CAPÍTULO 6-LO QUE BIEN EMPIEZA MAL ACABA-
Dio varias vueltas en su cama, buscando comodidad completa. Cierta sonrisa se formó en su rostro al darse cuenta que, después de cuatro días seguidos de pesadillas, finalmente había tenido una noche calmada. Y sabía muy bien quien debía llevarse el mérito.
"Gaara-sama…"
Buscó lentamente el cuerpo del joven, intentando localizarlo cerca de ella para sentirlo y darle las gracias mentalmente por estar a su lado, velando sus sueños.
Aún recordaba sus palabras.
"Prometo nunca fallarte y protegerte, como la aldeana de Suna que eres y el Kazekage que soy."
Muy adentro en su interior sabía que esas palabras eran mentira. A pesar de intentarlo, no dejaba de pensar en que sus pesadillas terminarán haciéndose realidad. Pero en ese momento era lo que menos le importaba. Lo único que deseaba en ese instante era disfrutar la paz que tanto añoró. Esa tranquilidad que hizo desaparecer sus terroríficos sueños.
Siguió buscando el cuerpo de Gaara con la yema de sus dedos pero, por mucho que buscaba, no sentía tacto alguno con el pelirrojo. Abrió lentamente los ojos confundida, dándose cuenta que su esposo ya no se encontraba en la cama ni en la habitación.
Se levantó observando el reloj que colgaba en la pared. Se sorprendió aún más al darse cuenta que eran más de las ocho de la mañana y ella seguía en la cama.
Terminó de levantarse de golpe, se cubrió con su bata y salió de la habitación rumbo al salón. Se encontraba realmente avergonzada, puesto que jamás había faltado a la hora del desayuno. Lo que más le sorprendía era que su esposo no le haya despertado.
Al bajar las escaleras se topó con un silencio absoluto. A pesar de que a esa hora aún acostumbraba a ver a los hermanos desayunando a toda prisa para comenzar sus quehaceres, sabía lo apurado que se encontraba su esposo por regresar a su torre para adelantar todo el trabajo acumulado durante su ausencia. Pensó que, seguramente, el Kazekage ya se encontraba en la tercera planta atendiendo su puesto.
-¿T-Temari-san?
Más grande fue su sorpresa al ver a la rubia con el desayuno en la mano izquierda y la taza de café en la mano derecha a punto de derramarse. Pues se encontraba durmiendo sentada.
-¡Temari-san! –Volvió a repetir acercándose más a ella evitando que se le caiga la taza.
La nombrada abrió rápidamente los ojos asustada, dejando ver las enormes ojeras que rodeaban sus párpados. Era evidente lo poco que había dormido esta noche (si es que había llegado a dormir).
-¡Me asustaste, Hinata! –Exclamó finalmente la ojiverde tras parpadear varias veces, preguntándose el cómo llegó a dormirse en la silla.
-¿Qué hace aquí? –Le preguntó la Hyüga. Pues había supuesto que, al igual que el pelirrojo, sus hermanos habían acudido a la torre a ayudarle.
-Me quedé dormida. –Contestó tras varios bostezos. –Llegué hace apenas una hora. ¡Mis hermanos no se dieron cuenta de milagro!
-Tiene que tener más cuidado con sus salidas nocturnas, Temari-san. –La aconsejó su amiga tomando asiento y sirviéndose un poco de café para despertarse del todo. -¿Cómo piensa cumplir sus misiones estando tan cansada?
-¡No importa! Hoy tan sólo tengo que dar clases en la Academia Ninja un par de horas. –Se justificó. A pesar de lo cansada que se encontraba, por Hinata no pasaba desapercibida la felicidad la Kunoichi. Sin duda ver a ese hombre le llenaba de alegría y compensaba todo el cansancio que sentía durante el día. – ¿Y tú tienes algo que hacer?
-No lo sé, pero quisiera retomar el entrenamiento. –Le informó, llevándose un trozo de pan con mermelada a la boca. –Al terminar de desayunar visitaré a Gaara-sama.
Temari alzó una ceja y rio coquetamente. A pesar de no conocer aún a fondo a la peliazul, juraría que su miedo hacía su hermano no se había convertido tan sólo en admiración. Si no en algo como…
-¿Acaso estás comenzando a sentir interés por mi hermano?
Inconscientemente soltó su taza de café de golpe y llevó sus manos a la boca, intentando disimular su sonrojo.
-¡C-Claro qué n-no Temari-san! –Tartamudeó nerviosa. -¿C-Cómo se le ocurre?
-¡Sí, claro! –Exclamó la rubia sarcásticamente. –Es obvio que no eres de las mujeres que comparte cama con cualquiera. ¡No creo que lo hagas sólo por admiración!
-¡N-No es lo que usted piensa!
Temari recogió sus migajas de pan y se dirigió a la basura para tirarlas. Mientras Hinata no podía dejar de tartamudear incoherencias para convencer a la Kunoichi, ésta lo único que hacía era reírse y fingir no escucharla. En realidad la idea de tener a Hinata como cuñada por sentimientos y no sólo por obligación no le desagradaba para nada.
–Iré a arreglarme, ¡cuñada! Te acompañaré a la torre.
Temari abandonó el salón dejando a la Hyüga totalmente enrojecida
~ X ~
Una vez más llevó sus dedos en su sien, masajeándolos lentamente para aliviar el dolor que sentía. El tan atrasado trabajo que estaba intentando hacer le tenía cada vez más agobiado. Sentía que si no salía de esas cuatro paredes en cualquier momento se podía asfixiar.
Observó el resto de informes que le quedaban por revisar. ¡Parecían interminables! Observó uno en especial que se encontraba en la pila de misiones por realizar.
-Kankurö, ¿cuándo llegó esta misión? –Preguntó confuso. Le resultaba extraño tener una misión pendiente enviada por la Quinta Hokage. ¿Por qué enviaría la misión directamente a Suna, pudiendo pedírsela personalmente a él en su estancia en Konoha?
-¿Esto? –Exclamó Kankurö señalando el informe que tenía el Kazekage en sus manos. –Kiba Inuzuka tenía cerca de aquí una misión y aprovechó para venir a primera hora de la mañana, un poco antes de que vengas tú. Le comentó a Matsuri que a Tsunade-sama se le había olvidado pedir tu ayuda para la preparación de los exámenes Chünin. –Le explicó. –No puedo decirte más. Si quieres busco a Matsuri para que ella pueda explicarte mejor.
-No es necesario. –Dijo inmediatamente al escuchar aquel nombre. Bajó de nuevo la vista y se dispuso a leer el informe.
-¿Todo bien? –Preguntó su hermano ante el silencio.
-Sí. –Contestó Gaara finalmente. –Como te dijo Matsuri, Konoha solicita nuestra ayuda para preparar los exámenes Chünin.
-¿Piensas colaborar?
Gaara bufó.
-No puedo rechazar una petición de Konoha. Son nuestros más fieles aliados. Aunque ahora no tengo mucho tiempo para colaborar. –Alzó su cabeza y cerró los ojos. –En fin. Intentaré colaborar y en una semana mandaré a Hinata, Temari y Daimaru a reunirse con el equipo que mandará Tsunade para ponerles al tanto.
-¿Qué equipo?
El pelirrojo agachó la cabeza, buscando los nombres.
-Aquí dice que en una semana el equipo que yo mande tendrá que reunirse con Naruto Uzumaki, Shikamaru Nara y Chöji Akimichi en la teteria Usagui. La que queda en las afueras de Kirigakure.
Gaara firmó aquel informe y lo puso en la pila de "misiones aprobadas para realizarse". Siguió tomando informes, firmando algunas y desaprobando otras.
-¿Por qué no te tomas un descanso, Gaara?
Alzó la mirada para encontrarse con la de su hermano mayor enfrente de él, qué le ayudaba revisando las misiones de rango D para ahorrarle el trabajo más fácil.
-No. –Respondió, intentando convencerse a sí mismo de no salir para nada de su despacho hasta haber adelantado todo su trabajo.
El castaño dejó de lado los informes que estaba revisando para dedicarle una atenta mirada a su hermano. A pesar de lo indiferente que podía llegar a ser el Kazekage, Sabaku No Kankurö era, al fin y al cabo, su hermano mayor. Sabía muy bien que ese dolor de cabeza no se debía tan sólo a su trabajo atrasado.
