Disclaimer: No es mío, no lo será nunca. Señores multimillonarios que quieren seguir llenándose los bolsillos, yo no hago ni un peso haciendo esto. Lo más que consigo es divertirme y robar algunas horas de sueño a mi de por sí, horario loco.
A/N: Como dije, no me he tardado tanto pero lo he hecho. Lo siento, pero hice mil correcciones a este capítulo, y hasta ahora, es con el que estoy más satisfecha. También, es el más largo que he escrito hasta el momento. Poco que decir, aparte que está centrado en Jane. Jane y sus recuerdos. Creo que era necesario para que se entendiera lo que siente Jane, y quizás también, el por qué Lisbon tomó las decisiones que la han traído hasta este punto. La canción es de Nine Inch nails, aunque personalmente prefiero la versión del gran Johnny Cash. Se llama Hurt.
Debo agradecer a mis super betas, porque nunca lo hago y ya va siendo hora. Lara y Eline, (Inthesnow y Eliaca) que se dan el tiempo de leer y darme sus opiniones. Les tiro confeti chicas! :D
Comentarios, críticas bien recibidos siempre manteniendo el respeto (creo que a nadie le gusta que lo insulten).
Gracias por pasarse y leerlo.
I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that's real
The needle tears a hole
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end
And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt
I wear this crown of thorns
Upon my liar's chair
Full of broken thoughts
I cannot repair
Beneath the stains of time
The feelings disappear
You are someone else I am still right here
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end
And you could have it all
My empire of dirt
I will let you down I will make you hurt
If I could start again
A million miles away
I would keep myself
I would find a way
Memory is the only paradise
Jane pasó las siguientes horas acostado en la cama del motel en el que había rentado una habitación nada más llegar a la ciudad. No era para nada lo más confortable ni elegante que podría encontrar en Detroit, pero sólo necesitaba una cama y un lugar donde dejar el pequeño bolso de viaje que había llevado con él. Después de todo, no pensaba quedarse demasiado en ese lugar, sólo había venido para conseguir respuestas que al parecer, sería imposible obtener.
Nada era ya igual y aunque no se ilusionó con que lo fuera, sí tenía la esperanza de que al menos alcanzaría parte de la verdad que Lisbon seguía manteniendo en secreto y que le permitiría-por lo menos esperaba que así fuera-seguir adelante, ya con todos los hechos claros. Suspiró. ¿Realmente cambiaría en algo conseguir que ella dijese lo que él quería escuchar? Era muy probable que no, pero de todas formas, lo necesitaba. Sabía perfectamente, que aquella necesidad era en gran medida debido al egoísmo que formaba parte de su carácter, pero no podía evitarlo. Aunque estaba consciente de que todo aquello, estaba hiriendo a la mujer que, como ya todo el mundo le dijo-un hecho con el que él aún no estaba del todo de acuerdo-le había dado la posibilidad de vivir la vida a plenitud, y no aquella en que sólo existía la venganza. Aún a costa de sacrificar todo lo que era importante para ella.
El apenas perceptible ruido blanco de la televisión, hizo que levantara la cabeza. Había prendido el aparato por inercia, sin prestarle atención. Debían ser cerca de las cuatro de la mañana ya, o quizás algo más temprano. Realmente no importaba. Toda su vida, incluso antes de los horribles hechos acaecidos a su familia, había sufrido de insomnio; agravado durante la época más tormentosa de su existencia, pero por fortuna ahora había llegado a un punto de cierta normalidad; sacudido solamente por momentos como éstos, en los que las preocupaciones no le dejaban dormir ni siquiera un par de horas.
Se levantó de la cama y salió a la puerta, queriendo respirar algo del aire frío y puro de esas horas. Apoyó la espalda en la pared y se quedó de frente con los ojos cerrados. Estuvo así durante unos cuantos minutos, sumido en sus pensamientos. Aquel lugar le traía recuerdos que por mucho tiempo había reprimido e intentado olvidar; pues creía que no merecía que siguiera pensando en ella y añorándola de esa forma. Pero luego de los eventos recientes, habían vuelto como una avalancha a poblar su cabeza, volviéndose imposible siquiera intentar descartarlos. Su pasado con Lisbon era mucho más que una simple amistad, aunque para todo el mundo fuera un secreto que permanecía hasta hoy. Y era de esperar, porque jamás hablaron de lo que pasaba entre ellos, ni siquiera cuando todo terminó.
