Camuflaje

Nombre masculino

Ocultación de personas, material de guerra, vehículos, etc., de modo que queden disimulados con el terreno o las cosas que los rodean.

El camuflaje de Liby Loud era su encantadora sonrisa, su energética personalidad y su tierna apariencia. Era alta, delgada y usaba un aparato dental alrededor de su cabeza. Unos dientes frontales que la hacían lucir como una adorable ardilla, grandes y resplandecientes ojos, y una cola de caballo que se meneaba cada que caminaba. Usualmente usaba faldas, blusas sin mangas con una corbata, y calcetas largas que llegaban por encima de sus pantorrillas (las cuales se bajaban con cada paso que daba). La mayoría de las veces tenía que detenerse a levantarlas. Si la vieras caminando por la calle, pensarías que es una chiquilla de primaria que aún no ha descubierto el hecho de que los niños no son tan asquerosos.

Pero estarías equivocado. Muy equivocado.

Ella era la Chica Misteriosa, una súper detective excéntrica con un gran ingenio para resolver casos difíciles, y la rudeza de un leñador ruso. Ha estado detrás de algunos de los más peligrosos tipos cientos de veces a través de los años, y nunca ha tenido miedo, nunca ha perdido la compostura, y siempre, siempre hacía un trabajo limpio.

Pero esto… esto era diferente.

Actualmente se encontraba montando su bici en la calle Main, una mochila rosa en su espalda y una mirada distraída en su cara. El cálido viento de verano revolvía su cabello rojizo, y su cola de caballo ondeaba como una bandera. La chica pedaleaba más fuerte de lo usual; sus piernas totalmente aceleradas y sus rodillas ocasionalmente golpeaban el manubrio. La bicicleta era pequeña para ella, pero ella simplemente no podía deshacerse de ella después de todo lo que han pasado juntas: una vez un pandillero las arrojó a ambas a la caja de un Cadillac del tamaño de un bote (podrías poner tres cuerpos ahí). Otra vez la usó para escapar de un grupo de ladrones de joyas, yendo de un camino a otro a través de callejones y calles para finalmente perderlos debajo de un puente… bajo el agua (ella podía sostener la respiración por un buen rato). No era una chica muy sentimental, pero esa bici era su compañera, y la mantendría en servicio tanto como fuera posible.

Giró abruptamente en el Boulevard Harris y se subió a la banqueta para dejar pasar al tráfico. Una Suburban azul sonó el claxon al tiempo que le seguía el paso, y ella se quitó del camino. Siempre puedes rebasar, idiota. Más adelante, la calle pasaba por un puente peatonal sobre una carretera de cuatro carriles de I-75. Por puro instinto desvió abruptamente para esquivar a un auto parado; ella estaba pensando en otras cosas. Muchas otras cosas, de hecho. Una era el caso en el que se encontraba trabajando actualmente. Era… interesante, por decir lo menos… sencillo pero interesante.

Un hombre que se hacía llamar James llamó a su oficina desde Palm Springs pidiéndole reunir evidencia en contra del padre Thomas O'Leary, un pastor católico que tenía un gusto por "jugar" con los monaguillos antes de la misa dominical. James lo acusó de haberlo tocado en 2015, pero guardó silencio porque O'Leary lo amenazó con el infierno.

Lo que hacía este caso interesante era el hecho de que O'Leary ni siquiera trataba de esconder su lujuria pecaminosa: Hoy lo siguió por tres horas mientras éste caminaba, y en ese tiempo él se acercó a una docena de chicos de una forma pedófila. En serio, el hombre era tan abierto con su perversión que Liby quedó sorprendida… y sorprender a Liby Loud no era una tarea fácil. En un punto el tipo sacó su pene erecto y persiguió a un chico por cuadra y media gritando "¡Toca mi báculo!". Luego, se sacó su playera en frente de un grupo de chicos jugando béisbol y dijo "¿Esto les excita?". Luego de eso, caminó sin camisa, con su collar romano aún puesto y sus pectorales brillando con el sol. El tipo se pavoneaba exageradamente, sus brazos meciéndose hacia adelante y hacia atrás, y cuando un chico pasaba, él se detenía, miraba sobre su hombro, y sin vergüenza alguna se le quedaba viendo. Si el chico le resultaba particularmente atractivo, llevaba su puño hacia su boca y mordía su nudillo.

Ella… ella se quedó sin palabras. ¿Cómo era que este degenerado aún ejercía? Ella entendía si alguien se distanciaba mientras hacía… eso… en secreto, ¡pero él prácticamente violaba chicos a plena luz del día!

Algo le decía que el tipo estaba engrasando las ruedas de la justicia, si saben a qué me refiero.

Estaba sobornando a alguien.

La policía de Royal Woods era corrupta a más no poder. El Sheriff Wilson le respondía al Gordo Tony, el jefe de la Organización Chicago, cuyo territorio se extendió hasta Detroit cuando la Familia Caramazza perdió influencia en los ochentas y noventas. Ella conocía a un montón de policías que eran buenos, pero muchos otros mirarían gustosamente hacia otro lado con tal de recibir su porción del pastel. El padre O'Leary debe de estar pagándole a alguien, y si ella seguía las pistas correctas sabía bastante bien que la llevaría hacia su escondite y hacia el mismo Sheriff Wilson. Parte de ella de verdad quería hacerlo (ha estado intentando derribarlo de su trono por mucho tiempo), pero algo más ocupaba su cabeza, algo más importante que ver a ese cerdo en el matadero.

Giró en la Avenida Franklin. La casa quedaba más adelante, por lo que pedaleó hasta llegar a la entrada.

Liby Loud podía ser la mejor detective de la ciudad, pero seguía siendo una chica por encima de todo, y ahora mismo, a pesar de que no lo quería admitir, estaba pensando en un chico. Ella-

Una pelota roja rebotó en la entrada, y Lizy iba tras ella. El corazón de Liby saltó a su garganta al tiempo que frenaba abruptamente, inclinándose hacia la izquierda y derrapando. Lizy miró al tiempo que la rueda se detenía a escasos centímetros de su rodilla. Sus ojos se abrieron como platos y su mandíbula por poco se zafa mientras luchaba por recuperar el aliento. –Casi no la cuentas, niña.

Lizy parpadeó. – ¿Qué?

–Casi quedas estampada.

La pequeña levantó una ceja. – ¿Qué?

Liby hizo un gesto circular con su mano. –Ya sabes, apachurrada, aplanada, casi te sacan los frijoles.

