Yoh

Lindo.

Trasero.

Pasé una mano sobre mi barba mientras veía como Anna Kyoyama abandonaba la cabaña como si estuviera huyendo de alguien. Me pregunté... ¿qué demonios había sucedido entre nosotros?

Esa mirada...como si acabara de ver algo dentro de mi. Como si hubiera visto a través de mí, en realidad.

¿Qué fue eso? ¿Y las lágrimas...? No le había dicho nada tan ofensivo como para hacerla llorar. O eso creía. Y no me hagan empezar con las suaves y delicadas curvas de su cuerpo que acababa de experimentar de primera mano cuando tenía mis brazos alrededor de ella.

Aún era tan irritante como la primera vez que nos conocimos, y no olvidemos su incapacidad de caminar sin matarse a cada momento, y por supuesto, era más que obvio que a la chica se le habían cruzado unos cables...si, había muchas cosas que me irritaban de ella, pero dejando eso de lado, la mujer era de buen ver. Si combinamos eso con el pequeño y triste detalle que había sido demasiado tiempo desde que había sentido el cuerpo de una mujer presionado contra el mío de la forma en el que ella estaba...bueno, solo digamos que no pasaron muchos segundos para que mi cabeza se inundara de ideas locas. Ahora que lo pienso, creo que fue una bendición que ella se fuera.

De cualquier forma las fantasías llegaron, y ahí estaba yo, pensando en esas caderas y en la forma en la que se movían cuando caminaba.

Tal vez era su personalidad, un poco inocente y refinada, la que me arrastraba hacia ella.

Tal vez era su actitud obstinada.

Podían ser las dos, o ninguna. Continué mirándola hasta que su carro desapareció. Fuera lo que fuera, ella me estaba afectado en más de una forma.

¿Qué utilizará debajo de esa falda?

Tal vez un poco de encaje para contrastar con toda esa rigidez.

No sería muy difícil ir tras ella, acorralar sus manos sobre su cabeza, puede ser contra la pared de la cabaña...subir esa falda que lleva sobre su cadera y verificar mi hipótesis. Está claro que antes tendría que besarla, probar esa boca, evitar que hable.

Humedecí un poco mis labios de solo pensarlo.

No creo que sea muy difícil hacer que termine. Ella no se veía como alguien que anduviera acostándose con medio pueblo. Dios, me pregunto si sabrá siquiera que se siente tener un poco de placer oral.

Tenía que parar o iría corriendo a hacer realidad todas esas malas...malas fantasías que tenía sobre esa mujer. Me obligué a regresar a la cabaña y fui directo al refrigerador.

Necesito otro trago.

Me di cuenta que me faltaba poco para que me quedara sin alcohol, de nuevo, y ya estaba empezando a sentir la culpa y el dolor que me perseguían desde hace casi un año.

"No quieres hacer esto, Yoyo," me susurró mi hermano dentro de mi cabeza, pero la forma en que lo dijo fue totalmente diferente a como lo había escuchado en su último día.

Cerré mis ojos e intenté no pensar en ese día.

"Claro que si," le dije y me acabe mi última cerveza en un tiempo record, intentando callar su voz. Me maldije por pensar que un par de six packs me ayudarían con esa tarea.

Esta vez solo me tomó un par de intentos prender la Pick Up, manejé hasta la calle principal y seguí hasta llegar a su "centro comercial", era una lástima que la vinatería estuviera cerrada.

Genial.

Manejé un poco más, mirando el pintoresco paisaje y busqué algún bar, tenía que haber por lo menos uno, ¿cierto? Para mi buena suerte, así fue. No estaba tan lejos de la cabaña.

Había suficientes carros estacionados alrededor para convencerme de ir, seguramente vendían buen alcohol o tenían un excelente servicio, tal vez ambos. Se podía leer "Great Spirit" en el letrero neón. Me aventuré a entrar y me dispuse a conocer a mi nuevo bartender favorito.

Yohmei Takabe no era un hombre grande, ni corpulento, pero transmitía fortaleza. Sus nudillos tenían marcas de haber participado en suficientes peleas, algunas podían ser recientes, estaba casi seguro que podía defenderse perfectamente, incluso, de hombres más jóvenes y entrenados. Sus canas no daban la impresión de que fuera débil. Servía tragos, corría a algunos idiotas que ya habían bebido lo suficiente y mantenía un nivel de humanidad decente en el bar. Su bar.

