HOLA, HOLA, ¡¿COMO ESTÁN, PERRAS?!, hsdjfh, se que estuve desaparecida, pero sha volví.

Y HOY, NELLA LES TRAE: ¡UN CAPITULO DE 5600 palabras! (como disculpas).

este capitulo esta bien dramático y YAOI, especialmente para uds.

A mi querido JVA98 (él me entenderá...creo), se que el yaoi no es lo tuyo, y aprecio muchísimo que te mantengas al tanto de esta historia y mas importante aun, que te hayas preocupado de que es lo que había pasado con ella. Por todo esto, y un mucho más, te estoy cocinando (en vista de que no puedo enviarte galletitas -?-) un nuevo capitulo con especial dedicatoria para ti.

Respondiendo algunos reviews a las beias damas:

Haruka Hagaren: Bien, esta hecho, un capitulo largo. La razón por la que decía que era largo el anterior era porque prometí dar 2 capítulos por mes, pero hacerlos largos me toma mucho mas tiempo y bueno... por eso lo estaba evitando. Sin embargo, este capitulo se retraso por otras razones. esperando que te guste, Un abrazo y un Besito :*

Holizow: baia baia, ¿Por que te sorprende?, yo trato de responder los reviews lo mejor que puedo, y no importa que tan largo o corto sea, que tan profundo o sin sentido sea, yo siempre contestaré. Esperando volverte a leer, te dejo este capitulo ;).

OFFTOPIC: se me ocurrió escribir la frase más importante de la canción que use de inspiración antes de empezar los capítulos, probablemente edite los capítulos anteriores con la misma intención. Como siempre, recomiendo escuchar la canción por su letra, También Recomiendo Lean On (major lazer) o Somewhere only we know (keane) que fueron canciones igual de inspiradoras.


Arriba en las montañas, mas allá del lago azul,

ahí se rompió mi corazón por primera vez.

Aún recuerdo como todo cambio...

Swedish House Mafia - Don't you worry Child


Eran las cinco y un cuarto.
¿Cómo se le ocurrió que siquiera estaría la coordinadora?
Craig se encontraba frente al mesón, donde la joven secretaria le mostraba el horario de atención con una sonrisa irónica, casi parecía reírse de él.
Claro, el instituto cerraba a las seis, pero la mujer era otra historia.
Sí la encontrabas era en la mañana y en la tarde "solo sí anotabas una cita con ella", eso fue lo que dijo su secretaria.
Craig comenzaba a enojarse, se maldecía por lo bajo por ocurrírsele venir a esa hora (y por haberse olvidado en primer lugar).
Miró hacía atrás donde Tweek se encontraba sentado, en unas sillas frente al pasillo de la oficina en la que él se encontraba. Miraba su termo ya vacío de café, columpiaba sus piernas, adelante y atrás esperando a que Craig volviera a contarle las primicias.
Al guitarrista solo le quedaba una solución: anotarse en el libro de citas frente a él, en el mesón alto de la secretaria. La idea le desagradaba bastante, el solía ser de los impulsivos que llegan de la nada a cualquier lugar. Se llamaba a sí mismo un ser espontáneo. 'Todo un géminis' como lo llamó Bebe alguna vez.
Suspiró ya resignado, pegándole una última mirada al rubio para finalmente darse vuelta a agarrar el lápiz y anotarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo:
Wendy Testaburger lo había quitado del cuadernillo, anotó su nombre en la casilla de la última hora que quedaba libre para el viernes. Empuñó las manos y frunció el entrecejo; ambas acciones sin demasiada fuerza.

— ¡¿Se podría saber qué carajo crees que haces?!— ni siquiera había notado la presencia de la chica hasta ese momento.
— Anotándome, por supuesto. Seguro que ni lo sabes, la gente normal que no pasa el noventa por ciento de las clases con el director o la jefa de coordinación castigados, se anota para hablar con ellos— el sarcasmo se dejaba oír en las palabras tranquilas de la joven y es que, entre la práctica de porristas y el idiota que tenía al frente preguntándole cosas obvias, no había manera de no irritarse.
Mientras tanto, Tweek miraba el techo preguntándose sí cerró o no la ventana de su cuarto, después de todo, no quería que le entrarán a robar. Alucinaba.
Cerró los ojos ya cansados por las noches en vela, las paranoias y el trabajo. Apoyando su cabeza en la pared y dejando de mover las piernas, trataba de calmarse, dejar de tiritar.
Inhala y exhala, Tweek, inhala y exhala, se decía en su mente. Ve a tu lugar feliz...

Lugar feliz. ¿Cuál? No se podía imaginar ninguno.