Lizy la miró como si tuviera langostas saliéndole de los oídos, y fue ahí cuando se dio cuenta que estaba hablando como en esas estúpidas películas de blanco y negro de detectives. –Casi mueres. –Aclaró.

–Claaaaro. –Dijo Lizy. Tomó la pelota y regresó al patio, sin dejar de mirar con sospecha a Liby.

Una de las cosas que Liby más amaba era el cine de detectives en blanco y negro. Tenía dos (o tal vez tres) cuando vio por primera vez The Big Sleep, y de ahí mejor ni hablemos; misterios, tipos duros e investigadores privados y detectives eran sus princesas Disney, y durante un tiempo muy largo, Bogart fue su príncipe azul. De hecho, una fotografía de Bogart fue lo primero con lo que se masturbó. Tenía ocho, estaba sola en la sala y todos se habían ido a dormir, y una taza de Bogart la incitaba seductoramente. Su clítoris empezó a… picar, y cuando presionó su dedo contra éste, un placer que la hizo temblar explotó dentro de ella.

Bogart aún tenía un lugar especial dentro de su corazón, pero ahora…

Se bajó de su bicicleta, caminó por la entrada y la estacionó en la cochera. Una vez dentro de casa, subió las escaleras y se metió a su cuarto, donde tiró su mochila sobre la cama. La abrió, metió la mano y buscó algo en el interior de esta, su lengua relamía su labio superior con concentración. Sus dedos tocaron metal frío, y entonces sacó lo que buscaba: una Ruger LCP 308 del tamaño perfecto para caber en la mano de una chica de catorce años. Siempre tenía el cargador lleno, pero con hermanos pequeños corriendo alrededor, siempre tenía el arma con el seguro puesto, y siempre se aseguraba de que no hubiera nadie alrededor cuando la sacaba porque estaba un poco avergonzada de que esta fuera rosa. No le gustaba admitirlo, pero también le gustaban las cosas de niñas tanto como todo lo demás. No siempre fue así, pero una vez tuvo que infiltrarse en una pasarela para acabar con un grupo de traficantes de infantes, y bueno… vestida elegante en el escenario, con todos mirándola y aplaudiéndole la hacía sentir bonita… y ser botina se siente bien.

El arma era un regalo de su padre, y le ha dado buen uso muchas, muchas veces desde que la abrió una mañana de navidad: le disparó a un matón en la mandíbula, detuvo un enfrentamiento entre grupos mexicanos a favor de los buenos, y disparó a una pistola en la mano de un gangster. Sip, el arma era un salvavidas.

Arrodillándose al lado de la cama levantó las cobijas, revelando una puerta de titanio con un teclado digital. Ella introdujo el código, abrió la puerta e introdujo el arma. Estaba por cerrar la puerta de nuevo, pero sus ojos captaron algo más; su pulso se aceleró, mientras que ella miraba sobre su hombro como si esperaba a que Lyra estuviera ahí, pero no estaba.

Levantándose, caminó hacia la puerta, puso su mano en el marco y miró hacia el pasillo; su cabeza volteando hacia ambos lados como si estuviera a punto de cruzar la calle. No había nadie, pero podía escuchar música viniendo del cuarto de Lupa y Lacy; la puerta estaba cerrada y el olor a humo de cigarro impregnaba fuertemente el aire.

Regresando a su cuarto, Liby cerró la puerta y lamió sus resecos labios. Quitándose los zapatos, se arrodilló de nuevo, y sacó su nueva cosa favorita de la caja fuerte. La sostuvo en sus manos por un momento y tronó sus hombros. En su cara, una gran sonrisa se posó en sus labios y una feroz luz se encendió en sus ojos. Lo llevó hasta la TV encima del guardarropa, lo deslizó hacia adentro y presionó PLAY. Camino a su cama, deslizó sus manos bajo su falda, tomó con sus pulgares los extremos de sus panties y las bajó, deshaciéndose de ellas mientras caminaba y metiéndose bajo las cobijas. Se sentó sobre la cama y abrió sus piernas, sus talones presionando contra el colchón y su temperatura aumentando más y más. ¿Vas a jugar conmigo?

Uhm… sí.

En la pantalla, una imagen apareció.

Lemy recostado en su espalda, usando únicamente un par de boxers negros que se hacían que se marcara su bulto. El corazón de Liby se aceleraba y su entrepierna empezaba a sentirse extraña. Se relamió los labios de nuevo y mordió su labio inferior mientras llevaba su mano a través de su temblante estómago, sus dedos haciendo círculos sobre su piel.

Lemy estaba mirando hacia el techo con una mirada preocupada en su cara, con una mano sobre su pecho marcado. Liby murmuraba desde su garganta; mientras sus dedos se movían sobre su monte de venus, ella lo frotaba lenta y profundamente, como un gato, y su vagina empezaba a humedecerse.

Ahora frotaba su dedo medio entre sus labios, mientras que la esencia de su cuerpo quemaba como aceite caliente. Su respiración se aceleró y se volvió errática, y su garganta se sentía seca. Tragó saliva con un audible click.

Ahora, Lemy se encontraba frotando su miembro lentamente, sus ojos cerrados mientras apretaba sus labios. Liby no sabía el porqué, pero al ver su pene bajo sus boxers… sin verlo directamente pero sabiendo que estaba ahí… de verdad la encendía, provocaba que se mojara… la volvía loca. Cerró los ojos y se imaginó a ella tomándola con su mano y frotándolo ariiiiba y abaaaajo, sus ojos mirando a los de él, su aroma flotando hasta su nariz, él mirándola mientras ella se sonroja y su temperatura suba y suba hasta que ya no pueda aguantar más y se monte sobre él, y lo introduzca lentamente… su dedo medio rosó su clítoris y ella empezó a frotarlo. Su cara estaba completamente roja y sus ojos entrecerrados; su respiración se volvió pesada y sus caderas se movían solas contra su mano. Abrió sus ojos por completo y concentró su mirada en Lemy; sus ojos se abrieron por completo y después se cerraron al mismo tiempo que alcanzó el orgasmo. Ella se lamió los labios de nuevo y empezó a frotar más rápido. Podía sentir su orgasmo formándose como vapor en una caldera… y amigo, la válvula de alivio estaba descompuesta; la presión subiría y subiría hasta que…

Lemy soltó un gemido al tiempo que sus caderas se alzaron y liberó su carga. Liby entrecerró sus ojos mientras que su propio cuerpo se desbordaba de tanto placer que los dedos de sus pies se contrajeron del éxtasis; lanzó hacia atrás su cabeza mientras decía el nombre de su hermano, mordiendo su labio inferior fuertemente para no gritar. Oh, pero ella quería, quería gritar su nombre a todo pulmón mientras que su miembro frotaba su interior mientras este palpitaba y soltaba su rica y cremosa semilla dentro de su útero; ella quería que todos la escuchen y supieran que estaba teniendo sexo con él… caliente, sucio y apasionado sexo.

