Capítulo 5
Hasta luego
-¿Tienes todo listo abuelo?-dijo el señor Miyasawa colgándose un martillo grande y pesado en la espalda.
-Todo listo, sólo espero que estos viejos y cansados pies puedan llegar lejos-el abuelito Matsui se tronó la espalda intentando acomodar la pequeña joroba causada por la edad.
-Matsui San, insisto en que no debería acompañarnos… Miyasawa San y yo podemos con esto.-dijo nerviosamente el "Loco Yamamoto".
Los hombres se alistaban para emprender el viaje e ir a "rescatar" a Sae y Jurina quienes no habían regresado aquella noche. No había pasado mucho desde que el sol saliera e iluminara el valle y todavía no había señales de las niñas a lo lejos.
-Estoy lista –Sayanee salió de la casa a pesar de los muchos intentos del señor Yamamoto para que se quedara.
Los tres hombres y la pequeña se encaminaron hacia su destino.
Mientras tanto en el "Castillo Watanabe" dos princesas aún dormían plácidamente en sus alcobas; los rayos de un hermoso día soleado despertaron a una de las pequeñas durmientes. Al levantarse notó como mechones de cabello se deslizaban por su cara, extrañada se llevó las manos a su cabeza y acto siguiente lanzó un grito aterrador que se escuchó en todo el castillo:
-¡MAYUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU…!
Una pequeña, con dos coletitas adornando su peinado, jugaba cerca del estanque y al escuchar el grito terrorífico sonrió gustosamente. Un segundo gritó acompañó al de la otra pequeña.
-El sonido de la venganza…es lindo…-la menor de las princesas suspiró viendo su reflejo en el agua cristalina y comenzó a tararear "la melodía de su hada" mientras que los gritos iban en aumento.
-Necesito descansar un poco…-dijo el señor Miyasawa completamente rojo y sudado sentándose en una roca.
-¿Otra vez?- replicó el abuelito Matsui- ¡que vergüenza me das joven!
-Intente cargar con 30 kilos extra en su espalda y luego me dice lo que quiera abuelo…
-Tú necesitas esa arma pesada… yo no necesito nada más que mi don más preciado: la voz. Con ella puedo convencer a cualquiera que haga lo que yo quiera.
-Claro, eso lo dices porque nadie quisiera matar a un viejo. Pero créeme, si te escuchan hablar no dudarían en cortarte la cabeza- los dos se comenzaron a reír mientras Sayanee giraba los ojos intentando no perder la paciencia.
-A este paso no llegaremos nunca –suspiró la pequeña viendo a los tres hombres sentados tomando vino para "darse fuerzas".
El relinchido de un caballo llamó la atención de todos. A lo lejos pudieron ver como dos caballos se acercaban cabalgando lentamente, caballos imperiales.
-¡Son ellas!- gritó Sayanee alzando los brazos - ¡OOIII! ¡JURINA CHAN! ¡SAE SAN!
Los caballos apresuraron el paso y frenaron frente a la pequeña; Sae se bajó del caballo con ayuda de Haruna mientras que Mariko parecía tener problemas con su "carga".
-Jurina…ya llegamos…-Mariko suspiró sonriendo al sentir como la pequeña apretaba el abrazo por su espalda.
-¿T…todo bien?-dijo el abuelito Matsui acercándose a Haruna. La joven le dedicó una sonrisa traviesa.
-Todo bien Abuelo… Jurina ha encontrado a su "heroína"…la que la rescató de la muerte.
-¡OIII! Basta con esa historia…es vergonzosa…-dijo Mariko chasqueando la lengua. Jurina se bajó del caballo de un salto y miró acusadoramente a su abuelito.
-¿Por qué me ocultaste que conocías a Marichan? ¡Sabes que la he soñado siempre! Claro que ha cambiado mucho… el cabello no es largo y hermoso, ni es linda y cariñosa como en mis sueños, parece una bestia salvaje sin modales….pero aún así quería conocerla.-dijo Jurina con un brillo en los ojos.
