Capítulo 6. Descanso

Regina permanecía apoyada sobre la puerta del conductor de su coche con los pies cruzados y las manos metidas en los bolsillos de su gabardina negra. La verdad era que estaba terriblemente nerviosa. Desde que su hijo se marchó y pensó en la señorita Swan en su casa, en su intimidad, compartiendo cena y sofá con ella y su hijo... ¿pero en qué estaba pensando? No recordaba cómo habían llegado a ese punto. Ah, sí, ya. Todo había sido culpa de Henry y su repentina obsesión por ella. Aunque claro, ella no se quedaba corta. No parecía rehuir de las propuestas de su hijo. Al contrario, parecían entusiasmarle. Y lo peor de todo es que cuando hablaba con él parecían entenderse tan bien...incluso mucho mejor de lo que ella nunca había logrado, en realidad. Sacudió la cabeza y apartó aquellos pensamientos. Sabía que su hijo la quería. Se sobresaltó un poco al oír las voces de ambos que se acercaban a la puerta pequeña frente a la que esperaba. Recompuso su postura e inspiró hondo.

- Habéis tardado mucho. – dijo con cara de pocos amigos.

- Emma tenía que recoger sus cosas.

Ambos se encogieron de hombros al mismo tiempo al llegar a su altura. A Regina le pareció gracioso. Era increíble.

- Al coche, vamos. – Dijo dándose la vuelta y abriendo su Mercedes antes de que ninguno de los dos pudiera ver el brillo en sus ojos y la ligera sonrisa que no había podido evitar que apareciera.

Normalmente elegían la película entre ella y Henry, aunque en muy rara ocasión ponía objeciones a las preferencias de su hijo. Sin embargo, en aquella ocasión había preferido dejar a ambos que eligieran la película. Había considerado que era mejor no meterse en aquella discusión que había comenzado nada más poner el coche en marcha. Emma se decantaba por películas clásicas de Disney, tipo Blancanieves y los siete enanitos. Quién lo hubiera dicho de una mujer como ella. No estaba segura si hablaba en serio o en broma. Su hijo por el contrario se decantaba por la primera trilogía de Stars Wars. El gusto de aquel chico cada día la sorprendía más. No sabía de dónde demonios lo había sacado. Ni su padre ni ella habían sido nunca muy cinéfilos. Ni habían tenido tiempo para ver películas los viernes por la noche, ahora que lo pensaba. Emma mantenía que esas películas no eran para críos. Y Henry se defendía diciendo que era niño, pero que no era tonto.

Aquella conversación era absurda. Estaba segura de que Emma solo le seguía el juego a su hijo para tomarle el pelo. Aunque había cierta ternura en su expresión. Se mantenía girada sobre el lado izquierdo de su asiento para tener mejor acceso a Henry. A veces sus brazos incluso se rozaban por encima de los abrigos que llevaban puestos. Pero sorprendentemente a Regina no le molestaba aquella situación. Todo lo contrario. Se sentía curiosa y expectante por ver qué nuevo rumbo tomarían las conversaciones de aquellos dos. No había tenido mucho tiempo de ver a su hijo tan contento y desenvuelto. Incluso parecía haberle vuelto un brillo especial a los ojos. Sea como fuera y por causa de quién fuera se sentía feliz de poder verlo así. Y por primera vez desde que llegaron descansada, pues había estado muy preocupada por cómo su hijo se adaptaría a la nueva vida en Londres, sobre todo después de todo lo que habían pasado.

Sí, se sentía descansada, se sentía relajada, y al fin y al cabo, aunque ella no la recordara, Emma no era una desconocida. Prácticamente habían compartido el mismo círculo toda la vida. Solo que ella se había alejado de ese círculo. Incluso parecía que tenían los mismos conocidos. Ambas conocían a Marco, aunque evidentemente Emma se llevaba mucho mejor con él que ella, a pesar de que ambos tenían una relación muy estrecha gracias a la preocupación que siempre había mostrado Marco por ella, ahora que lo pensaba bien. Y también había mencionado a Granny. Sí, Granny también la había llamado en ocasiones para preocuparse por ella. Aunque hacía como diez años que no la veía la recordaba muy bien. Siempre le había parecido una mujer entrañable. Nunca se había podido olvidar de ella. Sí, definitivamente Emma no era una extraña, por lo tanto aquello no era una locura dejando aparte el hecho de que ambas se hubiesen llevado a matar desde que se conocieron.

