-Capítulo 6-

-Sueños-

-¡Por fín llegamos! –exclamó Sara mientras se dejaba caer sobre la cama del hotel "Paradise Inn".

Sara y compañía arribaron a Raccoon a las siete de la tarde del diecinueve de julio. Para las siete y media llegaron al hotel. Sara y las chicas estaban en una habitación y los muchachos en otra, El viaje había sido cansado, por lo cual todos se dispusieron a descansar un poco antes de salir a cenar algo.

Yoshua, Christopher, Abner y Sebas habían terminado de instalarse. Christopher miraba por la ventana consternado el ir y venir de los carros. No podía dejar de pensar en lo de la foto, y lo que Azalie le había contado acerca de Sara. En ese momento, Sebas se acercó a él.

-Ya, wey –dijo Sebas-. No es bueno que andes llorando por los rincones, no fue tu culpa. Debes explicarle eso a Sara. Si quieres yo te hago el paro. Además, ni que fuera la única vieja sobre la tierra.

-Yo digo –dijo Yoshua- que mejor ya te le declares de una buena vez. ¿Cuándo piensas hacerlo?

-Necesitaría tener un momento a solas con ella –dijo Christopher mientras se quitaba los zapatos-. Pero quiero que sea un momento que se de por sí solo.

Abner se acercó a Christopher.

-Wey, lo bueno de esto, es que al parecer le interesas. Si no, no se hubiera puesto celosa. –Aseveró Abner.

Christopher sonrió un poco. Después de todo, Abner tenía razón. Además, el asunto de Montse no le preocupaba demasiado, eso no tenía importancia. A Christopher le preocupaba otra cosa

Mientras, Sara y sus amigas se encontraban descansando. Sara se levantó furiosa.

-Wey, les juro que no soy nazi, ni racista –dijo Sara- pero… ¡Pinche prieta renegrida! ¿Quién se cree para andar colgándosele así a MI Christopher?

-¡Los elotes se están quemando! –comentó Azalie en tono burlón.

Sara volteó con sus ojos turquesa muy abiertos.

-¿Celosa yooooooooo? ¿De esa india patarrajada? ¡Para nada! Yo estoy hermosa, mi reina, ella no puede compararse conmigo. ¿Están de acuerdo? ¡Además, ni que Christopher estuviera tan bueno! ¡Ni que tuviera los ojos azules!

Azalie, Azucena y Beka intercambiaron una mirada entre ellas y rieron.

-Sara, ¿por qué te enojas? –Dijo Beka- No fue culpa de Christopher, la tipa se le abalanzó por sorpresa, el pobre no sabía cómo quitársela de encima. Yo estuve ahí, y Azucena también. Ambas podemos decirte que eso fue lo que pasó.

-Como haya sido –dijo Sara acomodándose el cabello y guiñando un ojo-. Christopher me debe pedir perdón. Que sufra tantito. Además, ya va haciendo hambre, ¿No?

-Sí –respondió Beka-. ¿Por qué no les decimos a los otros que vayamos a cenar?

-Si –dijo Azucena-. ¿Pero quién va?

-Yo voy –Dijo Sara mientras se dirigía a la alcoba de los muchachos.

Christopher leía tranquilamente el Silmarilion mientras Abner y Sebas jugaban un duelo de Yu-gi-oh! Yoshua iba saliendo del baño cuando repentinamente, la puerta se abrió de golpe, y Sara apareció ante ellos.

-¡Órale, bola de cabrones vámonos a tragar! -Dijo Sara- los esperamos abajo en el restaurante del hotel.

Sara cerró la puerta y los muchachos se miraron el uno al otro sorprendidos.

-¡Qué tierna! –comentó Yoshua

-Será mejor que bajemos –dijo Christopher mientras salía de la alcoba.

-¡Mandilón! –gritaron Abner y Sebas a coro.

-¡Cállense o los meo! –respondió Christopher.

Los muchachos bajaron al restaurante, donde las chicas los esperaban, al ser varias personas, tuvieron que juntar dos mesas para que cupieran todos. Para fortuna de Sara y de Christopher, quienes eran unos tragones de primera, esa noche había buffet. Ambos se sirvieron cantidades exorbitantes de comida.. Sara se sirvió todo tipo de comida, en especial carnes. Todos se encontraban sentados en la mesa.

-Qué bien –dijo Christopher-. Llegamos antes de lo contemplado.

-La conve es pasado mañana –comentó Sara mientras le daba una mordida a una pierna de pollo-. El veintitrés empezamos con nuestra investigación. Así que mañana disfrutaremos el día en la alberca y recorriendo la ciudad.

-Me muero por que ya vayamos al bosque de Raccoon –dijo Beka alegremente-. ¡Imagínense que en lugar de encontrar al chupacabras o a algún extraterrestre, descubriéramos que en realidad se trata de fantasmas vengativos!

-¡No, que fuera siendo la "Bruja de Raccoon! –mencionó Azalie- en lugar de "La bruja de Blair", ya saben…

-Mejor que fuera un atractivo vampiro… -expresó Azucena.

-Estoy de acuerdo contigo –Opinó Sebas.

-Prefiero los Hombres lobos –dijo Abner.

-¿Saben qué sería la mamada? –intervino Sara- Que no fueran ni fantasmas, ni brujas, ni vampiros ni chupacabras, ni hombres lobos… ¡Que fueran zombies!

-No mames, Sara -dijo Yoshua-. Eso solo pasa en las películas.

-Mugre Sara ya vas a empezar con tu necrofilia –dijo Sebas.

-Oye Sebas la necrofilia es divertida –intervino Beka.

-¡Oigan! –Exclamó Sara- ¡Yo no soy necrófila!

