CAPITULO 6. En Bulgaria.
Draco Malfoy
Cinco Puntos
Varna, Bulgaria
2 de septiembre de 2000
Querido Severus,
Por sorprendente que pueda parecer, he llegado a Bulgaria sin que nadie intente asesinarme. No sé si he perdido caché en la lista de los diez ex-mortífagos más odiados del mundo o es que mis detractores se han buscado otros pasatiempos, pero aquí estoy, instalado en una espantosa posada y rodeado de todos mis libros. ¿Has estado alguna vez en el Barrio Mágico de esta ciudad? Bueno, deja que te diga dos palabras "socialismo mágico". Los edificios son tan feos que casi no me atrevo a salir a la calle. ¿Crees que podría ser un plan de mis enemigos para acabar conmigo? Cada vez que veo esas fincas grises siento la tentación de suicidarme, así que podrían tener éxito.
El Barrio Mágico de Sofía, por el contrario, es tan bonito como me dijiste. Sólo pasé allí dos días y me gustaría volver para descubrir alguno de sus secretos. Además, los búlgaros de la capital tienen más clase que los de aquí. Al menos allí puedes ver de vez en cuando alguna chica que no tenga aire de campesina y a algún hombre que no vaya cargado con su peso en oro. De hecho, tuve la suerte de encontrarme con una de las excepciones femeninas por la noche y me complace comunicarte que dejé el pabellón de Slytherin bien alto.
Mañana voy a ir a uno de esos sitios, una inmobiliaria, creo que se llaman, para ver alguna casa medio habitable. He concertado la cita por teléfono, y creo que habrías pasado un rato divertido viendo cómo intentaba usar ese aparatejo. Ya te contaré cómo me ha ido.
Draco Malfoy.
PD. Adjunto un regalo para Slytherin. Diles simplemente que es de alguien que se siente orgulloso de ellos¿quieres?
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Draco se bajó del coche y observó la casa de la que el agente inmobiliario le había hablado. Tal y como le había prometido, aunque la construcción tenía casi doscientos años se encontraba muy bien cuidado. Además, contaba con un pequeño invernadero que parecía muy adecuado para cultivar las plantas que necesitaba para sus prácticas de Pociones. El interior también le gustó. Sólo necesitaba una capa de pintura en el comedor, pues el color rosa palo que habían escogido sus anteriores dueños le revolvía el estómago. Aun así, su innato instinto de negociante lo llevó a protestar un poco para conseguir una pequeña rebaja en el precio.
Después de su mala experiencia en los hoteles, Draco se las había ingeniado para conseguir un pasaporte y no tuvo ningún problema a la hora de firmar el contrato. Dos días después, él y Topey se Aparecieron en la puerta de su nuevo hogar, cargados de maletas.
-¿Y bien¿Qué te parece?
-Es preciosa, amo Draco. No es Malfoy manor, pero...
Él asintió y los dos entraron en la casa. Draco le ordenó al elfo que cambiara el color de la pared del comedor y empezara a colocar los muebles y él subió a su dormitorio con una maleta. Había escogido una habitación amplia y luminosa con un pequeño mirador que le recordaba a su antiguo cuarto en la mansión. Mirando a su alrededor, abrió la maleta y sacó unos pequeños muebles de ella: una cama de matrimonio, un armario doble, dos mesitas de noche, una cajonera y un espejo. Después los fue colocando por la habitación, sacó su varita y, murmurando un encantamiento, devolvió todos los muebles a su tamaño normal. Después pasó a una habitación que pensaba reservar para los invitados-Snape- e hizo lo mismo con otros muebles. Cuando bajó a la planta baja, Topey ya había terminado de amueblar el comedor, ahora de color azul, y estaba organizando la cocina.
-No tenemos nada para comer, amo.
-Ahora te doy dinero. Eh, Topey, mira esto.-Draco abrió una puerta disimulada en la pared que daba a un cuarto adyacente. Sin ser tan grande como los dormitorios de la primera planta, era lo bastante amplia para que una persona no se sintiera agobiada, ni siquiera con los muebles colocados-. Es para ti.
El elfo se estrujó las manos con emoción.
