Escrito para la tabla de lunasytinta de la comunidad de livejournal bajo el tema: 'Pendiente'
Disclaimer: Ningún personaje de Kingdom Hearts me pertenece, son propiedad de square-enix y Nomura.
A/N: Antes de ayer -creo- subí el anterior capítulo. Sé que es un poco quizá apresurado, pero éste capítulo va dedicado a Misato Irving, que fue una lectora que me apoyo desde los comienzos de la historia y mañana ya empieza las clases. ¡Suerte en eso! Y espero que te guste el capítulo :)
Advertencias: Citrusy Cloud/Leon -¿Alguien opina que tendría que haber sido al revés xD? -Oh, por supuesto el raiting sube, no me gustaría que alguien que trata de obviar este tipo de genero entre confiado y luego se choque con insinuaciones.
En fin el cap... Espero que lo disfruten :)
VI
Ahora entendía el porqué Sora era el blanco de sus compañeros. Trepó al árbol más cercano con el cuerpo inerte del castaño colgando de su hombro—aún no entendía cómo podía ser el mismo chico que el había cuidado hace ya tantos años. Ahora todo lo que carecía de sentido, cobraba vida—comenzaban a tener cada color su gama correspondiente. Roxas suspiró—sonriendo—y cuando sus labios se curvaron, no se sintió tan muerto. Sabía que era imposible, aún así, realizar algo con Sora.
Ni siquiera sabía si los sentimientos del mismo eran recíprocos o no. El aroma de él llegó a sus sentidos, era fresco a vainillas—aún costaba creer que después de años de evadir la existencia, estuviera ahí: en su hombro, inconsciente, respirando en su cuello—Él había intentado apartarlo de su vida, desde que sabía que no lo iba a recordar. El destino era cruel y, a veces, creía en la posibilidad de haber nacido bajo el signo de una mala estrella.
Alguien a quién quería tener, a quién quería tocar con manos vivas, con pulso quizá—estaba ahí, más era inalcanzable. Sora siempre era su asunto pendiente. Siempre había sido un asunto pendiente y, ahora, al menos sabía el nombre del niño de aquel entonces… Era tan estúpido por haberse acercado. Apretó su labio inferior, sintiendo que el mismo se desgarraría con un poco de más fuerza. Le habían advertido, contados cuentos acerca de los que se acercaban a los humanos con otras intenciones.
Cloud, se había abierto una vez a explicarle—quizá sin detalle, quizá sin ser muy explícito, pero todos perecían: tanto el humano que se quería, cómo el vampiro. Cuando Roxas pensaba en ello, su pecho se retorcía en agonía—esto no le debería estar pasando. No a él que ya había pasado demasiado. El ruido que provino de un simple rayo, lo alertó de una posible tormenta. Genial, ahora sólo podía pensar dónde estaba la casa de Sora. Sin embargo, él no sabía.
-¿P-puedo… tocarlos?
No, el necesitaba esos recuerdos ahora, negó con la cabeza mientras avanzaba un poco más. La declaración de Demyx ciertamente lo había desconcertado. Era normal que los vampiros trataran de cuidar su existencia—o no existencia—eran pocos y si eran encontrados por un humano, seguramente ya estarían extintos. Sonrió, ésta vez vacíamente-- ¿Quién le diría que Sora lo vería con los mismos ojos? Con la misma mirada que cuando era sólo un niño. Una gota de lluvia cayó en sus cabellos, casi tan fría cómo su cuerpo en sí y se detuvo un momento para cubrir el cuerpo del castaño con su abrigo.
Sacándoselo rápido, lo colocó sobre los hombros del mismo mientras trataba de cargarlo nuevamente, pero el cuerpo inconsciente se movió y murmuro:
-Hum… ¿Roxas?- interrogó con voz suave… ¿Cuánto tiempo se había quedado en aquel ático? Quizá lo suficiente para que sintiera sueño a la falta de oxígeno.
