¡Hola a todos de nuevo!

Para empezar: ¡feliz año! Espero que hayan pasado un excelente 31 con todos sus seres queridos y se hayan divertido mucho… a todos los que leen esto: que tengan un bonito 2016 y se esfuercen por realizar todas sus expectativas. Ya saben que con voluntad, confianza y esfuerzo todo es posible.

Sin más que decir les dejo la continuación de A favor del enemigo, deseo con todo el alma que la disfruten.

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Capítulo 6: Atracción involuntaria.

Sakura se secaba el cabello con una toalla de baño, frotándoselo desde la raíz hasta las puntas, sentada frente a su espejo y observando el pendiente que había ubicado antes sobre la mesa. Ya no podría volver a usarlo. Algunos artículos sólo deben ser empleados con su gemelo, del mismo modo en que no puedes ponerte un zapato sin el otro, tampoco deberías lucir un arete o pendiente sin su par idéntico. La única rara excepción a esta regla superficial son los calcetines que usas bajo los pantalones porque nadie se da cuenta casi nunca de que los llevas diferentes. Y esto es algo que sucede generalmente a los hombres.

Suspiró sometiéndose al suicidio más cotidiano: la resignación. En verdad le encantaban esos pendientes, y lamentaba más que nunca haber perdido uno de ellos. ¿Pudiera ser que lo extraviara en una de las tantas veces en que se acomodó tras la oreja un mechón rebelde de cabello durante la cita? ¿O quizá no estaba bien acomodado y se le salió del lóbulo cuando aquel atrevido ladrón la empujó repentinamente con tanta fuerza? Bueno, fuese lo que fuese, ya no había nada que hacer, no se puede llorar por la leche derramada.

Abandonó la distraída empresa de secarse el cabello porque ya no le escurría el agua. Se levantó de la silla en la que estaba y se dejó caer como un peso muerto sobre la cama. Inevitablemente su mente voló a ese torturante y humillante momento en que con las ilusiones por las nubes esperó un mínimo roce al menos de la boca de Suke Hachijou sobre la suya. Pero luego de un lapsus de profunda meditación concluyó para sí misma que siendo la primera cita apenas, había sido demasiado rápido actuar de esa forma con él.
No fue preciso parecer tan accesible… y es que necesitaba conocerlo más. Independientemente de toda la información que él develó sobre sí mismo y que ella devoró con gran ansiedad, Sakura quedó con hambre.
Lo cierto era que ya tenía clara una cosa: el chico le interesaba mucho, y haría lo posible por atraerlo más hacia sí. Cualquier oportunidad que se le presentara con Suke Hachijou no la desaprovecharía para acercársele, estaba decidida, de la misma manera en que tampoco desperdiciaría de nuevo un chance de atrapar a Sasuke Uchiha si el muy condenado se le aparecía.

A su puerta llamaron, y sin sorprenderse por supuesto de quienes eran – porque las esperaba –, se encaminó a la misma y la abrió, encontrándose del otro lado a sus dos queridas amigas: Hinata e Ino.

- Buenas noches, Sakura – saludó Hinata.

- Buenas noches a ambas.

De vez en cuando ambas chicas se reunían en el apartamento de Sakura donde se quedaban por algunas noches por diversos motivos:

El principal de ellos es que eran desde hace muchos años buenas amigas, cursaron juntas la primaria y el mismo destino tuvieron en secundaria, empero el haber entrado a la universidad y tomar cada una su camino no impidió que continuasen haciendo pijamadas o reuniones diurnas de vez en cuando.

Luego estaba la costumbre que habían adoptado Hinata e Ino de estudiar en casa de Sakura por ser ésta muy altruista, inteligente, atenta a los deberes de sus amigas y dispuesta a ofrecer los libros y pergaminos que secretamente guardaba en un recodo oculto de su habitación: iban desde largos tomos de ensayos e información educativa hasta novelas policiacas y románticas.
En otras relaciones se pudiera decir que reunirse entre amigas en tiempos de exámenes no ayudaría a ninguna, pues se dedicarían a hablar y hacer de todo menos a consagrar su tiempo en lo que correspondería, pero en este caso, tanto Ino – que se especializaba en psicología forense – como Hinata – que cursaba derecho – se complementaban de maravilla con la oficial de policía y entre todas (por tener en común servir a la ley) se ayudaban mutuamente en cualquier problemilla – por muy pequeño que fuese – que en sus carreras se presentaba. Lo mejor era que les sentaba de maravilla.

- Vamos, chicas, pasen – invitó Sakura cordial.

- Caramba, pensé que nunca lo dirías – comentó Ino ingresando junto con Hinata al apartamento –. Mm… no percibo perfume de hombre. Creí que serías más audaz y traerías aquí al guapo de Suke, frente.

- ¡Ino! – regañó Sakura.

- ¿A Suke? – preguntó Hinata con timidez –, entonces, Sakura, ¿eso quiere decir que sí saliste con él a fin de cuentas?

- Si, Hinata, perdona no haberte contado, pero no había tenido tiempo ni mente para hacerlo… además te vi tan ocupada la última vez en la cafetería de tu padre que…

- Me llamó a mí y acudí de inmediato para acicalarla como si fuera un miembro de la realeza – concluyó Ino –. Pero lo que importa ahora aquí es que nos cuentes qué tal te fue con el chico, ¿verdad Hinata?

- Me gustaría saberlo, pero n-no te sientas obligada, Sakura, si no quieres relatarnos tu salida con Suke, está bien, no hay presión alguna.

- ¡¿Qué?! – lanzó Ino casi con indignación –, en serio, Hinata, ¿desde cuándo nos conocemos? ¿desde la semana pasada? Estas reuniones tienen el objetivo específico de confesarnos todo y ayudarnos siempre que podamos, y yo no me iré de aquí hasta que Sakura nos cuente con lujo de detalles como si estuviese narrando una buena escena de un libro lo que ocurrió en su cita con el guapo de Suke, en especial cuando fui yo quien se tomó el gran trabajo de arreglarla. ¡Anda, frente, somos todo oídos!

- No te preocupes Hinata, claro que les contaré – respondió Sakura –. Ino tiene razón. Ustedes son mis mejores amigas y merecen saberlo.

Hinata que era siempre tan afable y transparente, asintió con la cabeza con gran contento y tras acomodarse en la gran cama cerca a sus amigas, se dispuso a escuchar con la mejilla apoyada en una mano.
Cuando Sakura hubo terminado su relato cargado de emociones color rosa, Ino lanzó un gritito agudo de entusiasmo y se apresuró a opinar:

- Yo digo que esto se puede poner bien serio. Primero hace ademán de besarte y luego persigue a un ladrón hasta recuperar lo que perdiste, ¡frentona suertuda! El chico está interesado. ¡Y es que te lo dije! Solo un ciego no se fijaría en ti con ese estilo que elegí para embellecerte.

- Estoy muy feliz por ti, Sakura – terció Hinata con una sonrisa de verdadera alegría y los ojos perlados brillándole de emoción, aquella historia sencilla había logrado conmoverla –. Y tú supongo también debes estar contenta porque él te gusta. ¿Qué se siente ser, o al menos tener la gran sospecha de ser correspondida?

