Holaaaa ... aqui onee-chan con el sexto capitulo y mi primera actualización del año :) Wiii... Ojala les guste.

Bueno, a leer se ha dicho...

Bleach no me pertenece... obviamente XD

pd= que shinigami les gustaria que apareciera en el Mundo Real para cuidar a Rukia? jijij... Byakuya, el yakuza, pronto aparecera XD ajaja.


CAPITULO 6: MIEDO

Dos días después. Fin de semana.

Un rayo de sol se colaba a través de la ventana y se estrellaba contra su cara, tratando de despertarlo. Apretó los ojos con fuerza y maldijo entre dientes; todavía estaba cansado y quería dormir un poco más. Sintió que algo se acercó y le revolvió el cabello. ¿Qué era? No lo sabía, pero era molesto, solo quería seguir durmiendo y ese "algo" no lo dejaba. Al poco rato sentía que le picaban la cara. "¡Ya basta!" gritó en su interior, pero seguían picándolo, ahora en la nariz. "Maldito insecto" pensó. Sin abrir los ojos, levantó la mano y la sacudió frente a su cara para alejar al supuesto insecto que lo fastidiaba, pero al hacerlo sintió que golpeó algo y a los pocos segundos pudo escuchar el llanto de un bebé.

Tardó dos segundos en procesar todo y levantarse de golpe.

– ¡Rukia! – gritó. – ¡Rukia, lo siento! – y se acercó a ella. Tenía la nariz roja por el manotazo de Ichigo y lloraba y se revolvía entre las sábanas.

El pelinaranja se desesperó. ¿Cómo pudo haberla golpeado? Desde luego, había sido un golpe bastante suave y accidental, pero aun así se sentía terrible. Siguió disculpándose y disculpándose, hasta que al fin la pequeña se calmó y paró de llorar.

– ¿Qué hiciste ahora Ichigo? – se escuchó una voz. El pelinaranja volteó mecánicamente y quedó perplejo al ver a la dueña de aquella voz parada en el umbral de la puerta con el ceño fruncido.

– T- tú… – Ichigo no podía decir su nombre. De inmediato volteó a ver al bebé que estaba a su lado, tratando de buscar una explicación. Volvió a alternar la vista entre el bebé y la persona parada en la puerta. Repitió la acción varias veces, hasta que se percató de algo: el color de ojos del bebé. No eran violetas, eran color ámbar, el mismo color que los suyos. ¿Qué demonios estaba pasando? – ¿Qu-qué diablos es esto? – preguntó.

– ¿Qué le hiciste a Sojun? – preguntó ella acercándose a él. – ¿No podías cuidarlo por dos minutos sin hacerlo llorar? – Rukia lo miraba fijamente. Ahora resultaba que el bebé no era una chica, sino que era un niño.

¿Qué estaba pasando? ¿No se supone que Rukia era un bebé? ¿Quién era Sojun y por qué diablos tenía que cuidarlo? Rukia se acercó lentamente a Ichigo, quien la miraba como si fuera un fantasma.

– Tú. – dijo Ichigo, mirándola de pies a cabeza. – ¿Cuándo volviste a la normalidad?

– ¿Eh? ¿De qué hablas? ¿Acaso sufriste un golpe en la cabeza y te volviste más idiota? – le preguntó arqueando una ceja, y se sentó en la cama para acariciar al pequeño que sonrió al verla. Ichigo se extrañó ante la escena y se confundió aún más. – Solo tratas de excusarte por hacer llorar a Sojun. – añadió ella con una sonrisa burlona.

– ¿Quién es ese niño? – preguntó Ichigo, incorporándose en la cama y sujetándola por los hombros.

– ¡Qué te pasa Ichigo! – le gritó ella, dejando al pequeño de lado. – ¿Acaso estás borracho? ¿Tu padre te dio de beber ese licor extraño de nuevo?

– ¡Claro que no, tonta! – se defendió. – Dime, ¿quién es ese niño y cómo es que ya estás con tu cuerpo normal? – preguntó mientras la sacudía por los hombros. No entendía que estaba pasando y ya comenzaba a desesperarse. – ¡¿Qué está pasando?! – gritó, sacudiéndola con más fuerza, haciendo que la cabeza de Rukia bailara de un lado a otro. El pequeño miraba la escena atentamente, como esperando algo.

– ¡Arrgg! – se quejó ella. – ¡Ya suéltame idiota! –y le dio un fuerte golpe que lo arrojó a un lado, dejándolo con mitad superior de su cuerpo colgando de la cama. – Lo siento Sojun. – dijo. – Pero tu padre se merecía ese golpe. – le informó, a lo que el bebé le sonrió.

Ichigo quedó en un estado de semi inconciencia al escuchar la última frase. Tenía medio cuerpo colgando, con la cabeza casi tocando el suelo y sobre ella, mil preguntas revoloteaban furiosas. ¿Acaso había escuchado mal? Claro que sí. Era imposible que Rukia hubiera dicho eso. Después de un instante, pudo ver dos diminutos pies asomando de un kimono que se acercaban a él, obviamente se trataba de una niña.

– Mamá, ¿todo está bien? – preguntó al llegar. Ichigo cayó completamente de la cama cuando oyó la palabra "mamá", quedando tirado de espaldas sobre el suelo de madera. Veía todo de forma invertida, pero al fijarse en la niña, su mandíbula casi se desencaja; era una pequeña de cabello naranja y ojos violetas. – ¿Qué le pasó a papá? – preguntó acercándose al cuerpo desparramado sobre el suelo.

"¿Q-q-q-q-qué estás diciendo niña? pensaba Ichigo quien no podía cerrar la boca, producto del asombro. "P- p-pa…"

– ¿No es obvio? – dijo otra voz, acercándose a ellos. Era un niño de cabello negro y ojos violetas, un par de años menor que la niña. – Papá otra vez hizo enfadar a mamá y recibió su castigo.

"¡Hay otro más!" gritó Ichigo en su interior. "¡Hay otro más!"