El grupo comenzó a hacer bromas acerca de la supuesta inclinación sexual de Sara por los muertos, las risas eran tan fuertes, que un empleado del restaurante tuvo que ir a pedirles amablemente que tuvieran un poco mas de discreción. Una vez que terminaron de cenar, salieron a tomar el fresco en la terraza del hotel para relajarse un poco. Sara sacó la guitarra y comenzó a tocar las canciones que le gustaban de Metallica, empezando por Nothing else Matters, y pasando por The Unforgiven y Unforgiven II.

-Hay que cantar algo que todos nos sepamos… -dijo Sebas.

-¡Ya sé qué canción tocar! –dijo Sara mientras empezaba a tocar.

Todos reconocieron la canción y comenzaron a cantar:

Es la historia del niño de la colina

Le gustaba inyectarse heroína

Es la historia del niño de la colina

Le gustaba, le gustaba la Paulina

Pero a ella le gustaba la María.

Y las cacha haciendo una orgía.

Y el sentía, el sentía que se moría

Se moría, se moría se moría

Y en la noche…

Se cortó las venas con una Sandía.

Después de la interpretación de tan singular canción, las risas no se hicieron esperar.

-¡Pinche canción más pendeja! –dijo Sara entre risas mientras guardaba la guitarra.

Azalie bostezó; sus ojos se notaban cansinos.

-Oigan, ya es hora de irnos a dormir, ¿no lo creen?

-Sí. –dijo Beka- Vámonos a dormir.

Sara y las chicas se fueron a dormir a la alcoba. Mientras los muchachos quienes no tenían sueño aún, se quedaron jugando cartas.

Alrededor de la 1 de la madrugada, el viento comenzó a soplar con tal violencia, que la puerta del balcón de la habitación se abrió bruscamente despertando a Azalie., quien al ver la puerta abierta, se levantó a cerrarla. Extrañamente, nadie más en la habitación se había despertado por el sonido. La joven miró a la cama de su hermana y sintió cómo el corazón dio un vuelco tremendo al ver que dicha cama se encontraba vacía. La chica volteó hacia la puerta que daba al pasillo del hotel y se encontró con que estaba abierta. Azalie se preocupó y salió de la recámara para ver si podía divisarla, miró hacia ambos lados de la habitación sin lograr vislumbrar a su hermana; entonces, salió a buscarla por los pasillos del hotel, con el sonido del viento que golpeaba las puertas sin cesar y al parecer no parecía importarle a nadie.

La joven salió a la terraza, e incluso a la alberca gritando inútilmente el nombre de su hermana con creciente angustia. Azalie salió a la calle, y a varios metros, pudo distinguir una silueta femenina. Azalie supo de inmediato que se trataba de su hermana.

-¡Sara! –gritó Azalie esperando que Sara atendiera su llamado.

La pelirroja no volteó siquiera a mirarla, simplemente se quedó ahí parada mirando quien sabe qué cosa. Azalie se encontraba lo suficiente cerca para ver que en efecto se trataba de Sara, con su largo cabello cobrizo ondeando al viento, y sus hermosos ojos turquesa fijos con la mirada perdida, Sara no parecía siquiera percatarse de la presencia de Azalie, parecía hipnotizada. Sara siguió caminando, parecía como si alguien la estuviera llamando. Azalie la siguió preguntándose hacia donde iba. Conforme iban avanzando, Azalie oía una especie de cántico… era una voz de soprano sorprendentemente dulce… La muchacha pudo notar que Sara estaba siguiendo la misteriosa voz, pues con cada paso que daban, el sonido era más cercano.

La misteriosa voz parecía provenir del cementerio de Raccoon. Cuando Sara se encontró frente al gran portón de barrotes negros, este se abrió inexplicablemente ante ella. Esa imagen fue por demás impresionante para Azalie.

Sara no se inmutó y siguió su camino. Seguida por su hermana, quien sentía una especie de miedo combinada con curiosidad. La voz cada vez se oía más cerca, Azalie pudo vislumbrar una extraña silueta caminando entre las tumbas, se trataba del misterioso cantante cuya voz venían siguiendo. Azalie se detuvo, sin embargo, Sara siguió su camino. El extraño se detuvo frente a una de las tumbas fue entonces cuando Azalie pudo verlo al detalle. Se trataba de un joven muy alto, de porte distinguido, descalzo, vestido con una extraña túnica blanca, de cabello largo, completamente lacio, su piel tenía una palidez casi cadavérica, de facciones delicadas y ojos celestes. Era el tipo de hombre que tanto le gustaba a Sara. Azalie sintió como si hubiera visto a esa persona antes, pues su cara le parecía conocida de algún lado.

El misterioso joven no pareció percatarse de la presencia de Azalie, no obstante, miraba a Sara con mucho cariño, como si se tratara de alguien muy importante para él. El individuo extendió su brazo mientras seguía cantando, como indicándole a Sara que se acercara. Sara avanzó hacia el sin inmutarse y en cuanto lo miró a los ojos, la joven sonrió con ternura y se dejó caer en el, quien la detuvo a tiempo. El muchacho la abrazó y hundió su nariz en el cabello de Sara mientras lo acariciaba con ternura. La expresión del rostro del tipo era como si llevara años de extrañarla y por fin se reencontraba con ella. Azalie se acercó a ellos silenciosamente y miró el sepulcro que se encontraba frente a ellos. Era una sencilla lápida con un querubín grabado en el mármol y el nombre que se encontraba grabado era: Lenore Marcus.

Azalie volteó a mirar al hombre que abrazaba a su hermana con tanta ternura, entonces, el sujeto volteó a mirarla y le sonrió con tal frialdad, que Azalie sintió que se le helaba la sangre.

En ese instante, la chica se despertó con todo el cuerpo bañado en sudor. En efecto esa noche venteaba demasiado fuerte. Azalie miró a su alrededor y vio a su hermana dormida en su cama.

