Hola vikingos

Lamento la tardanza (usualmente esa es mi carta de presentación) les dejo el último capi de Te doy mi Corazón.

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Capítulo 5: Con todo mi corazón

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Los siguientes meses de rehabilitación fueron pesados. Por una parte estaba mi problema del corazón. Ingenuamente creí que con sólo la operación estaría bien, pero no fue completamente así. Siguieron los tratamientos, las miles de medicinas, las muchas revisiones, ecos, demás estudios, y aunque todos eran favorables, sí era tedioso ir cada dos o tres días al hospital. En cuanto a Hiccup, él fue otro caso. Aunque aceptó lo de su pierna, claro está que no se acostumbró de inmediato, le fue difícil aprender a hacer sus actividades de una manera distinta. Le mandaron hacer una prótesis, pero al principio su cuerpo no la aceptó, así que él se realizó la propia, todos lo tachamos de loco (y sí que lo estaba) pero demostró que tras un par de caídas y varios prototipos logró realizarla.

Debo admitir que incluso se ve deportivo en con ese apoyo, pues se nota claramente que es una herramienta para movilizarse, y no una pierna falsa como muchos médicos la llegan a llamar, él descubrió eso al mencionar que no tenía caso que fuera como una pierna, sencillamente porque ya no la tenía, no ocupaba algo visiblemente bonito, sino algo en lo que pudiera trasladarse, apoyarse y sobretodo volver a subirse a su moto. Mi chico dragón claro que consiguió realizarla, incluso patentó la idea y ahora varias cadenas de material ortopédico le pidieron permiso para realizar mejoras e implementar otro tipo de materiales y comercializarla como una prótesis más sofisticada. Mi Hiccup aceptó, le costó mucho renunciar a su idea, aunque gracias al abogado familiar vendió la patente a muy buen precio, pensó en el bienestar de los demás, quienes pasaban por una situación similar a la suya.

El proceso de cicatrización fue difícil en los dos.

En Hiccup, curiosamente fue más tardado. Como no se quedaba quieto se le infectó el muñón y eso le causó que le hicieran curaciones que fueron dolorosas para él. Por suerte, fue leve y también de aprendizaje y se solucionó con un poco de antibiótico, sin mencionar que por alguna razón también le hacían algunos ecos del pecho, supongo que por la varilla que se encajó en el corazón, sólo de recordarlo me da escalofríos.

Por mi parte, la herida me comenzó a doler un par de semanas después de que Hiccup despertara, los doctores me dijeron que era debido al estiramiento de la piel, y eso que me habían quitado los puntos tiempo atrás, lamentablemente a pesar del excelente trabajo del cardiólogo, la cicatriz que atraviesa mi pecho me sigue impactando, e incluso me llega a avergonzar.

-¿Estás lista?

Escucho la voz de mi prima, vestida con un hermoso vestido de gala color celeste con tonos dorados.

Me termino de mirar en el espejo, acomodo mi flequillo y palpo el crepé que me hizo la estilista hace unos minutos.

-Sí. –le respondo nerviosa, suspiro profundamente. –Estoy lista para mi boda.

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La corbata me ajusta mucho, la verdad es que no me gusta mucho la idea de utilizarla, pero es tradición, y creo que se ve bien, hace juego con el resto del traje. Me la vuelvo a acomodar como por quinta vez en lo que va de la hora, después me paso la mano por el cabello y me la embarro de gel. Maldición, ahora debo volver a peinarme.

Intento regresar a mi cuarto, pero un peine y otro botecito de gel aparecen frente a mí.

-Ya relájate. –me dice mi hermano. –Pareces el novio.

Me le quedo viendo sin entender su sarcasmo.

-Tooth… soy el novio.

Ni me recuerdo cómo es que me peiné y mucho menos cómo es que he llegado al carro, el cual nos llevará a la hacienda de los Hofferson.

En el camino mis padres y Tooth bromean y se rien, están tan relajados que me contagian un poco su humor, pero sigo con ese palpitar nervioso. Se alcanza a visualizar a lo lejos la perfecta decoración del lugar en la hacienda.

Todo con tonos celestes y rojos, justo como lo deseamos ella y yo. Suspiro feliz y contento por el paso a mi nueva vida, justo en el lugar donde años atrás nos conocimos.

