Capítulo VI - Gisselle

El jardín liberaba la belleza y el aroma de las diversas flores plantadas en la tierra , rodeadas por pasillos de adoquines y como centro , una gran fuente . Había cuatro bancos que la rodeaban , y en uno de ellos , había un joven que esperaba la llegada de alguien que había sido muy especial en su vida , Bulma.

A pesar de que Bulma era su novia hace vario tiempo y no tenía la intención de abandonarla ni mucho menos traicionarla , Yannick se enamoró en uno de sus viajes de otra chica.

Yannick recordando el día en que se enamoró:

"Goliatt estaba preparando las armas y las armaduras que usaríamos para el viaje que íbamos a hacer a un pueblo cercano al reino donde habíamos escuchado que un tipo corpulento robaba y lastimaba a los residentes . Bulma nos había pedido que por favor lo detengamos , que debería haber justicia en todo lugar y que gente inocente no debía sufrir ataques por un estúpido grandulón que hacía eso para adquirir poder frente al pueblo.

Kristian y Tobías estaban conversando acerca de cómo sería ese sujeto , qué tan fuerte sería y si lo podríamos detener. Pero yo no estaba muy atento a la charla . Estaba pensando acerca de la proximidad al baile de primavera que su novia realizaría como todos los años.

De pronto Kristian me miró y me dijo algo que no entendí , ya que no prestaba atención a lo que ellos decían.

—¿Qué dijiste Kristian? Perdona , es que no estaba muy concentrado en la conversación.

—Dije si crees que uno de nosotros podría acabar con ese señor.

Analicé la pregunta y pude llegar a la conclusión que Goliatt podría acabar con ése en un santiamén , ya que , él es el más fuerte del grupo . Los muchachos y yo fuimos entrenados por Rodolf Kameff , mientras que Goliatt también fue entrenado por este maestro y muchos más , pero no recuerdo sus nombres.

—Por supuesto que sí — respondí a mi calvo amigo.

—¿Quién lo acabaría?— cuestionó Tobías.

—Goliatt.

—Como pensé — formuló Kristian — ¿Lo ves Goliatt? ¡Eres el hombre más fuerte de el mundo! — mencionó refiriéndose a el de cabellos alborotados.

—Kristian, quizás no es necesario acabar con alguien. Hay que llegar a un acuerdo con la palabra y si opta por usar la fuerza , pensar en toda la gente que podría sufrir si este sujeto no cambia y defender a los inocentes. Y no sólo es para Kristian , va pa ra ustedes dos tambipen. No soy el más fuerte del mundo , porque no conozco al mundo. Solo conozco una pequeñísima parte de él.

Todos reflexionamos sobre lo dicho por el de cabellos alborotados. Tenía razón. La razón por la que viajábamos no era para acabar a ese tipo o probar quien es el más fuerte , era para defender a los que no pueden defenderse.

Goliatt pocas veces se ponía serio y daba pequeños discursos con grandes enseñanzas.

—Tienes razón Goliatt , perdonanos por pensar solo en algo secundario como acabar a alguien , cuando lo primario es defender a los pueblerinos— se disculpó Kristian.

—Sí— lo acompañó Tobías.

—No es nada chicos , ¿No tienen hambre?— preguntó sobándose el estómago que le gruñía. La seriedad se esfumó.

Todos nos miramos asombrados del increíble apetito de nuestro amigo. Hacía tan solo media hora que habíamos almorzado.

—Emm , no tenemos hambre Goliatt , comimos hace muy poco— le recordó el más bajito.

—Bueno , entonces creo que iré por algo de comer ¿Seguros que no quieren nada?

—Seguros— dijimos al unisono. Y con eso dicho , Goliatt abandonó la habitación.

Le avisé a los muchachos que iría al establo a colocarle las montaduras a los caballos con los que realizaríamos el viaje.

Al llegar al viejo establo pude sentir el desagradable olor de las heces de los potros que allí se encontraban. Cubrí mi nariz con un pañuelo que por casualidad llevaba en un bolsillo de mi pantalón. Cada corcel estaba cercado por grandes piezas de madera , dónde comían , bebían y dormían. Colgadas en una pared del establecimiento , estaban las montaduras y herraduras de los caballos. Agarré cuatro montaduras y se las coloqué uno por uno a los animales. Luego verifiqué el estado de sus herraduras. Todos tanían una o dos que por su constante uso , ya era hora de cambiarlas , así que las remplacé. Cuando acabé ví una gran montaña de paja y me recosté en ella. Muy pronto , mis ojos comenzaron a cerrarse y me pesaba abrirlos. El sueño me invadió. Pensé que mis amigos vendrían a buscar sus "transportes" y me despertarían , así que me dormí.