- Ahn, Hinata… creo que es muy apresurado pensar en ello. Entre Suke y yo sólo existe buena afinación, pero si esto llega a más, te responderé a gusto esa pregunta – respondió Sakura, guiñándole un ojo –. Quiero volver a verlo y conocer más de él… no sé si estoy actuando de forma exagerada y debería pensar que las cosas se darán lentamente, pero es que siento que no me he dado por enterada de cosas que tengo que saber.

- ¿Le atribuyes esa necesidad a la intuición femenina? – cuestionó Ino.

- Puedo asegurar que sí – respondió Sakura –. Me urge conocerle mejor.

- Sí, también a mí – apuntó la rubia –, para cerciorarme de que es lo que mereces. No quiero que ningún idiota te lastime. No lo consentiría.

Sakura sonrió con simpatía. Ino aún poseía ese instinto protector pese a lo mucho que ya habían crecido. Pero Sakura se creía fuerte y suficiente; si alguien la lastimaba, ella se levantaría y pelearía.

- Bueno… yo no puedo decir que lo conozco bien – habló Hinata –, pero ya lo había visto desde antes… es muy amigo de N-Naruto y también parece que conoce a otros policías que ingresan comúnmente en la cafetería de mi padre.

- ¿No sabes nada de él? – urgió Sakura –, oh Hinata, si conoces un detalle, por mínimo que sea, te agradecería me lo dijeras.

- No, además de su nombre, de que tiene una pequeña fortuna heredada de su familia y tratos estrechos con gente del exterior no sé nada de él – respondió Hinata, pero de repente un destello de reminiscencia iluminó su mente –. Aunque… una vez fui testigo de…

- ¿Qué? – apuró Sakura –, ¿de qué?

- No sé si tenga gran importancia; pero… – y se quedó meditabunda.

- Anda, Hinata, no nos dejes así – protestó Ino –. ¿Qué fue lo que presenciaste?

- Como ambas ya saben, tengo un primo que es investigador privado, uno de los más prestigiosos, su nombre es Neji Hyuga.

- Sí, he oído hablar de él – respondió Sakura haciendo memoria –. Mi padre lo ha mencionado como si de un genio se tratase y algunos de mis colegas también, ha trabajado en muchas ocasiones con la policía. ¿Qué tiene que ver él con Suke?

- Una vez, encontrándose Neji en la cafetería para hablar un par de cosas con mi padre, ingresó al lugar Suke Hachijou, pero de inmediato se quedó parado casi en el umbral, observando a Neji como si de un enemigo se tratase. Neji a su vez hizo lo propio cuando sintió que le divisaban de forma amenazante y se volvió a la vez para enfrentarlo en un duelo miradas… duraron así por casi un minuto, reparándose el uno al otro, hasta que Suke desvió los ojos con indiferencia y pidió una coca cola para marcharse de inmediato.

- Ahh… creí que sería algo más interesante – comentó Ino con desinterés –. Tienes razón después de todo, no tiene gran importancia.

Hinata se encogió de hombros y no agregó nada más. Pero Sakura a diferencia de ambas sí comprendía que allí podía haber un motivo oculto.
Quizá Neji y Suke se conocían. Pero ella nada podía hacer por averiguar sobre ello porque ignoraba mucho acerca de Neji – es más, ni siquiera lo había visto nunca –. Y apenas se proponía a indagar sobre Suke. Empero, se preguntaba por qué alguien como Suke se llevaría mal con un servidor de la justicia como Neji. Agradeció que Hinata haya exteriorizado ese pequeño detalle porque ahora se sumaba otro enigma sobre ese chico a resolver.

A la mañana siguiente Sakura despertó un poco cansada en razón de las horas que se pasó conversando con sus amigas durante la noche anterior. Al levantar y estirar ambos brazos aún con los ojos medio cerrados y percatarse de que estos tropezaban con algo que les impedía continuar ensanchándose – el izquierdo tanteó una cabellera y el derecho algo muy blando –, Sakura abrió mejor los ojos y escuchó entonces las risitas de sus dos amigas. Observó que su mano izquierda empuñada estaba metida en la larga cabellera amarilla de Ino que se encontraba sentada en la cama dándole la espalda mientras se maquillaba, mientras que su mano derecha se había topado con los senos gigantescos de Hinata que estaba sentada a horcajadas en la cama dándole el frente, comiendo un tazón de cereal con leche.

Sakura retiró ambas manos de sus amigas y sonrió con diversión.

- Buenos días, Sakura – saludó amablemente Hinata.

- ¿Dormiste bien, frente? – quiso saber Ino mientras se aplicaba con sumo cuidado el rímel, viéndose en un espejito y sin voltear hacia sus amigas.

- Buenos días, chicas – murmuró con voz ronca Sakura –, dormí muy bien. Espero que ustedes también.

- Claro – corroboró Hinata –. Siempre que duermo aquí siento como si fuésemos trillizas.

La pequeña referencia de Hinata se debía a que cada vez que se quedaban en el apartamento de Sakura, todas dormían en su cama tamaño matrimonial. A Hinata le tocaba en el extremo derecho a Ino en el izquierdo y Sakura por último en el medio de ambas. En un principio, cuando Sakura adquirió el apartamento y decidieron inaugurarlo haciendo una pijamada, Ino se negó por supuesto a compartir cama con ambas con la excusa de que no tendría suficiente espacio, de modo que resolvió por dormir en el alargado sillón del que Sakura disponía en su living, pero esa misma noche habían visto una película de terror y la rubia no soportó permanecer sola y a oscuras en esa zona, así que se arrepintió de su decisión y fue a acurrucarse con sus amigas en la gran cama, donde durmió tranquila. Desde entonces dormía con ambas, y es que no le pareció tan malo después de todo porque compartían sus últimos pensamientos del día o jugaban entre ellas o tonteaban de alguna manera, siempre divirtiéndose. Además, ni Sakura ni Hinata roncaban o hablaban dormidas, lo cual constituía un alivio. Era ella a la que se le daba por dejar caer de vez en cuando un brazo o pierna sobre la que tuviera al lado, es decir Sakura.

- Ehm, Ino, ¿puedo saber por qué te arreglas tanto? – cuestionó Hinata.

- Hoy tengo clases a primera hora con el profesor que está más bueno en la facultad – respondió sin reparo alguno.

Sakura y Hinata se miraron y sonrieron, ambas conocían muy bien a Ino como para asimilar sus honestos atrevimientos.

A Sakura entonces se le ocurrió observar el reloj que estaba colgado en la pared.

- ¡No puede ser! – exclamó alterada.

Al percatarse de lo tarde que se le estaba haciendo para ir a trabajar pegó un brinco en la cama tan inquietante, fuerte y repentino que en su afán por levantarse de la cama se sintió como una tortuga bocarriba y usó ambos brazos para impulsarse usando a sus amigas como apoyo, provocando que Hinata se tirara el plato de leche y cereal encima e Ino se rayase la cara con el pintalabios rojo.