Me dio un apretón de manos y se presentó cuando me vio en la barra. Me sirvió un trago y sólo se acercaba cuando se lo pedía.

Este era mi tipo de bartender.

Estaba acercándome al punto donde ya no oía a mi hermano más, cuando unas largas piernas se sentaron en el banco que estaba a mi lado, escuché como Yohmei la saludaba con un tono familia.

"Hola, Jeanne."

"Hola, Yohmei. ¿Quién es tu nuevo amigo?"

La miré y ella me sonrió de forma coqueta, yo solo fruncí mi ceño. Aunque, esta era la interacción más agradable que tenía con una mujer desde que había llegado a Aomori, asi que...alcé mi cabeza en forma de saludo.

Yohmei limpió la barra con una pequeña toalla que llevaba colgada en su bolsillo del pantalón y colocó una servilleta frente a la chica. "Yoh Asakura, Jeanne Aihara, es dueña de la pastelería que está a unas cuadras."

"¿En serio?", pregunté sin querer escuchar la respuesta. Miré su escote (que obviamente ella quería enseñar), y vi que era su mejor atributo y eso no era decir mucho. Su falda era demasiado corta, y al sentarse subía aún más, enviaba una señal muy clara, ella estaba en ese bar por una sola razón...quería acostarse con alguien. Usaba demasiado maquillaje y su voz era un tanto molesta. Sin mencionar que no era partidario de lo dulce.

Puede que haya ido muy lejos al afirmar que ella no era mi tipo, ni siquiera sabía si aún tenía uno. O si importaba.

Su sonrisa creció y sin siquiera girarse a ver a Yohmei le dijo, "Quiero un Martini Sucio, Yohmei, que sea doble y ponle tres aceitunas."

"Pórtate bien, Jeanne," él le advirtió antes de preparar su trago, me daba la impresión de que a ella no le gustaba que alguien la estuviera cuidando.

"Sucio, ¿eh?" Murmure y tomé un largo trago de mi whisky, ella levantó una ceja.

"Así es, rápido y sucio para ser precisos."

No va a suceder, chica.

Cuando Yohmei regresó con su trago ella tomó el palillo que tenía las aceitunas y mordió una intentando seducirme.

Cosas como esas no funcionaban conmigo. Suspiré molesto y rodé mis ojos.

"Y, ¿qué te trae a Aomori?" Me preguntó.

La ignoré, por desgracia Jeanne Aihara era una de esas mujeres que no paraban de hablar, ella no se dio cuenta de que quería estar solo. Habló sobre azúcar y parfaits...los cupcakes entraron también en su perorata y por alguna razón yo me deprimí aún más de lo que estaba. Extrañaba los momentos de silencio que compartía con Yohmei.

"Hola, Sr. Takabe, tiene alguna mesa libre?"

Estaba a punto de terminar mi trago para regresar a la cabaña para disfrutar de un poco de paz y silencio cuando escuché esa voz.

Parecía relajada...más casual de lo que jamás la haya visto, pero aún era ella.

De repente estaba de humor para quedarme un poco más.

Yohmei sonrió desde el otro lado de la barra. Y por la dirección que tenía su mirada podía decir que ella estaba parada detrás de mí. "Anna, ¿cuántas veces tengo que decirte que me llames Yohmei."

Ella rió y me molesté. Era la primera vez que había escuchado a esa mujer reír desde que la conocí.

Jeanne deslizó una mano sobre mi muslo, parecía marcar su territorio, o algo por el estilo. Se giró para saludar a la loca. "Hola, Anna."

Miré la mano que parecía lista para subir a mi entrepierna, quería moverla, alejarla de mi incluso, pero estaba borracho y el contacto se sentía un poco agradable, hubo un momento en que esperé un poco más.

"Jeanne, ¿cómo te va con la pastelería y quién es..."

Su mirada llegó a mí y se detuvo. "Oh."

"¿No es el hombre que..." Dijo su acompañante.