Sentí que alguien me estaba sacudiendo bruscamente. No sabía dónde rayos estaba , lo que siempre pasaba cuando me despertaba. Abrí los ojos y vi a mi petiso amigo , Kristian , que en un tono divertido me decía:

—Arriba dormilón. Ya es hora de irnos.

—¿Cuánto tiempo estuve dormido?—le pregunté confundido.

—Bueno , como había pasado una hora y no aparecías con los caballos , Goliatt me mandó a buscarte para ver si te había sucedido algo.

—Perdón , es que de repente me dejé caer y dormí. Creo que lo necesitaba.

—Jaja , ya vámonos que los chicos están esperando.

Tomamos las riendas de dos caballos cada uno y fuimos con los demás.

Goliatt me miró con gesto preocupado. Siempre se preocupaba por que todos estén bien.

—¿Nada malo te pasó?— me interrogó.

—No , es que sin querer me dormí. Lo siento— me disculpé.

—¡Que bueno que no te haya sucedido nada malo!—exclamó alegre—Ahora vámonos , según Bulma estaremos en ése pueblo cuando caiga la noche , así que ¡En marcha!

Goliatt me ofreció una armadura, la cual tenía la insignia de el reino de Winterland y junto a ella, la de nuestro maestro, Rodolf Kameff. No era que nos poníamos armaduras para atacar, lo hacíamos por prevención. Nadie quería resultar herido si algo salía mal.

Me la puse rapidamente al ver que mis compañeros ya la tenían puesta. Si no hubiese sido por mí , estaríamos a mitad de camino.

Una vez que equipamos a los corceles y terminamos , o mejor dicho , terminé de arreglarme , emprendimos el corto viaje al pueblo cuyo nombre era Ledlett.

Como Bulma dijo, llegamos cuando recién anochecía en Ledlett. Se podía ver el agravio en el que el pueblo estaba sometido. No había un alma en las calles. Supuse que los pueblerinos estarían refugíandose de este tipo. Atamos los caballos a unos árboles cercanos a la entrada del pueblecillo.

Ledlett era una pequeña ciudad agricultora, la mayoría de los ciudadanos tenía un terreno donde cultivar y un granero para conservar el provecho de su trabajo. Y esa misma mayoría era la que más sufría los ataques de el hombre este, del cual no conocíamos el nombre, porque su propósito era robar lo que había en el granero para luego comercializarlas en otros pueblos. Y si sus víctimas no querían entregarle sus cultivos voluntariamente, éste golpeaba a sus hijos , esposa o a la misma victima hasta conseguir el acceso al granero. Esto se repetía cada vez más seguido, al punto de dejar a los pueblerinos sin reservas y al encontrarse con nada más que robar, golpeaba a los que no le daban lo que él quería. Gracias a Dios los rumores de éste fueron difundidos hasta llegar al castillo de Winterland, donde Bulma no pudo esperar a pedirnos que detengamos al sujeto de identidad desconocida.

Goliatt se dirigió a una de las casas y golpeó la puerta tres veces suavemente. Al no recibir respuesta alguna, golpeó repetidas veces un poco más fuerte.

—¿Eres tú?—preguntó temerosa una voz femenina—No tenemos nada, por favor no nos lastimes. Por favor. Por favor—rogó sollozándo desconsoladamente.

—Oye tranquila, no vinimos a lastimar a nadie. Vinimos desde el reino de Winterland para que la tortura de este tipo acabe—clarificó Goliatt buscando tranquilizar a la pobre mujer aturdida.

La puerta de la morada se abrió suavemente, mostrando a una muchacha de estatura media, rasgados ojos verdes y ondulado cabello castaño. Estaba aturdida. Su expresión reflejaba temor y enojo por este sujeto que no dejaba tranquilo su pueblo. Algo que pude notar fue que en sus ojos había una chispa de esperanza. Esperaba que todo eso termine.

Detrás de ella se podía apreciar el resultado de una habitación revuelta violentamente. Era un desastre.