-¿Para mí?¿Para Topey?
-¿Es lo bastante oscura?-dijo, en tono de hombre de negocios.
-¡Es perfecta, amo Draco! Y tan cerca de la cocina... No sabía que las casas muggles también tuvieran dormitorios cerca de las cocinas.
-Las usaban para sus criados, creo-dijo Draco, sin comprometerse mucho-. Voy a por el dinero. Cuando termines de instalarte, ve al Barrio Mágico y compra comida para siete días. Y que no se te olvide el chocolate.
-Y un buen suministro de cerveza de mantequilla, sí. Topey conoce bien los gustos del joven amo.
Draco dejó al elfo en su cocina y salió al exterior de la casa. Con aire de concentración, dio una vuelta a su alrededor, estudiando las ventanas, los balcones, la pequeña puerta de la carbonera. Después volvió a la entrada principal, con la varita en la mano, y lanzó un encantamiento primario de protección. De un bolsillo sacó una pequeña navaja que había comprado el día anterior y se hizo un corte en la palma de la mano. Las gotas cayeron sobre la tierra y, cuando murmuró otro encantamiento más poderoso, sisearon y se filtraron en el suelo. Cuando hubiera luna llena completaría las defensas de la casa, pero, por el momento, tendría que servir.
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Severus Snape
Escuela Hogwarts de Magia
y Brujería.
Escocia, Reino Unido,
9 de septiembre de 2000
Mi querido y ostentoso muchacho,
¿Doce Nimbus Evolution? ¿Doce¿Sabes el revuelo que se ha armado en todo el colegio? En Slytherin no se habla de otra cosa. Mis alumnos se han vuelto insufribles con el regalo y andan por ahí pavoneándose de la victoria que les aguarda en el campo de quidditch. Además, no paran de molestarme preguntándome quién es su misterioso benefactor y uno de los dos mocosos que el año anterior se echó a llorar al ser seleccionado en nuestra casa tuvo la audacia de intentar sobornarme con dos galeones y medio para que le diera tu nombre. (Naturalmente, le quité diez puntos por haber calculado tan mal mi precio). Por casualidad, no sé cómo, un alumno de quinto me oyó decirle al Barón Sanguinario que podía asegurar que la persona que había comprado esas escobas había luchado contra Quien-tú-sabes y la guerra soterrada entre los Slytherin que provienen de familias de mortífagos y los que no tomaron nunca la Marca Tenebrosa se ha agudizado; el otro día, en pleno Gran Comedor, un alumno de quinto se enzarzó en una pelea con el primo pequeño de los Montague, que está en sexto, y, perdiendo el control de una manera muy poco digna de un Slytherin, le gritó que Quien-tú-sabes no era más que un "cochino asesino con delirios de grandeza que mató en un solo año a más magos de sangre pura que los muggles en toda su historia". Como puedes comprender, tu regalo sólo me ha causado molestias, y confío en que no vuelvas a dar muestras de tamaña desconsideración.
Imagino que habrás encontrado ya la casa que buscas y que además la habrás escogido aislada y en medio del campo, pensando sobre todo en los estudios. Entiendo perfectamente la ventaja de estar alejado de los magos en este momento, pero no te confundas, Draco: no eres una persona tan solitaria como crees. Ningún Slytherin lo es, en el fondo. Está en nuestra naturaleza buscar alianzas y necesitamos a la gente para ser conscientes de nuestra propia posición. Sí, ya sé que estás pensando "Mira quién fue a hablar", pero aunque yo tenga fama de insociable, te recuerdo que he pasado casi toda mi vida en Hogwarts, rodeado de gente, y con alumnos sobre los que influir. Lo que quiero decir es que me preocupa que te afecte tanta soledad. Todos tenemos noches de pesadillas y despertar en esa casa, sin más compañía que un elfo doméstico, puede resultar desmoralizante. No dudes en venir a pasar unos días a Hogwarts si te apetece; estaré encantado de verte y tendrás tanta ocasión de estudiar como en tu nuevo hogar. Aunque no sé de qué me preocupo, pues seguramente te lanzarás a buscar compañía en cuanto tu ardor juvenil te lo exija. Ten cuidado cuando estés a solas con alguien; nunca se sabe dónde pueden residir sus lealtades.
