YOUR GAY FRIEND
(Los personajes no son míos, pertenecen a la talentosísima Stephenie Meyer, sólo la trama es mía!)
CAPÍTULO 6: ¿Celoso?
Mi semana había sido un completo asco. Y no estaba exagerando cuando decía que había sido una gran y auténtica mierda. No sólo me había enterado que la cosa entre Edward y Félix iba en serio, sino que durante el fin de semana lo había llevado a cenar con Esme y Carlisle, mis segundos padres para presentarlo formalmente.
Alice había descubierto mi enamoramiento oculto y había llevado un plan a cabo junto con Rosalie para que yo lograra conquistar al afeminado de su hermano. Para eso había intentado vestirme como prostituta y prácticamente me había obligado a violar a mi mejor amigo con mi cambio de actitud. Había dormido o intentado dormir con su amiguito pegado sin que este se mosqueara siquiera. Finalmente, también terminé confesándole al bocaza de Emmett, que tenía sentimientos por Edward el homosexual. El muy maldito incluso estaba feliz, ¿querían trastornarme? Llegó un poco el alivio cuando más tarde me encontré con Jacob Black, un viejo amigo de la familia, en el Pub al que salimos y prácticamente se me cayó la baba al verlo. Eso provocó la ira de Edward, con quien me peleé minutos después de que amenazó al muchacho.
El domingo había sido bastante tranquilo dentro de todo. Me desperté en casa de Alice bastante temprano y aproveché para irme a mi casa escabulléndome por los pasillos para no tener que cruzarme al ser que mas amaba en la tierra.
Vas a pagarlas todas Edward Cullen, esto no va a quedar así.
Saludé a Esme, la única persona que estaba levantada, y ella me llevó hasta la entrada del pueblo con su coche. Quería caminar un poco y aunque no le gustó la idea de dejarme no muy cerca de casa a esas horas, accedió, sabiendo que nada me pasaría.
Llegué a casa, tiré mi mochila en el sillón, y comencé a hacer los quehaceres del hogar, mientras ponía un disco de The Fray en el reproductor, y desayunaba a medias. Había terminado de barrer, trapear y lavar la ropa alrededor del mediodía. Comí unos simples sándwiches en el almuerzo, mientras terminaba unas tareas para el martes. Ya eran las tres de la tarde cuando corrí escaleras arriba hasta la habitación de mis padres. Hurgué en su baño y encontré unas pastillas que Reneé usaba para dormir.
—Las necesitas, Bella —susurré mientras sacaba un pequeño cilindro que había dentro del frasco. Bajé otra vez y la partí a la mitad. No sabía que efecto podía tener aquello en mi organismo. La tomé, seguida por un vaso de agua y comencé a desarmar mi bolsa hasta que sentí que por fin el medicamento comenzaba a hacer efecto. Me desplomé en la cama de mis padres, me cobijé con la frazada y finalmente cerré mis ojos.
~~O~~
Me desperté en la mañana, muerta de hambre y sed, por supuesto, pero esas casi quince horas de sueño me habían vuelto a la vida. Llamé a Reneé para que supiera como iba la cosa por aquí, tomé mis apuntes y me subí al monovolumen de camino a la escuela. No me crucé a Edward durante las primeras clases, tal vez se las había saltado. Cuando quise darme cuenta, ya me encontraba en la cafetería con la mirada perdida en las diferentes pancartas que anunciaban que la graduación se aproximaba en menos de veinte días. Ni siquiera lograba prestarles atención. Mi puta cabeza era un maldito nido de pájaros que iba de Edward a Jacob, una y otra vez…
… Hasta que sentí nuevamente esa puta respiración en mi espalda. El imbécil lograría trastornarme más de lo que ya estaba.
Te lo advertí, Newton.
Dos milésimas de segundo después, estampé mi puño contra la nariz del chico, sin siquiera darme vuelta. Sonreí triunfal al sentir que alguien cayó al suelo. Comencé a mirar a mí alrededor, todos reían por lo que había hecho, Ángela, Ben, Eric, Stanley, Alice, Mike… ¿Mike? Un segundo, ¿no era él a quién yo le había pegado? Me volteé y agaché la mirada para encontrarme con…
—Linda forma de recibir a tu amigo en su primer día.
