CAPÍTULO 6
No sabía si podía hacer esto con nadie más. Ella dudaba que alguien más lo hubiera entendido.
Más tarde, pasaron una hora en completo silencio, sentados el uno junto al otro, pero sin mirarse. Elena no estaba segura de qué había pasado exactamente, pero se sentía más tranquila, y estaba bastante segura de que tenía poco que ver con la sed de sangre. Sangre. La palabra parecía tan extraña para ella. Al igual que el nombre de un medicamento en un idioma extranjero.
–Fue tu sangre la que usó Meredith.– dijo ella en voz baja, rompiendo el silencio.
–Quizás.– dijo Damon en el mismo tono después de reflexionar por un momento, sin saber lo que significaba, si acaso eso significa algo. –¿Significaría algo para ti si lo hizo?.– No había nada particularmente exigente en cuanto a su tono, pero Elena se mordió el labio con una pequeña mueca de todos modos.
–Sí. No. No lo sé.– Ella se movió en su asiento, con el deseo de cambiar el extraño estado de ánimo en que se encontraba, pero de alguna manera sólo lo hacía más extraño. – No puedo imaginar lo que significaría...
Por el rabillo del ojo, pudo ver como los ojos de él vagaron hacia arriba y abajo de su cara.
–¿Qué puedes imaginar, Elena?
Ella suspiró, parpadeando rápidamente. No podía imaginar nada, siempre y cuando tuviera algo que ver con él. Siempre hacía algo diferente, algo menos, algo más, nunca sabía qué esperar, y cuando ella trató de imaginar lo que cómo sería... cómo sería ser parte de esta imprevisibilidad que lo rodeaba, acercarse lo suficiente como para ser afectada – al centro – por cada tormenta, para permitir de buen grado que pueda ejercer esa clase de poder sobre ella... No, no podía imaginar eso en absoluto.
–Dijiste que me enseñarías algunos trucos.– Elena cambió de tema con sutileza. –¿Hay algo que podamos hacer dentro de la casa?– Ella lo miró con tanta fortaleza como pudo. Su cercanía por sí sola no era tan terrible como la familiaridad repentina de la misma.
Cuando ella bajó la mirada hacia el espacio en el sofá que había entre ellos se dio cuenta de que su mano se apretaba contra la suya. Ella no podía recordar cuándo había sucedido.
–Quizás todo esto es una mala idea. Tal vez deberíamos volver a casa.–espetó ella, comenzando a temer que ella estaba olvidando demasiado. Muy fácilmente, podría hacerse creer a si misma que estaban en el fin del mundo, en medio de la nada, lejos de todo, – pero era una ilusión, y aunque no lo parecía ahora, todas las reglas y las promesas aún eran ciertas, y si rompía algo en esta extraña y fascinante no–realidad, se quedaría roto, en la realidad, para siempre.
Ella lo miró, y él tenía otra vez esa expresión que ella aborrecía absolutamente, aunque ella ni siquiera podía describirla correctamente. Se sentía como que ansiaba honestidad, sin embargo, a veces la honestidad parecía hacerle daño, y ella no sabía qué hacer al respecto.
"Tal vez ese es el problema."
Dudaba que él hubiese sospechado alguna vez que sus palabras significaban que ella tuvo la culpa, que él debía salvarse a sí mismo porque no creía que ella pudiera salvarlo.
–Todo lo que tienes que hacer es decirme que quieres ir a casa.– dijo él, y ella le lanzó una mirada exasperada. Estaba claro que no sabía lo que quería, pero él podría haberla salvado.
–Me resulta difícil de creer, viendo que ni siquiera puede ponerme en pie.–dijo con ironía, levantando ligeramente la mano, que seguía cerrada en la suya.
Muy lentamente, empezó a soltar su presa, con los ojos fijos en ella, y ella con enojo sacó su mano libre y saltó para ponerse en pie. Él la siguió en un instante, y antes de que tuviera la oportunidad de cambiar completamente él la inmovilizó contra la pared.
Una vez más, se encontró sin aliento, los efectos calmantes de la práctica de alimentación (o lo que demonios fuera) pudiera tener sobre ella se había ido en un instante, y sólo había un pensamiento, un sentimiento, un instinto que reemplazó todo en su cabeza, que circulaba por sus venas y le daba ganas de gritar y gritar y cruzar con sus uñas su cara. El aumento repentino de la emoción, de la violencia que por un momento ella comprendía como un huracán la asustó tanto que se quedó sin aliento en voz alta. Ella no quería sentirse así. Ella no quería tener esos pensamientos.