He podido hablar con Flint hace apenas tres días. Por lo que pude apreciar, no está interesado en mantener ningún tipo de relación con su padre ni lamenta que vaya a ser condenado a prisión perpetua por sus crímenes como mortífago. He pensado que querrías saberlo. También he hablado con Potter. Me lo encontré ayer en el Ministerio y parecía haberse enterado en ese momento del lamentable incidente con Flint padre. Me preguntó si estabas bien y me pidió que te cuidaras. Este nuevo estado civilizado de vuestra relación me resulta muy desagradable, pero si eso significa que nunca más tendré que soportar vuestras irritantes peleas, lo consideraré un mal menor.
Severus Snape.
Draco dobló cuidadosamente el pergamino y lo quemó con un movimiento de varita. Le sabía mal deshacerse de esas cartas, pero la amarga experiencia con sus cosas en Malfoy manor le indicaba que era la única manera de estar seguro de que nadie más podría leerlas. Había sentido más que un sincero alivio cuando Topey le había dicho que sus padres habían tenido el buen juicio de deshacerse de toda su correspondencia antes de dejar definitivamente la casa.
Después, reflexionó sobre lo que había leído. Se alegraba mucho de que las escobas nuevas hubieran causado ese efecto; hasta Severus parecía más animado. Slytherin había pasado de ser despreciada a ser envidiada, y si había algo que podía hacer dormir a un miembro de esa casa con una sonrisa de felicidad en los labios era la envidia ajena.
La encarcelación del padre de su antiguo capitán de quidditch no pesaba demasiado sobre su conciencia-Draco tenía sentimientos muy concretos sobre la gente que intentaba matarlo y la piedad no se contaba entre ellos-, pero se alegró de saber que Flint hijo no parecía dispuesto a unirse a la lista de sus enemigos. Lo que no se le quitaban de la cabeza eran esas breves líneas sobre Harry Potter. Conocía a Snape y sabía que no le habría transmitido ese mensaje si Potter no se hubiera mostrado, como mínimo, sincero.La idea era chocante, pero después de darle unas cuantas vueltas supuso que tenía sentido. En el Ministerio habían actuado sin su habitual y mutua animadversión. No es que fueran a hacerse amigos, pero al fin y al cabo habían sido compañeros de clase y todo lo demás. Y seguían vivos. No había razón para no ser corteses el uno con el otro. Hasta reconocía que casi se lo había pasado bien charlando con él. Y Potter se había reído y todo.
Entonces sintió una ligera tensión en sus pantalones y se dijo, divertido, que Snape había tenido razón en lo de su ardor juvenil. Después de quince días estudiando de la mañana a la noche, parando sólo una hora al día para volar con su escoba y tratar de recuperar la habilidad perdida, tenía ganas de desmelenarse un poco. Animado por la perspectiva, subió a su cuarto y se dio una ducha. Cuando terminó, se secó con una toalla y se miró apreciativamente en el espejo. Ya había recuperado los kilos que había perdido en Azkaban y sus antiguos músculos de Buscador empezaban a ser visibles de nuevo. Las cicatrices ya no le parecían tan feas como antes; parecían compensar el efecto femenino de su piel y su pelo. Mientras se acariciaba distraídamente el estómago, sintiendo los incipientes abdominales, se preguntó si sería buena idea hacerse un tatuaje, un dragón o algo así. Siempre había pensado que los tatuajes de su tío Sirius-los que se veían en las fotos, porque nunca le había visto en persona-eran una pasada.
Aún dándole vueltas a la idea, fue a vestirse. Primero cogió unos pantalones de cuero negro, algo ajustados, que estaban aún por estrenar, y después se probó una camisa del mismo color.
-¿Te vas a una discoteca o a un entierro? Ponte algo más alegre, hombre-le dijo el espejo del armario.
-Yo no soy alegre-declaró Draco con frío desdén. Pero luego se quitó la camisa y escogió otra de color azul claro, con unos ligeros toques de verde. Sólo se abrochó los dos botones del medio, dejando que pudiera ondular sobre su liso estómago y sus caderas.