—Sean bienvenidos a mi casa. O lo que queda de ella. Sepan disculpar el desorden, es que, ya saben. Él ya estuvo aquí y ya causó mucho daño—musitó apenada mientras nos hacía una seña para que pasemos—Oh, casi lo olvido, soy Gisselle.

—Bueno, yo soy Goliatt—se presentó para luego presentarnos a cada uno de nosotros mientras nos señalaba— El de cabello largo es Yannick, el alto y calvo es Tobías y el pequeño de allí es Kristian.

—Mucho gusto—dijimos al unísono mientras que un niño y una niña se asomaban a curiosear. El niño era rubio y tenía grandes ojos verdes, muy parecidos a los de Gisselle. Por su altura diría que tendría unos cuatro o cinco años. La niña era igual a la mujer, sólo que tenía los ojos de color cafés dorados. Era unos veinte centímetros más alta que su compañerito aproximadamente, por lo que creí que tenía unos siete u ocho años. El niño tiró del vestido que llevaba la mujer para captar su atención.

—Mami, ¿Quiénes son ellos?—preguntó intrigado el pequeño. Cuando dijo "mamá" mis dudas sobre los lazos que los unían se esfumaron.

—Sí mami, ¿Quiénes son?¿Vienen a salvarnos?—acompañó su hermana. Goliatt se agachó y le revolvió el cabello a el niño y acarició la mejilla de la niña. Era bueno con los niños.

—Sí pequeños, venimos a salvarlos—respondió el de locos cabellos—La princesa Bulma nos envió para que hablemos con el señor que está atemorizando al pueblo para que se detengan porque somos sus guerreros más fieles.

—¿Princesa?— dijo la niña sorprendida.

—¿Guerreros?— pronunció al igual que su hermana, sorprendido el pequeño. Parecía que solo escuchaban en cuentos o chismes los títulos.

—Jaja, sí, somos guerreros del reino de Winterland y amigos de la princesa— confirmó Kristian observando divertido la reacción de los niños.

Cuando escucharon la confirmación de lo ellos creían un cuento comenzaron a bombardearnos con preguntas. El varón con preguntas acerca de las armas que utilizábamos y los villanos que acabábamos, mientras que la niña preguntaba cómo era la princesa, si era linda, si tenía muchos vestidos y zapatos. Lo decían tan rápido, que casi no se les entendía nada.

—Oigan niños, podremos responder todas sus preguntas cuando logremos hallar al que les causó todo esto, ¿Entendido?—ofreció Tobías.

Los curiosos asintieron.

—Necesitamos saber algo sobre el tipo este ¿Qué sabes sobre él que pueda ayudarnos?—pregunté a Gisselle.

—Bueno, es alto y nadie conoce nada detrás de la máscara que lleva. Debido a la máscara lo llamamos "El allanador de la máscara". Allana de noche. Sólo los cultivos que producimos rompiéndonos la espalda día tras día. Cuándo nos quedamos sin nada para darle, nos amenaza de muerte y nos lastima si no seguimos produciendo. Viene todos los viernes para asegurarse de que le hagamos caso. Por eso creí que eran él.

Perfecto. Recordé que era viernes.

—Espera ¿Dices que "El allanador" estará por esta zona en poco tiempo?—consultó Kristian.

—Así es.

Goliatt estaba procesando la información brindada por la joven, lo pude notar ya que acariciaba continuamente con el pulgar y el índice su barbilla. De repente nos miró.

—Ya sé. Kristian y Tobías, ustedes vienen conmigo a buscar a "El Allanador", mientras que tú, Yannick, te quedarás a controlear la casa de Gisselle ¿Entendido?

Asentimos.

—Amm, señor, creo que se dice "controlar", no "controlear"—corrigió la niña.

—Ah,¡Es cierto!—exclamó mientras acariciaba la mejilla como lo había hecho anteriormente—¡Gracias pequeña!

Después de esto, Goliatt, Kristian y Tobías, fueron a cumplir su parte del plan, dejándome solo con dos niños y una mujer que proteger.

—¿Te apetece algo de comer o beber?—me ofreció la chica.

—Un poco de agua estaría bien, gracias.