¿Cuántas veces se habían encontrado en algún motel como en el que estaba ahora? Muchas, más de las que podía contar. Todo había comenzado luego de un caso sin importancia que tuvieron, pero por el que fue necesario ir hasta Santa Rosa. A pesar que la distancia era corta, Lisbon pensó que era mejor quedarse en un motel a manejar durante dos horas para ir y volver a Sacramento. Además contaban con la buena disposición de la policía local, lo que les facilitaba mucho el trabajo.
-oooooooooooooooooo-
Aquella primera noche, se encontraba en su habitación, sin poder dormir. Salió a tomar un poco de aire y descubrió que, en la alcoba de Lisbon aún estaba la luz encendida y apostó lo que fuera a que estaría revisando algunas cosas del caso. Hablar con ella siempre le relajaba lo suficiente como para al menos, poder descansar un poco. Así que, luego de dudar unos momentos, decidió golpear despacio una vez y si ella no abría la puerta , entonces volvería a su habitación y no la molestaría. Sin embargo, Lisbon no demoró ni dos segundos en abrir.
-¿Jane? -le miró frunciendo el ceño-¿necesitas algo?
-Nada en especial-se rascó la cabeza y medio sonrió-no puedo dormir y salí a tomar un poco de aire...vi que tenías luz y pensé si no te molestaría hablar un rato...
Lisbon sonrió y dejó que pasara dentro. Tal como imaginaba, la agente estaba revisando algunos archivos del caso. Tenía desperdigados algunos papeles por sobre la cama y el pequeño escritorio que había allí, junto a un vaso de papel vacío, al lado de una cafetera igualmente vacía.
-Con esa cantidad de café que has bebido-hizo un leve gesto hacia la cafetera- me sorprendería mucho si logras dormir al menos un minuto en los próximos tres días.
Ella hizo una mueca, quitándole importancia y siguió revisando papeles.
Jane se acomodó en la cama y estuvo observándola durante algún tiempo en silencio. Le gustaba verla trabajar; era metódica, iba de un papel a otro siguiendo un orden establecido-aunque no lo pareciera por el desastre que tenía-y anotando en su portátil cualquier cosa que le pareciera extraña, también haciendo notas en post-its y pegándolas en fotografías. Por increíble que pudiera resultar, aquello le relajaba, hacía que se olvidara de cualquier cosa que ocupara su mente y ponía una sonrisa en su rostro.
-¿Qué sucede?-le preguntó ella, sin quitar la vista de los papeles-has estado observándome durante mucho rato sin decir palabra.
Él sonrió-pensé que no lo habías notado.
-Tú sabes, quizás no me fije tan minuciosamente en los detalles como tú...pero es imposible que no me de cuenta de alguien que me mira fijamente.
-Lo siento- se incorporó un poco-es que me gusta verte trabajar...parece que tuvieras un sistema cuando estás revisando casos o haciendo papeleo sola...vas de las pruebas, a tu computadora, anotas en algún papel, y vuelves a repetir el proceso. Es...relajante.
-Me alegro que la forma en que realizo mi trabajo, sirva para que te duermas-le dijo, fingiendo estar ofendida.
Jane rió, sabiendo que no lo decía en serio.
-¿No has considerado tomar pastillas para dormir?-le preguntó, el consultor notó de inmediato la preocupación en su voz-llevas demasiados años con el mismo problema. No te haría mal intentarlo y quién sabe, quizás hasta logres una noche de sueño y no tengas que tomar siestas en la oficina.
-Lo intenté hace unos años, pero prefiero no tomar barbitúricos, no me agrada la idea de volverme dependiente a unas pastillas.
-mmm...-fue lo único que dijo en respuesta.
-¿mmm? ¿eso es todo lo que dirás?
-¿qué más puedo decir?-el consultor enarcó una ceja, provocando que ella suspirara-te entiendo Jane, eso es todo-viendo que la mueca que se formaba en la boca del hombre significaba que no estaba satisfecho con esa respuesta, continuó-quizás no sea lo mismo, porque al fin y al cabo no tuviste un ejemplo como el que tuve yo...o por lo menos no lo sé. Pero siempre he tenido miedo de convertirme en mi padre. Bebo, pero hay días en que me pregunto si llegará el momento en que una cerveza o un trago de tequila de vez en cuando ya no sea suficiente y no pueda detenerme...¿me convertiré en digna hija de mi padre?-aquella última frase denotaba la amargura, tristeza y miedo que el pensar en transformarse en su progenitor le causaba.