Llegaron a la mansión que Emma ya conocía. Había supuesto desde el principio que la morena se habría instalado en la casa de su padre. Sí se sorprendió, sin embargo, cuando entró y vio la estancia un poco cambiada, según recordaba. Antes tenía un aspecto un tanto lúgubre, estilo museo. Henry tenía miles de libros, figuras y objetos amontonados por todos lados. Antes todo parecía más oscuro, mucho más rancio. Sin embargo, ahora, se transmitía una sensación de calidez. Le gustaba.

- ¿Dónde están todos los libros de tu padre? – Dijo mirando de un lado a otro con media sonrisilla en la cara. Regina estaba ayudando a Henry a quitarse su abrigo, pero la miró sorprendida. No había pensado en el hecho de que seguramente ella ya hubiera estado allí antes, como era lógico.

- Me he tomado la libertad de ordenar todo un poco y cambiar algunas cosas. – Dijo con cara inocente, como sonando a disculpas, algo que enterneció a Emma. – Al fin y al cabo no es que mi padre fuese el más ordenado del mundo. – Se encogió de hombros y Emma le regalo una bonita sonrisa que ella no correspondió.

Se dirigió de inmediato hacia el salón mientras que Henry le indicaba a Emma dónde podía dejar su abrigo y sus cosas.

No quería centrar sus pensamientos en ese aspecto, pero Emma se sentía bastante incómoda. A decir verdad, desde el momento en el que había visto a Henry aparecer por su puerta gritando como loco que su mamá le había mandado a buscarla. Había cambiado de opinión, algo que le resultó extraño. Pero por alguna razón en vez de negarse al ofrecimiento se había puesto en pie y había recogido sus cosas. Y allí estaba, a punto de compartir una estupenda noche familiar con una mujer que le parecía fría, insensible y poco amable. Pero era guapa sí, eso no lo podía negar. Ni ella ni media plantilla del museo. Regina no dejaba indiferente a nadie. Se preguntaba por qué motivo la había invitado a acompañarlos a su casa para algo tan personal. Sobre todo porque le había quedado bastante claro y demostrado en constantes ocasiones que no le caía bien a Regina. Incluso se había metido con su ropa. Aunque ella había decidido darse un aire un poco más arreglado después de aquella conversación...no es que le molestase arreglarse, simplemente en la mayoría de las ocasiones le parecía una pérdida de tiempo. Pero desde que Regina había entrado en razón con el asunto de Mars, después de la cena que tuvo que soportar sin pronunciar palabra, creía que podía complacerla aunque fuera un poco. Solo por eso. Y porque era la hija de Henry.

- No me has dicho dónde han ido a parar todos los libros de tu padre. – Dijo Emma entrando en el salón después de que Henry subiera a su cuarto a no sé qué. Regina parecía buscar algo.

- Oh...los subí al desván. No sabía qué hacer con tanto libro. – Emma río.

- Sí, Henry se había vuelto un tanto maniático en cuanto a colecciones de libros. Consiguió reunir un completo tesoro. – Dijo Emma mirando para ver la reacción de Regina.

- Así es. He podido comprobarlo. Pero no me interesa tanto su valía como que eran de mi padre. Es un recuerdo muy valioso para mí.

- Para mí también lo sería. Pasaba más horas con esos libros que con el resto del mundo. – Regina río irónicamente.

- Dígamelo a mí. – Pareció pronunciar aquellas palabras con total naturalidad sin darse cuenta de lo que en realidad implicaban. Emma permaneció en silencio observándola, hasta que Regina se percató de que la observaba. - ¿Qué?