Mientras que Gisselle servía el agua en un vaso de vidrio, los niños jugaban con una muñeca de trapo y soldaditos tallados en madera. La imagen era muy tierna. Me hizo recordar a mi niñez, cuando Bulma, los chicos y yo jugábamos a los guerreros. Bulma siempre era la herrera, y como siempre fue muy inteligente, nos fabricaba espadas y escudos de madera, mientras Rodolf nos cuidaba y se reía de nuestras ocurrencias. Nadie pensó que llegaríamos a ser guerreros de verdad algún día, pero Rodolf, puso toda su fe en nosotros. Salí de mi trance cuando Gisselle captó mi atención tomando un mechón de mi pelo. Miraba con fascinación esa pequeña porción de mi cabello, no entendía por qué.

—¿Sucede algo?—le pregunté para comprender tal fascinación que se reflejaba en su rostro.

—Es que me recuerdas a alguien que fue muy importante para mí—confesó con un tinte melancólico.

—Perdón que me entrometa, pero, ¿De quién se trata?

—Será una larga historia, será mejor que te sientes—propuso señalando la mesa rectangular de madera, con cinco sillas de madera a su alrededor. Ella tomó asiento en la cabecera de la mesa y me indicó que me siente a su lado—Niños, podrían irse a su habitación, quiero charlar con el Sr. Yannick.

—Está bien mami—obedeció el niño mientras que juntaba sus juguetes y ayudaba a su hermana a levantarse. Tan pronto como terminaron, desaparecieron. Gisselle aclaró su garganta. Se estaba preparando para contarme a quien le hacía acordar ¿Por qué le recordaría a alguien?

—Hace nueve años, cuando vivía en Phronks con mis padres y tenía dieciséis, solía pasear en mi caballo todas las tardes. Sentía que volaba cuando Triny trotaba rápidamente cruzando el bosque que quedaba en la parte trasera de mi casa, esquivando cada obstáculo que se interponía en nuestro camino, árboles, grandes rocas, y pozos. Era fantástico. Sentía como el viento chocaba contra mi rostro, refrescándolo. Sentía como la velocidad hacía que mi corazón palpitara más fuerte. Pero un día, nos excedimos con la velocidad y nos tropezamos con una gran piedra. Triny cayó y no pudo sobrevivir y yo me lesioné la pierna, no podía salir a buscar ayuda. Solo gritaba con la esperanza de que alguien pudiera escucharme y sacarme de allí. Estaba anocheciendo y ya estaba cansada. Grité una vez más. Escuche las herraduras de un caballo golpeando contra el suelo, cada vez más cerca. Grité otra vez. Un muchacho de pelo negro y largo y ojos café fue lo que pude visualizar, estaba sobre un caballo gris. Escuché que lo llamó Bahíus. Me preguntó que me había pasado y le expliqué. Tuvo la gentileza de alcanzarme hasta mi casa. También me propuso llevarme a dar una vuelta con él y su caballo, así no perdía la costumbre y acepté. Íbamos todas las tardes a cabalgar, mi lesión en la pierna ya se había esfumado, las tardes pasaron y sin darnos cuenta nos enamoramos. Yamil era especial. Podía confiar en el. Nuestros sentimientos eran puros. En uno de nuestros paseos, nos detuvimos en en un prado, llenísimo de flores de lavanda, y muy cerca, se escuchaba una cascada. Se podía sentir como el agua fluía y golpeaba contra las rocas. Era hermoso. Ese día, nos dejamos llevar por la pasión y nos entregamos el uno al otro. Pasó el tiempo y me enteré que estaba embarazada. Cuando se lo dije a mis padres me corrieron de mi casa. Yamil se enteró y se puso muy contento. Me propuso mudarme a Ledlett, y allí nació mi pequeña Astor. Él trabajaba en una mina cercana al pueblo y le iba muy bien. El tiempo pasó y nos enteramos de la llegada de Joseph. Cada día nos volvíamos a enamorar y la noticia del nuevo integrante de la familia, avivó el fuego de nuestro amor. La familia crecía, nuestro amor también. A pocos días del nacimiento de Joe, Yamil debía trabajar horas extras, debido a la exigencia que le imponían sus superiores. Joe nació. Y un derrumbe hubo en la mina donde Yamil trabajaba. No sobrevivió. Su pérdida fue lo peor que me pudo haber pasado. Estuve muy deprimida. Pero tuve que ser fuerte, por los niños. Desde ese momento he tratado de mantener a mis hijos con lo que gano con los cultivos. Pero ahora este desgraciado enmascarado me lo está inpidiendo—relató mientras yo observaba como sus ojos brillaban y dejaban caer lágrimas llenísimas de dolor. No sabía qué hacer. Ella lloraba desconsoladamente y yo no sabía como actuar. Siempre le tuve algo de miedo a las mujeres. Temía de su reacción. Entonces no sé bien que me hizo hacerlo, pero la abracé. Ella se acomodó en mis brazos y siguió sollozando, pero con más tranquilidad. Se tranquilizó.

