Pokémon Reset Bloodlines – Especial de Navidad 2018

Publicado y traducido por Fox McCloude, escrito en colaboración con partner555, Viroro-kun, Crossoverpairinglover y BRANDON369.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines es propiedad de Crossoverpairinglover, y las viñetas aquí escritas son propiedad de sus respectivos autores. Todos los derechos reservados.


Summary: Más historias de Navidad de la nueva realidad. Familia, amigos y seres queridos, humanos y Pokémon, celebran cada uno a su manera sus festividades.


VIRORO-KUN

- ¡Jojojojo! ¡Feliz Navidad a todo el mundo!

El alegre y regordete anciano vestido de rojo se aseguró de volar justo por encima de la plaza central del pequeño pueblo, y su trineo tirado por Stantlers era claramente visible para todos desde abajo. Todo mundo lo miraba con confusión, y en algunos casos con sonrisas alegres, mientras continuaba riéndose detrás de su poblada barba.

- ¡Miren, es Santa Claus!

- ¡No es posible! ¿Es real?

- Debe ser algún truco publicitario, es…

- ¡Ah, cállate! ¡Claro que es real!

El hombre disfrutó de la breve atención, pero rápidamente metió la mano en su saco para agarrar varios regalos, arrojándolos hacia la multitud para que los reclamaran. Toda la gente corrió a atrapar sus regalos, hasta que cada quien tuvo un paquete en las manos, arrancando la envoltura para ver lo que había dentro. Sonrió todavía más al despedirse de la multitud, y ellos hacían lo mismo.

Pronto, el trineo abandonó los cielos del pequeño pueblo, y el hombre y sus renos rápidamente aterrizaron donde nadie los podía ver. El hombre se permitió reír otra vez, y con un giro rápido, el alegre símbolo de la Navidad se vio reemplazado por un divertido y sonriente Gastly. El Pokémon Fantasma observó el pueblo que acababa de pasar, y su sonrisa se hizo más ancha todavía.

- Muy bien, con eso tenemos otro pueblo completado. – dijo materializando una libreta de notas, escribiendo rápidamente con un bolígrafo flotante. Detrás de él, los Stantler tomaron la forma de otro Gastly, un Haunter y un Gengar, todos estirándose mientras se unían a su líder. Haunter se rascó la cabeza, mirando de nuevo hacia el pueblo.

- No lo entiendo, jefe. ¿Para qué estamos actuando como ese sujeto de la Navidad? Creí que éramos más de asustar.

- Normalmente sí, pero este es un caso especial. – Gastly miró hacia arriba, perdiéndose en sus memorias. – Yo estuve allí cuando la Navidad fue creada, y fueron circunstancias bastante interesantes. Bien vale la pena pasarla a futuras generaciones.

- Espera. – Gengar ensanchó los ojos. – ¿Tú creaste a Santa Claus?

- Originalmente solo eran el hombre misterioso con abrigo rojo y su asistente metálico, pero los cambios en la sociedad requirieron un cambio de imagen con el tiempo para hacerlo más amigable para las familias, ¿me entienden? – Gastly hizo un gesto de encogerse de hombros con su gas. – Pero nah, la imagen actual no fue invento mío.

- ¿Y cómo llegamos a ella? – preguntó el otro Gastly ladeando la cabeza.

- Eso fue gracias a mí.

Escuchando la voz desconocida y la risa atronadora que siguió después, el trío de Pokémon Fantasmas rápidamente se dio la vuelta con sorpresa, mientras su líder permanecía imperturbable. Tal como esperaba, un desorden de pixeles se materializó frente a ellos, adoptando la forma de uno de los más icónicos símbolos de la Navidad comercializada que había perdurado hasta hoy.

- Hola, Santa. ¿Ya terminaste tu gira mundial? – Gastly flotó hacia él, sonriendo. Santa asintió y se desempolvó sus ropas.

- Sí, fue muy fácil. Muchos niños despertaran muy felices mañana.

Gastly se alegró de oírlo, sintiéndose más relajado con sus deberes actuales. Definitivamente se lo tomaba con más calma que sus tres compatriotas, que observaban a su viejo amigo completamente sin habla. Les tomó unos segundos antes de que se acercaran a ver a Santa con incredulidad.

- ¡Espera, espera, espera! ¿Tú eres Santa?

- ¿Y eres real?

- ¿Y con los pixeles y todo eso?

Gastly se permitió una carcajada al oír esas y muchas otras preguntas raras del trío hacia el anciano. Por su parte, Santa dejó salir otra risa alegre y se les acercó.

- Sí soy real en efecto. Me gusta hacer el bien y esparcir la felicidad, pero necesito un agente de relaciones públicas para proyectar una imagen amigable para lo que hago, y Gastly aquí tenía una leyenda que funcionó bien para eso.

- Es un placer y un honor ayudar, la imagen de Santa Claus es una de la cual me enorgullezco enormemente. – Gastly hizo una reverencia medio burlona, solo para entrecerrar los ojos y mirar hacia la distancia. – Qué lástima que esa compañía de bebidas todavía insista en no pagar los derechos por la marca registrada…

- Siempre pensando en el dinero. Definitivamente terminarías en mi lista de los odiosos si fueras un niño.

- ¿Oh, en serio? – Gastly flotó hasta ponerse frente a la cara de Santa, rodando los ojos con una sonrisa maliciosa. – Lo que se gana por lealtad al servicio.

Santa y Gastly soltaron juntos una carcajada, como siempre lo hacían luego de esa asociación pluricentenaria. Al terminar su intercambio de risas, Gastly miró a los otros tres fantasmas, que todavía parecían seguir pensando en las implicaciones de lo que acababan de descubrir. Y entonces, todos sonrieron juntos.

- Esperen un segundo, si ustedes manejan la imagen de Santa…

- ¡Significa que podemos mejorarla! ¡Podemos hacerla aterradora y toda la cosa!

Haunter apretó los puños, y Gengar hizo lo propio. El otro Gastly solo flotó de arriba abajo con entusiasmo.

- ¡El tenebroso portador de regalos! ¡Materializa objetos de la nada mientras mira directo dentro de tu alma!

- ¡Eso será un éxito total, sin duda!

- ¡Pero tenemos que ser más aterradores! ¡Pensemos en algo mucho más hardcore!

La charla de los tres rápidamente descendió en murmullos incoherentes mientras intercambiaban ideas, pasando de las plausibles a las imposibles bastante rápido. Gastly perdió el hilo de las ideas a los pocos segundos, e intercambió miradas confusas con Santa. Los tres permanecieron en silencio por un rato, hasta que Santa volvió a mirar a los tres conspiradores.

- ¿Son tus pasantes, por casualidad?

- Más bien a tiempo parcial. Aunque son más comediantes que cuentistas… – suspiró Gastly. El repartidor de regalos se frotó la barba, tratando de imaginarse lo que el trío sugería.

- Tenebroso portador de regalos, ¿eh? Me pregunto lo que pensará MissingNo de eso…

Gastly le echó una mirada fulminante a Santa, antes de enfocar de nuevo su atención a los tres fantasmas de Pueblo Lavender. Su trabajo iba a ser mucho más difícil a partir de ahora…


CROSSOVERPAIRINGLOVER

Tener tantos amigos quería decir que había sido arrastrada a muchos clubs en busca de apoyo moral y tener que esperar por ellos. Uno de ellos que se enfocaba en los negocios había dicho que por cada oportunidad siempre había un beneficio y un costo. Podía poner el esfuerzo necesario para obtener el beneficio o no, y al hacerlo tenía que aceptar el costo. O podría no conseguir el beneficio, o tener que pagar el costo más tarde de lo esperado.

Un club que solo recordaba vagamente de pronto se sintió más relevante para May mientras caminaba por el centro comercial de Petalburg, con la cartera un poco más ligera de lo que le gustaría, y las fiestas demasiado cerca para su gusto. Únicamente las rebajas de precios actuales le dieron alguna esperanza de poder lograrlo esta vez, sobresaliendo vívidamente en los ventanales mostrando las fuentes y colores más llamativos posibles. Ciertamente atraían su atención, aunque más por necesidad que por beneficio como normalmente lo era.

- De acuerdo, May, ¿qué hay de malo con haber tenido que salvar a tus amigos solo porque olvidaron sus almuerzos, o que el consejo escolar haya incrementado los precios así de la nada? Eres una compradora inteligente y puedes lograr cualquier cosa que te propongas.

Tras unos murmullos para sí misma y un golpecito en el pecho, May dio sus pasos con más confianza, con sus zapatos resonando contra el piso con un poco más de fuerza adicional. No era ningún problema. Solo tendría que recortar algunas esquinas. Sus amigos lo entenderían. Si lo hacía de esa manera le quedaría suficiente dinero para sus padres, para Max, y para…

Recordar que tenía parientes paternos hizo que su entusiasmo volviera a desinflarse al dar un último paso triunfante, quedándose quieta mientras el peso del problema volvía a ella de un solo golpe. ¿A quién tendría que decepcionar? ¿A quién tendría que dejar por fuera? Quizás podría simplemente explicar las cosas y pedir algo de dinero para reemplazar el que había perdido…

- "May, estoy orgulloso de ti por hacer lo correcto y ayudar a tus amigos. Como padre no podría estar más orgulloso de ti. Sin embargo, como padre también tengo que educarte sobre cómo todas tus acciones, incluso las correctas, tienen consecuencias. Así que tristemente no puedo darte más dinero, pero siéntete libre de dejarme por fuera para mantener la lección en mente yo también. ¡Papapapapapapapapapapapapapapapapa!"

¿Por qué la conversación en su cabeza había devenido en su padre riéndose como uno de los personajes de esos mangas que solía leer? Pero risa o no, probablemente así era como terminaría. Aunque la idea de no darle a su papá el mejor regalo le parecía muy mal. Estaba mal.

- Hey tú, jovencita. ¿Tienes el aspecto de alguien que necesita un poco de dinero extra?

Su atención volvió a aterrizar de su mente y se desvió hacia una tienda que no era tan llamativa ni publicitaria como las cadenas de ropa y accesorios que poblaban la mayor parte del centro. Era una simple tienda de abarrotes, poco remarcable y de aspecto algo tosco, donde un hombre de edad mediana, pelo grasiento y una ligera barriga le hacía señas con la mano para que se acercara. Si no la hubiese llamado, seguro habría seguido caminando.

- No tengo tiempo para trabajos.

Eso era verdad. Este último año había sido un calvario total y no tenía tiempo para pasar trabajos encima de todo. Pero el hombre negó con la cabeza, sin perturbarse en lo más mínimo.

- Oh, no, no, no, jovencita. No te estoy ofreciendo nada. Te estoy vendiendo.

Le extendió una hoja plana de papel con una fuente agresiva en negrita que declaraba "GRAN GANADOR". Era como lo que había en las ventanas, pero con menos rojo y verde por los colores de temporada. Sabía exactamente lo que era, y ese era el problema exacto con ello.

- Tampoco tengo edad para comprar billetes de lotería.

Que la gente pensara que era mayor de lo que era, por dos razones específicas, resultó entretenido una vez. Hasta halagador de paso. Pero luego se volvió aburrido. Tenía catorce y la gente parecía no darse cuenta. Ni los vendedores de Magikarps, ni la gente que visitaba el gimnasio, ni nadie más. ¿Debería vestirse con ropa más juvenil para que la gente lo viera? Tal vez con algo rosa y con encajes, o algo que dejara más en claro su edad real.

El hombre pareció sorprendido por lo que dijo de su edad, y ella alcanzó a verle que los ojos bajaban ligeramente por la incredulidad, pero se recuperó rápidamente.

- Estos no son billetes, son tarjetas para raspar. Raspa una de ellas y puedes ganar. No es tanto como la lotería, pero unos pocos cientos de billetes no están mal para una niña de catorce.

Unos pocos cientos bastarían, pero no tenía mucho dinero a la mano. Desperdiciar un par de billetes en una tarjeta para raspar por una oportunidad tan pequeña sería estúpido, pero cuando vio los estantes de las tiendas con las etiquetas en ellas…

Solo costaba un dólar, y al ver las tarjetas sintió que le daba una punzada por dentro. El tipo que solo le daba cuando jugaba en la máquina de las tenazas con sus amigos. Una sensación de cuándo debía presionar el botón, y conseguirse un nuevo peluche. De pronto, todas sus preocupaciones se empezaron a derretir.

- Claro, una sola no hará daño. No es que me esté jugando algo a vida o muerte, ¿verdad?

El hombre grasiento asintió mientras la dejaba pasar a la tienta, observando con anticipación mientras se aproximaba al estante con las tarjetas.

- Bien, ¿serán cinco, o siete…?

Apartó una de las tarjetas, luego la segunda y la tercera, y de pronto dejó descansar su dedo en la cuarta. Esta parecía más azul que las otras, haciendo que su cuerpo comenzara a sacudirse ligeramente por electricidad estática con solo sostenerla. Rápidamente reemplazó las primeras tarjetas que agarró y la sostuvo en alto.

- Nop, con esta será suficiente.

El hombre la miró como si fuera una niña ignorante, probablemente menor de lo que realmente era, pero cogió su dinero a pesar de todo mientras ella sacaba una moneda y empezaba a rasparla.

Dejó de mirarla como si fuera una simple niña dulce e ingenua y se quedó incrédulo cuando la moneda reveló los números que raspaba. Primero un uno, luego un dos, y finalmente, tres sietes rojos seguidos.

- Gané.

Ella sonrió incluso mientras el hombre se quedaba mirándola estupefacto, con la quijada colgándole abierta y exponiendo algunos dientes negros. Aunque le dio crédito por no ponerse a gritarle que hizo trampa o algo más patético por el estilo.

Ella era May, la chica con más suerte de Petalburg. La mejor en la máquina de tenazas, la mejor en los juegos de mesa. La chica con el mejor padre en el mundo y una persona buena y honesta.

Y ahora, era la chica con todo el dinero que necesitaba para conseguir los mejores regalos de Navidad en Petalburg antes de poder salir a ver el mundo el próximo año.


VIRORO-KUN

En retrospectiva, nunca se había tomado el tiempo de apreciar todo el esfuerzo que la gente hacía en preparar Isla Exta para Navidad. Cada hogar estaba iluminado con luces festivas, y en toco el centro de la plaza de la ciudad había un gigantesco y bien decorado árbol de Navidad, alrededor del cual varias familias se reunían para pasar tiempo juntas. Quizás no fuese la más grande entre las Islas Sevii, o incluso que fuese un lugar grande para empezar, pero todavía seguía siendo cálido y acogedor.

