Bueno bueno bueno! Actualizando dos días seguidos! He intentado esperarme unos días, pero me apetecía subir otro capítulo. Tengo que decir que si actualizo tan pronto es porque el fic lo estoy subiendo en otra página y va más adelantado, pero me animé a probar aquí a ver qué tal. Tengo que decir que no estoy obteniendo toda la acogida que quería, es difícil seguir un fic sin saber si está gustando. Seguiré probando unos capítulos más y ya decidiré.
Igualmente, muchas gracias a las poquitas personas que lo leen y si os animáis a dejar alguna opinión, yo estaré encantada.
En este capítulo hay algo de acción. Es difícil escribir momentos así, recuerdo que me costó mucho escribir este capítulo, pero lo disfruté como una niña pequeña, además se conocerá un poquito más sobre Sara, que seguro que ya habéis notado que es un tanto peculiar. No he querido hacerla como la típica chica, he intentado darle mi toque personal y no estaba muy segura de si era apropiado, pero al final, me gustó mucho el resultado. Así que espero que disfruten del capítulo!
El barco se tambaleó peligrosamente, Nami y Sara cayeron al suelo, ésta última se dobló el tobillo, el mismo que la última vez. Se volvió a escuchar el sonido de un cañón dispararse y… aunque Sara tenía los ojos cerrados con fuerza a causa del dolor, pudo escuchar perfectamente cómo una hoja afilada cortaba, literalmente, en tres partes la bola que volaba por los aires.
- ¡Rápido, Sara! ¡Salta sobre mi espalda, te llevaré dentro, hay que mirarte ese tobillo! – le gritaba Chopper por encima del ruido de los cañones.
Era uno tras otro, no dejaban margen, ¿de verdad se estaba preocupando por su tobillo? Sara saltó a la espalda de Chopper y los dos, seguidos por Usopp, entraron al barco. Estaban en la cocina, la científica se sentó en la mesa mientras que el médico le sujetaba la pierna observando con cara de preocupación. Apretó levemente en el sitio donde estaba empezando a inflamarse.
- Aún lo tenías demasiado delicado, pero creo que no es nada, procura quedarte aquí y no te muevas – le ordenó Chopper.
- Pero… ¿has visto la batalla que se está dando ahí fuera? – Preguntó Sara desconcertada - ¿Cómo me voy a quedar aquí, sin más?
Vale, Sara no tenía ni idea de cómo pelear pero no se iba a quedar así como así en la cocina.
- No, tú te quedarás aquí – a Sara le sorprendió la voz decida de Usopp – Y yo me quedaré aquí para vigilarte.
Sus piernas temblaban descontroladamente, estaba muerto de miedo, y no era de extrañar, Sara también sentía el pánico y por cada bombardeo que escuchaba, su corazón latía más deprisa y sus pelos se erizaban.
- Quizás pueda ayudar – intentó de nuevo.
- Ya te he dicho que no puedes moverte, tan solo serás un estorbo ahí fuera, apenas puedes apoyar el pie en el suelo sin gritar, ¿cómo vas a pelear así? – le dijo Chopper duramente.
- No me refiero a ese tipo de lucha. Tengo unas cuantas bombas en mi habitación esperando a que las detonen, Usopp puede acompañarme a por ellas.
- Pero… - replicó Chopper.
- ¿Recuerdas las bombas de luz que dije que te fabricaría? – Dijo al francotirador ignorando las quejas del médico – hice unas cuantas, además de una bomba muy interesante, creo que le darás un buen uso con tu tirachinas.
Tanto el médico como la científica observaron cómo Usopp llenaba, exageradamente, sus pulmones de aire, inflando el pecho y cerrando los ojos, lo soltó de golpe, abrió los ojos y miró a Sara.
- Está bien, vamos a tu habitación, apóyate en mí – dijo al fin con fingida valentía.
Sara pasó su brazo por el cuello de este y cuando se disponían a salir de la cocina al gran tumulto dirección a los dormitorios, Sara se volvió hacia Chopper.