- ¿Qué? – preguntó Hinata desorientada.

- ¿Qué? ¿qué pasa? – hizo lo mismo Ino.

- Ops – murmuró Sakura mirando a uno y otro lado –, nada, es solo que se me hace tarde – reparó en Hinata que se había levantado de la cama con la barbilla, el cuello, el pecho entero y la blusa bañados en leche –, lo lamento Hinata.

- No te preocupes, Sakura, de todas formas aún no me he bañado – respondió la chica del cabello azul.

- Lo siento también por ti Ino – agregó Sakura observando a la rubia.

- De qué hablas, yo no…

Ino que no se dio cuenta del error gravísimo que cometió en su cara por prestar mayor atención al súbito arrebato de su amiga – creyendo que se trataba de algo grave –, se miró entonces al espejito y observó con horror la enorme raya roja que partía de su labio superior, caminaba sobre su mejilla y le llegaba casi a un ojo. Pegó un grito de horror que trastornó los oídos de sus amigas.

- ¡Que me trague la tierra y arda en el infierno! – exclamaba al tiempo que zarandeaba los brazos en el aire –, ¡mira lo que me hiciste hacer, Sakura! ¡mira, soy un monstruo!

- Tranquila, Ino, tranquila, puede arreglarse – intentaba convencerla Hinata –, no grites más por favor, alarmarás a los vecinos en los otros apartamentos.

- Hinata tiene razón. Tienes que calmarte. Te ayudaremos a arreglarlo – habló Sakura –. Te dije que lo sentía, ¿de acuerdo? No es el fin del mundo.

- Sí lo es, sí lo es – chillaba Ino, mirándose en el espejo –. Llevaba casi media hora en esto y en sólo un segundo se arruinó por completo, tendré que lavarme toda la cara y si me vuelvo a maquillar no quedaré igual… tanto esfuerzo perdido. ¡Cómo me duele!

Sakura que poca importancia siempre dio al maquillaje – toda los cuidados que ella tenía eran para su cabello – puso los ojos en blanco y se acercó a su amiga para ayudarla, a la par que Hinata decía a Ino que incluso sin maquillaje podía impresionar y deslumbrar al susodicho profesor porque ella era extremadamente hermosa por naturaleza.
Solo de esta forma lograron apaciguarla y reconfortarla con un nuevo retoque – aunque más insulso que el anterior – para que cada una se dedicase entonces a prepararse para enfrentar el día que les esperaba.

… … … … …

Tras enterarse de la incompetencia cometida en el distrito sur de Japón por un escuadrón de liderazgo ANBU, Sasuke con el ceño arrugado se sacó del bolsillo un celular alargado y blanco y marcó a uno de sus esbirros convecinos que conformaba como él la cabeza de los cazadores especiales.

- ¿No recuerdas acaso la orden que di, Torune? – siseó Sasuke –, ¿o es que preferiste ignorarla por mero capricho ante un par de baratijas?

- Le aseguro señor que me encargué de transmitirla a mi escuadrón con suma fidelidad, pero un grupo de ellos tomó la iniciativa por su parte y lo que sucedió fue inevitable – explicó la voz de Torune Aburame por teléfono.

- De modo que te traicionaron – aventuró Sasuke, creyéndole de verdad a Torune que siempre había resultado ser un ejemplar ANBU, misma cualidad que lo había llevado hasta el puesto de sublíder en su distrito –. ¿Cuántos fueron capturados en el operativo? ¿Qué fue lo que sucedió?

- Dos de mis hombres cayeron. Eran cinco en total. En plena noche se escabulleron en el establecimiento de artículos religiosos y fueron atrapados de una forma que aun no comprendo… la policía llegó muy pronto alertada. He recibido un mensaje de ambos capturados y exigen que hagamos lo posible por sacarlos de la cárcel.

- Traidores – murmuró Sasuke entre dientes –. No soporto a los traidores. Escucha bien Torune porque solo lo diré una vez; ese par de torpes pondrán en riesgo a la organización en general si llegan a emitir una sola palabra, y aunque nuestros hombres y mujeres están diseñados para soportar toda clase de tortura en caso de ser capturados por la policía, no me cabe duda de que esos dos hablarán. Ya nos traicionaron una vez al violar mis órdenes, y lo harán otra vez si respondemos con una negativa ante su descarada petición.

- ¿Entonces? ¿Qué dice usted que haga? – preguntaba Torune Aburame –, ¿tendremos que pagar en anonimato sus libertades?

- ¡Pero claro que no! – contestó Sasuke casi indignado –, escucha, ya hablé de esto con Orochimaru, y su respuesta fue que tienes que hacerlos desaparecer… en la misma cárcel.

- ¿Hago que los asesinen otros convictos?

- ¡Usa la cabeza, Torune! – sugirió su jefe –, tiene que parecer un accidente… tienes que usar esa colección de insectos venenosos que tienes.

- Oh… sí – captó el Aburame, casi se podía escuchar su sonrisa –. Comprendo a la perfección, señor.

Después de sugerir un par de indicaciones más a su subordinado, Sasuke cortó la llamada y suspiró profundo. Odiaba cuando alguien en la organización desobedecía sus órdenes que siempre eran expuestas en bien general, casi nunca sucedía, pero cuando se daban esos casos siempre concluían en muertes… muertes que resolvía el mismo Orochimaru desde donde se encontrase. Estuviera lejos o cerca, la serpiente se enteraba de cada paso a favor o resbalón que cometían en su organización porque si un robo salía perfecto, o era capturado algún miembro ANBU, se publicaba con seguridad en los grandes periódicos del país.
Sasuke se pasó una mano por los cabellos, pensando que aunque no le gustaba tal proceder, le tocaría hacer lo mismo si estuviese en el lugar de Orochimaru… cosa que pretendía lograr pues sus ambiciones eran enormes.
Se metió de nuevo el celular al bolsillo y antes de sacar la mano sintió un mínimo objeto punzante dentro. Lo sujetó y sostuvo a la altura de sus ojos: era el pendiente de la oficial Haruno. Cerró los ojos mientras lo apretaba en un puño; rememoró con éxito involuntario la amenaza que había proferido a ese hombre que aunque tuviese una forma bastante mediocre e insulsa de robar, era de su misma calaña:

"Nadie más que yo tiene derecho de robarle a esa mujer…" "Me he grabado bien tu rostro .Y si vuelves a intentar algo contra ella una vez más, me aseguraré de que supliques el doble de lo que ahora haces… no sabes quién soy."

- ¡Pamplinas!

¡Fueron estupideces, por supuesto! Pero aun así era imposible no reconocer que todas esas palabras fueron dichas por instinto, y se preguntaba ahora si sería posible oprimir los instintos. No podía permitir que estos se le escapasen de nuevo como si se tratase de un león cuando ve a su compañera en celo… no… él era una criatura racional y tenía que dominarse ante esa mujer. Hasta ahora no lo había conseguido como esperaba porque cada vez que la veía sólo se le ocurría mirar su bonito cabello y soportar las ganas de hundir su nariz en él para aspirarlo con fuerza mientras la apretujaba con los brazos, rodeando por completo ese pequeño cuerpecito tiernamente tentador que ella lucía.

