¡Hola, queridos! ¿Cómo les trata la vida?

Quisiera agradecerles a ustedes por no dejar de leer esta historia y por seguir aquí de alguna forma u otra. Oh pero ustedes saben que los quiero. Ahora a lo importante...

Naruto no me pertenece :)

Shino's POV


Su día había comenzado normal. Bueno, si por normal se entendía aquello que se le había impuesto últimamente. Sus impulsos no habían disminuido con el paso del tiempo así que no se sorprendió al haber despertado en las mismas condiciones que el día anterior; eso no quería decir, no obstante, que fuera a acostumbrarse a ello. Más bien significaba que de alguna forma estaba en paz consigo mismo y con su cuerpo. Había decidido no seguir batallando con él mismo pues el resultado no sería algo agradable. Aunque definitivamente seguía sin agradarle del todo… En fin, había sido una mañana 'normal'.

Pudo desayunar a su ritmo en la tranquilidad de su casa (algo de avena con leche de soya) y por primera vez en lo que parecía mucho tiempo, hablar con su padre.

–Shino… ¿No vas a ningún lado hoy?- le preguntó, sentándose al lado contrario de donde él estaba y portando un periódico. –Normalmente cuando regreso ya no estás.

Shibi abrió el diario y comenzó a hojearlo; Shino fue a servirle algo de té.

–Recientemente haz estado muy ocupado- continuó. –Siento que no hemos hablado en mucho tiempo… Gracias- le dijo al notar la taza junto a él.

– Lo mismo pensaba…. Tú también sueles desaparecerte cuando regreso.

– Eso es por que he estado ayudando a la preparación del simposio de plantas de esta semana; si todo va bien, podríamos tener más concurrencia que el año pasado- mencionó algo emocionado, aunque en verdad sería difícil que cualquiera lo notara.

– ¿Cuándo es?- preguntó sintiéndose un poco mal al respecto, había olvidado que ya se acercaba esa fecha del año.

– Empieza mañana y durará una semana entera; desafortunadamente no podré estar aquí para la inauguración. Hoy en la tarde debo salir a una misión. Tal vez pueda regresar para el cierre, mas no puedo asegurarlo.

– Es una lástima.

Shino compadecía a su padre pues trabajaba todos los años para que se llevara a cabo aquél evento, sacrificando sus ratos libres para asegurarse que todo saliera bien y buscando formas para que el simposio llamara la atención de los habitantes de Konoha y otras aldeas vecinas.

– En verdad lo es, hijo…- tomó un sorbo de su té. – Por eso pensaba en si tú accederías a ir por mí. He notado en ti una especial fascinación hacia las flores; lleva, también, bastante tiempo. O al menos eso creo- carraspeó un poco. – Así que pensé que tal vez te interesaría saber que harán una muestra este año de las flores más exóticas jamás encontradas. Haz leído bastantes libros… Sería buena idea que fueras.

Las flores más exóticas… Tal vez, Kiba tuviera gustos exóticos. Era una buena oportunidad para encontrar su flor favorita, o sino al menos erradicar de su lista a las que no tenía mucho acceso.

Shino hizo el acuerdo silencioso de que iría.

– Hablando del simposio, muchacho, ¿te gustaría ir hoy conmigo? Queda una junta pendiente y acordé ir antes de partir.

Shibi había terminado de leer el diario y lo había puesto a un lado de él, doblándolo cuidadosamente. Miraba a Shino esperando su respuesta.

Hacía tiempo que no pasaba una tarde con su padre. Sería bueno poder charlar con él un poco más pero…

– Acordé ir a una especie de celebración… en casa de Kiba.

No podía romper su promesa.

– ¿El hijo de Tsume? ¿Cumple años?- preguntó, levantándose con sus platos con la intención de dejarlos en la cocina.

Por supuesto había intuido que la 'celebración' tendría que ser para Kiba. Al explicarle la invitación que le había extendido la propia Tsume, Shibi se sorprendió, casi olvidando que los platos que traía eran de un material para nada irrompible a la hora que los había 'depositado' en el lavabo.

– ¿Simplemente te invitó?

Sonaba demasiado irreal para los oídos de Shibi.