La boda cubrió los aspectos tradicionales de nuestra cultura. Las damas de Astrid fueron un caso, y qué decir de mis compañeros, también hicieron de las suyas; claro que hubo alguno que otro detalle, como cuando Tuffnut robó el chocolate derretido mientras que Snotlout y Ruff, las palomitas de la mesa de postres; o como cuando los pollitos de los gemelos se escaparon de su hacienda, se dirigieron a la de los tíos de As y Storm provoando que un par de meseros se cayeran.

Fuera de eso la ceremonia y la recepción fueron muy agradables donde Astrid y yo mostramos no sólo el amor que nos tenemos, sino que por fin unimos nuestras vidas con todas las de la ley.

Sin desear hacerlo, Astrid debió regresar a la casa principal de la hacienda Hofferson, mientras yo regreso por mi equipaje y aprovecho para despedirme de mis padres y de Tooth.

-El hombre del momento. –me dice mi papá mientras bajo las escaleras.

Me ayuda con la maleta, después de todo aún no puedo cargar cosas demasiado pesadas debido a las cirugías que he tenido en el pecho y en la pierna.

Mi madre me abraza y me da los boletos de avión al terminar, los cuales guardo de inmediato en mi mochila.

-Nuestro regalo de bodas para ustedes.

Le sonrío feliz y agradecido.

-Pagaron la mitad de la boda y permitirán que vivamos aquí, yo creo que ya no debían darnos nada más.

-Lo hicimos con gusto, hijo. –me dice mi padre, orgulloso. –No todos los días tu hijo favorito se casa.

-¡Escuché eso! –reclama mi hermano.

Los cuatro reímos, mi padre nos envuelve a los tres en un abrazo.

-Gracias por todo. Debo ir por Astrid. –interrumpo.

-Seguro, que se diviertan mucho, será un mes largo sin ustedes por aquí. –opina Toothelss.

-Pasará rápido.

-Pues el mes que estuviste en coma no pasó rápido. –recuerda amargamente mi mamá.

Mi padre la toma de los hombros, arrugando un poco la manga de su hermoso vestido verde.

-Val… ya pasó, nuestro hijo está sano, vivo, con nosotros, y ahora hasta casado… no podemos pedir más.

-Sí es verdad, Hiccup está bien, gracias a Astrid.

Bajo la mirada, es un secreto que no le he dicho a mi esposa. Mis padres no se dan cuenta.

-¿Aún no lo sabe? –pregunta mi mamá.

Le niego.

-Buscaré la manera de decirle, se sorprenderá.

Mi papá me da unas palmadas en la espalda.

-Le dices de parte de nosotros que gracias. De no ser por ella, tú… no habrías sobrevivido. –me recuerda mientras llevo una mano a mi pecho.

-Perdón por recordar ese momento, mi madre se disculpa. Tu padre tiene razón, estás bien. Los dos están bien. –nos dice mientras nos ve, no puedo olvidar que mi hermano estuvo en peligro de igual forma. –Es sólo que es difícil saber que tus hijos crecen, lo sabrás cuando seas padre.

Se limpia las lágrimas y la vuelvo a abrazar.

-Eso espero. No se preocupen, ya hemos idos a los fiordos, sólo que ahora iremos con más calma, tomaremos algunos tours y regresaremos en unas semanas.

-Recuerda que ninguno de los dos debe hacer deporte extremo.

-Sí mamá…

-Avísanos cuando aterricen. –me pide mi padre al quitarse su incómoda corbata. –Que les vaya bien.

Asiento emocionado por ir a buscar a Astrid a su hacienda. –Lo haré, gracias de nuevo.

-Vamos hermano, te acompaño al auto.

Tras darle un último abrazo a mis padres me despido, mi hermano ayuda a cargar el equipaje y lo pone en la cajuela mientras que el chofer toma su lugar.

-No te he dado mi regalo de bodas.

-¿Compraste algo? –le pregunto, pues él no es el mejor dando regalos.

-Mmm, pues comprar no; pero Storm y yo lo preparamos. Cuando entren a la habitación de hotel lo sabrás. –me guiña el ojo cuando cierra la puerta del carro. –Qué se diviertan mucho, ahora sí podrán estar tiempo a solas.

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Poco antes de que la fiesta terminara arrojé el ramo, mi intención era que le cayera a Heather, pero Ruffnut se atravesó y lo atrapó ella. Estuvo sorprendida y más aún cuando Snotlout atrapó la liga que lanzó Hiccup. Se vieron tan graciosos cuando los dos se ruborizaron frente a todos.

