Esta historia no me pertenece... es una obra original de Miko Fleur quien muy amablemente me permitió y autorizo compartirlas con ustedes usando los personajes de CANDY CANDY... espero les agrade tanto como a mi..."
cotapece: el llamado de la sangre es fuerte...
Sakura93 : MMMM... él pudo haber se dado cuenta solito sacando las cuantas
passcusa: gracias... pero ni yo misma se con quien quedara...Miko aun no actualiza mmmm... el suspenso tambien me mata
hildywhite: Hello!Welcome, Thank you for your words will have to wait with who gets the blonde
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Los Labios del Pecado
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II parte Capitulo V
El camino a su hogar fue en un gélido silencio por parte del conductor. Candy comprendía perfectamente que su pareja se encontrara molesta pero sentía que había algo que no cerraba del todo.
Estaciono el automóvil frente a la casa, pero ninguno hizo el menor movimiento por salir. Suspirando, miro por primera vez a la rubia con una mirada seria.
- ¿Cuál es el tipo de relación que hay entre Terry y tú?- le pregunto sin dar vueltas en el asunto.
Comprendiendo que no podía prolongar mas parte de su gran secreto, decidió revelar lo estrictamente necesario ya que tenía miedo de la reacción del rubio.
- Salí con el tiempo atrás- le explico- Pase malos momentos a su lado y me aparte de su vida. Por favor, no deseo hablar más del tema por ahora pero te aseguro que no me interesa volver con él.
Suspirando pesadamente, Albert acepto no muy convencido ya que no le había dicho casi nada. Sin embargo, la afirmación de que no estaba interesada más en el castaño lo tranquilizo lo suficiente como para dejar pasar el tema por un tiempo. Se acercó y deposito un tierno beso en sus labios.
Nada le estaba saliendo bien. Por si fuera poco con la situación de Candy, acababa de recibir una llamada de Inglaterra donde le informaban sobre unos problemas en la empresa que poseía allí, que requería su presencia inmediata antes de que se agravara aun más. Su secretaria había logrado conseguir un viaje para el día siguiente y Susana (quien viajaba con él) se encargaba de prepara las valijas.
Llamaron a la puerta de su oficina y entro sin prólogos ni ceremonias un apresurado Niel.
- Hola amigo- lo saludo serio ya que el empresario lo había llamado muy acelerado pidiéndole que estuviera esa misma mañana en la empresa- ¿Qué es lo tan urgente que necesitas?
- Gracias por venir, Niel- respondió sinceramente- Mañana debo salir a Londres por un tiempo indeterminado ya que las cosas allí están que arde. Pero antes de irme, deseo pedirte un favor.
- El que sea- le aseguro el joven asombrado, ya que Terry raramente pedía favores.
- Quiero que te mantengas cerca de Candy.
Niel lo miro fijamente en silencio por unos minutos. Se había enterado de todo por el mismo Terry luego del encuentro en el restaurante hacia una semana. La noticia del embarazo de Candy y que se encontraba en pareja con nadie más que Albert Andry, le había sido muy sorprendente y comprendió porque del estado anímico de empresario.
- Solo quiero que la visites constantemente y me informes por cualquier eventualidad importante- suspiro mirando un punto pedido en su oficina.
- Lo haré con gusto- le afirmo con una sonrisa.
El silencio los invadió, dejando que sus miradas se comunicaran sin intermedio de palabras. Además, Niel sabía que Terry era reacio a admitir sus sentimientos en voz alta, no obstante la preocupación, necesidad y profundo alivio que le mostraron sus ojos azul verdoso mediante el discurso que le dio, le demostró al fotógrafo que Terry comenzaba de dejar de mentirse un poco.
Albert se encontraba hablando con su principal socio, su primo George sobre el proyecto de comprar un nuevo restaurante para comenzar a crecer hasta tener una buena cadena gastronómica. Ambos se encontraban en el inmueble que deseaban adquirir, analizando si aquel lugar era el indicado para el futuro proyecto.
- En mi opinión el lugar es el optimo- aseguro George- Solo necesita algunos pequeños ajustes y podremos darle ese toque de los años veinte que siempre te gusto tanto.
- ¿Estás seguro?- consulto, aunque él pensaba lo mismo ya que se había enamorado de la vista que daba uno de los grandes ventanales del local.
- Por supuesto- sonrió- Además, me he enterado que Archivald Cornwell desea establecerse aquí en Chicago y he hablado con su manager quién está analizando la propuesta que le hice.