– Cielos papá, ¿hasta cuándo aprenderás? – dijo la niña, agachándose frente a Ichigo y sonriéndole. Esa sonrisa se le hizo muy familiar. – Mamá, ya vámonos. – se dirigió a Rukia. – El tío debe estar esperándonos.

– Sí. Ya nos vamos Yui. – respondió Rukia y se levantó cargando al bebé pelinegro. – Ichigo, mueve el trasero, Nii-sama nos está esperando. – y salió de la habitación.

– Vámonos papá. – dijeron los dos niños al unísono, apurando al cuerpo pálido y desparramado en el suelo. – El tío se enfadará contigo. – repitieron. Ambos se levantaron y caminaron alegremente hacia la puerta, siguiendo a su mamá.

Pasó un buen rato en lo que Ichigo seguía tirado en el suelo como un trapo sucio, tratando de asimilar la situación.

– Date prisa, papá. – lo apuró el pequeño pelinegro, apareciendo en la puerta nuevamente. – Todos te están esperando y esta vez no te defenderé con el tío Byakuya. – le dijo con una sonrisa. – ¡Vámonos! – y desapareció corriendo tras la puerta.

"¿Papá?" se preguntó por milésima vez. "¡¿Papá?! ¡No puede ser! ¿En qué momento…"

Gotas de sudor frío recorrían el cuerpo de Ichigo. ¿En qué clase de mundo paralelo estaba? ¿Cómo era que de repente había tres niños que le decían papá? Casi por inercia, levantó su mano izquierda y vio una fina alianza de matrimonio en su dedo anular. Su cara se puso más blanca y comenzó a sudar como un loco. "¿Estoy cas…? ¡No puede ser! ¡No puede ser!" "¡Y hay tres niños! ¡Tres!" se repetía a sí mismo. Siguió dándole vueltas al asunto durante varios minutos más, todavía sin levantarse. No tenía fuerzas para hacerlo. Temía que si lo hacía, toda la verdad caería sobre él y lo aplastaría como a un insecto. Nunca se imaginó a sí mismo como hombre casado; menos como un hombre que tuviera tres hijos; y mucho menos como un hombre que no tenía la menor idea de cómo había ocurrido todo.

– Tío, por favor espera, ya se está levantando. – se escuchó la voz de la niña acercándose a la habitación. – Solo está cansado, pero ya se está levantando. Espéralo un poco. – suplicó.

Ya es tarde, Yui. – la voz de Byakuya apareció en la habitación donde Ichigo seguía desparramado, sin intenciones de levantarse. Los ojos grises de Byakuya se clavaron en el pelinaranja, quien tembló al verlo. El capitán cargaba al pequeño pelinegro que le había advertido hace poco y ahora lo miraba fijamente y sonreía burlón como diciendo un "te lo dije". Ambos se veían tan parecidos que provocó un enorme escalofrío que recorrió la espalda del shinigami. Al lado de Byakuya, Yui tironeaba suavemente del haori de su tío, tratando de calmarlo. – Demasiado tarde. – repitió el capitán, tomando su espada.

- o -

– ¡NOOOOOOO! – gritó Ichigo, levantándose de golpe del futón. Tenía la cara sudada y su corazón latía a mil por hora. Miró en todas direcciones tratando de orientarse, pero la oscuridad solo lograba desesperarlo más. – Hay tres enanos. ¡Tres! – decía una y otra vez.

– ¡¿Qué ocurre Kurosaki?! – gritó Ishida, levantándose y acercándose a él. Puso su mano en el hombro del shinigami para calmarlo, pero Ichigo dio un salto ante el contacto y volvió a gritar como loco. Ishida también se sobresaltó y se fue de espalda al suelo. Renji y Chad también se levantaron y se acercaron a Ichigo.

– ¿Qué pasa Ichigo? – se escuchó la voz de Matsumoto acercándose a él.

Inoue también apareció en la sala y encendió la luz. Al ver iluminada la sala, Ichigo pudo calmarse. Poco a poco fue reconociendo el lugar; estaba en la sala en la casa de Inoue. Después de un rato, se fijó en las borrosas caras de sus amigos y posteriormente en Inoue, pero al ver que cargaba a Rukia, se levantó y se acercó rápidamente a ella para quitarle a la pequeña de los brazos.

– Rukia, ¿es Rukia verdad? – preguntó confundido, examinándola con cuidado. – ¿En verdad es Rukia? – volvió a preguntar, pero no obtuvo respuesta. Todos lo miraban como si se hubiera vuelto loco. – ¿O es el otro niño? ¿Acaso eres Sojun? – le preguntó mirándola fijamente. – ¿Hay más niños por aquí, verdad? ¿Dónde están los demás? ¿Byakuya ya llegó? ¿Está aquí? – preguntó mirando alrededor. – ¿Es muy tarde? ¿Va a matarme? ¿Es muy tarde? – Ichigo los acribillaba a preguntas, sin darles tiempo a responderle, aunque claro nadie sabía de qué diablos estaba hablando, y sacudía a Rukia mientras lanzaba las preguntas. La pequeña al principio sonreía, pero después comenzó a asustarse ante la cara de loco de Ichigo. Sus ojitos se aguaron amenazando con llorar y un pequeño puchero adornó su cara.

– ¡Idiota, la asustas! – gritó Renji y le dio un fuerte golpe a Ichigo para luego quitarle a Rukia de los brazos. – Tranquila Rukia, Ichigo ya no te asustará, si lo hace de nuevo lo mataré, ¿de acuerdo? – le dijo a lo que Rukia le sonrió y el pelirrojo dio grandes carcajadas ante la reacción de su amiga.

El sutil golpe de Renji provocó que Ichigo reaccionara por completo. Volvió a mirar a su alrededor y vio las caras de todos sus amigos que lo miraban con preocupación. Dio un enorme suspiro y se convenció al fin que solo había sido un sueño.

- o -

Después de un buen rato, todos regresaron a dormir. Los chicos quedaron con las dudas, porque Ichigo se había negado a contarles acerca de su sueño. Estaba seguro que no lo dejarían tranquilo si les revelaba que había soñado estar casado con Rukia y tener tres hijos con ella. No, eso no lo contaría jamás. Mucho menos la parte de su cuñado a punto de matarlo.