Tenía que hacerlo sentir seguro y protegido. Tenía que ser cálido y dulce. Y lo más importante, debía ser capaz de calmarlo lo suficiente como para dejarlo descansar unos minutos.
Mi lugar feliz, mi lugar feliz... Se repetía una y otra vez sin crear un lugar concreto.
Entonces, recordó como hace un tiempo ya, se quedó dormido en una plaza. Fue la primera vez que pudo dormir con apacibilidad, y al despertar decir que por fin, se sentía descansado.
No recordaba ya el lugar, vislumbraba haber estado con Craig, bebió café de alguna cafetería cercana, pero más allá, nada se le venía a la mente.
¡Jesucristo!, con suerte se acuerda de haber estado con el chico, ¡ni del tipo de café que tomó podía recordar!
¿Estará mal cavilar en alguien cuando se trata de un lugar?, se preguntó.
Abrió los ojos verde claro mirando al cielo invernal en el momento justo para ver a su amigo y a Wendy acercándose. La chica llevaba un traje de animadora de dos piezas, y una chaqueta lila claro abierta, dejando ver el logotipo de la escuela, llevaba el cabello en una coleta, ahora corto a diferencia de su infancia, esto debido a que cuando a su madre se le diagnosticó cáncer de mama en cuarto grado, le donó su cabello, desde entonces se lo cortaba cada vez que fuera necesario*, aun así, se le veía hermoso, bien cuidado y brilloso. Bajo éste, su rostro mate continuaba con la expresión inteligente y perspicaz que desde la infancia la caracterizó,
Tweek de forma intuitiva se miró a sí mismo en el reflejo de la ventana.
"Soy un desastre en comparación", pensó.

Y no estaba lejos de la verdad: llevaba unos jeans desteñidos con rasgaduras decorativas y otras de caídas, tenían años ya esos pantalones y es que desde séptimo que no crecía ni un centímetro, también llevaba una camisa del tono de sus ojos la cual, como casi nunca, estaba bien abotonada para que el viento no lo 'enfermara' como Craig solía decir cuando se la corregía de vez en cuando, aparte de eso tenía la chaqueta del pelinegro en los hombros, quien se la quitó y tiró en la cara con el pretexto que dentro de la escuela había calefacción.
Pero, muy dentro de él, sabía que esa era solo una excusa, y que quizá solo quizá, era porque Craig lo apreciaba igual que él.
— Hey, Tweekers, ¡buenas noticias! la zorra de Wend- digo la amable señorita Testaburger está aquí por lo mismo que nosotros — se corrigió a sí al sentir la mirada gélida de la pelinegra tras suyo. No obstante, la apuntó con su dedo medio, escudándose en que esa era ya una tradición Tucker y como tal, imposible de evitar — resulta que también quiere cambiarse. No preguntes por qué querría ir a música porque ni le pregunte, ni me importa.
La de cabellos azabaches ya parecía casi acostumbrada al mal trato que Tucker la hacía pasar, ni se inmuto ante su señal, esa ya era costumbre (de hecho, corrían rumores de que sí todos los Tucker no mostraban su dedo medio un día, era señal apocalíptica).
—La cosa es, Tweek, que me encantaría intercambiar electivos contigo y que sí quieres, mañana mismo venimos a hablar con la coordinadora juntos. ¡Ya reservé una hora!— la pelinegra se encontraba apoyada en sus rodillas para quedar a la altura del más bajo, mientras se llevaba atrás de la oreja algunos mechones rebeldes y muy cortos para quedar en la coleta.
— ¿Querrás decir que me la quitas...?—antes de que el guitarrista pudiera terminar, el rubio se paró de la silla en un movimiento veloz.
Y tan rápido como se levantó, abrazó a la pelinegra, susurrando un "gracias".
El abrazo era incómodo y debido a su espontaneidad a la muchacha le costó un poco corresponderlo y tan sólo atinó a murmurar un "no hay problema, Tweek".
Para muchos, incluyendo a la porrista, ese abrazo podría ser el más dulce que jamás hayan visto.
Pero ese mismo gesto, a Craig lo mató en su interior, haciéndolo sentir vulnerable a sí mismo.
.

.

.