Tenía ganas de ayudarla, pero no sabía cómo. Quizás podría ayudarla a criar a sus hijos ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Dejar a Bulma para ayudar a una persona que recién conozco con sus hijos? Sería una locura, pero estaba dispuesto a hacerlo ¿Por qué? No lo sabía ¿Seguía enamorado de Bulma? Lo había estado hasta hace algunos meses, pero el sentimiento de amor, poco a poco se fue apagando. La quería, pero ya no como pareja, sino como amiga. Esta situación era rara, muy rara ¿Por qué razón tenía ocupada la cabeza y el corazón con el sentimiento de ayudar a Gisselle?¿Por qué la abracé?¿Por qué? Necesitaba respuestas para esas preguntas. En ese mismísimo instante ¿Sería amor lo que sentía por Gisselle?¿Cómo sería posible en tan poco tiempo? Mi cabeza era un torbellino de preguntas sin respuestas. Todo era ilógico. El amor es ilógico, ¿No es así? Pero, ¿Sentía por ella lo que con Bulma dejé de sentir?¿Por qué sentía amor por ella tan tempranamente?¿Quería ocupar el lugar de Yamil?¿Volver a enamorarme de una persona día a día, sentir la pasión que él sentía? Estaba muy confundido.

—¿Yannick?¿Estás bien?—oí mientras que sentía una suave caricia en mi mejilla. Recordé que estaba abrazando a la chica y salí de mi trance. Bajé la vista hasta encontrarme con sus grandes ojos verdes. Estaban algo enrojecidos y tenían un matiz de preocupación. Quizás estuve un largo rato aturdiéndome con preguntas.

—Estoy bien—le respondí, pero, ¿Lo estaba?¿Estaba bien lo que pensaba, lo que sentía? Eran más preguntas sin respuestas. Ella mantenía sus ojos fijos en los míos. "¿Y ahora qué?¿Espera que me quede callado o que diga algo?" pensé. Esos grandes y almendrados ojos verdes, el reflejo de su alma lastimada y adolorida seguían buscando los míos ¿Estaban esperando algo acaso?

Mi mano, que estaba posada en su espalda, tomó un mechón castaño de su cabello y lo examinó. Era suave, esponjoso y liso. Mis ojos, dejaron de fijarse en los suyos para poder examinar al igual que mi mano, su cabello. Era brillante, hermoso. A ella no pareció molestarle. De pronto mis ojos se dirigieron a sus labios. Mis labios querían, averigüar el sabor de los suyos ¿Por qué diablos sentía esa necesidad tan rápido?

Ella parecía encantada con mi comportamiento. Estaba nervioso. Tomó mi cabeza entre sus manos y enredó sus dedos con mi pelo. Poco a poco acercó su rostro al mío. Podía sentir su respiración chocando con mi cara. Esa tibia sensación, era impresionante.

—Yannick, quiero decirte que no comprendo lo que me está impulsando a hacer esto. Estoy sintiendo amor por ti ¿No es muy loco tan tempranamente? Pero sé que es amor porque ya lo he sentido. No se si tú estés sintiendo lo mismo. Sé que no sabemos mucho el uno del otro, pero necesito besarte. No entiendo el porqué. Solo quiero dejarme llevar. Si tu no quieres me detendré y no te molestaré—susurró mirándome intensamente. Cualquier rastro de dolor en sus ojos fue reemplazado por pasión. Sentía lo mismo que yo ¿Acaso esto es un maldito sueño?¿Por qué ninguno de los dos comprendía esto?¿Por qué teníamos la misma necesidad?

—Gisselle, tampoco entiendo esto. Es decir, recién nos acabamos de conocer, es un poco loco, pero quiero protegerte a ti y a esos niños, no entiendo la razón, pero estoy dispuesto a hacerlo. Esto es tan raro. Mis labios desean saborear los tuyos, Gisselle. Déjate llevar—le susurré seguro de mí mismo. Saber que ella quería besarme me dio la seguridad para confesarle eso.