Renji no quiso preguntar mucho y decidió dejarlo tranquilo. Ya sospechaba algo, pero no quiso decirlo frente a los demás.

El placer de fastidiar a Ichigo era algo que disfrutaría él solo.

- o -

Al día siguiente en la mañana.

– ¿Para qué quieren ir todos? – preguntó Ichigo con fastidio. – Ya les dije que no es necesario.

– Queremos acompañarte Ichigo. – respondió Matsumoto. – ¿Hay algún problema?

– N-no. – respondió nervioso. – Es solo que…

– ¿Quieres estar solo con Rukia? – preguntó Matsumoto arqueando una ceja. – Recuerda que ahora es un bebé. ¡Pervertido!

– ¡No es por eso! – gritó el pelinaranja. – ¡Qué tonterías estás diciendo!

– Bueno, bueno, cálmense los dos. – dijo Ishida. – Kurosaki, vamos todos para ayudarte a cuidar de Kuchiki-san, ¿lo olvidas? Y también para que los demás puedan distraerse un rato. – añadió mirando a los dos tenientes.

– Tsk. Supongo que no hay de otra. – masculló Ichigo, no muy convencido.

– Buen chico. – dijo Matsumoto dándole una palmada en la espalda, como si fuera un cachorro.

- o -

Llegaron muy temprano al centro comercial. De hecho, demasiado temprano para ser un día domingo. La gente normal de por sí aprovecha para dormir hasta el mediodía, pero en aquel grupo, nadie era normal, así que tampoco era para preocuparse demasiado. Había pocas tiendas abiertas a esa hora de la mañana, así que aprovecharon para desayunar en uno de los locales de comida, en espera a que abrieran las demás.

Después de las compras regresarían todos a la casa de Inoue. Aunque al principio había sido solo por un día, la estancia se estaba alargando. Urahara les había dicho que todavía seguía con muchos estudios extraños, aparte del dichoso inventario y todos sospechaban que solo quería deshacerse de ellos. Por otra parte, la casa de Inoue era mucho más tranquila y normal, así que tampoco les preocupaba regresar.

- o -

Matsumoto cargaba a Rukia, que llevaba un hermoso vestido rosado con dibujos de conejitos, obviamente hecho por Ishida. A su lado iban Renji e Inoue.

Chad cargaba la "silla duerme-mece-porta-bebés 2.0" de Rukia. Otro artículo cortesía de Urahara, quien se la dio a Ichigo para que pudiera llevar a Rukia a cualquier lugar y cuando se durmiera, pudiera recostarla en ella. La silla era bastante práctica; el único inconveniente era el estúpido nombre y la manía de Urahara de poner esa tonta calavera en todos sus productos.

Ishida e Ichigo caminaban a un lado de Chad y miraban en varias direcciones buscando lo que sea que tenían que buscar.

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– ¿Dónde diablos están? – preguntó Ichigo.

– No lo sé. – respondió Renji. – Quedamos en juntarnos aquí.

– ¿Por qué tardan tanto?

– Ya deja de hacer preguntas, Kurosaki. Deben estar por llegar, tranquilízate. – dijo el quincy. Por suerte, no todas las mujeres se habían retrasado, Rukia estaba ahí, jugando sentada sobre el regazo del quincy. La silla de Rukia ahora hacía de canasto para todas las cosas que Ichigo y los demás habían comprado.

– Me pregunto qué tanto estarán comprando. – comentó Renji.

– Creo que irían a comprar especias a una tienda. – dijo Chad.

– ¿Especias? ¿Para qué quieren especias?

– Creo que Matsumoto-san quería preparar la cena esta noche. – informó Ishida con una mueca de horror en la cara. – La oí hablando con Inoue-san sobre el menú.

– Ya veo. Bueno, entonces tenemos que idear un plan si queremos sobrevivir. – comentó Ichigo, como si fuera algo normal.

– Compremos algo para cenar y nos evitamos problemas. – propuso Renji y todos asintieron. Tenían que ser rápidos, así que antes de irse alguien tendría que correr para comprar la comida. – Por cierto, ¿Urahara-san no les ha dicho nada más acerca de la situación de Rukia? – preguntó Renji, cambiando totalmente el tema de la conversación.

– No. Él dijo que nos avisaría cuando descubriera algo. – dijo Ichigo con pesar. – Supongo que Ukitake-san ya lo sabe, ¿verdad?

– Por supuesto, él es el capitán de Rukia. Es obvio que tiene que saberlo. Ya te dijimos que todos los altos cargos del Gotei 13 están al tanto.

– Ah, es cierto. – comentó Ichigo. Se le había olvidado.

- o -

Siguieron hablando de varias cosas mientras esperaban que Inoue y Matsumoto regresaran de su terrorífica compra de especias para una comida aún más terrorífica.

– Kurosaki, ya vuelvo. ¿Puedes quedarte con Kuchiki-san? – preguntó. Ichigo asintió y tomó a Rukia en sus brazos, quien al verse separada del quincy hizo un pequeño puchero. – No te preocupes Kuchiki-san, ya volveré. – le dijo sonriendo y acariciando su cabeza, a lo que la pequeña le sonrió.

Ichigo frunció el ceño y se quedó mirando a Rukia como si se sintiese traicionado por ella. Ishida sonrió al ver la reacción de Ichigo y no pudo aguantarse.

– Tranquilo Kurosaki, yo sólo le agrado. No te pongas celoso. – y se alejó a paso rápido. – Voy a comprar algo a la librería, los veo luego. – dijo a lo lejos. Chad se levantó y se fue con él, pues también quería comprar algo. Ichigo se quedó ahí sentado con la cara tan roja como el color de cabello de Renji. Se sintió un estúpido por ponerse celoso de Ishida, siendo que Rukia es un bebé. Se abofeteó mentalmente varias veces para alejar esos pensamientos extraños.

– Oye Ichigo. – la voz de Renji lo sacó de sus pensamientos. – ¿Qué fue lo de anoche? ¿Qué tanto estabas soñando?