-Vaya…- suspiró Azalie aliviada- Sólo se trataba de un sueño… sin embargo… no es un sueño cualquiera… puedo asegurar que se trata de un sueño premonitorio…

Azalie miró a su hermana dormida en la otra cama y suspiró. Se acercó a la cama de su hermana y le dio un beso en la frente.

-Pase lo que pase –dijo Azalie mientras acariciaba el cabello de su hermana- Yo voy a estar aquí para ayudarte… Y cuando encuentres tu felicidad, quiero estar ahí para verlo.

La joven regresó a su cama y volvió a dormir.

A la mañana siguiente, Azalie, Sara y sus amigos pasaron toda la mañana en la alberca del hotel. Por la tarde, decidieron dar un paseo por la ciudad.

Después de recorrer centros comerciales, parques, y centros de videojuegos, en la noche, Sara y compañía decidieron cenar en un restaurante italiano. Sara pidió lasaña y ravioles, al igual que Christopher. Azalie pidió espagueti y Yoshua comió ravioles. Los demás prefirieron Pizza.

Mientras cenaban Sara y sus amigos platicaban sobre la programación de la tele.

-Lo malo es que creo que aquí en Raccoon no podremos ver "El show del Chango güero"-comentó Christopher- ni "Goshi, el elegido"

-Si… Tendré que perderme el Show de Jirafín –dijo Beka- y "Las no tan emocionantes aventuras de los botes mutantes adolescentes vegetarianos del futuro".

-Yo quería ver "Las aventuras de Chicho, el niño con Senos" –mencionó Sebas.

-Yo me estoy perdiendo "Las crónicas de Sebastián". –dijo Sara.

Esa era la intelectual plática que mantenía el grupo; Azalie por su parte, se encontraba ensimismada pensando en el sueño que había tenido recientemente. Después de un rato, terminaron de cenar y pagaron la cuenta

En el camino de regreso al hotel, Sara caminaba por las calles de Raccoon alegremente algo separada del grupo. Por alguna razón, el lugar le era familiar. Christopher la miraba con ternura mientras ella miraba a su alrededor maravillada.

-Te ves muy felíz, Sara. –comentó Christopher.

Sara volteó a mirarlo y sonrió.

-No sé…. –dijo ella- Siento, algo de nostalgia… como si hubiera recorrido estas calles antes… Lo extraño es, que nunca había venido a Raccoon.

-Igual te recuerda algún otro lugar. –comentó Yoshua.

-O una vida pasada… -dijo Christopher.

El grupo pasó por una joyería, entonces, Sara se detuvo en seco, y se quedó mirando el establecimiento, el cual estaba cerrado.

-Yo he estado aquí… -murmuró Sara- ¿Pero cuando?

Azalie miró a su hermana y notó una lágrima deslizándose por su mejilla.

-¿Sara –dijo Azalie preocupada- estás bien?

Sara miró a su hermana y solo asintió. Azalie tomó las manos de Sara entre las suyas y cerró los ojos. Sin embargo, por más que lo intentó, no pudo ver nada… era como si ese recuerdo estuviera sellado en algún lugar de su mente. Quizá ese recuerdo era de suma importancia para Sara. Quizá haya sido una vivencia de gran valor sentimental. Azalie no pudo hacer más que abrazarla. Christopher quiso acercarse a ella, pero Sebas lo detuvo.

-Ahí vas, mandilón –dijo-. ¡Déjala!

-Pero… -dijo Christopher titubeante.

-Wey, debe estar en sus días –replicó Sebas- Déjala.

Christopher se quedó callado y sólo miró a Sara con melancolía.

Esa noche, Christopher dormía tranquilamente en la cama, cuando de pronto, oyó como la puerta que conectaba su alcoba con la de las muchachas se abría lentamente. El muchacho abrió los ojos y ante el estaba Sara, con su largo cabello cobrizo suelto, el verde mar de sus ojos felinos, fijo en el. Christopher se incorporó admirado. Sara sonrió.

-Perdóname por tratarte tan fríamente hace rato… -dijo ella acercándose a él- Pero… estaba celosa. Nunca te lo había dicho, pero te amo desde hace mucho.

Christopher la miraba sin articular palabra. Sara se quitó la delgada bata de algodón que la cubría, dejando al descubierto su piel blanca. De un momento a otro, Sara se encontraba desnuda ante él.

-Hazme tuya… -gimió ella mientras ponía la mano de Christopher sobre uno de sus pechos.

Christopher la atrajo suavemente hacia sí y la abrazó. Comenzó a recorrerla con las manos mientras ella acariciaba su miembro suavemente. El acercó sus labios a los de Sara, y ella le correspondió besándolo con la ansiedad. En ese instante, Christopher despertó, agitado y con una evidente erección.

-Maldición –Pensó-. Por un momento pensé que era verdad…

Se levantó algo agitado y se dirigió al baño, abrió la llave del lavamanos y se enjuagó la cara con agua helada. Entonces, Christopher levantó el rostro y se vio reflejado en el espejo. Entonces, vino a su mente la imagen de Sara mirando con tristeza la joyería.

-Sara… -murmuró Christopher- Si yo pudiera hacer algo…

En ese instante, la imagen de Sara desnuda, lo asaltó. Christopher volvió a echarse agua fría en la cara. Entonces, cayó en la cuenta de que había perdido el sueño,.. Así que decidió salir a la terraza del hotel a despejarse un poco.

El viento soplaba fuertemente esa noche. Sara siempre fue enemiga de dormir con aire acondicionado, así que decidió abrir la puerta del balcón de la recámara antes de irse a acostar. Sara y sus amigas dormían apaciblemente en la alcoba.