–¿Qué estás haciendo? ¿Por lo menos sabes lo que estás haciendo? –preguntó ella entre dientes.– ¿Cómo el beber tu sangre va a ayudar? ¿Cómo es que algo de esto va a ayudar?
La mirada en sus ojos hizo que su corazón se apretara. Herirle a él era demasiado fácil, y ella quería sacudirlo, decirle que deje de importarle tanto por lo que ella, por lo que cualquiera dijera cuando las palabras fueran expulsados por el miedo o la tristeza.
–No lo sé, Elena.– dijo con el ceño fruncido, y ella estuvo realmente sorprendida por la respuesta. –Tú no es exactamente mi tipo promedio de problema.
Ella parpadeó con incredulidad, olvidándose de lo que había estado pensando hace un momento.
–¿Así que piensas que tú, tú tienes un problema, y yo soy tu problema? ¿Soy un problema? –le preguntó, medio dándose cuenta de que no tenía ninguna razón para estar enojada. Era muy probable fuera su problema de hecho, y considerando todas las cosas, él podría el derecho soltárselo en la cara.
Ella esperaba que él entrar en una discusión, pero se limitó a inclinar la cabeza hacia un lado y levantar la mano para acariciarle la mejilla con el dorso de los dedos.
–Tú eres el mayor problema que he tenido.– Ella quería decirle que en realidad era al revés, pero continuó.– Hay que encontrar una solución para esto, Elena.– dijo él con voz firme, calmada, aparentemente ignorando el hecho de que ella se apoyaba en su toque.
Ella lo miró inquisitivamente, con el rostro contorsionado en una mueca.
–¿Solución para qué?
–Está bien que estés atrapada dentro de un vampiro, o un vampiro atrapado dentro de ti.– Él le tomó la cara entre las manos, acercándola más a él. –Pero no tiene por qué ser siempre una trampa. Sólo tienes que encontrar una manera de controlar esto.
Finalmente cayó en la cuenta de a qué se refería, aunque vagamente sospechaba que él estaba leyendo los sentimientos de ella equivocadamente en estos momentos. Ella miró a sus labios. O tal vez él tenía razón, y ella estaba equivocada.
La realidad comenzó a deslizarse fuera de ella. Entonces se dio cuenta del hecho de él sosteniendo su rostro entre sus manos no era más que algo que hacía por costumbre, sino más bien una manera de detener que ella le besara a él incluso antes de que ella lo descubriera ... se diera cuenta ... Ella no sabía lo que era.
–Elena.
Su voz era suave, y él la miró con tanta ternura que la hubiera hecho llorar si ella no estuviera tan enfadada con él por hacerle eso... por no hacer lo que ella quería que él...
–No puedo luchar con esto.– susurró entre dientes apretados, las lágrimas asomaban a sus ojos ante el sonido de su propia voz, como de ronca, inhumana, pero al mismo tiempo, demasiado humana sonaba.
Él le sonrió. En pocas palabras, suaves, rozando su pulgar por el labio inferior.
–Elena, no te estoy pidiendo que luches contra esto.– dijo, mirando fijamente sus ojos. Su frente se arrugó en confusión.– Te estoy pidiendo que lo controles.
No sabía cuánto tiempo le tomó para procesar sus palabras. Durante cuánto tiempo se miraron a los ojos. Cuánto tiempo había pasado hasta que él deslizó sus manos fuera de sus mejillas y esperó a que asimilara sus palabras. Pero cuando finalmente lo hizo, ella respiró hondo y se inclinó un poco hacia adelante sólo para retroceder con los ojos entrecerrados. Él ni siquiera necesitaba abrir los ojos para sentir su forma avanzar y alejarse intermitentemente, los labios más cerca y más lejos de los suyos. Abrió los ojos cuando habló.
–No es lo mismo, Damon. No es como la sed de sangre. No es nada de eso.
–Pero puede parecer así.– argumentó Damon, rozando las lágrimas de su cara con los pulgares. –Todas las emociones pueden mezclarse en una sola, sobre todo al principio…
Ella le interrumpió, riendo nerviosamente a través de sus lágrimas.
–No me digas que no puedo diferenciar entre tú y una bolsa de sangre. No tengo hambre, y no estoy enojada.
–Pero puedes aprender a controlar la sed de sangre controlando esto.