Regresó de su paraíso momentáneo a regañadientes, volviendo a su posición sentada con la cobija en su regazo.

Cuando Lupa habló, Liby dio un salto y casi cae al suelo. –Lemy, ¿eh?

Sorprender así a la Chica Misteriosa era algo sumamente peligroso. Una vez, un detective del departamento de policía de Detroit que trabajaba en un caso con ella cometió el error de sorprenderla por detrás mientras investigaban un edificio abandonado donde unos contrabandistas escondían drogas: ella se volteó rápidamente y lo golpeó tan duro en el estómago que literalmente lo hizo cagarse en los pantalones. Lupa no estaba dentro del rango de golpe, pero si lo estuviera, Liby probablemente la hubiese matado. En su lugar, soltó un chillido de sorpresa y volteó su cabeza hacia ella; la peliblanca estaba recargada contra un ropero, sus brazos cruzados y tenía un cigarrillo entre los dedos índice y medio de su mano derecha. Su cara era la misma de siempre: indiferente, sin emociones, tan difícil de leer como una caja de pollo frito chino.

– ¿Qué estás haciendo?

Lupa se encogió de hombros. –Flagg me necesitaba para que te atrapara con las manos en tu entrepierna, pero no pudo pensar en una buena razón para que viniera aquí, así que… aquí estoy.

Pasando saliva, Liby puso su mejor cara de poker – la misma que usó durante su misión encubierta en la Traid; probablemente no lo notarías si la miraras, pero estaba tan avergonzada de ser atrapada con los pantalones abajo que se sentía a morir. – ¿Qué tanto viste? – preguntó calmadamente.

Lupa dio una calada al cigarro. –Lo suficiente para saber que pensabas en Lemy mientras te corrías.

Así que… demasiado. Liby trató de alcanzar su arma…

Estoy bromeando; ella suspiró, frunció su ceja en un intento de lucir intimidante, pero parecía una expresión de d'awwwww en su lugar, y apuntó a su hermana con su dedo. –Ni una sola palabra.

Lupa levantó sus manos como si dijera "yo no fui".

–Ahora, si me discul-

Lupa la interrumpió. –Lemy, ¿eh?

Liby miró con enojo a su hermana, su nariz arrugándose como siempre se ponía cuando ella se irritaba: papá decía que se veía linda, y cuando estás enojado, la última cosa que quieres oír es que te digan que eres lindo. Ahora, si Lemy le dijera linda… no le importaría. De hecho, ella probablemente se reiría estúpidamente. Lupa le devolvió la mirada, fría, sin emociones, su cara indiferente como siempre. –Sí. – Liby dijo. –Lemy. – El tono de su voz, por otra parte, decía "Atrévete a decir algo, te reto."

–Hm.

– ¿Eso está bien para ti? – Liby preguntó con sarcasmo.

Calar. Exhalar. Nube de humo. –No me importa. – Juntó los dedos de su mano izquierda y tiró las cenizas del cigarro ahí. – ¿Te gusta?... ¿O piensas que es sexy?

Liby la miró con sospecha. Su experiencia le decía que cuando alguien te preguntaba cosas íntimas, planeaba usarlas contra ti. Ella ya lo había hecho: Una vez se pasó casi dos horas hablando con una prostituta en una esquina acerca de esto y aquello para reunir información suficiente para atrapar a su chulo, Polla Dorada. Si fuera alguna otra de sus hermanas Liby no sospecharía, pero Lupa era una chica solitaria, retraída, despreocupada. – ¿Para qué quieres saber?

–Solo es curiosidad. –Ella dijo.

Por un momento largo Liby pensó su respuesta. Ella sabía lo que su corazón sentía (hm… y otras partes), pero no sabía si quería decirle a alguien más acerca de eso; una vez que hable, se volvería real, y no tenía prisa en arruinar el cálido, perfecto y amoroso mundo de fantasía que se había creado.

En su mente ella lanzó una moneda: Cara, le digo la verdad. Cruz, miento un poco. La moneda voló en el aire y después aterrizó en el suelo. Cara.

¿Cómo demonios cayó cara si había arreglado todo para que cayera cruz? Pero ella era una mujer de palabra.

–Me gusta. –dijo la chica mientras desviaba la mirada. –Me gusta mucho.

Lupa mostró interés. – ¿Cuándo te diste cuenta?

Liby estaba a punto de decir "Desde que vi ese delicioso y excitante video." Pero se detuvo. A decir verdad, no lo sabía. Ella siempre ha sentido un amor especial por su hermanito; él era dulce, considerado, divertido, lindo, y siempre estaba ahí cuando todos los demás estaban muy ocupados, incluso papá. Él también se preocupaba genuinamente por ella; cada que regresaba a casa llena de suciedad y moretones después de resolver un caso, él siempre estaba a su lado. Oh, mierda, mira cómo quedaste. Vamos a que te limpies. Sus ojos cafés eran lo más bello que ella jamás ha visto, y cada que él la miraba, ella se sentía rara y sus rodillas empezaban a temblar. No era como que ella lo dejaba notar. Un buen detective mantiene sus sentimientos ocultos.

Sintió las mariposas en el estómago por primera vez a comienzos del verano… no supo decir cuando exactamente, solo sabía que fue cuando junio se transformó en julio que ella estaba buscando excusas para estar cerca de él… y pensando en él cuando no estaba. Trataba de convencerse de que no era nada porque… ella nunca se había sentido de esta manera antes, ni siquiera con su padre, y eso le asustaba un poco. Ella amaba a papá y realmente le gustaba pasar tiempo con él, pero sentarse en el sofá a pensar en él cuando éste se encontraba trabajando no la hacía sentir mariposas en el estómago. Hacer eso mismo con Lemy sí.

Cuando miró el video por primera vez, todos los sentimientos que había estado embotellando explotaron y una gran ola de amo a mi hermano inundó su corazón. Desde ese día, él ha estado en su mente, y eso le dolía; el no poder tomar su mano, besar sus labios… montarlo hasta dejarlo seco.

–Hace ya un tiempo. – Respondió ella con total calma.

Lupa asintió lentamente. –Deberías intentarlo. Ya sabes, decirle lo que sientes.