Repentinamente, una fuerte ráfaga de viento entró por la ventana levantando por completo la cortina. Cuando se calmó ese ventarrón, una extraña silueta apareció en la oscuridad de la alcoba y se dirigió sigilosamente hacia la cama donde Sara descansaba. El extraño se sentó en la cama de Sara y acarició con su mano el rostro de la joven.

Sara sonrió sin abrir los ojos y acarició la mano del sujeto.

-Por fin me encuentras… -murmuró Sara- No quiero que vuelvas a alejarte de mi lado nunca.

Sara abrió los ojos. No había nadie a su alrededor más que su hermana y sus dos amigas. Quienes descansaban en las otras camas. Sara se levantó desconcertada… En realidad había sido un sueño, sin embargo… ¿Quién era esa persona? ¿Por qué su olor le era tan familiar? Sara solo tenía esa reacción cuando soñaba algo referente a su pasado o su supuesto padre… no obstante, ese era un sueño que no parecía tener algo que ver con el pasado, sin embargo, de algún modo Sara sentía en ese momento esa nostalgia que siempre la invadía cuando soñaba a su padre, la misma nostalgia que había estado sintiendo desde que llegó a Raccoon y la misma nostalgia que se había apoderado de ella al pasar por aquella joyería. Sara se encontraba algo turbada por el sueño, así que decidió ir a la terraza del hotel a calmarse un poco.

Sara salió de su habitación para relajarse un poco, y en el trayecto hacia la terraza se encontró con Christopher.

-¡Christopher! –Dijo Sara extrañada- ¿Qué haces despierto a estas horas?

-Estaba algo inquieto –respondió Christopher mientras limpiaba sus anteojos con su camiseta- así que decidí caminar un rato a ver si así me tranquilizaba.

-Pues creo que ya somos dos. –replicó Sara sonriendo-. ¿Te parece si vamos acá a la alberca?

-Vamos. –dijo Christopher sonriendo.

Sara y Christopher se dirigieron a la alberca y se sentaron en la orilla, metiendo los pies en el agua. Christopher miró a Sara y se dio cuenta de que algo la tenía inquietada.

-¿Qué sucede? –Inquirió Christopher.

-Nada… -dijo Sara sonriendo- Tan solo es insomnio.

Christopher solo sonrió y miró hacia el cielo.

-¿Puedo hacerte una pregunta? –dijo el muchacho.

-Dime. –respondió ella.

-¿Cómo era tu papá? –preguntó Christopher.

-Pues… ya lo sabes, -dijo Sara sonriendo- es el simpático director funerario que vive acariciándose la barba que vive en mi casa y se la pasa cantando "Im just a gigoló" o cualquier canción ochentera ¡Duh!

-No me refiero a él –dijo Christopher serio-. Me refiero a la persona a quien llamas en sueños.

Sara lo miró sorprendida.

-¿Cómo sabes eso? –preguntó la joven mirándolo con los ojos muy abiertos.

-Hoy en el autobús te quedaste dormida en mí –dijo el muchacho mirándola a los ojos- Tu hablabas dormida y llamabas a tu papá en sueños… Y sé perfectamente que no se trataba del Señor Adolfo.

Sara lo miraba sin dar crédito. Christopher puso su mano sobre la de Sara.

-Sara… -dijo el joven mirándola a los ojos- ¿Tu recuerdas algo de tu pasado? ¿Algo… sobre tu anterior familia? Puedes decírmelo… confía en mí.

Sara intentaba esquivar la mirada de Christopher, quien la miraba fijamente.

-¿Recuerdas algo sobre tu papá? –Preguntó Christopher- ¿Quién era? ¿Cómo era?

Sara retiró la mano violentamente.

-¡No sé! –dijo ella molesta- Eso fue hace muchos años. ¡Además no quiero hablar de eso!

Sara se levantó molesta, Christopher la agarró del brazo impidiendo que se fuera. Sara volteó a mirarlo y Christopher notó cómo algunas lágrimas rodaban por las mejillas de Sara.

-Soñaste algo referente a él hace unos momentos, ¿Verdad? –insistió Christopher.

Sara se zafó violentamente.

-¡Eso es algo que no voy a discutir contigo! –Exclamó la chica con lágrimas en los ojos- No quiero hablarlo, así que por favor déjame sola.

-Pero, Sara… -dijo el acariciándole el cabello.

-¡Lárgate! –Vociferó ella- ¿Qué parte de "lárgate" no entiendes?

Christopher agachó la mirada y se retiró sin decir nada. Sara se quedó llorando a la orilla de la piscina. No era el interés del muchacho lo que le molestaba, si no mas bien el hecho de que ella misma no recordaba con exactitud el rostro de aquel a quien llamaba "papá", lo cual le causaba un sentimiento de desazón. Y es que si ese hombre la había amado tanto, era una ingratitud el no poder recordar su rostro, el haberlo olvidado así como así…

-¿Qué haré si un día lo vuelvo a ver y me reconoce? –se preguntaba la pelirroja…

-Así que la primera unidad de investigación ya se encuentra en el viejo centro de formación. –dijo Wesker mientras daba un sorbo a su bebida.

Albert Wesker y William Birkin solían frecuentar el bar del hotel "Paradise Inn" para hablar de los asuntos del trabajo desde que eran jóvenes, siempre se sentaban en la mesa de hasta el fondo. El lugar era tranquilo, y ambos se manejaban con mucha discreción.

-Así es –ratificó Birkin mientras revisaba unas notas sin importancia-. La segunda unidad llega para el veintitrés, aproximadamente. Sir Spencer quiere que estemos ahí para checar todo ese día.

Albert Wesker se quedó pensando un momento.

-¿En qué piensas? –inquirió Birkin.

-Nada… es solo que me preguntaba… Me imagino que no faltarán los osados que quieran buscar "el santo grial" del centro de formación.