- ¡Maldita sea!

Otra vez se sorprendía a sí mismo pensando en su cuerpo.
¿Desde cuándo se dedicaba él a cavilar en los atributos de una mujer? ¡Si ni siquiera habían llegado a importarle en serio! Y lo peor es que – en materia de estatura, carnes y figura – ella no era la gran cosa. Sus mejores atractivos estaban en su cabeza.
Abrió la mano para descubrir que el centro de su palma se había perforado con el pendiente de la oficial. Observó el punto de sangre que emanaba con delicada parsimonia y advirtió con cauta seriedad que si continuaba frecuentándola, más se le iba a apetecer, y no sería preciso – siendo quien era – involucrarse íntimamente con un miembro del cuerpo de la policía. Al igual que su mano en ese momento, quizá él terminaría siendo perforado por una bala de Sakura si por algún medio – Naruto quizá – ella llegaba a enterarse de la verdad… o… quizá fuera ella quien acabase siendo perforada por él.

¡Otra vez!

- ¡Con un demonio!

Escuchó el golpeteo de unos nudillos en la puerta seguido de un pequeño llamado:

- ¿Sasuke? – preguntaba Kim del otro lado –, ¿está todo bien? ¿Por qué maldices tanto?

- No sucede nada. Lárgate – ordenó molesto.

Impermeable, distante, grosera y fría. Esa era la forma en que acostumbraba a tratar a la mayoría de las personas cuando estaba siendo él mismo; pero como le había tocado fingir simpatía ante la oficial Haruno – simpatía que se estaba haciendo cada vez más real –, sería imposible repelerla de la misma manera que lograba con otros.

- Tengo algo que quizá te interese – continuó Kim, ignorando el tono con que había sido tratada –. Hay un evento que se dará hoy, uno muy de tus preferencias. Pensé que en él quizá fijarías un nuevo objetivo para cuando comencemos a trabajar de nuevo.

Solo al oír lo anterior Sasuke accedió a abrir la puerta. Observó con indiferencia y cada enfado a Kim que posaba de forma coqueta sosteniendo un volante de papel en una mano y mordiendo una punta del mismo para denotar sensualidad. Sasuke le quitó de un manotazo el volante y sin expresar un "gracias" o "hasta pronto", le cerró la puerta con estrépito en las narices.
La mujer permaneció del otro lado con la boca abierta y el ceño arrugado de indignación, si no se tratara de su jefe y líder directo, habría lanzado una maldición o reclamado con furia. Tuvo que morderse la lengua y alejarse de allí a pasos sonoros.

Sasuke observó y leyó el volante. Por fin algo que despejaría su mente.

… … … … … … …

Lo primero que dijo Naruto al verla llegar fue:

- ¡Se te hizo tarde, Sakura!

- Lo sé, lo sé – manoteó ella en el aire para restar importancia a su falta –. Y lo lamento, pero ya deja eso de lado, vámonos a donde sea que tengamos que llegar, no caben más contratiempos en explicaciones.

Naruto aceptó de buena gana y se apresuraron en subir al auto. En el camino ella se justificó con que se había levantado algo tarde y había perdido un poco el tiempo con una de sus amigas debido a un ligero percance que ella misma provocó, después él le detalló que sólo tendrían que hacer guardia y pasearse por los pasillos de una galería de arte prestigioso y sumamente valorado que había sido traído del extranjero. Sakura suspiró, en parte por satisfacción porque le gustaba apreciar obras de arte, y en parte por descontento porque ahí le tocaba de nuevo realizar una tarea pacífica. Estaba comenzando a creer que jamás tendría ocasión de usar su arma de fuego.

Tan pronto pusieron sus pies en la galería, ambos oficiales observaron la variedad en las vestimentas y estilos de los transeúntes que no sólo remarcaban físicamente que se trataba de personas del exterior, sino que por sus maneras y la alta calidad patente de sus prendas, podía concluirse fácilmente que eran gente de buen dineral.

- Esto será un poco difícil, Sakura – acotó Naruto en un susurro –, lo mejor será no involucrarnos con ninguno de ellos y ser dúctiles al momento de corregir cuando sea necesario.

- Si… es cierto.

Sakura comprendía a lo que se refería su amigo; las personas de alta estima económica suelen ser tan presuntuosos, orgullosos y altaneros como los más rebeldes criminales, y la razón se sustentaba en sus posiciones sociales, siendo quienes eran muchos se creían por encima de la ley, y seguro lo eran en cuestiones de abogados y jueces, pero con la policía se creaban mayores altercados al momento de debatirse porque los errores que cometían eran evidentes y reprochables, recibían el debido y justo llamado de atención, y a causa de ello luego lanzaban petulantes frases a los uniformados como:

"Usted no tiene ningún derecho sobre mí."

"No sabe quién soy."

"¿Qué es lo que se está creyendo?"

Y una de las peores que iba dirigida a todo trabajador que considerasen despectivo:

"Haré que lo despidan / le llamen la atención."

Lo peor de todo era que podían hacerlo y conseguirlo. Naruto recordó que una vez presenció cómo Kiba obtuvo un buen regaño de uno de los superintendentes después de que el chico hubo llamado la atención razonablemente a la hija de uno de los concejales cuando se cruzó un semáforo en rojo y casi provoca un accidente. La adolescente armó un revuelo aludiendo a que el policía la había tratado como a una chiquilla de seis años. Conociendo a Kiba – que era porfiado y pendenciero – puede que así haya sido, pero la reprimenda que recibió fue demasiado fuerte e inmerecida.

Naruto y Sakura se separaron. Ella tomaría la zona donde se exhibían las piezas de arte hábilmente moldeadas y creadas con materiales como madera y cristal, y suspendidas de hilos dando al techo o ubicadas en pedestales, mientras Naruto se dedicaría a la región de los cuadros y pinturas.

… … … … … … …

Sasuke se paseaba observando los cuadros de figuras extravagantes, coloridas e ingeniosas. En ese momento se hacía pasar por Suke Hachijou, un hombre adinerado que ambicionaba apreciar toda muestra artística sugestiva al ojo de un experto. Vestía de traje completamente negro, zapatos lustrados y corbata roja. Las extranjeras se le quedaban mirando de forma bobalicona y se les ocurría que aquel hombre sombrío, serio y atractivo era más atrayente e interesante que cualquiera de los cuadros que se supone que fueron a ver.

Cuando Sasuke se percató de que Naruto ingresaba al pasillo caminando lentamente, y con las manos enlazadas en la espalda, no dudó un segundo en aproximársele para hacer un mordaz comentario:

- No observes demasiado esas raras pinturas, dobe, pueda ser que te vuelen los sesos por ser tu cerebro demasiado primitivo para comprender muchas de ellas.

- ¡¿Eh?! – se sobresaltó Naruto para dar la cara a su amigo –, ¿Sasuke?

- ¡Sshh! – lo calló molesto –, no me llames de esa forma, idiota. Alertarás a todo el mundo y si llego a levantar sospechas por tu ineptitud por vida mía que te mataré Naruto.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – se preguntó el policía rubio y al notar el silencio de su amigo intuyó una horrible treta –. Ni lo sueñes. No se te ocurra siquiera poner un dedo a estas obras, teme.