Entonces, tomé su cabeza entre mis manos dulcemente y presioné mis labios contra los suyos. El beso lentamente fue tomando un tinte apasionado. Los besos que tenía con Bulma no eran tan pasionales.

Los dos nos dejamos llevar, llegando al punto de hacer el amor. No era sexo por necesidad. Era amor. Nos olvidamos de todo. Pero logré percatarme de que los chicos todavía estaban afuera, y que en cualquier momento podían regresar. Le expliqué a Gisselle y comprendió. Volvimos a ponernos la ropa, que yacía en el suelo de la habitación. Nos sentamos nuevamente como lo hicimos antes y platicamos de lo que haríamos.

—Bien—suspiré.

—Bien—suspiró ella—¿Ahora que haremos Yannick?

—No te lo conté, pero tengo una relación con la princesa Bulma, de Willowstone. Creéme que si lo nuestro estuviera funcionando no estaría aquí contigo. Lo nuestro perdió la chispa. Ya estaba por terminar.

—¡Oh Yannick! ¿Cómo no me lo avisaste? ¡Estuve teniendo relaciones con un hombre que está comprometido!—exclamó exaltada.

—¡Gisselle!¡Lo nuestro ya iba a acabar!¡No estábamos comprometidos!—le aclaré—Le avisaré lo sucedido lo antes posible. Ella me entenderá. Nos mudaremos a Willowstone y ni a ti ni a tus hijos les faltará nada.

—Está bien Yannick.

Nos quedamos conociéndonos y conversando hasta que la puerta fue golpeada. Busqué mi espada por si era el allanador.

—¿Quién es?—pregunté.

—Soy yo Yannick, ábreme por favor—pidió la voz de Goliatt. Abrí la puerta y él se encontraba con Tobías, Kristian y otro tipo más alto que el de cabellos alborotados. Casi no tenía cejas y era calvo, su piel era color canela. Su rostro daba miedo.

—¿Quién es este?—cuestioné a Goliatt mientras observaba al hombre.

—Es Piccolo, o el "Allanador enmascarado".

—¡¿Cómo?! ¡¿Y no lo tienen encadenado o algo?! ¡Ha maltratado a muchas personas!

—Se merece otra oportunidad—dijo Goliatt. Siempre le daba oportunidades a todos. Hasta cuando encontró a mi padre robando le dio una oportunidad. Quizás valía la pena darle una oportunidad.

—¿Quién es ese?—me preguntó Gisselle posando su mano sobre mi espalda. Me volteé para lograr hacer contacto visual con ella y le contesté.

—Es el sujeto tras la máscara—le dije. Ella cruzó el umbral de su casa y se puso delante de Piccolo. Era tan alta como el pecho musculoso del hombre. Se podía notar la ira en sus movimientos.

—¡Eres un hijo de puta!—le gritó mientras le daba una cachetada. Piccolo no se movió. No pareció haberle dolido.

—Gisselle, tranquilízate. Él ya no volverá a causar daños. Vendrá a vivir a mi casa y lo entrenaré para que pueda formar parte de la armada de Willowstone—iba a meter a un ser que ha maltratado a tanta gente en su casa, con el pequeño Gohan de un año, al que este tipo podría matarlo. Estaba loco—Yannick, nos iremos ahora para llegar justo a tiempo para el amanecer a Willowstone.

—Oh, está bien. Solo esperen aquí un segundo, iré a buscar mis cosas—mentí. Solamente quería despedirme de ella y avisarle que tan pronto como le comunique a Bulma lo sucedido vendría a buscarla. Una vez que terminé salí para reunirme con los muchachos. Fuimos a desatar a los caballos y nos marchamos. El tal Piccolo compartió el corcel con Goliatt.

Nos detuvimos unos minutos porque Goliatt tenía que orinar. Kristian lo acompañó. Buscaron un árbol mientras que Tobías, Piccolo y yo esperábamos montados. Tobías se me acercó con su caballo.

—Oye Yannick, ¿Cómo te fue con Gisselle y los niños?—me cuestionó ¿Qué le diría?¿Que engañé a mi novia porque me enamoré de otra?¿Me creería? Él era mi mejor amigo hace varios años ya. Él me entendería, ¿No? Me armé de coraje y le conté.