Rosso suspiró, ajustándose su abrigo. El hecho de que apenas lo estaba apreciando ahora decía mucho de cuánto pertenecía en su pueblo natal. Intercambiando miradas con Electabuzz, Scyther y Machoke, todos de pie cerca de la roca donde él estaba sentado, observaron fijamente al solitario pueblo de la isla, temblando ligeramente por el frío. Podrían haber hecho una visita al Centro Pokémon para tomarse una taza de chocolate caliente, y se la merecían luego de todo su entrenamiento.

El chico apretó sus puños, fijando su atención de vuelta en la plaza central. El lugar estaba concurrido de vida, pues todo mundo andaba ocupado con sus propias preparaciones para las fiestas que se aproximaban, y casi todo mundo se veía con una sonrisa en el rostro. Las mismas sonrisas que él destruía por diversión, usando lo de "dar todo lo que tengas" como excusa para su propia cobardía e inseguridad. Tratando a oponentes más débiles como sacos de golpear para sentirse más fuerte.

Desvió la mirada, intentando no pensar demasiado en la gente a la que lastimó. Y fue entonces que escuchó unos ruidos de batalla, no muy lejos de donde se encontraba.

- ¡Usa Ráfaga!

- ¡Esquívalo y usa Pico Taladro!

Las voces familiares atrajeron la atención de Rosso y sus Pokémon, y todos miraron hacia una parte más remota del claro, donde notaron al anciano y al niño de gafas que se enfrentaban uno al otro. Rápidamente los reconoció como el viejo Unsho y su nieto Shige, y estaban en medio de un combate de entrenamiento donde el Fearow de Unsho volaba en círculos alrededor del pequeño Pidgey de Shige. Obviamente el encuentro iba más en favor del anciano, y ese Pidgey jamás habría tenido oportunidad contra un Pokémon con la experiencia de Fearow.

Y aun así, el chico y su pequeño pájaro no parecían preocupados ni desanimados. Siempre trataba de atacar cuando podía, usando Ráfagas para forzar a Fearow a ir hacia donde pudiera golpearlo, y empleando una gran variedad de trucos ingeniosos. No eran suficientes para ganar alguna ventaja, pero sí para que Unsho sonriera con orgullo todo el camino. Incluso cuando Pidgey terminó por caer por el agotamiento, ni Shige ni Unsho mudaron sus semblantes al recuperar a sus Pokémon y felicitarlos por su esfuerzo. Ambos guardaron sus Pokébolas y se acercaron uno al otro.

- Lo estás haciendo muy bien. Estoy seguro de que serás un gran entrenador. – dijo Unsho mientras le daba unas palmadas en el hombro a Shige, con una sonrisa de orgullo en el rostro.
Shige le devolvió la sonrisa a su abuelo y levantó su puño.

- ¡Lo haré! ¡Seré más fuerte incluso que tú y que Red en el futuro!

Nieto y abuelo continuaron disfrutando de su pequeño momento juntos, ambos mucho más felices de lo que lo habían estado en un largo tiempo. Rosso continuó observándolos, inseguro de qué decir o hacer.

Podía sentir la mirada de sus Pokémon sobre él, incluso sin darse la vuelta hacia ellos. Sabía lo que estaban tratando de decirle. Podría haber tratado de enmendar sus acciones, disculparse por lo que hizo, probarles que quería ser una mejor persona. Después de todo, era esa época del año.

El entrenador se pasó la mano por el rostro, y luego suspiró mientras bajaba la mirada. Habría sido lindo que el idiota egoísta y bravucón encontrase la redención y fuese aceptado, y él sabía que Unsho y Shige eran muy buenas personas. Pero después de mirarlos a los dos más de lo que habría deseado, decidió que era suficiente y les indicó a sus Pokémon que lo siguieran.

Al ver a Unsho y Shige una vez más, tragó saliva, tratando de pensar en qué hacer. Y entonces, exhaló y se dio la vuelta hacia el otro lado, en dirección hacia el puerto del Ferry Seagallop y alejándose de su pueblo natal. Era la única forma de asegurarse que hubiera una feliz Navidad en Isla Exta sin arruinarles el día a nadie después de como actuó con todos los habitantes.

Aunque la Navidad fuese un tiempo para los milagros, él realmente no se merecía ninguno.


BRANDON369

-¡Un brindis por la Navidad! ¡Un brindis por la piratería! ¡Un brindis por el Capitán Crook!

Fiesta y borrachera sin igual, la vida de un pirata era ciertamente reconfortante, y mucho más cuando pertenecías a la tripulación del Capitán Crook. El Capitán era un hombre astuto, incluso cuando se trataba de celebrar las fiestas. Mientras otros idiotas irían a festejar la Navidad en lugares helados y se congelaban sus traseros, los piratas de Crook celebraban su Navidad en una pequeña isla al sur de Isla Mandarín que él mismo había descubierto. Era una isla tropical desierta, llena de fruta y algunas parvadas de Farfetch'd, un escondite para algunos de sus tesoros más valiosos y el lugar perfecto para una Navidad cálida y relajante.

- ¡Muy bien, marineros de agua dulce! – El Capitán levantó su copa, llamando la atención de su tripulación. – ¡Vamos a brindar por otro año glorioso de nuestra tripulación pirata! ¡Traigan el ron!

Por primera vez en mucho tiempo, el Capitán Crook estaba alegre. Siempre había disfrutado de las fiestas navideñas, pues su señor padre, que en paz descanse, le había enseñado todo sobre ellas. O al menos hasta que ese maldito Bloodliner volador lo convirtiera en bocadillo de Feraligatr.

Ya lo tenía decidido; se embriagaría junto a su tripulación en aquella isla tropical, festejando hasta el amanecer. Nada podía arruinar su buen humor…

- Oiga Capitán… ¿Cree que deberíamos enviarle una tarjeta navideña al Fantasma? Quizá así nos perdona por perder todo nuestro botín contra aquel Montañero. Hasta podría regalarnos un barco. Necesitamos un barco nuevo, ¿recuerda?

Claro, nada podía arruinar su buen humor… excepto el idiota de Scuz.


FOX MCCLOUDE

La ventisca afuera arreciaba, y fue una suerte haber podido llegar hasta el albergue antes que desatara toda su furia. Asuka Jouda era una mujer fuerte y viajera con experiencia, pero hasta ella sabía que era mejor no desafiar a la naturaleza. De nuevo, se había aventurado bastante alto en el Monte Plateado para tomar la ruta más corta, pero el clima no estuvo de acuerdo, al menos aquel día en particular.

Una lástima en serio, pero no había podido llegar a Kanto a tiempo para celebrar la Navidad con su marido y su hijo, y tendría que quedarse allí hasta que el clima mejorase. Por mucho que le doliera, tendría que aguardar hasta que pasara la tormenta.

Mientras se tomaba un poco de chocolate caliente de su termo, su teléfono comenzó a pitar. La mujer lo sacó para encontrarse con una alerta de fotografías que acababa de enviarle su marido, mostrándolos a él y su hijo en una gran fiesta.

- Ah, es verdad. Me habían dicho que el Clan Fisher los había invitado a celebrar con ellos.

Desearía haber podido llegar a tiempo. Cuando hizo esa breve parada en Ciudad Matcha y se encontró con su hijo, le agradó ver que hubiese encontrado buena compañía en su viaje, y más tratándose de una jovencita tan encantadora.

- ¿Hmm? ¿Qué tenemos aquí?

La mujer se detuvo por un momento en una de las fotos. En ella estaban claramente etiquetados Akira, y la joven hija de los Fisher, Jeanette… ambos besándose bajo el muérdago. Luego pasó a la siguiente: claramente tomada después de ese beso, con su hijo estirando la mano hacia la cámara con la cara llena de vergüenza. Detrás de él, a pesar del rubor en sus mejillas, la joven Jeanette se reía divertida. Abajo los comentarios de Jin decían: "No podía dejar que te perdieras de esto. Feliz Navidad, cariño".

- Por supuesto, querido. – Inmediatamente empezó a escribir un mensaje rápido. "Gracias por enviarme las fotos. Si todo sale bien nos veremos para el Año Nuevo. Los amo a los dos, Feliz Navidad".

Pulsó el botón de enviar, y miró hacia la ventana. La tormenta seguía arreciando afuera, pero no tan fuerte como unas horas atrás cuando llegó. Mañana podría continuar su viaje sin problemas para reunirse con su familia pronto. Hasta entonces, sin importar donde estuviera, sus pensamientos siempre estaban con ellos.


VIRORO-KUN

- ¡Feliz Navidad, Aldea Meteórica! ¡Hagamos que sea grandiosa!

Ryuga saltó sobre una de las muchas rocas sobre la cueva y levantó su banjo hacia el cielo con una gran sonrisa, antes de empezar a rasguearlo con tanta ferocidad y falta de habilidad musical como fuera posible, mientras gritaba en tonos que ningún humano sería capaz de alcanzar una pésima aproximación de una canción festiva sootopolitana.

Zinnia se mordió el labio para contenerse el deseo de gritarle, mientras la anciana, Aster y varios otros dracónidos observaban con curiosidad al chico haciendo el ridículo con la sonrisa más estúpida que habían visto en su rostro.

Luego de su valiente intento de soportar la tortura acústica, la cronista finalmente se acercó a Ryuga y le arrancó el banjo de entre las manos, echándole una mirada fulminante.

- Nosotros los dracónidos no celebramos Navidad, ya deberías saberlo. – Cruzó los brazos mientras mantenía el instrumento de terror fuera de las manos del chico. Eso no le impidió que este tratara de saltar y tratara de volver a agarrarlo, por supuesto.

- ¡Pero el mundo exterior sí lo hace, y necesitamos estar preparados para lo que sea que venga en nuestra aventura! ¿Verdad, Swablu? – preguntó Ryuga entre saltos. Su fiel Pokémon Volador asintió, antes de intentar arrebatarle el banjo de las manos a Zinnia también.

Para gran sorpresa de la cronista, el Swablu se las arregló para sacarle el banjo de las manos a Zinnia y volver a arrojárselo a su entrenador, que apenas logró atraparlo antes de levantarlo hacia el cielo como una espada y ponerse la mano sobre el pecho como si hiciera un juramento.

- ¡Siendo un bravo guerrero dracónido, podré soportar cualquier celebración que el mundo exterior me vaya a arrojar! ¡Sin importar lo extraña o confusa que sea para celebrar!

Nadie, ni siquiera la pequeña multitud de dracónidos que se había formado alrededor de ellos, tenía realmente idea de qué decir. Zinnia arqueó una ceja, y Ryuga gruñó y se volteó para el otro lado, rascándose el cuello.

- Quiero decir, hay la posibilidad de que me encuentre con Sawyer, o ese sujeto Stone, o cualquier otro sootopolitano. – El chico cruzó los brazos, y la sonrisa retornó a su cara. – No puedo permitirme dar una mala impresión de nuestra tribu.

- Supongo. – Zinnia se encogió de hombros, sin entender realmente. Por su parte, Ryuga simplemente siguió sonriendo como tonto.

- ¡Vamos a celebrar! ¡Podemos permitirnos hacer algo nuevo por este año! – Se preparó para volver a tocar el banjo, dándose la vuelta para montarse sobre una roca todavía más grande para tener mejor vista de toda la aldea. – ¡Vengan todos! ¡Canten conmigo!

El chico saltó sobre la roca, volviendo a actuar como idiota y destrozando otras canciones de Navidad de las que apenas parecía saberse la letra mientras continuaba rasgueando las cuerdas del banjo. Zinnia rápidamente se llevó la mano a la frente, exhalando y negando con la cabeza.

- Ya no veo la hora de su partida. Es insufrible.

- Yo personalmente lo encuentro encantador. – sonrió la anciana, levantando a Aster para que viera el espectáculo improvisado. – Con toda la mala sangre que hay entre dracónidos y sootopolitanos, es bueno ver que haya algunos como él y su amigo.

- Terminará lastimado como el tonto que es, ya lo sabes. – dijo Zinnia mirando a su abuela, que simplemente se rio.

- Creo que nuestro "bravo guerrero dracónido" es lo bastante bueno para arreglárselas.

Zinnia no se dignó responderle a la dracónida mayor, volviendo su atención al niño. Todavía seguía avergonzándose más y más, pero de alguna manera había atrapado la atención de la mayoría de sus colegas de la tribu mientras continuaba cantando, y hasta les pedía que se le unieran a cantar y bailar para celebrar, a lo cual algunos de ellos aceptaron la oferta. El extraño sentimiento festivo continuó creciendo a partir de allí, y Zinnia se sorprendió de encontrarse de pronto moviendo el pie al ritmo de la horrible canción. Esto no se le escapó a la anciana, que se acercó junto con Aster antes de mirar al chico.

- ¿Nos unimos a la celebración? – le preguntó. Zinnia continuó mirando a Ryuga en vez de replicarle, hasta que finalmente gruñó derrotada.

- No es que tengamos nada mejor que hacer.

La anciana sonrió, y Zinnia reaciamente siguió a su abuela y a su hija hacia la extraña celebración, que había terminado atrayendo a toda la Aldea Meteórica en torno al niño más cabeza dura. Y aun así, verlos a todos cantando y bailando felizmente hizo que una breve sonrisa iluminara momentáneamente la cara de Zinnia. Quizás, solo quizás, extrañaría a ese niño tonto cuando se fuera después de todo.


FOX MCCLOUDE

- ¡Hah! ¡Hah! ¡Hyah!

Cualquiera podía usar el poste de entrenamiento para practicar sus patadas. Pero solo a Maylene lo haría en un día nevado, y con su ropa usual de entrenamiento de leotardo azul y negro y sus pantalones blancos holgados.

Por alguna clase de milagro, había podido resistir dos horas a la intemperie, y estaba tratando de romper ese récord. Pero finalmente llegó al límite tras dar su patada número quinientos cuarenta y siete al poste. Cayó de rodillas y empezó a frotarse rápidamente sus hombros desnudos.

- Brrr… qué frío…

Cuando estaba por levantarse, sintió que un manto le caía encima suavemente para cubrirla de la helada. Al mirar por encima del hombro, vio una muy familiar cara sonriente, aunque algo enfurruñada.

- ¿En vísperas de Navidad y todavía entrenando? ¿Y en este frío?

- Hola, Reggie. – lo saludó ella, ignorando su tono preocupación.

La chica se puso de pie aferrándose al abrigo. Todavía sentía el frío del suelo en sus pies descalzos, pero realmente no le molestaba. El entrenamiento había endurecido las plantas de sus pies tanto que podían soportarlo sin mucho problema.

- En serio, solo a ti se te ocurriría esto. – dijo Reggie poniendo los brazos en jarras. – Si no te conociera, creería que serías capaz de caminar solo en esa ropa hasta Snowpoint.