-Mucho mejor. ¡Vas a romper esta noche, tigre!
Draco alzó la cabeza con arrogancia, imitando inconscientemente a su padre.
-Por supuesto.
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La comunidad mágica de Varna sólo contaba con poco más de doscientos miembros, así que los magos jóvenes solían reunirse en una discoteca donde también iban muggles. Draco, que se había comprado un ejemplar de la "Guía Mágica para Turístas" nada más llegar al país, sabía que, en esas circunstancias, los magos solían distinguirse entre sí dibujando en alguna parte visible del cuerpo, con un pequeño encantamiento, una estrella de seis puntas que sólo podían ver otros magos. Él se la hizo alrededor del ombligo.
La discoteca estaba ya bastante concurrida. Aunque en Bulgaria había bastantes rubios, Draco tenía un aire sofisticado que atraía inevitablemente la atracción. Ignorando de momento las reacciones de la gente, se acercó a la barra y pidió una cerveza. Desde allí observó a los hombres y mujeres que tenía más cerca, buscando alguna de esas estrellas. Su experiencia en Londres le había ayudado a deshacerse de muchos de sus prejuicios contra los muggles-la mayoría de ellos no olían mal, después de todo, y había algunos realmente atractivos-, pero relacionarse con ellos significaba tener que mentir y disimular y aquella noche no estaba de humor. Prefería probar suerte antes con los magos
Al cabo de un par de minutos vio pasar cerca de él a un hombre de unos treinta años con una estrella en la mejilla, pero no era nada guapo y Draco no hizo ademán de acercarse a él. Dos chicas muggles de acercaron a la barra a pedir algo y le miraron entre risillas nerviosas. Después de su experiencia con Juliette, Draco sentía menos atracción que nunca por esa clase de actitud y, como ni siquiera eran bonitas, les lanzó la mejor mirada de desprecio que había visto usar a Snape. Las dos chicas tragaron saliva y se alejaron de él, asustadas como dos Hufflepuffs de primero. Poco después, un chico, también muggle, y esta vez increíblemente sexy se dejó ver a un par de metros de él. Draco notó cómo se alborotaban sus hormonas, pero recordó a tiempo lo que pensaban los muggles de las relaciones entre hombres y se dijo que lo más sensato era esperar a ver lo que hacía. Si lo pillaba mirándole el culo a un tío, iba a ir a por él y a follárselo hasta volverlo loco. Pero, para su decepción, el chico sólo estaba fijándose en las chicas. Y no estaba tan bueno como para arriesgarse a recibir un puñetazo por intentar convencerlo de que el sexo con él podía ser divertido.
-¿De dónde has salido tú, rubito?-dijo una voz a sus espaldas.
Draco se giró y vio a un hombre de unos treinta años, de pelo oscuro y ojos cálidos. La estrella que llevaba en el hombro desvelaba su condición de mago. Era atractivo con ese modo inequívocamente masculino de los búlgaros. Iba vestido con unos vaqueros negros y una sencilla camiseta blanca sin mangas que dejaba ver las duras líneas de sus músculos. Draco se estremeció sólo de pensar en las posibilidades, pero le lanzó una fría mirada de advertencia.
-No me llames "rubito".
Él sonrió, al parecer apreciando que le pusiera dificultades.
-¿Y cómo quieres que te llame?-dijo, acercándose un poco más.
-Me llamo Draco.
El mago miró rápidamente a su alrededor para darse cuenta de que nadie les estaba mirando y le rozó el antebrazo con los dedos, en una discreta caricia.
-Bueno, Draco¿y qué me dirías si te digo que cuando acabe contigo me dejarás llamarte como quiera?
Si no hubiera estado apoyado en la barra, Draco estaba seguro de que la súbita flojera de sus rodillas le habría hecho caer al suelo. Sus pantalones estaban a punto de reventar y la boca se le había quedado seca. Aun así, le mantuvo la mirada mientras terminaba de beberse su botellín de cerveza.
-Te diría-dijo lentamente, dejando el botellín vacío a un lado-, que eso tendrás que demostrarlo.