-¿Ya hablaste con Hinata? –Preguntó directamente. Pues estaba seguro que ese era otro de los problemas de su hermano.
-Sí. –Le respondió, aún sin despegar la vista de los documentos. –Pero no fui capaz de confesarle lo que hice.
-Mejor.
No fue hasta escuchar la contestación de Kankurö que Gaara también dejó de lado sus informes y miró a su hermano confundido.
-¿Cómo que mejor?
-¡Sí! –Afirmó Kankurö. –Será mejor que dejes atrás lo que hiciste. Siento que Hinata se está adaptando a su nueva vida y contándole eso la harás sentir incómoda.
-Sigo sin entender porque a ella le debería afectar esto. –Reprochó Gaara aún con la mirada fija sobre su hermano.
-Ya te expliqué ayer. Es muy fácil que tú encuentres mujeres dispuestas a estar contigo aún teniendo esposa. Eres hombre, y encima eres el Quinto Kazekage. –Le explicó. –Pero Hinata no lo tiene tan fácil. ¡Por no decir imposible! Aparte, saber que has estado compartiendo cama con otra mujer voluntariamente le hará creer que con ella lo estás haciendo por obligación.
-¡Yo no lo hago por obligación! –Contestó el pelirrojo decidido. Pues esa era la única respuesta que tenía clara. –Si yo comparto cama con Hinata es porque… -Llevó sus ojos hacía el techo, como si éste le fuera a dar la respuesta. -¡Realmente no lo sé! ¡Es una costumbre que cogí con el paso de las semanas! Pero no me siento obligado a hacerlo.
-Hazme caso, hermano. –Le aconsejó Kankurö. -¡Ella no tiene como enterarse de lo que hiciste!
El pelirrojo se dejó caer sobre el respaldo de su silla y cerró los ojos pensativo.
"¿Por qué tuve que acostarme con Matsuri?" Pensó, rascándose la nuca. Su hermano tendría toda la razón si en verdad se hubiese acostado con una mujer ajena a la aldea. Pero siendo Matsuri esa mujer, en cualquier momento podría llegar a oídos de Hinata Hyüga.
Kankurö, todavía con la mirada fija en el Kazekage, no podía disimular su asombro que se hacía cada vez más notario ante el silencio de Gaara.
-¡¿Gaara, acaso tú…?!
-Cállate. –Le ordenó su hermano menor al darse cuenta que Kankurö había comprendido su silencio. –Sí, yo me acosté con una aldeana de Suna.
A Kankurö no le dio tiempo a reprocharle y decirle lo mal que actuó, puesto que ciertos toques en la puerta les interrumpieron.
-Pa-
Una vez más, como acostumbraba a suceder, al Kazekage no le dio tiempo a terminar su frase, puesto que aquella rubia que siempre entraba sin permiso alguno ya se encontraba dentro.
-Temari, ¿para qué tocas la puerta si no esperas a qué te dé permiso para entrar? –Preguntó el pelirrojo con cierto tono de cansancio ante la actitud impertinente de su hermana mayor.
-¡Ah, genial! –Exclamó Temari, que a pesar de esas notables ojeras no podía dejar de sonreír. -¡Entonces la próxima vez me ahorraré la molestia de tocar!
"Entiende las cosas como quiere." Pensó Gaara mientras sentía que esos dolores de cabeza aumentaban con la llegada de Temari. Pero evitó regañarle de nuevo puesto que sería, una vez más, como hablar con la pared.
-B-Buenos días, Kankurö-san, Gaara-sama.
La tímida voz de su esposa le hizo recobrar los sentidos. Alzó rápidamente la mirada para encontrarse con el rostro levemente sonrojado de Hinata Hyüga.
-¡Buenos días, Hinata! –Exclamó el castaño al notar el silencio de su hermano menor. -¿Qué te trae por aquí? ¿Acaso ya te asignó Gaara misiones?
-No. Realmente yo… -Susurró, comenzando a chocar sus dedos. –Ya estoy completamente recuperada y me preguntaba si podía retomar el entrenamiento o hacer alguna misión.
Una vez más Kankurö iba a felicitarle, pero se vio interrumpido por la ruda voz de su hermano menor.
-¿De verdad sientes estar completamente recuperada?
Hinata asintió, algo intimidada por la penetrante mirada de su esposo.
-Está bien. Esta tarde retomaremos el entrenamiento. –Comentó Gaara, bajando de nuevo su mirada y centrándose en el papeleo. –En una semana tendrás tu segunda misión como aldeana de Suna. Puedes retirarte.
La peliazul asintió, evitando preguntarle sobre su misión. Pues lo notaba muy tenso como para explicarle ahora. Se dispuso a salir del despacho del Kazekage, no sin antes dedicarles una reverencia y una cálida sonrisa a los presentes.
-¡Espera, Hinata! –Exclamó Temari, deteniéndola. -¿Por qué no vamos a una cafetería? Aún no conoces Suna a fondo. ¡Tiene algunos lugares que te encantarán!
-P-Pero usted tiene que ir a la Academia Ninja.
-Aún falta una hora. –Respondió, observando el reloj atómico que colgaba en la pared del despacho del Kazekage.
La Hyüga asintió lentamente, aprobando la idea de la ojiverde. En cierto modo, pasear por las calles de Suna y conocer nuevos lugares no le desagradaba para nada. A pesar de llevar más de un mes en la aldea de la Arena, no había habitado ninguna cafetería. En Konoha lo hacía diariamente. Con su madre y hermana, con Kurenai y el resto de su equipo o con sus amigas.
Temari sonrió victoriosa por la aprobación de Hinata puesto que, al igual que su compañera, hacía mucho tiempo que no habitaba una cafetería ni paseaba tranquila por las calles de su aldea. Probamente desde su ruptura con Shikamaru Nara.
Las Kunoichis estaban a punto de abandonar el despacho del Kazekage cuando la voz de Kankurö la detuvo.
-Esperad. –Exclamó y, acto seguido, observó al pelirrojo. -¿Por qué no vas con ellas?
-¿Estás loco, Kankurö? –Exclamó su hermano menor alterado. ¡Más quisiera él poder abandonar por un momento su puesto y distraerse! Pero no podía. Más bien, no debía.
-¡No te alteres, hermano! –Le pidió Kankurö, alzando las manos en señal de paz. –Yo cubriré tu puesto durante una hora.
-Tú también estás cansado. –Se justificó Gaara, intentando concentrarse en el papeleo. Aunque, después de la propuesta de Kankurö, le resultaba muy difícil no aceptar.
-Yo cubriré tu puesto durante una hora. –Repitió el castaño, levantándose y rodeando la mesa del Kazekage, llegando hasta él y obligándolo a levantarse. –Después saldré a distraerme yo. ¡Estando los dos aquí estresados no adelantaremos mucho! Será mejor que descansemos.
-Por una vez Kankurö tiene razón. –Exclamó Temari, que hasta ese momento se había mantenido al margen de la conversación. –Será mejor que te distraigas un poco. Si te agobias, no podrás avanzar mucho.
Agarró fuertemente a Gaara por los hombros y lo sacó poco a poco del despacho. No fue hasta salir del todo el despacho de su hermano qué observó a Hinata y le guiñó el ojo.
~ X ~
-¡Deidara-sempai!
Ese repentino y molesto grito anunció la llegada del dúo de Deidara y Tobi a la guarida Akatsuki.
-Tsk.
Varios compañeros suyos bufaron molestos al notar la presencia de ambos escandalosos. Habían estado varios días fuera debido a la misión de capturar el Sanbi, y muchos de los integrantes jurarían no querer volver a ver jamás a ese equipo. Sobre todo Itachi Uchiha que cada día soportaba menos al manipulador enmascarado.
-¡Cállate, Tobi! –Le pidió el rubio, dejándose caer sobre el respaldo del sofá mientras se quitaba los zapatos para su mayor comodidad.
-¡Compórtate, Deidara! –Le pidió su superior, Sasori, al ver la escena tan poco educada del menor de los Akatsuki. –Será mejor que vayas a entregar tu informe a Pain-sama. Os habéis demorado mucho en esta misión.