- No me des ideas, algún día tal vez lo haga y te sorprenda. – replicó ella sonriendo desafiante. Reggie suspiró.

- Mira, sé que eres una chica fuerte, pero si no te cuidas un día de estos te vas a enfermar.

- Estoy bien. Ya estoy acostumbrada al… a-a-¡achú!

- ¿Decías?

Maylene rodó los ojos mientras se frotaba la nariz, enfurruñándose ligeramente al ver la expresión de "te lo dije" en el rostro de Reggie. Aun así, tenía una o dos cosas para decir en su defensa.

- Reggie, quizás no lo parezca, pero puedo cuidarme sola. Ya de todos modos estaba por entrar. No tienes que preocuparte tanto por mí.

. Somos amigos, se supone que me preocupe por ti. – dijo él.

- ¿Me estás tratando así porque Paul no anda por aquí? – preguntó ella cruzando los brazos bajo el abrigo.

Reggie no respondió, pero sí desvió la mirada. Le había dado al blanco: Reggie probablemente se sentía solo porque su hermano no estaba en la ciudad. Al ver su expresión, la líder del gimnasio suavizó la suya.

- Lo siento, creo que ese fue un golpe bajo.

- No, tienes razón. – replicó Reggie poniendo las manos en los bolsillos. – Hemos pasado las Navidades juntos desde que murió mamá. No es que a él le gusten mucho, pero al menos… nos teníamos uno al otro como familia, ya sabes.

- Sí, puedo simpatizar. – asintió Maylene. – Tanimoto-sensei y los demás estudiantes se fueron a pasar las fiestas con sus familias, y como mi papá está muy ocupado en las máquinas tragamonedas, estoy bastante aburrida aquí sola.

- ¿Por eso entrenas en este frío? Menos mal que vine, podrías haberte congelado si no llego antes.

- ¿Viniste solo a echarme eso en cara o qué?

- No, claro que no. A decir verdad… me preguntaba si querrías acompañarme en la cena. – dijo él. – A fuerza de costumbre preparé para dos, pero ya que Paul no está…

Reggie desvió la mirada y se rascó detrás de la nuca, y Maylene sintió que su semblante se volvía a suavizar. No era que tuviese algo mejor que hacer. A veces creía que Reggie era demasiado bonachón para su propio bien, y necesitaba a alguien con quien ser amable. Quizás por eso actuaba como un hermano mayor preocupado por su hermana menor hacia ella.

Desde luego, eso no era algo malo en absoluto. Además, se sentiría mal rechazando su invitación… y su estómago al gruñir tomó la decisión por ella de todas maneras.

- Bueno, ya que los dos estamos solos, bien podemos estar solos juntos. – dijo ella. – ¿Me dejas ir a cambiarme primero? No quiero que me vean afuera con esto encima.

- ¿Qué, no te gusta mi abrigo?

- No es que no me guste, pero tú mides un par de tallas más que yo, ¿recuerdas? – señaló ella, específicamente a la parte inferior que se arrastraba por el suelo.

Reggie se rio, y Maylene de inmediato fue adentro del gimnasio para ponerse su ropa de invierno. Aunque el abrigo de Reggie era bastante cálido y fácilmente podría haberlo acompañado con él, no quería que la vieran de ese modo en las calles de Veilstone. Si la gente no supiera su edad real, pensaría que era una niña con un abrigo demasiado grande para ella.

De cualquier manera, al menos no tendría que pasar la víspera de Navidad sola y aburrida en el gimnasio.


BRANDON369

La Navidad estaba a la vuelta de la esquina, por lo cual el Gimnasio de Isla Cinnabar se encontraba bastante ocupado. Como todos los años, varios entrenadores llegaban a último momento para desafiarlo antes de cerrar por las fiestas.

-¡Houndour, acabalo con Lanzallamas!

El Pokémon canino disparó un torrente de fuego que rostizó a su rival, haciendo que cayera debilitado.

- Wailmer ya no puede pelear. – dijo el robot réferi en voz alta por todo el gimnasio. – Al retador ya no le quedan más Pokémon, la victoria es para el líder de gimnasio Blaine.

Otra batalla había terminado, así que Blaine se despidió de su retador y observó el reloj: todavía faltaban un par de horas antes de cerrar. Al voltear hacia el robot, se dio cuenta de que ya había pasado un año, pero aún no se acostumbraba del todo. Extrañaba tener a su nieta haciendo de réferi en sus encuentros y felicitándolo después.

Pero ella ya no estaba ahí, había salido a ver el mundo y vivir sus propias aventuras. De hecho, había comenzado a usar ese robot unos meses antes porque quería que ella pudiera irse de viaje sin preocuparse por él.

Sería la primera Navidad que pasaría sin Alish y siendo honesto, no tenía idea de qué hacer. Cosas como la cena navideña o los regalos no eran tan divertidos cuando estabas solo. Tampoco podía pedirle a sus ayudantes de laboratorio que se quedasen junto a él a pasar Navidad; ellos tenían sus propias familias. A ese ritmo, lo único que se le ocurría a Blaine era pasar la Navidad estudiando aquellos informes sobre Bloodliners que el Profesor Oak le pidió que revisara.

Justo entonces, alguien más entró a su gimnasio. Blaine estuvo a punto de prepararse para su próxima batalla, pero el recién llegado no era exactamente un retador. Se trataba de un anciano con gafas y ropas hoennianas tradicionales.

- ¡Blaine, viejo amigo! ¡Veo que sigues en forma! – lo saludó. Blaine lo reconoció al instante, y se sorprendió de verlo ahí.

- Vaya, pero si es mi viejo colega Moore. ¿Acaso un antiguo miembro del Alto Mando quiere desafiar mi humilde gimnasio?

Ambos ancianos comenzaron a reír y se dieron un fuerte abrazo.

- ¿Qué haces tan lejos de Hoenn?

- Solamente vengo de vacaciones. Le prometí a Flannery que la llevaría a algún lugar cálido para pasar las fiestas Navideñas. – Moore se detuvo por un momento antes de seguir. – Aunque casi todos los hoteles de Cinnabar están repletos, pero entonces recordé que mi viejo rival es dueño de una posada, así que…

- Tú tranquilo, siempre hay espacio aquí para un viejo amigo. – Blaine le sonrió a su amigo de manera desafiante. – Siempre y cuando puedas resolver unos cuantos acertijos.

- Por supuesto. – Moore le sonrió de igual forma. – Siempre y cuando tengas tiempo para escuchar algo de mi poesía.

Ambos ancianos se soltaron a reír a carcajadas y se pasaron charlando el resto de la tarde. Afortunadamente, no hubo más retadores al gimnasio aquel día.

Sería divertido tener a Moore y a su nieta pasando las fiestas en su posada. Quizá aquella Navidad no sería tan aburrida después de todo.


VIRORO-KUN

Entre los miembros de la familia Maple, no había duda que Max era el más inteligente y estudioso de todos. Y con la vasta fortuna de conocimiento que tenía, pudo encontrar el regalo perfecto de Navidad para su hermana mayor.

Mientras envolvía el cargador de teléfono sacado de su estuche de la manera apropiada, Max se ajustó las gafas y sonrió para sí mismo. May tenía una debilidad por las cosas lindas y a menudo usaba su teléfono para hablar con sus amigos, y siendo así, un cargador USB con forma de Pokémon era la mezcla perfecta de algo lindo y práctico para que a May le gustase. Y la mejor parte, fue bastante barato de comprar.

El chico se rio para sus adentros, sujetando con orgullo el regalo mientras tocaba la puerta del cuarto de May. No había forma de que su plan pudiera salir mal.

- ¡Un momento, estoy hablando! – dijo su hermana. Max gruñó al escucharla hablando por el teléfono, pero se mantuvo esperando. May podía ser insufrible y molesta a menudo, pero seguía siendo su hermana y se merecía un buen regalo de Navidad. Solo esperaba que no se tardara una eternidad en terminar esa llamada esta vez.

Mientras esperaba, sin embargo, escuchó que su hermana explotaba en una risa histérica. Curioso, Max pegó la oreja contra la puerta, logrando entender suficientes palabras de lo que su hermana estaba diciendo.

- No me digas, ¿en serio? ¿Le regaló uno de esos cargadores con forma de Pokémon? ¿Los que tienen el enchufe por el trasero? – May se rio todavía más fuerte. – ¡No puedo creerlo! ¡Eso es más que embarazoso! Espero que no les haya arruinado la relación, yo jamás querría que alguien me diera algo como eso de regalo.

Max se congeló, volviendo su atención hacia el cargador que llevaba envuelto en las manos. Uno con un agujero USB directo donde iba el trasero. Diablos.

Alarmado, el niño se dio la vuelta y se alejó a pasos agigantados, escondiendo el regalo y tratando de pensar en otras opciones. Claro, ya era Navidad, pero tal vez podría…

El rechinar de la puerta abierta detuvo a Max en seco, y el Maple menor se dio la vuelta para encontrarse con May mirándolo fijamente. Empezó a sudar, moviendo las manos frenéticamente para esconder lo más que podía el regalo.

- ¿Qué hay, Max? – May se le acercó con la cabeza ladeada. Max tragó en seco, tratando de alejarse.

- Uhm, bueno…

Desafortunadamente, al hacerlo, perdió el agarre en el regalo y el objeto envuelto en papel cayó al suelo. Intentó atraparlo, pero May fue más rápida, lo agarró y sonrió al verlo.

- Oh, ¿esto es para mí? ¡Gracias! – De inmediato empezó a desenvolverlo, y el horrible cargador pronto fue revelado, haciendo que a Max se le parara el corazón intentando recuperar su regalo.

- ¡Espera! ¡Es…!

Sus esfuerzos no valieron de nada pues la envoltura cayó al suelo, revelando el cargador con forma de Pikachu en toda su desafortunada gloria. May parpadeó, tratando de discernir lo que era, y una luz en sus ojos dejó muy claro que lo había reconocido.

- Uhm, esto es…

- Es un… ¡un adorno para el escritorio! – exclamó Max, tragando saliva mientras continuaba sudando a chorros, al tiempo que May continuaba revisando su regalo. Ella pareció confusa con lo que dijo, y más todavía cuando lo revisó por abajo.

- ¿Para qué tiene un…?

- ¡Es de una lámpara especial que se parece a un cargador USB! ¡He estado tratando de encontrar la lámpara, pero todavía no he podido!

May continuó analizando el "adorno para el escritorio", cerrando los ojos y tratando de encajarlo con la descripción de Max. El chico esperó ansioso su respuesta, tratando de pensar en media docena de otras explicaciones. Y entonces, May se encogió de hombros y sonrió.

- Bueno, es muy bonito. – dijo atrapando a su hermano en un abrazo, tomándolo por sorpresa. – ¡Muchas gracias! ¡Y feliz Navidad!

- S-sí, feliz Navidad para ti también. – Tras una larga pausa, Max abrazó nerviosamente a su hermana. Luego de un rato, los dos se separaron y May cerró la puerta tras de sí, finalmente poniendo fin a ese embarazoso momento.

Max finalmente se las arregló para respirar y se dejó caer en el suelo, con el corazón retumbándole a millón en el pecho intentando calmarse. Eso estuvo demasiado cerca, pero siempre se las arreglaba para resolver todo con el tiempo, y eso era lo que importaba.

Ahora, solo necesitaba encontrar algo que pudiera pasar como la lámpara para ese "adorno de escritorio" de alguna manera…


BRANDON369

Esta Nochebuena sería distinta a las tenía normalmente. En años pasados, él simplemente la pasaría en alguna cueva o montaña, bebiendo ponche junto a sus Pokémon para celebrar las fiestas navideñas. Y sin embargo, este año se encontraba en un cuarto de hotel.

Para un hombre al que la gente llamaba "El Montañero", esta era una situación inusual. No se había quedado en un hotel desde hacía años, y aun así ahí estaba. ¿La razón? En esta ocasión pasaría las fiestas en compañía de una pequeña pero inteligente pequeña, Mizu.

Cuando se enteró que su pequeña compañera nunca había festejado la navidad y no tenía idea de qué se trataba esa celebración, el Montañero decidió mostrarle lo grandiosa que era. El plan era sencillo: harían una parada en un hotel para pasar la noche y mientras Mizu se queda viendo los especiales navideños en la televisión, él saldría a comprarle algunos regalos.

Todo había salido bien. Ya tenía consigo los regalos: una cantimplora nueva, un par de Pokémuñecos y una figura de acción de esa nueva serie protagonizada por Brad Van Darn. Todo lo que una niña desearía para Navidad.

Se aseguró de esconder los regalos en su mochila y luego entró al cuarto. Para su fortuna, Mizu se encontraba distraída mirando la televisión mientras tomaba un vaso de agua.

- Señor Montañero, ya llegó. – La niña se levantó para saludarlo.

- ¿Viste algo interesante, Mizu?

- Bueno, está caja me está enseñando mucho sobre la Navidad. – La niña apuntó al televisor con una sonrisa. – Aunque Kooky estaba cansado y se fue a dormir.

- Quizás tú también deberías irte a dormir. Recuerda que si te portaste bien, Santa Claus vendrá a entregarte regalos. No quieres que te encuentre despierta, ¿o sí? – Al ver a su compañera de viaje con una expresión pensativa, el Montañero se dio cuenta de algo. – Sí sabes quién es Santa Claus, ¿verdad?

- Bueno, según la caja, es un anciano que recorre el mundo entregando juguetes. – El Montañero asintió, y Mizu decidió continuar. – Pero hay algo que no entiendo. ¿Cómo le hace para recorrer el planeta entero en una sola noche? Usted me dijo que el mundo es muy grande. ¿Cómo él puede viajar por tantos lugares tan rápido?

El Montañero se vio en un dilema. ¿Cómo podría responder aquella pregunta? No esperaba tener esa charla con Mizu tan pronto, ella era todavía muy joven como para cuestionarse la existencia de Santa Claus. El mismo Montañero había creído firmemente en él hasta que cumplió los quince años, y no podía dejar que esa niña perdiera la fe a tan corta edad.

Por fortuna, su ágil mente encontró la respuesta perfecta.

- Verás, Mizu, Santa Claus puede recorrer el mundo en tan poco tiempo porque… – La niña lo miraba intrigada, en verdad tenía curiosidad por saber la respuesta. – Porque él es un… Bloodliner.

Por unos segundos reinó el silencio entre ambos. El Montañero tembló ligeramente, pensando que su respuesta no había funcionado. Sin embargo, la sonrisa de Mizu rápidamente disipó todas sus preocupaciones.

- Ya veo, Santa Claus es como yo. Eso tiene sentido.

