Hola de nuevo,
Disculpen la tardanza, estoy súper metida con mi fic Profecías de la Luna Negra, el cual ponto llegara a su fin y el cual considero, hasta el momento, será mi "Capilla Sixtina"
A quienes les guste el drama y quieran dejar por el momento, las historias rosas, les recomiendo se que den una asomada. Y les apuesto que ese fic puede arrancarles no solo una maldición, sino también una lagrima, un coraje y en muchos casos, incluso el deseo de matar a la autora, ósea yo.
Coff… coff…
Bueno, a lo que venimos,
Espero que este capítulo les guste y espero también, sus comentarios…
CONFUNDIDA
-Es por eso que yo estoy aquí, y es por eso que ellas están allá afuera, esperando que su princesa se mejore, temiendo que algún enemigo aparezca en cualquier momento, y a la vez deseándolo, porque solo así podrían justificar el hecho de que el futuro por el que tanto hemos luchado este pendiendo de un hilo. ¿Cómo crees que se sentirán al darse cuenta de que es por tu culpa?
Le dolió, cada palabra penetro en ella como un afilado puñal, y dolía. Mientras que en su mente se repetían las últimas dos palabras de la morena, y muy a su pesar, y con el dolor que eso le causaba, sabía que Rey tenía razón: era su culpa, ella era la única responsable de que el futuro se encontrara a punto de desaparecer. Se sintió profundamente desolada.
Frente a ella, su morena amiga temblaba ligeramente tal vez esforzándose por contener una repentina furia.
Las mejillas de Rey ya estaban cubiertas de gruesas lágrimas por la impotencia que estaba sintiendo, mientras que sus manos aun se apretaban en puño a sus constados, quizás, evitando así, el propinarle una fuerte bofetada.
Serena se quedo en silencio, sintiendo como su interior se desgarraba por completo. No podía culparla, Rey tenía razón, y ella, egoístamente, jamás había considerado lo que la sacerdotisa recién había dicho.
Era verdad, todas ellas habían dejado de lado sus vidas comunes para llevar sobre sus espaldas, una responsabilidad que en más de una ocasión les había costado la vida, y aun así jamás habían renunciado, jamás las había visto dudar o renegar de su destino. Ellas cumplían con su deber sintiéndose confiadas y dichosas, como si el hecho de ser una sailor les trajera un orgullo y una satisfacción que solo ellas comprendían.
-Lo lamento- se disculpo tenuemente al terminar de comprender la magnitud de su egoísmo.
-No Serena, esta vez tus disculpas y tus lloriqueos no te llevaran a ningún lado. ¿Acaso no te das cuenta? De momento tú eres ese obstáculo que se interpone ante ese anhelado futuro. ¿Qué vas a decirles a las chicas? ¿Cómo piensas resolver esto?
-Yo… no lo sé… estoy confundida...
-¿Confundida? ¡No Serena! No es momento para estar confundida, no es momento para tus debilidades y tus niñerías. –le reprocho furiosa- ¿Cómo pudiste romper con Darien, mandando todo al diablo por un chico que ni siquiera está aquí? ¿Cómo pudiste ser tan estúpida?
-Yo no he rotó con Darien, el… el solo quiere que yo elija… el… prometió volver –le aseguro en un tono no muy convencido.
-¿Qué? –Pregunto dudosa- No lo entiendo Serena, si tu y Darien no han roto, entonces, ¿porque él se marcho, y porque el futuro está desapareciendo?-cuestiono un poco más calmada pero con la duda impresa en cada una de sus palabras.
-En el bolsillo de mi chaqueta- fue la simple respuesta de la rubia
Tras un segundo de duda, la morena entro al baño donde habían dejado las ropas mojadas de su amiga y del interior uno de los bolcillos, extrajo un arrugado y húmedo sobre. Saco con cuidado el papel que contenía, que para fortuna se encontraba en buen estado y comenzó a leer mientras que sus pasos se encaminaban nuevamente a la habitación.
Serena vio salir a Rey del baño con la carta de Darien entre sus manos. Y en el trascurso del breve minuto que tardo en leer su contenido, la rubia pudo apreciar con claridad la combinación de gestos y cambios de humos que cada palabra allí contenida despertaban en su morena amiga.
Rey finalmente aparto el papel de su vista y fijo su fría mirada en los afligidos ojos celestes de la rubia. – No puedo creer que después de leer esta carta te atrevas a dudar –le reprocho duramente - ¡El te ama! y a pesar de tus estúpidas dudas existenciales, has admitido también amarlo, entonces… ¿Por qué te atreves a dudar?