-No estoy segura de cómo deba tomar eso… ¿fue un cumplido? Mocosa…-Mariko se había bajado del caballo y ahora le revolvía el cabello a la pequeña.
Sayanee observaba la escena curiosa, no podía creer que aquella rara mujer fuera la heroína de Jurina… su mirada pasó a Sae quien se encontraba con los brazos cruzados y un mueca de disgusto en la cara. Sayanee se acercó jalándola lejos para hablar mientras Jurina seguía entretenida molestando a Mariko.
-¿Qué pasó?- dijo la pequeña con rasgos de gatito.
-Mentiras, una mentira sobre otra mentira…-dijo Sae frunciendo el ceño.
-¿A qué te refieres?
-Esa mujer idiota no le contó la verdad a Jurina… ella es su tía y Jurina una princesa, deberían de decírselo y dejar de decir mentiras –sentenció la pequeña.
-Sae, no es tan fácil como parece, no es el momento adecuado para revelárselo...
-¿Ahora estás de su lado? Cuando Jurina se entere estará muy decepcionada de ti…
-Yo estoy del lado de Jurina, he prometido protegerla y la única manera de hacerlo es guardando el secreto ¿entiendes?
-No… ¡es una estupidez!
-¡No es una estupidez! ¿Sabes lo que le harían si se llegara a descubrir quien es ella? ¡tú has visto como ponen a trabajar en la mina a los prisioneros y traidores! ¡Tú lo has visto!
-¡Pero Jurina no es una prisionera ni traidora! El Rey Watanabe es bueno, la forma en que trata a sus bellas hijas lo demuestra, es amable y cariñoso… estoy segura que le dejaría su lugar a Jurina…
-Sae… no todo lo que brilla es oro…
-¿Qué?- Sae la miró con asco, a veces no entendía lo que la pequeña intentaba decirle.
-Sólo no te dejes llevar por las apariencias… por favor, guarda el secreto un poco mas. Los abuelitos de Jurina deben contarle ¿no te parece?
-Tienes razón…pero si no se lo dicen pronto… ¡hablaré!-Sae hizo un puchero, la otra niña suspiró y asintió con la cabeza. La pequeña Sayanee debería encontrar la manera de silenciar a la cabeza dura de su amiga.
-¡Niñas por favor, silencio!- la Reina Watanabe intentaba mantener la calma ante tan singular pelea.
-¡Pelonas! ¡Nos dejó pelonas!-decía Miyuki entre llantos.
-¡No saldré del castillo hasta que me crezca!-sollozó Yukirin mientras se escondía bajo una manta.
-¡Castígala madre! ¡Es un demonio!-gritaron las dos niñas al ver la sonrisa enorme que se marcaba en los labios de la pequeña Mayu, justo cuando la madre la volteó a ver la pequeña puso cara de angustia.
-Mayu…-la hermosa mujer la miró cruzando los brazos.
-No tengo idea de porque me culpan a mi… Madre, sabes que dormí contigo esta noche, además fuimos a dar un paseo por el jardín en la mañana. He estado contigo todo el tiempo… ¿será que es algún tipo de enfermedad? No quiero que se me caiga el cabello…- la pequeña comenzó a revisarse las puntas de su pelo asustada. La madre la miró confundida y acto seguido se comenzó a revisar el de ella.
-¡MADRE! –Gritaron las mellizas- ¡No le creas nada, estamos seguras de que fue ella!
-No tienen ninguna prueba, no deben andar levantando falsos… tal vez si sea una enfermedad, voy a ir a llamar a la curandera real…-la madre salió de la habitación apresuradamente. La pequeña de coletitas dejó de revisarse el cabello y las miró fríamente para después salir del cuarto dejando a las dos pequeñas abrazándose del miedo.