El Montañero contuvo el deseo de suspirar de alivio. Eso había estado demasiado cerca. Ahora, si no tenía más preguntas, podrían finalmente…

- Pero entonces, ¿por qué vuela en esa especie de trineo? ¿Y cómo hacen los Pokémon para tirar de él volando?

Y de nuevo, retornaron sus preocupaciones. Tenía que pensar más rápido si quería contestar las dudas de Mizu sin sonar como un mentiroso. Tal vez era hora de hacer memoria de todos los programas de Navidad que vio cuando era niño.

Con suerte, quizás la magia de la Navidad lo ayudase a salir de ese pequeño atolladero.


FOX MCCLOUDE

No muchas chicas elegirían el estadio de softbol como lugar para una cita, a menos que les gustara el deporte. Una de las ventajas de tener un novio que era tan fanático de los deportes como tú, eso pensaba Whitney, y Roderick parecía estar de acuerdo.

Habiéndose ofrecido de voluntaria para entrenar al equipo de la liga junior, Whitney tuvo que asistir a su primer partido oficial, y justo ahora acababan de salir del estadio luego de la celebración de la victoria. Aunque antes de marcharse, le dio a los niños algunos regalos sorpresa como recompensa por su duro entrenamiento, y además la Navidad ya estaba cerca y todo.

- Esos niños de verdad te adoran, en serio. Lamento que les hayas roto el corazón por presentarme.

- Ah, son niños, ya lo superarán. – replicó Whitney encogiéndose de hombros.

Para nadie era un secreto que los niños adoraban a Whitney tanto como ella a ellos, y que muchos estaban enamorados de ella. Aunque no pudiese corresponderles, ella apreciaba el afecto, especialmente considerando la suerte para conseguir citas.

Al menos hasta que conoció a Roderick, hacía ya casi un año exactamente. Jamás olvidaría cuando lo encontró congelándose en las calles de Goldenrod y se lo llevó cargando todo el camino hasta su casa. Una cosa llevó a la otra, al final terminó mudándose y ahora trabajaba a tiempo parcial en su granja.

Irónicamente, muchos de los mismos hombres que antes la rechazaron ahora se preguntaban qué veía en él. Bueno, para empezar su estatura, pelo oscuro y ojos azules encajaban en la descripción de un joven físicamente atractivo. También era agradable, trabajador, y mucho más dulce que cualquiera de esos patanes que no soportaban tener una novia que fuese más fuerte, más atlética o mejor entrenadora que ellos. Sin mencionar que siempre sabía cómo hacerla reír.

- Y bien, ¿cuáles son los planes para mañana? – preguntó Roderick.

- Lo usual, el tío Milton nos pidió conseguir los ingredientes para la cena de Navidad. – dijo Whitney, sacando su teléfono inteligente. – Pero antes de eso, ¿qué tal un beso para una selfie?

- Pero no estamos bajo el muérdago.

- ¿Y eso importa?

- Hmm… no, supongo que no.

Los dos se rieron, y de inmediato juntaron sus labios en un dulce beso mientras Whitney pulsaba el botón para tomarles la foto. Sería excelente para enviarle una postal a la señorita Aliento de Dragón, y recordarle quién de las dos SÍ tenía un novio con quien compartir sus fiestas.

El año pasado su Navidad había sido grandiosa, sin duda, pero este año, sería completamente especial.


VIRORO-KUN

- ¡Hola, Tracey!

Al escuchar la voz familiar en el medio de la calle de Hearthome donde estaba esperando, el observador Pokémon se dio la vuelta. A poca distancia, vio a un chico de aspecto desgreñado corriendo hacia él, con la mano levantada saludándolo, y con un Trubbish a su lado. Todavía iba vestido de la misma forma que cuando se vieron en persona, y el chico llevaba en su rostro la más grande de las sonrisas al acercársele. Tracey también sonrió, cruzando los brazos cuando el chico se detuvo frente a él.

- Te ves bien, Minu.

- ¡Gracias! Trubbish y yo hemos estado haciendo nuestro mejor esfuerzo por aquí. – Minu agarró a su Pokémon y lo sostuvo con fuerza, y luego levantó su puño libre. – ¡Ya casi estamos listos para convertirnos en entrenadores a pleno!

- Seguro que serás uno grandioso.

- Lo intentaré. – se rio Minu, antes de acercarse más a su amigo. – Y bien, ¿cómo te ha ido en tu trabajo como artista?

- Ocupadísimo. – Tracey exhaló y se rascó detrás del cuello, enfocando su atención en el poster dibujado que estaba en la entrada del Salón de Concursos. – Resulta que hay mucha más demanda de ilustraciones oficiales de lo que me imaginé.

- Pero eso hace que estar ocupado sea divertido, ¿verdad? – dijo Minu, y Tracey sonrió.

- Por supuesto.

- Eso es lo que importa. – Minu volvió a sonreír, antes de dejar a Trubbish en el suelo y buscando dentro de su abrigo desgastado algo. – Oh, por cierto, toma. ¡Feliz Navidad!

El antiguo niño callejero sacó un sobre y lo colocó en las manos de Tracey. El observador Pokémon arqueó una ceja con curiosidad mientras el chico seguía mirándolo, con un ligero tic de ansiedad. El artista lo abrió, y lo que encontró adentro fue un dibujo de dos imágenes superpuestas de manera cruda, que vagamente se parecían a él, Minu y sus Pokémon si entrecerraba los ojos. Tracey parpadeó.

- Esto es…

- Una versión rehecha de uno de mis primeros dibujos, sí. – Minu volteó la cabeza, rascándose la mejilla y sonrojándose ligeramente de la vergüenza. – Está un poco mejor, ¿verdad?

El joven no respondió de inmediato, enfocando su atención en el dibujo. Sin embargo, le dio una sonrisa aprobatoria a su amigo poco después.

- Todavía le falta pulirse un poco, pero puedo ver que pusiste toda tu pasión en ello. Gran trabajo.

- ¡Gracias! – Minu le sonrió, haciendo una reverencia. – Sé que no soy un gran artista ni nada de eso, pero algún día espero llegar a dibujar tan bien como tú.

- Seguro que lo harás. – Tracey metió el dibujo en el sobre y lo metió dentro de su bolsa, solo para luego sacar de ella una pequeña caja envuelta. – Y este es mi regalo para ti.

Minu ladeó la cabeza al ver la caja, agarrándola y desenvolviéndola en el acto. Una vez que el regalo de Tracey quedó totalmente expuesto, los ojos de Minu casi se salieron. Tracey sonrió mientras el chico seguía viendo el dispositivo azul plegable con incredulidad.

- No es posible, esto es…

- El último modelo de PokéGear. Siempre es bueno llevar uno cuando viajas mucho, y me imaginé que se te haría difícil pagar uno de estos.

Minu continuaba mirando el dispositivo, incapaz de contener su gran sonrisa. Sin embargo, de pronto volteó a ver a Tracey con un cejo fruncido casi de inmediato, mirándolo fulminantemente.

- No tenías que hacer esto. ¡Debió costarte una fortuna!

- Me están pagando bien últimamente, puedo permitírmelo.

- Qué manera de hacer que mi regalo quede totalmente opacado. – Minu rodó los ojos mientras guardaba su regalo, pero su gesto fruncido desapareció siendo reemplazado por una gran sonrisa. – Bueno, eso no importa, tenía otro regalo en mente de todas maneras.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Tracey con una mirada confusa.

- Encontré la mejor colina en toda la ciudad justo ayer. Perfecta para algún dibujo artístico. – Minu se rio, y agarró de la muñeca a Tracey. – ¡Ven conmigo, te la voy a enseñar!

El chico comenzó a correr hacia las afueras de la ciudad arrastrando al artista consigo, mientras su Trubbish mantenía el paso detrás de ellos. Tracey se vio sorprendido y tardó un poco en seguirle el paso, pero rápidamente sonrió ante el entusiasmo del chico.

- Si tú la encontraste, seguro que será un excelente lugar.

- ¡Puedes apostarlo! ¡Tengo que mantener mi reputación de guía, ya lo sabes! – Minu sonrió de nuevo, esta vez con un poquito de arrogancia. – ¡Prepara tus lápices, porque te va a encantar!

Tracey se rio al escuchar eso, esperando con ansias ver el lugar a donde lo llevaría el chico. Minu podía ser impredecible a veces, pero eso solo hizo que el artista se sintiera más feliz de llamarlo su amigo.


BRANDON369

Flareon era todavía un Pokémon joven, pero junto a su entrenadora Alish, había conocido muchas cosas interesantes.

Una de ellas era la Navidad. Todavía recordaba aquella fiesta que había pasado junto a Alish y su abuelo. Era algo realmente divertido, y había llenado de vida a su entrenadora.

Y exactamente por eso había notado que, a pesar de que se acercaba de nuevo la Navidad, su entrenadora no se veía tan feliz como aquella vez. Al contrario, parecía melancólica mientras caminaba hasta el siguiente Centro Pokémon. Tenían que llegar antes del anochecer.

- Alish, ¿puedo preguntarte algo?

- ¿Qué ocurre, Flareon?

- ¿Estás… triste?

Alish detuvo su caminata, claramente sorprendida por la repentina pregunta. De inmediato se agachó para poder mirarlo a los ojos.

- No te preocupes, Flareon. No estoy triste, solo… pensaba en algunas cosas.

- ¿Qué cosas?

- Esta es la primera Navidad que pasaré lejos de mi abuelito. La primera Navidad desde que inicié mi viaje. - La pelirroja suspiró. – ¿Cómo se supone que pasan las fiestas los entrenadores que viajan por regiones desconocidas?

- Bueno… . – Flareon intentó responderle, pero no tenía ni idea.

- Quizás sería mejor si viajara acompañada. Como Misty o las demás… – Alish suspiró nuevamente. – Extraño a mi abuelito.

Cierto, la última vez que habían visto a su abuelo fue cuando lo retó antes de irse de Kanto. Él todavía recordaba esa derrota.

- ¿Quizás no debiste retarlo para una entrada directa a la Liga Pokémon?

- Bueno, quería probar nuestras habilidades, y el gimnasio Cerulean estaba cerrado. Pensándolo bien, el gimnasio de tipo Agua en esta región tampoco parece ser la gran cosa. – La pelirroja se puso pensativa por un instante. – ¡Eso es, el próximo año iremos a Hoenn! Escuché que ahí tienen un gimnasio de tipo Agua bastante bueno.

- Esperemos que nos vaya mejor allá que enfrentando a tu abuelo.

Flareon creyó que con esa broma le subiría los ánimos a su entrenadora, pero al parecer tuvo el efecto contrario.

- Quería demostrarle a mi abuelo lo que había aprendido en mi viaje. Sabía que no podía ganar, pero quería dejar una buena impresión. – La entrenadora se sentó en el suelo a descansar un poco. – No pudimos derrotar ni a uno solo de sus Pokémon.

- Oye, no seas tan dura contigo. Además, ¿no te felicitó por entrenarme bien?

Flareon esperaba que con eso sí lograra animar a su amiga, pero al verla completamente roja, respirando lentamente para contener su Super Calor, se dio cuenta de que aún no lo conseguía.

-Flareon, ¿crees que soy una buena entrenadora? – Alish lo miró, con algunas lágrimas asomándose por sus ojos. – Se supone que me convertiría en una maestra de Pokémon de Fuego, pero solamente tengo cinco Pokémon y aun no consigo sacarle el máximo potencial a ninguno de ellos. A estas alturas Ash Ketchum ya tenía un Charizard capaz de pelear de tú a tú con los Pokémon más fuertes de mi abuelo.

- Alish, tú serás una gran entrenadora, ¡la más fuerte de todas! Pero eso lleva tiempo. Recuerda lo que dijo tu abuelo, no basta con capturar a un puñado de Pokémon de Fuego, debes entrenarlos individualmente y sacar todo su poder oculto. Solo tienes que seguir esforzándote.

- Gracias, Flareon. – La entrenadora finalmente le sonrió. – Tienes razón. Te convertiré en el Flareon más poderoso del mundo. Superaré incluso a mis ídolos.

- ¡Así se habla!

- ¡Ya lo verán todos! – dijo la pelirroja poniéndose de pie y levantando los puños. – ¡Seré más fuerte que Ash Ketchum! ¡Seré más poderosa que Flint Oba! ¡Incluso seré mejor que el legendario Koa!

Alish estaba tan emocionada que casi dejó escapar un Super Calor otra vez. Por fortuna logró calmarse y se las arregló para respirar un poco.

Por su lado, Flareon sonreía satisfecho. Le alegraba que Alish volviera a ser la misma de antes. Y sin importar el clima frío a su alrededor, podía sentir sus llamas internas explotando por dentro. Su entrenadora tenía un sueño, y él haría su mejor esfuerzo para ayudarle a alcanzarlo pasara lo que pasara.

Su próxima Navidad estarían celebrando sus victorias juntos.


VIRORO-KUN

Mientras se paseaba por las avenidas decoradas de Ciudad Rustboro, Steven aspiró profundamente, respirando la alegría festiva mientras se ajustaba su abrigo invernal. Entre sus compromisos con la liga y ocuparse de las labores de su padre en la Corporación Devon, apenas había tenido tiempo para sí mismo y sus Pokémon recientemente, y siendo así cualquier momento de tranquilidad que se pudiera ganar, había aprendido a atesorarlo.

Trataba de ignorar a los transeúntes que lo señalaban y le tomaban fotos para enfocarse en el momento. No tenía planes particulares para Navidad más allá de pasar el tiempo con Wallace y los miembros del Alto Mando cuando saliera del trabajo, y más allá de buscar algunos regalos, no había mucho que ocupara su mente en aquel momento. Al menos, hasta que escuchó una voz muy familiar gritando órdenes.

- ¡Ahora, esquívalo y usa Derribo! ¡Bagon, intenta evitarlo!

Steven se detuvo y se dio la vuelta hacia un parque cercano, donde encontró a un chico de pelo verde muy familiar con un abrigo invernal amarillo, y dirigiendo a un Beldum variocolor y a un Bagon que peleaban entre ellos, esquivando y arrinconándose uno al otro tratando de golpear a su oponente. Los dos golpeaban rápido y fuerte, pero continuaban esquivando en el último segundo, haciendo un intercambio rudo de golpes pero que iba mejorando contantemente. Al mismo tiempo, un pequeño Treecko observaba desde afuera con los ojos chispeantes de emoción.

El Pokémon variocolor y el dragón siguieron peleando por varios minutos más, hasta que finalmente quedaron demasiado agotados para continuar y cayeron al suelo.. Sawyer corrió hacia ellos y sacando un par de Super Pociones de inmediato les devolvió la salud a sus Pokémon con una sonrisa en el rostro. Steven sonrió, y se aproximó al muchacho mientras aplaudía con entusiasmo.