–¡¿Qué pasa si yo no quiero controlar esto!? –dijo con impaciencia–. Quizás podría controlarlo si solo fuera eso… Pero no se trata sólo de esto, Damon, se trata de ti.
Tenía el aspecto de alguien que quería creer en algo que obviamente no era cierto. Pero pronto la expresión se había ido, y él mismo la trajo de vuelta a la realidad.
–Ahora estás enojada.
–¡Tú me estás haciendo enojar!.– Ella dijo con impotente frustración, sintiendo como si estuviera golpeando los puños contra la pared. Ella estaba tratando de encontrar su camino a través de ese laberinto en su cabeza, pero en lugar de ayudarla a hacerlo, él la empujaba fuera de la pista que estaba trabajando tan duro de descubrir.
–Bien. Enójate. Asegúrese de saber lo que se siente al estar enojada. ¿Cómo te hace sentir. ¿Qué te hace hacer?.– Él la miró a los ojos con el fomento de la intensidad. – Así no te alcanzará un día, cuando menos te lo esperas.– añadió en voz baja, casi con voz apagada, y ella quería aferrarse a los recuerdos que brilló en sus ojos, pero él los enterró rápidamente.
Ella lo miró en silencio por un momento y luego negó con la cabeza.
–Esto no va a funcionar. Puedo controlar sed de sangre, pero no puedo controlar lo que siento…
–Crees que puedes controlarlo, Elena, pero no es así.– dijo bruscamente.–Todavía no. Si no puedes controlar una emoción humana, no puedes controlar algo como eso.
Elena lo miró inquisitivamente.
–¿Crees que lo que siento... es por una emoción humana? ¿Te refieres a lujuria? – le preguntó en voz baja, de repente dándose cuenta.– ¿Crees que es así de simple?
Por primera vez se sentía como si de repente tuviera acceso a alguna extraña lucidez. Todo era más abrumador… pero también más claro.
–Elena…
O tal vez era simple, pero simple de una manera diferente.
–Tengo miedo.– dijo ella, respirando apresuradamente, tratando de leer sus propios pensamientos, en su mayoría ininteligibles.– Tengo miedo... de ti.
Él parpadeó.
–¿Tienes miedo de mí?.– repite y el tono de su voz indicaba que estaba casi ofendido. Eso hizo sonreír a Elena a pesar de las lágrimas en sus ojos. Las cejas de Damon levantadas en una mayor confusión.
–No en ese sentido.– empezó ella de nuevo, empezando a dudar de que ella sería capaz de llevar a cabo la confesión. Tomó aire y exhaló lentamente, haciendo el esfuerzo de no evitar los ojos de él. – Tengo miedo de lo que significaría... de cómo sería…– Ella cerró los ojos y volvió a abrirlos.–Tengo miedo de lo que me haces.– ella se rio sin humor. – Tengo miedo de que no sería yo nunca más.– dijo después de una pausa en voz baja y grave. – Que no sería la misma. Que tú no serías el mismo. Que nada sería lo mismo nunca más. Y tengo miedo de eso, Damon.
Él la miró, tratando de escuchar las palabras que ella decía en lugar de las que él quería oír.
–Tienes razón.– dijo sombríamente, estudiando su rostro, y una punzada de dolor causado por sus palabras le hizo darse cuenta de lo mucho que había ella había querido que él estuviera en desacuerdo. Pero entonces su expresión cambió, y se inclinó hacia ella hablando con voz suave y melódica: – Tienes razón en que nada sería lo mismo Elena, pero ¿alguna vez paso por tu mente que no iba a ser peor? – Su voz se redujo a un susurro, con los ojos brillantes.– Podría ser mejor.
Ella lo miró como lo haría en el cielo estrellado. No, nunca había pasado por la cabeza que sería para mejor. A partir de su experiencia parecía que cuando algo cambia, por lo general cambió para peor. Se sentía como si cada paso que ella había tomado alguna vez condujo a una tragedia, por lo que ella quería quedarse donde estaba y mantenerse a sí misma y a los demás seguros.
–Piense en ello.– dijo, con una breve sonrisa en su boca. Dio un paso lejos de ella. – Pero ahora volvamos de nuevo a tu formación, y hagamos algo más simple.– dijo él, y se movió con velocidad vampírica hasta el otro lado de la habitación. – Tu turno.– dijo con un guiño.
Se sintió un poco decepcionada de que él terminara la conversación tan bruscamente, aunque tal vez era para mejor. Necesitaba un poco de tiempo para pensar.
