Cáp. 6: Secretos desvelados

Hermione estaba sentada en la mesa más apartada de la gente, en la biblioteca. A su alrededor había dos pilas enormes de gruesos libros que la cubrían casi al completo. Leía. Era la única forma para apartar su mente del mundo. La única forma de aislarse y de encerrarse en una frágil burbuja que la protegiese. Pero sabía que esa burbuja no iba a resistir por mucho tiempo. En cualquier momento podría acabar rompiéndose. Y en ese momento, Hermione quedaría indefensa, y se derrumbaría, se hundiría en la oscuridad y la tristeza. Y, al haber estado encerrada en aquella burbuja, no habría podido comunicarse con nadie, y quedaría encerrada en el abismo para siempre. Tenía miedo. Sí, mucho miedo de perder a sus amigos.

¿De quién te escondes, Granger?-dijo una fría voz de mujer.

De asquerosa gente como tú, Parkinson.-contestó Hermione sin apartar la vista del libro.

No oses hablarme en ese tono.-la amenazó Pansy.

Oh, vamos Parkinson. ¿Quién te ha enseñado esos modales? ¿Tu noviecito Malfoy?-se burló Hermione, que había apartado el libro y estaba apoyada sobre la mesa, mirando a Pansy divertida.

No insultes a Draco en mi presencia, Granger.-dijo Pansy, que tenía las mejillas encendidas de un rojo intenso.

¡Oh, vaya, lo siento!-dijo Hermione, fingiendo estar muy avergonzada. -¿Serás capaz de perdonarme, Parkinson?

¿Y tú serás capaz de perdonarte a ti misma?-dijo ella fríamente. Hermione se quedó sin saber como reaccionar. No comprendía…

¿Qué quieres decir?

Vaya, vaya. ¿Quién es ahora la que tiene el control de la situación.

No me vengas con idioteces, Parkinson. Tengo cosas mejores que hacer.

Déjame decirte una cosa, Granger. Aléjate de Draco o lo lamentarás.-Hermione empalideció súbitamente. ¿Draco? No podía ser, Pansy no podía…

¿A qué te refieres?-preguntó Hermione fingiendo indiferencia.

A mí no me engañas, Granger. Soy mujer, y sé como lo miras. Así que escúchame bien. Aparta tus rizos de él o te las verás conmigo. Conozco a Draco, y sé que, si alguien se lo propone, es capaz de irse tras las faldas de cualquiera, aun siendo una asquerosa sangre-sucia como tú.-dicho esto, se dio la vuelta y se alejó de Hermione con altivez. La castaña estaba pálida. Se acabó, todo había terminado. Con Pansy tras ella, no podía dar ni un solo paso en falso si no quería que todo el colegio se enterara de lo que sentía.

¡Ginny!-gritó Hermione corriendo hacia la pelirroja.

¿Qué ocurre?

¡Dios mío, Ginny!-dijo la castaña visiblemente alterada y con los ojos empañados de lágrimas.

¡Hermione! ¿Qué pasa?-preguntó Ginny muy preocupada. Hermione no conseguía articular palabra y se estremecía constantemente mientras Ginny trataba de calmarla.

Se acabó, Ginny, se acabó…-susurraba Hermione.

¿Acabar? ¿Qué es lo que ha acabado? Vamos, tranquilízate… Hermione, me preocupas. Cada día te veo más apesadumbrada. Cualquier día te va a dar un ataque de nervios como no te relajes.

¡Yo estoy relajada!-dijo Hermione con un deje de histeria.

Bien, de acuerdo…-dijo Ginny, que no quería llevarle la contraria.

Ahora mi vida se ha estropeado aún más…-murmuró Hermione, que parecía estar hablando condigo misma en vez de con Ginny.

Pero, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estás tan alterada?

Ella lo sabe, Ginny… Ella lo sabe…-dijo Hermione misteriosamente.

¿Ella? ¿Quién es ella? ¿Y saber qué? ¡Hermione, por favor!

Sabe quién es él…

¿Él? ¡Él! ¡Tienes que decírmelo, Hermione!

No puedo… De todas formas lo sabrás cuando ella te lo cuente. Sería capaz de publicarlo en El Profeta, en primera plana: sangre-sucia enamorada.

No te martirices, Hermione.

Ella lo sabe, ella lo sabe…-repetía Hermione como una autómata.

¡Hermione Granger!-gritó Ginny fuera de sí, sujetando a Hermione por las muñecas.-Quiero ayudarte, ¡pero no puedo si no me dices quien es ella! ¡Colabora un poco!

Oh Ginny…-susurró Hermione mientras comenzaba a sollozar débilmente. La pelirroja se sintió fatal

Perdóname, Hermione. Siento haberte gritado… lo siento mucho.