—Tobías, prométeme que me entenderás, no importa lo complicado que sea esto.

—Wow, ¿Por qué sería tan complicado? Está bien, creo que trataré de entenderte.

—Bien, me enamoré de ella. Tuve relaciones con ella. La amo—después de decir eso seguí contándole la historia.

—¿Cómo? Yannick, dime que no estás bromeando—negué con la cabeza—No puede ser ¿Cómo piensas decírcelo a Bulma?¿Sabes cómo lo tomará ella? Se sentirá terrible. Pero si es lo que sientes... No hay nada que pueda hacer que no sea apoyarte. Te ayudaré a decírcelo si quieres.

—No es necesatio, Tobías.

Los chicos terminaron y continuamos cabalgando hasta llegar a Willowstone. Estaba amaneciendo. Nos dirijimos al palacio y nos encontramos con Bulma en la entrada de el. Estaba ansiosa por saber como nos fue y no me dio tiempo a decirle nada, porque nos envió a Winterland a acabar con Frederick Cold. Decidí avisarle un día después de la misión. No pensé que ese día llegaría tan rápido, pero lo hizo.

Bulma llegó a donde su madre le indicó que estaría su novio. Lo encontró sentado en uno de los bancos que rodeaban la fuente. Lo quiso besar, pero él no le correspondió el beso. La muchacha lo notó extraño. Ya lo había notado extraño cuando volvió de Winterland.

—¿Pasa algo Yannick?—le preguntó preocupada.

—Bulma, me enamoré de otra, lo siento mucho—al escuchar eso, se le formó un nudo en la garganta a la princesa. No iba a llorar. Ella era fuerte.

—Dime que no estás bromeando Yannick—murmuró tratando de contener las lágrimas. Pero Yannick mantuvo el gesto serio. No mostró señal alguna de que de lo que estaba diciendo era una broma—Esta bien ¿Cómo se llama?—preguntó con la voz temblorosa.

—Gisselle—suspiró algo triste por lo que le estaba causando a Bulma.

—Creo que iré al palacio. Adios Yannick—se dió la vuelta y se dirigió a su habitación. Sus ojos brillosos estaban a punto de derramar una lágrima. Si seguía hablando con Yannick empezaría a llorar desconsoladamente y no lo quería.

Cuando llegó a su habitación, se dejó caer a su cama y trató de no llorar.

Alguien tocó la puerta de su habitación. Seguramente su madre.

—¿Quién es?

—Soy yo hija, ¿Podríamos hablar un rato?—se escuchó detrás de la puerta la voz de la reina, más seria de lo normal. Ante la seriedad expresada en la voz de su progenitora pensó que lo que le platicaría sería importante.

—Pasa mamá.

—Te vi cuando subías. Vi tu dolor en tus ojos, dime hijita mía, ¿Qué ha sucedido?—Bulma se acomodó en su cama, haciéndole un espacio a su madre y comenzó a contarle.

—Se enamoró de otra—susurró al borde del llanto.

—Ya veo. Quizás él no sea el indicado chiquita. Quizás esto nunca iba a funcionar. No trates de echarte la culpa o echársela a él. Él solo se enamoró. Tu también te enamorarás. Lo que ustedes sentían no era lo indicado para llevar una relación. Solo se atraían y eran mejores amigos. Se quieren, no se aman. Su lazo no es tan grande como para que se amen. El ama a otra persona y te quiere a ti. Llegará el día en el que tú ames a alguien—expresó tranquilamente la señora Brief—Mírate, no te estás permitiendo llorar. Te va a hacer mal, Bulma. Llora hasta que ya no tengas la necesidad, mi amor.

—Está bien—formuló casi inaudiblemente con la voz temblorosa.

—Ah, cuando tu padre llege de la expedición, nos iremos a un viaje que nos garantizará un buen importe de alimentos para el reino. Cuídate mucho mientras que no estemos—dijo antes de abrazar a su hija y despedirse con un beso.

Cuando la rubia abandonó la habitación, Bulma comenzó a seguir el consejo que le dio su madre. Llorar hasta que ya no sienta la necesidad.

Nota de Autora: Capítulo muy sentimental, ¿Qué pasará cuando el príncipe acabe su entrenamiento con el estómago vacío y no encuentre a nadie?

Será cuestión de esperar el capítulo VII :)