Despedimos a los invitados después de bailar durante varias horas, aunque también tendríamos que pasar por el equipaje, pues en un rato debemos abordar el avión.

La verdad es que no soy fanática de los vestidos, pero debo admitir que me encantó este ajuar, lástima que sólo lo utilicé sólo para la fotografía y el día de hoy; como ya lo habíamos decidido entré a la casa de mis tíos (debo empezar a llamarle así porque Hiccup y yo nos iremos a vivir a la hacienda de sus padres) para cambiarme. Storm me ayudó a quitarme el vestido con cuidado y por insistencia de ella también me peinó, pues no me imaginaba subiendo al avión con el cabello tan arreglado y con todo y velo como lo traía. Me puse otro vestido corto, blanco con detalles dorados, el mismo que utilicé en la despedida de soltera.

-Las chicas y yo te compramos un atuendo para esta noche. –me dice cerca del oído.

-¿Qué?

-Le encantará a Hiccup. –termina de colocar mi flequillo hacia atrás y sujetarlo con un pasador. –Era mejor que tu piyama de flechas. Nos agradeces después.

Me ruborizo y ella se ríe de mí.

Ni tiempo tengo de reclamarle porque en eso entra mi tía.

-El carro que los lleva al aeropuerto ya llegó, Hiccup está abajo. –me avisa sonriente.

Le sonrío, tomo mi maleta, mi bolso y un suéter ligero que había seleccionado con anterioridad.

-Gracias tía.

Se me queda viendo y veo que se humedecen sus ojos.

-¿Qué sucede? No lloraste en todo el evento. –le pregunto sin entender el por qué me abraza y me besa la frente.

-Es sólo que… llegué a creer que te perderíamos por tu problema del corazón. Los doctores no nos dieron muchas esperanzas. –confesó con la voz entrecortada mientras mi tío también entraba a la habitación. –Desde que tienes 8 años no las dieron.

-Pero ya pasó, estoy viva y… soy muy feliz. Gracias por todo lo que han hecho, gracias por… prácticamente adoptarme. –ahora soy yo la que empieza a perder el control de su voz.

-Astrid, eres nuestra otra hija, más allá de la promesa que le hicimos a tus padres, más allá de nuestra sangre, está el amor que te tenemos. Nunca has sido una molestia ni carga si has llegado a pensar en eso. Te amamos, y deseamos lo mejor para ti. –me dice mi tío mientras nos abraza.

-Ya lo tengo. –les digo abrazándolos a los tres. –Ustedes son lo mejor, sin ustedes, sin esta hacienda; no habría conocido a Hiccup.

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Entramos en el carro rumbo al aeropuerto, no soltamos nuestras manos en todo el trayecto, pasamos por el lugar donde Hiccup y yo habíamos unido nuestras vidas y agradecí al cielo por la oportunidad de seguir vivos, de estar juntos, pero más importante, de empezar una nueva vida.

-¿Qué piensas? –me pregunta él.

Me toma desprevenida, no deseo contarle que también venía pensando en el regalo de las chicas.

Me ruborizo, pero debido a la oscuridad de la carretera no lo nota.

-En nosotros. –le respondo.

A pesar de la falta de claridad para verlo noté una sonrisa, una sonrisa súper galante que si hubiera estado de pie me habría doblado de rodillas.

Al cabo de unos 45 minutos más llegamos a la terminal A del Aeropuerto, el chequeo de la aduana fue rápido, quizá porque no era horario con afluencia, pero fue gracioso cuando Hiccup pasaba por los rayos infrarrojos porque el metal de su prótesis hacía sonar el detector de metales.

Abordamos el avión, platicamos de todos los planes que deseábamos llevar a cabo una vez que llegáramos a los fiordos, incluso antes de despegar, reservó por internet un paseo en un antiguo galeón vikingo.

-La vez pasada que estuvimos en los fiordos de Noruega a penas y tuvimos tiempo a solas, siempre estuvimos en grupo. –me recordó haciendo un puchero.

-Sí, pero… creo que eso va a cambiar. –le digo sin más, besándolo de nueva cuenta.

Nos cuesta detenernos, aunque las luces del avión están apagadas, no podemos negar que hay bastantes personas, quienes seguramente pensarían mal.

Me besa la frente y me sigue tomando la mano. Da un suave besito en mis dedos, justo encima de donde ahora reposará mi anillo de bodas.

-Ansío llegar al hotel. –me susurra.

Muerdo mi labio.

-También yo.