"Si, busquemos una mesa, Len"

El trajeado. La noche cada vez se estaba poniendo mejor. Me gire e intenté sonreír, pero fue más una mueca. "No se vayan por mi culpa," les dije, Anna se detuvo de inmediato. Cuando me vio algo en sus ojos detuvo lo que iba a decir y me recordó algo.

La señalé con mi vaso. "Me debes una sudadera."

Jeanne malinterpreto las cosas. "¿Ella tiene tu sudadera? Vaya, Anna, trabajas rápido."

La Srta. Kyoyama soltó una especie de bufido y me levante, haciendo que mi muslo perdiera todo contacto con la mano de Jeanne, saque al trajeado de mi camino y me dirigí a mi objetivo. "Era un recuerdo y lo quero devuelta Srta. Kyoyama."

"Te la regresaré, está en la lavadora", me aseguró ofendida por mis palabras.

"¿Hay algún problema aquí?" Yohmei preguntó detrás de la barra, yo señalé a Anna y le dije mi queja. "Si, aquí hay un problema, esta mujer robó mi sudadera."

"Yo no robé tu sudadera," se defendió con es voz tan molesta que ya conocía. "Tú me la lanzaste."

"¿Tú se la lanzaste?" Jeanne, de nuevo.

"Ella tenía frio y estaba mojada," le dije a Jeanne un poco molesto, volví a ver a Anna con algo más que enojo. "Estabas tan fría y...mojada", con eso expulsé todas las fantasías que había tenido de ella desde que se fue de la cabaña. Sus mejillas se sonrojaron y, por más que lo intenté, no pude evitar darle una mirada a su cuerpo.

"¿Anna?" Yohmei Takabe, claramente, conocía mucho mejor a la Srta. Kyoyama, ella no era sólo una cliente para él, parecía una amiga.

Nuestras miradas se encontraron y ella le respondió. "No se preocupe, Sr. Takabe," recuperó su compostura y le pidió al trajeado que encontrara una mesa mientras ella se iba rápido al tocador.

Len sonrió y apretó su mano como el caballero que se supone que era, se alejó como un buen chico y buscó una mesa. Antes de que Anna cumpliera su misión en el baño miró a Jeanne quien se paró y dijo, "Yo también voy al tocador, guapo...regreso en un segundo."

Creo que le sonreí cuando se fue.

Anna Kyoyama se quedó lo suficiente para decirme, "Tenga cuidado con Jeanne, Sr. Asakura, no puedo decir que sea una mala repostera, pero honestamente, no es la mejor opción para tener una cita, si me lo pregunta."

Mire como Jeanne contoneaba su trasero mientras cruzaba el bar. No era tan lindo como el de la Srta. Kyoyama, pero..."No lo hice..." Me encogí de hombros. "Y ella parece bastante agradable."

Anna giró sus ojos. "Está ebrio. ¿Necesita que le llame un taxi?"

Alce una mano dándole a entender que me esperara mientras me terminaba mi trago. "No gracias, estoy seguro que Jeanne se puede encargar de mí."

Eso tenía doble sentido. Era para herir. Y lo logré.

Ella me dio la espalda y se marchó sin decirme nada más, me sentía contento por lo que había logrado, hasta que noté la mirada irritada de Yohmei.

"¿Qué?"

Sus ojos señalaron la dirección por la cual se había ido la Srta. Kyoyama. "¿Te quieres comportar como un patán con todas las mujeres? Adelante, hijo, pero esa chica es la nieta de una de mis mejores amigas y es una buena persona. Eso significa que está fuera de tus límites. ¿Entiendes?"

Saqué dinero para pagar mi cuenta y la propina y los deje sobre la barra.

"Te entiendo, gracias por las bebidas."

No espere a que Jeanne regresara. No quería, ni necesitaba, que me llevara a la cabaña, tampoco estaba interesado en convertirme en su juguete sexual. Ya conocía a las de su tipo, no necesitaba ese drama en mi vida.

De alguna forma logré esquivar a las personas y llegar a la salida del bar, hasta que me encontré con la mesa del súper dúo.

Anna tomó sus bebidas evitando que yo las derramara y el trajeado, bueno, él sólo me veía.

Alcé mis manos en señal de paz. "No sé preocupen, ya me iba."

"¿En dónde está Jeanne?"