La pequeña llegó a su cuarto, sacó unas monedas de plata de una cajita que su madre le había regalado para su cumpleaños, las guardó en una bolsita de cuero y esperó sentada en la cama. A los pocos minutos tocaron a la puerta…
-Adelante- ordenó. Al abrirse la puerta, el asqueroso hombre de la verruga entró sonriendo.
-Mi querida princesa Mayu…
-Basta de halagos Tanaka baka... Hiciste un buen trabajo, ahora nada de delatarme… toma, lo que acordamos y unas monedas extra por tu silencio.-la pequeña le lanzó las bolsita con el tesoro.
-¡Es usted tan generosa! ¡Muchas gracias princesa! ¡Con su permiso! –dijo el hombre mientras salía dándole alabanzas. Al salir contó las monedas sonriendo y se dirigió hacia la salida del castillo para ir a gastar tan generoso regalo en alcohol y mujeres.
El tiempo pasó volando en la pequeña aldea de las montañas; Jurina había estado pasando mucho tiempo con "Marichan" en las minas. Al principio, la abuelita de Jurina se puso renuente a la idea de que su "nieta" estuviera con aquellas mujeres, pero el señor Matsui logró convencerla.
-Sigo pensando que hacemos mal en dejarla estar con Shinoda San… en cualquier momento puede llegar alguien que reconozca a mi hija… ¡a nuestra hija!-la anciana avivaba la leña.
-Mujer… nadie puede reconocerla. Quizá los señores del parlamento pero sabes que esos emperifollados jamás se pasarían por aquí y un soldado cualquiera jamás podría notar algo extraño en Jurina. Tranquila mujer, si te sigues preocupando tanto te vas a morir, aunque de por sí no te quedan muchos años –el señor Matsui se comenzó a reír desde la mesa mientras le sacaba filo a un viejo puñal de plata con una "M" grabada en oro en la empuñadura.
-Te recuerdo que eres más viejo que yo, idiota. ¿Qué haces con esa cosa? Esa hermosa arma no es de utilidad en tus viejas manos…-sonrío un momento la anciana para cambiarlo rápidamente por una mirada seria- ¿mañana es el día?...pensé que habías dicho que las cosas serían pacíficas.
-Y lo serán mujer…-el viejo miró el arma afilada en la mesa y suspiró –…confío en que las cosas serán tranquilas y para tu información la llevo nada más por precaución. -intentó sonreír pero no lo consiguió- estoy preocupado… sé que Shinoda es una experta en estrategia, sin embargo hay algo que no me tiene tranquilo desde la mañana…
-¿Necesitas algo?
-Sí, de hecho sí… mañana llévate a las niñas lejos, al río… ponlas a cazar ranas. No dejes que se acerquen a la cabaña de Yamamoto.
-Odio al "Rey Watanabe", Yamamoto ya les había dicho que no quería ir a trabajar al castillo… ¿por qué insistirle? Y para colmo lo amenazan diciéndole: "piénsalo bien Yamamoto-san, no te conviene rechazar una segunda oferta". –la mujer picó rápidamente una cebolla y la metió a la cacerola con caldo de pollo hirviendo- ¡Si yo estuviera frente a él, le clavo ese puñal directo en corazón!
-No exageres mujer…-los dos se centraron en una conversación sobre la comida, cuando alguien tocó a su vieja puerta.
En el hogar Miyasawa, en la habitación de Sae.
-Te digo Sayanee, Jurina nos ha cambiado por completo…-hizo un puchero mientras le aventaba una almohada a la pequeña gatita.
-Entiéndela Sae San… es su heroína y su tía al mismo tiempo, es normal que quieran pasar el tiempo juntas.
-¡JA! Pero esa relación está basada en mentiras… ¡Jurina sigue sin saber la verdad y eso me está matando!
-Admite que la verdadera razón por la que estás tan enojada es porque no pasa tiempo con nosotras.