–Kiba dijo que ella había querido que fuera…

Su padre lucía algo afectado. No podía verle el rostro, pero su espalda se había tensado.

– ¿Hay algún inconveniente?

–No, puedes ir...- le dijo, con un atisbo de resignación y comenzó a lavar los trastos.

Con un suspiro, en el que había jurado su padre dijo algo como '¿Qué trama ahora esa mujer?', concluyó su conversación.

En realidad Shino no estaba seguro de lo que había oído pues había sonado sospechosamente como un zumbido. Sin embargo, decidió dejarlo así. De antemano tenía la idea de que sus padres (el suyo y la madre de Kiba) no contaban con la mejor de las relaciones, en términos normales. Claro que habían sido compañeros de equipo y uno esperaría que al menos quedara algo de compañerismo; mas, entre ellos, había poco más que un 'hola' y 'buenas tardes' todas las veces que se veían. Era, aquella, una de las razones por las cuales no había cruzado por su mente siquiera el confesarles lo que ocurría entre ellos. Aunque, si era completamente honesto consigo mismo y alguna vez llegaba a haber problemas, no sería del lado de su padre. Incluso Kiba perdía toda esa actitud en cuanto se trataba de lidiar con su madre.

Aún así, de cierta forma intuía que el hecho de presentarse a aquella reunión ayudaría a limar las asperezas entre la relación que ambos padres mantenían entre sí. Esperaba impacientemente a que dieran las tres de la tarde.


Hoy Shino olía a sándalo y eucalipto. Muy diferente a como olía siempre…

Aunque últimamente su olor cambiaba todos los días.

Viendo que hoy no se había citado con Shino desde temprano, Akamaru se había encontrado algo desesperado por salir a caminar o hacer algo ni bien habían dado las doce del día y se la habían pasado dos horas enteras dando saltos y rodando por el piso. Evidentemente, había entrado directo a darse un baño y ahora Kiba se encontraba en su recamara cambiándose. Por haber salido a jugar con Akamaru en el patio había terminado cubierto de tierra.

No había necesidad especial de arreglarse puesto que no había invitados a los que apantallar. Únicamente asistiría Shino–ni siquiera el esposo de Hana había podido venir– y éste rara vez se fijaba en lo que traía puesto. No obstante, sí había terminado por vestirse más formal que de costumbre. Estaba frente al espejo cuando olfateó a Shino más cerca.

Miró a su reflejo sonreír.

Terminó de arreglar su cabello y salió de su habitación… para regresar después de unos segundos, enfurruñado, y mirarse al espejo con desdén, despeinándose de nuevo.

¡No se estaba arreglando para el chico!

Salió, entonces, una vez más, caminando con pasos pesados.

¡Y definitivamente no había salido corriendo a su encuentro!

Exhaló.

"Antes muerto que comportarme como imbécil"

– ¡Mamá, voy a esperar a Shino afuera!- anunció una vez cerca de la entrada.

– ¡Sí, pero no se alejen; ya casi está la comida!- le contestó su madre, de igual forma, desde la cocina.

Tsume, a pesar de las múltiples advertencias del muchacho, había terminado por hacer carne; aunque a su manera también había preparado algo para el otro chico. O eso le había hecho saber.

Kiba salió, cerrando la puerta tras de sí, y justo en ese momento avistó al chico de gafas quien se acercaba a su casa.

–Buenas tardes- le saludó como de costumbre no olvidando sus buenos modales.

Kiba rió.

– Buenas tardes…- le contestó en un tono burlón antes de dar un largo suspiro. – Mamá cocinó carne, pero no tienes que comer si no quieres. Sé… sé que no te sientes muy cómodo cerca de ella- carraspeó.

Kiba miraba el suelo como si fuera la cosa más interesante del mundo y se tocaba el cuello en un gesto nervioso. No quería que Shino pensara que trataba de animarlo o algo por el estilo pero era exactamente el tipo de energía que estaba transmitiendo.

"De acuerdo… ¿Y qué si quiero que deje de poner esa cara de asustado? Sólo… no me gustaría que asustara a mamá. Es lo más civil que podría hacer alguien en esta situación"

Shino parecía agradecerle el gesto.

