Holaaaaaaaa!! :) que tal todooo?? espero que muuuuy bien!

Bueno, primero de todo muuuuchas gracias por comentar :D esque como tardé tanto en poner de nuevos los caps pues pensé que ya no me comentaria nadie... jaja me alegra mucho de que no hayais abandonado a la vaca Mary!

Bueno bueno... paso a responder a mis queridas lectorass :)

Kiria: yo tambien estoy de examenes, y la verdad me pasa como tu... no puedo entrar casi! Entiendo que no puedas comentar siempre :)

im-your-nightmare: yo tambien quiero un vecino comoo Edwaaaaaard... o no, mejor, quiero un vecino que sea Edwaaaaaard!! :D

Elisabet weasley cullen: jajaja siii! Mi Edward es muuuuy cabron, y seguirá siendolo! Esque acostumbrada a ver a un Edward mas serio, maaaas educado, he decidido que no va a ser nada de eso

Adri Cullen: no se bien a que te refieres a "que te parece una historia extraña" pero espero que no sea nada malo... jaja lo de describir es porque a mi leer descripciones me aburre! Jaja y entonces no suelo hacerlo mucho, pero intentaré dejarlo todo mas claro.

En fin, espero que os sigan gustando los siguientes capitulos y que no me abandoneiis!!

Un besooooooote guapas!! :)

Y un graaaaaaaaaaaaaaan "mu" de Mary! :3

En menos de un segundo un suave click sonó al arrancar el arbol del suelo. La verdad es que era un arbol muy pequeño, tanto que estaba seguro que cualquier niño con un poco de empeño podría haberlo arrancado antes de Amy.

- Su arbol señorita Amelia – dije mientras se lo entregaba.

Ella, después de fulminarme con la mirada, agarró el arbol y comenzó a romperle las hojas una a una sin dejar de mirarlo. Ahora ya no solo parecía una gargola, si no que además de ello, saba la sensación de tener problemas mentales.

- ¿Puedo hacer algo mas por usted Amelia? - pregunté con voz de sirviente inglés.

Realicé una suave reverencia y situé mi brazo detrás de la espalda dejando por el suelo al mas educado mayordomo.

- No, de momento eso es todo señor Eduardo, gracias por su ayuda, ya puede marcharse al hueco mas negro y profundo que encuentre – contestó ella sin dejar de sonreir maliciosamente.

- No voy a irme, así que deja de repetirmelo porque sabes que no puedo hacerlo – contesté tajantemente.

Amy me miró sin entender ya que ese comentario no tenía mucho sentido en esa conversación.

- ¿Y se puede saber porque? - preguntó ella resoplando.

Volví a sentarme en el suelo apoyando ligeramente mi brazo derecho en un seto de baja altura. Miré al horizonte pensativo como buscando las palabras. Ella, harta de tener que esperar, se sentó all lado mio y apoyó su cabeza entre las manos.

- ¡Ah! Sí, que me habías preguntado algo... - dije imitando que se me había olvidado por completo.

- ¡Bah! Me voy a casa – dijo ella levantándose y comenzando a caminar hacia la puerta de su casa.

- Espeeera...

Tan solo tuve que dar dos largas zancadas para cogerla, ya que a pesar de tener aspecto de una persona realmente cabreada, andaba muy despacio.

- Espera, espera. Esta bien, te contestaré – dije mirándola fijamente a los ojos.

Por primera vez algo me llamó realmente la atención en su rostro. La verdad es que nunca me había parado a mirar su cara, y era algo realmente agradable. Su piel era pálida, ya que el sol no dejaba verse mucho por aquel pueblo, el pelo algo lacio caía por encima de sus ojos cortado en un descolocado flequillo. Hasta ahí podría ser una chica mas, una chica normal, pero había algo mas. Sus ojos. No tenían nada especial, pero a la vez toda ella era especial.

- ¿Qué? - preguntó ella sacándome de mis pensamientos.

- ¿Que? - pregunté yo algo alelado aún.

- ¿Que te pasa? Estas... ausente – dijo ella mirandome con los ojos entrecerrados.