-¡C…claro que no! Aunque…-comenzó a jugar con sus dedos- por lo menos debió invitarnos a jugar con ella en las minas…
-Sabes que eso no estaba en manos de Jurina, si íbamos las dos con ella las cosas se complicarían para Shinoda Sama ¿te imaginas todo lo que debe de pasar intentando esconderla? ¿y qué me dices de la comida? Dicen que está escaseando…
-¡ABURRIDO! ¿¡Jurina, por qué me abandonaste con ella…!?
-¡OIIII!- las dos se comenzaron a reír. Unos relinchidos y el sonido de un carruaje les llamaron la atención, pararon justo enfrente de la casa. Las niñas se miraron extrañadas y decidieron bajar a ver que pasaba.
Tocaron a la puerta fuertemente, lo que hizo que las niñas se pararan en seco en las escaleras. La madre de Sae ya estaba abriendo la puerta cuando esta se abrió de golpe haciendo que la señora Miyasawa cayera al piso sentada.
-¡Mamá! ¿¡Oigan quién diablos se creen!?
Ocho soldados entraron por la puerta rota, dos de ellos tomaron a la madre de Sae por la fuerza mientras que otros dos soldados se encargaban de las pequeñas.
-Usted y su esposo están arrestados por el delito de conspiración…
-¡¿Qué pasa?! ¡Suéltenme, no hemos hecho nada malo! ¡AYUDA! ¡AYU…!-otro soldado le tapo la boca a la alterada mujer y la sacaron metiéndola al carruaje.
Dejaron a las niñas, Sae intentó golpear a uno de los guardias pero este la noqueó de un golpe. Sayanee la abrazó.
-¡Están cometiendo un error! ¡REGRESEN! ¡AYUDA! ¡AYÚDENNOS!- el carruaje se fue. Sayanee se quedó llorando con Sae en sus brazos, al mirar a todos lados pudo ver las miradas nerviosas de los vecinos asomándose cobardemente por las ventanas sin intenciones de ayudar.
Mientras tanto, en la pequeña habitación de Shinoda y Kojima.
-¡AGHHH!- Jurina cayó al piso después de que Mariko le aplicó una llave de lucha.
-Mariko, no seas tan brusca…- Kojima giró los ojos suspirando desde el sillón donde estaba sentada observando a las dos luchadoras.
-Ella es la que me insistió con esto del "entrenamiento", así que ahora se aguanta…- Shinoda le sonrío ampliamente. Haruna le devolvió el gesto, hacía mucho tiempo que no veía a la mujer alta divertirse de tal manera.
-Sí, no te preocupes Harunyan…sólo la estaba probando ¡mi verdadera fuerza está escondida!-la pequeña sonrió y le dedicó un guiño.
-¿Estás coqueteándole otra vez?- Shinoda le aplicó una nueva llave –Tienes 8 años, a tu edad yo sólo podía pensar en muñecas.
-Yo sólo…pienso…en un hada…-la pequeña no podía liberarse.
Tocaron a la puerta.
Shinoda liberó a Jurina, quien corrió a esconderse en una vasija grande de barro vacía.
-Repórtese…-dijo Shinoda frente a la puerta.
-Morimoto, segundo escuadrón. Le dejaron un mensaje en la entrada.- se escuchó la voz masculina del otro lado. Shinoda abrió la puerta y aceptó el sobre que le entregó el hombre, quien cumplida la misión se retiró de inmediato.
Shinoda abrió la carta mientras Haruna ayudaba a salir a la pequeña de su escondite.
-¡Con mil demonios!-gritó Shinoda- ¡Agarren sus cosas, tenemos que irnos AHORA!
-¿Qué pasa Mariko?- Kojima la miró extrañada.
-Se adelantaron… ¡Maldita sea! No contaba con esto… ¡rápido! Tenemos que llegar lo antes posible a casa de Yamamoto.