Birkin lanzó una carcajada.

-Tú sabes que eso sólo es una leyenda… una macabra leyenda. –dijo.

-Sin embargo… tiene mucho sentido –rebatió Wesker- recuerda que nunca se encontró el cuerpo de la mocosa.

-Albert, tú eras tan cercano al Dr. Marcus como yo –dijo Birkin-. Nosotros ya lo habríamos encontrado, sin embargo nunca apareció. Lo cual prueba que esa leyenda urbana que corría entre los internos del centro de formación, no era más que eso. Una leyenda.

-¿Insinúas que Lenore Marcus está viva? –inquirió Wesker mirando fijamente a Birkin por encima de sus gafas obscuras.

-Es más creíble que el cuento de que el Dr. Marcus escondió el cuerpo en algún lugar del centro de formación o que lo tiene en criogénica –dijo Birkin con sus ojos azules fijos en el-. Esos rumores me suenan a Walt Disney… son totalmente absurdos.

-Lo que es absusrdo –dijo Wesker- Es que no te quites la bata de laboratorio ni para salir.

-No es algo que me importe mucho –Dijo Birkin-. Nunca sé cuando debo regresar. Mira quién lo dice… el que usa lentes oscuros de noche…

Birkin tuvo una extraña sensación y levantó la vista. Oportunamente para ver a la atractiva joven de cabello cobrizo que entraba al bar en ese momento, vestida con un short ligero de algodón y una delgada camisola de tirantes. La chica se acercó a la barra y se puso a pedir algo. Birkin no le quitaba los ojos de encima.

-Tan seriecito que te veías Birkin –dijo Wesker con una sonrisa burlona-. ¿Y Anette?

-Es que no había visto a una muchacha tan atractiva –respondió Birkin-. Además eso no significa que no pueda ver el menú…

-Pues no está nada mal –dijo Wesker mirando a la chica-. Es de pechos grandes y es evidente que no trae sostén… aunque a decir verdad, ya sabes… no me agradan mucho las pelirrojas…

-Ya sé por quien lo dices –replicó William riendo-. Pero debes reconocer que era una niña preciosa.

El rubio de la bata de laboratorio miraba insistentemente a la pelirroja.

-Aquí huele a marido infiel –comentó el rubio de lentes oscuros.

-Pues si se me diera la oportunidad de tirarme a esa pelirroja, ni loco la desaprovecharía –dijo Birkin-. Ya sabes, uno a veces necesita distracciones, y últimamente he estado presionado… y amo a Anette, pero eso no significa que me niegue a una pequeña aventurilla…

Mientras, Sara se encontraba tomando una piña colada en la barra, aún seguía agobiada por el extraño sueño de hacía unos minutos, y la reciente plática con Christopher no la ayudaba mucho a animarse, por lo cual decidió ir al bar y tomarse un trago para intentar calmarse. Sara notó que alguien la observaba, por lo que miró a su alrededor. El bar se encontraba vacío, a excepción de los dos sujetos de la mesa del fondo. Ambos sujetos eran rubios, uno usaba bata blanca de laboratorio, y el otro usaba gafas oscuras, lo cual Sara encontró ridículo tomando en cuenta que era de noche. Sin embargo, el de la bata de laboratorio le había parecido atractivo, en parte por la misma bata, ya que por alguna razón, ella encontraba atractivos a los hombres que usaban bata de laboratorio, sin embargo, el hombre en sí era atractivo y la miraba con insistencia.

-El tipo está guapo –Pensó- Quizá es una buena oportunidad de ligue…

Sara se levantó y avanzó hacia donde estaban los dos sujetos, quienes siguieron hablando entre ellos.

-Hola –dijo ella- ¿No hay problema si me les uno?

Wesker se puso pálido al ver de cerca de la muchacha, cosa que Birkin notó, por lo cual alzó el rostro para ver de cerca de la chica y se sobresaltó al ver que el rostro de la joven le era demasiado familiar.

-¿Tu… -tartamudeó Birkin atónito- eres…?

-Sara –dijo la muchacha sonriendo- Me llamo Sara Andrade Garza. ¿No hay problema si me siento, William?

Ambos sujetos se miraron nerviosos.

-Bueno, si les molesta, me voy, no hay pedo… -dijo Sara mientras se daba la media vuelta.

-¡Espera! –Dijo William- ¿Cómo es que sabes mi nombre? ¿Nos conocemos?

Sara se volvió hacia el.

-Si, wey, te conocí cuando era muy niña… -dijo Sara en tono sarcástico- ¿No te acuerdas?

Albert Wesker miraba a la chica sin dar crédito. Sara inmediatamente continuó.

-¿Cómo quieres que no sepa tu nombre –inquirió Sara con una mirada irónica- si traes una placa con el logo de Umbrella donde viene escrito "Dr. William Birkin"?

El sujeto miró la pequeña placa de identificación que traía prendida a su bata y lanzó un suspiro de alivio. Si esa chica fuera Lenore Marcus, los habría reconocido de inmediato, después de todo… ¿Cómo olvidar a los empleados de confianza de su padre, con quienes llegó a pasar bastante tiempo?

-Oye, William… -dijo Sara interrumpiendo sus pensamientos- Veo que están ocupados, mejor me voy.

-No –dijo William- Ven, siéntate con nosotros. –Agregó Birkin ofreciéndole asiento junto a el.

-Gracias –dijo la chica sonriendo mientras se sentaba.

Wesker decidió iniciar conversación.

-¿Te estás hospedando aquí? –preguntó Wesker acomodándose las gafas.

-Sí –respondió Sara- Soy de México, de Ciudad Victoria, para ser exactos.

-Ya veo… -dijo Birkin inclinándose un poco hacia ella- ¿Y vienes sola?