No es nada.-dijo Hermione mientras se secaba las lágrimas con la maga de la túnica.- Olvídalo.

Vamos, cálmate. Siéntate y cuéntamelo todo, ¿vale?

No me encuentro bien…

Pero Hermione…

Voy a acostarme. Buenas noches Ginny.-Hermione se dio la vuelta y se tumbó en su cama sin ni siquiera desvestirse.

Hermione, si aún es muy temprano…-pero la castaña no le contestó. Ginny respetó su silencio y salió de la habitación. La almohada de Hermione comenzaba a humedecerse a cause de las lágrimas de la muchacha.

¡Pero será… maldito desgraciado!

Harry, por favor, no cometas ninguna locura…

¡¿Locura! Por Dios, Ginny, ¡ese imbécil a ha pegado a Hermione!

Lo sé, pero tú no puedes hacer nada.

Voy a matarlo… ¡esta vez se ha pasado!

Las heridas físicas pueden curarse, Harry. Son las de aquí dentro –dijo Ginny señalándose el corazón- las que duelen de verdad. Y esas no se curan tan fácilmente.

¡No me sueltes una de tus charlas filosóficas!

Pero es la verdad, Harry. Y Hermione lleva recibiendo golpes internos toda su vida. Así que no intentes ayudarla precisamente ahora, cuando las heridas pueden verse. Lo único que lograrás será que se sienta peor, pues pensará que nunca te has preocupado por lo que pudiesen decirle y hacerle.

¡No digas tonterías, Ginny! ¡Yo me preocupo por Hermione al igual que tú!

Lo sé, Harry, lo sé… Pero créeme, es mejor dejarlo como está.

¡¿Entonces para qué me lo has contado, Ginny! ¡¿Para qué demonios has tenido que preocuparme de esta forma!

Creí que tenías todo el derecho a saberlo.

¡Maldita sea!

Harry, tranquilízate…

¡No me pidas que me tranquilice!-en los ojos de Ginny se dibujó una sombra de dolor y tristeza.

Por favor, Harry. Prométeme que no harás nada de lo que puedas arrepentirte…

¡No hay nada en este momento que desee más que romperle la cara a ese animal!

No le hagas nada. Deja en paz a Malfoy.-dijo Ginny plantándose frente a Harry y fulminándolo con la mirada.

Pero…

Y no vuelvas a gritarme.-le advirtió Ginny, que estaba haciendo un esfuerzo enorme para no ponerse a llorar allí mismo. Eran demasiadas cosas las que tenía que soportar.

Lo siento, Ginny. Perdóname.-le dijo el moreno abrazándola con fuerza. Ginny se acurrucó en su pecho y rompió a llorar.

No puedo más… ¡es que no puedo más! Yo también tengo mis problemas… y escuchando a Hermione lo único que hago es confundirme enormemente, ¡porque nunca consigo nada! Necesito respuestas… respuestas…

Ya pasó, Ginny… cálmate, vamos no es nada…-repetía Harry mientras le acariciaba el cabello.

Gracias Harry…-susurró Ginny al cabo de un rato.

Anda, ve a acostarte. Te hará bien dormir un rato.-le dijo Harry, dándole un beso en la frente. Ginny le sonrió y se dirigió ha su habitación. Pero no iba a dormir… aprovechando que Hermione estaba dormida…

Jueves, 23 de septiembre

Querido diario:

Siento no haber escrito antes. Pero he estado ocupada. Acabamos de llegar al colegio y ya estamos hasta arriba de deberes. Y yo soy una chica muy responsable a la que le gusta trabajar. Aunque últimamente he notado que no estoy tan enterada de las cosas como otras veces… es como si tuviese la cabeza llena de pájaros que revolotean sin dejarme pensar…Son sus ojos… ¡no me los puedo quitar de la cabeza! Tan fríos como el acero y a la vez tan cálidos como la plata…Aún no sé lo que he hecho para enamorarme de él, simplemente no lo entiendo. Es como pretender saber lo que siente alguien sin conocerlo siquiera, sin saber cómo es, lo que quieres o lo que desea… es difícil de explicar. Simplemente me ha cautivado. Puede que sea un egocéntrico y un egoísta, pero no puedo dejar de sorprenderme ante su personalidad y su fuerte carácter… Te dejo, tengo que estudiar y terminar una redacción de Transformaciones para mañana. Besos,

Hermione.

Ginny sentía como si el aire le faltara, no podía ser, no… ojos tan fríos como el acero y a la vez tan cálidos como la plata . Se negaba a creerlo. Después de todo lo que había ocurrido aquello no podía ser verdad, simplemente no podía, ¡iba contra toda lógica!

Draco… y ella… Parkinson.