-Tú jamás te convertirías en él, Lisbon.
-Eso no puedes saberlo, llevo sus genes después de todo-rebatió.
-Y también los de tu madre-ella bajó la cabeza. Jane se acercó y le tocó ligeramente la barbilla, para lograr que le mirara a los ojos-tu padre...era un hombre débil. Era tu madre quien siempre le sostuvo, aunque quizás ni él mismo se diese cuenta. Ella era la fuerte, quien les mantenía unidos...tú eres como ella. No sé cómo fuiste con tus hermanos, sólo puedo suponer y estoy seguro que la idea que tengo es bastante cercana a lo que fue en realidad; porque te conozco el suficiente tiempo para ver lo que haces por nosotros como equipo. Nos cuidas, te preocupas aunque no lo demuestres y digas que es en el plano profesional solamente. No he visto a otro líder de equipo que sea capaz de enfrentarse a sus superiores con tal de evitar que les castiguen, incluso a costa de tu trabajo...así que puedes creerme cuando te digo esto: jamás, no importa si te bebes todo el tequila de México, te convertirás en tu padre.
Ella miró hacia un lado, intentando evitar que la emoción que sentía en ese momento la desbordara. Jane sonrió y se apartó un poco, lo suficiente para darle algo de espacio. Cuando, unos instantes después recuperó el dominio de sí misma, se acercó a él y le dijo:
-Gracias.
Y lo rodeó con sus brazos.
Lo siguiente ninguno de los dos supo cómo pasó. En un momento él correspondió al abrazo y al siguiente, estaba buscando sus labios. Ni siquiera se detuvo a pensar en lo que estaba haciendo, en el por qué de la nada había sentido esa necesidad de besarla. Ella tampoco frenó sus avances, al contrario, le correspondió a sus besos con fervor. Ya después de tanto tiempo, no existía una razón lógica para lo que estaba pasando, pero tampoco ninguna para que pararan. Desde ese punto, el siguiente paso fue dado con una naturalidad pasmosa. Quizás, razonó luego el consultor, ambos deseaban aquel cambio hacía demasiado tiempo, aunque no se dieran cuenta.
-ooooooooooo-
El frío de la madrugada, aunque a regañadientes, finalmente le hizo volver a entrar a su habitación, pero tomó la silla que estaba al lado de la cama y la puso frente a la ventana, para seguir admirando el cielo nocturno, mientras divagaba en sus recuerdos.
Después de aquella noche, muchas más vinieron. Siempre en un motel, jamás en el apartamento de ella o en aquel lugar donde el consultor pasaba alguna que otra noche, cuando el edificio del CBI parecía querer derrumbarse sobre él. Al principio pensó que era porque Lisbon no quería arriesgarse a que alguien de la agencia los descubriera, pero luego se dio cuenta que el motivo principal era que aún, después del grado de relación en el que se encontraban, no quería involucrarse demasiado. Lejos de molestarle, lo entendió. Él sentía de la misma manera, aunque sabía que si llegado el momento terminaban enamorándose-o admitiendo sus sentimientos en este caso- cualquier resguardo sería inútil.
A pesar de todo, poco a poco el estar juntos era tanto o más importante que el sexo. Aunque siempre aquellos encuentros comenzaban de la misma forma, luego se quedaban conversando de todo y nada. Jane llegó a contarle cosas de sus tiempos de niñez, lo difícil que fue la relación con su padre y sobre el momento en que decidió que había sido suficiente y terminó largándose y dejando atrás a la única persona que contaba como familia. Ella hizo lo propio, hablándole de su madre y de la vida en casa después de su muerte. Más de alguna noche también, terminaron mirando algún programa de televisión o discutiendo el caso que estaban llevando. A veces simplemente, no hablaban de nada. Lisbon recostaba la cabeza en su pecho y él se dedicaba a dibujar círculos en su espalda, hasta que ella caía dormida.