¿Hay una palabra para describir cuando tu corazón se hunde y tus ojos se abren como platos? Si la hay, insertadla aquí. Liby Loud no era ninguna novata cuando se trataba de ser ruda, ella era una experta. Podía soportar el golpe de un tipo con el triple de su altura y cinco veces su peso (y lo ha hecho en más de una ocasión) sin problemas, podía soportar el ser colgada de cabeza por un gancho de carnicero por un grupo de matones, incluso podía soportar los electrochoques… pero ruda o no, ella aún era una chica de catorce años que estaba enamorada, y cuando eres una chica de catorce años enamorada, acercarte al chico que te gusta es lo más terrorífico del mundo. Ella prefería ser obligada a caminar por el bosque, arrodillarse frente a una tumba y tener una pistola apuntando en su cabeza (de nuevo), prefería ser atada, ser arrojada al maletero de un auto y que el auto sea arrojado al rio (por tercera vez); incluso prefería tener dos exámenes de matemáticas seguidos de una auditoría de la IRS *escalofrío*

Dios, ¿qué tal si a él no le gustaba ella? ¿Qué tal si él pensaba que el Loudcest era asqueroso? ¿Qué tal si se hacía tantas esperanzas solo para que luego caigan en las duras rocas del rechazo? Su corazón se aceleró ante ese pensamiento y empezó a hiperventilarse. Lupa se dio cuenta de esto, y levantó una ceja con una expresión de curiosidad. –No deberías de estresarte tanto. –dijo. –Lemy es un buen chico, y si simplemente le dices… ¿Quién sabe?

–Ese es el problema. –Liby dijo; sacó sus manos de debajo de las cobijas y las azotó contra su regazo. – ¿Quién sabe qué pueda pasar? Él podría no quererme. – su voz temblando en la última palabra. Podrá no ser una chica débil, pero ahora mismo se escuchaba como una.

Lupa dio una calada al cigarro, levantó su cabeza y exhaló el humo. –Déjame decirte algo: eres atractiva, inteligente, y tu amigable actitud, aunque a veces un poco molesta, es muy linda. – Liby miró a su hermana con algo de esperanza, y Lupa le devolvió una serena sonrisa; no era muy grande, y si parpadeabas podías perdértela, pero era algo. Liby devolvió el gesto.

–Gracias.

–No hay problema. –Lupa se alejó del ropero donde estaba recargada. –Si quieres hablar un poco más, ya sabes que estoy disponible.

Liby asintió. –Ok.

Con eso Lupa se retiró, cerrando la puerta suavemente tras ella. Los ojos de Liby se dirigieron a la pantalla que ahora mostraba a Lemy dormido, sus ojos cerrados y su boca abierta. Una sonrisa se posó en sus labios y su corazón hizo ese sonido rápido que solamente él podía causar.

¿Debería decirle? Por una parte, si él sintiera lo mismo podrían estar juntos… y oh por Dios, eso la hacía sentir bastante bien. Por otra parte, si él no le correspondiera y la mandara por un tubo, ella quedaría devastada, tanto que usaría su propia arma para pegarse un tiro justo en la cabeza. Pro, contra, pro, contra, ¿cuál era más fuerte? Eran dos extremos de la misma vara, un sube y baja que la elevaría al cielo, o la estrellaría en la tierra. ¿Valía la pena arriesgarse a sentir la peor de las tristezas por sentir la mayor felicidad que pudiera imaginar?

Su corazón decía hazlo, pero su cabeza le decía que no.

Sólo por esta vez, decidió escuchar a su corazón.


Dicen que las estrellas más brillantes se queman más rápido, o algo como eso. La ira de Lemy era una supernova cuando salió del bosque, pero cuando caminó por el prado entre la entrada al bosque y la autopista, esta se había esfumado, dejando un gélido vacío en su lugar. Repasó lo que sucedió con Lacy en su mente una y otra vez.

Papá.

Siempre era papá.

Debería incendiar a ese sujeto. Sólo deja que te encuentre dormido, maldito pedazo de mierda… voy a derramar líquido para encendedor sobre tus piernas y voy a prender un cerillo. Si tengo suerte tu pene se quemará y al fin llegará mi hora de brillar, como la bestia tosca de Yeats.

Sí, claro. Conociendo mi suerte acabaré quemando mi pene también, y cuando estemos en el hospital todos visitarán a papi porque papi es, como que, el mejor, y Lemy apesta y no lo queremos, garantizado. Bueno, tal vez no lo visiten porque ya saben, trató de asesinar a su padre, pero aun así.

Si algo más pasara… digamos que él y papá sufrieran un accidente de coche… ya sabes a donde va todo esto, ¿de verdad tengo que describirlo? Ellas se reunirían alrededor de él, lo amarían y lo apoyarían… mientras que yo estaría sólo dentro de mi yeso sin nadie, sin ser amado, sin ser querido, y sin importarle a nadie.

Un día más en la oficina, en otras palabras.

¿De verdad dijo en serio lo de papá? Digo, parecía que sí lo dijo en serio, pero tal vez era solo yo. Tal vez perdió la razón por un momento, o tal vez entró en razón. Eww, estoy besando a Lemy, que asco. Ella vino tras de mí, ¿cierto? Eso significa que decía la verdad cuando decía que quería saber qué me pasaba. Eso está bien, pero, el beso… ¿tal vez fue demasiado lejos? ¿Tal vez para ella fue como besar un raspón? No lo sé amigo, simplemente no lo sé. No debí haber hecho eso… no eres tú, soy yo. Esa es la línea más vieja del libro… cuando alguien la dice, en realidad significa que en realidad es la otra persona, ¿sabes?

En este punto estaba en la calle Main, a tres cuadras de Franklin. Sus planes eran simples: fumar hierba, escuchar música y odiarse a sí mismo. Dios, soy patético. Si alguien hiciera una comparación de "quién ganaría la pelea", sería el penúltimo en lo más bajo, antes de Flip, y después de una lámpara. Si fuera un arcade, sólo los más habilidosos me elegirían. Oye, mira como me patean el culo con este posser que usa pañuelo en la cabeza.

No le importaba.

Dolía tanto que se le dificultaba respirar, y si un hombre no podía quemar hierba y odiarse en la privacidad de su cuarto después de que una chica le rompiera el corazón, que otra lo hubiera humillado y ser reducido a polvo por otra, ¿cuál es el punto de levantarse en las mañanas?

Dime llorón, no me importa porque tal vez lo soy… tal vez luzco como Axl Rose o algo así, pero en realidad soy Elton John.

Pff, eso quisiera. La gente ama a Elton John, y algo me dice que él nunca se ha frustrado sexualmente hasta el punto del llanto, o que él nunca, nunca jamás se ha sentido como un inútil pedazo de mierda en su propia casa.