– ¿Eh? Nada. No fue nada. – respondió mirando en otra dirección con la cara roja.

– Algo tiene que haber sido para que gritaras como niña asustada. – le dijo sonriendo burlonamente.

– ¡No grité como niña asustada! – se defendió, pero recordando bien, si lo había hecho. Miró a Rukia, quien le sonrió y no pudo evitar sonrojarse como un tonto.

– Vamos, dime. ¿Qué fue lo que soñaste?

– Ya dije que no es nada. No fastidies.

– Pffff. – bufó. – Como quieras. – Ichigo no se sintió muy tranquilo con Renji resignándose tan fácilmente. Tal vez intentaría algo después, o peor, lo haría confesar frente a todos. Eso sería muy vergonzoso. No, mejor aprovechar ahora que estaban solos.

– Solo tuve un mal sueño. – confesó.

– ¿No me digas? – le dijo con sarcasmo. – Eso es obvio, idiota. Todos te vimos, pero quiero saber de qué se trataba ese sueño.

– So-soñé con tres niños. – dijo con simpleza, tratando de sonar calmado, aunque la idea todavía lo ponía nervioso. Pero si lo decía de manera rápida y sencilla, tal vez Renji no le tomara tanta importancia.

– ¿Eran tuyos? ¿Por eso gritaste? – preguntó el teniente. – ¿Te da miedo la idea de ser padre? – volvió a preguntarle arqueando una ceja. Le costaba trabajo creer que Ichigo pudiera enfrentarse a los más terribles enemigos, y vencerlos, pero que se asustara ante la idea de tener tres hijos.

– No es eso, es que…

– Es que Rukia era la mamá. – Renji completó la frase. Ichigo se soprendió al ver que lo supiera y que lo dijera de una manera tan calmada. Estaba seguro que se enfadaría, aunque claro, era solo un sueño.

– ¿Có-cómo supiste?

– Porque anoche mencionaste a un tal Sojun, y también nombraste a mi capitán. – le recordó con una sonrisa.

– Sojun. – dijo Ichigo recordando. – Sí. ¡Qué nombre tan raro! ¿Quién diablos le pondría así a un niño? – Renji sonrió al oír a Ichigo. – Oye, pero, ¿cómo supiste que Rukia era la madre de esos mocosos? ¿Qué tiene que ver eso con ese Sojun y con Byakuya? – preguntó estremeciéndose ante el recuerdo del capitán pelinegro.

– Era obvio que ese nombre solo se lo pondría Rukia. – respondió Renji con simpleza, mirando a su amiga que jugaba tranquilamente sobre el regazo de Ichigo.

– ¿Por qué?

– Kuchiki Sojun, ¿te suena? Así se llamaba el padre del capitán. – Ichigo palideció al oírlo. – Así que te sugiero que nunca te burles de ese nombre en presencia de él o de Rukia. Claro, si es que no quieres morir. – le dijo riendo. Ichigo asintió mecánicamente y no dijo nada más. – ¿Y? ¿Cómo eran los niños? – preguntó. Se sentía curioso ante la idea de los hijos de Rukia e Ichigo. No estaba seguro si le agradaba la idea, pero se sentía curioso.

– Bueno, eran… eran tres; dos niños y una niña. – explicó Ichigo en voz baja, como temiendo que alguien más lo escuchara. – La niña era la mayor, tenía mi cabello y los ojos de Rukia. Los niños tenían el cabello negro, el menor era solo un bebé y tenía el color de mis ojos. El otro tenía los ojos violetas de Rukia. Se veía muy apegado a Byakuya y hasta los encontré muy parecidos. – informó dando un ligero temblor a lo que Renji dio intensas carcajadas.

– Bueno, como sea. Solo era un sueño. – lo tranquilizó e Ichigo suspiró pesadamente. – No te preocupes que el capitán te mataría antes de llegar al primero. – le dijo con una gran sonrisa burlona. Ichigo palideció por un minuto, pero luego volvió a su color natural. Solo había sido un sueño, así que no había que preocuparse, pero de que había sentido temor, lo había sentido. Tres niños eran demasiado y más sumado a un cuñado como Byakuya.

- o -

Rukia ya estaba dormida en su silla cuando Inoue y Matsumoto regresaron de sus temibles compras y se acercaron al grupo cargando varios paquetes con un contenido misterioso.

Ahora solo faltaba que llegaran Ishida y Chad.

– Están tardando mucho. ¿Vamos a buscarlos? – propuso Inoue, después de esperar un rato.

– Es mejor esperarlos aquí. – respondió Renji. – Si vamos a buscarlos, solo conseguiremos separarnos más.

– Renji tiene razón. Esperemos aquí. – dijo Ichigo.

No pasó mucho tiempo para que los dos aparecieran. Ishida había comprado un par de libros que cargaba en una bolsa. En cambio, Chad venía con las manos vacías, pues lo que buscaba no lo tenían en aquella librería.

- o -

– ¿A dónde vamos ahora? – preguntó Chad.

– ¿Qué tal si vamos al centro de juegos que está arriba? – propuso Inoue. – Hay una enorme exhibición de conejos de peluche. A Kuchiki-san le gustará.

– Vayan ustedes, yo quiero irme. – dijo Ichigo.

– Vamos Ichigo, no seas aguafiestas. – se burló Renji.

– No quiero. Estoy cansado y tengo que estudiar, además Rukia también está cansada.

– No hables por ella. – lo regañó Renji. – Ella sería la más feliz de ir a ver esa exhibición.

– No quiero. – respondió Ichigo. – ¿Por qué quieres ver a esos tontos conejos? ¿Acaso se te pegaron los gustos de Rukia? – preguntó arqueando una ceja.

– Claro que no idiota. – se defendió. – Bueno, si Ichigo no quiere ir, vamos nosotros. – dijo tomando la sillita de Rukia y alejándose del pelinaranja. Los demás lo siguieron sin prestarle atención a Ichigo.

– ¡Oye! ¡Espera! – los llamó el pelinaranja. – Rukia se queda conmigo. – sentenció y extendió una mano para recibir la sillita donde Rukia dormía.