-¡No se preocupe, Sasori-sama! –Exclamó divertido Tobi, que parecía bastante emocionado por la captura de su primer Bijü. -¡Yo iré a informarle!
A Deidara no le dio tiempo a protestar, puesto que aquel feliz enmascarado ya se estaba dirigiendo a toda velocidad al despacho del "líder".
"Maldita sea." Protestó mentalmente al encontrarse lo suficientemente lejos de sus compañeros. Eso de interpretar tantas identidades a la vez le resultaba bastante molesto.
Sin tomarse la molestia de tocar la puerta del despacho del líder esperando permiso para pasar o siquiera anunciar su llegada, abrió la puerta de golpe.
-¡Pain-sama!
Volvió a recobrar el papel de Tobi al darse cuenta que dentro del despacho se encontraban, aparte de Pain y Konan, el equipo de Kisame Hoshigaki e Itachi Uchiha. El último conocía (o creía conocer) su verdadera identidad. Pero el único de los presentes que ignoraba el verdadero poder del enmascaro era Kisame.
-¡Ya capturamos al Sanbi! –Exclamó, fingiendo emoción.
-Podéis retiraros. –Ordenó Pain observando a Kisame e Itachi.
Kisame abandonó la sala seguido por su compañero, éste último no sin antes dedicarle una mirada de molestia al supuesto Madara Uchiha. Éste, que fingía ignorar la amenazante mirada del Uchiha, recobró su voz y postura original tras la salida de ambos compañeros.
-¿Le has asignado a Sasori la misión de capturar el Jinchüriki del Shukaku? –Preguntó Tobi asumiendo el papel de Madara Uchiha, el verdadero líder de Akatsuki.
-Estaba a punto de hacerlo. Usted me ordenó que tras el fracaso de Itachi y Kisame le ordene la misión a otro equipo. –Respondió Pain, tomando asiento. – He pensado en Sasori. ¿A quién le asigno como compañero? ¿A usted o a Deidara?
Al ser un número impar, Deidara, Sasori y Tobi forman un equipo de tres que raras veces actúa junto, si no turnándose.
-He pensado que mi equipo no hará esa misión. –Informó el Uchiha sentándose enfrente del usuario del Rinnegan. -¿Estabas al tanto de las citas nocturnas de Itachi Uchiha con la hermana del Jinchüriki del Shukaku?
-¡¿Cómo?! –La compañera de Pain, que se había mantenido al margen en la conversación, no pudo disimular su asombro. -¡Eso es imposible! ¡Itachi jamás mantendría contacto con un enemigo!
-Lo mantiene, Konan. –La corrigió el pelinegro. –Sasori y Zetsu son testigos.
-Konan, llama inmediatamente a Itachi. –Ordenó Pain. –Aclararemos esto inmediatamente.
La Kunoichi, que se encontraba al lado derecho de su compañero, rodeó la mesa con la intención de salir y llamar al Uchiha.
-No tan rápido. –Decidió Tobi, deteniendo a Konan. –He pensado en sacarle provecho la situación.
Ambos presentes se miraron entre sí, todavía sin entender las intenciones del verdadero líder.
-¿A qué se refiere? –Preguntó finalmente la peliazul.
-Gracias a la irresponsabilidad de Itachi, capturar al Jinchüriki del Shukaku será como un juego de niños. –Comentó Tobi, levantándose de la silla. –Por ahora concéntrate en la captura del Yonbi, Rokubi, Hachibi y Kyübi.
Le dedicó una mirada a ambos compañeros antes de abandonar la sala.
-Pronto las citas indebidas de Itachi le costarán la vida al Quinto Kazekage. Y a su querida hermana mayor también.
~ X ~
Se acomodó en su asiento, respirando aire fresco y disfrutando de la sombra que evitaba que le dé un golpe de calor. Observó a su compañera, que parecía bastante cómoda evitando el calor con abanico blanco con tres lunares lilas, exactamente igual al que utiliza día a día contra sus enemigos.
Dio un sorbo a su café mientras desviaba su mirada hacía el tan tranquilo e indiferente Kazekage, que parecía no estar para nada molesto que con el insoportable calor que hacía a pesar de llevar esa larga túnica blanca y azul que utilizaba cuando se encontraba haciendo sus labores de Kazekage. Debida a la insistencia de sus hermanos, al pelirrojo no le había dado tiempo siquiera de quitarse su traje.
En cierto modo, la idea de que Gaara les acompañara por la aldea no le desagradaba para nada, puesto que muchas veces se había preguntado como actuaban los aldeanos cuando lo veían por la aldea. ¿Sentirían miedo de él?
Al fin sabía la respuesta. Para su sorpresa, no. Los aldeanos se mostraban muy amables y alegres con su Kazekage. Incluso niños pequeños se acercaban a él y le saludaban felizmente.
Hinata no podía evitar esbozar una risita cada vez que veía a Gaara devolver el saludo con una ligera sonrisa. Le llenaba de admiración ver todo lo que alcanzó el pelirrojo teniendo en cuenta su pasado. ¡La peliazul estaba segura de la inmensa felicidad que sentía Gaara al ser tratado así, después de tantos años de rechazo y frialdad por parte de los habitantes de Suna! A pesar de la indiferencia que mostraba el Kazekage, ella apostaba por su suposición.
-Lo que me cautivó de Konoha fue su clima. –Comentó Temari tras darle un sorbo a su café. A pesar de lo difícil que se hacía entablar una conversación con los continuos acercamientos de los habitantes para saludar a su líder, Temari intentaba de vez en cuando conversar con su hermano y su cuñada. -¡Me encantan las zonas verdes! Los parques, los árboles, las flores…
-A mi también. Soy amante de las flores. –Comentó la peliazul. –Es una pena que aquí no haya floristerías. En Konoha hay una muy famosa dirigida por los padres de Ino Yamanaka.
Hinata notó la mueca de disgusto por parte de Temari al escuchar ese nombre. Hasta ese momento no había caído en cuenta que había mencionado a la reciente enemiga de su compañera.
-Aquí si hay una tienda. –Comentó Gaara, ignorando la incomodidad que sintieron ambas Kunoichis al mencionar aquel nombre. –Los dueños son los padres de Yukata, mi anterior secretaria.
-¡También me gustaba mucho visitar los baños termales de Konoha! –Exclamó la ojiverde, intentando cambiar de tema.
-¡A mí también! –Contestó rápidamente la peliazul, sintiendo nostalgia al recordar el único sitio que utilizaba para relajarse completamente. Ahora ese sitio había sido sustituido por unas gigantes rocas que, desde la batalla contra Orochimaru, no había querido habitar. -¡Extraño las aguas termales!
-Sí, yo también. –Afirmó la rubia con cierto tono de melancolía.
-¡Temari, aquí también hay! –Bufó el pelirrojo, algo molesto. Pues estaba haciendo creer a la Hyüga que Suna era una aldea completamente aburrida.
-¿En serio? –Exclamó la ojiblanca, entusiasmada. Tan sólo había decidido una vez investigar Suna. Cuando el equipo de Kakashi Hatake se encontraba hospedado en su hogar y se sentía intimidada por Naruto y Sakura, había decidido inspeccionar la aldea de la Arena pero, por desgracia, no había encontrado ningún sitio de "relajación", como decía ella.
-Sí. –Contestó Temari. –Pero está en las afueras de Suna. Lo único bueno es que hay un hotel y un restaurante al lado. Es un buen sitio para habitar con tu pareja. –Añadió, dando un último sorbo a su bebida antes de levantarse de su asiento. –Tengo que irme ya. ¡Llego tarde a la Academia Ninja!
La rubia se retiró rápidamente alzando su mano en señal de despedida. Por suerte, tan sólo tenía que dar varias horas clases en la Academia Ninja. Así podía dormir un rato antes de dirigirse de nuevo a sus citas nocturnas.
-¿Sabes qué le pasa? –Preguntó Gaara al comprobar que su hermana se encontraba lo suficientemente lejos de ellos como para no escucharles. –Nunca la he visto en tan mal estado.
-¿A qué se refiere? Yo la veo muy bien. –Mintió la ojiblanca, comenzando a chocar sus dedos. Físicamente no se veía bien, pero había que admitir que emocionalmente su amiga se encontraba mejor que nunca.