Caminaban bajo la tenue nevada que caía sobre South Park. Tweek andaba a paso lento, pero aun así iba un poco más adelante que Craig.
Para Tweek era extraño mirar al frente sin ver al pelinegro. Lo normal era que él siguiera al más alto, ya que éste lo guiaba a donde quiera que fueran.
Comenzaba preguntarse qué era lo que le pasaba. Miraba hacia atrás y solo veía al chico avanzar con la mirada pérdida en la nada, sumido en sus propios asuntos.
Sólo un adjetivo se venía a la mente del pequeño rubio para explicar esa situación: incómodo.
Algo le pasaba. Andaba raro desde lo del instituto.
"¿Lo habrán poseído los fantasmas? ¿O hipnotizado los gnomos?", se preguntaba. "No, ¡gah! No creo... ¿en qué momento? Los únicos que hemos estado con él soy yo y... ¡Wendy! ¡Oh, Jesucristo! ¡Testaputa lo debe haber embrujado! ¡Por eso la llamó 'amable señorita'!..."
— ¡Dios, no!, ¡Maldita bruja! ¡Deja ir a Craig!— gritó en medio de la acera, saltando sobre el pelinegro mientras lo apretujaba para que el demonio que, seguramente Wendy había encomendado para poseer al chico, lo dejara en paz— ¡No te lo llevarás! ¡Es mío! ¡ngh!

— ¡¿Pero qué mierda te pasa, Tweek?! — la voz de Craig se escuchaba enojada, demasiado. Pero incluso eso era mejor para él rubiecito que tiritaba mientras aflojaba el agarre que sostenía alrededor del torso del más (mucho más) alto. Ya estaba más tranquilo, al menos ya comenzaba a sonar como su amigo. Por otro lado estaba enojado, y eso no era bueno.