-¿Le pasó algo a Yamamoto sempai?-Jurina se notaba un poco nerviosa, ella veía una figura paterna en aquel hombre y la idea de imaginarlo herido hacía que su corazón le doliera. Haruna le dedicó una mirada alterada a su compañera.
-No… aún no… ¡vamos, te explicamos en el camino!
Ya de camino, Shinoda le explicó a Jurina "el problema" de Yamamoto con el Rey. Esto era muy simple, Yamamoto tenía conocimiento sobre "la pólvora" y la manera de usarla. Él se había convertido en una fuente muy importante para las investigaciones de aquel material explosivo y el Reino "necesitaba" sus conocimientos, obviamente no aceptó dejar a su hija sola para irse a trabajar al castillo. La sola idea de alejarse de ella le causaba pavor y llevársela lejos de sus amigas le causaría un gran dolor casi tan grande como la muerte de su madre. Por ello Yamamoto no podía aceptar tan fácilmente tal propuesta.
Ahora bien tenían dos hipótesis: la primera, el Rey aceptaría el nuevo rechazo de Yamamoto y se iría tranquilamente a su castillo dejando que vivieran felices por siempre, cosa que sonaba totalmente absurda ante los ojos de Shinoda pues ella conocía perfectamente lo hipócrita que era Watanabe. La segunda opción del rechazo era que el Rey no aceptaría tal cosa y obligaría a Yamamoto a irse con él…en el peor de los casos, asesinarlo.
-¿Asesinarlo?-dijo Jurina detrás de la espalda de Shinoda. Iban a todo galope por aquellos senderos. Las dos jóvenes iban con ropa de civil y consiguieron unos caballos sin marca imperial, la idea era pasar desapercibidas y llegar cuanto antes a la cabaña del "Loco Yamamoto".
-Sí, pero no pensemos en eso.
-¿Piensas enfrentarte al Rey?
-No Jurina, yo tengo otra misión en la vida… no puedo dejar que me vean involucrada en esto.
-¿Pero lo dejarás solo?… ¡Oye, este no es el camino para la casa de Yamamoto sempai! ¡Marichan, es por ese lado!-gritaba Jurina.
-Lo sé, primero debo ponerte a salvo… te voy a llevar con tus abuelos.
-¡Pero Marichan…!
-¡Haruna! ¡Ve a casa del señor Miyasawa…!-sin decir otra cosa Kojima se puso un pañuelo que le cubría nariz y boca, y cambió de ruta.
Shinoda se cubrió el rostro de la misma manera que Kojima momentos antes y siguió su camino rumbo al hogar de la pequeña que se aferraba fuertemente de su cintura.
El camino se les hizo eterno, pero al fin llegaron a la pequeña choza a las afueras de la ciudad. Jurina se bajó rápidamente del caballo.
-Jurina, espérame…-dijo Shinoda desde arriba del caballo viendo como la pequeña corría para entrar a la casa. En eso algo llamó su atención, en el suelo habían marcas de herraduras. Su corazón se aceleró cuando reconoció aquellas estampas: huellas de caballos imperiales. -¡JURINA!
La joven se bajó del caballo rápidamente, desenfundó una daga y corrió para entrar a la casa. Un olor a oxido inundó los sentidos de Shinoda apenas pasó la puerta, un olor metálico que conocía muy bien, el olor de la sangre. Frente a ella estaba Jurina de rodillas frente a dos cuerpos inmóviles agarrados de la mano. Ambos con una herida en el estómago causada por una espada.