-Parece estar muy cansada. –Comentó el Kazekage después de saludar a varios niños que se acercaron para transmitirle sus respetos. -¿Acaso no notaste sus ojeras?
-Sí, pero… -La peliazul pensó rápidamente, intentando no ponerse nerviosa. –Tal vez haya dormido mal.
Gaara observó el cielo, recordando su pelea con su hermana varios días atrás. En su interior, no podía evitar pensar que su hermana salía por las noches. Y lo que era peor, salía para verse con aquel criminal de Akatsuki. Pero, por mucho que le insistía que le cuente la verdad, la rubia se limitaba a decir que no mantenía ningún tipo de contacto con el Uchiha desde su pelea contra Orochimaru cuando él le asignó la misión de buscar la guarida del Sannin, intentando convencerle de qué el poder ocular lo obtuvo ese mismo día.
-Tal vez sea así. –Dijo finalmente Gaara, optando por la teoría de Hinata. –Quizás le vendría bien visitar las aguas termales una noche.
-¡Sí! –Afirmó Hinata. El joven pudo ver en los ojos de la peliazul cierto brillo y emoción. –Debe ser hermoso ese lugar. Al estar apartado de la aldea, seguramente es muy tranquilo.
-Sí. –Comentó mientras les dedicaba una ligera sonrisa a los aldeanos que se paraban para saludarle. Finalmente, le dedicó una mirada a la Hyüga, dando suma importancia a su emoción por oír hablar de aquel lugar. – ¿Te gustaría ir?
-¡¿A mí?! –Preguntó asombrada la Hyüga. "¿Qué si me gustaría ir? ¡Me encantaría!" Pensó, intentando disimular su emoción. –Sí, me gustaría ir algún día.
-Iremos esta noche.
La piel de Hinata adquirió inmediatamente un rojo tomate que no pudo pasar desapercibido por su esposo.
-Me refería a ti, a mí y a Temari. –Aclaró el Kazekage, intentando evitar malentendidos. –Os vendría bien relajaros antes de comenzar con vuestra misión. Tendréis que preparar unos exámenes y no será nada fácil.
Hinata agachó la cabeza, sintiéndose totalmente avergonzada por haber pensado tan mal del Kazekage. ¡Él no era ningún pervertido como Jiraiya-sama, que se dedicaba a habitar esos lugar para "inspirarse en sus novelas"!
-A mí… A mí me encantaría ir, Gaara-sama. –Susurró finalmente. –Pero, ¿y Kankurö-san?
-Él tiene una misión que no terminará hasta mañana. –Aclaró. –Dejaré a Daimaru a cargo de la aldea.
-¿Cree que sea buena idea? –Preguntó la peliazul, rogando por qué Gaara no se eche para atrás.
-Sí. Sólo será una noche. –Contestó, aliviando a Hinata. –Aparte, a pesar de estar en las afueras, están muy cerca de la aldea. Si pasa algo, podré estar de inmediato de regreso.
Hinata no pudo fingir la ilusión que le hacía pasar una noche entera en las aguas termales. Cenar en un buen restaurante, relajarse en un hotel y sentir la paz y la tranquilidad que le transmitía un buen lugar aislado de la aldea. Y no sólo eso. Esa serenidad que sentirá no será sólo gracias al sitio, si no a la persona que la acompañará.
-Tengo que ir a la torre a retomar mi trabajo. Kankurö ha de estar muy cansado y le espera un largo viaje esta noche. –Dijo finalmente el Jinchüriki. –En la tarde iremos a entrenar, y al terminar, nos iremos a las aguas termales.
Dicho esto se retiró, dejando a su esposa un tanto sonrojada pero increíblemente feliz.
~ X ~
Horas después…
Observó el reloj que marcaba ya su hora de salida. Ya estaba a punto de caer la noche. Como último arreglo se puso su sombrero y se ajustó los pergaminos de marionetas a la espalda. Le esperaba una larga noche en Kumogakure, donde fue mandado por su hermano para hacerle llegar al Raikage ciertos pergaminos.
"¡Qué envidia! ¡Yo no regresaré hasta mañana y mis hermanos y Hinata se irán a las aguas termales!" Pensó, dejando escapar un suspiro. ¡Hacía tanto tiempo que no habitaba ese sitio tan relajante! De hecho, tenía claro que iba a ser lo primero que haría al regresar de su viaje.
-¡Kankurö!
El castaño bufó ante el grito de su hermana. Pues ya sabía lo que tenía pensado hacer después.
"Lo sabía." Pensó, al escuchar su puerta abrirse sin siquiera pedir permiso, como acostumbraba hacer la rubia.
-¿Qué quieres, Temari? –Preguntó molesto.
-¿Ya te vas?
Kankurö miró con cierta confusión a la ojiverde, que parecía estar emocionada con su partida.
-Sí. –Dijo finalmente, intentando no darle importancia al estado de ánimo de su hermana mayor.
-Toma. Hinata te preparó comida antes de irse a entrenar. –Comentó Temari mientras tomaba su bolso y metía dentro de él un recipiente.
-¡Qué bien! –Exclamó el castaño, qué al fin había recibido una buena noticia. Sin duda una de las cosas que más le fastidiaba del viaje era no poder comer las delicias que prepara Hinata.
Los hermanos se mantuvieron en silencio. Uno se encontraba muy fastidiado como para hablar y la otra se encontraba bastante feliz con la partida de Kankurö. ¡Tener a sus dos hermanos fuera de la aldea le facilitará la escapada!
Cierto ruido en la primera planta los obligó a abandonar la habitación de Kankurö y a dirigirse a la entrada para recibir a los recién llegados.
No muy lejos de ahí, en la primera planta de la vivienda, se encontraban Gaara y Hinata, que no podían disimular su cansancio tras retomar su duro entrenamiento. A pesar de lo mucho que se complicaba día a día, ahora podían entenderse y entrenar mejor, puesto que Hinata ya sabía la razón por la cual Gaara quería aumentar sus habilidades rápidamente: No ser capturada por Orochimaru.
Ahora no era el pelirrojo el único que quería que Hinata mejorara velozmente su fuerza, si no ella misma también. No sabía cuando tendría que enfrentarse de nuevo al Sannin, pero estaba segura de que ese día se estaba acercando y no pensaba cumplir sus pesadillas. Tenía claro que si ese sería su destino, ¡iba a cambiarlo totalmente!
Observó a su esposo dejándose caer en el sofá, manchando por completo el mueble con arena.
-Gaara-sama, ¿quiere algo de beber? –Le preguntó su esposa al notar su respiración todavía agitada. Sin duda este había sido un entrenamiento bastante duro.
-Sí, por favor. –Le pidió.
Hinata estaba a punto de abandonar la sala cuando las fuertes pisadas de ambos hermanos la detuvieron.
-¡Hinata! –Exclamó la rubia. -¡Habéis vuelto más temprano de lo normal!
-Sí. Hoy fue un entrenamiento muy duro.
-Se nota. –Respondió Kankurö al notar el agotamiento de su hermano menor. Suspiró desanimado, pues sabía que así mismo llegaría mañana él, después del largo viaje que le esperaba.
Resignado, se dirigió a la salida y se colocó sus zapatos.
-¡Anímate, hermanito! –Gritó la rubia acercándose a él y dándole un codazo. -¡Otro día iremos tú y yo a las aguas termales!
-¡Otro día no! –Reprochó el castaño como un niño pequeño, sacándole una pequeña risa a los presentes. -¡Yo quiero ir mañana!
Dicho esto, abrió la puerta y salió, alzando su mano derecha en señal de despedida.
-Bueno, creo que os toca ir solos a las aguas termales. –Dijo finalmente Temari, posando sus manos en sus caderas mientras recibía la confusa mirada por parte de Hinata y Gaara. Aunque, la peliazul se imaginaba que la Kunoichi podría alguna escusa para escaquearse y ver al criminal. Pero, ¿qué justificación había encontrado para librarse?
-¿Cómo dices, Temari? –Preguntó algo molesto el Kazekage. ¡Por una vez que planeaba hacer algo con su hermana y su esposa, ella no pensaba ir!
-No te alteres, Gaara. –Le pidió Temari, intentando convencerle. –Lo que pasa es que no me fío de Daimaru. ¡Es un incompetente! Quiero quedarme vigilando Suna yo personalmente.