Después de ese momento todo fue rápido. Bajamos del avión, fuimos por el equipaje, y en medio de caminos boscosos llegamos el hotel. Ya conocíamos el lugar, pues un año antes habíamos pasado por aquí y tanto él como yo hicimos la promesa de volver algún día, pues se veía bastante acogedor.

Nos dieron la tarjeta de nuestra habitación, el botones se adelantó para dejar el equipaje, mientras que Hiccup y yo íbamos por algo de cenar; pues a decir verdad no alcanzamos a comer bien en la recepción y en el avión sólo nos dieron unas galletas, sin embargo al pasar por el restaurante del hotel nos dimos cuenta que lo acababan de cerrar.

-Ni modo, si tienes mucha hambre quizá podamos pedir servicio a la habitación. –le comento. –Yo estoy bien así.

Mentí, sí tenía hambre, pero ahora mi apetito era de otra cosa.

Él sólo me sujeta de la mano y tomamos el ascensor para llegar a la planta cinco, lugar donde está la mini suite.

Justo antes de entrar él me dobla las rodillas, siento que caigo, pero me detiene con sus brazos y me sienta sobre ellos.

-Es una tradición de recién casados, debo cargarte así para entrar a la habitación, esposa.

La verdad es que no creí que él intentara eso, sobretodo por la posible falta de equilibrio en su pierna, parece no importarle, me sorprendió esa actitud en él, pero también me fascinó. Lo rodeo con mis manos alrededor de su cuello y abre la puerta.

Pensé que estaría oscuro y tendría que buscar el interruptor, pero no fue así.

Me quedo absorta ante lo que veo, aunque es poca la decoración, es verdaderamente encantadora y romántica.

Pétalos de rosas por la habitación, unas cuantas velas e incluso una charola con alimentos.

Me coloca los pies sobre el piso y es cuando me doy cuenta que no estoy en un sueño.

-¿Qué es todo esto? –pregunto en un susurro, según yo habíamos acordado no gastar de más en decoración para la habitación.

Él se rasca la cabeza, por breves momentos me da la espalda mientras cierra la puerta.

-Es para ti… para nosotros. –dice regresando a mí. –Fue idea de Toothless y tu prima.

-Pues dale las gracias, esto es… wow. –sigo sin salir del impacto.

Me acerco a la mesita y dejo mi bolso, él se coloca detrás de mí y me abraza, rodeándome cariñosamente.

Empieza a besar mi nuca y mi cuello también.

-Gracias. –esa palabra sale de mi boca.

-¿Por qué? –interrumpe sus besos.

-Por todo, por elegirme. Por ser paciente por lo de mi enfermedad.

-Fuiste más paciente con lo de mi prótesis.

Le negué, coloqué mis brazos alrededor de su cuello y uno mi frente a la de él.

-Y cada segundo que hemos esperado ha valido la pena, cada una de esas decisiones nos ha traído hasta hoy. Por todo eso es que soy feliz.

-Yo también soy muy feliz. –acuna sus manos en mis mejillas, y por fin unimos nuestros labios.

Ese beso tan ansiado, libre, sin miedos a la enfermedad de mi corazón, ni tampoco temerosos a que mi tío nos encontrara en la cabaña. Éramos él y yo, dos personas que habían unido sus vidas y que deseaban demostrárselo de todas la formas posibles.

Lleva sus manos al cierre de la espalda donde está mi vestido, recuerdo el conjunto de encaje que Stormfly me dio, pero la verdad es que no deseo usarlo, al menos no en este momento; sin interrumpirlo le permito bajar la cremallera y finalmente adentra sus manos por mi espalda. De mis labios sale un gemido, en especial ahora que empieza a quitar el vestido, el cual cae al suelo en cuanto se separa un poco de mí. Sólo quedo en ropa interior, tapo mi cicatriz, esa marca era totalmente inevitable, no me gusta, él nota mi gesto y mueve mi mano con delicadeza.

-Se ve fea. –le advierto, pues desde la operación y las terapias no habíamos podido ver nuestros cuerpos como acostumbrábamos en la cabaña.

Él se acerca a mí y me da un beso en los labios, después en la barbilla y termina besando mi pecho, justo donde la cicatriz blanca y gruesa atraviesa verticalmente desde poco arriba de mi esternón hasta las costillas.

-No sé porqué no te gusta… yo… yo la amo… -me dice entre besos.

Deseo llorar, él lo nota y se dirige de nuevo a mi mirada.