– ¿Eh? ¿Por qué? Si vamos allá precisamente para que ella vea todo y se divierta.

– ¿Estás loco? ¿Cómo va a divertirse? ¡Es un bebé idiota! Además, ¿no ves que está dormida?

– Pero ya se despertará.

– Dije que no. Si yo me voy, la enana se va conmigo. – al oírlo, los ojos de Matsumoto brillaron expectantes y sacó de su bolso un pequeño artefacto que se acomodó en el cabello como si fuera un broche.

– No seas idiota. Yo la cuidaré. – le gruñó Renji.

– Ya te dije que no. Ella tiene que estar conmigo. – repitió.

Los dos shinigamis se lanzaban rayos por los ojos. Uno quería quedarse con su amiga viendo la estúpida exhibición de conejos y el otro estaba cansado y quería llevarse a su… su amiga para descansar en su casa. Bueno, en la casa de Inoue.

En un descuido de Renji, Ichigo le quitó la sillita de las manos (sin mucha delicadeza, por cierto) y la dejó sobre una de las bancas para demostrar que no permitiría que se la llevaran. La pequeña cabeza de Rukia bailó de un lado a otro, pero por suerte no se despertó.

– ¿Qué… qué diablos? – preguntó Renji al ver su mano vacía de un momento a otro.

– ¿Sorprendido? ¿Es demasiado para tu lento trasero? – se burló Ichigo. Muchas venitas aparecieron en la cabeza del pelirrojo, quien con otro rápido movimiento, recuperó la silla de Rukia. Esta vez, Ichigo quedó sorprendido.

Así pasó el tiempo, con los dos idiotas tratando de demostrar quién era más rápido. Ninguno de los dos prestaba atención a todo el zangoloteo de la pobre bebé que dormía (o trataba de dormir) dentro de la silla.

Ahora los dos shinigamis casi se mostraban los dientes y estaban a punto de agarrarse a golpes. Comenzaron a tironearse de la ropa y a gritarse cualquier tontería que se les venía a la cabeza. Ishida quiso separarlos, pero Ichigo le dio un grito, haciendo enfurecer al quincy, quien le gritó de vuelta. Y así poco a poco todo el grupo de amigos comenzó a gritar. Unos se gritaban porque eran idiotas y no podían evitarlo; otros gritaban para calmar la situación; y otros como Matsumoto, gritaban solo para animar el ambiente.

Después de unos minutos y por todo el escándalo que tenían en pleno pasillo del centro comercial, aparecieron dos guardias que les pidieron amablemente que se largaran de una vez.

El grupo protector de Karakura y los tenientes del Gotei 13 caminaban escoltados hacia la salida, sintiéndose estúpidos y avergonzados.

Nadie se percató que la "silla duerme-mece-porta-bebés 2.0" había quedado en la banca, con bebé incluido.

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El viento soplaba refrescando las caras de seis personas en las afueras del centro comercial. Sentados en el suelo, parecían un grupo de desdichados con una nube negra sobre la cabeza.

Solo había dos personas sonrientes en todo el grupo.

– ¡Qué divertido! Nunca antes me habían expulsado de un centro comercial. – obviamente, Inoue era una de esas personas sonrientes. – ¿Cuánto tendremos que esperar para volver a entrar?

– Solo un rato. Esas personas no tienen buena memoria. – respondió Matsumoto, la otra persona que sonreía. La teniente miraba el pequeño objeto negro que tenía entre las manos y daba pequeñas carcajadas.

– Todo esto es culpa de Kurosaki. – comentó Ishida.

– ¿Mía? ¿Por qué es mi culpa?

– Porque sí. – respondieron Ishida, Renji y Chad al unísono. El pelinaranja se vio vencido de un solo golpe y no pudo hacer más que mirar en otra dirección. Al girar la cara, pudo ver a una joven pareja que iba de la mano y alrededor de ellos, corrían tres pequeños; dos gemelas y un niño. Sin duda, una hermosa familia.

Ichigo sintió que su cara se volvía roja y caliente mientras recordaba el sueño de la noche anterior. Renji, quien estaba sentado a su lado, se percató de eso y quiso burlarse de él.

– Es cierto Ichigo, dinos que soñaste anoche. – se burló. – ¿Por qué estabas tan nervioso? ¿Acaso fue algo con Rukia? – todos le prestaron atención y miraron en dirección al pelinaranja.

– ¿Q-qué estás diciendo? ¡Claro que no!

– Mira Rukia, Ichigo está avergonzado. Creo que soñó algo contigo. – dijo Renji riendo y bajó la vista para ver a la pequeña. Sin embargo, no vio nada. – Ichigo. – dijo con voz seria. – ¿Dónde está Rukia?

– ¿Eh? – Ichigo bajó la vista para buscar la sillita, pero no estaba. – Creí que tú la tenías.

– No está conmigo. – respondió Renji con voz monótona.

– Ya veo.

Pasaron tres segundos en lo que todo permaneció en silencio y solo se escuchaba el silbar del viento. Al cuarto segundo, cuatro enormes puntos negros aparecieron sobre las cabezas de todo el grupo.

– ¡RUKIAAAAA! – gritaron todos, poniéndose de pie como alma que lleva el diablo y corriendo desenfrenados de un lado hacia otro.

La gente que caminaba cerca de ellos miraba divertido a ese grupo de extraños que corría de un lado hacia otro. "Probablemente son comediantes ensayando su acto" pensaban.

– ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está?! – repetía Ichigo, con la cara totalmente pálida.

– ¡Aléjate de mí! – gritó Renji, quien también estaba pálido. – ¡Ve a buscar a otro sitio!

– ¡Kuchiki-san! ¡¿Dónde estás?! – la llamaba Inoue, desesperada, mientras corría y buscaba en todas partes; bajo los autos, bajo los árboles, sobre los árboles, incluso debajo de un pequeño cono de tráfico.

– ¡Es imposible que pueda estar ahí! – le gritó Ichigo, al ver que Inoue ahora asomaba su cabeza en un bote de basura.