- No digas tonterías, esto no tiene nada que ver con mis planes – negó el Uchiha –. Solo vine aquí porque necesitaba despejarme. Con lo mucho que me gustan estas cosas me pareció buena idea.

- Estás teniendo problemas ¿eh? – lo codeó Naruto –. Me enteré de que fueron capturados dos de los tuyos en otra ciudad.

Sasuke no iba a decirle que en realidad estaba allí porque algunos de sus pensamientos estaban revueltos, y no se debía a nada más que a los atributos físicos y el inefable aroma de la oficial Haruno.

- Ya no son de los míos – rectificó Sasuke –. Eso ya no es importante ahora.

- ¿Qué es lo que piensas hacer, eh teme?

- No hagas preguntas inútiles, sabes que jamás comparto mis planes. Y no porque tema a que tú siendo un policía los fueras a echar a perder, sino porque son cosas que sólo me conciernen a mí.

- ¿No se los cuentas ni a tus mayores?

- No – contestó Sasuke –. Todo el mundo se puede dar por enterado de ellos una vez que los haya llevado a cabo. Nunca antes cuando sólo comienzan a tener forma en mi mente… ahora lárgate, dobe, quiero seguir apreciando estas piezas sin la interrupción de tontuelos como tú.

- ¡Hey! – protestó el oficial con esa indignación característica y poco seria que mostraba a su amigo.

- Naruto – advirtió Sasuke en tono amenazador.

- No puedo irme de aquí, teme. Esta es la zona que me ha tocado custodiar, así que vas a tener que lidiar conmigo – agregó con una maliciosa risita.

- ¡Rayos y truenos! – gruñó Sasuke –. Bien, iré al salón de las obras tridimensionales.

Naruto advirtió con auténtico nerviosismo que cerca de ese salón se encontraba Sakura. No podía ser que esos dos se fueran a encontrar. No otra vez. Ellos no podían frecuentarse, ellos no podían conocerse.

- ¡Ehh, Sasuke! Mejor quédate acá, ¿sí? te prometo que no te voy a molestar más – intentó convencerlo.

- Maldición Naruto, si vuelves a mencionar mi nombre real te partiré la nariz y añadiré un poco más de color rojo a estas obras.

En cambio Naruto no prestó la mínima atención a esa amenaza, sino que se esforzó en la difícil empresa de hacer permanecer en ese salón a su indócil amigo.

- Venga que estos cuadros están magníficos, no tienen comparación, son lo mejor de la galería, de veras.

- Vete al diablo, quiero ver las obras tridimensionales, ya me aburrí de creaciones planas – respondió el Uchiha señalando las pinturas –. Necesito observar algo más real.

- Entonces mira este cuadro de la mujer con el niño – lo jaló Naruto de la manga de su saco, haciendo que el Uchiha soltara un gruñido de irritación –. Mira, hasta da miedo, parece que se fuera a salir del lienzo.

- No digas estupideces, yo me largo – se zafó el brazo dispuesto a marcharse.

- Anda, Sa… Suke – continuó Naruto convirtiendo su brazo en un gancho alrededor del cuello de Sasuke –. Hay mucho más por apreciar aquí.

- ¡Demonios, Naruto!

Ya habían hecho bastante escandalo como para que algunas personas se dieran cuenta, así que a Sasuke le importó poco que observaran cómo le daba un golpetazo en la cabeza a su amigo para marcharse de una vez.

- ¡Ahh, teme, eso dolió! – se quejó Naruto a sus espaldas.

Sasuke lo ignoró mientras se acomodaba su elegante traje donde Naruto había dejado algunas arrugas con sus agarres insistentes.
No se iría de allí hasta no haber evaluado cada pieza de la exposición.

… … … … … … …

- … Y es por eso que está prohibido comer aquí, pequeña – concluyó Sakura su larga explicación a una niña de vestido rosa que se guardaba recelosamente una paleta a sus espaldas y cuyos padres se encontraban más adelante prestando mayor atención a las obras –. Vamos, sé una buena niña y dame esa paleta.

- La niña dudó unos instantes antes de entregar con gran lentitud dubitativa su caramelo.

- Eso es. Qué buena chica eres – congratuló Sakura aliviada. Segundos antes creyó que la pequeña iba a terminar haciendo un berrinche.

- ¿Sabe usted por qué se la di? – cuestionó la niña limpiándose las manos en el vestido.

- Umm… ¿quizá porque entendiste que está prohibido en este lugar? – aventuró Sakura.

- No. Es porque usted tiene el cabello de mi color favorito.

Sakura rió un poco en una mezcla de dulzura por la candidez de esa niña y desconcierto pues nunca pensó que el rosa de su cabello le fuera a evitar un pequeño conflicto. Se despidió de la pequeña que corrió hacia sus padres y tras arrojar la paleta a un cubo de basura regresó a su deber.
De todas las singulares obras que se exponían, una en específico llamó la atención de Sakura al causarle la sensación de que estaba incompleta. Eran más específicamente dos: una marioneta de una mujer con cabello marrón y una de un hombre con cabello rojizo que se arrodillaban uno frente al otro observando hacia abajo, como la imagen de un pesebre en el que aún no nace el mesías.

- Pero qué singular belleza – comentó una voz de cálido aliento a sus espaldas.

Sakura casi dio un brinco y se volteó para encararse con un hombre cuyos ojos eran de un atractivo café cenizas, piel clara y cabellos rojizos. A Sakura le pareció que estaba viendo la personificación de la marioneta masculina que había dejado a sus espaldas.

- Disculpe – dijo ella, pretendiendo irse.

- Oh no, espere, oficial – reclamó él, tomándola del brazo y haciendo que se devolviese –. No se vaya.

Ese hombre era un atrevido sin dudas, primero le hablaba cerca al oído desde atrás y ahora la forzaba a quedarse tomándola con inexcusable familiaridad. Sakura supo que no debía involucrarse con él. Llámenlo golpe o suerte de intuición, pero ella sintió que no era conveniente.

- Lo lamento, pero debo continuar con mi deber – se excusó.

- Nada ha ocurrido aquí – le dijo el pelirrojo –. Me pareció que estaba usted interesada en mi obra.

- Oh… de modo que usted es el creador de las marionetas.

- Desde luego. Mi nombre es Sasori – le estrechó la mano.

- Oficial Sakura Haruno para servirle.

- Bien, oficial Haruno. ¿Puede usted decirme qué le llamó la atención en ese par de marionetas?

- Están muy bonitas. Pero percibí en ellas un hálito de... soledad, como si algo les faltase – se avergonzó de inmediato por su apresurada honestidad –. Perdone creo que lo malinterpreté.

Sasori negó con la cabeza y una sonrisa divertida.

- Ha acertado en su sospecha – le dijo –. A esta obra la llamo "mamá y papá" porque representan a mis padres fallecidos, y lo que usted dice que les falta en medio soy yo.