Jurina observaba los cuerpos inmóviles de sus abuelitos, sus rostros parecían estar tranquilos. Se rasgó su ropa, mojó con su saliva un pedazo de la tela y le quitó una mancha de sangre de la mejilla de su abuelita. Por un momento le pareció verla sonreír, lo que hizo que unas lágrimas comenzaran a brotar de sus ojos. Al observar a su abuelito, notó como una lágrima traviesa recorría una de sus mejillas. Se la secó con el mismo pedazo de tela que tenía en las manos. Al mirar más allá, descubrió una daga cerca de la mano derecha de su abuelito: un puñal de plata con una "M" de oro grabada. Conocía esa cuchilla, su abuelito siempre presumía de ella y de lo importante que fue para él cuando luchó en una de "sus guerras". La verdad, contada por su abuelita, era que aquella daga fue pasada de generación en generación y que algún día iba a ser de ella. La pequeña sintió una mano en el hombro lo que hizo que saltara y tomara aquel puñal apuntando a su agresor.
-Tranquila, soy yo…-Shinoda se quitó la máscara de la boca para que pudiera verla.-Soy yo…
La pequeña la observó y comenzó a llorar aún con la daga apuntando hacia ella. Shinoda se acercó lentamente quitándole suavemente la daga de las manos, la abrazó fuertemente.
-Todo va a estar bien…tranquila.
-No…no está bien… ¡quiero saber quien le hizo esto a mis abuelitos! ¡los voy a matar! ¡los voy a matar a todos!-gritaba Jurina. Shinoda sabía que nada de lo que dijera en ese momento ayudaría, así que decidió dejarla llorar y desahogarse.
Pasaron unos minutos, Shinoda había tapado a los señores Matsui con una colcha mientras iban por ayuda. Jurina estaba afuera tomando aire fresco pero no había dejado de llorar todo ese tiempo.
"¡Jurina!"
Mariko escuchó la voz chillona de Kojima afuera junto con el galopar de un caballo acercándose. Salió rápidamente de la casa.
-¡Mariko! ¡Se llevaron arrestada a la madre de Saechan!- Kojima traía a Sae todavía desmayada al frente y a Sayanee aferrada atrás.- ¿Qué pasó…? - dijo parando mientras observaba a Jurina llorando silenciosamente pegada a la pared de la casa.
Shinoda movió la cabeza negativamente y bajando la mirada, Kojima entendió rápidamente.
-¡Jurina! ¿Estás bien?-Sayanee bajó del caballo y corrió hacia Jurina.
-Sí, no te preocupes Sayachan...-la pequeña se limpió las lágrimas del rostro y le sonrió.
-No me mientas Jurina… ¿Qué pasó? ¿Dónde están tus abuelitos? ¿Están bien?
-Están descansando… shhh…no alces la voz, ya sabes que mi abuelita se pone de mal humor si la despiertan.
-Jurina…-la pequeña la abrazó y la menor no pudo contenerse y siguió llorando en el hombro de su amiga.
Kojima se bajó de su caballo y recostó a Sae en el pasto momentáneamente. Shinoda y ella hablaban por lo bajo mientras Sayanee y Jurina lloraban en el otro extremo.
-Cuídate mucho por favor…-Kojima abrazó a la mujer de cabello corto- No me gusta este plan…pero lo haré por ti. Confío en ti y mas te vale no faltar a tu promesa…-hizo un puchero.
-Sabes que nunca fallo a mis promesas, regresaré para estar contigo y con Jurina…-le tomó el rostro con las dos manos y le dio un beso lento.
-Ese beso se sintió como una despedida…
-No es una despedida…es un hasta luego…
-prefiero que sea la promesa de tu regreso…-Kojima le dio otro beso, uno más profundo pero no apasionado. Era un beso desesperado, un beso donde colocaba todo su amor y esperanza.
-Regresaré… cuida de las niñas, cuídate. Si notas cualquier peligro huyan… ya sabes cual es el punto de encuentro.
Se despidieron una vez más con un beso rápido, Shinoda miró a las pequeñas lloronas…quería despedirse de Jurina pero eso sólo la alteraría mas y necesitaba estar tranquila, así que subió a su caballo y se alejó velozmente. Había cosas más importantes por el momento.