Se quedaron unos instantes sólo viéndose. Ambos dieron un paso al mismo tiempo y…

– ¡Bueno, pasen! ¡No se queden ahí!- les llamó Hana quien había abierto la puerta inesperadamente, sobresaltando a los dos.

¿A dónde se había ido todo su entrenamiento ninja?


Kiba dejó entrar primero a Shino y al pasar por el marco de la puerta fue recibido con un enorme apretón de manos.

– Chico, ¡cuánto haz crecido! Aún recuerdo cuando Hana y yo éramos más altas que tú.

Tsume portaba una enorme sonrisa que le recordaba enormemente a las que le dedicaba el chico. Ambas contaban con el mismo rastro de alegría y travesura que eran tan típicos en su clan.

– Veo también que aparte de crecer, tu rostro ha ido desapareciendo. ¡Cuanta ropa te haz puesto hoy, muchacho! Pareces querer esconderte del enemigo.

Aquella sonrisa se había ampliado un poco más y ahora en su hombro le quedaba una prueba de lo efusiva que podía llegar a ser Tsume. Sólo por dignidad, evito sobarse aquel lugar… Estaba seguro que había dejado una marca.

La madre de Kiba desapareció en la cocina y, tras un momento, emergió con un platón lleno de carne y nada de ensalada a la vista. Quizá habría sido una buena idea comer antes de venir aquí.

– ¡Anda, chico, acércate y toma asiento!- le llamó desde la mesa redonda en medio del comedor.

Kiba y Hana ya se encontraban instalados en sus respectivos lugares al igual que sus compañeros caninos quienes se hallaban a un lado de sus amos. Era en serio una gran mesa que nunca fallaba en impresionarlo. El joven Inuzuka había quedado situado a su lado derecho mientras que Hana estaba a su lado izquierdo; eso había dejado a Tsume al extremo contrario de él, la cual aún permanecía de pie.

– Antes de servir, quisiera agradecerles sus regalos: Shino, fue lindo de tu parte el comprarme aquél set de Kunai…

Kiba le había obligado a pagar el más caro de los dos obsequios y por ello el muchacho le sonreía desde su lugar. Parecía aún disfrutar al recodar su escarmiento.

– Kiba, Hana, gracias por sus regalos también. Son algo que realmente necesitaba. Hana…- dijo dedicándole una mirada cómplice a la chica. – Asegúrate de agradecerle a Jiro por esos aretes-terminó la Inuzuka con un guiño.

Jiro era el esposo de Hana, un Ambu a quién rara vez había visto. Más, al ver como Hana sonreía a la mención de su marido, Shino se preguntó si también había sido obligado a comprar algo caro y no pudo evitar compadecerse de él. Siendo parientes de Kiba, no dudaba que algo así fuera posible. Vio a Tsume sentarse y una vez en su asiento se dirigió a Shino.

– Espero me disculpes, pero me temo que no sé mucho de ensaladas. Aún así creo que deberías tratar de comer algo más. Te veo delgado. Bueno… lo poco que puedo ver de ti. ¡Ese Shibi!, ¿por qué tenía que pasarte todas sus manías?

Comentó mientras le servía más carne de la que jamás hubiera visto sobre su plato (tomando en cuenta que Shino únicamente comía pescado muy de vez en cuando aquella impresión era fácil de lograr) junto con un pequeño montoncito de lo que parecían ser rábanos picados, granos de elote y otro tipo de plantas verdes sobre una hoja de lechuga. No pudo evitar el contemplar su plato sintiéndose anonadado.

– Eh… Mamá, creo que eso es más de lo que Shino puede comer- dijo inmediatamente el Inuzuka al notar su expresión. – No tienes que comerlo todo- añadió. – Lo que no te comas puedes dárselo a Akamaru-Kiba se veía apenado por el asunto tratando de darle una salida.

Shino continuó picando su plato mientras todos comenzaban a comer, incluso los perros…

Suspiró en sus adentros.

Sí podría tratar de comer un pedazo. Sería de mala educación irse sin siquiera probar la comida.