Serena desvió su mirada sintiéndose como la más vil cucaracha. Sin duda la carta era hermosa y quebrantaría el corazón de cualquiera. Pero ella… ella seguía dudando.
En la sala.
-Sera mejor que se queden a dormir aquí –Comento Setsuna refiriéndose a las inners – ya es tarde para que vuelvan a sus casas.
-Además –añadió con dulzura la pequeña Hotaru – en esta casa, lo que sobra son habitaciones.-aseguro con una sonrisa
Michiru, en compañía de Setsuna y Hotaru, acompañaron al resto de las chicas para mostrarles en lugar donde pasarían la noche.
Haruka por su parte, permaneció sentada en uno de los sillones de la sala, inmóvil, con el semblante sombrío y los brazos cruzados sobre su pecho. A simple vista estaba molesta.
Uno ligeros pasos la sacaron de sus pensamientos y al percatarse de la presencia de la chica, se levanto rápidamente dirigiéndose a ella, y tomándola con fuerza del brazo, la dirigió de manera brusca hasta el interior de una habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Rey ya se esperaba una actitud como esa. Sin evitarlo, dio un ligero vistazo al lugar, llegando a la conclusión de que se trataba del estudio. La habitación elegante y la iluminación sombría, así como la abundante colección de libros le daban un aspecto bastante serio.
-¿Qué está pasando? –Le pregunto Haruka de forma directa – y será mejor que no te atrevas a mentirme – le advirtió en tono y mirada amenazante.
La hermosa sacerdotisa respiro profundamente. Sintiéndose derrotada y sin decir palabra, extendió su mano derecha ofreciéndole a su acompañante una doblada hoja de papel.
Haruka, tras su confusión inicial, tomo aquello que le era ofrecido y desplego el papel ante sus ojos comenzando a leer las palabras que contenía.
Mientras tanto, anticipándose a su reacción, la morena se coloco frente a la puerta, impidiendo que el inevitable ataque de furia de la rubia saliera de esa habitación.
-¿Qué rayos significa esto? –Exploto de pronto la rubia – Acaso… me estás diciendo que el futuro está a punto de desaparecer… ¿por ella? ¿Por qué ella tiene dudas?
-Así parece –fue toda la respuesta
-Esto no es posible. ¡Es una estupidez! El ya ni siquiera se encuentra en este planeta. ¿Cómo se atreve a dudar? ¡¿Por qué ahora? Tokio de Cristal esta a tan solo un paso. ¿Cómo puede tirarlo todo a la basura? ¿Cómo puede simplemente renunciar? –pregunto furiosa caminando de un lado a otro como león enjaulado
-Ella no ha renunciado –aclaro Rey tratando de calmar la furia de su compañera- De momento solo está confundida. Ella me ha asegurado amar Darien. Pero…
-No lo digas. No te atrevas a decirme que también está enamorada de ese imbécil.
Rey solo bajo la vista de manera derrotada, y con ese simple gesto, y aun sin palabras, Haruka obtuvo una respuesta.
-¡Maldición! –exclamo furiosa ante esa silenciosa afirmación. – El tiene la culpa. No debió dejarla en aquel entonces y mucho menos ahora. Si Darien hubiera permanecido a su lado, como le corresponde, ese estúpido de Kuo jamás hubiera podido confundirla.
-Es más que solo eso y tú lo sabes. Seiya se enamoro de Serena, y aun cuando todas nos negamos a aceptarlo, nos dimos cuentas de que él nunca le fue indiferente. En silencio y oculta bajo el disfraz de la ingenua amiga, ella también se fue enamorando.
-Pero si él hubiera estado aquí…
-Sí, lo acepto, en eso tienes razón. Si Darien hubiera estado aquí, nada de eso habría sido posible. Pero no fue así. El se marcho en aquella ocasión y volvió a hacerlo ahora, y Serena… ella está confundida y desconsolada.
-Entiendo que puede estar desconsolada por la partida de es idiota que será mi Rey, pero, ¿Confundida? No. No tiene por qué estar confundida. Ella conoce su lugar al igual que todas nosotras. Ella conoce su futuro. Hemos hecho todo lo posible por defenderlo, por asegurar su realización. ¡No debería tener dudas ahora!
-No debería. Pero las tiene. Aunque tenemos algo a nuestro favor.-aseguro con tono resuelto
La rubia, ya bastante molesta, le lanzo una mirada impaciente obligándola a continuar con sus palabras.