- Oh… comprendo, sr. Sasori, lamento su perdida. Es muy hermosa su obra.

- No se disculpe por algo que quedó en el pasado, y sólo llámeme Sasori – dio un paso hacia ella y le tomó la mano para llevarla hacia una de las marionetas –, ¿siente usted la magnífica madera con que fueron creadas? Fíjese en todas marionetas de este salón, son seis en total y le doy en contra de las leyes del museo absoluto permiso de tocarlas – le señaló al resto mientras los nombraba –, estos son como ya sabe mamá y papá, esa de ahí con apariencia de niño es Komushi y está basada en un viejo amigo que tuve en mi infancia y que por desgracia murió envenenado, la que le sigue: el hombre con imponente apariencia es la tercera sombra de viento o Kazekage, seguido de mi favorita: Hiruko.

Y a la que Sakura le pareció la más fea por su forma indefinida y esa larga cola de escorpión que le sobresalía.

- Pero usted dijo que eran seis – comentó ella –, sólo contó a Mamá y papá, Komushi, Kazekage y Hiruko.

- Sí, es que la sexta soy yo – bromeó Sasori y tomando la mano de Sakura se la puso en la mejilla de él para frotársela con suavidad, mientras la veía a los ojos –, puede tocarme cuanto quiera, oficial – agregó en un murmullo.

En ese momento Sasuke entraba al mismo salón. Recorrió sus extensiones con los ojos para echar un vistazo general a las obras y se detuvo de súbito con gran sorpresa y desagrado al avistar a Sakura poniendo una mano en la mejilla a un hombre pelirrojo, quien a su vez se la sujetaba y acariciaba con ternura. En un gesto inconsciente empuñó los labios y encogió el ceño con molestia. Decidió ocultarse tras el umbral para poder vigilar mejor sin que ella se diera cuenta de su presencia.

- Ehh…yo… Sasori… ¿puede soltar mi mano? – pidió ella intentado ocultar y evadir los impulsos de ese monstruo que albergaba en su interior llamado molestia. Si no fuera un ricachón, autor de algunas de las obras de la galería y si tampoco se encontraran en la bendita galería rodeados de gentes de la alta sociedad, Sakura lo habría apartado de un empujón que seguro lo haría estrellar contra la lejana pared.

- Umm, pero por qué hacerlo… – hablaba Sasori con los parpados medio caídos y arrastrando las palabras – si usted huele exquisito – y se llevó los dedos de Sakura a la nariz para olfatearlos mejor.

- Es que no me gusta lo que hace… – respondió ella removiéndose cada vez más incómoda.

- Bien, déjeme decirle algo oficial, Haruno – dijo él saliendo de su ensoñación y apartándose la mano de ella de la cara sin soltársela –. Cuando entré a este salón para contemplar y ver a la gente contemplar mis obras, tuve que admitir por lo bajo que usted entre todas las cosas ejerce un alto reclamo de la atención, su porte es tan llamativo que me fue inevitable acercármele. Así que ya que estamos aquí, quisiera proponerle algo que estoy seguro nunca en la vida le han ofrecido…

Oh no… Sakura pensó que le vendría con una proposición de lo más desubicada y vulgar. Tenía que controlarse cuando lo escuchara. No podía abofetear a ese hombre y mucho menos allí.

- ¿Qué le parecería tener un cuerpo como estos? – señaló a las marionetas – Un cuerpo que no se corrompe, al que no le afecta la edad, puedes fabricar la marioneta cuantas veces quieras y puedes hacer marionetas de toda persona que desees, si quieres.

- No comprendo… ¿de qué habla? – cuestionó Sakura muy patidifusa.

- Tengo una colección de 298 marionetas, estoy creando la 299 con la imagen de mi abuela y quiero que usted sea mi número 300 – señaló entonces a mamá y papá –. Así como fabriqué las imágenes de mis padres, y la de mi antiguo amigo, puedo fabricar la suya… aunque requiere de trabajo y dedicación es más sencillo si se tiene cerca al modelo real.

Entonces Sakura sonrió cordial por primera vez ante él. Le alagaba y gustaba la idea, sin embargo, aún dudaba. Sasori era un hombre – aunque muy atractivo – bastante atrevido y jactancioso como muchos de su clase. No lo conocía.

- Verá, lo primero a tener en cuenta son los atributos del ejemplar – continuó Sasori y la señaló con un dedo muy cercano –. Su tamaño y contextura.

Dio un paso atrás y la observó de pies a cabeza. Sakura sentía que la desnudaba con la mirada.

- El matiz y largo de su cabello…

La rodeó como un felino y se posicionó a sus espaldas. Tomó sin ningún reparo su gorra de oficial y se la puso él en la cabeza – tal y como había hecho Sasuke Uchiha una vez –. Le soltó el cabello con apasionada lentitud y volvió a estar frente a ella. Entonces tomó uno de los largos mechones que colgaban a un lado de su rostro y se aproximó para olerlo, quedando a dos dedos de rozar su nariz con la de ella.

- El color de sus ojos y las facciones de su rostro.

Le cogió la barbilla con una mano y con la otra en la nuca la obligó a ella a arrimarse más hacia él.

- Si la tengo a usted cerca de mí, esa marioneta será como su gemela – concluyó en un murmuro de voz ronca.

- Sa… Sasori…

Fue ella quien tras sentirse abochornada dio un paso hacia atrás, haciendo distancia, mirando con vergüenza a las personas que se paseaban y llevándose – en un gesto de timidez – su largo cabello hacia un costado con las mejillas arreboladas.

En la entrada del salón y con un solo ojo contemplando la escena, Sasuke echaba humo por las orejas mientras crispaba los puños temblorosos. El maldito Sasori había hecho en unos segundos como si nada lo que él tanto había anhelado: oler la piel y el cabello de la oficial Haruno.
¿Por qué demonios se hallaba ella en ese estado de encogimiento y sonrojo?
¿Se conocía ya con el maestro de las marionetas?
¿O serían novios?

Ese condenado de Sasori la había seducido en medio de una galería de arte atestada de andariegos amantes al talento, y ella – maldita fuera – se había dejado conducir como una tonta por todas sus mañas baratas.
Si de sus instintos dependiera, iría hasta allí a paso seguro, le arrebataría a Sakura con posesividad, lo empujaría para provocarlo a una pelea de golpes y se desahogaría de lo lindo partiéndole esa carita aletargada de niño bueno.

Pero Sasuke era consciente de que no podía hacer eso, no sólo porque todos allí pensarían que estaba loco – incluso ella – y lo terminarían sacando a patadas, sino que además no podía definir en su cabeza una razón concreta para actuar de tal forma. Y es que para empezar, ¿Por qué estaba tan enojado? Esa molesta mujer podía hacer con su vida y con quien sea lo que se le diera la bendita gana.

- ¡Con que aquí es donde estabas, teme! – exclamó Naruto dándole una enorme palmada con la mano abierta en la espalda a Sasuke y dejándole el tatuaje de la misma enrojecido en su piel nívea por debajo de la ropa.

- ¡Maldición Naruto! – contestó Sasuke volteándosele y propinándole otro puñetazo en la cabeza más fuerte que el primero.