—¡Jake! ¡No sabes cuanto lo siento! —Me agaché para socorrerlo, mientras aún se frotaba la nariz—. Perdóname, de verdad lo lamento mucho.
—¿En qué estabas pensando? —rió.
—Creí que eras él —señalé en dirección a Mike, quien intentó esconderse detrás de Jessica—. Me ha estado trastornando desde que rompimos.
—¿Cuánto tiempo llevan separados? —preguntó inesperadamente.
—Diez meses —me sonrojé, pero esta vez, producto de la vergüenza de haber salido con semejante patán.
—Puedo darle un puñetazo mil veces mejor que el tuyo si eso quieres —comenzó a pararse para caminar en dirección al rubio.
—¡No! —chillé—. Ya me vengaré yo más adelante —finalmente susurré. El soltó una carcajada, pero luego una mueca triste inundó su rostro.
—No me agregaste a tu cuenta de Facebook —agachó la mirada.
—Lo he olvidado. Ni siquiera prendí la computadora ayer. Volví temprano a casa y tomé una pastilla para dormir, me fui a la cama a las tres de la tarde. Lo siento —me ruboricé.
—¿Somníferos?
—No he estado durmiendo bien últimamente —expliqué.
—Vaya, realmente estás loquita —soltó una corta carcajada y me tomó de la barbilla para que lo mirara a los ojos—. Pero te disculpo —me dijo aquellas tres palabras de manera extremadamente sexy que mis piernas fallaron, haciendo que caiga encima de él. Comenzó a reír mientras se levantaba y me tendía su mano para que yo también lo hiciera. No quería ni imaginar el color de mis mejillas en ese momento.
—¿No ibas a la escuela en la reserva? —pregunté mientras nos dirigíamos a la mesa de siempre con mis amigos.
—Me-me han expulsado por una pelea en el aparcamiento. Los grandulones estúpidos de Paul y Jared estaban molestando al pequeño Seth Clearwater. No podía dejar que lo trataran así, entonces intervine y lo defendí. El rector salió y nos vio mientras intentaba arreglármelas con Paul en el suelo. A ellos también los expulsaron. No estoy arrepentido de lo que hice —me miró con cierta nota de orgullo en su rostro—. Hablé con mi padre y él me dio la razón. Sue, la mamá de Seth, llamó más tarde para agradecerme Él realmente necesitaba alguien que lo ayude, no está bien, su padre falleció hace un mes. Se encuentra muy desprotegido.
—Eso es horrible. Lo lamento, de verdad.
—También yo, Harry era una excelente persona. Así que mi papá llamó la semana pasada a tu papá, quien habló con tu mamá, quien habló con la Sra. Cope, quien habló con el Sr. Jenks. Le explicó mi situación y conseguí que me permitieran graduarme en dos semanas, gracias a mis notas. Sólo tengo unas complicaciones con algunas áreas, nada grave.
—Eso es genial Jake, de verdad.
—Me agrada saber que puedo pasar tiempo contigo aquí —se ruborizó y tomó mi mano delicadamente. Dios Santo, ese chico iba a volverme loca.
Estábamos casi llegando a la mesa cuando observé cómo Edward entraba en la cafetería de manera peligrosa, flaqueado por Félix, quien intentaba acompasar sus pisadas.
—Creo que tendrías que estar al tanto de las reglas. No puedes estar en la cafetería de una escuela si no eres alumno de la misma, Black —gritó mientras avanzaba a paso firme hacia nosotros. Todos los alumnos caminaron hasta sus mesas para dejarle el centro del lugar libre a Edward.
—Lamento informarte, Edward —dijo su nombre con cierto humor mientras reía descaradamente—. Que seremos compañeritos por dos semanas, me acaban de transferir.
—Oh, y dime, ¿has formado parte de una riña o algo por el estilo para irte de tu vieja escuela? No me sorprendería que te la pasaras buscando pleitos con ese humor tan de mierda tuyo.
—Riña o no, hice lo correcto imbécil, métete en tus asuntos —la cara de Jacob se transformó en enojo y comenzó a andar para encontrárselo a medio camino.