Tomó, entonces, tenedor y cuchillo.

– ¡Así me gusta!-dijo levantando un brazo en un gesto triunfal para luego señalar a Kiba con un tenedor. – ¿Lo ves, hijo? Sabía que Shino era diferente; por eso es que es un buen compañero para ti. Al menos hubo una brecha entre generación y generación... ¡Es bueno saber que eres más inteligente que Shibi!

Terminó de decir Tsume y tomó un sorbo de agua a la vez que Shino se atragantaba, ambos por el fuerte sabor y por lo que había dicho la madre de Kiba.

El chico Inuzuka dejó de comer un momento, volviendo su mirada hacía Shino. Sin notar la angustia del Aburame, Tsume sólo se limitó a decir. –Ay, chico… Creo que me excedí un poco con los condimentos…- Para después darle un poco de agua.

Shino trató de reponerse tomando un gran trago.

– Ese Shibi… Él es que tiene la culpa. Seguro te hace comer pura comida de conejo, verduras sin sabor- dijo, chasqueando la lengua tres veces. – ¡Mírate, tan descolorido! Tu piel necesita algo de sol. Nunca he visto a nadie tan pálido como tú. Me pregunto si se deberá a que a tu comida le faltan nutrientes…

Se quedó unos momentos con su mano recargada en su mejilla. Masticando y pensando. Después, aparentemente llegando a una conclusión, tomó otro bocado y dijo:

– Tal vez sea cosa de tu clan. Todos son tan raros…

– ¡Mamá!- gritaron Kiba y Hana al mismo tiempo.

– ¿Qué? No estoy diciendo que él lo sea. Sólo, que si lo es un poco se debe a los de su clan. Es lo único que dije.

Kiba lo miraba pidiéndole disculpas. A Shino parecía no importarle mucho. Verdad era que, para ese momento estaba acostumbrado a que la gente dijera eso de él y su familia. Incluso así, a Kiba no le agradaba la idea de que, entre todas las personas, fuera su madre quien criticara a su compañero.

Hubo otro momento de silencio en el que nadie hacia más que comer. Shino aventuro otro bocado, esta vez evadiendo por completo la carne y concentrándose en la extraña ensalada.

–No puedo creer que haya pensado en salir con tu padre…- mencionó Tsume como quien no quiere la cosa y esta vez, fue Kiba quien se atragantó.

– ¿Qué?- tosió. – ¿Qué tú qué?

Kiba miró a su madre sorprendido. En cuanto a Shino… bueno, su reacción había sido menos volátil esta vez. Aunque estaba seguro de que un grano de elote viviría para siempre en sus pulmones. Hana por su parte parecía ya haber escuchado esta historia.

– Sí, lo sé. De no creerse, ¿verdad? Shibi y yo casi tuvimos una cita hace tiempo. Por supuesto cuando todavía éramos miembros de equipo… -se detuvo un momento y reclinándose hacia atrás prosiguió. – Aquél aire misterioso me había resultado interesante, cautivador si quieren, y le había pedido una cita. Se puso de inmediato a balbucear como tonto algo sobre abejas y tarántulas…

Shino y Kiba no podían caber en su asombro.

– Me pareció lindo en ese momento por alguna razón…

Suspiró perdida en sus memorias, pero entonces se abalanzó hacia el frente terminando con esa pose relajada y apuñaló a un pobre inocente pedazo de carne que se encontraba en la charola y lo depositó en su propio plato para comenzar a cortarlo agresivamente.

– Pero el muy bastardo me dejó esperándolo tres horas afuera de un restaurante… Fue ahí cuando llegué a una conclusión: los Aburame y los Inuzuka son completamente incompatibles- sentenció dando un bocado. – Tal vez… tal vez funcionan como miembros de equipo, pero ¿cómo pareja? ¡Bah, son como cuadrados y círculos! Si Hana hubiera terminado con un Aburame no sé qué haría…-tomó otro bocado. – Supongo que desearles suerte. No hubieran durado mucho, después de todo.

Kiba tragó saliva; había dejado de comer.