"No me importa."

Seguí moviéndome hasta que llegué a su lado de la mesa, Anna se veía como una gatita nerviosa intentando esquivar un auto.

Era un poco gracioso, pero no me reí. Me moví para un lado y ella parecía imitarme, hasta que se detuvo y pude esquivarla, cuando pasé a su lado nuestros hombros chocaron. No le imprimí tanta fuerza al golpe, pero sólo eso basto para desestabilizarla, parecía que iba a caer, se aferró a mi brazo para recobrar su balance.

Escuché como dio un pequeño grito, como si hubiera sido golpeada por una ráfaga de viento, y me di cuenta de lo que iba a suceder. Justo como unas horas antes en la cabaña, mis instintos salieron a flote y la tomé por la cintura evitando que cayera sobre su trasero.

"Woah, con cuidado, Anita." Las palabras se me escaparon y por poco pierdo mi equilibrio, casi matándonos a los dos esta vez, y haciéndome pensar que tal vez no era buena idea intentar salvar a la damisela en peligro cuando tienes ocho whiskeys en tu sistema. Olvide esa idea cuando me encontré con los ojos de Anna.

Reconocí la expresión de su rostro, como si hubiera sido quemada dentro de mi alma, o algo por el estilo. Era similar a la que me había dado en la cabaña.

Pero esta vez no estaba llorando, aunque era muy similar. Ella parecía confundida, y...me daba la impresión que quería que la subiera a la mesa y...

Mierda.

Por suerte, ella no huyo como la última vez. De alguna forma encontré el valor necesario para decirle, "Necesita trabajar más en su caminar, Srta. Kyoyama. No siempre estaré aquí para protegerla."

Su semblante cambio de inmediato, como si le hubiera dicho que su gatito había muerto o algo.

Iba a preguntarle que significaban todas esas mirabas que me dada, hasta que noté otra mano sosteniendo su brazo.

El trajeado, también conocido como: la cita.

Me separé de Anna sin dejar de mirarlo.

"¿Te encuentras bien, Anna?" Le preguntó, mientras me daba una mirada que decía aléjate. Quise reírme, yo no estaba detrás de su mujer. Y, aunque lo estuviera, no había forma de que me alejara utilizando únicamente una estúpida mirada. Si quisiera salir con la Srta. Kyoyama, ya lo habría hecho. Fin de la historia.

No escuché nada más porque seguí con mi camino hacia la puerta trasera, cuando llegué a ella la empujé como si me enojara el simple hecho de que existiera.

Pase una mano sobre mi horrible cabello y busqué mi horrible camioneta, que esperaba aún estuviera estacionada en algún lugar de este horrible pueblo.

No podía recordar en dónde me había estacionado y eso me estaba molestando más de lo que la maldita puerta lo había hecho.

Caminé hasta el lugar donde muchas personas habían encontrado un lugar para dejar su auto y busqué la Pick Up. Una voz detrás de mí preguntó, "¿Te vas a ir sin Jeanne?" Su tono era una extraña mezcla entre molesto y dulce. Supe, por lo menos, que esa voz no era de la repostera, oh no, era otra persona, una mujer de la que no me podía librar...ni siquiera para tener un poco de paz.

Aún me sentía molesto, aún necesitaba encontrar mi camioneta y aún no tena ganas de charlar, así que use una respuesta corta. Al menos esta vez.

"¿Celosa?"

"Para nada" respondió

Escanee el estacionamiento de nuevo, aún no había rastros de la Pick Up. "¿Entonces qué quieres?"

Ella aclaró su garganta. "Puedo llamar a un taxi por ti."

"No gracias."

"No deberías de manejar en ese estado."

Me acerqué a ella, no estaba de humor para tener una niñera. "¿Acaso te pregunté?" Me acerque un poco más. Me irritó su reacción que tuvo, ella se estaba alejando.

Su respuesta me hizo acercarme aún más.

"Yo sólo..."

"Tú sólo ¿qué? ¿Querías venir aquí y jugar con mi cabeza un poco más?"

Eso era cierto. Ella definitivamente estaba jugando con mi cabeza en todas las formas posibles. Me confundía y ya estaba harto de sus cambios de humor. Quería que me dejara solo, pero ella no parecía entender ninguna de las señales que le enviaba, y eso me estaba matando.