-No –dijo ella dando un sorbo a su bebida- Vine con mi hermana y unos amigos.

-¿Y qué los trae a Raccoon? –Inquirió Birkin- ¿Tienen familia aquí?

-No –respondió Sara- vinimos por la convención de cómics.

-¿Pues qué edad tienes? –cuestionó Albert.

-Tengo diecinueve años. –respondió sencillamente.

Wesker y Birkin se miraron sorprendidos el uno al otro.

-Tiene la misma edad que Lenore en caso de que estuviera viva… -pensó Birkin.

-¿Y ustedes dos son novios, o qué? –preguntó Sara con una sonrisita burlona.

Por un momento, ambos sujetos sintieron como si el tiempo hubiera regresado quince años atrás.

-Por supuesto que no. –Dijo Wesker molesto- Somos amigos desde hace varios años, desde que éramos estudiantes.

-Bueno, pero no te enojes… -dijo ella- ¡Tranquilo! Por cierto… ¿Cuál es tu nombre?

-Es verdad –dijo Wesker- No me he presentado… Mi nombre es Albert Wesker. Trabajo en el departamento de policía de Raccoon. En la división de S.T.A.R.S.

-¿S.T.A.R.S? –Dijo la chica sin entender.

-Special Tactics And Rescue Services. –Dijo Wesker con voz serena- Es un equipo especial de la policía de Raccoon.

-¡Ah! –Dijo Sara- Tu eres de los que hacen operativos y cosas así, contra los terroristas, y los narcos y eso…

-Sí –respondió Wesker-. William, como ya te habrás dado cuenta, trabaja en la corporación Umbrella como investigador.

Sara se volvió hacia Birkin.

-Umbrella hace muy buenos productos –comentó Sara- Mi hermana y yo solemos tomar sus pastillas contra los cólicos menstruales.

Birkin sólo sonrió, la chica le gustaba mucho, por lo cual decidió quitarse la alianza matrimonial y guardarla en la bolsa de su bata sin que Sara se diera cuenta. Entonces se volvió hacia Wesker.

-Albert, nos ponemos en contacto después… me habías dicho que tenías prisa por llegar a la oficina.

Albert lo miró. Había entendido el mensaje. William quería quedarse solo con la chica.

-Sí, se me hace tarde. Te veo luego, William. Nos vemos luego Sara –dijo Wesker saludando de mano a la chica.

Sara observó como Wesker se alejaba y esbozó una sonrisa burlona.

-Tu amigo es algo fantoche, Will –dijo Sara jugueteando con una servilleta.

-¿Por qué dices eso? –inquirió Birkin divertido.

-¿Quién usa lentes obscuros en plena noche? ¡Eso es ridículo! ¿O qué? ¿Los tiene pegados?

Birkin sonrió. Por un momento sintió que hubiera regresado años atrás, cuando él y Wesker estudiaban en el centro de formación y trabajaban para el director del mismo. En una ocasión, Wesker y Birkin se encontraban en la oficina del Dr. Marcus. Lenore se encontraba sentada muy quieta sobre el escritorio, y los tres hombres se encontraban hablando acerca del proyecto "Blade Maiden". La niña observaba muy atentamente a Wesker, lo cual llamó la atención de Marcus.

-¿Pasa algo, Lenore? –inquirió Marcus mirándola con sus ojos celestes.

La niña se acercó a Wesker y lo observó.

-Albert… -dijo la niña al fín- ¿Tienes los lentes pegados o qué?

El Dr. James Marcus y William Birkin jamás olvidarían la cara tan cómica que puso Albert Wesker frente al cuestionamiento de la pequeña.

-¿Qué te hace decir eso, gatita? -preguntó Marcus con una sonrisa burlona.

-Porque siempre que veo a Albert, sea de día o de noche, trae gafas para el sol ¡Sólo un loco usa lentes de sol estando oscuro! -Decía Lenore- ¡Podría apostar a mi papá a que se baña con ellos puestos!

Marcus se quedó mirando a la niña sorprendido. ¿Apostarlo a él? ¡Cuánto amor!

-Pero eso no significa que los traiga pegados -dijo Birkin no muy convencido.

-Entonces Albert está loco. -dijo la niña muy seria.

Wesker alzó una ceja, el comentario de la niña no le había hecho mucha gracia. Marcus y Birkin intentaban ocultar la risa.

-¿De qué te ríes, Will? –inquirió Sara regresándolo a la realidad.

-Nada –dijo el-. Lo que pasa es que hace mucho, una niña le hizo esa pregunta a Albert cuando éramos estudiantes. Y lo más divertido del asunto es que la niña era muy parecida a ti.

-¡Ah! –Dijo Sara sonriendo- Entonces, esa niña debió haber sido casi perfecta.

-De hecho… lo era –dijo William.

Sara miró hacia una ventana y lazó un suspiro.

-No creas –dijo Sara en un tono más dulce- Tu amigo no me cayó mal… de hecho, cuando estuve hablando con ustedes dos… sentí como si los conociera desde hace mucho.

Sara acarició la mano de Birkin y este la miró.

-¿Te gustaría ir a algún otro lugar? –inquirió Birkin con una sonrisa.

-¿Tienes tiempo? –preguntó ella.

-A decir verdad, casi no salgo por mi trabajo, -respondió Birkin- y pues ya que estoy aquí… puedo aprovechar. Además, no estarás aquí mucho tiempo.

Sara pasó su lengua sensualmente por su labio. Ese día se sentía más estresada que de costumbre, y aunado a eso, un hombre atractivo en bata de laboratorio la estaba invitando a salir. Después de todo, llevaba tres años sin haber besado siquiera a un hombre, y una noche de diversión quizá le quitaría el estrés. Además el tipo lo acababa de mencionar, tenía una vida social demasiado pobre, por lo cual estaba segura de que no padecía alguna enfermedad de transmisión sexual. Por otro lado, si resultara un maniático homicida, no había nada que temer, ya que sus navajas la ayudarían.