-Sí, Sora, ¿Dónde queda tu casa? A éste paso…
-¿Dónde estamos?- se incorporó en la espalda y movió una mano para taparse la cabeza, parpadeó al no sentir su cabello, sino el cuero de un abrigo, suspiró cansinamente, pero marcando una sonrisa- Aún… no puedo creerlo.
-¿Qué cosa?
-Que un vampiro me este ayudando, o que los vampiros existan. No es algo que uno se entere todos los días ¿sabes?- terminó de decir, dejando su rostro en la espalda que lo estaba cargando- ¿Por qué?
Roxas no dejó de caminar, aún sin saber exactamente dónde ir. El agua ya cubría parte del empedrado y sus pies pisaban sobre charcos-- ¿Por qué? Tuvo ganas de reír ante la pregunta sin sujeto, había tantos porqué indefinidos y otros tan claros—cómo el hecho de ahora estar con el único humano con el que tenía un acercamiento—había tenido un acercamiento, parecía mentira, pero pisara donde pisara, su camino parecía sólo guiarlo hasta el castaño—¿Ironías, quizá?
-¿A cual de todos te refieres?-preguntó bajo, mientras los ojos escarlata—ante el olor humano y la sangre que sentía palpitar aún entre tanta ropa comenzaban a surcar lares que ya habían eran conocidos…
-¿Por qué… me ayudas? Quiero decir… ni siquiera me conoces.
Eso partió su corazón en dos partes, cerró sus ojos y suspiró. Debía mentir, Sora no entendería el porqué de sus actitudes, Sora nunca podría—ni debería—corresponder sus sentimientos. Sora estaba vivo, él estaba muerto.
-No lo sé- esa punzada- ¿Me vas a decir dónde vives?
-
-Hn…
El cuerpo frío y ya muerto, cayó sobre el suyo—de manera silenciosa, casi imperceptible, pero Leon sintió el peso. Suspiró recuperando su respiración y retirando con su mano desnuda la transpiración de su frente—perder la frialdad de su persona, perder el control de su cuerpo—haber sido mordido… Sobre todo eso, empezar a ser uno de ellos. Viró su cuello, acomodándose en la almohada.
Algunas cosas no tenían un porqué, algunas cosas—cómo éstas—no tenían nada de coherente. ¿Cómo iba a mirar a los ojos a su familia? A su madre, padre y a Sora—quién no sabía nada al respecto—una vez le había preguntado: ¿A dónde iba siempre tan tarde?, otra vez si podía acompañarlo. Su estómago se presionó en la repulsión. No podía evitarlo, así cómo tampoco podía evitar los sentimientos que sentía hacia el vampiro que estaba a su lado.
Los dedos fríos tomaron su barbilla entre sus dedos, se movieron hacia sus labios. Cloud siempre había dicho que lo que le atraía de los humanos era la calidez de sus cuerpos—él ya no tenía esa calidez. Su cuerpo se entumecía y no era necesario mirarse en un espejo para ver sus ojos con pequeñas ojeras negras delineando desde el inicio hasta el final del párpado—no era necesario verse al espejo para sentirse frío, casi muerto. No. Él ya estaba muerto desde que inicio esto.
-Te recomiendo que te quedes con nosotros- musitó Cloud con las mismas expresiones serias, respirando sobre sus labios ya secos- No es seguro.
Leon sonrió de lado y antes de que los labios drenaran más los de él, se separó para levantarse, la hinchazón que tendría que haber estaba desapareciendo, así cómo las rajaduras que los colmillos habían hecho en su piel—en verdad, se sentía sucio.
-No creo que eso deba preocuparte, Cloud- respondió- Además, tengo cosas que hacer…
-
Sora abrió la puerta del departamento que compartía con su amigo. Ya le había preguntado a Roxas, tanto cómo por Riku como por Kairi—y éste, sólo lo había confortado con un simple: Están… bien, no te preocupes por ellos. Ahora se sentía mejor que cuando había salido del
ático y sus pulmones ya empezaban a recibir oxígeno. A pesar de ese pequeño rasgo de desconfianza que le generaba el vampiro frente suyo, no podía negar que la confianza era mayor que esa pequeñapunzada. Suspiró, mientras trataba de que sus labios no lo traicionaran, más significó más la aprensión.