- Necesito que me hagas un favor. Ve a los mandarinos de Nami y cava en el primero a la izquierda y mirando hacia la popa. Ahí encontrarás una caja de madera, tráela a mi habitación en cuanto puedas.
- ¿Qué hay ahí?
- Solo hazlo, ya os lo explicaré más tarde.
Y dicho esto, salieron de la cocina. Mientras Usopp y Sara se dirigían al dormitorio de ésta, Chopper corrió hacia los mandarinos.
- El primero de la izquierda, el primero de la izquierda, el primero de la izquierda… - iba murmurando mientras buscaba algo con lo que cavar.
- ¡¿Qué diablos estás haciendo con mis mandarinas?! – el rugido de Nami lo sacó de sus pensamientos.
- Sara ha dicho que tiene algo escondido en el primer mandarino de la izquierda, mirando a popa – recitó de memoria – me ha pedido que se lo lleve, dice que puede ayudar en la lucha contra los marines.
Nami estaba muy enfadada, pero también asustada.
- ¿Ella ha dicho exactamente que nos ayudará contra la Marina?
- Si, se ha ido con Usopp al dormitorio y quiere que le lleve esto.
Otra bomba había caído a estribor del barco y otra más casi parte el palo mayor, aunque gracias a Sanji y la gran barriga de Luffy, ésta rebotó en dirección contraria.
- Esto nunca acaba, ¿Franky, no puedes sacarnos de aquí? – decía Sanji mientras tanto.
- Puedo intentarlo, aunque me llevará un tiempo cambiar los barriles vacios por los de cola.
- ¿Cuánto crees que puedes tardar? – Zoro se había unido a la conversación.
- Alrededor de unos 45 – 60 minutos, tengo que hacerlo yo solo, no sé dónde se ha metido Usopp.
- Con un poco de suerte, podremos entretenerlos antes de que vuelen el barco.
Dicho esto, Nami y Chopper observaron como Franky se marchaba, en el campo de batalla tan solo quedaban Sanji, Zoro, Luffy y Robin.
- Está bien, si no hacemos algo para ganar tiempo, estos marines se nos echarán encima antes de que Franky pueda sacarnos de aquí. Has dicho que era el primer árbol de la izquierda y teníamos que cavar dirección a popa, ¿no? – Chopper asintió con la cabeza – Pues vamos, rápido.
La caja no estaba enterrada demasiado profunda, así que no tardaron demasiado en encontrarla. Chopper la abrió.
- No puede ser…
Mientras tanto, en la habitación, Sara le indicaba a Usopp donde se encontraba las bombas, ya que ella estaba sentada descansando su tobillo lesionado.
- Está bien, esta última aún está sin terminar, en cuanto venga Chopper con la caja… – Sara cogió el pequeño artefacto, era un dodecaedro, lo miraba maravillada.
- ¿Cómo no te pueden dar miedo estas cosas? – le preguntó sacando de su trance a Sara.
- Bueno… supongo que viene de familia, es… – suspiró – la primera vez que hice detonar una bomba, me sentí… poderosa, tenía todo bajo control – decía enérgicamente mientras recordaba.
- Das miedo… sigo sin entenderlo…
- Es muy simple, a Luffy le gusta golpear, a Sanji le encanta patear, a Roronoa le fascina cortar y a mí… yo adoro reventar cosas – le respondió con una sonrisa.
- Eres algo sádica… ¿te lo habían dicho alguna vez?
- Sí, pero no precisamente por estas cosas, Usopp – la sonrisa de la científica había desparecido por completo.
El francotirador quedó con la boca abierta y muerto de miedo. La persona que estaba frente a él había reconocido ser una sádica y no precisamente porque le encantase hacer volar las cosas. Se preguntó qué más cosas le gustaba hacer, cuando la puerta del dormitorio se abrió de par en par y de forma brusca.
- ¡Dime que esto no es lo que creo! – gritaba un Chopper muy enfadado.
- Depende de lo que tú crees que es.
- No me vengas con acertijos. Estoy seguro que esto no es agua con azúcar, ¿verdad?