— ¡Tweek, responde!— la voz de Craig gritando podría asustar a cualquiera que no estuviera acostumbrado a su mal genio. Afortunadamente, Tweek era de los que ya conocían las peores facetas del pelinegro, y después del incidente con Clyde, al rubio ya no tenía nada que temer.
Una promesa en el hospital luego de esa pelea en cuarto grado lo protegía de los golpes y la mala actitud que su mejor amigo poseía. Aun así, sabía que lo mejor sería contestar a su pregunta antes de que gritara de nuevo y asustará a alguien más que pasara por esa calle. No es que les haya pasado antes... No, para nada.
— Yo... Yo pensé que Wendy te había embrujado y que por eso actuabas tan raro ¡ngh!— hablar despacio le daba la oportunidad al chico de terminar frases sin tartamudear tanto, pero hacía que el guitarrista tuviera que acercarse más para escucharle bien.
Electricidad era lo que creía sentir al acercarse manteniendo ese contacto, parecía lo más cerca que jamás habían estado en años.
Incómodo, se volvía a decir Tweek, demasiado incómodo. ¿Desde cuándo el contacto entre ellos se había vuelto tan...extraño, tan ajeno a su relación? No recordaba que fuera así, por el contrario, en su mente seguían guardados tantos recuerdos de los dos unidos, más que hermanos.
Craig se alejó chasqueando la lengua; le irritaba no saber lo que pasaba. En cualquier situación él tenía que estar al tanto de TODO, y está era una de esas ocasiones en las que no tenía el cien por ciento de control que necesitaba.
— Como sea...— alejó a Tweek soltándose de su agarre, con cierta brutalidad natural Tucker que no alcanzó a contener y comenzó a caminar. Necesitaba relajarse y pensar, necesitaba... Necesitaba— ¿quieres un café?— no sabía ni porque preguntaba sabiendo la respuesta de antemano.
Se llevó las manos a los bolsillos; jugando con las llaves que guardaba en ellos, comenzó a avanzar a un paso lento esperando a escuchar las pisadas del más bajo detrás, para luego aumentar la velocidad. Nerviosas y recelosas, una tras otra, las huellas de Tweek comenzaban a aparecer en la nieve, a cierta distancia de las de Craig.
Al fin, las cosas parecían volver a la normalidad, había un Craig Tucker de rostro libre de emociones con un Tweek Tweak nervioso y paranoico caminando detrás. Sin embargo, ellos sentían aún aquella atmósfera incómoda imposible de atravesar.
Queriendo romper el hielo, Tweek llamó con sumo nerviosismo al pelinegro:
— ¿C-Craig?— esperó por una respuesta, pero esta nunca llegó — ¿a dónde vamos?— decidió proseguir con su pregunta a pesar de la falta de respuesta de su amigo, quien hasta ahora se encontraba completamente absorto en su propio mundo otra vez.
Al escuchar la voz del más bajo, se dio media vuelta y sacó su mano del bolsillo de su pantalón para llevarla a la cabeza de Tweek, jugueteo con su pelo unos segundos sabiendo que el gesto lo calmaría y respondió:
— Creo que ya te llevé una vez... ¿recuerdas una cafetería en una plaza pequeña cerca de la avenida?—
¿recordarla?, ¡por supuesto que la recordaba!, o algo así. No lo culpen, pero su pequeña mente tendía jugarle bromas pesadas como estas; casi por maldad, su cerebro solía recordar cosas innecesarias. Y con 'innecesarias' hablaba realmente de cosas inútiles, como todos los componentes de su shampoo o todas las características de los personajes de alguna serie o videojuego, pero claro, no tenía ni idea de las diferencias entre hidrocarburos que necesitaba para pasar química, ni la posición en la cual deberían de ir los dedos en la guitarra para que sonara #La. ¿Y para que hablar de los exámenes?, ahí sí que se jodía.
Pero esta vez, su cerebro había cruzado la línea al querer olvidar ese día. Tweek había escuchado alguna vez sobre las "lagunas mentales", sabía en qué consistían, sabía que se daban cuando ocurrían situaciones traumáticas o se estaba bajo el efecto de drogas o alcohol. Pero también sabía que no venían al caso.
Su conciencia no deseaba olvidar ese día, simplemente seguir adelante, anhelaba poder mirar atrás sin melancolía. Dejar el pasado en el pasado.
¿Para que olvidar, sí lo mejor era aprender a superarlo?, sí no, seguiría huyendo toda su vida de las malas experiencias, en vez de aprender de ellas.
Él solo quería dejar de querer a Craig.
Era lo único que pedía, poder seguir adelante y dejar su pequeño enamoramiento pre-adolescente atrás, y es que desde séptimo grado que aquel que lo consideraba como mejor amigo, le gustaba.
Odiaba cada parte de su ser que gustaba del chico, porque para él, sentir algo más que amistad se le estaba "prohibido"; En la mente de Tweek, acercarse a su amigo y pensar que sus gestos podrían tener algún sentimiento mayor a simple amistad estaba mal, demasiado mal, ¡extremadamente mal!.
Sabía que solo estaba malinterpretando la situación, pero el amor le revolvía el cerebro, le hacía creer y ver cosas que no son.
Y a todos nos ha pasado, ver a esa persona especial, para luego comenzar a imaginarse una vida con ellos; ver a esa persona que nos tiene vueltos locos sonriendo o simplemente devolviéndonos la mirada, nos hace tener una pequeña esperanza, de que tal vez, y solo sí tuviéramos toda la suerte del mundo, esa persona piensa en nosotros de la misma manera en la que nosotros pensamos en ella.
Tweek estaba ciego pero no era tonto, sabía sus posibilidades y que lo que sentía seguramente se le pasaría en algún momento, o eso esperaba.
"¡Son demasiado jóvenes para amar y perder la cabeza por amor!", escuchó una vez en las telenovelas que veía su abuela, "¿Y a qué edad valdría más la pena perder la cordura por amor?", respondió la joven protagonista a su madrastra.