-Puedes pasar si quieres, no creo que Riku venga en un buen rato.
-No es necesario si vas a sentir miedo- respondió con calma, mientras recibía el abrigo de parte de Sora, éste estaba muy cansado para discutir…
-¿Qué te hace pensar eso, Roxas?- sonrió, sin preguntarse porque lo hacía- Yo creo que es al revés- provocó sin dejar de sonreír.
La boca del vampiro se curvó medianamente y el castaño no pudo más que admirar de reojo, mientras la llave giraba, lo calma que lucía. No eran sonrisas llenas de vida, no eran esas sonrisas que reflejaran alegría, sino aquellas que expresaban paz, ver la piel de sus labios partidos sonriendo porqué él lo había hecho—o porque le había dado un símbolo de confianza, tener conciencia de ello logró que se ruborizara, mínimamente, pero sintiendo el calor en sus mejillas extenderse desde la piel de su cuello.
Contradiciéndose mentalmente, Sora entró en el departamento primero, tratando de caminar normalmente ya que su tobillo había empezado a doler repentinamente—a pesar de eso, él nunca supo dónde se había torcido el tobillo—o lo que había ocurrido con él realmente. Recordaba… haberle preguntado a su hermano y éste murmurar un simple: Cuando jugabas, deberías tener mas cuidado, Sora. Con esa pequeña reseña, él había quedado satisfecho, quizá no era para analizar tanto una torpeza.
Observó el aislamiento de Roxas, los ojos fijos en cada parte del ambiente—el perfil del mismo. El castaño se quedó en ese punto—la pequeña nariz curvada—ni muy masculina, ni femenina—Sora no supo como describirla exactamente, el extremo redondeando y el tabique un poco respingado, los labios violáceos y carnosos estaban partidos y su respiración casi podía oírse. Antes de sentir que los ojos de él se posaran en su persona, un escalofrío recorrió su espalda de manera espontánea.
-¿Vas a entrar, o te vas a quedar mirando desde afuera?- interrogó, más para sacarse los ojos rojos de encima y de su propia insolencia al haber quedado mirándolo tanto tiempo.
-Sí, disculpa.
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-Se terminó, Cloud, ya no puedo mirar a mi familia de la misma forma- reconoció mientras se sentaba en el borde de la cama, cubriendo su cuerpo desnudo con el simple enredón de seda. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces había profanado esa cama, las sábanas, la esencia de él en el interior de su cuerpo, entre sus piernas, los rasgos de sangre que corrían—ahora por ambos cuellos—era primitivo y sensual.
-Sabía que algún día dirías eso- la voz ronca que salió de los labios de Cloud chocó con su nuca, sólo para notar que el vampiro estaba en ella, trazando con su lengua los restos de sangre que terminaba en sus hombros. Apretó los labios mientras trataba de atrapar el gemido lánguido en su garganta y, a su vez, que su cuerpo no se venciera ante los dígitos que comenzaban a tocar zonas exclusivas de su pecho.
-Creí haberte dicho que—
-Aa y lo entiendo- tapó con sus dedos los labios de Leon, mientras terminaba por recostarlo en el colchón- Luego, te dejaré ir, pero luego.
El castaño sólo dejo su boca abierta y se rindió a un simple beso.
-
-Entonces, Roxas… ¿Cuántos años tienes? ¿Qué comen? ¿Duele cuando los colmillos salen de las encías?
Sora estaba lleno de preguntas, cómo si no pudiera oír y sentir la ansiedad en su voz. Era… todo lo mismo que antes; las mismas preguntas, cómo si alguien estuviera burlándose de él y repitiendo la cinta. Suspiró mientras sus pupilas vacías se perdían en la taza de chocolate que el castaño tenía entre sus dedos. Las manos de Sora, los dedos que se movían una y otra vez rozando la base, los costados. Mordió su labio mientras se preparaba emocionalmente para retroceder años de su existencia.