–Eso es fácil.– dijo ella, mordiéndose el labio, tratando de calmarse. Por extraño que parezca, ella con mucho gusto se zambulló en la realidad en donde el que ella es un vampiro era el tema principal. Mientras esto servía como una cláusula de escape, pensó que podría vivir con ello.
Damon le dedicó una sonrisa ladeada.
–Impresióname.
–Sabes que he perdido mi magia.– repitió Abby, y por décima vez en los últimos diez minutos Bonnie preguntó por qué lo había intentado.– No te puedo ayudar".
–Puedes no tener magia, pero todavía tienes el conocimiento. A menos que,– Bonnie hizo una pausa.– no quieras ayudarme.
Abby sacudió la cabeza con una mueca.
–Sabes que eso no es cierto.
–Yo no sé nada cuando se trata de ti.– dijo Bonnie desapasionadamente, con los ojos fijos en su madre, quien le devolvió la mirada, sorprendida por las palabras, pero sin mirar cómo le afectados como Bonnie habría esperado. Aunque ahora que Abby era un vampiro, su tendencia a reprimir sus sentimientos probablemente se intensificó, por lo que ¿qué otra cosa podía esperar?
–Yo te quiero ayudar.– dijo Abby sin sonreír, dando un paso hacia Bonnie. –¿Qué quieres que haga? –preguntó ella, arrugando la frente y mirando el libro mágico en manos de Bonnie.
–No es un hechizo con el que quiera jugar.
Abby abrió mucho los ojos en ella.
–Sabes lo peligroso…
–Esa no es la ayuda que necesito de tu parte.– cortó Bonnie.– Hice un acuerdo con Klaus.– la cara de Abby fue drenada de todo color. – O más bien, eso es lo que él cree.– añadió Bonnie, entrecerrando los ojos.– Estuve de acuerdo para que él tome el relevo de vez en cuando. Esa es la única manera de asegurar que no va a saber lo que estoy haciendo.– agregó notando una falta total de comprensión en el rostro de Abby.– Y esta es la única manera para mí para saber lo que realmente está planeando.
–¡Bonnie! Esto es... ¡Ni siquiera tu abuela intentaría algo como esto!
Bonnie se puso rígida.
–¿Cómo lo sabes? Estuviste perdida demasiados años para ser capaz de decirlo.– Ellas simplemente se miraron en silencio durante un rato. Por fin Bonnie suspiró y dijo en voz baja y controlada.– Si se mete en mi cabeza, yo puedo entrar en la suya.– Sus manos se cerraron en puños cuando la cara de su abuela cruzó por su memoria, dejando lágrimas en sus ojos.– Soy lo suficientemente fuerte para esto.
Habían pasado un par de horas después del amanecer, y los pálidos rayos del sol fueron escondidos desde arriba y en medio de las cortinas de la sala de estar de la casa de huéspedes, estableciendo el polvo radiante.
–¿Estás diciendo que Klaus sólo... sigue teniendo el cuerpo de vez en cuando?.– preguntó Caroline, sonando tan irritado que Tyler sentía como si ella pensara que él era el culpable.
–No es mi culpa, Caroline.– dijo, mirando a Matt como apoyo.
–Entonces, ¿dónde está, cuando no está en ti?– inquirió Matt con total naturalidad. Tyler lo miró como si él acabara de ser apuñalado por la espalda.
–¿Crees que esto es divertido?– le preguntó Tyler, sacudiendo la cabeza hacia los dos.
–De hecho esa es una buena pregunta, Tyler.– dijo Caroline, mirando a Matt, que se encogió de hombros.
–Tenemos todas las razones para creer que el cuerpo de Klaus no está disponible para él, así que no es sorpresa que tengamos curiosidad.–observó Stefan cautela.
Tyler puso los ojos en blanco.
–Bueno, tal vez debas verificarlo dos veces. Lo único que sé es que él se hace cargo, y luego se va. Yo no te puedo decir nada más.
–Tal vez no eres el único al que posee.– dijo Matt, pensativo, pero Caroline no estaba de humor para discutir más sobre ello.
–Tenemos que trabajar en un código secreto, entonces.– dijo ella, arrugando la frente en sus pensamientos. Tyler le dirigió una mirada inquisitiva.– Así sabremos cuando es Klaus.
Tyler asintió y se alejó de ellos. Caroline miró a Stefan y Matt, como si pudieran explicar la reacción de Tyler.
–No puedo quedarme aquí.– dijo Tyler, volviéndose hacia ella de nuevo, sus ojos tristes, viendo la luz en los suyos.