Demasiado dramático y cliché lo encontraba Tweek, pero también muy cierto.
Quizá sí nunca hubiera escuchado aquella frase no estaría en esta posición. Antes de esa tarde con su abuela, acompañándola en su rutina de la tarde jamás se le había pasado siquiera la idea de que le gustara alguien, mucho menos Craig.
Cuando veía a la protagonista de la teleserie, se acordaba de él mismo, detestaba compararse con el personaje femenino más estereotípico de las novelas, pero sus historias se parecían en algunos aspectos.
Sus padres se estaban separando y su padre ya había conocido a una nueva mujer, la cual era una perra que no lo dejaba beber café (razón por la cual su padre la dejó un tiempo después). La chica sufría de angustia y ansiedad igual que él. Lo único que le faltaba era el 'príncipe azul'.
"Azul, azul, azul"... Y en ese momento el destino le jugó la cruel broma que lo tenía donde estaba. Cuando pensó en un príncipe azul, su mente le mostró una imagen mental de Craig con traje de príncipe. Al principio se río de su ocurrencia, Craig no era lo más remotamente cercano a un príncipe, pero sí compartían el color azul.
Para cuando volvieron las clases el día lunes, él rubio cada que miraba a Craig lo comparaba con el novio de la protagonista.
Alto, frío con el resto, un osito de peluche con él, mejores amigos desde la infancia, su padre y (por ese entonces) madrastra lo odiaban, el típico chico rudo que nadie se mete con él, alguien confiable, silencioso pero... apuesto.
¿Apuesto? ¡¿Pero en qué demonios estaba pensando?! ¡Sabía que no debía compararse con una chica!, seguramente la telenovela le contagió lo niña y lo cursi. Sí, eso debía ser, esa era una respuesta cien por ciento lógica. Completamente razonable. Nada que se le pudiera ocurrir solo por entrar en pánico, nop, para nada.
Y así se dejó convencer en un principio. Siempre culpando a alguna fuerza externa, desde la novela a los aliens, ¡hasta los gnomos llegó a culpar de su actuar!
Algo en su interior le decía que en algún momento se le acabarían las excusas y no sabría que hacer... no tardó en darse cuenta que tenía razón.
Recuerda que fue un día en la última semana de vacaciones de verano cuando pasó. Ese "trágico" momento.
La verdad lo golpeó en la cabeza, literalmente. Una bola de nieve que le llegó al rostro, seguida de una sonrisa sincera no antes vista por él rubio, fueron su perdición. Todo desprevenidamente se vino abajo.
En un segundo todas las excusas se fueron a la mierda, cada muralla que creó con justificaciones baratas cayeron al suelo. Todo se fue al carajo.
Su cerebro le decía a gritos:
"¡No te enamores!, ¡no te enamores!, ¡no te enamores!, ¡no te enamores!..."
Y su corazón que latía a toda máquina y hacía que se le tiñeran las mejillas, solo contestaba neciamente:
"Es que esa sonrisa... Esa sonrisa... Imposible..."
Estuviera bien, estuviera mal, ya poco importaba. Tomó un poco de nieve, la aplastó hasta hacerla una bola, y la lanzó a la cara de su contrincante, todo mientras dentro de él por un momento, el mundo se le vino abajo.
Por puro instinto infantil esquivaba y lanzaba bolas de nieve con dirección a Craig, se reía con nerviosismo, estaba incómodo, se sentía extraño.
¿Esto es estar enamorado?, se preguntaba.
Un susurro de parte de su inconsciencia le respondió lo que él ya se imaginaba, lo que el tanto temía. "Si", le respondió esa voz interna. No lo niega, cuando cayó sobre él pelinegro al perder el equilibrio por causa de esa respuesta, se sintió aliviado. Se echó a reír, allí mismo, sobre la nieve y Craig; y este se río con él.
Al menos lo que le hacía sentir y actuar extraño alrededor de su mejor amigo no era una extraña enfermedad ni un virus extraterrestre mutante que quería controlar su mente y arrasar con la humanidad.
No, era mucho peor. En las palabras sabías y románticas de Ricardo Arjona, "El amor casi siempre es mejor cuando está en otra parte; luce bien en novelas que venden finales perfectos*" y eso era algo que, Tweek aún no sabía, pero que estaba a punto de aprender.
A partir de ese jodido día, se dio cuenta de -o por lo menos le dio un significado distinto- su extraño comportamiento. Sí no era suficiente con que le temblaran las rodillas hasta el punto de casi caer, sí no era suficiente con que se sonrojará hasta la médula y se le olvidaran las palabras, sí aun así no era jodidamente suficiente con que no pudiera pensar en nadie más que en el hijo de puta del gorro azul, entonces Tweek estaba realmente jodido, ¡porque no!, ¡no había sido suficiente¡, al parecer para su hipotálamo (porque le preguntó a su profesora de biología que demonios le estaba pasando) nada era SUFICIENTE.
Fue entonces cuando Tweek conoció uno de los peores sentimientos que el amor trae consigo. Los celos.
Tsk... ¡Cuánto los odiaba!, ese nudo en la garganta, esa ira irracional e incontrolable, esa... Esa... ¡agh! ¡Qué asco! ¡Qué horror! ¡Putos celos! ¡PUTOS CELOS! ¡PUTOS CELOOOOOS! Jesucristo, eran lo peor.
Lo más terrible que tenían era su "injustificabilidad". Esa incapacidad de hacerles entender a través de la lógica, y es que los celos no entienden de razones. Tratar de hacerles entender a los celos es como intentar probarle a una mujer que está equivocada. Es imposible, ¡imposible, les digo!, tan imposible como ganarle una discusión a tu madre, así de imposible.
Tweek sabía que lo que veía no era una escena fuera de lo común y que era completamente inocente, lo sabía, pero aun así, su cuerpo no parecía querer reaccionar acorde con las instrucciones que le daba.
—Ok, tranquilo, Tweek. No hay nada que temer, solo es una chica hablando con Craig...