El celular de Albert comenzó a sonar. Pensando en que era Candy, le solicito unos segundos a su primo y se alejo un poco para tener privacidad pero al ver la pantalla descubrió que el número que lo llamaba era desconocido.
- Hola- respondió con voz seria.
- ¿Albert?- consulto la suave voz femenina del otro lado de la línea- ¡Qué bueno es escucharte!
No podía creerlo. Había pensado que jamás escucharía su voz nuevamente luego de todo lo ocurrido, sin embargo en esos momentos ella se encontraba esperado una respuesta.
- Karen- fue lo único que atinó a responder.
- Me alegra que no me hayas olvidado- aseguro feliz- He llegado esta mañana a Chicago y me puse en plan de conseguir tu numero. Me costó un poco.
- ¿Cuánto tiempo te quedaras?
- Un largo rato, ya que me quedaré a vivir aquí- rió un poco- ¿Tendrías tiempo para tomar un café con una vieja amiga?
Albert sonrió y le aseguro que por supuesto que lo tenía. Le preguntó donde debía encontrarse y la hora. Una vez finalizada la comunicación, se acerco a su primo para informarle que debía irse para encontrarse con alguien pero que luego le llamaría para terminar lo antes posible con aquel tema.
Saliendo del lugar, camino directamente a su automóvil y emprendió rumbo al lugar donde se encontraría con la joven. Veinte minutos después se encontraba en el lugar, pero no lograba localizar a su amiga por ningún lado hasta que sintió que alguien le tocaba suavemente el hombro. Al darse vuelta, la encontró sonriéndole. Se veía tan hermosa como la última vez que se habían visto, hacía ya cuatro años. Sin esperar mucho más, Karen lo abrazo por la cintura mientras el correspondía.
- Tenemos tanto de que hablar- le aseguro la joven levantando la mirada- Quiero sabes todo lo que paso aquí en el tiempo que me fui a Francia.
- Han pasado mucho- le aseguro.
- Tengo mucho tiempo para escuchar a mi mejor amigo.
Candy se encontraba decorando la habitación de su bebé, cuando escucho que alguien llamaba a la puerta. Bajó las escaleras con cuidado, camino por la sala de estar hasta llegar y al abrir se sorprendió al ver a Niel con una cámara en mano, quien tomo una fotografía de sorpresa.
- ¡Petite bionda!- exclamo entre alegre y molesto como un niño- ¿Por qué no me contaste que estabas embarazada? ¿Por qué me privas de sacarte fotografías en tan adorable momento?
Candy no pudo más que reír por la forma tan tierna de su recriminación. Le invito a entrar inmediatamente y le pregunto si no quería que le preparase un café para poder contarle todo detalladamente.
Cuando termino de preparar el café de Niel y su té, ambos se sentaron en la sala de estar para ponerse al día de todo lo que había ocurrido en aquel tiempo sin verse.
- De acuerdo, seré piadoso- sentenció con mirada solemne- Pero en compensación, me dejaras que te fotografíe.
- ¡Eso es chantaje!- le aseguro- Además, estoy espantosamente gorda en estos momentos. No veo porque desees sacarme fotos en este estado.
- Porque tus simples ojos mortales, aunque hermosos, no logran distinguir lo hermoso y puro de tu tierno estado- explico con un cómico ademán de superioridad- Fuiste creada para mi admiración artística, acéptalo de una buena vez.
- ¿No me dejaras en paz nunca, verdad?- consulto divertida con una ceja levantada.
- Si no fuera gay, pensaría que estoy enamorado de ti- le aseguro sonriente.
Ambos rieron a carcajada limpia por el último comentario y como siempre, Candy accedió a la petición de su gran amigo.
.-.
Los días pasaban lentamente para Candy. Albert no dejaba que asistiera a trabajar, dándole permiso por maternidad, lo cual hacia que estuviese gran parte del día encerada. Pero esto cambió drásticamente ya que Niel comenzó a visitarla con regularidad, lo que agradaba de sobremanera a la rubia.
Niel la llevaba a pasear en su automóvil al parque, la invitaba a almorzar, la llevaba a su galería para que opinara sobre algunos cambios en la decoración, y sin olvidar que siempre aprovechaba para tomar fotografías de su musa.
Sabía que a Albert le molestaba un poco este acercamiento tan demandante de su amigo, pero respetaba el espacio entre ambos ya que la rubia había mejorado mucho su humor.
- Pequeña- la llamo cuando ambos se encontraban disfrutando de un helado en una cafetería - Quisiera hacerte una pregunta.