Estaba en el comienzo de su calle cuando alguien lo llamó, y lo hizo paralizarse.

Oh, Jesús, no de nuevo.

Y no… no era Jugosa.

Él deseaba que fuera ella.

Respirando profundo, comenzó a caminar.

– ¡Lemy, espera!

No, Lacy me la aplicó en el parque, no va a pasar de nuevo. Engáñame una vez, jódete. Engáñame tres veces, me jodo.

– ¡Lemy!

Ella se estaba acercando, y él podía verla: vestía un short muy corto que dejaba descubiertas sus largas, exquisitas piernas y una playera que envolvía perfectamente sus senos. Su estómago estaba al descubierto, haciendo que el aro en su ombligo reflejara los rayos del sol. Su largo cabello castaño cayendo suavemente por su espalda como si fueran dedos recorriendo su piel, su flequillo casi cubriendo sus hermosos ojos con sombra purpura, y sus mejillas estaban llenas de pecas. Ella era hermosa… y Lemy la amaba.

Pero no lo suficiente para dejar que lo lastimara. Lupa, Liena y Lacy fueron tres… sería un idiota si dejara que ella fuera la cuarta. Apresuró su paso hasta que empezó a parecerse a un stormtrooper nazi marchando por las calles de Múnich, sus piernas dando pasos largos y sus brazos hacia adelante y hacia atrás. Oye, marica, ¿dónde está tu bici? No eres tú, soy yo. Papi, papi, papi.

Pero no fue lo suficientemente rápido; Lyra era más alta, sus piernas (sus malditas y hermosas piernas) eran más largas. Ella logró llegar a donde estaba él, su cara roja por el calor y su respiración pesada. –Oye, – dijo ella. – ¿No me escuchaste?

Lemy no respondió. Te escuche. Te escucho en mis sueños también, cuando sueño con tenerte en mis brazos y besar tu cuello. Eso no vale una mierda y tampoco esto.

–Oye, – dijo con una voz algo más firme esta vez. –Vamos hombre, ¿qué te pasa? Sabes que puedes hablar conmigo. –dijo con un tono de súplica que lo hubiese hecho soltar la sopa hace dos días.

–No. – dijo en voz seca.

– ¿Por qué? –ella puso su mano en su hombro.

Él sacudió su hombro para apartarla; ella retrocedió al tiempo que abría sus ojos totalmente sorprendida. – ¡Déjame solo! ¡No quiero verte! ¡No quiero m-mirarte… solo déjame en paz! – sus palabras salieron como vómito, su cuerpo estaba temblando, sus manos vueltas puños y lágrimas caían por sus mejillas. Lyra lo miró como si la hubiese lastimado, y el corazón de Lemy se encogió. ¿Qué podía hacer? ¿Decir que lo lamenta? ¿Dejarse lastimar por otra hermana?

Con un bufido de ira, se dio la media vuelta y se marchó de ahí; podía sentir la pesada mirada de su hermana en su espalda, pero eso no fue suficiente para hacerlo siquiera ir más lento. Cinco minutos después, se encontraba caminando por la puerta de su casa y subiendo las escaleras. Había gente en el sofá, pero para su vista periférica no eran más que figuras borrosas, y no le importaba lo suficiente como para gastar energía en voltear y ver de quién se trataba.

Una vez en su cuarto el chico azotó la puerta, fue hacia su cama y se dejó caer con un suspiro de derrota. Hogar, maldito dulce hogar. Sostuvo un suspiro y miró a su alrededor. Posters en las paredes, basura en el ropero, basura en el escritorio. Todo era basura, justo como él.

Se levantó de la cama y caminó hacia el escritorio, donde abrió un cajón y de ahí sacó la bolsa de yerba y un paquete de papel arroz. Luego tomó un gran manual para reparar radios y lo puso entre sus piernas.

En lo que a Lacy respecta… él era basura… basura comparado con papa. Metió la mano en la bolsa y sacó un poco de hierba con su índice y su pulgar, y la esparció sobre el papel arroz. Desearía ser él. No sólo porque él las puede tener cuando quiera, no solo porque él puede tocarlas y besarlas cuando le dé la puta gana y porque sabe que ellas lo aman, sino que hay algo en él… algo que aparentemente Lemy no tiene. No sabía lo que era, pero al parecer era muy importante. Enrolló el papel, lo llevó a su boca y lo lamió. Como… no sé, algo especial, algo que la gente puede sentir. Él es un buen tipo y todos lo aman. Pero, ¿y yo?

Maldita sea, no quiero estar incompleto… no quiero que me falte algo… quiero ser como él. También quiero ser un buen tipo.

Enrolló el papel, devolvió el libro al escritorio y la yerba al cajón. Tomó un encendedor, llevó el cigarrillo a sus labios y lo encendió, llevando el humo hasta lo más profundo de sus pulmones y manteniéndolo ahí para luego dejarlo salir con un tosido. Le encantaba la yerba, de verdad le gustaba, pero sabía a mierda, y no olía mejor. ¿Sabías que venden incienso con olor a marihuana? Quiero decir, puedo tolerar el olor cuando fumo, pero en otra instancia no.

Tomando el cigarrillo entre su pulgar y su índice, dio otra calada. Esta fue más suave y sabía mejor. La sostuvo por más tiempo que la anterior, y luego exhalo el humo; una densa nube bailaba y remolineaba alrededor de la habitación mientras él la miraba sin interés. Oh, cierto, pensó mientras desviaba la mirada. ¿En qué carajos pensaba? No puedo sentirme como basura sin un poco de música.

Y tenía justo el álbum perfecto.

Colocó el cigarrillo entre sus labios, se levantó, y caminó hasta su ropero. No bromeaba hace rato cuando dijo que había basura… mucha, mucha basura. – ¿Dónde estás?... –preguntó mientras buscaba entre las cosas. Cuando la encontró, dejó salir un largo y silencioso –Oh si…– y luego tomó el disco.

Lo llevó hasta el reproductor de CD y lo introdujo en la bandeja, y luego presionó PLAY. Se recostó en su cama y dio otra calada. Las cosas estaban volviéndose difusas y tibias; su periferia se veía borrosa, como si fuera un personaje de una serie o película a punto de tener un flashback. La música empezó a sonar, pero se escuchaba un poco… distorsionada, como si sus orejas estuvieran llenas de algodón.