Esa especie de normalidad instalada entre ellos, se vio sacudida en el preciso instante en que Red John volvió a aparecer en sus vidas. Un hombre que decía ser del círculo cercano del psicópata, apareció frente a ellos, diciendo que tenía información que les permitiría capturarlo. De inmediato, la prioridad de Jane fue lograr que Alen Thornton hablara y al fin poder acabar con el asesino de su familia. Para conseguirlo, primero el CBI debía cumplir con una serie de demandas que Alen les había dictado en uno de muchos llamados telefónicos-decía que era la forma más segura de comunicarse hasta que pudieran darle lo que pedía-y ni la agencia ni el fiscal general estaban muy convencidos de que fuera muy sensato. Principalmente porque entre las peticiones se encontraba una que helaba la sangre: pedía inmunidad para cualquier crimen en el que hubiese participado con Red John. El que no fuese específico ni en la cantidad ni en la clase de crímenes cometidos-aunque por supuesto todos se imaginaban a qué género pertenecían-no ayudaba en nada a que los altos mandos accedieran. Lo peor era que Lisbon apoyaba esa decisión. Jane creyó que ella sería la única que lo secundaría intentando convencer a sus superiores, pero la agente ni siquiera estaba segura que el tal Alen fuese un informante.
Todo cambió cuando luego de una discusión, Lisbon recibió una llamada que-y aunque entonces no lo sabía-dio vuelta su mundo en 180 grados. Red John había matado al informante en un sucio motel en Kansas-la marca de la cara sonriente era prueba de ello-y gracias a eso el caso había pasado a manos del FBI. Todo su resentimiento e impotencia la descargó sobre Lisbon, a pesar de saber en su interior que no tenía culpa de nada. Se alejó, casi no la hablaba y sus encuentros se vieron bruscamente interrumpidos. La situación duró hasta que una noche recibió un llamado de la agente, pidiéndole que se encontraran en un motel al otro lado de la ciudad. Su primer impulso fue no ir, pero terminó ganando tanto su curiosidad como su ego. El que ella le llamara significaba que quería disculparse y que reconocía su error. No fue sino hasta que cruzó la puerta de la habitación donde le esperaba, que se dio cuenta de cuán equivocado estaba.
-oooooooooooooooooo-
Cuando cruzó la puerta la vio sentada al borde de la cama; y advirtió por su expresión-mandíbula apretada, la tensión en el cuerpo y su mirada llena de determinación-que sus pensamientos estaban completamente desencaminados. Escondió la sorpresa que su actitud le provocó, y mostrándose frío le preguntó qué quería. Ella se levantó y sin dudarlo un momento le dijo:
-Se acabó. Nada más. Está claro que por la conducta que has mostrado estos últimos días, ya no podemos seguir sosteniendo...lo que sea que fuera esto-bajó la mirada un momento y luego continuó-a pesar que es obvio, quería...esclarecer todo. No hará ningún bien que nuestra relación profesional se vea afectada. Por mi parte-dio un suspiro, intentando reunir fuerzas-procuraré hacer mi mayor esfuerzo para que las cosas vuelvan a ser como eran antes...de todo esto.
-¿Me estás dejando?-rió con sorna-yo pensé que lo que teníamos aquí era sólo sexo, nada más...al fin y al cabo, esto no es una relación-a pesar de su empeño, no pudo evitar que sus palabras estuviesen impresas con un dejo de amargura-nos encontramos en moteles como dos amantes; es cierto que pasamos la noche juntos, pero luego cada quien se va a su casa...y ni siquiera hemos tenido una cita como cualquier pareja normal...-la miró con cierto desprecio-y sé que a ti te van más los rollos de una noche-ella le miró atónita-¿no es lo mismo que hiciste con Mashburn? estuviste con él una noche en aquel hotel de San Francisco y luego, si te he visto no me acuerdo-sonrió con suficiencia-supongo que el sexo conmigo era mucho mejor y por eso deci...
La mano de Lisbon colisionando con su rostro lo detuvo. De inmediato se llevó la mano al lugar en que le había golpeado, queriendo calmar el dolor que se presentaba en oleadas de calor. Cuando la miró, ella había perdido toda compostura; apretaba los dientes y sus ojos se llenaban de lágrimas.
-No te permitiré que...-tragó saliva-si quieres pensar que esto que tuvimos no tuvo ninguna importancia, allá tú. Pero no dejaré que me eches la culpa de todo a mi. Esto lo decidimos los dos. Jamás te vi quejándote ni me dijiste que querías algo más, así que no me vengas con estupideces como ésta, sólo porque no eres capaz de aceptar las cosas como son.