—¿De verdad? La violencia nunca es buena Black, deberías saberlo —Edward también comenzaba a acercarse. Mierda. Esto pintaba mal.
—Mira, Eduarda, Reina de las Mariposas, ¿por qué no te vas a volar a otra parte?
—Lo haré cuando dejes en paz a MI Bella —recalcó la palabra mí, como si yo le perteneciera.
—¿Por qué no le preguntas a TÚ amiga qué es lo que quiere?
—No hace falta que lo haga. La conozco demasiado —contestó, arrogante. Mi paciencia había llegado al límite. Caminé intentando no tropezar y me interpuse entre ambos.
—Pregúntamelo, Edward —lo fulminé con la mirada, logrando que agachara la cabeza. Un silencio sepulcral invadió
la sala. No me había dado cuenta hasta ese momento que todo el Instituto estaba pendiente de nuestra disputa—. ¡Pregúntame que quiero, Idiota! – lo amenacé.
—¿Qué es lo que quieres, Isabella?
—¡Lo quiero a él! —Grité llena de ira, mientras unas lágrimas amenazaban salir de mis ojos—. ¿Podrías dejarme ser feliz alguna vez? Pareciera que estuvieras enamorado de mí —su rostro se volvió pálido—. No, no enamorado —me retracté—. Pareces mi padre. ¡Ni siquiera él es tan insoportable y posesivo como tú! ¡Dios!
—¿Contesta eso a todas tus inquietudes Edwardcita? —intervino Jacob.
—Ya veremos quien cuidará de ti cuando este chucho te rompa el corazón —me miró directamente, sin siquiera observar a Jacob de reojo. Dicho esto, comenzó a caminar con furia hacia la salida, tomó a Félix de la mano a su paso y abandonó la cafetería, dándole tan estrepitoso sacudón a la puerta que creí que la volvería giratoria.
El timbre sonó y supe así que mi pesadilla recién comenzaba. Tenía hora de biología y realmente debía ir. Teníamos que entregar un proyecto con Edward para que el profesor Molina cerrara las calificaciones, además de que tendríamos que cumplir nuestro rol de tutores. Tenía un par de teorías sobre quien podía ser el nuevo alumno, aunque preferí no decírselo a nadie. Solté a Jacob y fui primero al baño a lavarme la cara y refrescarme la nuca. Hacía bastante que no estaba así de tensa, aunque mi vida estuviese llena de momentos incómodos últimamente.
Llegué al salón y allí estaba el maldito de cabello cobrizo sentado en su asiento habitual. Recordé, al sentarme a su lado, el apodo que Jacob le puso, Eduarda, Reina de las Mariposas". No pude evitar reír. Él me fulminó con la mirada, y luego dirigió sus ojos a la puerta. Si hasta hace menos de tres segundos su expresión daba miedo, deberían haberlo visto cuando escuchó al profesor hablar con el nuevo alumno. Parecía un vampiro que saltaría en cualquier momento a masacrar un pueblo completo.
—Muy bien, Sr. Black, bienvenido a clase, le asignaré a sus tutores seleccionados por mí para ayudarlo en esta área. La semana próxima será su examen final, así que le aconsejo que les preste mucha atención a sus nuevos compañeros, la Srta. Swan y el Sr. Cullen.
—No se preocupe profesor, créame que lo haré —carcajeó.
—Me gusta su predisposición, chico —el profesor palmeó su hombro—. Ellos se encuentran en el tercer—
—No se preocupe, ya los conozco —el señor Molina asintió y Jacob caminó en nuestra dirección. Tomó una banqueta al pasar y la colocó a mi lado, mientras me ruborizaba y reía.
—¿Tú aquí? —lo miré, embobada.
—¿Sorprendida? También yo —rió—. Hola Eduardita, ¡tanto tiempo sin verte! ¿Cuánto han pasado? ¿Tres minutos? Ya te extrañaba…
—Agradece que todavía no estás muerto —Edward dijo en un susurró para finalmente sonreírle al profesor, que caminaba en nuestra dirección.
—Fases de Mitosis —depositó un microscopio, las láminas y una cebolla en el pupitre—. Ya saben lo que deben hacer. Espero que recuerden lo que le dije de los tutores, no me hagan quedar mal con el Sr. Black —guiñó el ojo y se dirigió a su escritorio otra vez.