-Okey –respondió ella-. Pero necesito ir a avisarle a mi hermana, puede preocuparse. Acompáñame, me esperas afuera de mi habitación.

-Vamos –dijo Birkin levantándose mientras sonreía pensando en lo que vendría después.

Después de pagar la cuenta, Sara y su acompañante se subieron al ascensor. William Birkin miró a Sara. Si bien, el parecido de la muchacha con la hija del Dr. Marcus era impresionante, si se tratara de ella, lo habría reconocido. Sara lo miró a los ojos y se mordió el labio. Birkin la tomó por la cintura y la besó pegando su cuerpo al de la muchacha. Era la primera vez que Sara decidía tener una aventura de una noche, lo cual la tenía algo nerviosa. Además, considerando la suerte que tenía ella, quizá esa sería la única manera de calmar su instinto, ya que Christopher parecía demasiado indeciso, y ella no lo esperaría toda la vida.

Mientras tanto, Christopher y Azalie hablaban en la habitación.

-¿Cómo se te pudo haber ocurrido preguntarle? –Preguntó Azalie mirando a Christopher con sus ojos carmín centelleantes de furia.

-Pensé que sería un buen momento. –dijo Christopher agachando la mirada.

-Pues no –dijo Azalie molesta-, no lo era. Ya viste como reaccionó. Ahorita está en el bar, y conociéndola, estando así de deprimida puede ser muy susceptible a hacer una locura… Y no estoy hablando de suicidio.

-Pero… -dijo Christopher.

-Habría sido un momento perfecto para que te le declararas, -interrumpió Azalie- no para que le preguntaras acerca de un pasado que ni siquiera puede recordar con exactitud.

En ese instante la puerta se abrió y Sara entró a la alcoba.

-Sara, qué bueno que llegas… -dijo Azalie aliviada- Estaba preocupada.

-Estoy bien –dijo Sara con una sonrisa- De hecho sólo vengo a avisarte que voy a salir.

-¿Qué? –dijeron Azalie y Christopher a coro.

-¿Con quién vas a salir? –inquirió Christopher serio.

-Es un hombre muy atractivo que usa bata de laboratorio –dijo Sara en tono triunfal- Trabaja en Umbrella.

Azalie conocía bien que su hermana tenía debilidad por los hombres atractivos, y más si usaban bata blanca. Tomando en cuenta sus visiones, era fácil de explicar, un hombre en bata de laboratorio le recordaba de algún modo a su padre o la infancia que vivió a su lado.

-¿Estás loca? –Dijo Azalie sin dar crédito- ¿Cómo te vas con un desconocido? No sabes ni quien es, ni qué onda.

Sara la miró con fastidio.

-Wey, neta… quien sabe cuando tenga oportunidad, además el tipo está güerito y muy guapo,aparte se ve medio ñoño… y ya conoces la suertecita que tengo. Además no vine a pedirte permiso, yo soy la mayor así que ya me voy. –dijo Sara saliendo de la habitación.

Azalie corrió detrás de ella furiosa. Realmente desconocía a su hermana en ese momento.

-¡Pinche Sara puta cabrona chingada, ven para acá! –Vociferó Azalie mientras Sara se alejaba alegremente sin hacerle el menor caso. Los demás salieron de la habitación despertados por los gritos de Azalie.

-¿Qué pasó Azalie? –Dijo Sebas modorro- Tus gritos se oyen hasta en la calle.

-Nada, nada. –dijo ella entrando a su alcoba.

Azalie miró a Christopher furiosa.

-Todo es tu culpa, pinche Christopher. –dijo.

Sebas y Abner fueron con Christopher quien se encontraba en el pasillo. Beka y Azucena entraron de nuevo a la alcoba con Azalie.

-¿Qué pasó, Christopher? –preguntó Abner curioso-. Nunca había escuchado a Azalie decir tantas palabrotas en una oración. ¿Por qué andaba tan enojada?

-Se me hace que Azalie cachó a Christopher y a Sara haciendo cochinadas y por eso se encabronó –dijo Sebas en tono burlón.

-No –dijo Christopher- Para nada. Lo que pasa es que Sara se enojó por mi culpa. Le hice una pregunta que no debía.

-Si serás pendejo –dijo Sebas.

Sara se encontró con William Birkin en el ascensor, el rubio se acercó a ella.

-¿Tuviste problemas? –preguntó el científico.

-Nada de importancia. –dijo ella.

Birkin oprimió el botón del ascensor y se puso a esperar a que llegara al piso donde se encontraban. Sara le lanzó una mirada seductora a Birkin y el la miró.

-Juraría que es Lenore Marcus –Pensó Birkin sin quitarle la vista de encima.

-¡Cómo tarda esta chingadera! –exclamó Sara tamborileando la pared con los dedos impacientemente.

Birkin observó a Sara con detenimiento, si bien, era muy parecida a Lenore Marcus físicamente, sus maneras no coincidían con las de Lenore, a quien recordaba como una muñequita viviente, una princesita siempre vestida impecablemente, perfectamente peinada con listones en su cabello, amable, bien portada, moviéndose con gracia, como si estuviera volando. La joven que tenía en frente, en cambio, no era tan femenina, y sus movimientos y actitudes eran ágiles, sin embargo, más bruscos. Podría decirse que se trataba de una versión muy bizarra de Lenore Marcus.

En ese momento, Birkin la tomó de la cintura y la besó. De pronto, algo cayó del bolsillo de William haciendo un sonido metálico. Sara miró al suelo y recogió la alianza matrimonial que Birkin había escondido previamente en su pantalón. Sara lo recogió y se le quedó mirando unos segundos. Entonces miró a Birkin.