- No – dijo Sara poniéndose en pie y apoyándose en la mesa – eso que tienes en las manos es nitroglicerina.
- ¿Es que acaso no sabes que el más ligero golpe puede hacer estallar todo el barco? – ya no solo Chopper estaba asustado, los pálidos rostros de Usopp y Nami lo decían todo.
- ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Te preocupa simplemente que sea una sustancia inestable? – Chopper no comprendía el asombro de Sara, era obvio que sí era eso lo que le preocupaba, ¿qué había peor que eso? – Si es por eso no tienes de qué preocuparte, si se mezcla nitroglicerina con una cierta cantidad de aluminio, podemos conseguir cierta estabilidad. Antes de enterrarla, yo misma me ocupé de tratarla para que no ocurriese nada.
- ¡¿Y tenía que ser bajo mis mandarinas?! – Nami había salido de su estado de shock, estaba muy cabreada, realmente le importaban esas mandarinas – ¿Qué pasa si hubiese explotado? Mis mandarinas… mis mandarinas… ¡¿Cómo se te ocurre?!
- ¡¿Hay una sustancia altamente explosiva en el barco y te preocupa lo que le ocurran a tus mandarinas?! – al fin Usopp había sido capaz de decir algo, aunque seguía estando igual de pálido.
A medida que todos se iban alterando, Sara también lo hacía y aquello no era conveniente para la situación en la que estaban. Estaba empezando a necesitar un cigarro desesperadamente, pero tenía que controlar sus ganas, iba a manejar explosivos y eso era peligroso, muy peligroso. Abrió el cajón de su mesita y sacó una botella de cristal, desenroscó la tapa, se la llevó a la boca y dio un largo trago. Disfrutó por unos instantes del sabor de esta bebida, era la mejor que había encontrado en el mercado del último pueblo que había visitado, se podía apreciar a la perfección el aroma a enebro, el alcohol quemando y desgarrando su garganta hasta el estómago y provocando un ligero mareo a causa del repentino y largo trago. Era una sensación deliciosa. Bajó la botella cogiéndola de la boca, aunque adoraba la ginebra, no lograba tranquilizarla y estaba comenzando a perder los nervios, había empezado a hiperventilar.
- ¡¿QUEREIS CALLAROS?! – Todos giraron sus cabezas hacia Sara que tenía una botella en la mano, una vez que contó hasta diez y se hubo tranquilizado un poco, dio su segundo trago, haciendo que la botella se vaciase peligrosamente – Nami, enterré la nitroglicerina bajo tus mandarinas porque es una sustancia que debe conservarse en un lugar fresco, la nitroglicerina estalla cuando sobrepasa los 41°C. Y ahora que todos estamos más tranquilos, si me pasas dos de los recipientes de la caja, podré terminar esta bomba que hay sobre la mesa, luego subiremos a cubierta, Usopp la lanzará con su tirachinas hacia el barco de la Marina, a los 5 segundos de pulsar el detonador, el barco se empapará de líquido inflamable que la misma bomba escupirá y a los tres segundos, reventará.
Se hizo el silencio, todos miraban a Sara horrorizados y eso la molestaba, le estaba empezando a recordar viejos tiempos.
- Te… te has bebido media botella en solo dos tragos, Sara – dijo Chopper con un hilo de voz – quizás en este momento no estás muy capacitada para hacer…
- ¡Sí lo estoy! – Le cortó la científica – Soy perfectamente capaz de hacerlo, así que pásame esos jodidos recipientes y terminaré la jodida bomba – dijo conteniéndose, apretando con fuerza la bomba que sostenía en la mano contraria a la de la bebida, no era una escena muy tranquilizadora.
- Si tienes problemas, puedo ayudarte.
Sara lo miró, prácticamente impasible y se paró a observar la escena: ahí estaba ella, con cinco bombas de luz sobre la mesa, una bomba maestra en su mano izquierda y en la otra sosteniendo una botella de ginebra. Chopper tenía razón, tenía problemas. Pero no era el momento para reconocerlo, no con una pelea ahí arriba.