Escondido tras la esquina, con él pelinegro de espaldas y el casillero abierto que ocultaban el torso de la adolescente, se encontraba nuestro rubio.
Su pequeño campo visual se encontraba bloqueado con el casillero y su dueño, él cual parecía no querer parar de hablar.
Tweek temblaba de pura rabia y coraje que le daba por ver un par de pierna cubiertas por una tela elástica y transparente moviéndose con cierto regocijo -seguramente por hablar con su Craig, ahmm-. Se veían largas, esculturadas y femeninas. Con unos zapatos tipo botín de cuero negro capaz de resistir la nieve y una falda suelta, corta y que comenzaba en la cintura que hacía preguntarse a Tweek sí la chica no conocía el frío o no se daba cuenta del pueblo congelado donde vivía. ¡Qué zorra!
Debía actuar natural, sonar y verse normal. No podía exagerar.
— Vamos, Tweek Tweak, tu puedes hacerlo. Relájate... Solo ve a saludarlo y sigue tu camino — se convencía a sí mismo de que no era difícil cumplir su objetivo. Un saludo amistoso bastaría y podría pasarse soñando el resto de la mañana.
Y justo cuando se había atrevido a ir a hablarle, escuchó su voz:
— S-si, seguro— sonaba algo nervioso y eso era extraño. Craig lucía algo inseguro, su pose lo delataba. Se rascaba la nuca con la mano izquierda y trataba de no mirar a la joven a los ojos.
Para cualquiera que no fuera amigo de Craig, él chico podría parecer bastante seguro en ese momento. Pero los ojos analíticos de Tweek podían ver la verdad.
¿De qué estaban hablando? ¿A que venía ese nerviosismo? ¿Y a que estaba aceptando?
Tweek solo podía hallar una respuesta. La tipa esa se le estaba confesando. ¡¿Pero quién se creía ella?! ¡¿Pero cómo lo hizo para que Craig la aceptará?! Cegado por los celos, Tweek se dirigió con paso firme, y abrazó al guitarrista por la espalda, pasando sus manitas por los costados y aprovechándose de la posición de éste.
—H-hola, Craig~ — con un tono dulce pero venenoso, saludó Tweek al de gorro azul — ¿con q-quien hablas? ¡gah!
—ah, solo es Red...— se explicó Craig.
— ¿R-Red?— él rubio miro a la chica de arriba abajo. ¿Red? ¿Red Tucker? ¿Red Tucker, la prima de Craig? Efectivamente, nadie menos que Red Tucker, la prima de Craig Tucker, su mejor amigo. Se veía extraña, ¡ah! ¡Claro, se había cortado el cabello! La melena rojiza ahora se encontraba en una ordenada fina y corta capa que cubría su cuello hasta unos centímetros sobre los hombros. No compartía los ojos azules de Craig, pero definitivamente si su mirada. Esa mirada enigmática, profunda que te congela, todo acompañado de una larga y delgada nariz como de súper modelo. Se notaba que eran primos... ¡¿es que eso no era incesto?! ¿Estaba enamorado de un pervertido?, ¡lo que le faltaba!
—Ten— interrumpió la voz de Craig. Del fondo del casillero, él pelinegro saco un estuche negro. Su guitarra eléctrica— Toda tuya...c-cuídala— y con sumo cuidado, como sí de un bebe se tratará, se la pasó en las manos a la pelirroja.
Ahora lo entendía, estaba dejando su guitarra en la manos de alguien más. Eso explicaba lo nervioso que se veía. Tweek suspiró, se sentía un idiota, ¿celoso? ¿De la prima de su crush?, más celoso debería de estar de esa guitarra. Pareciese que Craig la quería más que a su madre. Se sonrojó de la vergüenza.
—No te preocupes, primo. Te la devolveré al final de la hora. Ya verás: Sana y salva— la chica agradeció que su primito se la prestará, la necesitaba para una prueba en la siguiente hora.
Tomó su mochila del suelo y se la colgó junto con el estuche de la guitarra. Despidiéndose de los chicos, la pelirroja dejó el pasillo con dirección a la sala de música.
— ¿Te gusta?
La pregunta de Craig le cayó en la cabeza como un ladrillo. ¿Cómo alguien podía ser tan directo?
— ¿Quién? ¿Red? ¡N-no!, ¡¿en qué estás pensando, Craig?!— respondió rápidamente Tweek. La frase, por la velocidad con la que la soltó él rubio, solo pudo ser entendida por su mejor amigo — además, ¡¿p-por qué me gustaría tu prima?!
Quizá la pregunta debería de ser por qué no. Se parecían bastante. La mirada, la altura, el semblante, sí no fuera porque la chica no tenía la mala costumbre que representaba a los Tucker, probablemente sería un reflejo perfecto de Craig.
En personalidades se diferenciaban más, a pesar de ser fríos, Red era increíblemente más simpática y empática de lo que Craig jamás podría ser. Entonces, ¿por qué no?
—Te sonrojaste cuando la viste y tartamudeaste su nombre.
— Craig, ¡ngh! yo me sonrojo y t-tartamudeo toda el tiempo— lo miró con cierto cinismo.
—Te veías algo incómodo con ella cerca —hizo una pequeña pausa para cerrar la puerta del casillero y continuó— de hecho, te veo incomodo desde hace un buen tiempo. Pareces una nenita de primaria enamorada.
— ¡E-ella no me gusta! ¡tsk!— sí, Craig podía ser lo suficientemente inteligente y observador como para darse cuenta de que estaba enamorado, pero no como ver que era de él y esto irritaba al rubio, de haberse dado cuenta se podría haber quitado un buen peso de la espalda. ¡Pedazo de idiota del que se vino a enamorar!
—Si ella no es... ¿entonces quién? No me tragaré la mentira de que piensas en café cuando te pones de éste modo— la cara escéptica que acompañaba la pregunta, lo ponía más nervioso de lo común. No soportaba que lo miraran a los ojos, mucho menos quien era su "persona especial".
Tal vez, ya era tiempo de confesarse. Decirle sus sentimientos. Terminar con toda esa locura.
— Craig, y-yo...— y antes de poder terminar la frase, la campana para entrar a clases sonó. Estruendosa e incomodante, la campana lo salvó de cometer una tontería. ¿Confesarse?, por favor, esa sería una estupidez, su amistad se rompería más rápido que en lo que le decía "Me gustas"