-¿Eres casado? –inquirió Sara mirándolo muy seria a los ojos.

-Sí, -respondió el abrazándola- Pero no te preocupes, ella no se va a enterar.

-No –dijo Sara apartándose bruscamente.- Claro que no se va a enterar, porque para empezar, tú y yo no vamos a hacer nada. Yo no me meto con casados.

-Oye, no va a pasar nada… en serio –dijo él mientras se abrazaba de nuevo a la pelirroja pegándose a ella.

-Es que tú no entiendes: A mí no me gustaría que mi esposo o novio se revolcara con otra. –dijo Sara muy seria-. Por eso yo no lo hago. Además, pensándolo bien, me he estado absteniendo precisamente porque no tengo pareja… ¿Qué clase de persona sería si me acostara con alguien por la pura calentura?

-Vamos –dijo Birkin mientras la tomaba por la cintura-. Hace unos momentos estabas dispuesta…

Sara le sonrió.

-Está bien, hagamos esto: Yo te doy tu anillo –dijo la joven entregándole la argolla matrimonial-, me voy a mi cuarto y tú te vas a chingar a tu madre. –concluyó sonriendo.

Birkin se quedó mirándola sin decir nada. Sara le dio un beso en la mejilla y en ese momento se abrió la puerta del ascensor.

-Órale –dijo ella empujándolo al ascensor- ¡A chingar a su madre! ¡Bye, bye!

Inmediatamente, Sara se dio la media vuelta y se fue dejando a William Birkin como novia de rancho; vestido y alborotado… aunque algo pensativo, y es que la fuerza de esa chica era mayor que la de una muchacha de su edad, peso, estatura y edad. La posibilidad de que la chica era Lenore Marcus no parecía muy remota.

-Sin embargo, -Pensó el- Si fuera Lenore, nos habría reconocido de inmediato a Wesker y a mí… además, sería demasiada coincidencia.

Birkin comenzaba a tener serias dudas sobre la identidad de la chica… por un momento pensó que si ella realmente era Lenore, seguro trabajaba para alguien… alguien que quería quitarle su trabajo de toda la vida… su precioso G-virus

Sara iba de regreso a su alcoba cuando en el pasillo se topó con Christopher.

-¿Y tú qué haces aquí, Sara? –Inquirió Christopher muy serio- ¿Qué pasó con el "Señor bata de laboratorio?

Sara miró a Christopher muy seria y levantó el dedo meñique de su mano. El muchacho sonrió.

-Me voy a dormir –dijo Sara secamente mientras entraba en la alcoba.

Christopher sonrió tranquilo, de sobra sabía que la razón del prematuro regreso de Sara no era precisamente la "pequeñez" de Birkin, conocía bien a Sara.

Azalie estaba sentada sobre la cama muy meditabunda, cuando vió entrar a su hermana.

-Sara… -dijo ella sorprendida- ¿Tan rápido regresas? ¿Qué pasó?

Sara se sentó junto a ella.

-Nada, el wey era casado… -dijo ella Sara recostándose.- Además, no me voy a andar acostando con un desconocido. Como dice papá: "Caras vemos, enfermedades venéreas no sabemos". Aparte de que eso no va conmigo.

Azalie sonrió, pues en el fondo, ella sabía que su hermana no era del tipo de chica que se prestaría a una aventura de una noche, la conocía y sabía que recapacitaría antes de que fuera demasiado tarde.

-Sabía que recapacitarías. –señaló Azalie sonriendo.

-Sí –respondió Sara-. No estaba pensando correctamente.

-¿Y eso? Indagó Azalie.

-Tuve un sueño muy raro... –contestó Sara.

-¿Sobre tu padre?-inquirió Azalie mirando a su hermana.

Sara negó con la cabeza.

-No –dijo- era un sueño del presente… Soñé que alguien acariciaba mi rostro mientras dormía. Lo impresionante es que yo sentía que conocía a esa persona. Incluso era como si la hubiera estado esperando durante toda mi vida, y después de mucho tiempo, me encontraba. Sin embargo, desperté de inmediato.

-¿Y viste quien era? ¿No habrá sido tu padre?

Sara negó con la cabeza.

-No… -dijo- Yo llegué a acariciar su mano, y no se sentía como la de mi padre. Era la mano de un hombre joven, así que no puede tratarse de la mano de mi papá. Sin embargo, por un momento llegué a pensar que se trataba de él. De hecho… sentí que ese sueño tenía un carácter… profético.

-Bueno –comentó Azalie- Cualquiera puede llegar a tener sueños premonitorios…

-En un descuido y se trata de mi alma gemela –dijo Sara riendo-. A lo mejor lo conoceré en la conve.

-¿Ya ves? –dijo Azalie en tono sermoneador- Y tu por poco vas y le das las nalgas a un desconocido…

Sara se rió y miró a su hermana.

-Te quiero un chingo. –dijo Sara sonriendo-. Pero será mejor que vaya a dormirme, porque si no… no me voy a levantar y mañana es la convención… -remató Sara mientras se dirigía a su cama.

-Que sueñes con tu alma gemela. –dijo Azalie sonriendo-. Espero y esta vez lo veas.

Sara se durmió. Sin embargo, Azalie no pudo conciliar el sueño en toda esa noche…

-¿Acaso se tratará de la persona que ví en mi sueño? –Pensaba Azalie.

Notas: "Hacer el paro" es una frase que significa ayudar con algún problema. Una frase con el mismo significado es "Hacer la balona". Otros equivalentes son "echarle la mano".

Aguas significa cuidado. Por ejemplo: "Aguas con el charco" es decir Cuidado con el charco.

Mandilón.-Dícese del hombre que se deja manipular por la esposa, novia, etcétera.