- ¿Qué estás buscando con tantas ganas? – No pensaba que fuera el momento de ahondar en sentimientos.

- El folleto de la pizzería. Lo cogí el otro día pero... – Emma sonrío y se levantó de donde estaba sentada.

- Si no lo encuentras podemos ir a por las pizzas a cualquier parte, o pedirlas por internet.

- Es una pizzería casera, no tienen página web. Fíjate, aquí está. – Dijo Regina sacando el folleto de detrás de un cojín del sofá en el que había estado sentada Emma. – Seguramente Henry habrá estado mirándolo. Le encanta la pizza. – Dijo expresivamente sin apartar sus ojos de los de Emma que la miraba maravillada.

En esos momentos apareció Henry que se había puesto cómodo. Regina lo recibió con una sonrisa y le dio el folleto para que eligieran las pizzas entre Emma y él. Ella se dirigió a la cocina a donde la siguieron ambos robóticamente.

- ¿Una copa de vino?

Emma asintió. Henry no paraba de parlotear acerca de sus pizzas preferidas y de lo poco que le dejaba su madre comer pizza. Emma no podía parar de sonreír. Y Regina, aunque permanecía ocupada guardando algunos vasos no dejaba de escuchar y observar la escena.

- No pensaba que te gustara la pizza.

Dijo Emma de repente sacándola de sus pensamientos. Cuando sus ojos se encontraron con los de la rubia se dio cuenta de que la escrutaba con la mirada de arriba abajo. De una manera que llegó a incomodarla, de hecho. Sabía que había dicho aquello por su cuerpo y ahora se estaba cerciorando de que su cuerpo seguía allí. Se ruborizó por el descaro con el que la miraba aunque no mostró que aquello la perturbara.

- Y no me gusta, ese tipo de comida es poco sana.

- Pues a mí me encanta.

- A mí también. – Henry se echó a reír. Regina puso los ojos en blanco y bebió un sorbo de su copa. – Aunque mamá cocina muy bien. – Dijo distraído mirando de nuevo las pizzas del folleto.

Emma alzó la vista y miró a Regina.

- ¿Ah sí? – Preguntó con curiosidad.

- Bueno – Regina se encogió de hombros. – Me gusta cocinar.

- Menuda sorpresa. A mí me encanta comer. – Henry volvió a echarse a reír con aquel comentario que a él le pareció de lo más inocente. Estaba claro que no compartía la misma opinión que su madre. Regina intentó mantener la compostura después del extraño efecto que habían logrado tener en ella aquellas palabras. ¿Pero qué le estaba pasando?

- Deberías venir a comer con nosotros, a mí me encanta su lasaña. – Henry fue el que rompió el extraño silencio que se había creado. Regina volvió a mirarlo con los ojos ligeramente entornados. Desde luego su hijo era experto en arreglar situaciones.

- ¡Me encanta la lasaña! Y me encantaría probarla para ver qué tal cocinas. – La voz de Emma sonó sensual. Regina esbozó una sonrisa fingida.

- Tal vez algún día, señorita Swan. ¿Habéis decidido ya? – Dijo acercándose a ellos y quitándole el folleto a Henry.

Emma se dio cuenta de la incomodidad de Regina por lo que no entendía por qué la había invitado. A diferencia de su hijo ella no se cambió para ponerse cómoda. De haber podido, ella lo hubiese hecho sin dudarlo. Sin embargo Regina se limitó a quitarse los zapatos cuando se sentaron en el sofá que había en frente de la enorme pantalla de plasma. Había encendido la chimenea y había apagado las luces. Así que el ambiente era muy relajado. Después del agradable rato que había pasado durante la comida charlando con Henry y con Regina a la que había podido ver mucho más cariñosa, se sentía mucho más relajada.