-No puedo creer que no te acuerdes de él, Roxas, en serio… ¿es una broma?- Demyx no soporto la presión y se hecho a reír con libertad, mientras él estaba clavando sus ojos en Marluxia—el único que quizá podía darle una respuesta más seria.
-No sé de qué hablan, pero no quiero que se acerquen a Sora otra vez…
-No sólo somos nosotros, nadie esta de acuerdo en que el niño exista- Marluxia se acercó una vez al cuerpo dormido, mirando con recelo como el brazo de él se interponía entre él y el castaño, no pudo evitar el sonreír de lado- Ese niño es que quedó de la familia.
-¿Cómo?
Roxas ya había oído con anterioridad a los vampiros mencionar a la familia del pequeño que cuidó, 'la familia' y un montón de recuerdos abarcaron su mente—El pequeño inconsciente, el castaño repeliéndolo, él empezando a hablar, tocando sus colmillos y Leon—el amante del líder—llevárselo en brazos y pedirle que le manipule las memorias. Buscó, en el rostro del cuerpo adormilado que tenía en frente—rasgos parecidos, tratar de visualizar en su mente, la sonrisa del niño y la del mismo sonriendo a los veinte años.
-No… puede ser…
-Aa. Por eso, nadie está de acuerdo en que esté con vida, sabiendo tantas cosas de nosotros.
-El no recuerda nada, Marluxia;… es absurdo esto- cargó a Sora en su espalda mientras rompía la ventana, oyó, cómo última advertencia:
-No vengas a nosotros si el chiquillo te odia después.
-¿Roxas?
-Ah… perdón, ¿dijiste algo?
El castaño frunció las cejas, cruzó los brazos—al dejar la taza, ahora fría, en la pequeña mesa ratona.
-Te hice una pregunta, pero esta bien por mí si no quieres contestarla- la sonrisa se formó en su rostro, Sora seguía igual que hace unos años—había madurado, en algunas cosas y en otras—cómo gestos o actitudes, eran las mimas- No sé que es gracioso.
-Oh no me rio de ti, es sólo que alguien a quien conocí tenía tus mismos gestos- una mueca quitó el resplandor de la risa, mientras se acercaba al castaño. Despacio, calmadamente.
-¿Eran cercanos? Es decir, tú y él…
-Sí, aunque… tomó un poco de tiempo…
Demasiado cerca, casi podía sentir el aliento del mismo llegar a sus pómulos y mejillas—el sonrojo que se iba acentuando—probablemente él mismo se iba a arrepentir luego de lo que pensaba hacer, pero los sentimientos fluían demasiado rápidos—eran constantes, demasiados desbocados y si lo pensaba, ya sabía el porqué. No había sido obsesión, cómo había creído al principio, no había sido sólo por admirar su sonrisa, cómo la posibilidad que había imaginado, tampoco por el hecho que fuese virgen… No, la verdad era que Roxas se había enamorado mucho antes de todo eso.
No importaba si él no recordaba mientras estuviera para hacerlo por los dos.
-Roxas… ¿qué—
-Sora, lo siento.
Fue lo que dijo antes de besarlo—sin calma, con ansias y probando cada parte que el otro le permitiera. Aún sin pensar en la posibilidad de ser simplemente empujado a n lado, los labios del castaño ahogaron una exclamación mientras su boca era devorada por el vampiro ante él. Livianos, rosados, los mordió ligeramente, recorrió con lengua cada espacio que Sora le permitiera. Sus manos frías anhelaron tener el rostro entre sus manos, como ahora… por años y antes de tomar conciencia de los colmillos, que el castaño comenzaba a responderle. Roxas se apartó. Dejando su boca cerrada y sus labios sobre los otros, no podía llegar a más. En cuanto las fragancias de alguien virgen e inocente lo surcaron, supo que si seguía, su instinto podría terminar con él y con lo que recién comenzaba—lo que nunca tendría que haber comenzado.
Tardó en realizar el hecho de que... Sora siempre había sido su asunto pendiente. Ahora sólo deseaba tener la calidez de su boca sobre la suya, de manera estable, de manera... como se había quedado ahora.
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