– Ichigo, intenta sentir su reiatsu. – aconsejó Chad.

– ¡Buena idea! – dijo Ichigo esperanzado, tratando de concentrarse. – ¿Eh? ¡Idiota! ¡Si pudiera sentirlo no habría problema! – le gritó cuando se dio cuenta que Rukia ahora era un bebé, por lo tanto no tenía el reiatsu suficiente como para poder reconocerlo.

– ¡Cálmense todos! – gritó el chico de lentes. – Piensen, ¿cuándo vimos a Kuchiki-san por última vez? – preguntó. El quincy también estaba muy asustado y preocupado, pero tenía que ser el que mantuviera el control de la situación, pues era obvio que los idiotas de sus amigos no podrían hacerlo.

Todos corrían desenfrenados de un lado hacia otro, pero se detuvieron un poco a pensar.

– Yo no salí con ella. – dijo Renji. – Al parecer ninguno de nosotros lo hizo.

– ¿Entonces dónde la perdimos? – preguntó Matsumoto.

– Ichigo dejó la silla sobre la banca. – recordó Renji. – Después de eso los guardias nos corrieron, ¿recuerdan?

– ¡ESTÁ ADENTRO! – gritaron todos y se abalanzaron sobre Renji, quien cayó de espaldas y sintió todas las pisadas sobre él.

El teniente se levantó a duras penas y se sacudía las ropas mientras corría a la entrada del centro comercial. Apenas entrar, los mismos guardias de antes aparecieron y le prohibieron la entrada. Lo habían reconocido como el problemático chico pelirrojo que estaba armando un escándalo en uno de los pasillos. Lo llevaron a una habitación, donde para su sorpresa también estaba Ichigo.

– Bien, jovencitos. – comenzó uno de los guardias, rascándose la barba. – Como verán no pueden… – no alcanzó a terminar la frase, pues un fuerte puño se estrelló contra su cara y lo hizo volar y chocar contra la pared.

– No hay tiempo para esto. – dijo Ichigo, que acababa de golpear al señor. A su espalda, escuchó el golpe de otro cuerpo desplomándose sobre el suelo.

– Creo que pensamos lo mismo. – dijo Renji que acababa de noquear al otro guardia. – ¡Vámonos! – exclamó. Ambos shinigamis salieron de la habitación caminando tranquilamente para no llamar la atención, pero después de alejarse un poco, corrieron como locos.

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Rukia se había despertado y lo primero que vio fue un rostro que no le agradó para nada. Se sintió asustada y miró en todas direcciones tratando de encontrar a alguno de sus conocidos. ¿Dónde estaban? No lo sabía y eso la asustaba.

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"¡No puede ser! ¡No puede ser!" se repetía Ichigo una y mil veces. "¿Cómo has podido perderla?" se recriminaba a sí mismo. Sentía una dolorosa punzada en el pecho y la cabeza le daba vueltas. La sangre de las venas le hervía y no podía pensar con claridad.

¿Qué pasaría si no la encontraba? ¿Qué tal si algún enfermo se la llevaba? Apretó sus dientes con fuerza y frunció el ceño. Sacudió su cabeza para alejar esas horribles ideas de su mente y siguió corriendo por los pasillos del centro comercial.

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Matsumoto estaba parada en la otra salida del centro comercial; la puerta este. Ishida le había encargado que se quedara ahí a vigilar en caso que alguien tratara de llevarse a Rukia. La teniente aceptó, pues era una buena idea y se plantó para hacer guardia.

Matsumoto miraba con ojo de águila a todas las personas que pasaban cerca de ella. En eso, se fijó en un extraño hombre que la miró y bajó la vista de una manera nerviosa y sospechosa. Llevaba un bebé de cabello negro en un brazo y caminaba rápidamente.

– ¡Usted, deténgase! – gritó Matsumoto apuntándolo con el dedo. El hombre se asustó y trató de alejarse de esa mujer que parecía loca. – ¡Deténgase le digo! – el hombre no le hizo caso y caminó más rápido, cargando al bebé entre sus brazos. – ¡Qué te detengas, idiota! – gritó con furia. No pasaron ni dos segundos y Matsumoto ya lo había alcanzado y ahora estaba sobre él. Con cuidado, le quitó la bebé de los brazos. – Rukia, tranquila. Ya estás bien. – dijo girándola para verla mejor. – ¿Eh? ¿Quién eres tú? – preguntó con cara de sorpresa.

No era Rukia, era un pequeño niño de cabello negro y ojos marrones que la miraba asustado.

– ¡¿Qué hace?! – gritó el hombre bajo Matsumoto. – ¡Devuélvame a mi nieto! – gritaba, tratando de zafarse. – ¡Auxilio! ¡Ayúdenme! ¡Quieren robarme a mi nieto!

La multitud comenzó a acercarse a las dos personas que armaban el escándalo. Matsumoto estaba nerviosa. Se había equivocado y ahora todos pensarían que era una loca psicópata que atacaba a los hombres sin motivo. Tenía que inventar algo y tenía que ser algo creíble. Se levantó de encima del hombre, le entregó al bebé y se sacudió la ropa y el cabello.

– Ho-ho-ho. ¡Muy bien hecho señor! – dijo riendo teatralmente con una mano apoyada al lado de su cara. – Soy oficial de policía y esto fue un simulacro de secuestro. – explicó, ayudando al señor a levantarse. Registró su bolso y con un rápido movimiento les enseñó la placa policial al círculo de curiosos. Claro que lo hizo tan rápido, que nadie pudo ver que en realidad se trataba de su credencial de la Asociación de Mujeres Shinigami. – Esto es lo que tienen que hacer en un caso similar. Es usted un muy buen ciudadano. – le dijo. – Siga así. – le dio una palmada en la espalda y desapareció corriendo del lugar en menos de un segundo.

Todos quedaron perplejos. ¿En verdad había sido un simulacro policial? Claro que recientemente la policía realizaba muchos simulacros extraños, pero nunca habían visto uno similar.