- Muy impresionante para alguien que todavía no tiene licencia de entrenador. – le dijo. Sawyer de inmediato volteó su atención y al ver a Steven, sus ojos se ensancharon de la sorpresa.

- ¿Sr. Stone?

- Gusto de verte otra vez, Sawyer. – sonrió el campeón, observando a los tres Pokémon del chico. – Veo que estás manteniendo a tus Pokémon en excelente forma. Y que además te conseguiste otro.

- Bueno, de manera no oficial. – Sawyer sonrió tímidamente, ocultándose debajo de su abrigo. – El Profesor Birch me dijo que podía cuidar de él por ahora, pero no puedo empezar a entrenarlo hasta que termine mis estudios. ¡Pero esperamos con ansias ese día!

Steven rio, volviendo su atención a Treecko mientras este se montaba al hombro de Sawyer. Le alegró ver que Birch tomó en cuenta su recomendación y le dejó a Sawyer tener a su inicial un poco antes, incluso dentro de ciertos límites. Tras aquel encontronazo con el Equipo Zenith, el Campeón se había interesado bastante en ver el potencial de Sawyer a pleno. Cruzando los brazos, se plantó con orgullo frente al muchacho.

- Tu entusiasmo es la marca de un gran entrenador.

- No soy tan bueno, en serio. – Bajó la cabeza por un segundo, y luego levantó los puños con emoción. – Además, Wally me lleva mucha ventaja, aunque solo tiene a Gallade. ¡No puedo holgazanear mientras él se recupera!

Steven no dijo nada, simplemente sonrió otra vez. Él sabía mejor que nadie cómo una rivalidad podía impulsar a los entrenadores a dar lo mejor, incluso en las circunstancias tan inusuales en las que se encontraron Wally y Sawyer. Y considerando que Wally tuvo una ventaja de inicio bastante masiva al intentar hacer su viaje, quizás había algo que podía hacer para nivelar el juego. Con eso en mente, el Campeón agarró la Pokébola de su Metagross, sonriendo aún más.

- ¿Qué tal un combate contra mí? Quiero comprobar qué tanto has mejorado directamente.

Si Sawyer no estaba sorprendido antes, ahora sí definitivamente lo estaba, pues sus ojos se abrieron como platos y su quijada casi se cae.

- ¿Yo, luchar contra el Campeón? – dijo señalándose incrédulo. Steven asintió.

- Solo superando grandes obstáculos pueden los entrenadores ganar experiencia. – dijo el hombre, arrojando la Pokébola de su inicial al aire y volviendo a atraparla. Sawyer miró a sus tres Pokémon, y la sonrisa que dividía su rostro se apoderó de él mientras asentía vigorosamente.

- ¡Claro! ¡Estamos listos para ganar tanta experiencia valiosa como podamos!

- Muy bien. – La sonrisa de Steven se tornó más confiada mientras daba la vuelta para que lo siguieran. – Pero mejor nos vamos a las afueras, ahora.

- ¿Por qué, Sr. Stone? Este parque es muy bueno para practicar. – Sawyer se rascó la cabeza, observando la amplia área en la cual se encontraban. Steven se ajustó el abrigo y se dio la vuelta para susurrarle al chico.

- Solo digamos que tengo algunas… obligaciones que quisiera eludir.

Sawyer no entendió al principio, pero en cuanto él y Steven vieron a una secretaria de aspecto bastante enojado rondando por el camino, ambos tomaron la decisión de entrenar en otro lugar menos sospechoso y lo más rápido posible.

Todo el rato, Steven sonrió mientras guiaba a Sawyer. Había pocas cosas que le gustaran más que ayudar a la nueva generación, y si eso le daba una razón para dejar de lado ese maligno papeleo, haría que su Navidad fuese todavía mejor.


FOX MCCLOUDE

Como el abuelo de Cheryl siempre solía decir, "en Navidad siempre hay que compartir un poco de lo que tienes con tus amigos más cercanos".

Después de pasar tantos problemas para encontrar la Miel Encantada, lo justo era hacer un buen uso de ella, ¿y qué mejor que usarla para preparar unos deliciosos postres navideños? Ahora mismo se dirigía al Gimnasio Eterna con un pastel para su mejor amiga.

Al cruzar las puertas, pudo darse cuenta que la líder del gimnasio no había escatimado en esfuerzos para decorar su lugar para las fiestas. Realmente se notaba el esmero que le había puesto a crear el ambiente para la época. De nuevo, casi todos en la ciudad lo hacían, especialmente cuando se trataba de decorar los árboles.

- ¿Gardenia? ¿Gardenia, estás aquí? – la llamó.

Al ver que no respondía, Cheryl simplemente fue a ver si se encontraba en el campo de batalla. Y efectivamente sí la encontró allí, pero…

- Gardenia, te traje un… ¡GARDENIA!

La líder de gimnasio tenía la cabeza metida entre la boca de un enorme Carnivine, que parecía muy a gusto masticándola. Cheryl dejó caer la caja con el pastel y se quedó paralizada del horror… hasta que su amiga salió y riéndose como si nada empezó a acariciar al Carnivine en la cabeza.

- Sí, sí, ¿quién es un buen chico? ¿Quién es un buen chico? ¡Ah, hola, Cheryl! – la saludó despreocupadamente.

- Uff, qué susto me diste. – suspiró de alivio la peliverde, solo para darse cuenta de la otra cosa. – ¡Ay no, mi pastel!

Abrió la caja frenéticamente y por fortuna, vio que la caída no lo había aplastado demasiado ni arruinado el decorado. Por lo menos todavía podría comerse sin problemas. Gardenia también se le acercó para ver.

- Disculpa, ¿ese pastel era para mí? – preguntó.

- Glaseado con Miel Encantada. – dijo Cheryl, cogiendo un pedazo para dárselo a Gardenia. La líder cogió el pedazo y tras probarlo, los ojos se le iluminaron como los de una niña pequeña.

- ¡Dios mío, pero qué delicia! – exclamó con voz de niñita emocionada y agarrándose las mejillas antes de agarrar otro pedazo para devorarlo.

Cheryl se rio; pocas cosas emocionaban a Gardenia de ese modo, siendo la primera desde luego, los Pokémon de tipo Hierba. A veces un poco de más, creía ella, como ahora dejando que le mordieran la cabeza.

- Qué bueno que viniste, estaba por invitarte a mi fiesta de Navidad. – dijo Gardenia, luego de terminar de emocionarse por el pastel.

- Por mucho que me encantaría asistir, ya hice planes con algunos amigos. – replicó Cheryl. – Así que disculpa, pero tendré que declinar.

- Ah, qué lástima. ¿Será el próximo año tal vez?

- Lo pensaré. – sonrió Cheryl. – Pero bueno, ya que estoy aquí, ¿quieres que te ayude con algo tal vez?

- Solo me falta decorar el árbol de Navidad en el centro. Creo que un par de manos adicionales no me vendrían mal.

Las dos chicas se dirigieron hacia el susodicho árbol, el más grande de todos y que todavía no tenía ningún adorno encima. Cheryl miró las cajas que había a los pies de este y supo que llevaría un buen rato para ponérselos todos, incluso aunque lo hicieran entre las dos. De nuevo, tenía mucho tiempo libre en las manos.

Podría ser una cazadora de tesoros, pero ninguno era más valioso que poder ayudar y compartir las festividades con buenos amigos.


VIRORO-KUN

Era una noche oscura, fría y cruel, una donde toda la alegría fue arrebatada y el mundo parecía estar gris y aburrido, lleno de decepciones y sin esperanzas de que las cosas mejorase.

Bueno, en realidad era una noche bastante alegre y festiva fuera de la casa de Flint, pero en aquel momento el miembro sinnohano del Alto Mando no podía ver la Navidad de la misma forma en que solía hacerlo. No después de lo que pasó la última vez.

Flint se hundió todavía más en su sillón, con su Infernape mirándolo con preocupación. El pelirrojo suspiró: ahora que Volkner estaba de mejor humor en Navidad, no había necesidad de poner en marcha el acto de los tres fantasmas. Claro, no era que realmente hubiese funcionado, pero le gustaba pensar que era una parte importante de su Navidad y la de Volkner a estas alturas. Darse cuenta de que su amigo probablemente no lo veía más que un fastidio le dio como una puñalada, especialmente cuando resultó que lo único que necesitaba era alguien con quién pasar el tiempo.

El hombre se pasó la mano por su afro pelirrojo, murmurando para sí mismo. Ojalá se hubiera dado cuenta antes del problema, y con eso podría haber hecho algo que los dos pudieran disfrutar. Quizás debió haber escuchado a Volkner y dejar que sus problemas pasaran por un rato mientras intentaba subirse el ánimo de manera normal. ¿Por qué creyó que iba a funcionar? En retrospectiva, había sido una de sus ideas más infantiles. Sacudiendo la cabeza, se puso a pensar en varios años de sus intentos fallidos con un ojo más crítico…

- Fliiint...

Sí, podía recordar cuánto esfuerzo había puesto en encontrar el tono correcto para emitir lamentos lo suficientemente escalofriante.

- ¿Fliiiiint...?

Las primeras veces Volkner al menos parecía un poco sorprendido, pero después de un tiempo tuvo que tratar de ponerse creativo. Aunque realmente no recordaba haber intentado mejorar su apariencia en sus intentos pasados. Su memoria tal vez estaba algo borrosa.

Y entonces, sintió que alguien le tocaba frenéticamente el hombro. Abrió los ojos de golpe, solo para encontrarse a su Infernape mirando detrás de él enseñando los dientes. Parpadeó confuso hasta que sintió otro toque.

- Flint, date la vuelta.

Todavía confuso y algo curioso, Flint se dio la vuelta para encontrarse con la más extraña y horrorífica visión que se podría haber imaginado encontrar.

Alguien, vestido de fantasma, mirándolo de la manera más aburrida y simplona que podría haberse imaginado. ¡No estaba ni sacudiendo los brazos, solo estaba ahí parado y hablando con la voz más normal del mundo! Y a pesar de todo, la criatura de las pesadillas siguió insistiendo:

- Soy el Fantasma de las Navidades Pasadas, y estoy aquí para…

- ¿Volkner? – Los ojos de Flint se volvieron rendijas, y miró fijamente al poco profesional fantasma. Este hizo una pausa, pero continuó.

- No, soy el Fantasma de…

- ¿Qué crees que estás haciendo? – exclamó cruzando los brazos, con la mirada todavía fija en el incompetente aspirante a espanto. De nuevo tardó en responder, con la voz apenas quebrada.

- Bueno, verás…

- ¡Estás haciéndolo todo mal! ¡No estás esforzándote por ser aterrador o poner atmósfera! ¡Así no es como funciona! – Flint se golpeó la frente con la palma, suspirando con pesadez antes de devolverle la mirada a Volkner. – ¡Si de verdad quieres dejar una impresión, tienes que ponerle más sentimiento! ¡Pon tu corazón en ello!

- Yo solo…

- ¡Oh no, ahora no me vengas con excusas! ¡Si quieres hacer bien el acto de los tres fantasmas, tienes que hacerlo como se debe! ¡Ahora ven conmigo!

Y sin decir más, Flint agarró a Volkner por la muñeca y lo arrastró a la habitación de al lado, con la sábana y todo, mientras Infernape los seguía. Si de verdad quería animarlo, tenía que asegurarse de que al menos lo hiciera bien. No había pasado los últimos diez años tratando de mejorar su arte por nada, después de todo.

Flint finalmente sintió que la subida de la emoción volvía a él, y sonrió con confianza. Por fin, esta sí sería una buena Navidad.


FOX MCCLOUDE

Una de las ventajas de trabajar en el mundo de la moda era que siempre podía tener un atuendo perfecto para la ocasión. De nuevo, a veces tener tanto de donde elegir hacía que fuese más difícil tomar una decisión.

Mientras se paseaba por su amplio guardarropa, Elesa se preguntaba cuál sería el atuendo más apropiado para enviar sus tarjetas de Navidad. Tenía vestidos y abrigos invernales de sobra de donde escoger, o incluso disfraces de Pokémon apropiados para la temporada, si llegaba a necesitarlos.

- Hmm, no, este lo usé el año pasado. – dijo descartando un suéter cuya capucha tenía orejas de Emolga. – Este año necesito algo diferente…

Diferente, pero que fuese acorde con la época. En medio de la pila de prendas descartadas, encontró un solitario gorro de Santa Claus, y solo por curiosidad se lo puso en la cabeza. Admitiéndolo, al verse al espejo vio que no le quedaba del todo mal, y siguiendo el patrón agarró un vestido que casualmente era del mismo tono, completo con peluche blanco en los brazos y el borde de la falda.

- El rojo no es mi color usual, pero tal vez…

La líder del Gimnasio Nimbasa sonrió. Nunca se había imaginado a sí misma como una Sra. Claus, pero siempre había una primera vez. Ese vestido y el gorro podrían ir bien con sus usuales medias negras, y solo tendría que sustituir sus tacones usuales por unos rojos.

- Me pregunto… ¿le gustará esto al guapetón de Sunyshore?

Sería divertido al menos sacarle alguna reacción. Solo necesitaba complementar el atuendo con algunos accesorios, y tal vez algo de escenografía. Un trineo y un saco lleno de regalos serían suficientes.

Decidido; ya tenía el tema perfecto para sus tarjetas de Navidad.


VIRORO-KUN

. ¡Vamos a jugar juntos, tío Tony!

Hugo y Alma se le fueron encima a su pariente tirándolo al suelo. Tony solo dejó que su forma física se hiciera lo bastante tangible para dejarse caer mientras lo abrazaban con fuerza. El Gengar se vio sorprendido y dejó salir un "Uff", pero rápidamente volvió a sonreír antes de volver a ponerse de pie, abrazando a los gemelos aunque se sentía muy cansado para hacer otra cosa. Sus pequeños parientes lo apreciaron, y rápidamente le ayudaron a levantarse mientras lo arrastraban antes que pudiera responderles. Su pequeño intento de secuestro se vio interrumpido cuando apareció Agatha levantando su bastón. Rápidamente lo bajó en cuanto los gemelos se detuvieron, y luego les sonrió.

- Esperen un poco ustedes dos. Podrán jugar todo lo que quieran hasta la medianoche cuando hayamos terminado la cena.

- ¡Pero abuelita, queremos jugar con el tío Tony!

- Su tío tuvo que pelear contra más de cinco Pokémon por culpa de un retador muy testarudo el día de hoy. Se merece un buen descanso.