—¿Qué te parece si comenzamos? —sonreí amargamente. Jacob se dio cuenta al instante.
—Bells, si quieres puedo decirle al profesor que me cambie de tutores.
—¡Esa sería una excelente idea!
—¡No te metas donde nadie te está llamando! —Fulminé a Edward con la mirada—. Ahora, vas a cerrar ese pico y
vas a ayudarme con esto. Necesito sacar un puto 10 para ingresar en la universidad y no me permitiré fracasar porque tú te comportas como un pendejo —me miró, colerizado, pero finalmente asintió y se acercó más a nosotros.
—Bien —intentó sonar calmado aunque no le salió—. Esta lámina —tomó una lámina del escritorio y la colocó temblando bajo el microscopio—. Es la primera fase, la Interfase. Para reconocerla, te darás cuenta por el nucléolo que lleva en su interior, además de los dos pares de centriolos—. Edward explicaba mientras Jacob observaba detenidamente a través del lente. Ver a los dos hombres más guapos que había visto en mi vida estudiando una materia como biología me tenía increíblemente excitada. Bien, era definitivamente la duquesa de los freakys. Sólo me faltaba tener fantasías sexuales con Darth Vader.
—La Profase —comencé a hablar mientras colocaba la segunda lámina, aún híper ventilando – es la segunda etapa y la más larga, pues comienzan a formarse los Cromosomas y los Centríolos comienzan a separarse.
— De acuerdo, creo que estoy comprendiendo — Jacob sonrió, mientras miraba otra vez por el lente.
—Qué bueno —le dije, sonriente. Noté como Edward rechinaba los dientes a mi izquierda—. Bien, esta lámina, es la Metafase —coloqué el pequeño pedacito de en el microscopio.
—Esa no es la Metafase, Bella. Es la Anafase.
—Edward —traté de sonar tranquila y convincente—. Ni siquiera la has mirado. Es la Metafase.
—Es la Anafase —me desafió. Sabía que estaba haciéndolo a propósito y que era yo quien llevaba razón.
—Edward, te digo que es la Metafase. Puedes observar la Placa Metafásica, fíjate si no me crees.
—Vi la plantilla y es Anafase.
—No, no lo es —comencé a enfadarme y a hablar más fuerte—. ¡Y ni siquiera la has mirado!
—Sí, sí lo hice. Y sí, sí lo es, Bella. Es la Anafase —Edward gritó. Jacob nos miraba confundido.
—¡Te digo que no!
—¡Es la Anafase!
—¡Metafase!
—¡No!
—¡Sí!
—¿¡Se puede saber que está pasando!? —el Sr. Molina se levantó de su asiento, dándole un golpe al escritorio para llamar nuestra atención.
—Edward está diciendo que esta lámina es la Anafase y es la Metafase, profesor —dije fulminándolo con los ojos.
—Profesor, Bella es la que está equivocada aquí —me devolvió otra mirada cargada de ira. — Chicos, si no pueden ponerse de acuerdo le asignaré otros tutores al Sr. Black.
—Me parece que sería lo mejor —Edward habló de forma simpática. Jacob estaba preparando una sarta de barbaridades para decirle.
—Pues a mí no —decidí discutir—. No voy a permitir que la incompetencia de Edward y su falta de uso de su conocimiento arruinen mis calificaciones y mi capacidad de enseñar.
—¿Me estás llamando incompetente?
—¡Sí, creo que eso estoy haciendo!
—Mira niña…
—¡YA BASTA LOS DOS! A LA SALA DE CASTIGOS —gritó el Profesor enfadado. — — ¿Qué? – contestamos al unísono.
—Ya me oyeron. Los quiero a los dos ahora en detención. Señor Black, ubique su asiento con el señor Yorkie y el señor Cheney por favor. Ellos se encargarán de usted por el resto de la clase.
Agaché la cabeza para no mirar a ninguno de mis compañeros, y moví mis pies por los pasillos hasta la sala de detención. Era la primera vez que me llamaban la atención y también la de Edward, que caminaba justo detrás de mí, agarrándose la cabeza con ambas manos. Ni siquiera se me acercó. Era bastante listo, sabía lo que le convenía.