El hombre seguía impactado por lo ocurrido. Esa mujer era muy hermosa y le había llamado la atención cuando la vio parada en la puerta, por eso se había quedado mirándola tan descaradamente, pero nunca se imaginó que fuera a saltar sobre él y mucho menos que resultara ser policía. De ahora en adelante tenía que ser más recatado.

- o -

Ichigo seguía corriendo por el centro comercial, entrando a todas las tiendas que veía y buscando en todos los rincones.

Su mente solo le daba señales de alerta. No podía perderla. No podía. No podía. "¿Cómo pudiste perderla Ichigo? ¿No habías jurado protegerla?" se gritaba a sí mismo. "Si algo le pasa yo…"

Sintió como poco a poco iba perdiendo la razón. La desesperación se tragaba su conciencia y el dolor en el pecho era cada vez mayor. Sintió una pequeña punzada en el muslo derecho, pero no le tomó importancia. Su única preocupación era que la enana apareciera, que estuviera bien.

"Por favor, que esté bien. Que esté a salvo" pedía con fervor. No sabía a quién se lo pedía exactamente, solo esperaba que alguien lo escuchara y lo ayudara.

Ya había recorrido todo el primer piso del centro comercial según el plan que Ishida les había dicho: Renji se encargaría de revisar el segundo piso; Chad las terrazas; Ishida revisaría el tercer piso e Inoue cuidaría la entrada principal.

No quería seguir dando vueltas ahí, ya se estaba desesperando, así que decidió subir al segundo piso para ayudar a Renji. Tal vez entre los dos podrían encontrarla.

Subió corriendo la escalera mecánica, sin importarle empujar a todas las personas que subían por ella tranquilamente. No tenía tiempo para esperar.

Llegó al segundo piso y corrió a través del pasillo fijándose en algunas tiendas. Lo único que quería ver en ese momento era el cabello negro de Rukia y sus ojos violetas, esos ojos en los que tantas veces se veía reflejado y que lo hipnotizaban por completo.

Algo hizo "clic" dentro de su cabeza, revelándole una verdad muy antigua, pero totalmente ignorada por él. Aunque claro, tampoco le prestó atención. No era tiempo todavía.

- o -

Seguía corriendo, mirando en todas direcciones. Escuchó a alguien llamándolo y volteó a ver, pero sin dejar de correr. No había nada. Al voltear la cabeza, se encontró con Renji que también corría, pero iban muy rápido como para detenerse y ambos chocaron en un violento golpe que los dejó tirados en el suelo.

- o -

– ¿Estás bien Kurosaki-kun? – preguntó Inoue agachada a su lado. Renji ya estaba de pie y se frotaba la cabeza, adolorido. A su lado, estaban los demás.

– ¡Rukia! – exclamó. No podía seguir tirado ahí, tenía que encontrarla. – ¡Rukia! Tengo que…

– Cálmate Kurosaki. – dijo Ishida con voz suave.

– ¡¿Cómo quieres que me calme?! – gritó exaltado. – Por mi culpa ella…

– ¡Ya cállate! – exclamó Renji, poniéndole un pie sobre la cabeza. – ¿Quieres que nos boten de nuevo, idiota? – le gruñó.

– Kurosaki-kun. – lo llamaron. Volteó a ver quién era y abrió los ojos muy sorprendido al descubrirlo. – Kurosaki-kun, ¿estás bien?

– Sa-Sato. – dijo al ver a su compañera peliverde. – ¿Qué haces aquí?

– De compras. – respondió con simpleza. – Mira lo que me encontré. – dijo enseñándole lo que llevaba en los brazos. Ishida frunció el ceño al oírla. ¡La estaba tratando como si fuera una cosa!

– Ru-¿Rukia? – dijo con voz quebrada. La pequeña le dio una gran sonrisa y extendió sus brazos para que la cargara. Ichigo la tomó y la estrechó fuertemente mientras sonreía. – Rukia, ¡qué alivio que estés bien! – su expresión mostraba un alivio y felicidad que sus amigos nunca antes habían visto en él. Bueno, en realidad si la habían visto un par de veces, pero nunca en una situación así.

El abrazo fue tan emotivo y cargado de sentimientos que todos los presentes sintieron sus mejillas enrojecer y miraron en otra dirección, sintiéndose avergonzados por estar presentes. Solo Sato no comprendía el asunto, aunque se extrañaba que Ichigo mostrara ese nivel de adoración por esa niña, siendo que no era suya.

Pasaron varios segundos hasta que Ishida se aclaró la garganta. Ichigo pareció reaccionar y se dio cuenta de la situación. Todos lo miraban con la cara roja y con una sonrisa algo pervertida en sus caras. Sato lo miraba con cara de estar esperando algo, tal vez algún tipo de recompensa especial por haber encontrado a Rukia.

- o -

Ishida se había encontrado con Sato y fue el primero en descubrir a Rukia. Trató de avisarle a Ichigo por teléfono, pero el muy tonto nunca contestó la llamada; tenía el celular en modo silencio y no lo escuchó. Esa era la punzada que sentía en la pierna, era el aviso vibrante de la llamada de Ishida.

Sato le explicó a los demás como fue que se encontró con la sillita de Rukia (con ella incluida) y como la había tomado para llevarla a la estación de policía del centro comercial, pues sabía que Ichigo la cuidaba pero al no saber su teléfono o la dirección de su casa, no podía avisarle. Iba de camino cuando se encontró con el quincy.

Ichigo le agradeció infinitamente por su ayuda y hablaron durante un buen rato. Cuando quedaron solos, Sato se inclinó sobre él esperando su recompensa. Puso su mano sobre la rodilla de Ichigo, cargó su peso sobre él y acercó su cara a la suya.

– Gracias por tu ayuda Sato. No sé qué hubiera hecho si no la encontraba. – dijo Ichigo, levantándose. Sato casi se cae al perder el apoyo de la pierna de Ichigo, pero actuó como si nada.

– No es nada Kurosaki-kun. – le dijo con una fingida sonrisa. – Es algo que cualquiera haría. Pero… dime una cosa. – le preguntó. – Esta niña, ¿en verdad es tan importante para ti?