- ¿Te ves capacitada para terminar la bomba? – Sara simplemente asintió – Cuando la termines y Franky consiga sacarnos de aquí, te quiero ver en mi consulta, ¿de acuerdo?
Sara volvió a asentir y entonces, éste le pasó dos frascos de nitroglicerina, la científica dejó caer la botella al suelo, provocando que se hiciese añicos, se sentó frente a su escritorio y se puso manos a la obra. Tan solo le faltaba unos cuantos retoques y a los diez minutos, la bomba estaba lista para hacer estallar el barco de la Marina. La observó de nuevo, aquel trabajo había logrado calmarla del todo y ahora que había desviado su atención y simplemente observaba el artilugio, comenzó a sentir el mareo producto de la ansiedad y de los tragos de ginebra de hace un momento.
- Y… ¿qué se supone que tengo que hacer? – preguntó Usopp aún asustado.
- Ve a la cubierta y lánzala con tu tirachinas bastante alto en dirección al buque. Toma – le dijo pasándole el detonador – pulsa el botón un poco antes de que esté sobrevolando el barco, del resto no tienes de qué preocuparte, la bomba hará todo el trabajo.
Usopp cogió el detonador y la bomba y salió corriendo por la puerta, Nami lo siguió, pero Chopper se quedó ahí, contemplando a la chica sentada frente al escritorio. La científica tenía las manos entrelazadas, jugando con sus pulgares, parecía que no había nada más interesante en ese instante que observarlos.
- Ha vuelto a perder el control, ¿cierto?
Una nueva voz había hecho acto de presencia en la habitación, era inconfundible, esa voz ronca, grave y penetrante era de Zoro. Lo ocurrido esa mañana no había pasado de largo para el espadachín, ahora quien sabe qué destino le esperaba a Sara en ese barco, si la echaban de allí, habría fracasado, y prefería no pensar en las consecuencias de ello.
- ¿Ya le había ocurrido antes?
- Sí, esta mañana – hizo una pausa – Sara, mírame.
Zoro estaba frente al escritorio, la científica hizo caso a la orden y lo miró esperando algún tipo de acusación.
- ¿Qué es lo que te ocurre? – se sorprendió, no era un reproche.
- Yo… Bueno, es complicado.
- Inténtalo – le pidió Chopper.
Acto seguido se escuchó una gran explosión, la bomba había hecho su trabajo, ahora solo quedaba esperar que Franky les sacase de aquel lugar y alejarse del incendio.
- Sara – le dijo duramente Zoro.
- Cuando mi padre se marchó, me volví algo asocial y eso provocó ciertos abusos verbales de los demás niños, era algo sin importancia, lo normal en esas edades, pero debido a lo que estaba pasando por el abandono de mi padre, aquello me afectaba demasiado y llevaba las cosas demasiado lejos. Con un simple insulto yo reaccionaba de forma exagerada, incluso llegaba a hacerle daño al otro niño y por un momento me sentía bien, disfrutaba, pensaba que se lo merecía… perdía el control sobre mis actos.
Sara había dejado de jugar con sus pulgares y había pasado a dar golpecitos con los dedos anular y corazón arrítmicamente sobre la mesa, le costaba hablar de ello, tan solo lo había hablado con el Sr. Köller.
- ¿Y eso qué tiene que ver con lo que te ocurre? – preguntó Zoro algo impaciente, no entendía nada.
- Me pasó por primera vez a los ocho años, cuando Johan, un niño de mi clase, comenzó a reírse de mi dibujo, me levanté, lo empujé haciendo que se cayese al suelo y rajé su trabajo. Me lleva pasando desde entonces, la única diferencia es que no reacciono con un simple empujón – dio un largo suspiro, iba a decirlo, se lo iba a confesar – Tengo ataques de ira.
- TEI – comentó Chopper en voz alta. Tanto Zoro como Sara lo miraron, esperando una explicación – sufres de Trastorno Explosivo Intermitente.