Tomé asiento en el primer banco y vi que Edward se sentó en el lugar que había libre al lado. El salón estaba totalmente vacío. Si no estuviera tan cabreada, apuesto mi vida a que estaría imaginando como sería tener sexo casual tumbada en el escritorio del profesor con ese Dios Griego embistiéndome. Pero ahora, sólo podía pensar en lo raro que estaba y en lo estúpido que había quedado ante los ojos de Jacob.
—Bella…
—¿Qué? —agachó la cabeza.
—Quiero hablar contigo.
—Si es para seguir criticándome y quejándote de mi vida, o para discutir si esa puta lámina era Anafase o no sé que mierda, realmente prefiero que las cosas queden como están.
—Yo nunca—
—Por favor, Edward, ahórrate eso —lo corté.
—Lo siento —dijo finalmente. Sus ojos parecían tristes y su rostro lucía sumamente apenado. Ya me estaban temblando de nuevo las piernas.
—Déjame hablar, por favor —rogó con ternura. Asentí con la cabeza—. Me he portado muy mal estos días. No lo sé. Todo se volvió algo confuso. Este chico me cayó mal desde el principio, y verlo contigo me pintó mal. Tal vez esté equivocado, pero no puedo evitar sentirme de esta manera. Además, noto que quieres pasar mucho tiempo con él y te necesito.
—Edward —carcajeé—. ¿Tú estás celoso?
—No, es sólo que las cosas con Félix no están muy bien, no noto que todo marche como antes. Se ha estado comportando extraño y quiero pasar más tiempo contigo para sacarme esas cosas de la cabeza y—
—Cullen…
—De acuerdo —suspiró—. Quizás esté algo celoso —admitió finalmente. Creí que iba a morir de amor, hasta que volvió a hablar—. Eres mi mejor amiga, aunque pensándolo bien, tú pasaste por la misma situación con Félix. Creo que no debería molestarme tanto —rió. Genial, otra vez dándome falsas esperanzas. Aunque no sabía de qué esperanzas hablaba si había renunciado al plan dos días atrás. Jacob Bella, piensa en Jacob.
—Me gusta que estés celoso —esbocé una sonrisa falsa y salí de mi asiento—. Eso demuestra que me quieres —me senté en su regazo y rodeé su cuello con mis brazos.
—No te quiero. Te amo y no sabes cuánto. ¿Podrás perdonarme?
—Por supuesto —choqué mi frente con la suya y reí. Jamás podría permanecer peleada con él por mucho tiempo. Lo sabía. Dejando de lado mi enamoramiento enfermo, él era una persona excelente y siempre había estado ahí para mí. Nadie hace todo bien. No perdonarlo hubiese sido el fin de nuestra amistad y mi completa ruina.
Justo en ese momento, la puerta se abrió y el profesor Molina, carraspeó al vernos. A simple vista de una persona desconocida, parecíamos pareja. Una pareja muy cariñosa.
—Bien —nos soltamos automáticamente, logrando que riera a carcajadas—. No sabía por donde venía la mano exactamente.
—Profesor, quería pedirle disculpas. Yo fui quien metió a Bella en problemas y la hice enfadar. Si va a tomar medidas, me haré cargo de ellas. Isabella es excelente en la materia, una alumna de diez.
—Oh, por favor Edward. No voy a tomar medidas —nos tranquilizó—. Sólo tenía que poner orden. Debí imaginarme que estas eran las típicas peleas de pareja que deben tener habitualmente, era obvio que marcarías territorio frente a un chico que mira a tu novia de esa manera —ambos nos pusimos blancos como el papel.
—Profesor, nosotros no somos pareja.
—Vamos chicos, no hace falta que me lo oculten, saben que son de mis favoritos. Se les nota en la mirada. Yo no diré nada si eso es lo que los inquieta —genial. Sentía a mis mejillas colorearse y a Edward respirar agitado. De golpe, mi amigo soltó una estruendosa carcajada.
—De verdad profesor, Bella y yo somos como hermanos.
—Perdón por el atrevimiento —se disculpó—. Creí que ustedes dos, bueno, ya saben.
—Todos se confunden, no se preocupe —carcajeé nerviosa—. Es que somos de verdad muy unidos.