Ichigo abrió los ojos, sorprendido por un minuto. Se rascó la nuca y dio un gran suspiro.

– Lo es. – respondió. – Creo que sin ella, no puedo continuar con la velocidad del mundo. –dijo con una pequeña sonrisa. Luego se levantó y agradeciéndole una vez más, se despidió.

En casa de Inoue.

– ¡Por dios! ¡Qué susto hemos pasado! – dijo Renji desplomándose sobre uno de los cojines alrededor de la mesa.

– Ni que lo digas. – dijo Ishida. – Se imaginan que hubiera pasado si…

– No lo digas. – lo interrumpió Renji. No quería ni pensar en qué habría pasado si no hubieran encontrado a Rukia. Probablemente se hubiera vuelto loco.

– ¿Se lo dirán al hermano de Kuchiki? – preguntó Chad.

En ese momento, Renji recién pareció percatarse de otra cosa que habría pasado si es que no la hubieran encontrado. También se percató de lo que pasaría si se atrevía a contar a su capitán lo ocurrido: cómo él, teniente de la sexta división; uno de sus mejores amigos y además su reciente "guardián" la había perdido en un centro comercial. No. Eso significaría una sola cosa: un millón de filos de espada volando en dirección a su cabeza.

– ¡Estás loco! – gritó Renji, pálido y temblando como ardilla. – ¡Me mataría! No, gracias, mejor que no se entere nunca. Rangiku-san, supongo que tampoco le dirás, ¿verdad? – preguntó con ojos suplicantes.

– ¡Cómo crees! Él también me mataría, es más, creo que hasta lo ayudaría mi propio capitán. – respondió temblando, pero sin perder su sonrisa.

– Pero Sato-san fue de mucha ayuda, ¿verdad? – comentó Inoue.

– Sí. Esta vez tuve que agradecerle. – respondió Ishida sin muchas ganas. A pesar de todo, seguía cayéndole muy mal.

– ¿Rukia ya se durmió? – preguntó Matsumoto.

– Sí. Estaban cansados. – respondió Inoue, mirando en dirección a los futones. donde habían dos cuerpos sobre ellos.

Ichigo y Rukia dormían plácidamente en uno de los futones. El pelinaranja pasaba protectoramente su brazo por encima del pequeño cuerpo de la bebé shinigami, quien a su vez, se agarraba con fuerza a su peluche del Embajador de Algas.

Todos sonrieron al ver la escena y voltearon para seguir en lo que estaban. Matsumoto, disimuladamente volvió a ponerse ese extraño broche en el cabello y de vez en cuando presionaba uno de los botones de su blusa. Nadie le prestó atención a lo que hacía.

/"Reportando en vivo desde el Centro Comercial de Karakura"/ – se escuchó en la televisión la voz del periodista que hacía un despacho en vivo. – /"Con ustedes, el señor Saotome Shintarou-san, quien fue reciente víctima del supuesto simulacro de secuestro por parte de una extraña mujer que fingía ser policía"./ – Todos se concentraron en la noticia que daban en la televisión.

/ – "Sí. Yo solo pasaba por aquí y esa mujer comenzó a gritar para que me detuviera y luego se abalanzó sobre mí y trató de quitarme a mi nieto. Cuando la gente se acercó, nos dijo que era policía, pero resulta que estaba mintiendo."/

/" – Oh, que terrible Saotome-san. / – continuó el periodista. – /"Como ven, hay una extraña mujer que al parecer está realizando este tipo de acciones, con fines desconocidos. Contactamos con el jefe de policía y nos aseguró que la policía de Karakura jamás ha realizado un simulacro de este tipo, así que alertamos a los ciudadanos para que tengan cuidado, pues nadie sabe nada acerca de los motivos de esta mujer. Según los perfiles físicos y psicológicos, hechos con el testimonio de Saotome-san, se trata de una hermosa mujer desequilibrada que al parecer trata de robar niños. Aquí les mostramos un retrato hablado de la sospechosa"/ – todos miraron a Matsumoto, confundidos. – /"Continúa la búsqueda de esta peligrosa mujer. Repetimos tener máxima precaución en estos alrededores. En el próximo…"/ – la televisión se apagó de pronto y todos voltearon a ver a Matsumoto que sujetaba el control remoto y miraba nerviosamente al suelo.

– Renji, necesito el modificador de memoria. Ahora. – pidió la teniente.

En la Sociedad de Almas.

El pequeño capitán peliblanco ya había terminado su trabajo y estaba a punto de irse a dormir, cuando una noticia llamó su atención, al parecer era la repetición de un reportaje en vivo. Decidió sentarse y verla, mientras terminaba de beber su té. Ahora el Seireitei contaba con una gran antena de televisión que conectaba con varios canales del Mundo Real, principalmente con los de Karakura, obviamente por idea del Capitán General del Gotei 13.

Hitsugaya escupió el té que bebía al oír el reportaje y ver la imagen del retrato hablado de la supuesta ladrona de niños en Karakura. Muchas venitas palpitaban furiosas en su cabeza y maldijo a viva voz. Sabía que algo malo ocurriría si la dejaba ir. Claro que no la había dejado, más bien se había escapado, aunque él tampoco fue a buscarla. Pero ya era suficiente. No permitiría que avergonzara aún más al décimo escuadrón, así que mañana mismo partiría a Karakura a traer a su teniente de vuelta aunque sea a rastras. Solo esperaba que no mucha gente del Seireitei hubiera visto aquella noticia.

"Prepárate Matsumoto" pensó el peliblanco, mientras apagaba el televisor y caminaba hacia la salida.

Una tormenta venía en camino, una tormenta de cabello blanco y ojos turquesa.


Que tal? :) ojala les haya gustado, me rei mucho escribiendo este capitulo... sobre todo la parte de Matsumoto y cuando todos se dan cuenta que Rukia no estaba con ellos...jajaja.

No pude evitar escribir esa frase final de Ichigo... me encanta! es una de mis frases Ichiruki favoritas :D nyaaaa

Bueno, nos leemos pronto.

Matta nee :)