– Bueno, mamá, pero no… no puedes esperar que todo sea igual por lo que te pasó a ti- trató de defender Kiba, sintiendo como cada cosa que ella decía tocaba un punto cada vez más cerca de lo que estaban viviendo. No necesitaban pensar en esa clase de asuntos.

– No, si no es eso… Shino, disculpa si te he ofendido. No pienses que es personal, sólo que nunca he creído que dos personas de clanes tan distintos puedan funcionar juntos. Pero esa es sólo mi opinión.

Por un momento parecía que la conversación quedaría ahí. A la mesa, todos se limitaban a observar a Tsume, y a evitar verse entre sí…

Sin embargo, los dioses no serían tan benévolos.

–… Por ejemplo, no me molestaría que de pronto Kiba me dijera que quiere salir con Hinata; es una linda chica y viene de un clan respetable. Aunque primero tendría que superar la obsesión con el chico Uzumaki…. O con esa muchacha, ¿cómo se llama? ¿Ino? Sí, Ino también es bastante linda y maneja un buen negocio. ¡Inclusive aquellas muchachas de la aldea de la arena! Aunque mi Kiba parece no tener interés en salir aún con chicas, ya se acerca el momento. ¿No, hijo?

–Mamá, ya no digas nada…

Kiba buscaba un lugar donde concentrar su mirada; la aflicción de Shino era tan palpable que se le colaba por todos lados y estaba seguro de que, si volteaba a ver al chico, a él se le caería la cara de vergüenza.

– ¿Por qué no? ¡Es un buen tema de conversación! Ya tienen edad de pensar en esas cosas… Hana ¿cuántos años tenías cuando empezaste a salir con Jiro?

– Mmm… aproximadamente veinte años o algo así.

Hana, desde su asiento había tratado de permanecer inmutable y había visto todo el intercambio como algo que incomodaría a cualquiera, por lo cual agradecía no estar en medio del problema. Ya estaba acostumbrada a que su madre la pusiera en situaciones así, como la primera vez que había llevado a Jiro a conocerla… Un escalofrío subió por su espalda. Era difícil sentirse mal por Kiba ahora que él, por primera vez, era el objetivo de sus 'consejos de citas'; aunque sí sentía lástima por Shino.

– ¿Lo ves? Podrías tener una novia si quisieras- siguió Tsume con su diatriba. – Yo tuve a Hana a los veintidós; tú podrías tener una prometida en dos años. Lo mismo va para ti Shino.

La madre de Kiba le vio por unos instantes, de una forma curiosa, antes de preguntar.

– ¿No tienes a alguien que te guste? ¿O alguna muchacha que llame tu atención?

Shino sintió de pronto que estaba hablando con el psicólogo, otra vez, por lo incongruentes de las aseveraciones de Tsume. Sólo que, a diferencia de cuando hablaba con sensei, terminó por sentirse completamente inseguro de sí mismo, de su relación y de su futuro…

¿Era así como los veían ojos ajenos? ¿Como algo imposible?

¿Tan malo era para Kiba?

Había venido con la esperanza de causarle una buena impresión a su madre y había terminado por descubrir que, si alguna vez decidían decirle a la gente lo suyo, jamás contarían con la bendición de Tsume... Tal vez ni siquiera de su clan.

Perdió completamente el apetito.

–Yo… yo no…

Trataba de encontrar una respuesta que no resultara completamente ridícula, cuando vio a Kiba levantarse.

– Mamá, creo que vamos a salir un rato… Ya terminaste ¿no, Shino?- le dijo, logrando interrumpir sus desordenadas palabras y luciendo de pronto muy serio.

El lo imitó levantándose también.

–Pero Shino aún no termina su…

– Lo siento. Fue algo… innovador pero mi estómago no aguanta más.

Su plato aún rebosaba con pedazos de carne y algo de lechuga; se sentía algo culpable pero al menos se consolaba con que había comido toda la guarnición.

Shino se tocó el estómago para hacer hincapié en el hecho de que estaba lleno mientras Kiba comenzaba a arrastrarlo hasta afuera.

– ¡Lo que quede dénselo a Akamaru! Yo voy a ver que Shino llegue bien a casa…

– Feliz cumpleaños- mencionó el Aburame, a modo de despedida, siendo esto lo último que dijera antes de que Kiba cerrara la puerta.