—Sí, lo noté —enarcó una ceja a Edward quien rió por lo bajo—. Bien, pueden irse chicos, sus notas han sido excelentes y no veo motivo para retenerlos más. Voy a extrañarlos, de verdad. Vengan a visitarme más adelante. ¿Saben ya a qué universidad asistirán?
—No todavía —hablamos a coro.
—Bien, manténgame al tanto, ¡felices vacaciones! —se acercó y nos estrechó a ambos en un abrazo. Bien, aquello no había sido un castigo de verdad pero había servido para volver a mi relación normal con Edward. Nos retiramos del salón. Yo iba encima de mi amigo, quien me cargaba en su espalda corriendo por los pasillos. Llegamos a la cafetería. Tuve una sensación de deja vú al ver a Alice parada mirándonos de forma calculadora y supe exactamente que diría segundos después.
—¿Ahora también follan en detención? —esta vez, nadie en el lugar se volteó. Ya estaban acostumbrados todos a las estupideces de Alice y su increíble adicción al sexo. Nos acercamos hasta la mesa sin decir más nada. Alice y Rose comenzaron a organizar los planes para el próximo fin de semana. Carajo, si que amaban festejar. Unas manos taparon mis ojos segundos después, aunque no fue necesario adivinar quien era.
—¿Aprendiste algo de los ñoños? —comencé a reír a carcajadas.
—¿Y tú has aprendido algo durante tu castigo? —Jake liberó mis ojos y se sentó a mi lado.
—Sí, que no debo ser tan jodidamente histérica —todos a nuestro alrededor rieron. De golpe, Edward se levantó un poco de su silla y habló educadamente.
—Jacob —mi amigo moreno levantó la vista—. Quiero disculparme por mi comportamiento estúpido. Te he tratado pésimo y de verdad lo lamento. Sólo te pido que la cuides o no me arrepentiré de todos los insultos que te he dicho. Ah y siento haberte llamado chucho.
—Y yo siento haberte llamado Eduarda la Reina de las Mariposas. No, en realidad, no. Fue muy gracioso —todos explotaron de la risa al unísono. Ambos estrecharon las manos para hacer las paces aunque los ojos de Edward decían algo más, algo que realmente no pude reconocer.
El almuerzo siguió normalmente, aunque cuando sonó el timbre, Jacob llamó la atención de todos.
—Hey, tengo una propuesta para hacerles. ¿Qué les parece ir a First Beach en parejas este miércoles?
—Nosotros nos unimos —Alice habló por ella y Jasper.
—Llevaré mi pelota de Rugby —dijo Emmett.
—Tendré que ponerme ropa desagradable, pero iré —Rosalie sonrió.
—Es una excelente idea, Edward y yo iremos —Félix aceptó.
—Bien, creo que el miércoles tenemos planes —dije feliz. Todos gritaron de alegría.
~~O~~
—El último en llegar encenderá la fogata —Jacob nos retó y todos corrimos hasta la arena. Rosalie bufó al llegar última y todos comenzamos a molestarla.
Afortunadamente el día estaba precioso. Aquel miércoles decidimos saltarnos las clases para poder aprovechar los pocos rayos ultravioletas que nos ofrecía el clima de Forks. Todavía no eras las dos de la tarde cuando llegamos emocionados hasta la playa. Disfrutaríamos ese día al máximo.
—De todas formas, no iba a caminar mucho, no quería ensuciarme —nos miró de mala gana mientras apilaba unas ramas que había cerca. Emmett decidió quedarse a ayudarla.
—Iremos a dar una vuelta, chicos —Jasper tomó de la mano a Alice y se perdieron entre las rocas. No quería ni siquiera imaginar que estarían haciendo en unos minutos. Vi también como Edward comenzó a caminar de cara al mar y Félix lo siguió.
—Ven, hay algo que quiero que veas —Jacob me tomó de la mano y comenzamos a caminar por la arena. Llegamos hasta un tronco que tenía un color blanco, producto de la sal del mar. Era enorme y juro que al principio me costó descifrar qué era exactamente y por qué estábamos allí. Jacob saltó y de un solo brinco, ya estaba sentado en ese pedazo de madera.