-Como tú misma lo dijiste, Seiya no se encuentra aquí, y Serena, a pesar de sus dudas, si ama a Darien. Así que, a fin de cuentas, el es la elección más lógica para ella.-aseguro la hermosa morena - De hecho, a pesar de que ella llego a sentir algo por Seiya, jamás dijo nada y permaneció al lado del hombre que su destino le había indicado. Ella ya lo había elegido. Estoy segura de eso. Pero…
-Darien…
-Si, Darien lo arruino todo con su partida y en especial, con esa carta. El la dejo libre, tal vez queriendo verla feliz, sin darse cuenta que le ha hecho un gran daño. Serena no necesita libertad. Lo que ella precisa en la seguridad de la vida que ya conoce. Esta situación la está volviendo loca. Ella necesita a Darien a su lado. Necesita que el disipe sus dudas, que le diga que la ama y la haga olvidar a Seiya.
-Bien. Si mi princesa necesita a su príncipe a su lado. Yo se lo traeré. –aseguro Haruka con aire un tanto sombrío.
-¿crees que debamos decirle al resto de las chicas?- pregunto Rey algo preocupada por esa idea.
-De momento no, eso solo las preocuparía más que el hecho de un posible enemigo. Yo no diré nada y me tragare mis ansias de ir a decirle unas cuantas verdades a mi querida gatita. Pero no me quedare de brazos cruzados. Mañana mismo voy a investigar en donde esta Darien y voy a traerlo al lado de Serena aun cuando tenga que amarrarlo y cargarlo sobre mi hombro.
En medio de su preocupación, Rey no pudo evitar sonreír ante la imagen mental de esa idea.
En la habitación de Serena.
Rey había dejado sola a la rubia para que pudiera descansar, y en especial, para que pensara bien las cosas.
Serena permanecía recostada, con una compresa fría sobre su frente y una ligera sabana sobre su cuerpo, el cual se encontraba apenas cubierto por una delicada pijama que sin duda pertenecía a Michiru.
En silencio y con el rostro inclinado a un costado, la vista de la joven princesa, se había perdido nuevamente en el oscuro firmamento que se mostraba imponente mas allá del frio cristal del ventanal.
-Seiya- se escapo apenas un susurro de sus labios, al tiempo que una solitaria lágrima resbalaba por su mejilla.
Respiro profundamente mientras cerraba los ojos como queriendo calmar un repentino deseo de soltar el llanto.
Se llevó ambas manos al rostro y lo cubrió con aflicción al tiempo que meneaba su cabeza negando ligeramente.
Un segundo después, retiro sus manos y su vista se clavo fijamente en el hermoso anillo que decoraba uno de sus delicados dedos de la mano izquierda. –Darien – murmuro con la voz quebrada.
Si poder evitarlo más, sus ojos volvieron a humedecerse y sus labios dejaron escapar los amargos lamentos que estrujaban su alma. Por que si, los amaba a ambos. Sin importar lo estúpido y egoísta que pudiera resultar eso de su parte. Ella los amaba. Y la sola idea de verse en la libertad de elegir a uno, sintiéndose libre de todo compromiso, sintiéndose libre de toda obligación, y en especial, siendo verdaderamente libre de basar su elección, solo en el amor que su corazón sentía, la verdad, era abrumador.
-Nunca dejaras de ser la misma princesa indecisa y llorona ¿cierto? –
Esas tenues palabras detuvieron de improviso el afligido llanto de la joven -¿Luna? Hace…. ¿Hace cuanto estas aquí? –pregunto al tiempo que limpiaba con rapidez el rastro de su lagrimas y giraba su rostro para encontrarse con los felinos ojos de su amiga.
-Entre junto a Rey, aunque parece que ninguna de las dos lo noto, y cuando te vi tan decaída, no supe que decir, así que me quede en silencio, sentada en un rincón y permanecí allí, hasta este momento.-aseguro con un profundo tono de tristeza
-Entonces tu…
-Sí, escuche su conversación.
La rubia desvió su mirada sintiéndose sumamente avergonzada. –Oh, luna, lo lamento… yo… no sé qué es lo que me pasa… yo ya estaba… yo no creí que Darien…
-Estabas… ¿resignada?- le interrumpió la pequeña gatita- ¿Creíste que Darien jamás lo notaria? ¿Creíste que pasaría por alto tu falta de entusiasmo?, ¿tu escasa alegría? ¿Creíste que no notaria como constantemente tu mirada se perdía en el firmamento durante las noches, mientras el caminaba a tu lado al acompañarte a tu casa?
-Yo... fui una tonta y…
-Sí, lo fuiste y lo sigues siendo- aseguro la felina en tono molesto – Yo… temí que esto pudiera pasar, pero estaba esperando que tu reaccionaras y a la vez, rogando que Darien no perdiera la paciencia.