Alma y Hugo no parecían particularmente entusiasmados con la orden, pero una mirada muy severa de su abuela bastó para hacerlos desistir, y se alejaron de Tony resoplando de molestia y dejando que su tío abuelo se dejara caer en el suelo exhausto, mientras corrían a jugar a otra parte de la casa.

Tony suspiró de alivio, dándole a Agatha una cabezada de aprobación mientras flotaba otra vez, permitiéndose estirar los brazos y descansar un poco. En verdad apreciaba poder pasar tiempo con los niños ahora que ya sabían quién era realmente, pero entre luchar junto con Agatha y sus pequeñas actividades independientes con los Pokémon salvajes, también apreciaba cualquier momento que le quedara para descansar.

Luego observó a Hugo y Alma, feliz de que decidieran pasar su Navidad con ellos independientemente de su energía. Los dos continuaban correteando y jugando juntos, hasta que se fijaron en la otra invitada que los hermanos Grimm habían traído, que ahora estaba ocupada observando su teléfono mientras se reclinaba en el sofá.

- ¿Qué estás haciendo ahora, Enide? – preguntó Hugo, levantándose y tratando de espiar por la pantalla. Alma hizo lo propio en el lado opuesto.

- ¿Es uno de esos que llaman blogs? ¿Vas a contarles a todos lo genial que es nuestra abuelita?

Después de pasar unos segundos tratando de ignorar a los gemelos, Enide negó con la cabeza.

- La vida es demasiado corta y llena de miseria para enfocarse en las hazañas de una mujer que ha vivido demasiado tiempo. – les dijo sin siquiera voltear.

Tony arqueó una ceja al oír eso. Agatha simplemente apretó las manos alrededor de su bastón, con la mirada fija en la adolescente.

- Bueno, eso fue agradable de escuchar sin duda.

- Usted es una miembro del Alto Mando que todos creen que le cae mal el mundo entero, y su hermano es un Pokémon Fantasma. – Enide continuaba revisando cosas en su teléfono, sin apenas inmutar su expresión. – La familia Grimm ha sido definida por el infortunio y el inexorable pasar del tiempo, un verdadero testamento de la tragedia de los vivos.

Hugo y Alma simplemente miraron a su prima con confusión, en tanto que Agatha mantuvo su semblante mientras intercambiaba miradas con Tony. Ambos hermanos Grimm se sonrieron uno a la otra, pues las palabras de la chica ya no les afectaban después de tanto tiempo. La miembro del Alto Mando se acercó lentamente a su nieta.

- Quizás, ¿pero de qué sirve lamentarse por las cosas malas? La vida siempre será dura contigo. El cómo reacciones a ella es lo que realmente importa.

Le ofreció la mano a su hermano, y Tony la aceptó de inmediato, volviendo a sonreír. Esa era una lección que ambos habían aprendido bastante bien a esas alturas. Enide les echó una mirada ligeramente interesada antes de volver a su teléfono, abriendo varias pestañas de internet mientras comenzaba a teclear.

- Muy bien, esa es buena para un post justo ahora. – Continuó sin perturbarse, incluso mientras Hugo y Alma se presionaban tratando de ver lo que estaba escribiendo, con aspecto de estar un poco molestos con ella.

- ¿Siempre tienes que estar escribiendo allí, Enide? – preguntó el chico, tratando y fallando en agarrarle de las manos el teléfono a Enide.

- Hugo tiene razón. – asintió Alma, enfurruñada. – Nunca haces nada con nosotros.

- ¿En serio? – Enide dejó de teclear con una sonrisa pícara en su rostro mientras levantaba su teléfono. – Hagamos una selfie juntos entonces. La postearé de inmediato.

De pronto, los rostros tanto de Alma como de Hugo se iluminaron a la vez, y Alma le sonrió ampliamente a Enide.

- ¿Vamos a aparecer en tu blog?

- ¡Yo quiero estar allí! – Hugo levantó el brazo, tratando de no quedarse por fuera.

La sonrisa de Enide no duró mucho, pero finalmente se levantó del sofá y levantó su teléfono en alto, indicándoles a los otros dos que se le acercaran. Los gemelos se pusieron en posición de inmediato y con una mirada rápida de Enide, Tony y Agatha supieron que también los quería a ellos para que se unieran.

Ninguno de los hermanos Grimm necesitó que le dijeran nada, y ambos se movieron para asumir su lugar para la foto, con Tony flotando detrás de ellos y agarrando a toda la familia en un gran abrazo, con una sonrisa que dividía su rostro en señal de que disfrutaba de su presencia.

Y en cuanto Enide tomó la foto, Tony realmente se sintió como parte de la familia por primera vez en un muy largo tiempo.


FOX MCCLOUDE

Terminar su jornada de trabajo temprano tenía sus pros y sus contras. Por un lado, tenía tiempo para dedicarse a sí misma. Por el otro, estaba aburrida sin saber qué hacer.

La época de Navidad ya no era la gran cosa para ella. No desde que había escapado de su casa hacía tantos años. Ya ni siquiera llevaba la cuenta de las festividades que había pasado sin su familia, y aunque a veces los echaba de menos… rápidamente dejaba esos pensamientos de lado.

Así que no le quedó nada más que irse a dormir temprano. Aunque sus compañeros de trabajo en el albergue le habían dicho que si quería podía celebrar la fiesta navideña con ellos, ella no tenía ganas, y pidió que no la despertaran a menos que fuese importante.

Por lo mismo, el golpeteo de su puerta realmente le incomodó.

- Ya voy, ya voy. – dijo parándose de la cama y poniéndose las pantuflas y el abrigo para ir a abrir la puerta, encontrándose con el conserje del albergue. – ¿Qué sucede, señor Elliot?

- Disculpa, hay alguien en la recepción preguntando por ti. Una pelirroja con gafas, dice que te trae un regalo de Navidad.

Pelirroja con gafas; Krysta solo conocía a una persona con esa descripción. Bien, si Lorelei se había tomado las molestias de hacerle una visita sorpresa en vísperas de Navidad, lo menos que podía hacer era recibirla en persona y agradecérselo como era debido.

- Está bien, dígale que me espere unos minutos y estaré allí.

Tras cambiarse de ropa, la Bloodliner de hielo bajó por las escaleras hasta la recepción. No estaba demasiado entusiasmada, especialmente por el revuelo que había mientras el resto de sus colegas y los otros viajeros que iban de paso celebraban. Pero no podía dejar que eso le afectase, ni arruinar el humor de los demás.

- ¿Krysta? ¡Por acá! – la llamaron. Al voltear, efectivamente vio que se trataba de Lorelei. No había cambiado nada desde su último encuentro.

- Hola, qué gusto de verte. – la saludó al acercarse. – ¿Qué estás haciendo por aquí?

- Nada especial. – sonrió la pelirroja. – Sabes, quería agradecerte por aquel regalo de cumpleaños, pero como no sé cuándo es el tuyo…

- Muy considerado de tu parte, pero no tenías que hacerlo. – dijo Krysta.

- Bueno, muy tarde porque ya estoy aquí, así que espero que te guste. – dijo Lorelei con una gran sonrisa, antes de mirar hacia otra parte. – ¡Ya pueden salir!

De detrás de uno de los estantes para equipaje salieron dos personas, un hombre y una mujer con ropas de invierno. En cuanto ambos se bajaron las capuchas para revelar sus rostros, Krysta se quedó boquiabierta al reconocerlos.

- ¿Mamá? ¿Papá?

Podían haber pasado más de diez años desde la última vez que los vio, pero jamás podría confundirlos. Su madre, tan parecida a ella excepto con el cabello castaño, igual como ella lo tenía antes de que sus poderes se manifestaran, y algunas arrugas menores en el rostro. Su padre, cuyo propio cabello también castaño ahora pintaba algunas canas y tenía una espesa barba. Pero eran ellos, no podía haber duda.

- Krysta… ¡Krysta!

Su madre fue la primera en lanzarse para abrazarla. Estaba tan sorprendida que al principio no supo cómo reaccionar al principio. Solo fue hasta que su padre también se les unió en el abrazo, a muy poco de romperle las costillas, que finalmente se animó a corresponder.

- ¿Qué hacen aquí? – les preguntó. Rápidamente se dio cuenta de que no era el más apropiado saludo para sus padres después de años de no verse.

- ¡Te hemos estado buscando todos estos años! – dijo su madre, sonando ligeramente indignada. – Jovencita, tienes mucho qué explicarnos. Para empezar, ¿por qué escapaste como lo hiciste?

- Yo… después de lo de aquel incendio, pensé que…

- ¿Que te íbamos a abandonar o algo peor? – dijo su padre. – Pase lo que pase, eres nuestra hija, eso nunca cambiará. No importa lo que puedas o no puedas hacer.

La chica sintió que algo empezaba a derretirse dentro de ella. Desde que sus poderes se manifestaron, fue como si erigiera una barrera de hielo para evitar que la lastimaran. Aunque lograba encajar y sobrevivir, siempre se distanciaba de todos, a excepción de sus Pokémon, y en menor medida, los pocos amigos humanos que lograba hacer, como Lorelei.

Y ahora, atrapada entre los brazos de sus padres, no pudo hacer más que corresponderles de la misma manera, mientras dejaba salir unas cuantas lágrimas de los ojos.

Mientras sus padres decidían alquilar una habitación en el albergue para pasar la noche, Krysta se había sentado en la sala a conversar con Lorelei. Tenía muchas preguntas para, especialmente saber cómo se había puesto en contacto con sus padres, de todas las personas.

- Frey me llamó hace unos meses. Se topó con una pareja que estaba buscando a su hija, y tenían una foto. Dijo que ese cabello tuyo es bastante difícil de confundir.

- Sí, nunca tuve que gastar en tinte para el cabello. – dijo Krysta apartando su mechón largo. – Imagino que después de eso habrá hablado contigo.

- Así fue. – asintió Lorelei. – Le había contado que nos encontramos aquí en mi cumpleaños, y cuando me dijo que esa pareja se apellidaba Blizzack… no fue difícil juntar dos y dos.

- Apenas puedo creerlo. Me buscaron todos estos años. – dijo Krysta, mirando hacia la recepción.

- Pero eso demuestra que no tienen un corazón de hielo. Y a pesar de tus habilidades, tú tampoco, ¿cierto?

Krysta se tocó el pecho. En efecto, podría ser una Bloodliner de Corazón de Hielo, pero su corazón no era frío ni duro como el hielo. Y tampoco los de sus padres.

Siempre recordaría esta Navidad, y la gratitud hacia Lorelei y Frey por haberla reunido con su familia. Algún día tendría que darles un regalo de Navidad igual de especial para agradecérselos.


BRANDON369

El espíritu de la Navidad era tan grande, que incluso llegaba hasta los pueblos más pequeños de la región Kalos.

Una mujer se encontraba en su cocina, bastante ocupada preparando la cena, con la ayuda de su fiel Delphox. La Navidad era una de las épocas que más le gustaban, después de todo, el verdadero significado de aquella fiesta consistía en compartir con la familia. Incluso cuando su familia era más pequeña que otras en el pueblo, siendo la suya únicamente a su Delphox y a su pequeño niño, quien estaba cerca de cumplir los nueve años de edad.

Ella estaba realmente orgullosa de él. Era un muchacho valiente y bondadoso, su mayor orgullo y dicha. Al abrirse la puerta, la mujer sonrió al oír la voz de su niño.

-¡Mamá, Delphox, ya llegué!

-¡Estoy en la cocina!

La mujer dejó su delicioso estofado navideño cociendo con el fuego de Delphox, y fue a recibir a su hijo… pero su alegría se transformó en preocupación al ver que tenía un moratón en el ojo y su nariz sangraba un poco. Rápidamente se acercó para verle las heridas.

- ¿Estás bien? ¿Qué te pasó?

- Lo siento, mamá. – El niño procedió a explicar. – Estaba afuera jugando con mis burbujas sin que nadie me viera, pero escuché unos gritos. Fui a ver y encontré a algunos niños maltratando a un Scatterbug por diversión. Quise ayudarlo, pero se enojaron conmigo y… de verdad lo siento.

La mujer se quedó observando a su hijo por un instante y al ver que estaba a punto de soltar las lágrimas, comenzó a acariciarle el pelo para consolarlo. Su niño tenía un corazón más grande que él mismo y ella estaba orgullosa de ello, pero por alguna razón no tenía amigos.

- Hiciste lo correcto. – le dijo mientras su niño la observaba. – Esos niños eran unos abusivos y alguien tenía que ayudar a ese pobre Pokémon.

- Lo sé, pero si hubiera usado mis burbujas, no me habrían golpeado… – La mujer al oír esas palabras lo interrumpió y suspiró.

- Ya hablamos sobre esto; no debes decirle a nadie sobre tus poderes.

- ¡Pero mamá, lo único que hago es disparar burbujas, no es nada malo! ¡No entiendo por qué debería ocultarlo!

- Es por tu bien, mi niño. – La mujer lo abrazó de nuevo. – No quiero que nadie te haga daño.

- Entonces ¿para qué me sirven mis poderes? ¿Por qué me los dieron? ¡Podría ser un hombre fuerte como Blaziken Mask!

- Escúchame bien, Dios no te dio esos poderes para que lastimes a los malos. – le dijo, causando que su niño la viera confundido. – Es todo lo contrario, alguien verdaderamente fuerte es aquel que usa sus habilidades para proteger y ayudar a las demás personas. Prométeme que nunca usarás tus poderes para lastimar a un ser humano.

- Te lo prometo, mamá.

Esta vez fue él quien la abrazó. Su niño era de buen corazón, ella no soportaría que le sucediera nada malo. Solamente podía criarlo bien y prepararlo, mientras esperaba el día en que el mundo aceptara a los Bloodliners.

- Sabes, creo que tengo la forma perfecta para animarte.

- ¿Cuál es? – preguntó el niño con curiosidad.

- ¡Te voy a dar un regalo de Navidad muy especial!

- ¡¿En serio?! – La curiosidad del niño fue reemplazada por alegría y emoción.

La mujer llamó a su Delphox y le dijo que trajera el regalo de Navidad. Cuando lo hizo, el niño no podía ser más feliz: se trataba de un huevo Pokémon, uno que su misma Delphox había puesto hacía poco. Su hijo amaba a los Pokémon y soñaba con convertirse en entrenador, así que era el regalo perfecto para alguien como él.

Entre toda la felicidad, el niño solo tenía una cosa por decirle a su madre:

- ¡Gracias, mamá! ¡Te quiero mucho!

- Yo también te quiero… Fitz, mi hermoso niño.


VIRORO-KUN

- Amber, ¿qué es la Navidad?