Something takes a part of me
Something lost and never seen
Every time I start to believe
Something's raped and taken from me from me
Life's gotta always be messing with me (You wanna see the light)
Can't they chill and let me be free (So do I)
Can't I take away all this pain (You wanna see the light)

Dio otra calada y sostuvo el humo por tanto tiempo que se olvidó de este. Ups. Sé cómo se siente ser olvidado, lo siento.

Something takes a part of me
You and I were meant to be
A cheap fuck for me to lay
Something takes a part of me

No eres tú, soy yo. Es papá. Sí, te violó y te apartó de mí.

Something takes a part of me
You and I were meant to be
A cheap fuck for me to lay
Something takes a part of me

Cerró sus ojos y dejó que la música fluyera como agua a través de su mente, asintiendo al ritmo de la guitarra.

Feeling like a freak on a leash (You wanna see the light)
Feeling like I have no release (So do I)
How many times have I felt diseased (You wanna see the light)
Nothing in my life is free, is free

Vio a Lacy en su mente: estaba sentada contra el tronco de un árbol mientras los rayos del sol caían a través de las hojas, su cabello parecía estar en llamas por el efecto de la luz y sus rodillas estaban sucias. Sus grandes ojos verdes hicieron que su corazón se acelerar, mientras que se limpiaba sus labios en busca de sobras de su saliva en ellos. Ella era demasiado buena para él, todas lo eran, cada una de ellas. Todas eran hermosas, perfectas en una forma única: Liena era como una madre cariñosa, Loan la hija de puta que en secreto tiene un gran corazón, Lyra era divertida y relajada, Liby era linda y tierna, Lacy tenía una gran determinación, Lupa era ruda y misteriosa, y Leia era la princesa con coletas.

Y entonces estoy yo. ¿Qué carajos soy?

Sometimes I cannot take this place
Sometimes it's my life I can't taste
Sometimes I cannot feel my face
You'll never see me fall from grace

Amigo, estos tipos de verdad me entienden. ¿Sabes? Es como si estuvieran hablando de mí. Supongo que no estoy totalmente solo, alguien allá afuera me comprende. Tal vez no es mucho, pero, ¿sabes que tan bien se siente cuando estás triste?

Jodidamente bien.

Dio una calada más y luego lo apagó con su dedo pulgar e índice. Dolía, pero el dolor se sentía un poco bien.

Something takes a part of me
You and I were meant to be
A cheap fuck for me to lay
Something takes a part of me

Rodó hacia un lado, abrió el cajón de su escritorio y arrojó el restante del cigarrillo ahí. Luego volvió a posicionarse en su espalda y puso sus manos detrás de su cabeza.

Mañana será otro día, y… presiento que será mejor…

Solo necesito…

Descansar un poco…


Liby golpeaba el escritorio con sus dedos mientras miraba ligeramente por la ventana; su mentón descansando sobre su palma y sus piernas cruzadas (de vez en cuando las apretaba). Suspiró mientras dirigía su mirada hacia los papeles que tenía en el escritorio; el primero de ellos decía "IRS".

Cuando se trataba de política, Liby no tenía preferencias por ningún lado, pero muchas personas decían que era una conservadora porque desconfiaba del gobierno. Ella no era conservadora, pero concordaba con Reagan: Las siete palabras más aterradoras son "Soy del gobierno y vengo a ayudar". No podía contar todas las veces que se había topado con un agente del gobierno corrupto, que acepta mordidas, estafadores, o que trabaje para alguien más. Una vez estaba trabajando en un caso con un agente del FBI, y el culpable resultó ser este último. Otra vez, un agente del ATF que trabajaba para La Familia ayudó a atarla y la arrojaron al lago Michigan (apenas y salió de esa). Esas situaciones y unas cuantas más le hicieron sospechar del Tío Sam y sus chicos. ¿Cuántos crees que no se han vendido? Tener un puesto político municipal o estatal es una cosa, pero cuando eres un agente del FBI que a menudo lidia con crimen organizado, grandes sumas de dinero y un salario equivalente al de un político, la tentación puede hacer que te doblegues.

La IRS trabaja de manera honesta, de forma ostensible, pero muchos de sus funcionarios eran un montón de bastardos corruptos. Debió haberse ahorrado algunos problemas y nunca haber registrado Chica Misteriosa SA de CV como un negocio… debió haberse mantenido en el perfil bajo.

Lo hecho, hecho está, y estos papeles necesitaban llenarse antes de que la IRS llegara y la llenara de más mierda. Cambó la posición de sus piernas y luego las volvió a cruzar lentamente (ummmmm). Tomando la pluma, empezó a llenar la forma. Sin embargo, su mente se encontraba concentrada en algo más.

En Lemy.

Una pequeña sonrisa se formó en ambas esquinas de sus labios. Ella esperaba que Lemy llegara a casa pronto, de verdad quería verlo… tal vez hablar con él… acerca de… ya saben.

Un nudo empezaba a formarse en su estómago mientras que la ansiedad tomaba control de ella. Apartó la hoja de la primera forma y empezó a leer la siguiente. Ella iba a hacerlo, ya había tomado su decisión. Pero, ¿Cuándo? Ella de verdad quería hacerlo lo más rápido posible y acabar con eso de una maldita vez, pero mientras más esperaba, más se podía aferrar a la posibilidad de que sus sentimientos fueran correspondidos. Si la rechazaba, ella caería de su nube y se estrellaría tan fuerte que podría partir la tierra en dos. Por ahora, todo lo que podía hacer era aferrarse a un Tal vez, e incluso cuando aferrarse a una posibilidad no era exactamente divertido, era mejor que abrir tu corazón a tu crush y que él te lo destroce.

Pero no sería para siempre. Más pronto que tarde ella le confesaría sus sentimientos, porque si no lo hacía, nunca lo tendría, y eso no se siente nada bien. Tenía que intentar, incluso si tenía miedo e incluso si su alma era destrozada en millones de pedazos, la recompensa valdría el riesgo después de todo: Lemy en sus brazos… en su cama… en su vida.

Eso la hizo sonreír de nuevo. Terminó la forma y la puso a un lado. Me he ganado un descanso, pensó mientras escaneaba la forma terminada. Apenas estaba atardeciendo, y si de verdad había puesto todo su empeño en terminar ese trabajo, habría acabado antes de la hora de dormir, lo cual le daría un par de horas para hacerlo. Aunque de nuevo, era imposible que si le decía a Lemy de sus sentimientos, las cosas acabaran tan bien que se podría olvidar de calcular los impuestos; ¿quién quiere trabajar calculando mierda para la IRS? Tal vez algunas chicas, pero no ella. Una vez que lo tenga bajo las cobijas… desnudo… todo lo demás se puede ir al carajo.