Pero tal vez…

— Te veré luego, Tweekers. No creas que lo olvidare — caminando hacia el lado oeste del instituto, el guitarrista se fue. Le tocaba matemáticas y a Tweek lenguaje y comunicaciones.

No era tan mala idea…

.

.

.

Ahora que lo pensaba bien, fijándose en todos los detalles, ha pasado por estas calles un millón de veces y jamás se dio cuenta de que ahí se encontraba la plaza. ¡Qué idiota se sentía!, pero de cierta forma, los nervios tenían la culpa de esto.

Lo recuerda como sí hubiera sido ayer, tomó una mala decisión, ya no había nada que hacer. Fue una mala idea desde el momento en el que se le ocurrió confesarse. Pero, ¡basta! Lamentarse no cambiaría nada.

Mocaccino, ese había sido el sabor. El dulzor del café que Craig le compró le trajo todos los recuerdos de vuelta como un puñetazo. Si antes recordaba, ahora saboreaba y olía el pasado.

— ¿Sabe bien? — interrumpió su nostalgia la voz del pelinegro. Solo atinó a responder un "si" con la cabeza—No sabía que querrías y sé que Richarddetesta que entres en otras cafeterías, así que solo pedí lo que la última vez ordenaste.

Él joven guitarrista nombro al padre de Tweek con un venenoso siseo y entre dientes, se notaba el odio en cada silaba, pero para Tweek fue desapercibido.

Craig miraba al rubio con duda en el rostro. Tweek estaba realmente callado desde hace rato, ni siquiera se le salían sus "grititos" característicos. Algo le pasaba, en algo estaba pensando, pero Craig no podía averiguar qué; y eso era aún más raro. Sí realmente fuera su mejor amigo sabría que le pasaba o por lo menos mostraría su interés en lo que sea que estaba dentro de la mente del chiquillo. Se sentía mal preguntarle qué pasaba, como sí hacerlo lo iba a volver en un entrometido y desesperado de mierda. Y ni el entendía porque. Después de unos minutos caminando y de haberse sentado en una de las bancas de la plaza, se atrevió a preguntar:

— ¿Pasa algo…Tweek? — luego de preguntar se llevó el café a la boca y bebió un poco. La pregunta sonaba más para sí mismo, y aunque ese fuera el caso, no tendría una respuesta coherente que dar.

—N-no— respondió con simpleza, copiando la acción del pelinegro.

— ¿estás seguro? — intento nuevamente. Pero parecía inútil, él rubio ni siquiera lo miraba a los ojos. Aunque tampoco es como sí él si lo hiciera.

— Si, no pasa nada… absolutamente n-nada, ¡ngh! — otra respuesta vaga que a Craig le pareció que trataba más de convencerse a sí mismo que a su interlocutor.

Él pelinegro intentaba averiguar qué era lo que tenía tan sumergido en sus pensamientos a Tweek. Pero su mirada se perdía viendo la banca que estaba frente a la suya. La miraba como si fuera el objeto más interesante del mundo, como si fuera a darle el secreto del universo. La vigilaba como sí se fuera a mover; la analizaba y observaba como esperando una respuesta que jamás iba a oír.

Y por más que la viera, Craig no le encontraba lo interesante. En cambio, Tweek podía visualizar todo lo que ocurrió en ella hace unos años, cual película frente de sus ojos.

.

.

.

Cuan equivocado estaba…

— Entonces ¿Me vas a decir quién es? — sonó más como una orden que una pregunta, pero Tweek sabía su intención. Podía escuchar cierta preocupación en sus palabras; aun así eso no significaba que iba a confesarse.

Craig odiaba verse así de insistente, por lo general los asuntos de los demás le valían. Hasta cuando se trataba de su propia hermana, no desperdiciaba demasiado tiempo averiguando cuál chico era el que llamaba su atención; sin embargo éste asunto, por alguna razón, era diferente. El rubio no quería contarle su secreto, y lo sacaba de sus casillas no saber las cosas que le interesaban.