El pelirrojo se levantó mientras alzaba una ceja y se preguntaba si era eso realmente lo que le preocupaba a su hermana.
-No. –Dijo claramente, parándose enfrente de ella.
-¡Sí! –Ordenó la rubia, contradiciéndolo. -¡No podemos estar los tres fuera de la aldea!
-¡Las aguas termales no están tan lejos de la aldea, maldita sea! –Exclamó, cada vez más enfurecido.
-¡Lo sé! –Se defendió, alzando la voz aún más que su hermano. –Pero reconoce que jamás hemos estado los tres fuera de la aldea, ¡no sabemos qué puede pasar!
-¿Qué va a pasar? –Preguntó su hermano menor, alzando las manos en señal de confusión. -¡El objetivo de Orochimaru es Hinata y el de Akatsuki soy yo! ¡No buscarán nada en esta aldea teniendo a sus presas fuera de ella!
-¡Tú no sabes cómo piensan esos criminales!
-Pero tú si lo sabes, ¿cierto? –Preguntó su hermano sarcásticamente.
Temari giró su rostro enfurecida, aguantándose las ganas de golpear a su hermano menor.
-¡He dicho que me quedaré aquí! –Dijo finalmente, tras varios segundos de silencio. -¡Y no hay más que hablar!
El Kazekage suspiró y se dejó caer rendido de nuevo en el sofá. Sabía que no podía obligar a su hermana mayor, y mucho menos convencerla cuando ella ya había tomado su propia decisión.
Temari, al notar el silencio del pelirrojo, se giró y le dedicó una maliciosa sonrisa a la Kunoichi, que se había mantenido al margen de la conversación. En ese instante la peliazul comprendió qué las intenciones de Temari no eran tan sólo poder verse con el Uchiha.
Avergonzada, se dio media vuelta y se dirigió a la cocina con la finalidad de traerle al fin el vaso de agua a su esposo, intentando disimular el nerviosismo que le producía pasar una noche a solas con Gaara en ese lugar un tanto romántico. Recordó las palabras de la Kunoichi horas atrás en la cafetería.
"Es un buen sitio para habitar con tu pareja."
¿Acaso Sabaku No Gaara es su pareja?
~ X ~
Se dirigió al tan famoso hogar del Kazekage, una vez más pensando en si estaba haciendo lo correcto.
Decidida, estaba a punto de acercarse para tocar la puerta cando vio salir al Quinto Kazekage, sorprendentemente, por primera vez acompañado por su esposa, Hinata Hyüga.
"¿Ellos dos juntos?" Pensó asombrada. ¡Pues ellos nunca salían como un matrimonio formal!
Se sorprendió aún más al observar que ninguna de los dos llevaba su ropa de Ninja. Ambos iban muy bien vestidos, como si estuvieran en una… ¿cita?
Él con un atuendo negro, simple pero muy apuesto, y ella con un kimono azul marino a juego con sus accesorios aparentemente de bastante valor. Tenía que admitir que la esposa de Gaara llegaba a ser bastante atractiva arreglada. Su pelo largo azulado y sus ojos blancos le hacían única e inigualable. Su tez blanca y su cálida sonrisa podían enamorar a cualquiera.
Curiosamente, su líder era todo lo contrario a ella. Indiferente, frío… Aparentemente sin emociones. En lo único qué podían caracterizarse era en ser ambos inigualables. Pues su pelo rojo como el fuego y sus ojos verdes turquesa acompañados por esas ojeras nunca vistas en otro le daban un toque de especialidad que, aparte de él, solamente conseguía Hinata.
En momentos así se preguntaba si su Kazekage a estas alturas se habrá enamorado de la tan perfecta Kunoichi que tiene como esposa. Cosa que dudaba por parte de ella, puesto que es muy difícil enamorarse de Sabaku No Gaara. ¡Belleza no le faltaba! Pero para enamorarse de alguien se necesita más que eso. Algo que el pelirrojo no sabe dar: Amor.
Un poco decepcionada al ver a sus superiores irse, optó por darse media vuelta antes de ser descubierta y no interrumpir los planes de su líder.
-Matsuri, ¿qué haces aquí?
La ruda y familiar voz de la hermana del Kazekage la detuvo. Se giró lentamente, pensando mentalmente una excusa para justificar su presencia.
-Bueno, yo… -Tartamudeó observando la atenta mirada de la rubia sobre ella. –Estaba paseando y decidí venir a verla, Temari-san. ¡Hace mucho que no nos vemos! –Añadió finalmente riendo nerviosa. –Pero como vi salir a Kazekage-sama con su esposa supuse que usted también salió con ellos.
-Qué más quisiera yo. –Mintió Temari, intentando no mostrar la felicidad que sentía por haberse librado de los planes. –Pero Kankurö está fuera de la aldea por una misión y tengo que quedarme a cargo de la aldea.
-Entiendo. –Dijo Matsuri, pensando en cómo sacarle provecho a la situación. -¿Y Kazekage-sama?
Intentó disimular su interés por saber a dónde se dirigía la pareja.
-Él hizo planes con su esposa. Ella aún no conoce muy bien las zonas y pensó en llevarla a las aguas termales.
Temari miró el cielo, ignorando la tristeza que sentía su acompañante.
-Matsuri, tengo que irme. –Añadió finalmente, tras varios segundos de silencio. –Iré a la frontera de la aldea para asegurarme que todo va bien.
-Está bien, Temari-san. –Contestó, dedicándole una sonrisa. -¡Qué tenga una ligera noche!
Dicha esta mentira por parte de la rubia, salió rápidamente procurando no entretenerse más. Pues estaba ansiosa por ver a su Uchiha.
~ X ~
Caminaron en silencio, sumidos en sus pensamientos. Curiosamente, para ninguno de los dos resultaba desagradable aquella situación, pues ambos estaban muy a gusto, a pesar de las tormentas que cada vez se hacían más presentes en el clima.
La peliazul bajó su mirada, preguntándose en si su kimono sobreviviría durante mucho tiempo o de lo contrario tendría que quitárselo nada más llegar al hotel a causa de la suciedad de la arena.
Disimuladamente observó a su esposo, que no parecía estar nada molesto por las tormentas. Le resultaba muy raro verle sin su calabaza de arena en la espalda y sin su traje de Ninja, Kazekage o el que utilizaba en el entrenamiento.
Ciertamente tenía que admitir que Gaara lucía bastante más atractivo vestido de esa manera. Bajó la mirada inmediatamente mientras su piel adquiría un ligero tono carmesí a causa de sus pensamientos. ¡Jamás se dio cuenta del atractivo de Gaara! Realmente raras veces apreciaba el físico de los hombres. Por su mente pasaron las conversaciones que mantenía en Konoha con sus compañeras Sakura Haruno e Ino Yamanaka. Ellas siempre le comentaban lo atractivo y virtuoso que resultaba ser Sasuke Uchiha. Ella tan sólo se dedicaba a sonreír y afirmar, pero en su interior siempre se preguntó, ¿dónde está su atractivo? ¿Acaso podía ser bello un tipo creído, arrogante, frío y orgulloso como él? Probablemente esa era la diferencia entre sus compañeras y ella. Mientras Sakura e Ino resultaban ser bastante superficiales, para ella la belleza estaba en el interior. Esa fue la razón por la cual se enamoró de Naruto Uzumaki: Su simpatía, su amabilidad, su alegría, el compañerismo y la fuerza que poseía… ¡Todas esas virtudes de las que Sasuke Uchiha no gozaba!
Observó una vez más a su acompañante, analizándolo con el Uchiha y Naruto. Para su sorpresa, él poseía un poco de ambos. Era igual de indiferente y frío que Sasuke, sin embargo, sin odio y resentimiento en su mirada. También era igual de protector y fuerte que Naruto, pero, curiosamente, no resultaba simpático ni alegre. Para ella Sabaku No Gaara era un ser único. Un Shinobi que se diferenciaba de los demás. Había muchos Shinobis amables como el Uzumaki o llenos de rencor y venganza como Sasuke. Pero no había ninguno como Sabaku No Gaara. Absolutamente nadie era igual a él.
-Ya llegamos.