- Oye… dolió – se quejó Naruto con las manos en la cabeza –, parece que hubieras descargado toda tu ira en mí.

Y efectivamente eso había hecho.

- ¿Sabes qué? Me harté de éste estúpido lugar, para empezar no sé ni por qué demonios vine aquí – decía Sasuke con aspereza –. Me largo de una maldita vez.

- Oye, oye, espera, tú nunca maldices tanto, ¿Por qué dices tantas groserías? – cuestionó Naruto –. Estás realmente enojado, ¿Qué te pasó?

- Nada. Simplemente me quiero ir – se excusó mintiendo –. Suerte en tu labor. Nos vemos.

Sin agregar nada más Sasuke salió de allí, dejando con la intriga a Naruto.

Minutos después una mujer muy anciana entonces le tocó la espalda al rubio y preguntó amable:

- Disculpa muchacho, ¿sabes dónde queda el salón donde se exponen las marionetas de mi nieto?

Naruto le dijo que no sabía quién era su nieto, pero aun así la llevó adentro del salón donde había visto unas marionetas.
Dentro del salón Sakura y Sasori continuaban en lo mismo, ajenos a lo que afuera acababa de suceder.

- Entonces, ¿Qué me dice oficial?

- Yo… me gustaría, pero no prometo nada, Sasori… además este no es el momento adecuado para discutirlo, estoy en medio de mi trabajo – contestó Sakura.

- ¡Aja! – exclamó tras ellos la voz de una viejecita –, sabía que aquí habías estado, Sasori, el problema es que no me acordaba de cómo llegar a este salón. Fue todo gracias a este simpático policía.

- ¿Cómo vas Sakura? – saludó Naruto.

- Bien… está todo en orden por aquí – respondió ella.

- Oh, ya veo, ya veo – terció la anciana picarona –. Con razón te quedaste por tanto tiempo. ¡Ay, Sasori, si no te conociera no diría que estabas galanteando con esta muchacha tan hermosa!

Sakura rió con simpatía y Naruto levantó una ceja. Estaba comenzando a hilar la realidad de los hechos: un hombre coqueteando con Sakura en ese salón, él sorprendió a Sasuke espiando ese mismo salón y éste le contestó con amargura y se marchó enojado.

Con que así estaban las cosas…

- Oficial Haruno, ella es mi abuela Chiyo – presentó Sasori cordial –. Abuela ésta es la oficial Sakura Haruno.

- Gusto en conocerla, señora Chiyo.

- Hola, querida. Es un enorme placer. Espero que mi nieto no te haya espantado con sus ideas locas de marionetas – dijo la anciana provocando una risita en Sakura. Entonces se volvió a Sasori –. Tenemos que irnos, querido. Recuerda que aún quedan algunos trámites pendientes.

- Sí, es cierto – respondió Sasori y miró a Sakura –. Por favor considere mi propuesta, oficial. Sé que nos volveremos a ver.

Y haciendo honor de su galantería de nuevo, tomó su mano y en lugar de un beso, le olió levemente.

- Ya, ya, ya, eso es excesivo – le interrumpió la anciana con diversión –. Comienza a andar antes de que la oficial Haruno y yo te demos tu merecido.

Sakura se despidió de ambos y una vez a solas con Naruto decidió preguntarle por su expresión interrogativa:

- ¿Qué te sucede? Tienes cara de estar desenredando un nudo apretado.

- Sí. puede que eso sea – respondió el rubio.

- Bueno, continuemos trabajando – decidió ella ignorando esa respuesta.

… … … … … …

Sasuke enfilaba a grandes zancadas en una dirección incierta. En lugar de haber podido despejarse en esa extraordinaria galería de arte, lo único que consiguió fue enredarse más en una interminable telaraña cuya hacedora y responsable era la oficial Haruno.
Para empezar, ¿Por qué tuvo que habérsela encontrado esa mañana en ese lugar? Y eso no era todo, habría podido lidiar con su presencia cerca porque había mucha gente y los pasillos eran varios, de modo que fácilmente la habría evitado, pero – y esto lo hizo sentir bastante idiota – prefirió quedársela mirando mientras recibía con grata simpatía los flirteos de Sasori.

Sasori

Sasuke sabía quién era Sasori, una basura según él que era fácilmente atraído por las mujeres de buen aspecto, pero nada serio en realidad, Sasori tomaba una chica y luego la desechaba como si se tratase de una muñeca, importándole nada que la chica hubiera disfrutado su periodo con él o acabase con el corazón partido.
Empero no le había importado nunca su existencia porque el maestro de las marionetas no se había involucrado jamás en sus asuntos.
Y ahora podía jurar que si lo veía, utilizaría cualquier excusa para incitarlo a un debate de cualquier índole, fuera físico o verbal.

¿Acaso Sakura se había convertido en uno de sus asuntos?

Justo cuando se hacía esta pregunta, observó cómo Sasori se acercaba tomando el brazo de una anciana de cabellos grises y mirada de bondad. Ese mínimo encuentro despertó su lado pendenciero y se quedó a propósito observando a Sasori con mirada de desafío mientras éste se aproximaba.
El chico pelirrojo se detuvo correspondiendo la mirada del Uchiha y entonces decidió preguntarle con fingido tono de amabilidad:

- ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle, caballero? Veo que me observa de una forma muy… singular.

- Oh, no es nada… en realidad solo estaba pensando que el museo ha hecho un grandísimo derroche de espacio esta mañana. Siempre doy cabida en mi tiempo para visitarlo cuando exponen una nueva colección de piezas admirables.

- Un fervoroso partidario del arte por lo que veo – comentó Sasori con una leve sonrisa –, pero ¿a qué se refiere con eso del derroche de espacio?

- Se dedicaron a patrocinar una exuberante cantidad de horrorosas marionetas que en lo personal me parecieron de lo peor…una sola de esas habría constituido la mayor basura de ese salón, pero creo que cinco ya son demasiado – respondió Sasuke en tono vengativo.

La señora Chiyo contuvo por un momento el aliento mientras observaba cómo su nieto se quitaba los lentes de sol derramando por sus ojos una ira tan espesa y ardiente como la misma lava.

- Imagino que si eres basura también terminarás elaborando basura – continuó Sasuke.

Sasori dio un paso adelante con las manos empuñadas y el cuerpo tieso. Su abuela se apresuró a ponerle una mano en el pecho.

- Sasori no…

Y el chico se detuvo de inmediato, pero no por la súplica de la anciana, sino porque apenas comenzaba a reparar en la apariencia externa de Sasuke y recordar un rostro familiar.

- Vaya, vaya, vaya. Si tuvieras la piel un poco más oscura, el cabello largo y amarrado en una coleta baja y un par de líneas de expresión alargadas bajo los ojos yo diría que serías idéntico a un viejo conocido – comentó Sasori con malicia y diversión –. Eres tú sin duda alguna… la sangre Uchiha raya fácilmente en el exterior. Eres el hermano pequeño de mi amigo Ita…

Pero antes de que pudiera terminar ese nombre, Sasuke se apresuró a tomarlo por la solapa de la camisa y pegarlo con violencia a la pared de uno de los establecimientos de la calle con una promesa amenazante en la mirada.