- Nada... ¿que va a pasarme? - pregunté mirándola de forma burlona intentando disimular mi ridícula escena.

Amy volvió a mirarme sin creer en absoluto mis palabras. No nos conociamos apenas, pero tenía que reconocerlo, actuaba de pena.

- Bueno, ¿me lo dices o que? - preguntó ella cruzandose de brazos.

- ¿El que? - respondí pensativo.

- ¡Ay nada!

Comenzó a andar de nuevo y esta vez mucho mas cabreada. De repente caí.

- ¡Lo siento! ¡Se me había olvidado de verdad! - dije intentando que no se enfadase mas.

- Está bien, tienes cinco segundos para decirlo si no quieres sufrir mi ira – contestó con mirada amenazante.

Estuve apunto de soltar una gran carcajada, ya que no conseguía imaginarme a Amy intentando hacerme daño (aún después de sacarme una aguja del trasero). Era la primera vez que aluien me amenazaba, y resultaba enormemente gracioso viniendo de ella ya que media alrededor de 1,60.

A pesar de que tenia unas ganas tremendas de reirme, pensé que eso tal vez empeoraría las cosas, y no quería pasar por el mal trago de ver a Amy agarrada a mi cuello intentando ahogarme.

- Vale, ¿quieres saberlo no? - pregunté.

- Claro que quiero saberlo, si no ¿para que iba a estar aquí?

- ¿Para admirarme?

La mirada, una vez mas, de odio contestó mi pregunta.

- Ok, esta bien, no estas aquí para admirarme, de acuerdo...

- ¡Pero quieres contestar de una vez! - gritó ella saliendose de sus casillas.

- No puedo irme de tu lado porque sabes que si lo hiciera tu caerias en la mas profunda depresión, y no me gusta jugar ni dañar los sentimientos de la gente, y menos si se nota a la legua que se trata de una persona debil o con una gran desestabilidad mental.

Mi respuesta fué larga, pero tajante, cosa que hizo que Amy me mirara sin decir nada.

- ¿Estás bien Amelia? - pregunté forzando los labios para no reir.

- Tú, tú eres el que no está bien de la cabeza – dijo de pronto – y ahora si no te importa, me marcho.

- Antes de irte... ¿podrías decirme algún lugar donde pudieran darme un trabajo? - pregunté ahora ya sin nada de burla.

Lo había estado pensado todo ese día. No quería que Carlisle y Esme me mantuvieran, y ya tenía la edad (en el fondo tenía mas años que todo ese pueblo junto) para poder desempeñar cualquier trabajo de poca importancia. Además, me vendría bien distraerme y hacer cosas nuevas.

- Puedes ir a la casa de Trelan y preguntarle... - contestó ella pensativa.

- No sé... es que no se si voy a ser capaz de realizar un trabajo tan campestre – contesté de nuevo con una sonrisa.

- No, mira, mejor preguntale a la señora Tompson... creo que ese trabajo tendrá muchas mas cosas en común contigo – contestó ella.

No había en su rostro ninguna muestra de rabia o burla, cosa que me hizo pensar que por una vez estabamos manteniendo una conversación seria.

- De acuerdo, iré a hablar con ella – contesté asintiendo – en fin, ahora tengo que irme.

- Sí, yo tambien, no quiero que mi hermano se coma mis apuntes – contestó ella con voz cansada.

- Comer papel no debe ser bueno... - dije pensativo.

- Mañana hablamos.

Después de realizar esa frase, Amy se dio media vuelta y comenzó a andar hacia su casa de forma lenta y pesada.

- No me heches mucho de menos Amelia – dije antes de volverme para comenzar a andar hacia la puerta de mi casa.

Justo cuando estaba a tan solo unos pasos de la puerta, sentí un pequeño impacto sobre mi espalda.

Rápidamente me giré y pude ver que Amy, después de mirarme unos instantes, entró en su casa.

- Que chica mas rara... será por... - de pronto dejé de hablar al percatarme de algo. - ¡Una piedra! ¡Me ha tirado una piedra!