La fría voz de su acompañante la sacó de sus pensamientos. Alzó la mirada, encontrándose con un gran edificio, un gran cartel en el qué ponía "aguas termales" y un restaurante llamado Yokohamaya.
-¡Qué sitio más agradable! –Exclamó Hinata fascinada por la belleza del lugar. Había que admitir era bastante más acogedor que las aguas termales de Konoha que, a pesar de quedar en el centro de la aldea, no estaban acompañadas por ningún hotel ni restaurante.
-¿Qué te parece si primero nos instalamos en la habitación del hotel y después vamos a las aguas termales? –Propuso Gaara acercándose a la entrada del hotel. –Finalmente podemos ir al restaurante.
Hinata sentía unas inmensas ganas de ir directamente al restaurante y pedirse una buena porción de rollos de zenzai. Pero se aguantó las ganas y se limitó a asentir.
-Me parece bien.
Gaara, que notó la impaciencia de Hinata por habitar Yokohamaya, dejó escapar una ligera risa que sonrojó a la peliazul.
-Yo también tengo ganas de cenar, pero si vamos primero al restaurante y después a las aguas termales nos puede dar un corte de digestión. –Comentó mientras se acercaba a la recepción.
-Lo sé. –Contestó la Hyüga mientras intentaba evitar chocar sus dedos. –Tiene muy buena pinta exteriormente. ¿Es igual por dentro?
-Sí. Su especialidad es el ramen. –Contestó, mientras por la mente de la ojiblanca aparecía Naruto, el amante de esa comida. –La carne es un poco diferente a la habitual pero está muy buena.
La conversación que mantenían se vio interrumpida por la llegada de la recepcionista, que parecía terminar de atender a dos Ninjas de Kumogakure.
-¡Bienvenido, Kazekage-sama! –Exclamó emocionada la joven. –Buenas noches, Hinata-sama.
La nombrada se sorprendió ante tal trato. ¿Cómo sabía la recepcionista su nombre?
"Ahora lo recuerdo." Pensó, olvidando de nuevo que ahora es conocida en todas las naciones por ser la esposa del Quinto Kazekage.
Ajena a la conversación que mantenía su esposo con la mujer, observó el lugar, qué por dentro resultaba muy amplio y acogedor. También le sorprendía la cantidad de gente que había, siendo la mayoría Ninjas de distintas naciones cansados por sus misiones y buscando refugio para la noche o matrimonios de Suna queriendo pasar una agradable noche en pareja. La mayoría de los presentes les observaban curiosos, otros se acercaban y saludaban tímidamente al honorable Kazekage y a su esposa.
-Vamos a instalarnos, Hinata.
Aún sumisa en sus pensamientos, siguió a su esposo bajo las atentas miradas de los presentes. Unos mostrando amabilidad, otros envidia y otros simplemente curiosidad.
Pero, por primera vez cerró los ojos y respiró paz. Sentía ignorar todas las miradas y considerar únicamente la emoción y felicidad que le producía ese lugar.
~ X ~
Caminó con cuidado por el tormentoso y silencioso desierto. Se sentía desconfiado y desconcentrado. Desde qué recibió aquel cuervo con el mensaje de Temari sentía que algo iba mal.
"Nos vemos a la hora de siempre en las fronteras de Suna."
¿Acaso se había vuelto loca? ¿Cómo podía pensar siquiera en permitirle acercarse a su aldea? Podía jurar qué se trataba de una trampa de algún enemigo o de sus propios compañeros de Akatsuki. No quería admitirlo pero, en su interior, sentía temor por qué Sasori abra la boca y Madara Uchiha, el verdadero líder de la organización, se entere de sus citas nocturnas y ponga en peligro la vida de Temari.
Sintió pasos acelerados detrás de él. Sin pensar en quién era ni en lo familiar qué resultaba ese Chakra para él, dio media vuelta y atacó con tres kunais seguidos.
-¡¿Te volviste loco, maldito Uchiha?!
Observó a la recién llegada deteniendo los kunais con su gran abanico mientras levantaba polvo nublando su vista.
-¿Temari?
-¿Quién más, idiota? –Gritó la rubia un tanto enfurecida. Pues había sustituido sus planes de ir a las aguas termales y relajarse, por verle a él. ¡Lo que menos quería era que la recibiera así!
-Pensé que se trataba de algún enemigo. –Se justificó. –Me enviaron un mensaje con mis cuervos, y eres tú la única que sabe invocarlos aparte de mí.
-Ese mensaje te lo envié yo. –Respondió la ojiverde, dejando totalmente desencajado a su acompañante.
"¿Acaso está demente?" Pensó, sin poder fingir su sorpresa. ¿En realidad piensa permitirle a un criminal estar en las fronteras de su aldea, pudiendo atacar en cualquier momento? ¿Qué seguía después? ¿Presentarles a sus hermanos?
"Kankurö, Gaara, este es Itachi Uchiha. Es un criminal de rango S e integrante de Akatsuki buscado por todas las naciones. Desertó su aldea después de matar a todo su clan y ahora quiere capturarte a ti, Gaara. ¡Pero no os preocupéis! Dejando de lado todas esas cosas, es un buen tipo."
Itachi no pudo evitar sentirse estúpido por imaginarse mentalmente una conversación entre los hermanos de la Arena.
-¿Tú te encuentras bien, Temari? –Dijo finalmente, intentando no preguntarle directamente si está poseída o se volvió loca. -¿Acaso pretendes permitir a un criminal estar cerca de tu aldea?
Temari frunció el ceño y cruzó sus brazos en señal de molestia.
-Hace tiempo dejaste de ser un criminal para mí. –Aclaró Temari sorprendiendo a su acompañante. -Sé que no pretenderías dañar mi aldea.
Itachi no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. ¿Acaso Sabaku No Temari estaba confiando en él? Podría jurar que la última persona que lo hizo fue su hermano menor. Confianza que desapareció aquel maldito día después de matar a todo su clan.
-¿Cómo estás tan segura de qué no te haré daño a ti, a tus hermanos o a tu aldea?
Temari cerró los ojos y respiró profundamente.
-Porque me basta con ponerme en tu piel. –Dijo finalmente, buscando unas palabras más adecuadas para expresas sus sentimientos. –En este tiempo he podido conocerte más de lo que tú crees. Si hubieses querido aprovecharte de nuestras citas ya lo habrías hecho.
Itachi se quedó callado. Pues la rubia tenía razón. Aunque ni él mismo entendía la razón por la cual no había capturado al Jinchüriki del Shukaku hasta ahora. ¡Oportunidades no le faltaron! Resignado, caminó lentamente hasta estar lo suficientemente cerca de Temari.
-Nos podrían descubrir tus hermanos.
-¡No te preocupes por eso! –Exclamó Temari haciendo desaparecer su rostro serio y cambiándolo por una sonrisa de oreja a oreja. –Kankurö está en una misión y Gaara fue a pasar la noche en las aguas termales con Hinata. ¡Yo soy la encargada de la seguridad de Suna! –Añadió, señalándose con su dedo pulgar. –Y créeme, ¡yo nunca descuido mi aldea! Sólo dejo acercarse a gente de confianza.
El pelinegro alzó la cabeza observándola detenidamente.
"¿De confianza?"
Cerró los ojos y se dejó llevar por la mano de la Kunoichi, que parecía llevarle a unas enormes rocas de las que se veía toda la aldea.
"Por primera vez, después de tantos años, alguien confía en mí."
~ X ~
Colocó un poco de brillo en sus labios. Normalmente no se maquillaba ni se arreglaba demás, pues le gustaba ir natural. Pero sin duda esta ocasión se lo merecía.
Después de la relajación en las aguas termales sintió salir de ese lugar como nueva. Al igual que en Konoha, los baños de hombres y de mujeres están separados. Pero no le importaba para nada. De hecho, necesitaba relajarse en silencio y apartar de sí todos esos pensamientos negativos que la atormentaban. Como la relación de Naruto y Sakura, la batalla contra Orochimaru o el pensar que el Sannin en cualquier momento volvería a atacarla cumpliendo sus pesadillas.