Había sido una pregunta rápida e inocente, surgida mientras más y más información fluía dentro de la cabeza de Mewtwo. El Pokémon observó a su hermana mientras disfrutaban de la vista sobre una colina en su paisaje mental compartido. El nombre sonaba interesante, y ella siempre tenía respuesta para todas las dudas que surgían de su curiosidad. La chica le sonrió alegremente, como si le hubiese preguntado algo divertido.

- ¡Es una celebración que viene a finales de Diciembre! ¡Cenas comida deliciosa con tu familia, compartes buenos momentos, y si has sido un buen chico, Santa Claus te traerá regalos! – Se levantó y dio una vuelta mientras miraba al cielo. Mewtwo ladeó la cabeza, mirando hacia arriba también.

- ¿Quién es Santa Claus?

- Es un anciano que viaja por el mundo dándoles regalos a los niños buenos. Si has sido un buen chico, ¡te trae juguetes y otras cosas lindas!

- Eso suena muy extraño. – El Pokémon entrecerró los ojos. – ¿Cómo sabe eso?

- Nadie lo sabe. Pero es divertido pensarlo. – Amber volvió a reírse, acercándose a su hermano. – Pero la Navidad siempre es un tiempo feliz. Pero la Navidad siempre es un tiempo feliz. Es una festividad para compartir el amor con la gente importante, y disfrutar de su compañía.

Mewtwo hizo una pausa al oír las palabras de Amber, tratando de imaginar la clase de festividad que podría ser. Compartir amor con la gente parecía algo muy lejano a todas las cosas malas con las que le habían llenado su cabeza, y aun así no se sentía malo o imposible, no cuando existían humanos como Amber. El Pokémon le sonrió a su hermana, sintiendo que su curiosidad crecía.

- Eso suena muy bien. Me pregunto cómo será. – Flotó más cerca de Amber, casi tratando de sacarle una respuesta. Amber le sonrió radiantemente.

- Si quieres puedo mostrártela.

Comenzó entonces a imaginársela, y todo su paisaje mental comenzó a tomar una forma más apropiada: paredes de madera los rodearon hasta que se encontraron dentro de un hogar muy cálido, una chimenea se materializó y comenzó a irradiar un agradable calor a su alrededor, mientras un enorme árbol decorado brotaba a un lado y una enorme mesa llena de prácticamente cualquier dulce y comida que se les pudiera ocurrir completó la imagen, a lo cual Amber agregó solo algunos detalles mientras le daba la sonrisa más dulce que Mewtwo jamás le había visto.

. ¿Huh...? ¿Ya es Diciembre? – Mewtwo parpadeó. Intentó contar los meses y los días, pero Amber descarriló su tren de pensamiento con otra risa al agarrarle la mano con fuerza.

- ¿Eso de verdad importa? – Amber arrastró a su hermano, para mostrarle todas las decoraciones que había puesto por toda la casa. – Esta es una Navidad especial, ¡solo para nosotros dos!

Mewtwo tuvo problemas para seguirla y no caerse de cara en el suelo, pero aun así miró a su alrededor para ver la comida que Amber había creado sobre la mesa, con todas las decoraciones que había colocado en el techo y en el árbol, y los otros toques que le puso para que encajara con el sentimiento de las festividades.

Él no estaba seguro de cuál sería la tradición correcta para Navidad o algo por el estilo, pero aun así Amber continuó haciendo el esfuerzo solo para él. Y darse cuenta de eso lo llenó de toda la calidez de la habitación, haciendo que surgiera una sonrisa en su rostro.

- ¡Ven, vamos a comer! ¡Se pondrá frío! – dijo Amber soltando la mano de Mewtwo y dirigiéndose hacia la mesa, haciéndole un gesto para que se acercara.

Y sin decir una palabra más Mewtwo flotó hacia la mesa, sentándose en la silla enfrente de la de Amber, sonriendo de igual manera. Su hermana se rio y ambos agarraron el cuchillo y el tenedor para devorar toda la comida que tenían enfrente.

- ¡Feliz Navidad, Mewtwo! – le sonrió, Amber.

- Feliz Navidad para ti también, Amber. – Mewtwo sonrió de igual manera.

Así, los dos niños disfrutaron juntos de su banquete personal, y de la atmósfera festiva que habían construido solo para ellos. Compartieron risas y palabras amables mientras comían, y luego se fueron a jugar con los juguetes regados debajo del árbol, disfrutando del momento y del humor sin ninguna preocupación por el mundo mientras llevaban a cabo todas las tradiciones que Amber podía recordar. Fueron un poco torpes, desarreglaron el árbol y probablemente tuvieron mal casi la mitad de ellas, pero nada de eso importaba. Estaban juntos, eran felices, y eso era todo lo que importaba.

Si tan solo ese tiempo nunca terminara…

Mewtwo abrió sus ojos rápidamente, y el clima congelado de las montañas lo sacó de sus memorias. Desde la distancia, podía oír unos pensamientos tenues sobre la Navidad, probablemente sentimientos felices de cómo podrían pasar su tiempo con la gente que amaban.

El Pokémon apretó sus puños por instinto, volviéndose hacia sus alrededores. No había rastro de Amber ni de calidez a su alrededor; solo un frío y amargo recordatorio de lo que podría haber sido.

Creyó que podía haber dejado eso atrás, que podría mantener esos pensamientos a raya, empezar un nuevo capítulo de su vida. Pero sin importar cuánto se esforzara, no era capaz de olvidar a Amber. A ella le habría encantado estar aquí, explorar el mundo, tener todas las aventuras con las que solo podían soñar.

El Pokémon Psíquico negó con la cabeza, desviando la mirada y dejando sus pensamientos sobre Amber de lado. Lamentarse por el pasado no le haría ningún bien. Ya no. Así que simplemente caminó sobre la nieve, de vuelta a donde debería estar. Todavía tenía trabajo por hacer.


BRANDON369

Los aullidos de los Houndour locales indicaban que era ya media noche en un pequeño pueblito. Todos los habitantes estaban festejando la noche buena con obsequios y comida deliciosa, cada uno en sus casas y un ambiente familiar.

Claro que si alguno de ellos hubiera salido aquella noche de su casa, seguramente se habrían encontrado con aquella figura que recorría los prados cubiertos de nieve de aquel pueblo. Se trataba de una pequeña niña pelirroja, quien no se encontraba festejando la Navidad con su familia. La niña cojeaba mientras se dirigía a su destino, estaba sucia y golpeada, pero extrañamente, no parecía triste por ello. Al contrario, su rostro mostraba una gran sonrisa.

La niña avanzó hasta llegar a la entrada de una iglesia y después de esperar un momento, las puertas se abrieron, revelando a una pequeña niñita de cabello castaño, no mayor de seis años de edad.

- ¡Mars! ¡¿Qué haces por aquí tan tarde?! – preguntó sorprendida la niña.

- Hola, Kibou. Pensé en darles una visita sorpresa.

- Pero te ves muy golpeada. – dijo Kibou preocupada. – ¿Qué te pasó?

- Nada importante, solo me tropecé. – respondió Mars, sin dejar de sonreír. Ella era alguien fuerte, su pequeña amiga no necesitaba saber los detalles específicos. – ¿Crees que podría pasar las fiestas contigo y el sacerdote?

- ¡Claro, Mars! ¡Nada me haría más feliz! – Kibou rápidamente abrazó a su amiga. – Aunque tendremos que ayudar al sacerdote, la cena Navideña se nos quemó y estamos intentado arreglarla. ¿Tú sabes cocinar?

- Por supuesto, Kibou, cuenta conmigo.

Tras decir eso, ambas niñas ingresaron a la Iglesia. Mars sabía que quizá sus Navidades no eran las mejores, pero estaba segura de que si se mantenía fuerte, en el futuro las cosas mejorarían. Mientras Kibou estuviera junto a ella para animarla, podría soportar cualquier castigo con una sonrisa en el rostro.


VIRORO-KUN

Al ir atravesando por el camino nevado, el Squirtle continuaba apretando los dientes con cada paso; incluso después de meses, la lesión en su pierna no daba signos de que fuera a sanar en un futuro cercano. Con toda certeza podía decir que sus días de "Scout" habían quedado en el pasado.

Meses atrás, un giro como este habría resultado probablemente devastador, pero luego de lo que sucedió en aquel pasaje subterráneo, el Pokémon de Agua se sentía feliz solo por el hecho de estar vivo. Les había tomado el esfuerzo combinado entre él, Thinker y Heavy hacer un camino para que Joker se liberase, y tuvieron que apresurarse a coger uno de los pasajes todavía abiertos antes de poder reunirse con él, pues el túnel siguió colapsando a su alrededor y él no pudo hacer más nada más que observar, porque Heavy lo sujetaba con fuerza. El solo recordarlo le hizo temblar.

Heavy no se detuvo hasta que lograron ponerse a salvo, perdiendo a Thinker por el camino. Incluso entonces, Heavy dejó cualquier pensamiento de descanso de lado y de manera obstinada se lo llevó hasta Cerulean para buscar la forma de curarlo. Desafortunadamente, un Ekans en su camino creyó que serían un buen bocadillo y decidió arruinarles los planes.

El Ekans demostró ser demasiado para su amigo cansado, pero se había recuperado lo suficiente para poder ahuyentarlo sin mucho esfuerzo con unas bien medidas Pistolas de Agua. Desafortunadamente, también le hizo tropezarse por una enorme bajada y rodó una larga distancia de donde se encontraba Heavy, sin tener forma de volver rápidamente. Para cuando volvió a levantarse, Heavy ya se había ido.

Sin peligro a la vista y sin manera alguna de buscar a sus amigos en el futuro cercano, había decidido andar por ahí tan lejos como podía llevarlo su pierna rota, y aunque no era la mejor vida seguía siendo mejor que estar muerto. Le gustaba explorar y aprender cosas nuevas, así que el cambio no le molestaba tanto. Además, al ser un Pokémon salvaje poco notorio, fácilmente podía escuchar bastante de los rumores que había en la calle, y eso le permitió enterarse de muchas noticias interesantes.

Historias sobre una chica ciega a la cual un Squirtle inteligente que llevaba gafas oscuras le ayudaba, relatos de un joven miembro de su especie que ayudaba a la Oficial Jenny de Vermillion con sus deberes, rumores de una tortuga de baja estatura y muy fuerte que derrotaba a todos los que se le cruzaban en el camino, y noticias de un Pokémon de Agua realmente habilidoso que ayudaba a un entrenador a llegar muy lejos en el circuito de la Liga de Kanto.

Scout sonrió para sí mismo. Al final, todos habían podido mantener su palabra y se las arreglaron para salir con vida. Quizás ya no fuesen más el Escuadrón Squirtle, pero él sabía que algún día se volverían a ver. Solo necesitaban esperar a que las aguas se calmaran un poco, y hasta entonces, les deseaba una feliz Navidad y que se la pasaran bien donde quiera que estuviesen desde la distancia.

El Squirtle continuó caminando felizmente por la nieve, enfocando su atención en Ciudad Cerulean a lo lejos. Los mejores pasteles de Navidad ya estaban a la venta, y no tenía intención de perdérselos, pierna rota o no.


PARTNER555 (EDITADO POR VIRORO-KUN)

Estaba nevando fuertemente aquel día. Las ventiscas arreciaban hasta donde se podía ver. Solo alguien muy valiente o muy tonto se atrevería a enfrentarse voluntariamente a esa clase de tormentas.

Y por eso mismo, dos de los Pokémon más testarudos de Ash pensaron que era PERFECTO para entrenar. Ash y los otros humanos estaban celebrando la Navidad en Pallet House mientras el resto de los otros Pokémon en el rancho solo querían un descanso. Primeape y Charizard, sin embargo, tenían ideas diferentes, y por eso se marcharon antes que sus amigos los pudieran detener.

- ¡Toma esto, maldito muñeco! – gritó Primeape mientras le daba puñetazos al muñeco de entrenamiento por arriba, por abajo, por un lado y por el otro.

- ¡Arde! – decía Charizard mientras usaba su Lanzallamas en sus blancos de práctica hechos especialmente a prueba de fuego. Sin embargo, al pasar el tiempo, Primeape miró al muñeco con frustración.

- ¡Maldita sea! – dijo. – No siento que estoy haciendo un #$%^ tanto como podría con esto. Charizard, ¿tienes alguna sugerencia?

- ¿Qué tal pensar en algunas de nuestras derrotas más vergonzosas? Ya sabes, usarlas como motivación. – dijo Charizard.

- ¿Quieres decir como aquella vez que perdiste contra James y Koffing?

Charizard hizo una mueca, pero asintió en respuesta a la pregunta de Primeape.

- Sí, algo así. – dijo mientras otra vez se volteaba hacia sus blancos de práctica. Respiró profundamente, y desató un Lanzallamas mucho más grande que los anteriores. – ¡Ardan, patéticos objetos inanimados! ¡Y cuando te vuelva a ver, Koffing, recuperaré mi honor y me vengaré por la indignación de haber perdido contra alguien como tú!

Primeape se volvió hacia sus propios blancos de práctica, contemplándolos brevemente. La idea de Charizard no sonaba del todo mal, y tenía una buena lista de viejos rencores de dónde tomar fuerza. Así, estiró sus brazos, echó para atrás la mano izquierda, y golpeó.

- ¡Chúpate eso, tú $%^& que se me adelantó en la fila aquella vez! ¡Esto es por aquel maldito Vileplume que me estornudó $%^& encima una vez!

El Pokémon Luchador continuó golpeando al muñeco más y más, gritándole cada ofensa que había tenido que pasar en ambas vidas, desde derrotas hasta insultos y pasando por cosas imaginarias, tomando fuerza de cada una de ellas. Siguió golpeando, más y más, y más, dando cada puñetazo más fuerte y rápido que el anterior.

Galvanizado, Primeape siguió golpeando sin parar, pasando por cada ocurrencia embarazosa que pudo recordar, casi poniéndose en piloto automático, perdiéndose en sus propios recuerdos.

Y entonces, un recuerdo en particular llegó a su mente, haciéndolo quedarse congelado en el acto. Memorias de estar solo, con una fría y tenebrosa energía psíquica recorriéndole el cuerpo, y las sonrisas malignas que lo miraban fijamente…

El Pokémon Luchador apretó sus puños enguantados con más fuerza, hundiéndolos más todavía en el ya arruinado muñeco de entrenamiento. Los nudillos le dolían entre más apaleaba a su objetivo, pero no le importaba, simplemente descargaba su furia con cada golpe.

