luffy mordió la mano del sujeto y corrió para ser atrapado del brazo por otro tipo y Marco vio, con fascinación, como Luffy continuaba caminando con su extremidad estirándose.

Los bastardos parecían pensar que era divertido, sobre todo cuando Luffy salió volando, por la fuerza, a través del bar, hacía ellos.

—¡Oh, vamos niño! Sólo nos estamos divirtiendo un poco. Puedo pensar en un par de cosas que podemos hacer para divertirnos aún más— el hombre agarró el otro brazo para que no pudiera escapar y sonrió lascivamente.

Marco sintió su ira crecer ante las implicaciones.

Luffy era un niño.

Luffy era uno de los niños bajo su protección.

Luffy era uno de sus mocosos.

¿Cómo se atrevía, ese pervertido, decir algo como eso a uno de sus mocosos!

El Comandante de la Primera División de los piratas Barba Blanca, se dirigió hacia el hombre que jugaba estrechando la cara de Luffy mientras anunciaba lo bien que lo pasaría con la 'flexibilidad' del niño. Luffy empujó al tipo pero sus intentos eran en vano. Marco puso una mano en el hombro del sujeto, apretando hasta casi romper el hueso.

—¿Qué le estás haciendo a Luffy? — preguntó con calma ignorando el chillido de dolor que el hombre emitió, exigiendo que lo soltara.

Cada cabeza del grupo se volvió hacia él, incluso el niño. Se sintió insultado ante la sorpresa en el rostro del mocoso.

—¡OYE, SUEALTA A RICKY!.

Marco, lentamente, se volvió hacia el imbécil que le había gritado.

—No. — contestó con calma clavando el pulgar en el hombro de 'Ricky'.

Fue entonces cuando uno de los hombres abrió los ojos desmesuradamente al observar a Marco con detenimiento. ¡Ah! Alguien lo había reconocido.

—¡Amigo, deja ir al niño!— el sujeto exclamó a Ricky, señalando a Marco con un dedo tembloroso. — Él es uno de los piratas Barba Blanca. ¡Es Marco, el fénix!

Luffy fue liberado de inmediato. El pobre niño pegó sus brazos fuertemente a sus costados para que nadie más pudiera alcanzarlo antes correr y escudarse detrás de Marco.

—Si alguna vez veo que te atreves a mirar raro al niño, otra vez, no estoy seguro que vivas para lamentarlo. — Marco informó al grupo antes de lanzar a Ricky a través de un muro de la taberna. — Vámonos, niño. — el pirata puso una mano sobre la cabeza del infante y lo guió fuera del bar hacia la playa. No se le antojaba regresar al barco todavía y el mocoso todavía necesitaba quemar el exceso de energía que le quedaba.

Curiosamente, Luffy no había dicho nada desde que dejaran el bar y comenzaba a ser inquietante.

—¿V…vas a lastimarme?

La atención de Marco fue dirigida bruscamente al niño del sombrero del paja.

—¿Por qué iba a hacer eso?

El muchacho se encogió de hombros.

—El abuelo dijo que no le dijera a nadie que estoy hecho de goma porque me lastimarían. — explicó sin levantar la mirada. — y tú eres muy fuerte así que no creo que pueda derrotarte todavía.

—¿Qué te hace pensar que podrás derrotarme algún día? — Cuestionó Marco pensando en lo que acababa de escuchar.

—Algún día seré lo suficientemente fuerte para darte una paliza

—¿A sí? —No pudo evitar sonreír. — ¿Vas a ser un marine como tu abuelo y vendrás por mí?

—De ninguna manera voy a ser marine, ¡seré el Rey de los piratas!

Marco parpadeo. No había esperado oír aquello. No del nieto de Garp. Desde luego, Namur le comentó que Sabo había declarado su deseo de ser piratas pero no había dado crédito a sus palabras. Y ahora, Luffy decía que quería ser el Rey de los Piratas, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Pareciera, incluso, que fuera un tema recurrente con él.

—Rey de los Piratas, ¿eh?

—Yup.

—De acuerdo. Creo que tendré que mantenerte vigilado. Asegurarme de que no te conviertas en una amenaza.

Luffy rió por lo bajo antes de ponerse serio y clavar su mirada en la arena.

Marco estudió al muchacho por unos minutos, su mente recordó lo que Luffy había dicho acerca de estar hecho de goma.

—¿Comiste una fruta del diablo?— finalmente preguntó.

—Comí la gomu gomu no mi—Luffy contestó con alegría. — Pensé que era un postre.

—Apuesto a que no sabía tan bien. —Marco comentó recordando el sabor de su fruta.

—Fue asqueroso. — confirmó asintiendo con la cabeza.

Marco rió antes de hablar de nuevo:

—Tu abuelo tenía razón acerca de no decirle a nadie que estás hecho de goma. Hay gente en la Grand Line que tratarían de herirte o usarte si supieran.

Luffy volvió su mirada a la arena.

—Dicho eso, no soy una de esas personas. Prometo que no te haré daño.

La cabeza de Luffy se levantó con los ojos llenos de esperanza.

—¿No lo harás?

Marco sonrió ante la naturaleza inocente del niño. Iba a tener que asegurarse de que nadie se aprovechara de ello.

—Claro que no. ¿Sabes? Yo también comí una fruta del diablo.

—¿De verdad?

—Síp. Me convierto en un fénix.

El moreno lo miró con ojos inexpresivos.

—¿Qué es eso?

—Es un ave mítica hecha de fuego. — explicó de forma que el niño entendiera.

—Entonces te conviertes en un pájaro misterioso.

Lo había dicho tan seriamente que Marco no pudo más que reír.

—Sí, más o menos.

—¡Qué genial!

—¿Sabes? Sí, lo es.

El niño se quedó silencioso, enterrando los dedos en la arena con un gesto pensativo.

—No vas a decirle a nadie que estoy hecho de goma, ¿verdad?

—Bueno, a nadie en la tripulación le importaría que fueras de goma y ninguno te lastimaría. — Miró hacia el muchacho y frunció el ceño al ver la preocupación en su rostro. — Pero no es asunto de nadie así que no, no diré nada.

—¿Les dirás a Ace y a Sabo?

—No tengo razones para hacerlo.

El niño rió por lo bajo.

—Gracias, Marco.

—Mar...—se detuvo a media oración al darse cuenta de lo que había dicho Luffy. El pirata se sintió atónito por un momento. Luffy había dicho su nombre correctamente sin haber sido corregido antes. Sonrió al pequeño rufián. — Para eso son los amigos.