En ese momento olvidó todas aquellas cosas que la hundían y dio paso a su positividad. El hecho de crecer día a día como Kunoichi, el contar con una fiel amiga, el sentir al fin algo parecido a un calor en su nuevo hogar y, la más importante, haber encontrado la paz y la tranquilidad que llevaba buscando hace mucho tiempo. Curiosamente la había encontrado en la persona que menos se esperaba.
Después de dos horas en ese lugar, cuando sentía que su piel no podía arrugarse más, le propuso a su esposo salir para dirigirse al hotel y arreglarse. ¡Estaba ansiosa por visitar al fin el tan esperado restaurante!
-¿Estás lista?
Se giró lentamente para observar al dueño de la voz. Sus mejillas se ruborizaron al ver lo apuesto que lucía con un traje elegante, digno para una cena.
Su traje negro y su corbata azul y blanca le sentaban de maravilla. A pesar de eso, seguía con el mismo peinado rebelde de siempre. Sus pelos rojizos revueltos.
-S-Sí, Gaara-sama. –Pronunció finalmente, preguntándose en si su acompañante se habrá fijado en su maquillaje y el cambio de su vestuario.
Se había puesto uno de sus mejores kimonos, puesto que el anterior se ensució por culpa de las tormentas. Éste parecía sentarle todavía mejor que el otro. Un kimono rosa acompañado por estampados florales blancos y negros. Hacían juego con sus pendientes rosas y su collar blanco.
Gaara, por su parte, no lograba descifrar que era exactamente lo que hacía lucir a Hinata un tanto diferente (y, por supuesto, más atractiva). Se acercó lentamente a ella y la observó, dándose cuenta de la ligera sombra rosa que se había puesto, el rímel en las pestañas y un poco de brillo en los labios.
El pelirrojo se dio la vuelta para salir de su habitación mientras cierta sonrisa aparecía en su rostro. Así era exactamente como esperaba verla. Tal y como le gustan las mujeres. ¡No esas que utilizan toneladas de maquillaje y que al día siguiente no las podía reconocer! Hinata lucía elegante pero a la vez natural. Exactamente lo que buscaba y esperaba de ella.
Se subieron en el ascensor y Gaara apretó el último botón en el que había dibujado un cero. Esperaron en silencio llegar a su destino mientras Hinata se veía una y otra vez en el enorme espejo que colgaba en el ascensor.
Finalmente las puertas abrieron, dejando ver a varios Ninjas que se encontraban cansados esperando su turno.
-¡Buenas noches, Kazekage-sama, Hinata-sama! –Exclamaron todos acompañados por una reverencia.
Saludó amablemente y siguió su rumbo despreocupado. Pero de un momento a otro sintió perder la compañía de su esposa. Se paró y se dio media vuelta, buscándola con la mirada.
-¿A qué esperas? –La preguntó al darse cuenta que se había quedado parada por el camino recorrido.
-¿No es hermoso? –Preguntó la peliazul.
El Kazekage posó su mirada en el mismo lugar que la Kunoichi, que se encontraba contemplando una pareja de novios.
-¿Qué tiene de hermoso? –Preguntó Gaara alzando una ceja. En realidad no comprendía a lo que se refería la Hyüga.
-¡El ramo de flores! –Señaló emocionada. En ese momento el Shinobi recordó que su esposa había mencionado ser una amante de las flores horas atrás, en la cafetería. –Sin duda esas flores son mis preferidas.
Gaara bufó y se dio media vuelta, dispuesto a seguir su camino hacia el restaurante.
Resignada ante la falta de interés de su esposo, retomó su camino, intentando no desanimarse pensando en las toneladas de comida que le esperaban.
"No tengo flores, ¡pero si comida!" Pensó mentalmente mientras dejaba escapar risas que inmediatamente disimuló. Pues no quería que su esposo la tomara por una demente. ¡No cabía duda que esa relajación le había sentado muy bien emocionalmente!
-¿Qué flores son? –Preguntó el pelirrojo tras varios minutos callado.
-Claveles. –Respondió la Kunoichi un tanto sorprendida por la pregunta de Gaara. Pues cualquier persona con un poco de conocimiento sobre floristería sabría de qué flores se trata. -¿Acaso no le gustan las flores, Gaara-sama?
-No. –Se limitó a decir mientras abría la puerta del restaurante.
Hinata observó el enorme interior de Yokohamaya. ¡Era aún mejor de lo que se esperaba! La mayoría de decoraciones eran rojas y negras, dando al lugar un ambiente romántico. En cada mesa había velas como decorativo, haciendo la velada más agradable.
Aún fascinada por la belleza del restaurante, siguió torpemente a su esposo, que se dirigía a la recepción.
-Buenas noches, Kazekage-sama, Hinata-sama. –Exclamó la recepcionista haciendo una reverencia. –Les llevaré a su mesa.
Ambos la siguieron en silencio, observando la cantidad de parejas y compañeros de todas las naciones se encontraban cenando en ese enorme lugar.
La mesa reservada no estaba muy lejos de la entrada. Ambos tomaron asiento y agradecieron a la joven que les acompañó.
-¿Entonces qué le gusta? –Preguntó de repente Hinata, intentando retomar la anterior conversación.
Gaara, que en ese momento ya tenía entre sus manos el menú, lo apartó ligeramente para observar a la Kunoichi y acordarse de a qué se refería.
-Nada. –Respondió finalmente, retomando su lectura de menú.
Hinata se limitó a callar y coger su menú. Definitivamente le gustaba estar acompañada por Sabaku No Gaara. Pero aparentemente por su silencio, puesto que era lo único que había logrado conocer hasta ahora.
~ X ~
Apartó un mechón rebelde que tapaba el rostro de la recién dormida que se encontraba echada a su lado con la cabeza sobre su pecho. Parecía estar totalmente tranquila sobre esa gigante roca acompañada por él. ¡Como si descansar junto a un criminal fuera de lo más normal del mundo!
Aunque no era la única. A pesar de no poder dormir, el Uchiha también se encontraba muy cómodo ante la situación. Aunque las tormentas resultaban ser bastante molestas y llenaban su cabello y su túnica negra con nubes rojas de arena, su alma se encontraba en armonía. Hacía tiempo que no sentía estar con una persona importante para él que no le odie. Pero finalmente después de tantos años (y sin querer) había conseguido apreciar de nuevo ese sentimiento.
Posó su mirada en ella y la observó con ternura. Al fin podía decir que estaba acompañado por una persona que le apreciaba. Una persona que sentía el mismo afecto hacía él que años atrás sintió Sasuke Uchiha. Aunque, para su sorpresa, no estaba seguro de si él sentía un amor de hermanos hacía ella o tal vez algo un tanto distinto.
Resignado a no poder contestar a sus preguntas (o más bien, a no querer), cargó en brazos a la Kunoichi y se dispuso a llevarla a su hogar procurando no ser visto por nadie. Pues no tenía ni idea de a qué hora regresaba Kankurö de la misión y quería evitar una batalla. O tal vez, retrasarla.
Se adentró silenciosamente en la aldea mientras recordaba la conversación que una hora atrás mantuvo con su compañera.
Flashback.
-Itachi, dime una cosa. –Le pidió la Kunoichi, tras varios minutos callados, ambos tumbados en una roca observando el cielo. -¿Por qué mataste a todo tu clan?
Itachi la miró de reojo sin mostrar sentimiento, nostalgia o remordimiento alguno.
-Por obtener más poder. –Mintió.
-¡No es cierto! –Protestó Temari. –Recuerda lo que te dije antes, te conozco más de lo que crees.
Itachi, qué estaba boca arriba, se dio media vuelta para observarla mejor.
-¿Qué te hace pensar que no fue por eso?
-¡Por qué tú eres un Shinobi bastante talentoso! ¡No te hace falta más poder del que tienes! –Respondió la rubia que, al igual que el Uchiha, se dio media vuelta para contemplarle mejor. –No eres avaricioso.
-Tuve que cumplir con esa misión para entrar a Akatsuki. –Se limitó a decir, intentando mentirla de nuevo.
-Eres demasiado inteligente como para querer entrar a esa organización por tu propia cuenta.
Itachi cerró los ojos y suspiró. A pesar de recordar una historia tan dolorosa para él, en ningún momento dejó de mostrarse calmado e indiferente como siempre.
-¿Acaso encuentras otra justificación para un crimen así?