–¿De qué estás hablando?– Caroline preguntó con incredulidad, con sonrisa nerviosa, rápidamente caminando hacia él.
–No es seguro, Caroline. ¿Qué pasa si Klaus está planeando algo? Y por supuesto que lo está, así que... ¿Qué pasa si no os dais cuenta de... que es él? Yo no me perdonaría si te hace daño, a cualquiera de vosotros. Tengo que permanecer lejos.
–¿De qué estás hablando?.–repitió Caroline en agitación. –¿Cómo podría yo no notar que es él y no tú?"
Tyler sonrió brevemente.
–Hace un momento pensaste que era él y no yo.
–¡Pero eso es porque yo no lo sabía!
–Tengo que averiguarlo por mi cuenta.– la interrumpió Tyler, intercambiando una mirada con Matt quien asintió con gravedad.
Caroline miró a Tyler con incredulidad, congelada en el lugar mientras él salía de la habitación, el sonido de la puerta al cerrarse tras él le sonó como el sonido más surrealista del mundo.
Dos floreros y un reloj eran las únicas bajas en la batalla que Elena luchó para aprender a moverse a una velocidad sobrenatural en interiores amueblados.
–¿Está seguro de que a la señora Flowers no le importará?
Damon sonrió.
–Sólo recuerda pensar en el destino en lugar de la distancia.– dijo, recogiendo los pedazos restantes de un jarrón roto.
–Tengo sed.– dijo Elena, de repente, cayendo hacia abajo en el sofá, sintiendo como su respiración se aceleraba. Ni siquiera estaba segura de que tenía mucha hambre, pero las palabras sólo hablaban y ella las siguió, luego empezó a sentir hambre.
La mano de Damon se congeló, suspendida en el aire mientras la miraba fijamente. Ella estaba claramente haciendo un esfuerzo admirable para sonar casual.
–¿Dieta o alta en calorías? –le preguntó en tono de broma.
Elena levantó la vista lentamente, encontrando su mirada.
Asegurándose de no dejar caer las piezas del florero que había recogido del suelo, Damon se puso de pie.
–¿El policía o yo?
Elena lo miró fijamente. Ella le habría reprendido de nuevo por robar la sangre de los agentes de policía y servírselo a ella para el desayuno sin siquiera decirle al respecto, pero la broma de su oferta - que estaba destinado claramente a ser una broma - hizo imposible para ella que pensara en tales nimiedades. Tal vez si quería reconciliarse con la idea de ser un vampiro, ella debía ante todo reconciliarse con la forma en que la hacía sentir, con la forma en que ella quería que él la hiciera sentir, con lo que ella quería.
Y lo que ella quería era estar cerca de él, y, por ahora, ("está bien... es solo que no ahora", parpadeó y se quedó sin aliento) sólo había una manera de hacerlo...
–Estaría bien con la tuya.– dijo sin aliento, casi sin reconocer su propia voz, y no reconocer en absoluto el proceso de pensamiento que la había llevado a proferir tales palabras.
Sin decir una palabra, Damon salió de la habitación y se sentó muy quieta escuchándolo lanzar los fragmentos del jarrón roto lejos, lavándose las manos, dejándolas secas… podía imaginar cada gesto sin verlo. Luego volvió a entrar en la habitación y se dirigió hacia ella.
No entendía por qué quería hacerlo de nuevo, por qué no podía recuperar el aliento cuando él la miraba, por qué temblaba ante la sola idea de su toque, por qué se subió a su regazo cuando él se sentó y dejó que la sostuviera mientras ella hundía sus colmillos en su cuello, por qué cuando se echó hacia atrás, ella sin decir palabra se ofreció a devolver el favor, y por qué, cuando él le susurró con voz ronca: "Prefiero besarte", ella le besó.
REVIEWS:
QUEENBLUEVAMPIRE-V: Hola, gracias por tu review :) Pues es un fanfic ya completo, consta de 22 capítulos. La autora lo escribió en verano, mientras se esperaba por la temporada 4, por lo que no hay nada de los nuevos capítulos. Pero no puedo contarte si hay escenas parecidas o si pierde la humanidad ;)
UshieVictoria: Gracias por tu nuevo review, un gusto leerlos. Ya está aquí el nuevo capítulo, espero que la última escena también te gustará tanto como el intercambio de sangre ;P
Muchas gracias a todos los que leéis el fanfic, espero que os guste :)
