Disclaimer: a ver...1.000 pesos en mi cuenta...no, no es mío.
Resumen: Van Pelt, la novata, mucho entusiasmo.
A/N: Creo que no actualizaba hace tres semanas...lo que es mucho tiempo, pero en verdad no lograba sacar adelante este capi. Y eso que tengo escritos otros dos, pero soy más terca que una mula y se me puso entre ceja y ceja que este tenía que ser el siguiente...en fin. Yo y mis demonios XD.
Sigo sin estar segura de este capi, pero dada mi cabezonería extrema, mejor lo cuelgo ya y me dejo de tonterías. Reviews y críticas bien recibidas si son con respeto.
Gracias por pasarse y leerlo.-
Enthusiastic
Concentrada en sus tareas como está, no se da cuenta que hace mucho ha pasado la hora en la que se va a casa, sino hasta que el dolor de espalda la obliga a enderezarse y ve a través de la ventana las débiles luces en la calle iluminando apenas la negra noche sin luna. Al dirigir la vista hacia la planta abierta donde el resto de los agentes tienen sus escritorios, ve nada más que vacío. En circunstancias normales habría dejado el papeleo para la mañana siguiente, pero en pocos días tiene una de esas insufribles reuniones mensuales en donde debe dar hasta el último detalle de los casos cerrados y abiertos que su equipo ha tenido durante el mes. Adora su trabajo, -que es lo más importante de su vida no es sorpresa para nadie- pero de sólo pensar en la mentada reunión, le dan ganas de tirarse por la ventana. Lo peor de todo es que aún le falta bastante para terminar y el dolor de espalda y de cabeza que está sufriendo en estos momentos, no quieren darle tregua.
Le da un sorbo al tazón de café que tiene a un lado y el líquido amargo y frío le deja un desagradable sabor en el paladar. "Perfecto" murmura para sí, levantándose para ir en busca de café fresco y caliente, que probablemente tendrá que preparar porque duda que a esta hora lo que quede en la cafetera sea algo más que un líquido negruzco y nada apetecible. Cuando sale de la oficina, nota la luz de la lámpara de mesa encendida en el escritorio de Van Pelt, y a la agente aún sentada allí. Frunce el ceño, preguntándose por qué sigue allí-y también cómo es que no la vio cuando miró desde su oficina, la pelirroja es todo menos invisible-, pues está segura que terminó su trabajo hace horas. Se acerca en silencio, hasta detenerse al lado del escritorio. Grace ni siquiera nota su presencia, concentrada en lo que sea esté haciendo, y sólo levanta la vista cuando ella carraspea ligeramente.
-Lo siento jefa, no la vi-sonríe con timidez y se queda mirándola, esperando probablemente alguna orden de su parte.
-¿Qué estás haciendo aquí? hace horas terminaste tu trabajo, deberías estar en tu casa descansando.
-Pensé en adelantar algo del trabajo de mañana…total, no tengo nada más que hacer.
Lisbon suspira y menea la cabeza. La chica llevaba haciendo lo mismo desde el día en que, hace dos meses atrás, comenzó a trabajar con el equipo. Ya había perdido la cuenta de las veces que, al retirarse, le dijo que se fuera a casa y Van Pelt le daba una excusa bastante mala para quedarse más tarde que el resto. Era terca como una mula, y capaz de inventarse el trabajo con tal de tener algo que hacer. Aquello no le era indiferente, ella hizo lo mismo cuando era una novata en la policía de San Francisco muchos años atrás; también sintió esas ganas por cumplir bien con su trabajo, por ser útil para el resto y el miedo de cometer algún error. Estaba segura que si les preguntaba a los demás, todos los agentes del edificio le responderían que ellos sintieron lo mismo. Pero Van Pelt era de otra clase. El entusiasmo, la amabilidad y el compromiso que mostraba sobrepasaban por mucho cualquier nivel que ella considerara sano, al punto de sentirse agotada con tanta disponibilidad para hacer el trabajo. Algo realmente extraño, considerando que de lo que más se quejaba era de la falta total de interés del consultor inaguantable con el que tenía que lidiar. La verdad es que si pudiese, traspasaría algo del entusiasmo sin fronteras de Van Pelt a Jane, y de él algo de esa calma (que la ponía de los nervios) a Grace. En la vida todo debería tener un balance...