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El mago se llamaba Mijaíl Ivanov y era lo bastante bueno en la cama e interesante fuera de ella como para que Draco quisiera seguir viéndolo con cierta regularidad. Ninguno de los dos pretendía llevar la relación muy lejos, pero terminaron siendo amigos.
Cuando tuvieron que hablar de la guerra, porque era un tema que acababa saliendo antes o después, Draco se limitó a decirle que, al contrario que el resto de su familia más directa, él había luchado contra Voldemort. Mijaíl le contó que, en los años setenta, sus padres se habían sentido tentados de seguirlo porque parecía la única manera de expulsar del poder a los magos comunistas que regían el país, pero habían terminado echándose atrás por miedo a las consecuencias. Durante la última guerra, ni siquiera lo habían pensado. Tracius Mortifax, el mago oscuro que había tratado de convertirse en el Voldemort búlgaro, estaba demasiado loco y sólo los locos lo siguieron. Además, Víctor Krum, la estrella mundial de quidditch, el ídolo de las masas, se había opuesto públicamente a Mortifax y había asegurado que no podría ganar nunca.
-Decía que cuando Harry Potter terminara de darle una paliza a Voldemort, vendría a Bulgaria a hacer lo mismo con Mortifax, pero que él personalmente prefería que laváramos los trapos sucios en casa-le explicó una tarde, los dos perezosamente tumbados en la cama-. Mmmm¿y quién podría resistirse a Victor Krum?
Draco hizo una mueca apreciativa. Él, desde luego, no.
-Estuvo en Hogwarts cuando yo estaba en cuarto, para el Campeonato de los Tres Magos. Todos los de Durmstrang se alojaron en Slyhtherin, en nuestra casa. Hablamos un montón de veces.
Mijail se incorporó un poco.
-Claro, fue entonces cuando Voldemort resucitó del todo¿no? Potter alcanzó la Copa y ésta resultó ser un Traslador...-Draco asintió y Mijail abrió los ojos-. Espera, si tienes veinte años, tú tuviste que ir a clase con él¿no?
-¿Con quién?-preguntó, fríamente.
-Con Harry Potter. Él también tiene veinte años¿no? Nació un año antes de la primera muerte de Voldemort.-Draco estaba empezando a enfadarse de verdad. Lo último que necesitaba ahora era encontrarse con que se estaba tirando a un fan del maldito Harry Potter-. Cuéntame¿cómo es en persona?
Aquello era intolerable. Draco se sentó en la cama y lo fulminó con la mirada.
-Potter es un insoportable montón de moralina que tiene más suerte de la que es humanamente posible tener y que siempre ha sido el niño mimado de todo el mundo. Y si quieres volver a verme algún día, te recomiendo que dejes de actuar como una niña de doce años cuando hables de él.
-¿Os llevabais mal?
Mijail había captado el mensaje, pero no se había acobardado. Draco se alegró de que fuera así; respetaba mucho más a la gente que no se dejaba impresionar por sus pataletas, ya fueran frías o ardientes.
-Éramos enemigos jurados.
-¿Qué pasó?
-Me cogió manía desde el principio. La primera vez que nos vimos fue en una tienda de túnicas del callejón Diagón, el barrio mágico de Londres. Yo ni siquiera sabía quién era, pero me cayó bien. Llevaba ropa tres tallas más grande de lo que tocaba y su pelo era... un horror. Por lo general nunca me habría acercado a nadie con esa pinta, los Malfoy tenemos ciertos estándares, pero me pareció simpático, no sé, y estábamos los dos solos y empecé a hablar con él del colegio, de quidditch y esas cosas. Entonces vi a un gigante al otro lado del cristal. No me gustan los gigantes.
-¿A quién le gustarían?
Draco casi lo miró con agradecimiento. Había llegado a pensar que era la única persona en el mundo que pensaba que los gigantes eran peligrosos, era para volverse loco.