Ni siquiera la pequeña brisa que jugó con su cabello me hizo cambiar de opinión sobre esa mujer.

Mientras más me acercaba, ella se alejaba más. Su espalda tocó la pared del bar y sus manos se colocaron a cada lado de esas piernas tan sexys que tenía. Vi la forma en que su cadera se movía, como si buscara una salida, intentando escapar de esta situación.

Caminé un poco más eliminando el espacio entre nosotros, imágenes de encaje y ropa interior regresaron a mi cabeza.

"¿Qué estás haciendo?" Me preguntó, su tono era forzado, como si hubiera perdido su voz. Levanté mi ceja de forma presumida como respuesta.

Sólo dame unos minutos y te enseñaré.

Cuando al fin estuvo a mi alcance, toqué su tela que cubría su cintura.

La curiosidad me mataba.

"¿Que tiene bajo esa falda, Srta. Kyoyama?"

Las palabras salieron sin mi permiso. Originalmente planeaba decirle lo que pensaba sobre ella...todo menos eso.

"Yo...no es de tú incumbencia." Me dijo intentando sonar irritada, aunque no lo parecía.

Me incliné hacia ella y respiré un poco de su delicioso aroma. "Ya lo es."

"Sr. Asakura..." Murmuró. Pude sentir como su pecho rozaba con el mio al inhalar aire y como se alejaba cuando exhalaba.

"Hueles espectacular, ¿lo sabías?" Suspiré su aroma, quería incomodarla...quería que me detuviera...no quería que me detuviera.

Volvió a tomar aire y lo dejó salir. Perecía que se quedaba sin oxígeno. "Tú hueles a alcohol," me advirtió. Sonaba molesta por mi cercanía.

Mi nariz encontró un lugar cerca de su cuello, mi boca se acercó a su oído. "Qué te parece si me das una razón para no beber, ¿eh?" Le pregunté un tanto enojado de que ella mencionara lo obvio. Intenté quedarme quieto al hablar, mi mano tocó su cadera mientras que la otra se apoyaba en la pared del bar.

Hablé un poco más fuerte esta vez. "¿Qué te parece si me ayudas a lidiar con toda la porquería que me atormenta a diario en mi cabeza?"

Ella no me respondió y yo no lo tomé como una negativa.

Me acerqué aún más a ella, dejando sólo unos centímetros de distancia entre nosotros.

"¿En dónde está tu novio?" Le pregunté y moví mi mano hasta su cintura. Tenía una muy bonita cintura.

"Él...no es mi..." dijo mientras mis dedos jugaban con la tela de su blusa, queriendo quitarla para que pudiera sentir la piel debajo.

Sonreí un poco al ver que la fantasía que tuve sobre la Srta. Kyoyama en la tarde se estaba volviendo realidad, aunque no tenía sus manos sobre su cabeza como lo había imaginado, pero eso o importaba.

"Tienes unas caderas muy bonitas," le dije en un suspiro, no pude evitarlo. Su respiración se detuvo de nuevo por mi toque y decidí arriesgarme aún más.

"Hace mucho que no me acuesto con una buena mujer, Anna." Admito que no es una de mis mejores líneas, pero el alcohol tiende a liberar los sentidos más básicos y animales y yo siempre me porto como un animal cerca de Anna Kyoyama.

Incliné más mi cabeza para poner (por fin) mis labios en su muy besable cuello, ella tomó aire y se relajó por completo.

Antes de que mi boca pudiera hacer contacto real, antes de que pudiera devorarla entera, sentí un dolor insoportable en la entrepierna. "No te vas a acostar con esta mujer, Romeo." Anna encontró su voz.

Su rodilla aún seguía en posición de ataque, mientras que pequeñas lagrimas se escapaban de mis ojos, mis manos cubrieron la parte afectada y me tiré al suelo, a lo lejos pude escuchar la risa de otra persona.

Anna se relajó dejando a su cuerpo recargarse sobre la pared. "Creí que nunca llegarías, Horo."

Él volvió a reír. "Lo siento, Anna, tenía que asegurarme que alguien me cubriera mientras venía al rescate."