¡Él no era débil! ¡Él no era carnada! ¡Ella no había quebrado su espíritu! ¡Él era Primeape, y sin duda iba a matar a ese monstruo! ¡Ella nunca más volvería a reírse de su debilidad otra vez! ¡Ella nunca ganaría! ¡No lo haría! ¡Simplemente no podía!

Primeape continuó hundiendo sus puños en el muñeco, que apenas logró sobrevivir al feroz asalto de puñetazos, pero al Pokémon no le importaba, ni siquiera cuando sus puños empezaron a sangrar y su dolor se tornó más agudo. ¡Tenía que ganar! ¡Destruirlo! ¡Tenía que…!

- ¡Primeape, ya detente!

Al sentir una garra sujetándole el brazo, Primeape se encontró incapaz de seguir golpeando. Se dio la vuelta mirando con rabia, pero esta se le bajó considerablemente en el momento en que se encontró con la mirada preocupada de Charizard.

Toda la ira que sentía se apagó, reemplazándola por un deje de preocupación. Preocupación que solo se intensificó cuando volteó a ver lo que solía ser el muñeco, que ahora solo era una pila irreconocible de relleno desparramado. Charizard se quedó observándolo también, y exhaló.

- Quizás esta no fue la mejor de mis ideas.

Los dos se quedaron en silencio, y Primeape todavía podía sentir la mirada de Charizard fija en él. Después de lo que sintió como una eternidad, Charizard se aclaró la garganta y soltó el puño ensangrentado de Primeape.

- Si quieres hablar de lo que pasó, puedo ayudarte.

Primeape habría querido gritarle, pero entendía por qué le decía eso. Ya le había contado lo que le pasó a su primera entrenadora en la nueva realidad, pero podía imaginarse por qué había dicho eso. Podría identificarse con ese dolor. Así que simplemente volteó hacia el otro lado y lo descartó frunciendo el cejo.

- No necesito que me consueles. Sé cuáles de mis recuerdos son los buenos, los verdaderos.

- Estoy seguro de que no todo lo que has pasado en tu nueva vida debe haber sido malo. Debes tener recuerdos felices allí dentro, ¿no?

Primeape entendió lo que Charizard quería decirle, pero aun así no dijo nada. La idea de volver a indagar en su mente, revivir todos esos recuerdos, lo asustaba más de lo que querría admitir.

Y entonces, sintió de nuevo la garra sujetándole el brazo, pero en vez de ser un agarre apretado, era más bien un gesto cálido y de apoyo. Al volver a ver a su compañero, el Pokémon de Fuego le dio una sonrisa llena de confianza, y Primeape se tragó las dudas, devolviéndole la sonrisa.

- ¡Recuerdo que una vez le $%^& un puñetazo a un tipo del Equipo Rocket, justo donde más le dolió!

Ambos Pokémon se rieron juntos, y Primeape se las arregló para respirar con más facilidad que antes, recordando otros momentos divertidos en su mente para relatárselos a Charizard, sintiendo que el miedo y las memorias malas se derretían como nieve. Y al relajarse con su camarada, una realización lo golpeó.

Estaban en Navidad, la temporada para estar alegres. No podía dejar que la sombra de Sabrina volviese a molestarlo nunca más. Ella se había ido, y él estaba libre, y eso era todo lo que importaba.


CROSSOVERPAIRINGLOVER

Su hija tenía muchas costumbres, y siendo él su padre había tenido que aprenderlas todas.

Todavía podía escuchar cómo le daba los últimos toques a sus regalos, el traqueteo del papel de regalo y el ruido de la cinta adhesiva desde afuera de su habitación. Él se quedó de pie a un lado de la puerta, con los brazos cruzados mientras ella terminaba. Después de unos minutos la cinta adhesiva se quedó en silencio y fue reemplazado por el ruido de cosas siendo metidas rápidamente al closet.

Esa fue su señal, y en el momento en que escuchó las puertas del closet cerrándose, golpeó en la puerta Su hija se sobresaltó de sorpresa, y pudo imaginársela mentalmente chequeando de nuevo solo para estar seguro de que el closet no se viera sospechoso antes de abrirle la puerta, con una mirada de vergüenza en el rostro.

- ¡Papi!

- ¿Puedo pasar? – le preguntó.

Ella asintió, claramente algo desprevenida, y de inmediato él entró a la guarida llena de rosa y encajes de May. Muy diferente de la de Max, llena de pósters y libretas, y la suya y de Caroline (a prueba de ruidos) de felicidad matrimonial. De inmediato cerró la puerta tras de sí antes de comenzar. No necesitaba llamar a Caroline para esto.

- Y bien, ¿me dijeron que tuviste suerte con una tarjeta de raspar?

La cara de May se tornó en una mirada de "¿Cómo supiste eso?", con un toque de que no se esperaba que él lo supiera. Él era su padre, la conocía mejor de lo que ella creía, y lo mismo aplicaba con Max. Sin mencionar que también tenía amigos que andaban por el centro comercial, algunos de los cuales le mandaban un mensaje de texto si veían a su hija haciendo cosas que pensaban que él debería saber que estaba haciendo.

May parecía lista para defenderse, aunque en realidad no tenía que hacerlo. Al menos no de la manera en que él pensaba que ella estaba pensando que tenía que defenderse. De inmediato levantó un dedo para ahorrarle las molestias.

- No tienes que explicarme nada, May: ya sé lo que pasó. Esta no es una charla de "fuiste irresponsable con tu dinero", sé muy bien a dónde se fue y que hiciste lo correcto. Si realmente quisiera podría decir que fue demasiado moral y no lo bastante responsable, pero no soy ese tipo de persona ni es el momento para una charla de ese tipo. Y tampoco voy decirte que devuelvas el dinero o lo dones para la caridad.

Por un momento consideró decirle que ya sabía dónde había escondido los regalos, pero decidió no hacerlo. Eso solo la descontrolaría todavía más y le haría creer que su sorpresa estaba arruinada. Eso no estaría bien.

- De lo que quiero hablar, es que tengas más cuidado. – le dijo, lo cual aparentemente solo confundió a su hija.

- ¿Cuidado? No estoy segura de a qué te refieres con eso. Quiero decir, solo es que tengo mucha suerte. No hay nada malo con eso.

Tuvo que contenerse el impulso de reaccionar a eso. Su hija era muchas cosas: adorable, siempre llena de energía, dulce y amable. Pero si tenía que ser honesto, definitivamente no era el cerebro de la familia. Ella no era de los que estudiaban aritmética, historia literaria, o que se daba cuenta de cosas sutiles que alguien que ponía atención pudiese notar.

Como el hecho de que su suerte estaba muy lejos de ser cosa del azar. Aunque para ser honesto, no era solamente por sus estudios que tenía que darle un pequeño empujoncito. En parte era un problema de la edad cuando se había vuelto más relevante, y por cosas de que Caroline tenía que hacer su trabajo.

Por un momento se preguntó si debía hacer más claras sus preocupaciones, pero podía escuchar a Max a unos cuartos de distancia escribiendo algo. Sus habitaciones no eran a prueba de ruido como la de él y su esposa (sus amigos tenían ideas muy interesantes para regalos de aniversario), y Max no era el tipo de persona a quien se le pudieran contar esas cosas. Tenía una lengua particularmente suelta a veces. Así que tendría que ser un poco menos directo.

- Bueno, como padre no puedo dejar que te las arregles únicamente con la suerte. Esa sería una forma horrible de crecer para alguien, especialmente porque la suerte no es infinita. Quiero que mis hijos puedan atravesar los periodos de mala suerte, y eso solo se logra con habilidad y perseverancia. Lo que estoy diciendo es que no quiero que te abras paso a base de panfilogansear, eso es algo que ningún padre debería permitirle a sus hijos.

- No conozco ese verbo, y eso que los estaba estudiando ayer. – dijo ella. Norman se rio nervioso al darse cuenta de ello.

- En realidad no es un verbo, es una referencia. No se me ocurrió una palabra para poner allí, pero estoy seguro que si estudias y no te fías solo de tu suerte podrías hacerlo. Y además, depender de tu suerte es la prueba de por qué necesitas estudiar en vez de simplemente jugártelas.

- Papi, la próxima semana será Navidad. ¿De verdad tienes que estar pidiéndome que estudie? Solo es un examen de gramática.

La queja de May fue un poco más ligera de lo que sonaba de primera instancia.

- Bueno, sería un padre horrible si te recordara que mantengas tus buenos hábitos con un ejemplo de lo que pasa cuando no recuerdas tus verbos. ¡Papapapapapapapapapapapapapapapapa!'

Ella se quedó mirándolo incrédula al oír su nueva risa.

- Goodshow dijo que debería reírme más, y que debería tener mi propia risa mientras lo hago, ¿tú qué…?

- No.

Unas carcajadas normales salieron de su garganta y de la de May, y los dos se abrazaron. El asunto ya estaba zanjado: May entendió lo que él quería decir, y sus preocupaciones por ella se fueron por el momento.

Aunque en cuanto sus ojos pasaron por encima del hombro de ella, se dirigieron hacia una foto enmarcada junto a la ventana. Una que mostraba a una May mucho más joven, sonriendo en un vestido de niña cargando flores.

Eso no quería decir que sus preocupaciones se hubieran ido completamente, pero al menos no volverían hasta después que pasaran las fiestas. Todavía tenían mucho tiempo de hablar antes de que ella se fuera a ver el mundo con sus propios ojos.

FIN.


Notas de los autores:

PARTNER555: ¡Bueno, esto será todo por este año! Espero que a todos les haya ido bien y que el próximo también sea un buen año. Se despide de ustedes partner555 por este año.

CROSSOVERPAIRINGLOVER: Siento mucho la falta de material este año. Mi vida estuvo de locos. Espero que la de ustedes no lo haya estado, y nos veremos en 2019 con Mewtwo, la Liga Índigo y esperemos que más.

FOX MCCLOUDE: Hey amigos, ¡feliz Navidad! Aquí estamos otra vez por tercer año consecutivo. Este fue más corto que el anterior, pero disfruté de trabajar en mis viñetas. Comparado con el año pasado, podrán ver que decidimos ir por temas más alegres y ligeros, lo cual personalmente fue a mi parecer algo bueno, dado lo oscuro de varios que hicimos entonces.

Y bien, para marcadores de tiempo, podemos asumir con toda certeza que las viñetas de Maylene, Cheryl y Asuka tienen lugar durante el año uno, Elesa y Whitney en el año dos, y la de Krysta un año antes de mi viñeta de Lorelei en el especial del año pasado. Por si acaso, el chico Roderick en la viñeta de Whitney, consulté con Kishou the Badger en Spacebattles por si tenía algo más sobre él, pero me dijo que solo sacó al chico de la manga y que era libre para llenar los vacíos como quisiera, incluyendo su nombre. Tengo algunas cosas más sobre él, pero me las guardaré para futuras historias.

Ya creo que eso es todo por ahora. ¡Felices fiestas para todos, y mis mejores deseos para el 2019!

VIRORO-KUN: ¡Feliz Navidad para todos de parte de Viroro-kun! Como ya lo dijo Fox este año tuvimos un paquete más corto pero en general más feliz que el del año pasado, y esperamos con esto cerrar las aventuras del Resetverso este año con una buena nota. Todos hemos estado ocupados con muchas cosas hasta cierto punto estos últimos meses, pero esperamos compensarlo el próximo año a partir de ahora.

En términos de marcadores del tiempo, dado que la historia ya está bastante cerca de la Navidad del Año Uno hasta donde ha llegado al momento de este escrito (justo después de la batalla de gimnasio con Giovanni), la mayoría de mis viñetas de este año toman lugar durante el Año Uno (lo que significa que la de Sawyer tiene lugar el mismo día que las dos con Wally y Gallade de los años anteriores), con excepción de la de Flint y Volkner que ya tiene lugar en el Año Tres por la tradición de esta pequeña broma. Ya que la adaptación de Mewtwo Contraataca en Reset todavía no ha comenzado, escribí la escena final de Mewtwo de manera ambigua sobre dónde podría quedar, de ese modo puede situarse cuando está trabajando para Giovanni, preparando su guarida y su plan, o potencialmente después si el canon lo permite, para no dar spoilers.

También tomé la oportunidad de dar un poco más de cierre a algunos de los oneshots que fueron publicados durante el año, como mostrar lo que Rosso está haciendo en este momento (iba a protagonizar en un oneshot de Halloween, pero ya que quedó solapado hasta cierto punto con el Interludio de Isla Sétima decidí no hacerlo, aunque quizás decida retomarlo en el futuro) y más importante aún, confirmar que todos los miembros del Escuadrón Squirtle salieron vivos del derrumbe (y confirmar indirectamente que el Squirtle con la Jenny de Vermillion es Joker, algo que quería implicar por la forma en como escribí el derrumbe). Espero que hayan disfrutado de ellos, y también espero haber hecho a Max al menos un poco más agradable ya que tengo planes para él en el futuro cercano. Hubo algunas viñetas que no pude escribir (como una con la clase de Alola y otra con el trío del Equipo Rocket), pero las dejé por fuera debido a cuestiones de tiempo o falta de buenas ideas.

El personaje de Enide no me pertenece a mí, sino a Ander Arias y protagonizará en un futuro interludio que él escribirá. Planeaba que ella apareciera con Hugo y Alma como una forma de jugar a unir el canon con los descendientes de Agatha viendo que parecía que la historia podría postearse antes del final del año, pero luego que no se pudo me dio su bendición para darle un cameo temprano. Con suerte esta aparición despertará el interés en su historia.

Y como trivia adicional, Ryuga tocando el banjo es un guiño a uno de los protagonistas de Kamen Rider Build, Ryuga Banjo. Y el cargador USB Pikachu con el enchufe en el trasero es real, pensé que lo haría una broma divertida. Espero que así haya sido.

No tengo más nada que decir, excepto desearles a todos una feliz Navidad, un feliz Año Nuevo desde aquí, ¡y nos vemos en 2019!

BRANDON369: ¡Hola a todos! Aquí BRANDON369, para desearles a todos una feliz Navidad. Ya pasó otro año y Reset Bloodlines se sigue expandiendo con toda clase de historias y personajes variados. Espero que continúen acompañándonos el próximo año, pues todavía hay muchas historias por ser contadas.

Para marcadores de tiempo, los fragmentos de Mars y Fitzdane ocurren años antes de la historia principal, los del Montañero, Mizu y el Capitán Crook durante el año uno, mientras que los de Blaine y Alish ocurren durante el año dos.

En fin, no me queda nada más que desearles a todos una feliz Navidad. Por mi parte, yo me despido hasta mi siguiente aporte.


PD: Gracias por los reviews a BRANDON369, Jigsawpunisher, Amo del vacio y darkdan-sama. Disculpen por dejarlo aquí aparte XD