Esas palabras golpearon a la rubia como una fuerte bofetada, haciéndola reaccionar y a la vez, enfurecerse. -¿Tu lo sabías? –Pregunto recelosa a la gatita frente a ella – ¿Tu sabias que Darien pensaba marcharse? ¡¿Sabías que él pensaba abandonarle y aun así no dijiste nada?
-No pensé que lo hiciera –fue la simple respuesta.
Luna se acerco aun más y de un salto subió a la cama. A su vez, Serena se sentó, viéndola fijamente, aun mostrándose molesta y confundida.
-Hace un par de semana el me pidió que fuera a verlo a su apartamento. Me dijo que necesitaba hablar conmigo en privado, y sinceramente, nunca me hubiera esperado esa conversación:
Recuerdo.
-Gracias por venir Luna –dijo el apuesto chico al notar la presencia de la pequeña gatita que entraba por el balcón.
-Me tienes algo ansiosa Darien, ¿Que quieres decirme? –Cuestiono al apuesto chico que se encontraba sentado en uno de los sillones de la sala.
-En realidad, quiero preguntarte –aclaro el chico. La gatita asintió en silencio incitándolo a hacer su pregunta - ¿Qué es lo que está pasando con Serena? –pregunto sin más rodeos.
-Eh… yo… no se a que te refieres… -le mintió rehuyendo a sus azules ojos.
-Por favor Luna, no me engañes –suplico él, buscando la felina mirada. –Se que no soy el único en notarlo. Ella ya no es la misma. Ya no posee la misma alegría y el entusiasmo de antes. Ahora es…
-Ha madurado –trato de objetar Luna, sin mucho éxito.
-Si, reconozco que es más centrada, más responsable. Sin duda ha mejorado en muchos aspectos pero… -detuvo sus palabras como su lo que estuviera por decir fuera capaz de lastimarlo.
-¿Pero? –cuestiono la gatita
-Pero a cambio, ha perdido su sonrisa, la chispa de sus ojos, su espontaneidad… su alegría. Y ese, es un precio muy alto Luna. –Aseguro consternado – Ella no ha vuelto a ser la misma conmigo. –Afirmo cabizbajo - Sé que es ridículo, pero extraño sus efusivas muestras de cariño, extraño que se cuelgue de mi brazo o de mi cuello cada vez que nos encontramos en la calle.- sus ojos brillaron con melancolía -Extraño que me pregunte constantemente cuanto la quiero, y que me obligue a llevarla a comer todos los dulces y los pastelillos que su mama no le permite comer en casa.
El corazón de Luna se estrujo dentro de su pecho al contemplar en Darien una fragilidad que jamás había demostrado.
-En un principio pensé que se debía a la reciente batalla con Galaxia, o incluso que solo seguía molesta por todo lo que sufrió, desde el momento de mi partida a América.-aseguro un poco avergonzado - Creí que si le daba algo de tiempo, se le pasaría el coraje y volvería a ser la misma chica vivaz de siempre. –recordó con una media sonrisa de lado
-Pero finamente he comprendido que Serena no está molesta. Ella esta triste Luna, y no lo comprendo- aseguro con la voz un tanto quebrada - Mi simple presencia siempre lograba arrancar de sus labios la mas reluciente sonrisa, y sus ojos siempre brillaban de manera especial cuando me veía, y de forma arrogante, yo siempre disfrute el verla así, tan enamorada, tan mía, con su infinito amor desbordándole por cada uno de los poros. –sonrió de manera ensoñadora el tiempo que sus ojos se cristalizaban. - Pero ahora… ahora ella no me ve de la misma forma. Ahora aquel gran amor se ha opacado por un manto de resignación que se mese sobre ella –aseguro mordiéndose el labio inferir como si quisiera impedir que de sus labios se escapara un triste lamento - ¡La estoy perdiendo Luna! ¡Estoy perdiendo a mi dulce princesa¡–aseguro con la voz por completo quebrada al tiempo que estallaba, ya sin poderse contener, en un amargo llanto.
Fin del recuerdo
Los ojos de Serena comenzaron a derramar lágrima tras lágrima en silencio, la expresión de su rostro era de una completa sorpresa, y de un absoluto sufrimiento.
Ante el penoso relato de la gatita, de los temblorosos labios de la rubia escapo un solo y atormentado lamento: Darien…
Hola ¿Qué tal?
Para aquellas que dijeron ¡ya eligió a Seiya!. (Lo digo por ti Lirit-N)
Les digo: Naa!
La elección aun no está tomada. Porque acá entre nos, yo estoy igual que la pobre se Serena, perdida entre los hermosos ajos azules de Darien y los perfectos zafiros celestes de Seiya. (Que a fin de cuentas es lo mismo, jajá)
Por favor, dejen sus comentarios, prometo responderlos. Si?
Cuídense.
Vinisa