-¿Y cómo son las cosas?-levantó la voz, enfurecido-¡porque jamás te vi dar un paso adelante, siempre te protegiste, nunca me permitiste conocerte más allá...!
-¡¿que no te permití conocerme? ¡A nadie, escúchame bien, a nadie jamás le conté tanto de mi pasado, de mis miedos y de lo que sentía como lo hice contigo Jane!...ni siquiera a mi propia familia. Y lo sabes muy bien-Se secó las lágrimas que corrían por su cara-así que no trates de negarlo-sonrió con amargura-y si pretendí no involucrarme, fue porque sabía que de un momento a otro Red John volvería a aparecer y todo lo que existiera en medio entre tú y él, incluída yo, sería tirado a un lado.-cerró los ojos un momento, esperando calmarse- Siempre es así, lo he visto más veces de las que puedo contar...sencillamente no quería que me hirieras. Por desgracia-las lágrimas volvieron a brotar-no lo logré.
Los días que siguieron a aquella conversación, Lisbon se mantuvo a distancia de él. Enviaba a cualquiera de los tres agentes del equipo con él y evitaba por todos los medios que se quedaran a solas. Jane, luego de esa última discusión, tuvo tiempo de reflexionar sobre lo que le había dicho y llegó a la conclusión de que hasta cierto punto tenía razón. Quería hablar con ella para aclarar las cosas, pero viendo la actitud que tenía, prefirió darle espacio hasta que todo se calmara. Por desgracia, dos semanas después, Rick Swagger, el enlace del FBI y ex novio de Lisbon, llegaba al CBI para recabar cualquier información que pudiese rescatar de Red John y, al cabo de unos días, se llevaba a la agente con él.
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Jane recordaba esa época muy bien. Incluso a pesar de todos los años, rememoraba a la perfección los celos que le carcomían por dentro cuando la veía interactuar con Rick; la traición tan amarga que experimentó cuando ella se fue y ni siquiera le dijo adiós. Su imaginación tampoco le ayudaba en nada. A menudo soñaba con Lisbon en los brazos del agente, riendo, suspirando, queriéndole. Olvidándose que alguna vez estuvo con él, dejándole en el pasado como si fuese algo que podía desechar con facilidad. Fueron aquellos sentimientos los que probablemente, aumentaron el rencor que le guardó durante tanto tiempo, cuando supo que le había estado enviando pistas falsas con Rick. Porque no sólo se sintió traicionado, sino también la sensación de que se burló de él lo abrumó.
Ahora todo era distinto. Y a pesar de que el odio, la amargura y la traición habían menguado, aún permanecía la inseguridad. La misma que le llevó hasta Detroit para pedirle la respuesta de la única pregunta que jamás pudo contestar.
El alba ya despuntaba en el horizonte cuando el cansancio lo venció. Decidió tratar de dormir aunque fuesen unas horas, antes de ir al aeropuerto para tomar el vuelo de la tarde de vuelta a Sacramento. No podía hacer nada si ella no quería hablar con él y pensó que lo más sensato-y lo poco que podía hacer por ella-era dejarla tranquila. Al fin y al cabo, ambos habían reconstruido sus vidas, quizás no de la mejor manera, pero disfrutaban hasta cierto punto de un poco de paz. En medio de sus cavilaciones, sus párpados comenzaron a cerrarse y sin darse cuenta, se durmió.
Despertó alrededor de las diez de la mañana, al sentir que alguien golpeaba a su puerta. Le costó unos segundos darse cuenta de dónde se encontraba y se tomó unos instantes para despabilarse antes de levantarse y abrir. Le tomó por sorpresa encontrarla allí, frente a él. Llevaba el cabello recogido en una cola, un abrigo largo, jeans y botas. Tenía ojeras, prueba de que no había dormido nada; estaba algo tensa pero su mirada mostraba determinación. A Jane le pareció que estaba viviendo una especie de deja vú y se preguntó qué hacía allí. Pero no alcanzó a decir nada porque Lisbon habló primero.
-¿Quisieras dar una vuelta conmigo?
Yo otra vez. Le falta poco al fic, jamás fue mi intención alargarlo hasta el cansancio. Aún eso sí, no sé si serán dos o un capítulo más...depende de si decido unir los dos que tengo en uno solo. Ya veremos.