Hm… por más que quisiera abrir sus piernas y meter su mano bajo sus bragas… sería mejor si lo guarda para después ;)

¿Por qué calcular impuestos era tan complicado? ¿No fue Donald Trump quien dijo que lo haría más sencillo? Sí. Je, eso fue años atrás, y hela aquí ahora, siendo la esclava de un montón de papeles tan grande que podrían noquear a alguien.

Ella entendía el porqué de los impuestos, puesto que le gustaban las carreteras en buen estado, los puentes y las escuelas tanto como los huevos revueltos en la mañana. Pero, ¿el Tío Sam de verdad tenía que cobrar impuestos por todo? Actualmente ni siquiera puedes tomar un descanso sin tenerlo detrás de ti, esperando el momento en el que gastes tu dinero para atacar. Este de aquí es aire de libertad, y ya sabes lo que dicen de la libertad… nunca es gratis. Impuestos de ingreso, impuestos de egreso, eso ya era suficiente para volverte loco.

Saben, en Arabia Saudita (o en alguna parte del este medio), no te cobran impuestos. Si ella hubiese estado viva treinta años antes, no lo pensaría dos veces para vivir en ese lugar (¿las mujeres no pueden conducir? Pff), pero desde que aplicaron las reformas liberales, no era una mala idea después de todo, y ahora mismo estaba pensando en huir de todo… conseguir un lindo lugar en alguna parte del Golfo Pérsico y vivir el resto de su vida en ese paraíso, solo ella, Lemy y un montón de bebés.

Liby se rió. Ella amaba a los bebes y le encantaba la idea de tener tantos como sea posible. No siempre fue así, pero luego de trabajar encubierta en una guardería abrió los ojos, tanto que cuando llegó el momento de retirarse, pensó seriamente en abandonar Chica Misteriosa SA de CV para dedicarse a cuidar niños. Pero no se trataba de ella, sino de limpiar las calles de los crímenes, y si no lo hacía ella, ¿quién lo haría?

Por supuesto que podía ser persuadida para abandonar el trabajo detectivesco, pero solo por el chico indicado… alguien cercano, digamos que su nombre empieza con "L" y termina con…

Por la ventana, ella alcanzó a ver a Lemy caminando por la acera, mirando hacia el suelo y sus hombros caídos, lo cual hizo que su corazón por poco se detuviera. Si alguna vez han tenido un crush deben conocer esa sensación, algo así como una explosión en tu pecho que se extiende hasta tu estómago. Era lo suficientemente fuerte para hacerla doblegarse, pero logró reponerse luego de unos instantes. Poniendo sus manos sobre el escritorio, levantó su trasero de la silla y se apoyó sobre el escritorio; su boca abierta y sus ojos como platos. El chico dobló para seguir el camino hacia la puerta, y los ojos de Liby fueron directo hacia sus pantalones; tal vez era su imaginación, pero podía ver la silueta de su bulto, lo cual la hizo morder su labio inferior.

Desapareció bajo el tejado del porche, y momentos después lo escuchó subiendo la escalera. ¿Debería ir a hablar con él antes de que alguien más le ganara a su chico?

Sintió una punzada de angustia en el pecho.

Uh… tal vez no es el mejor momento. Apenas acaba de llegar, debería dejar pasar al menos unos minutos antes de ir a hablar con él, o una hora, o dos.

Se dejó caer en la silla y soltó un suspiro. Vamos Lib, has enfrentado a pandilleros, traficantes, jefes de la mafia, agentes corruptos, la pubertad y lo peor de lo peor… ¿por qué no puedes enfrentar a Lemy?

Porque estoy enamorada de él. Puedo soportar los golpes, puedo soportar los electrochoques, puedo soportar ser quemada… pero no puedo soportar que me rompan el corazón… no por Lemy. Quiero decir, si puedo, pero de verdad, de verdad no quiero.

Pero la recompensa valía el riesgo.

Lo valía mucho.

Tomó su pluma y la empezó a golpear suavemente contra el escritorio. Termino la forma y voy a hablar con Lemy.

Ok.

Presionó la punta contra el papel y empezó a escribir, pero se detuvo.

Sip.

Después. De. Esto.

Algo se movía en la acera de nuevo, lo cual la hizo apoyarse sobre el escritorio de nuevo: Lyra pasó caminando hacia el porche mientras una mueca de tristeza se posó en su cara. Hm, me pregunto ¿en qué se metió? Liby se preguntó mientras tomó asiento. Tal vez se le declaró a un chico y éste la rechazó.

Je…

Por cierto, esa risa de nervios. Estaba muy nerviosa.

No sería el fin del mundo si Lemy la rechazara. Él era un buen tipo, pero había muchos otros buenos tipos allá afuera, ¿cierto? No es como que él mirando a su corazón destrozado, mirándola con disgusto y diciéndole que se vaya a la mierda la mataría. Ella sobreviviría.

Sí, sobreviviría.

Se apresuró a terminar la forma en frente de ella para después sentarse. Okay Lib, respira profundo. ¿Estás Lista? ¿No? Perfecto, ningún detective lo está. Se levantó de la silla con sus rodillas temblando. Se preparó para irse, para embarcarse en una misión peligrosa, pero se detuvo cuando miró a Lacy caminando con su bici a un lado por la acera. Su mirada hacia el suelo y sus pasos lentos, como si sus zapatos fueran de cemento (ya sabe qué se siente). Tomó un respiro profundo y lo exhaló en lo que Liby imaginó era un suspiro de miseria.

Una suave mueca de tristeza se posó en a cara de Liby. Primero Lyra y ahora Lacy. Ambas estaban molestas y vinieron a casa casi al mismo tiempo, lo cual le dijo a Liby que tuvieron una pelea. ¿Debería ir a ver si puede ayudarlas?

No. Ellas lo resolverían.

Tenía… otros asuntos que atender.

Sacando a Lyra y a Lacy de su cabeza caminó hacia la puerta, puso las manos sobre ambos lados del marco y miró hacia el pasillo. La puerta de Lemy estaba cerrada; podía oír la música a todo volumen y el olor a ceniza era fuerte. No podía decir que le gustaba su nuevo hábito de fumar, ¡pero está bien! Ella lo aceptaba.

Caminó hacia su cuarto, pero entonces se detuvo. ¿Olía bien? Levantó su brazo y olió su axila, luego hizo lo mismo con el otro. No olió nada, pero algo de desodorante no vendría mal. En el baño, tomó una barra de Secret del gabinete de las medicinas sobre el lavamanos y aplicó suficiente desodorante como para mantener el mal olor a raya por un mes. Ya que estoy aquí, también podría lavarme los dientes; si me besa, quiero saber bien.