La rubia lo miro extrañada, ya que Niel no daba muchas vueltas cuando quería interrogarla en algo, por lo cual dedujo que sería un tema delicado e incomodo. Seguramente relacionado con Terry.
- Se que el bebé que esperas es de Terry- dijo por fin, seriamente- No entiendo como Grandchester no se percato de que los números no coinciden para que el bebé sea de otro hombre, porque cree que sales con Albert desde mucho antes. ¿Por qué no se lo quieres decir?
- Porque él no pertenece a mi vida- respondió sin mirarlo, molesta- Para el solo fui una prostituta. Este hijo es solo mío, no deseo que me lo arrebate.
- Pequeña…- exclamo sorprendido por su reacción- Terry jamás te quitaría…
- ¡No lo sé!- prosiguió angustiada- Después de tres años de estar a su lado, Terry sigue sorprendiéndome. Como si no le conociera en absoluto.
- Todo esto es por causa de su pasado- suspiro resignado Niel. No podía culpar a Candy por sus miedos.
- Nunca supe lo que ocurrió en su pasado- aclaro la rubia- solo sé que él no puede confiar en las mujeres. En ninguna.
Niel tomo sus manos y las acaricio suavemente, tratando de reconfortarla. Le aseguro que no diría ni una sola palabra de lo que sabía, respetando su decisión aun cuando no le parecía la mejor de todas. Candy aceptó esto, y le explico que ella no deseaba ser egoísta, solo quería facilitarle las cosas a ambos. Terry no estaba listo para esas cosas… primero debía superar sus propios fantasmas.
- En eso tienes razón pequeña- asintió el joven pero se asusto al ver el brusco cambio de semblante de la joven, que expresaba mucho dolor- ¿Qué ocurre?
- Me duele mucho- le confesó- He estado teniendo contracciones suaves desde hace unos minutos, pero la última fue muy fuerte.
- Será mejor que vayamos al hospital y llamar a Albert- sugirió Niel y la adolorida madre acepto solo con un movimiento de cabeza.
Luego de arduo trabajo de parto, Candy dio a luz a su primer hijo entrada la madrugada. El pequeño había nacido muy saludable según la opinión del doctor. Ella fue llevada a la habitación una vez que estuvo estable y su bebé fue llevado al poco tiempo.
Albert se mostraba muy feliz y le aseguraba que no había escena más hermosa que verlos juntos. Niel concordaba con aquella opinión, reía ante el tamaño de las diminutas manitas y, aunque no lo dijo, por el color castaño de su cabello. Los dos hombres se quedaron toda la noche a su lado y a la mañana siguiente recibió la visita de todos sus amigos quienes llevaron varios ramos de flores, dejando el ambiente ligeramente perfumado.
- ¿Qué nombre le pusiste?- consulto Annie mientras lo cargaba.
- Se llama Arthur, como mi abuelo- le explico Candy sonriente.
- Es un precioso nombre- le aseguro Rose mientras miraba al pequeño- Además, le va muy bien.
.-.
Niel se encontraba en uno de los pasillos del hospital, muy alejado de la habitación donde se encontraba su amiga. Impaciente ya que del otro lado de la línea aun no atendían.
- ¿Hola?- consulto una voz ronca del otro lado, notoriamente dormido.
- Grandchester, soy yo.
- ¿Niel? ¿Qué ocurre?- pregunto aun desorientado- Es muy tarde aquí en Londres.
- Llamaba para que sepas que el hijo de Candy ya ha nacido- le explico y luego di un sorbo a su café humeante- No sabía si te interesaba saberlo.
- ¿Es varón?- consulto con la voz mucho mas estrangulada, ya notoriamente despierto.
- Así es- afirmo- Un hermoso y fuerte varón.
El teléfono enmudeció por unos segundos para luego Terry despedirse brevemente alegando que estaba cansado y ese día tenía muchas cosas por hacer. Niel se despidió, percatándose de la molestia en la voz de su amigo de la infancia.
En Londres, el castaño salió bruscamente de la cama y se dirigió hacia su despacho para no despertar a Susana. Una vez en él, se sirvió un vaso de whisky que apuro por su garganta sin perder tiempo. Sentía como la ira recorría sus venas, el amargo sabor de descubrir que Candy había tenido un hijo de Albert, un hijo que él deseaba sin querer admitirlo. Pero no quería cualquier hijo… un hijo de él y Candy. La furia no le permitía analizar aquello, admitir que para él no había nadie como su pequeña rubia. Las emociones solo lo mareaban y despertaban lo más visceral de su persona.
Continuará….