Seguía percibiendo que ella no se sentía del todo cómoda en su presencia, a veces la miraba de reojo y otras se encontraba con preguntas impertinentes por parte de Henry a las que no sabía qué responder. Sin embargo, nunca pensó que la mujer distante y seria que había estado conociendo durante todos los días anteriores pudiera comportarse así. A Emma le parecía una visión maravillosa ver a Regina interactuar con su hijo. Fascinante, de hecho. Por alguna razón había descubierto que le gustaba estar allí en aquel momento. Y que no le molestaría repetir aquello. De hecho, le gustaría repetirlo. Descubrir a una Regina despreocupada la había impactado mucho más de lo que creía. De repente sentía mucha curiosidad por aquella mujer que le era tan cercana pero de la que no sabía nada. Incluso habían crecido juntas, prácticamente, y sin embargo no se conocían. Además, parecían ser como la noche y el día. Pero eso a Emma no le importaba. Solo quería conocer más de la morena. Tenía la necesidad, mejor dicho, de conocer más de la morena. Había algo más detrás de su estricta apariencia, estaba segura.

Cuando la pantalla se volvió negra y los créditos de la película comenzaron a aparecer Regina encendió una lamparita con luz tenue que había en la mesilla que estaba a su lado. Miró hacia Henry y luego hacia Emma. Su hijo se había dormido y al parecer Emma había estado a punto de hacerlo. Se incorporó para coger a Henry.

- Voy a llevarlo a su cama, espere aquí. – Susurró cogiendo a su hijo en brazos.

Emma pudo sentir como el perfume de Regina impregnaba sus sentidos y se dio un vuelco de repente incorporándose para ayudarla a cargar al chico. La proximidad con Regina consiguió hacer desaparecer toda la modorra que le había entrado durante la película. Regina no tardó en volver. Ella la esperaba delante de la chimenea calentándose las manos como había hecho tantas veces antes. Era una costumbre. En realidad le encantaba aquella casa.

- Pensaba que se iba a quedar dormida en el sofá usted también. – Dijo Regina volviendo a entrar en el salón entrelazando sus dedos por delante de su regazo.

- ¿A mí también me hubieras llevado a la cama? - ¿Por qué todo lo que decía la rubia le sonaba mal y conseguía ponerle nerviosa?, pensó Regina de inmediato.

- A usted le hubiese echado un cubo de agua por la cabeza. – Dijo volviendo al sitio que había ocupado durante la sesión de cine y bebiendo un sorbo de su copa que aún permanecía apoyada sobre la mesita.

- Cuánta amabilidad. – Respondió Emma irónicamente poniendo los ojos en blanco. – Lo he pasado bien esta noche, gracias. – Dijo sinceramente. Regina la miró sin saber bien qué decir.

- Espero que no le haya resultado incómodo yo...bueno, ya ha visto lo convincente que puede ser Henry. – Emma soltó una pequeña carcajada.

- Y qué lo diga. Igualmente me ha gustado venir, a pesar de lo convincente que puede ser Henry. – Dijo con retintín.

- Por supuesto. – Respondió Regina que había captado a lo que se refería y se incorporó de nuevo. Emma carraspeó. Se había quedado sin conversación.

- Bueno, será mejor que me marche. Es tarde. – Regina asintió con la cabeza.

- ¿Quiere que la lleve? – Soltó de repente. Emma no esperaba eso.

- ¿Eh?...no, no. No te preocupes, no vivo lejos de aquí. Iré caminando. – Regina enarcó una ceja por la sorpresa de compartir zona residencial con Emma. Aunque tampoco sabía de qué se extrañaba, aquella casa pertenecía a su padre. Y su padre era muy amigo de Emma.

- Con más razón entonces. ¿A cuánto está?

- A unos veinte minutos. Créeme, he caminado muchas noches de esta casa a la mía.

- Lo había imaginado. – Asintió Regina moviendo la comisura de sus labios. Emma esbozó una sonrisa y soltó su vaso al lado de la copa de Regina.