-Van Pelt, quiero que entiendas una cosa-la pelirroja sonríe nerviosa y expectante, como si ella estuviese a punto de anunciarle que es la ganadora de algún concurso-no es necesario que te quedes hasta tan tarde en la oficina adelantando trabajo, o lo que sea que haces hasta esta hora. El CBI no paga horas extras a no ser que estemos en medio de un caso, no te darán un ascenso porque te quedes hasta que Don Miguel pase con la aspiradora y ponga cara de fastidio porque entorpeces su trabajo y yo no aprecio que te quedes cuando no es necesario. Necesito que mis agentes descansen y estén alertas cuando los requiera; y está claro que si sigues a este ritmo muy pronto llegarás arrastrándote por las mañanas.
La chica asiente, entre apenada y avergonzada porque sus esfuerzos por realizar un buen trabajo y ser útil, no son reconocidos. Lisbon siente algo de lástima por ella, pues sabe que no lo hace porque quiera demostrar que es superior al resto ni nada parecido. Supone que es lo mismo que la empuja a ella a seguir las reglas y esforzarse al máximo en su trabajo. Aquellas ansias de demostrar que a pesar de ser mujer, puede llegar a ser buena en lo que hace, y quizás también-tal como ella-necesite probarle a alguien que en realidad sí sirve para algo. Puede ver en Van Pelt aquella determinación que veía en ella cuando tenía veinte años, y que sigue siendo el motor que la hace funcionar. Quizás el verse reflejada de esa forma, es lo que le lleva a sonreír y darle una suave palmadita en el hombro y a buscar una manera de hacerla sentir mejor.
-En fin…ya que estás aquí, quizás puedas ayudarme. Estoy estancada con algo de papeleo que necesito terminar para mañana, así que apreciaría el que me echaras una mano con algunos informes.
A Van Pelt se le ilumina el rostro y asiente vigorosamente, diciéndole que le ayudará en lo que sea. Ella sonríe una vez más, sintiendo cómo cierta calidez se enciende en su interior, y tiene que reprimir las ganas de acariciarle la cabeza, tal como lo hacía con sus hermanos cuando eran unos niños. Es el instinto maternal que está escondido muy dentro de ella el que puja por salir a la superficie en ocasiones como esta, y que mantiene a raya a duras penas. No sabe a ciencia cierta si tiene éxito, pues más de alguna vez se siente como la madre que regaña a sus hijos o los alienta cuando está con el equipo. Después de todo, ellos se han convertido en parte de su familia, aquella que la sostiene y la comprende, casi siempre sin necesidad de palabras o demostraciones empalagosas de cariño.
-¿Le duele la espalda?-la voz vacilante de Van Pelt la saca de sus pensamientos y frunce el ceño a modo de respuesta-yo solía sufrir de dolores en la espalda y una amiga me recomendó practicar yoga y me ayudó mucho…es increíble pero es cierto, además siempre me siento con más energía y…
A Lisbon le parece que está escuchando a una de esas presentadoras de infomerciales por la forma tan entusiasta que le habla sobre el yoga. Sin embargo, es esa misma emoción la que le lleva a preguntarle más sobre el asunto, mientras ambas caminan hacia su oficina para terminar el papeleo. La energía de Van Pelt es contagiosa y se da cuenta que ha sonreído más en estos diez minutos que lleva hablando con la pelirroja que en toda la semana; y a pesar que el dolor de espalda no ha menguado ni siquiera un poco, ella no lo nota. Supone que algo tiene que ver el que su humor haya mejorado notablemente y que de pronto se sienta más ligera, como si no hubiese estado trabajando por dieciséis horas seguidas.
Le sorprende lo contagiosa que puede llegar a ser una persona tan apasionada.
-oooooo-