-Amo esa cicatriz, porque gracias a esa, tú estás conmigo aún. –me dice de la manera más tierna posible mientras la acaricia.

Da un paso hacia atrás, apartándose un poco.

-Además, yo tengo una peor. –me recuerda.

-¿Tu pierna?

-No… hay algo aún que no sabes.

Me extrañan sus palabras, en especial cuando se quita la camisa y veo de lo que habla, pues en su pecho está una cicatriz casi igual a la mía, una marca atravesando todo el pecho.

-¿Recuerdas cuando te dije que te daría mi corazón? –pregunta, sólo le asiento sin entender porqué tiene el recuerdo de esa herida.

-¿Qué pasó? –pregunto confundida.

Me toma de la mano y me dirige a la cama, donde nos sentamos a la orilla. Algunos pétalos caen por el movimiento, pero no logro prestarles tanta atención.

Toma aire, pensando las palabras que me quiere decir.

-Cuando fue el accidente, estuve inconsciente después de que un pedazo de varilla me atravesara.

Recuerdo la historia que Toothless me contó mientras Hiccup estaba en coma.

–Pero en la ambulancia logré despertar un poco. –desconocía eso, según yo él había quedado en coma al momento del impacto. –A pesar de que Tooth me quitó el metal incrustado en el pecho, me tuvieron que operar el corazón para quitarme los residuos, pero… en el proceso un tejido de mi corazón se dañó terriblemente.

-¿Qué? –no entendía.

–Estaba despierto cuando los doctores dijeron que era peligroso, logré escuchar algo, al principio pensé que había sido un sueño, unos días después de despertar Toothless lo confirmó.

-¿Por qué no me dijeron nada? –pregunto molesta.

-Supongo que para no preocuparte de más, estabas recién operada, Astrid. Es algo que sólo mis padres supieron, después de que yo despertara, Tooth se enteró.

Sigo escuchando.

-El tejido de una de las válvulas se arruinó, y sin él… mi corazón ya no latiría. Le comunicaron a mis padres que ahora era yo quien necesitaba un trasplante de tejido, era muy poco en realidad lo que requería, pero era trascendental para mí por l emergencia que estaba pasando

-¿Algo así como un injerto epitelial? –pregunto, pues fue similar a lo que iban a realizarme.

-Sí. De hecho eso fue lo que me hicieron. –responde. –Si no hubiera sido por eso, no estaría vivo. Sin embargo, debido a los golpes craneales quedé en coma.

-Pero… hay algo que no entiendo, ¿de dónde sacaron el injerto? Es muy difícil encontrar un tejido cardial.

Él me mira, como si quisiera que yo le respondiera.

-¿No lo sospechas?

Niego sin saber qué responder.

-Antes de que entraras a quirófano hablé con el doctor, pidiendo o mejor dicho exigiendo ser tu donante. El doctor me dijo que no requerías de un corazón nuevo, sino arreglar el tuyo, quitar las células que producían tu cardiomegalia para que se estabilizara el corazón y ya no trabajara de más.

-Lo sé, de haberlo hecho jamás me habría perdonado.

-¿Recuerdas lo que hiciste antes de entrar a la operación?

Hago memoria e intento recordar pero la verdad es que decidí borrar todos los recuerdos de ese hospital.

-Firmaste el consentimiento de ser donante de órganos en caso de que… de que algo saliera mal. Obviamente había una lista esperando el tejido, pero pusiste prioridad, quiere decir que las personas cercanas a ti y familiares eran los primeros que podían "acceder" a tus órganos en caso de requerirlos. Gracias al cielo todo resultó mejor de lo esperado, pero el poco tejido que te quitaron del corazón, alguien tenía que usarlo en las siguientes horas antes de que se arruinara; tus tíos supieron de mi necesidad y accedieron a donar el tejido que te había retirado, para muchos medio centímetro de tejido era innecesario, pero para mí… a mí me salvó la vida.

-¿Qué?

¿Era lo que yo creo?

-Astrid…yo intenté ser tu donante de corazón, pero tu corazón era más fuerte de lo pensado, tanto que no necesitó que lo cambiaran, sino que era tan grande y tan hermoso, que le permitió al mío estar completo.

-Pero… mi cardiomegalia. –le digo aún sin entender.