-Realmente no. –Contestó. –Pero de dos cosas estoy segura. Tú amas a tu aldea, Konoha. Pero todavía más a tu hermano, Sasuke Uchiha.
-¿Por qué piensas eso? –Preguntó el portador del Sharingan con la ceja alzada. Nunca dudó de la inteligencia de Sabaku No Temari pero, ¿en realidad podía llegar a ser tan observadora?
-Se nota la nostalgia que sientes cada vez que hablamos de esa aldea. Aunque lo disimulas muy bien. –Explicó. –Pero lo que no puedes ocultar es el amor que sientes por tu hermano. ¡Cualquier persona cercana a ti lo notaría!
-Nunca nadie lo había notado. –Respondió Itachi, dándose cuenta que afirmó las sospechas de la rubia con esta última frase.
-Tal vez porque hasta este momento no dejaste que nadie se te acercara. –Dijo, acariciando su rostro en señal de agradecimiento por dejarle qué, después de tantos años, ella sea la primera en acercarse a su corazón. –Aparte, yo entiendo mejor que nadie ese amor que sientes por Sasuke. ¡Yo siento el mismo por Kankurö y Gaara! Son las únicas personas que me importan en este mundo. Si algo llegara a pasarles yo…
Itachi apartó bruscamente la mano de la Kunoichi y se giró dándole la espalda. Cada vez sentía más miedo al volver a la guarida de Akatsuki y recibir la orden de retomar la misión de captura de Sabaku No Gaara.
Fin Flashback.
Entró a la habitación de la rubia por la ventana, todavía cargándola en brazos. Estaba seguro de ser ese su cuarto puesto que su compañera, minutos antes de dormirse, le explicó la ubicación de su hogar y señaló que su habitación era la única con la ventana abierta.
Posó el cuerpo de Temari sobre su litera y la cubrió con sus sábanas. Acarició suavemente su rostro y se dio media vuelta dispuesto a irse, cuando cierta mano le detuvo.
-Itachi. –Se giró para darse cuenta que Temari se había despertado, pero todavía seguía adormilada. –No te vayas, quédate a mi lado.
~ X ~
-Muchísimas gracias por vuestra visita, Kazekage-sama, Hinata-sama. –Pronunció la mesera que les estaba atendiendo mientras les dedicaba una reverencia. –Fue un honor tenerles aquí.
-Gracias. –Susurró Hinata, tan educada como siempre.
Por su parte, Gaara se limitó a asentir con la cabeza mientras se levantaba de su asiento acompañado por la Hyüga.
Ambos abandonaron el restaurante en silencio, tal y como estuvieron durante toda la cena. Aunque, a pesar de eso, Gaara se sentía en armonía consigo mismo tras relajarse después del duro y ajetreado día que tuvo. Sin embargo, lo que menos le apetecía era mantener una conversación con alguien.
Caminó hacia el Court Hotel Shin-Yokohama bajo la atenta mirada de todos los Ninjas que se encontraban habitando el lugar. A él no le intimidaban para nada esas miradas, pues estaba acostumbrado. Pero se preguntaba si a Hinata le resultaba agradable que siempre la observen y cuchicheen cosas sobre ellos.
Estaba a punto de comprobarlo cuando una fuerte explosión me obligó a mirar hacia atrás.
POV GAARA.
Aún no estaba seguro de si en verdad pasó aquello o tan sólo era producto de mi imaginación. Tenía que reconocer que me encontraba muy agobiado con el tema de Akatsuki y Orochimaru y mi mente podía estar jugándome una mala pasada. No sabía si prefería estar loco a que realmente hubiese pasado.
Me giré para observar la cara de los demás habitantes del hotel, que tenían la misma expresión de sorpresa y algunos de temor. Muchos se quedaron quietos esperando a escuchar más gritos que demostraran que se trataba de una batalla. Gritos que no tardaron en llegar acompañados por fuertes golpes y pelea de kunais.
Muchos de los presenten salieron rápidamente hacia el exterior para asegurarse de que no se trataba de algún compañero en apuros. Otros se quedaron inmóviles mientras les invadía el temor. Miré hacia mi izquierda para observar el rostro de Hinata, que reflejaba claramente miedo y terror.
-¿Q-Qué está p-pasando, Gaara-sama? –Me preguntó débilmente.
Le dediqué una mirada intentando calmarla. Aunque en esta sensación lo único que cruzaba por mi mente era aquel criminal pálido que días atrás abandonó su batalla jurando que la próxima vez Hinata no se iba a librar. Tan sólo pedía que no se tratara de él.
-No lo sé. Pero iré a averiguarlo. –Dije finalmente, apartando mi mirada de ella. –No te muevas de aquí.
Estaba claro que yo también sentía temor por los Ninjas tan fuertes y temidos que tenía como enemigos, pero no podía quedarme de brazos cruzados. Tenía que cumplir con la promesa que le hice a Hinata y también proteger a todos los Ninjas que se encontraban presentes. No me importaba si se trataba de aldeanos de Suna o no. No iba a permitir que nadie pierda la vida estando yo presente.
POV HINATA.
No aparté mi mirada de él ni un segundo. Quería detenerlo y suplicarle que huyamos. El hecho de pensar que podía tratarse de Akatsuki causaba mucho terror en mí. Pero sabía que no podía detenerle. Sabía que como Kazekage era su deber acudir a la batalla e intentar arreglar todo.
Pero no podía pedirme que me quede quieta. De un momento a otro mis piernas comenzaron a moverse por sí solas, cogiendo cada vez más velocidad. En un abrir y cerrar de ojos me encontré corriendo detrás de él. No tenía las intenciones de pararle ni de pedirle que se quede conmigo. Esta vez no iba a ser como la última vez en Konoha. Esta vez iba a ser yo la que iba a disponerse a actuar a su lado. Sin importar si se trataba de Orochimaru, Akatsuki o cualquier otro poderoso enemigo. Ser la esposa del Kazekage también suponía un cargo. No podía dejarle en ridículo. Si una vez saqué las suficientes agallas como para enfrentarme a un Sannin, ¿qué me haría detenerme ahora?
Seguí corriendo detrás de él, que ya abandonó el hotel y se dirigía al exterior. Grande fue mi sorpresa al encontrarme esa escena.
Era algo muy parecido a lo que me esperaba, pero aún así no resultaba normal para mí encontrarme con un Chakra tan poderoso. Aún no me acostumbraba a esos criminales con atuendos negros y nubes rojas que amenazaban con atentar contra la vida de Gaara.
Ahí estaban dos de ellos. Enfrente de ellos asesinando a todo aquel que impedía su objetivo.
Avancé lentamente para poder fijarme mejor en lo que llevaban entre manos. No sabía que era ese algo…o tal vez ese alguien.
Seguí avanzo hacia ellos mientras me preguntaba una y otra vez… ¿Vienen de nuevo a por Gaara-sama?
¡Aquí está! :) Espero que os guste. Sé que tardé en actualizar pero bueno, que sea largo supongo que compensa jajaja :D
¡Muchísimas gracias a todos los que leyeron y marcaron en alertas! & Sobre todo a los que marcaron en favoritos y me dejaron rr:
RukiaNeechan: ¡Qué bueno que te haya gustado! La verdad es que si se hizo insoportable Gaara en el cuarto capítulo jaja pero bueno, con el tiempo notarán su cambio :)
Violetamonster: ¡Muchísimas gracias por seguir leyendo mi historia! :') Gaara lo tiene muy difícil, y la verdad si lo tendrán aún más difícil Temari e Itachi.
Mishkis: ¡Muchas gracias! :') Iré mejorando la historia con el paso de los capítulos, de veras que bueno que te guste.
Ally: ¡Tan linda, gracias! :') Qué bueno que te guste la pareja que hacen Itachi y Temari, es mi preferida.
PanquequeAzuAzu: ¡Merece morir, sí ò.ó! Pero ya sufrirá con el tiempo. Jajaja, gracias por tu rr, espero que te siga gustando con el paso de los capítulos. :)
AkikoNara: Graacias Akiko :'), obvio la seguiré aunque tarde en actualizar pero mis capítulos siempre serán largos para compensar jeje.
Misery Tonks
pame18
¡Intentaré actualizar lo más pronto posible! Nos leemos :*