—Vamos, tonta, te ayudaré —bromeó y me tendió la mano para que pudiera ponerme a la par de él. No logré subir en los primeros intentos, pero finalmente Jake tuvo la fuerza para levantarme y acercarme a él. Sentada desde allí, podía ver a mis amigos —salvo Jazz y Alice, por supuesto. Edward miraba el mar pensativo, con las manos de Félix rodeando su cintura por atrás. El paisaje de First Beach era increíblemente hermoso.
—Bells —Jacob llamó mi atención—. ¿Alguna vez te dije que eres una chica muy bonita? —preguntó sonrojado. No pude evitar soltar una estruendosa carcajada. Él me miro, confundido.
—¿Desde cuando haces cumplidos? No pareces tú.
—Entonces si no debo hacer cumplidos, ¿cómo tendría que hacer para poder darle un beso a una chica y que ella me corresponda?
—Deberías besarla y ya.
En ese momento sus labios chocaron con los míos de una forma violenta, pero sensual. Le correspondí el beso como si mi vida dependiera de ello, con urgencia, con cariño. Rápidamente su lengua pidió permiso para encontrar la mía y fue imposible negarme. Me sujetó por la cintura y me abrazó a su cuerpo con cariño. Yo rodeé su cuello con mis manos. Todo mi sistema nervioso estaba temblando. Ahora me daba cuenta que realmente me importaba Jacob. Él no era Edward, definitivamente, pero tal vez podría serlo algún día. Estaba tan compenetrada en el beso que casi no oí el grito que profirió mi mejor amigo a diez metros de nosotros.
Edward's POV
Me declaraba culpable de haber sido un asno con mi mejor amiga durante todo el fin de semana. Aún no comprendía como Bella había logrado perdonarme sin pedirme explicaciones por todo lo que había hecho. Yo era cien por ciento consciente de que había estado comportándome como un imbécil sólo porque Jacob no me agradaba. Una parte de mí se preguntaba por qué demonios reaccionaba de esa forma, mientras que la otra disfrutaba volver loco a ese chico que quería arrebatarme a mí ángel. Finalmente, supe que debía aceptar el viaje a la playa todos juntos para no levantar sospechas ante mis infundados celos. Bella había notado todo desde un principio, obviamente, pero rogaba porque no se lo dijera a nadie más. No quería que todos me odiaran por mi reconocida actitud de sobre protector con ella.
Caminé hacia el mar, tenía ganas de acercarme y sentir las olas chocar mis pies y el viento tocar mi rostro. Dos brazos me tomaron de sorpresa por la cintura. Mi novio apoyó su cabeza en mi hombro y nos quedamos por unos minutos mirando el horizonte. Escuché una carcajada a mis espaldas, una carcajada que reconocería en cualquier lado. Me volteé para buscar a Bella con mis ojos y me encontré con una imagen que me destruyó el corazón. Aguarden, ¿dije el corazón? ¿Qué carajos me estaba pasando? Ver a Bella besándose muy apasionadamente con el perro despertó otra vez la ira que había logrado apaciguar dos días antes. Me volteé, logrando que Félix se soltara y comencé a caminar en dirección a la nueva pareja feliz.
—¡Edward, cuidado! —mi novio me advirtió, pero no lo escuché. Sentí un dolor punzante en la planta de mi pie izquierdo. Genial, me había clavado una puta botella de vidrio roto. Me senté en el suelo, aullando de dolor y noté cómo la sangre corría por mi talón. Pude observar como todos mis amigos corrieron en mi dirección, encabezados por Bella, que al ver la sangre se cubrió la nariz y comenzó a caminar más rápido.
—¡Edward!
—Mierda —grité de dolor al intentar sacarme el vidrio del pie.
—Carajo, esto se ve horrible —Bella tomó asiento a mi lado para ayudarme. Tenía los labios hinchados. Maldito perro buen besador. Mi amiga tomó mi pie con cuidado para examinarlo mejor.
—¡Ouch! —aullé, ya exagerando un poco. Me gustaba que ella se preocupara por mí. — ¿Estás bien? —miré a Jacob, con odio. Y luego a mi amiga, quien lucía feliz. Y yo seguía sin comprender por qué estaba TAN molesto.
—No, estoy mal. Estoy jodidamente mal.