-La enfermedad, como sabes, estaba ubicada en uno de los extremos de tu corazón, no en todo. Sin embargo, te quitaron un poco de tejido en caso de que estuviera enfermo, lo analizaron en unas horas y lo dejaron como reserva a que alguien lo ocupara en un lapso de dos días. Yo llegué en la ambulancia veinte minutos después. Astrid, parte de tu corazón está en el mío. Tú me diste tu corazón.

Empiezo a llorar.

¿Cómo era posible?

¿Cómo era posible que gracias a la enfermedad que tanto odié y que tanto me molestó terminara por salvar la vida del hombre que más amaba?

-No entiendo… ¿no corres riesgo de enfermarte?

Me negó con la cabeza, mientras sus pulgares limpian mis lágrimas.

-Ya no mi lady, no de eso. Así que por favor, no te avergüences de esta cicatriz. –me caricia el pecho y me toma de sorpresa. –Porque gracias a ella tú estás viva, y yo también.

Siento un nudo en la garganta, jamás imaginé algo como esto.

-¿Por qué no me habías dicho? Supe que me quitaron algo de tejido, pero no sabía cuál había sido el destino. –lo miro impactada.

-Tu corazón fue a su destino, conmigo. De la misma forma en la que doné sangre para tu operación y para la anemia que tuviste, tú me competiste un cachito de tu corazón, para que yo pudiera vivir.

Me rio por la ironía que el destino nos jugó, pero también me consuela saber que mi enfermedad sirvió de algo.

-Te amo Hiccup. –me acerco a él para empezar a besarlo de nuevo.

-Yo a ti mi lady, también te amo, con todo mi corazón.

Le sonrió, mostrándole confianza, por lo que llevo mis manos a su pantalón y lo empiezo a desabotonar poco a poco, rozando su piel levemente en el proceso.

Nos volvemos a sonreír, felices, enamorados y seguros de este nuevo comienzo que a partir de esta noche empezaremos a vivir.

No había manera más clara y fiel que esa entrega desinteresada que habíamos tenido el uno para el otro, nuestros corazones estarían unidos, de una hermosa forma metafórica y connotativa; al igual que física e íntima que seguramente nadie entendería.

Es curioso la manera en la que la vida tiende a voltear las cosas, yo ocupaba de un trasplante y al final fui yo quien terminó donando un poco para que alguien más viviera, y por jugarretas del destino esa persona era la única a la que amaba con todo mi corazón.

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Epílogo

Varios años después

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La luz que se filtra por la ventana llega a mis ojos. Me molesta y ofusca, intento voltearme, pero ya me he despertado.

Resoplo, aun no tengo ganas de moverme, pues el clima frío que envuelve a la hacienda me anima a seguir dormida.

Miro hacia el vidrio y sólo se ve el vaho que se ha pegado a la superficie transparente, señal clara del frío y de la humedad, así como la calidez que hay en la habitación de mi esposo y mía.

Me levanto y veo que Hiccup sigue dormido. Me coloco un camisón mucho más abrigador que la piyama que traigo, pero siento que él me jala de nuevo.

-Vuelve a la cama. –me susurra, me rio por su manera tan infantil de pedir las cosas. –Debo preparar el desayuno de los niños. –le recuerdo.

-Astrid… dormirán otro rato. –se queja. –Es el primer día de vacaciones navideñas, claro que desearan quedarse en cama.

-Sí, en la nuestra. –concluyo en el momento en que un par de piecitos se escuchan, entrando a la habitación, no hace falta decir que estoy segura es nuestra niña, fácilmente reconocería esas pisadas.

-¿Ya despertaron? –pregunta nuestra pequeña de cinco años mientras hace esfuerzos para subirse a la cama.

-Ya nos despertaste. –Hiccup reclama mientras se sienta y la invita a que entre a las cobijas para que no sienta tanto frío, pues la muy traviesa iba descalza. Deja a un lado su peluche que su abuela Valka le hizo de bebé y se acomoda entre los dos.

-Lo siento, pero es que ya me quiero ir.

Mi esposo y yo os miramos confundidos.

-¿A dónde?

-Con mis primos. –se encoje de hombros. –Anoche mi tío Chimuelo –así le dice Siri- dijo que iríamos a desayudar a la hacienda de mis tíosbuelos. También invitó a los demás, me dijo que iba a decirnos un secreto.

-¿Mi hermano dijo eso? –pregunta Hiccup.

Mi niña asiente.

-¡Sí! Así que muévanse, porque quiero ir a ver los ponys. –empieza a dar brinquitos, ya sabemos cual era el secreto, sólo que algunos de los niños aun no lo sabían.