¡Aquello no podía haber sido real!

Es como si hubieran leído una lista de los peores escenarios que había imaginado en una conversación y los hubieran juntado.

Y Shino sólo se había sentado a la mesa sin decir nada, sin contradecir nada de lo que su madre había dicho. Había ninguneado a su padre en frente de él, a su clan; prácticamente había escupido sobre su relación, y aún así nada… Era como si no le hubiera importado.

Shino era un hombre de pocas palabras pero con todo y eso ¡tendría que haber dicho algo! Si alguien hubiera hablado así de su familia el habría…

No obstante…

A él también le incumbía. La relación era suya también.

¿Por qué no dijo nada más?

Ambos se encontraban en medio del camino sin hacer nada. Habían andado unos minutos sin rumbo aparente, sólo tratando de deshacerse de esa energía que había plagado el comedor.

Volteó a ver a Shino.

Se veía tan afligido…

Po supuesto que le había importado, únicamente se había quedado callado por tratarse de su madre.

– Creo que… mejor me voy- le escuchó decir al chico de lentes.

Al verlo dar media vuelta, sintió un extraño impulso.

– ¡Espera!- le llamó, mientras corría hacia él, cortando la distancia entre ellos.

Una vez teniéndolo en frente, sin pensarlo demasiado, lo abrazó, rodeándole la espalda con sus brazos para acercarlo a él lo más posible, y ocultó su cara en su hombro. Permaneció así unos momentos respirando el incomparable olor que le llegaba desde el cuello del chico, pero, para cuando Shino fue capaz de reaccionar, el tiempo había pasado y Kiba había comenzado a dudar.

Cuando la impresión de Shino se había sosegado, Kiba ya estaba retrocediendo y le estaba costando mucho trabajo no echarse a correr en ese momento.

– ¿Quieres… que hagamos algo mañana?... ¡O el día que sea! No tiene que ser mañana- le preguntó con una voz tímida que nunca había usado.

– ¿A dónde quieres ir?- logró preguntar Shino después del shock.

– Podemos ir a donde quieras; te toca escoger.

Dentro de él, todo su sistema le decía que estaba loco y que se arrepintiera de lo que había dicho o que hiciera alguna broma, pero tragó las ganas de seguir sus instintos.

–… Hay un simposio de plantas que durará toda la semana. Creo que los horarios son de diez a tres- Shino sabía que estaba jugando con su suerte, pero después de todo sí había planeado invitarlo.

Contra todo pronóstico Kiba aceptó de inmediato.

– Sí, sí el día que quieras.

– ¿El miércoles?

–Claro…

Aunque sería más conveniente si…

– O mejor el jueves- dijo Shino, cambiando de parecer.

Kiba se mordió la lengua.

– Sí, jueves suena bien- le dijo tratando de no lucir irritado. – ¿Al cuarto para la diez te parece?

El Inuzuka lo miró asentir y sin mucho bacilar le tomó de la mano. Esto lo estaba haciendo por Shino, se recordaba.

–No llegues tarde- le advirtió con una sonrisa al final.

Le soltó entonces y regresó a su casa con, él esperaba, un andar que no pareciera demasiado apresurado…


Una mano cálida tomó la suya, en un instante.

–No llegues tarde.

Le dijo una sonrisa que casi le arrebató el aliento.

De pronto la calidez desapareció, dejando cosquillas que se sentían como pequeños temblores.

Shino observó su mano.

Tal vez pasar por eso sí había valido la pena.


Yyyyyyyy terminó la tortura.

Lamento que este capi sea más diálogos que de costumbre pero wow la mamá de Kiba sí que tenía cosas que decir ¿no creen?

¡Qué desastre!

¿Qué piensan del simposio?

¿Cómo creen que vayan a ocurrir las cosas?

¿Qué se le metió a Kiba para dejar de torturar a Shino?

¿Será que las hormonas de Shino por fin se calmaron?

¿Ya se cansaron de verlo sufrir? :D

Descúbranlo en el siguiente episodio de...

Shino: casos de la vida real

R&R :B