- ¡Sasori! – exclamó la anciana con preocupación.

- Está bien, está bien – apaciguó Sasori e hizo un gesto con la mano para que su abuela se calmara y se alejara un poco de allí. La anciana comprendió y retrocedió lo suficiente para no escuchar nada más - Supongo que me pasé al exponerlo de tal forma…¿pero qué más podías esperar ANBU cuando te atreviste a insultar mi arte?

- Cierra la boca – ordenó el Uchiha en tono acre.

- La cerraré si tú cierras la tuya – aseguró Sasori –. No sé qué motivo en particular te habría empujado a actuar de esa forma tan ruin para conmigo, Uchiha, pero sería mejor que hagamos una tregua antes de comenzar una guerra; como ya sabes, los ANBU me son indiferentes, sin embargo – levantó un dedo –, puedo ser muy retorcido y rencoroso si tú me das motivos. Te aseguro de que dispongo de tantas marionetas como tú, y estoy hablando de personas reales.

Sasuke le soltó al acto, recapacitando mejor las cosas, Sasori sabía jugar sus piezas tan bien como él.
¿En qué demonios estaba pensando? ¿Solo porque cabía la gran posibilidad de que la oficial Haruno se dejase engatusar y herir por el casanova de Sasori había procedido de aquella forma tan hostil? Estaba poniendo en peligro la estabilidad de su organización por un arranque de… de… de lo que fuera eso que sintió cuando observó cómo el marionetista la tocó.

- Muy bien… veo que eres astuto – continuó Sasori impertérrito –, no es sorprenderte ¿Qué Uchiha no lo es? Hasta ahora ninguno de los que he conocido.

Sasuke continuó mirándolo de forma despectiva, pero no desafiante ya. Sin despedirse siquiera o agregar nada más, dio medio vuelta y se alejó del maestro de las marionetas y su abuela.

Caminó con las manos en los bolsillos por varias horas, enojado y resentido consigo mismo por pensar que nadie más que él tenía derecho a meterse y jugar con esa mujer. ¿Desde cuándo y por qué se había vuelto tan egoísta en un asunto en el que ni venía al caso ese sentimiento? Primero aquel ladrón callejero que hurtó la cartera de la oficial y ahora Sasori.

Cuando se dio cuenta del gran trecho que había recorrido, observó entonces desde una gran eminencia de una zona planchada de pasto que ya era tarde.
El sol comenzaba a hundirse en el profundo horizonte y la delgada ranura del oeste ardía en una mezcla de escarlata y dorado.
Observó por un momento en esa dirección e inconscientemente el arrebol del cielo le recordó a su cabello… ese majestuoso y extraño cabello de Sakura...

… … … … …

Pocos días después, Sakura se encontraba degustando un café en la comodidad de uno de los asientos de la estación cuando algunos de sus compañeros ingresaron en la sala comentando sobre algo que al parecer no lograban explicarse. A Sakura no le importó hasta que escuchó la palabra ANBU.

- ¿Qué dicen? – preguntó interesada – ¿ocurrió otro robo?

- No, nada eso – contestó Shikamaru –. Es sólo que hoy, hace pocas horas encontraron muertos a los ANBU que fueron capturados.

- ¿Qué? – soltó Sakura conmocionada – pero cómo, ¿Qué les pasó?

- Al parecer alguien puso secretamente un paquete sellado en la celda que compartían durante la noche – respondió Shino tras acomodarse los lentes –. Los rufianes pensaron de seguro que esa sería la señal y ayuda de su organización, pero al abrirlo provocaron la ira de cientos de abejas africanas que no tuvieron compasión alguna. Ambos murieron y otros tantos resultaron heridos al advertir lo que les ocurría. Casi se pierde a más personas por el ataque de los insectos, entre ellos múltiples oficiales que se involucraron inocentemente, pero que lograron escapar al percatarse de la amenaza. La ayuda de especialistas fue menester para acabar con los insectos y despejar esa zona y pudieran sacar los cuerpos. Nadie sabe quién puso el paquete y muy difícilmente lo descubrirían, esa información se la llevaron a la tumba las víctimas.

- No cabe duda de que fueron los mimos ANBU quienes tomaron la decisión de deshacerse de los cautivos – comentó Kiba –. Ya no los necesitaban y creyeron conveniente matarlos… fue una forma horrible de morir, ¿verdad Shino? Tú que sabes de insectos has de saberlo mejor que nadie.

- Lo fue – consintió Shino –. Las abejas son insectos voraces y sensibles… no me cabe duda de que un buen conocedor de las mismas llevó a cabo el plan.

- Sí, pero bajo las órdenes de su jefe – agregó Shikamaru.

Sakura empuñó una de las manos. Hacía falta ser un asco para traicionar a los tuyos y asesinarlos de la más asquerosa y vil forma.
Otra razón más para despreciar a Sasuke Uchiha.

… … … … …

¡Chan, chan, chaaan!
Sasuke está cayendo muy bajo sin saber por qué ni cómo evitarlo, y comprendería si piensan que vamos un poco lento, pero no es de mi gusto apresurar las cosas cuando estoy lidiando con un personaje tan espinoso y enigmático como Sasuke Uchiha, el chico desde un principio fue apático y para hacerlo ceder y caer a los pies de una mujer requiere tiempo, esfuerzo y sobretodo darle motivos. En este caso me he valido de los atributos físicos de Sakura, (en los que el muy tonto y ciego no se fijó en el manga) los cuales son razón suficiente de interés porque físicamente es una chica hermosa, – a mí en lo personal siempre me gustó su peculiar diseño sin igual –, de modo que tengo que agregar que esto es solo un comienzo, poco a poco me encargaré de que esos dos se vean obligados a verse con mayor frecuencia (y no exactamente siendo Suke Hachijou).
Naruto por su lado está comenzando a sospechar de que su amigo y rival se está interesando de una forma distinta en Sakura, ¿seguirá perseverando en la tarea de impedir que se encuentren o por el contrario les dará unos empujoncitos con la esperanza de que Sakura pueda hacer cambiar a Sasuke? Bueno, si quieren saber eso tienen que continuar leyendo, dar follow a mi historia, ubicarla entre sus favoritos y dejarme reviews :3 (qué exigente jajajaja)

Del resto, sólo puedo decir que quise que aquí Sasori fuese ligado un poco a su abuela y se interesara también en las mujeres hermosas, y esto último aún por no ser cierto – ni cerca – me basé en el hecho de que al chico (según el databook) le gustan las palabras belleza eterna, y por supuesto no anulé su gran aprecio por el arte, el suyo más específicamente.
Fue necesario cambiar un poco la personalidad de Sasori por cuestiones de trama y preferencias personales… es que aunque el chico es lindo superficialmente, yo lo consideré un asco como persona (o marioneta humana) en el manga.

Gracias a todos los que leyeron este capítulo, pronto estaré de vuelta con más.

Un beso y por favor no se vayan sin dejarme un review.

Sigma Shey.