—P-para serte sincero, n-no creí que t-te acordarías— Rió nerviosamente, trataba de cambiar el tema pero Craig no lo permitiría, ¿No se supone que son mejores amigos (BFF sí se prefiere)? ¿No que los mejores amigos se dicen todo?

—Te compre café, y no cualquiera, mocaccino; me lo debes— su mirada lo congelaba.

Lo considero uno segundos y se decidió por la sutileza de una indirecta.

—S-sí te dijera que, de hecho si hay a-alguien pero que es un i-imposible, ¿Qué me dirías?

— ¿Cómo un platónico? — Tweek respondió un "Si" en un susurro— entonces que no hay nadie imposible; digo, eres genial. ¿Por qué alguien te diría que no? A menos que sea Beyoncé, ahí te jodes— bebió un sorbo de café, sin mucha gracia.

Craig no sabía lo que decía, no sabía que le estaba dando una falsa esperanza a Tweek, quien terminaría peor; pero Tweek sí lo sabía, debía asegurarse antes de cagarla. Sí algo le había enseñado ser paranoico, es nunca arriesgarse ante las probabilidades, siempre ser precavido, y asegurarse de que no estaba corriendo peligro.

—Craig, ¿t-te gusta alguien? — preguntó.

—En realidad…— el pelinegro se tomó unos segundos antes de responder, segundos que mataban a Tweek por dentro— no.

—Oh, y-ya veo— murmuró con un tono triste, no sabía si debía estar feliz de que no le gustara alguien más o estar triste de que le hayan confirmado que no le correspondían; de cualquier manera continuó con el interrogatorio— ¿J-jamás te ha gustado a-alguien?

—Ahora que lo pienso, no. Supongo que no he encontrado a nadie que me llame la atención, o que tenga lo que busco— esa respuesta estaba buscando Tweek, esa pista de lo que necesitaba Craig para enamorase. Quizá y si tenía la suficiente suerte, todo lo que él pelinegro pidiera, él se lo podría ofrecer.

— ¿Y-Y que b-buscas, Craig? ¡gah!— lo ponía nervioso, pero necesitaba saberlo. Sí no, podría estar arriesgando su amistad.

—…— Craig lo miro confuso, ¿en qué momento él se volvió el interrogado?, ¿no estaban ahí por Tweek? — No sé a qué vendrá tanta pregunt…

— ¡S-Solo Curiosidad! ¡ahg! —Interrumpió tratando de eliminar las sospechas, pero solo recibió una mirada escéptica por parte del guitarrista — ¡s-somos amigos!, ¿a-acaso no puedo saber?

—Sí lo pones así… bueno, creo que debe ser alguien con quien me lleve realmente bien, o con que me soporte en mis peores momentos es suficiente— desvió la mirada y bebió lo que le quedaba de su cappuccino — el problema es que no conozco nadie así.

Tragó saliva, era ahora o nunca.

—Yo si— replico, refiriéndose a sí mismo. Buscó la mirada del pelinegro. El guitarrista le dedicó una mirada triste. Sus ojos mostraban cierta condescendencia, como sí hubiera entendido al fin a donde estaba yendo él rubio. Y así como conectaron miradas, el pelinegro se levantó a botar el contenedor de café y con una frialdad inconsciente, concluyó:

—No lo creo.

Si esto es el amor…

.

.

.

Se le escapó una lágrima.

Pensó haberlo superado, pero el pasado aún le dolía. Aún lo hacía querer ir a llorar bajo las almohadas y entre las sabanas. Con el deseo de que su madre lo abrazara toda la noche.

—Tweek, ¿estás bien? — preguntó acelerado Craig. No sabía que estaba pasando en un principio, mucho menos ahora.

—S-Si— se limpió la lágrima con la manga de la chaqueta del pelinegro. ¿Aun la estaba usando? ¡Carajo!, se la quitó rápidamente, olía a él.

— ¿Estás segur…?— antes de poder terminar la frase, Tweek le devolvió su prenda. Necesitaba alejarse. Tenía que superarlo de una vez, ¿Cuándo aprendería a dejarlo ir sí lo tenía tan cerca?

—Craig…— tenía que alejarse nuevamente, hasta que se le pasara toda esta mierda. Tomar una decisión.

— ¿Sí? — respondió desconcertado, su amigo por lo general no era tan brusco con sus acciones, pero ahora se veía decidido.

—…Voy a dejar la banda.

Entonces no quiero estar enamorado.


espero que les haya gustado, lamento la desaparición.

nos leemos beios lectores.

(saludos, BESOS Y ABRAZOS a mi querida Beta, en donde sea que te encuentres leyendo esto)

ciao~