El solo pensar en besarlo la hacía sentir cálida, mientras que un hormigueo se hacía presente en todo su cuerpo; si él sostuviera su rostro entre su pulgar y su índice mientras sus lenguas luchan en la boca del otro… ella se derretiría, literalmente lo haría.

Una vez terminó, escupió en el lavabo y se enjuagó con enjuague bucal. Lista, asintió para su reflejo, menta fresca. ¿Qué tal algo de perfume? Abrió el gabinete de nuevo y buscó entre los frascos y las cajas en los estantes. Ajá, aquí está. Lo tomó y leyó la etiqueta. Estaba en francés, el cual era uno de los pocos lenguajes del que ella poco sabía: ella aprendió ruso por un ex-agente de la KGB, Swahili por un jefe tribal que vivía en Detroit bajo el programa de protección de testigos, Alemán por un tipo dueño de un bar, e inglés por un profesor en Cambridge. Oh, bueno. Lo destapó y lo olió.

Encontrando el aroma satisfactorio, se aplicó un poco y salió, pero entonces se detuvo de nuevo. Tal vez debería ir por el servicio completo y tomar un baño, porque si empezaba a besarlo y a tocarlo, sabía que solo podía acabar en una cosa.

Estás siendo paranoica Liby, demasiado.

Recuerda.

Respira profundo.

Caminó por el pasillo; sus nervios aumentando con cada paso hacia la puerta de Lemy. Respira profundo, respira profundo, respira profundo. Sus mejillas estaban en llamas y su corazón latía como loco. Una vez que llegó, se quedó ahí parada por un largo rato, preparándose para lo que iba a hacer. Estaba lista para lo peor, pero esperaba lo mejor.

Lemy no contestó, y tocó de nuevo.

La música estaba muy fuerte, tal vez no la escuchó. Giró la perilla y estaba sin seguro. Si tenía suerte seguro se estaba masturbando, y ella podría darle una mano… o una boca.

Se asomó por el marco de la puerta.

No se estaba masturbando.

Estaba dormido.

Y Liby se decepcionó un poco.

Tal vez debería despertarlo.

Mirando sobre su hombro y notando que no había nadie, entró al cuarto y cerró la puerta tras de ella. Lemy estaba sobre su cama, sus brazos sobre su pecho y su cabeza mirando hacia la pared. Sus labios estaban un poco abiertos y su ceja estaba fruncida de una manera que ella encontró linda. Liby sonrió. Awww. Se arrodilló a un lado de la cama y lo observó por un rato, su corazón latiendo fuertemente; mientras más lo miraba, más su mente se perdía en él. Liby se acercó y sacudió suavemente su brazo. – ¿Lemy?

El chico roncó y se giró, pero no se despertó. Liby lo sacudió un poco más fuerte. –Lemy.

Nada.

Se sentó en el suelo, puso sus manos sobre su regazo y suspiró.

Siempre hay un mañana, supongo.

Poniéndose de pie se inclinó para besarlo, pero sus frenos chocaron contra su frente. Ups, lo siento. Se inclinó para tocar su frente contra la de él, y respiró profundamente a través de su nariz. Su aroma inundándola y debilitando sus rodillas. –Te amo. – dijo.

A pesar de que no quería lo tuvo que dejar para salir del cuarto. ¿Por qué no me quité mis estúpidos frenos? Qué idiota, por poco y quedas como tonta frente a Lemy.

Suspiró y bajó las escaleras. Vaya, se verdad se sentía decepcionada, tanto que empezó a lagrimear. Limpiándose los ojos fue a la cocina; parte de ella se sentía aliviada, pues al menos podía aferrarse a su fantasía un poco más sin la posibilidad de ser regresada a la realidad de forma abrupta.

Tomando una lata de soda del refrigerador, la abrió y dio un gran y merecido sorbo para luego ir al comedor.

Cuando caminó hacia la cocina no notó a Lacy sentada en la mesa con las manos en su cabeza, paro ahora sí lo hizo. Recordó haberla visto a ella y a Lyra regresar a casa minutos antes, y ambas lucían molestas.

En la familia Loud, es una expectativa el tener que resolver tus problemas junto con alguna hermana. Liby por lo general se mantenía lejos de los asuntos de las demás, pero Lacy lucía de verdad triste, y si puedes ignorar a tu hermana cuando está pasando por un mal momento, eras más duro que ella.

Liby se sentó en la silla frente a la de ella. Lacy levantó la mirada, para después desviarla; sus ojos estaban llenos de lágrimas, lo cual le dolió a Liby. – ¿Qué tienes? – preguntó.

–Nada. – Lacy respondió, su voz débil y quebrada.

Liby levantó una ceja. –Algo te pasa. –y presionó. –Estás llorando.

–No es cierto. –Lacy respondió a regañadientes. Se sopló la nariz y limpió las lágrimas con las palmas de sus manos.

No necesitabas ser el mejor investigador privado de Royal Woods para saber que estaba mintiendo. –Vamos Lace, ¿qué pasó?

Lacy no respondió inmediatamente, pero cuando lo hizo, sorprendió a Liby por su franqueza - franqueza que no era característica en ella. –Hice algo muy estúpido y…–Respiró hondo. –No sé. Estoy muy confundida.

– ¿Qué hiciste?

Hubo un largo e incómodo silencio, y Liby comenzó a pensar que Lacy no le iba a decir, pero entonces lo hizo… y vaya que lo hizo. –Besé a Lemy. – Dijo para luego levantar su rostro lleno de tristeza. –Siento que estoy engañando a papá… pero de verdad me gusta.

Liby Loud nunca había sido herida en el corazón, pero en ese momento las palabra de Lacy la lastimaron tanto como una bala.

Lacy cubrió su cara con sus manos. –No sé qué hacer.

Tal vez dijo algo luego de eso, pero Liby no la escuchó: Siete palabras resonaron fuertemente dentro de su mente como campanas de funeral.

Besé a Lemy… De verdad me gusta…

Sin decir nada, saltó de su asiento y corrió hacia su habitación con la horrible confesión de su hermana siguiéndola.

Besé a Lemy… De verdad me gusta…


Debo disculparme por dejar esta historia inconclusa por tanto tiempo. La verdad es que me estaba aburriendo el arco de Liby cuando empecé a traducir, pero ahora que nuestro querido amigo y autor original de la historia, Flagg1991 ha decidido resubirla, creo que es justo que yo continúe con la traducción. Como siempre, dejen su review y díganme que les pareció.

Saludos.