"¿Qué demo...?" El dolor aún no disminuía y lo único que pue hacer era soltar alguna maldición, pero no intimidaba a nadie.

"Estoy aquí para llevarte a casa, Yoh."

Me ayudó a levantarme de mi posición fetal. "Estoy muy seguro que le dije a tu amiga que no necesitaba a ningún maldito chofer."

De alguna forma conseguí encontrar la Pick Up, saqué mis llaves de mi bolsillo y caminé hacia ella.

"¿Te encuentras bien?" Horo Horo le preguntó con tono de burla. "Estás un poco sonrojada."

Ella no respondió, supongo que para que yo no la escuchara. Después de unos minutos ella dijo, "Gracias, Horo Horo. Creo que regresaré con Len...llámame mañana."

"De acuerdo. Saluda a Yohmei por mí."

Llegué a la Pick Up e intenté abrir la puerta, pero la llave no entraba. Me pregunté cuando fue que el ojo de la cerradura se había vuelto tan pequeño.

"Yoh."

"Estoy bien, Horo Horo." Le hice una seña para que se fuera. "Lamento que tuvieras que venir hasta acá."

Llave equivocada, idiota.

"¡Sí!" Encontré la correcta y abrí la puerta. Llegué al asiento del piloto y me recargué por unos segundos en el volante.

"Puedes matarte, amigo...o peor, puedes matar a alguien más."

Mierda.

Cuantas veces no había utilizado yo esas mismas palabras en Tokio, y ahora no me importaba nada de eso. Ya había pasado el punto donde las personas utilizaban la lógica.

Lo ignoré e intenté encender la camioneta.

"No te atrevas a manejar a mi bebé estando ebrio, Yoh." Las bellas palabras de mi hermano sonaron en mi cabeza, sentí como mi quijada se apretaba y fruncí el ceño ante el hecho de que el fantasma de Hao no me dejaba sólo ni por un segundo.

Miré con ira al bastando presumido, mientras lo veía sentado a mi lado con esa mirada que siempre tenía cuando pretendía ser mi padre. "Ya no es tu bebé," gruñí.

Horo Horo, quien estaba parado a mi lado, dijo, "Tal vez no es una bebé, pero Anna es como una hermana pequeña para mí y la considero mi responsabilidad, Yoyo."

Aparté mi vista de Hao y la fijé en Horo Horo.

"¿Cómo me llamaste?"

Él parecía un poco confundido. "Uh...Yoh?"

"Claro." Me froté los ojos intentando distinguir la realidad del alcohol y, antes de que lo supiera, las llaves de la Pick Up ya no estaban en mis manos.

"Muévete, Don Juan."

Lo hice, pero sólo porque estaba tan fuera de mí que no tenía nada de fuerzas para golpearlo por haberme quitado las llaves. Hao desapareció.

Horo Horo encendió el motor al primer intento, yo gruñí molesto. "Suerte de principiantes," le dije, él sólo sonrió y comenzó a manejar.

En todo el caminó Horo Horo habló sobre muchas cosas, creo. Dijo algo sobre él, el pueblo, Anna...no comprendía nada. Yo seguía entrando y saliendo de un sueño, simplemente no me importaba lo que él decía.

Recuerdo que me ayudó a entrar a la cabaña. Recuerdo que me dejó en el sillón, recuerdo que me deseó una buena noche y recuerdo que pensé en lo buena persona que era por no golpearme cuando me excedí con su amiga.

Después caí en un mundo oscuro donde sólo había malos sueños y memorias aún peores que se transformaban en mi infierno personal.

En otras palabras, era lo mismo de cada noche.


San Francisco está perdiendo, se fue la luz en el estadio y tengo muchísima tarea. ¿Ustedes cómo están? ¿Les gustó el capítulo? Espero que sí.

Yoh vuelve a ser un idiota, pero compréndanlo, su pasado se lo está comiendo y sólo encuentra consuelo en el alcohol. Y Anna se siente extrañamente atraída hacia él (aunque no lo quiera admitir). Los dos tienen cosas que superar, y tal vez, en algún momento, puedan estar en el mismo lugar sin arrancarse la cabeza el uno al otro…o eso espero.

Las quiero y ya saben que amo todos y cada uno de sus comentarios. Nos leemos pronto.