-Y después vamos con los gemelos, me dijeron que nacieron muchos pollitos. –dice con ojos soñadores, mencionando a los hijos de nuestros amigos Tufnut y Sotma, quienes viven en la haciena Thorson y se han encargado de una granja de gallinas para la producción de huevo, mientras que Ruffnut y Snotlout viven también allí, pero dedicándose al empaque, la hacienda de mis tíos e incluso nosotros hemos hecho varios convenios con ellos para la realización de empaques de leche y jugos. –Después iremos con Lenna.

-¿Para qué quieres ir con Fishlegs y Heather? –pregunto al notar que mencionó a su hija, una niña hermosa, muy parecida a Heater, de la misma edad de mi hija.

-Quiero ver al bebé. –dice, pues acababan de tener otro hijo un par de días atrás.

-Princesa… el bebé es recién nacido.

-¿Y…?

-Y un bebé recién nacido sólo debe estar con sus papás, tu mami y yo fuimos a ver al pequeño Daven, pero recuerda que hace frío y recibir visitas puede ser peligroso para él. –explica Hiccup acerca del pelirrojito recién integrado a la familia Ingerman.

-Buuu. Yo quería ir. –se queja de brazos. –Son vacaciones, quiero salir.

-Siri, a penas es el primer día de descanso, tenemos muchas cosas que hacer en estas fechas de navidad. –Hiccup intenta convencerla.

-Al menos vamos con mis prima y mis tíos. –pide con ojitos suplicantes. T

Ambos nos miramos, nos encogemos de hombros, total, no está lejos la hacienda y prácticamente vamos tres veces por semana, qué más da una cuarta.

-Entonces vayamos con tus tíosbuelos Hofferson.

-¡Sí! Quiero jugar con mi prima Aileen.

Siri se abraza a Hiccup y lo aprieta por el cuello.

-¡Ay! –se queja, exagerando. –Creo que además del cabello sacaste la fuerza de tu mamá. –le dice mientras me mira.

Siri se separa, pero al hacerlo se le queda viendo a la herida del pecho de mi esposo, misma que aunque han pasado muchos años y se ha ido disminuyendo, sigue siendo visible.

-¿Eras una alcancía?

Ambos nos reímos.

-No, hijita. Recuera la historia que tu mamita y yo te hemos contado.

-¿La de los dragones? –pregunta emocionada.

-No, la de cuando nos pusieron algo en el corazón.

Mi hija se hace la desentendida.

-Siriana Essen Haddock, anoche te contamos esa historia para dormir. –la regaño.

-Vuélvela a contar. –me pide, poniéndose entre nosotros.

Hiccup resopla. –Por qué no puedo decirte no… verás Siri, la verdad es que el corazón de tu madre era muy grande, los doctores se lo sacaron, y lo dividieron en dos.

-¿Eso se puede?

Los dos le asentimos seguros, ya más adelante le contaremos la verdad completa, sin pinceladas de fantasía.

-Un día yo tuve un accidente y mi corazón se descompuso.

-¿Cómo se descompone un corazón? –pregunta, me aterra que vuelva a iniciar su sesión de "Siri pregunta".

-No sabemos.

-¿El mío se va a descomponer? –me pregunta asustada.

-No. El tuyo no. –le prometo después de darle un beso en la frente. –Te aseguro que no.

Más tranquila, Hiccup sigue la narración.

-Fue un accidente muy feo, en el que tu mami y yo tomamos una decisión difícil. Por un lado tu mamá había decidido darle ese pedacito de corazón a otra persona, alguien que ni siquiera conocía, sólo para darle oportunidad de vivir; mientras que yo pensé que tu mamá era quien necesitaría ese nuevo corazón, y yo quería darle el mío.

-¡Qué bonito! –sonríe admirando a su padre. -¿Pero ya no fue necesario eso, verdad?

Le negué con la cabeza.

-El pedacito de corazón que tenía tu mami me salvó la vida, porque lo pegaron a mi corazón descompuesto. –le narra de la manera más tierna, justo como me lo explicó a mí en nuestra noche de bodas.

-Pero tu corazón ya no está descomponido, ¿verdad? –pregunta asustada.

-No, el corazón de tu mami me salvó. En todos los sentidos. –le contesta mientras me mira.

Le respondo con una sonrisa, para después darle un beso suave, con ganas de que sea más intenso, pero nos contenemos porque nuestra hija está allí.

