Capitulo Nº 6: Aquel roce que me diste
- No puede creer que hables de esa manera – Dijo Sumiko ahora con ojos de decepción, estaba tan enojada con el chico… no podía creer que él sea de esa manera, era como todos los demás.
- Pues yo no puedo creer que confíes tanto en unos desconocidos – Respondió Gaara avanzando a Sumiko con paso firme.
- Kazekage-sama nosotros… cof cof – Estaba diciendo la viejita pero se desplomo denuevo.
- Oba-chan – Gritó otra niña de aproximadamente 9 años con dos colitas muy graciosas en su cabello, llegando con los ojos aguosos. Los otros dos se quedaron petrificados por todas las personas que fueron a la ayuda de anciana después de la niña, eran más de 50 personas, Gaara nunca había visto tal compañerismo ni nada por el estilo, ¿¿eso fue lo que paso cuando el estaba peleando con el akatsuki?? (Deidara-san, es uno de mis favoritos xd, aunque capturo al hombre más guapo del mundo lo perdono porque también es muy mono jejeje), ¿¿Así se desespero su hermano y hermana para rescatarlo??. Sumiko no estaba tan sorprendida como Gaara, ella en vez de estar impresionada estaba conmovida, conmovida por ese cariño que se tenían entre ellos, pero Gaara no se daría cuenta de la hermosa aldea que tiene ni de las personas que habitan en ella, aunque le pegaran con un garrote. Bueno los hombres son así no? Todos son problemáticos. (me parecí a Shikamaru xd)
Sumiko avanzó con timidez hasta llegar a la ancianita que se encontraba muy debilitada, se arrodilló y le dijo a un chico que estaba a su lado que por favor le trajera agua de forma muy discreta, para que nadie se de cuenta. El joven se levantó dispuesto a ir por ella, después de que el joven trajera el agua Sumiko rozó levemente el agua con sus dedos y creo un burbuja no tan grande de ella, lo contuvo y lo puso en el pecho de la anciana que después de estar así se recuperó enseguida, Gaara estaba muy sorprendido por ese control de chakra de la chica, pero esperen ¿chakra? Eso significaba que Sumiko era una ninja, ¿con control del agua? Esto se estaba poniendo muy raro, ya se lo preguntaría luego.
- Arigatou, buena niña – Dijo la anciana con un poco más de energía y abrazando a Sumiko, que aunque sorprendida también correspondió al abrazó.
- No fue nada, jeje – Respondió Sumiko todavía teniendo en brazos a la ancianita.
- Que despistada soy, mi nombre es Sankaitu Hideko – Dijo la vieja que se separo de la gitana.
- Un gusto conocerla yo soy Sumiko – Respondio Sumiko levantándose y ayudando a Hideko-obachan a levantarse también.
- Ah!! Ah! Tan vieja estoy que no me puedo levantar sola – Comentó la vieja mientras su espalda hizo un ruido de haberse roto un hueso, por la cual todos se alarmaron – nah! No es nada, no se preocupen.
- Pero oba-chan dijeron que no forzaras tanto la columna – Dijo el mismo chico del agua – debes hacer caso, sino te nos vas a enfermas y te pones más pesada cuando te enfermas.
- Que dijiste??? – Gritó su abuela cogiéndolo de la espalda y haciéndole una llave un tanto difícil, la anciana si que sabía moverse – atrévete a decirlo denuevo.
- No abuelita, yo no dije nada – Respondió el pelinegro suplicando por su vida.
- Sumiko, creo que deberíamos irnos, no crees? – Susurro Gaara que estaba viendo todo de un plano distante, él le agarro un brazo a Sumiko tratando de sacarla de allí.
- Bueno, en todo caso, anda tú que yo me quedo – Respondió Sumiko tratando que su voz no se elevara mucho.
- No creas que te voy a dejar sola – Dijo Gaara sujetándola todavía del brazo, jalo de él para que lo mirara, así que la gitana por la fuerza que uso Gaara voltio a lo brusco y sus labios rozaron pero inmediatamente se separaron, aunque en su interior quisieron que se transformara en un beso no lograron hacerlo – creo que ya debemos irnos, ya se hace tarde.
- Sip! Les voy a avisar que nos vamos – Comentó la gitana safandose suavemente de la mano de Gaara y dirigiéndose a la vieja..
- Hideko-obachan, discúlpenos pero tenemos que irnos – Se excuso Sumiko con mucha delicadeza para no herir a algunos de los aldeanos.
- No se quedan a comer? – Preguntó la oba-chan agarrando los codos de la chica, pero cuando ella oyó la palabra comida se soltó inmediatamente y dijo
- Comida, uf! Ya sabía yo que se me olvidaba algo, lo siento mucho abuelita pero me tengo que ir – Dijo Sumiko caminando para atrás sin despegar su mirada de los aldeanos – prometo venir a visitarlos.
Jaló al pelirrojo del brazo y se fueron derecho por la calle, sin hablar ni dirigirse ninguna mirada, los dos estaban muy nerviosos por la presencia del otros que algunas veces bajaban la mirada por la vergüenza y el sonrojo que llevaban, llegaron a la esquina donde comenzó todo este gran lío y voltearon a la derecha, allí estaba el super mercado, Gaara le cedió el pasó a Sumiko, que se adelantó y comenzó a ver que era lo que necesitaba para el almuerzo, cogió un poco de carne y muchas verduras, ya eran las once de la mañana y debía comer pronto así que pagaron y sacaron las bolsas rápidamente, ya afuera los dos se concentraron en sus pensamientos y en lo que iban a hacer al llegar a la casa.
Gaara subió a su habitación y Sumiko se quedo en la cocina. Gaara entrando a su alcoba se tumbo en su cama y respiró profundamente, no quería contarle nada Matsuri, sabía que si le contaba algo se iba a poner como una histérica a gritar y todo eso, así que acordó no decirle ni mencionarlo con su hermana que le contaba todos sus pasos a su novia, ahora ya un poco mas calmado y con la cabeza más despejada se puso a leer algunos papeles de las otras aldeas, aunque esa mente no le duro mucho porque poco a poco se fue desconcentrando por la culpa de esa chica gitana.
Mientras en la cocina, Sumiko no estaba muy diferente que Gaara, ella también estaba en las nubes y se podría decir que si no le gustara tanto cocinar como entrenar hubiera descuidado tanto la comida que se hubiera quemado.
Ya era hora de almorzar, Sumiko puso la mesa y comenzó a servir la comida, Temari y Kankuro llegaron después de algunos minutos y venían con un hambre devoradora, llamaron a Gaara y todos se sentaron a comer. En el almuerzo Sumiko y Gaara se lanzaban miraditas un tanto cariñosas y pícaras; mientras que también a Sumiko se le salían risitas tontas, esto no pasó desapercibo por una persona en la mesa.