Cuando estuvo a su altura la escrutó ligeramente con la mirada, casi imperceptiblemente. Pero Regina estaba más receptiva de lo que Emma creía y se había dado cuenta de las miradas que le dedicaba la rubia. Miradas que le resultaban incómodas. Carraspeó.

- La acompaño a la puerta entonces. – Volvió a hablar Regina.

Emma cogió sus cosas y se abrigó bien. Hacía un frío tremendo aquella noche. Sus dientes ya habían empezado a castañear como de costumbre.

- Gracias otra vez. – Dijo a la altura de la puerta tendiéndole su mano a Regina.

- ¿Seguro que no quiere que la acompañe? – Le correspondió la morena.

El contacto de la mano cálida de Regina en contraste con la suya hizo a Emma percatarse aún más de aquel roce. No era la primera vez que le daba la mano. Pero si era la primera vez que atendía plenamente con todos sus sentidos a aquel simple gesto. Su sensación fue reconfortante, y cuando el contacto se rompió no pudo evitar querer seguir sintiendo aquel tacto del que había disfrutado milésimas de segundo antes.

- No, gracias. Descansa Regina. – Dijo señalando al interior de la casa y dándose media vuelta en dirección a la suya propia.

Regina se quedó observándola hasta que desapareció de su vista.


¿Pero qué le estaba pasando? ¿Qué tontería se le había pasado por la cabeza? No podía creerlo. Ella nunca había sido una persona especialmente cariñosa. Es verdad que solía llevarse bien con los niños. Pero solo eso. Normalmente seguirles el rollo ayudaba bastante, aunque no lo hacía de manera forzada, le salía natural. Todas esas escenas con Henry y Regina sonriendo...estaban acaparando demasiado espacio en su mente. Pensaba Emma mientras se dirigía a su casa. Se frotó las sienes antes de meterse su mano en los bolsillos y acurrucar su barbilla sobre el pañuelo que llevaba alrededor del cuello.

El fin de semana pasó rápido para ella. No le gustaba que llegaran los lunes, desde luego. Sin embargo para Regina pasó demasiado lento. Le gustaba tener la mente ocupada en algo que no fuera personal. La agobiaba pensar en situaciones personales. Pensar en su padre, pensar en su situación sentimental en aquellos momentos, pensar en su hijo...aunque pensar en su hijo últimamente la ayudaba bastante. Tenían una mejor relación desde hacía aproximadamente un año. Justo el tiempo que hacía desde que decidió a divorciarse de Robin, su marido.

Hasta aquel momento Regina se había encerrado demasiado en el trabajo. No es que ahora no lo hiciera, siempre era su mejor refugio. Sin embargo, se había arrepentido tanto de no haber disfrutado más a su hijo... Esa era una carga que siempre la acompañaría. Pero Henry había sido comprensivo. Suponía que con los niños siempre era más fácil resolver los errores. Y su hijo era un amor. No sabía de dónde había salido. Ni Robin ni ella eran precisamente afectuosos o expresivos. Y luego estaba todo el asunto de la mudanza. Una nueva ciudad, una nueva vida. Había llegado a la conclusión de que aquello era lo que necesitaba justo en aquellos momentos. Lo había meditado mucho, tanto por Henry como por ella. No es que no le gustara Londres. Simplemente se había acostumbrado a su vida en Nueva York. No es que tuviera muchos amigos. Para ser precisos solo tenía una, Catherine. Sonrío al pensar en ella. No sabía cómo conseguía aguantarla. Y mejor aún, cómo lo había hecho durante tantos años. Después pensó en cómo era Catherine. Volvió a sonreír irónicamente. Supuso que eso hacían las amigas. Aguantarse mutuamente sin juzgar, simplemente estando ahí.


Hola! Os dejo el capítulo 6! Cómo va? Os va gustando? Podéis comentarme qué os va pareciendo la historia cuando acabéis de leer...eso sería magnífico! Además, historia que gusta historia en la que suben los reviews, no? Pues a ver si esta gusta! Salu2!