-¡A él! Resulta que era el guardabosques de Hogwarts y se habían hecho amigos. Yo no lo sabía, claro, y le conté lo que había oído decir de él y Potter se marchó de allí muy ofendido. Al cabo de unos días nos encontramos ya en el tren de Hogwarts y yo volví a intentar ser amigo suyo. Hasta le tendí la mano y le dije que le ayudaría a aprender las costumbres del mundo mágico. ¿Y sabes lo que hizo? Rechazarme. Delante de todos. Al parecer me había vuelto a meter con otro estúpido amigo suyo sin darme cuenta.-Draco frunció el ceño-. Si te ríes voy a cruciarte el culo.
-La verdad es que ya es mala suerte-dijo, tratando de mantener la compostura.
-Aquello me sentó fatal y decidí que iba a convertir el resto de su vida en un infierno. Le hice todas las putadas que se me ocurrieron. Y él tampoco se quedó atrás. Reconozco que su estilo no eran las gamberradas, pero me trató siempre como si fuera una mierda. Según él, si entré en el equipo de quidditch en segundo fue porque mi padre había comprado mi puesto. Si me saqué buenas notas fue porque me las regalaron. Si me hicieron prefecto, fue por la presión de mi padre. Nos odiábamos, te lo juro. Pero un día...
Mijail le interrumpió, riendo de nuevo.
-Oh, no, no, no, no puede ser. ¿Te has enrollado con Harry Potter?
La intención de Draco había sido decirle que Voldemort habría regresado y que entonces las peleas entre ellos habían dejado de ser tonterías de críos, que su padre había intentado matar a Potter, que había llegado la guerra. Pero la teoría de Mijail, tan alejada de la realidad, tan inconcebible, le pilló tan desprevenido que sólo fue capaz de quedarse mirándolo, estupefacto.
-¿Qué¿Yo con Potter¿Cómo se te ocurre?
-¿No es eso? Creí que ibas a contarme que os estuvisteis odiando durante varios años hasta que en sexto o en séptimo os disteis cuenta de que toda esa hostilidad era deseo reprimido.
-¿Potter y yo?
-Bueno, ya veo que no. Pero entonces¿cómo es que al final terminaste luchando en su lado?
-Yo no luché en el lado de Potter. Luché en el lado opuesto al de Voldemort.
Mijail arqueó las cejas y meneó la cabeza.
-Está bien, está bien. Me he equivocado. Cuando yo iba a Durmstrang dos chicos de mi clase tenían el mismo estilo de relación que me estabas describiendo y de repente el último año, en mitad pelea, empezaron a besarse como salvajes y a día de hoy siguen juntos. Supongo que por eso lo he dicho. Y bueno, tampoco sería tan raro¿no? Harry Potter está muy follable.
Draco hizo el ruido más despectivo de su repertorio.
-Si te gustan los cuatro-ojos torpes, egocéntricos y sin el menor sentido de la elegancia...
-Bah, tonterías. Entiendo que te caiga mal, pero has de admitir que no está nada mal.
-Quizás quieras que te consiga un autógrafo suyo-sugirió, sarcástico.
-No te pongas celoso, Draco. Tú eres mucho más guapo que él-dijo en voz baja, empezando a besarle el cuello-. De hecho, tú eres demasiado guapo para tu propio bien. Puro, puro morbo.
Draco cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás con abandono y ahogó un gemido cuando sintió la mano de Mijail bajando entre las sábanas.
-Está bien, te perdono.
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Mary, me alegro de que te rieras con las cartas, sobre todo porque, como puedes ver, va a haber más, jeje. Actualizaré todos los días porque el fic ya está terminado.
Catzeruf, gracias por el comentario, las cosas entre H y D llevan su tiempo, sí.
Drakitap, paciencia, paciencia. Harry aún va a tardar un poco en salir. En lo que sería la primera parte del fic, aparece poco; luego ya sale de continuo. Pero si te fijas te darás cuenta de que se le menciona en todos los cap. Tienes razón, la relación de Snape y Draco es como de padre e hijo;en los libros no se ve, pero en las dos primeras películas, Draco le dirige a Snape unas miradas de absoluta adoración que me encantan. (Qué buen actor es ese chaval). Y Topey te da ansiosa y vehemente las gracias por pensar que es un buen elfo, jaja. Bueno, nos vemos pronto.