-Qué romántico. –comenta suspirando. –Si yo ocupara un corazón, ¿me lo darías?

Su pregunta me aterra, a pesar de que revisamos a nuestros hijos con varios estudios es inevitable dejar de pensar en esa remota posibilidad.

-Sin dudarlo un solo segundo, hija. Tenlo por seguro, si lo necesitas, yo te doy mi corazón.

Siri ocupaba eso, una seguridad, pero ruego que ni ella ni nuestros otros hijos requieran de algún tratamiento de este tipo.

Nos sonríe y nos abraza. Gatea hasta la orilla de la cama.

-Gracias papitos. Ahora iré a despertar a los bebés de mis hermanos, duermen como dragones. –se queja y sale corriendo mientras reímos por la referencia que ha hecho, pues ninguno de ellos son bebés, al menos no como se refirió. Se escuchan los ruidos que provocó y nos miramos resignados.

-Se parece a ti. –nos decimos mutuamente, para después comenzar el día.

Me aproximo y le entrego la prótesis para que pueda pararse, al hacerlo él me abraza de nuevo. Le correspondo, amo iniciar así todos los días.

-Eres lo mejor que me ha pasado mi lady, sin ti no estaría vivo. –me susurra en los labios.

-Ni yo estaría viva, sin ti no tendría ganas de vivir.

Me besa en la frente y me envuelve en sus brazos de nuevo.

Ahora justo mientras hago nota mental de mi vida, veo que estoy completa, me doy cuenta que no puedo ser más feliz.

Entiendo que cada una de las cosas que pasamos nos han traído hasta este momento y doy gracias por eso.

Agradezco por todo lo que he pasado.

Agradezco por aceptar el adiós de mis padres.

Por haberme mudado a la hacienda de mis tíos.

Por conocer a mis amigos.

Por tener a mi mejor amiga, hermana y prima en una misma persona.

Por comprar el extremo alterno de la hacienda Thorson.

Por estar de acuerdo en que despidieran al jardinero de la hacienda.

Por ir a cabalgar ese día lluvioso.

Por esperar a que la lluvia pasara.

Por resguardarme en la cabaña.

Por darme la oportunidad de conocer a Hiccup.

Por llevarlo a su hacienda.

Por darle mi número de celular.

Por darle la oportunidad de ser amigos.

Por abrir mi corazón.

Por enamorarme.

Por decidir que era hora de ser valiente y arriesgarme a amar.

Por hacer a un lado mis miedos y darme la oportunidad de ser feliz.

Por el viaje en el que Hiccup y yo confirmamos que deseábamos estar juntos el resto de nuestras vidas.

Agradezco a la vida por cada crisis cardiaca que tuve también.

Por cada palabra de aliento que mis amigos me dieron, las cuales se tornaron en fuerza.

Por la decisión que tomé de donar mis órganos y tejidos en caso de que algo saliera mal.

Por el tratamiento experimental que salvó y mi vida… y la de Hiccup.

Incluso por la bendita broma de Snotlout.

Por el tiempo en que Hiccup estuvo en coma.

Por el momento en que él despertó.

Por el tiempo de rehabilitación que nos hizo más unidos y fuertes.

Por nuestra boda.

Por el valor necesario para formar la familia pese a la posibilidad de que nacieran con cardiomegalia.

Por los estudios que le hicimos a nuestros hijos para confirmar que ninguno de los tres estén enfermos.

Por la familia que tengo.

Por mi raro y mutante corazón que terminó por ser complemento perfecto y necesario al de Hiccup.

Agradezco por la vida que me tocó vivir.

-Mi corazón es tuyo Astrid, completamente, en TODO el sentido de la frase. –me susurra antes de besarme de nuevo.

-Y yo gustosa, todas las veces que necesites, te doy mi corazón.

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FIN

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Notas de la autora:

Después de meses por fin me doy tiempito para terminar este fic. La idea en sí la tenía desde que lo inicié, originalmente era un capi, pero con idea y mucha extensión quedó más largo, y aún así no abarqué todo lo que quería.

Les spolee muchas cosas que tengo planeadas para los jinetes, como sus hijos, aunque no di el nombre de todos, ni la cantidad específica que cada uno tiene.

Espero que este último capi y mini epílogo les haya gustado.

¡Qué bonito es vivir!, y también darle oportunidad a otros de hacerlo, reflexionen en esto.

Gracias por leer

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 16 de octubre de 2017